Volviendo a casa.
Ginny revisó una vez más su bolso, lel cual tenía un práctico hechizo extensor, lo cual le permitía llevar unas cuantas mudas de ropa y sus cosas más necesarias. Draco a su lado le decía que se tranquilizara, pero era simplemente imposible, no era posible tranquilizarse sabiendo que luego de tantos años finalmente volvería a pisar La Madriguera. Ginny por las dudas había guardado en uno de los bolsillos de la chaqueta que llevaba puesta un paquete de pañuelos, porque sabía que lloraría como una magdalena, desde el momento en donde sus pies tocaran la rústica madera de la casa que había sido su hogar.
Draco también había sido invitado, y Ginny había insistido en que también vaya Astoria, pues toda la familia Greengrass había viajado a Francia a pasar la fiesta en la sima de una montaña, y por nada del mundo Ginny dejaría que su amiga pasara esa festividad sola, en el departamento que tenía en Londres.
Algo nerviosa y con el corazón palpitándole fuertemente contra el pecho Ginny observó la hora en su reloj pulsera, apenas faltaban unos minutos para la cinco, su madre le había prometido que la esperaría con un delicioso té caliente con galletas de chocolate y otras cosas dulces que a ella le encantaban. Draco le acarició la espalda dándole ánimos y Ginny, con un seco movimiento de cabeza asintió, había llegado el momento. Ron a su lado, el cual le había prometido que la acompañaría le sonrió de forma amigable, debía hacerlo.
Ginny tomó un puñado de polvos de un colorido cuenco que había encima de la chimenea, y los arrojó al fuego, el cual la envolvió en lengüetazos de llamaradas verdes que la hicieron trasportarse a otro lugar. Ron le hizo un gesto al rubio y suigió a su hermana, luego Draco miró a su novia la cual tenía tomada de la mano y con un movimiento de la cabeza hicieron lo mismo que la pelirroja, desapareciendo en la chimenea.
Un sinfín de colores e imágenes pasaron por los ojos de Ginny, una opresión en todo el cuerpo y una falta de aire se hacía cada vez más evidente, sin embargo, de un momento a otro, y sintiéndose algo mareada, Ginny tocó con sus pies algo firme a la vez que salía de la rústica chimenea de piedra. Aquella acogedora sala estaba en silencio, y la calidez de la chimenea llenaba todo el lugar en una deliciosa bruma de aroma a hogar.
Molly Weasley se asomó a través de una de las puertas mientras usaba un trapo algo viejo para secarse las manos, los ojos de la matriaca de la familia se abrieron extasiados, y en pocos y rápidos pasos se acercó a su hija con los brazos abiertos, envolviéndola en un cálido abrazo, uno de esos a los que Ginny había extrañado tanto. En cierto momento oyó el ruido de la chimenea, una tras otra, pero no les dio importancia, estaba segura que eran Ron y Draco junto a Astoria, que habían viajado tras ella. Molly soltó a su hija y saludó con alegría a sus acompañantes, y eso fue aprovechado por Ginny, que superando el golpe del momento, se puso a observar ese lugar que hacía tantos años había sido su hogar.
- Vaya… La casa no está nada cambiada- Ginny apoyó la mano en el cuero del enorme sofá de tres cuerpos y se concentró en sentir sus pisadas en el desgastado suelo de madera.
- Solamente tiene un arreglo aquí y allí- le dijo Molly tirando de la mano de su hija, llevándola hacia la cocina-. Vengan chicos, por favor- dijo a los invitados-. Tu ya conoces la casa, querida- se dirigió a la rubia-, pero siéntanse como en casa, acompáñalos Ron, hijo- Molly les sonrió con alegría y tiró a un más de la mano de su hija llevándola hacia la cocina.
- ¡Que bien huele, mamá!
- Es un pastel de frutos secos, hija- Molly la hizo sentar en la vieja mesa de la cocina, y sus acompañantes hicieron lo mismo del lado de frente.
- La cocina sí que está algo cambiada- susurró Ginny observando el tibio color de las paredes, la mesada de una brillante piedra y los electrodomésticos muggles muy útiles para el mundo mágico.
- En realidad todo fue idea de Hermione, me dijo que era una buena forma de conservar la cadena de frío- respondió la mujer-. No entiendo mucho lo que me quiso decir, pero ella siempre tiene razón en esas cosas… Al otro día se apareció Harry con esta nevera- acotó acariciando el enorme electrodoméstico plateado-. Y hoy creo que no puedo vivir sin ella- dijo riendo.
- ¿Y mis otros hermanos?
- Iban a venir más tarde, lamentablemente no les dieron el día libre así que tenían que cumplir el horario laboral- Molly sacó dos pares de tazas de uno de los estantes y los colocó en la mesa.
- ¿Quieres que te ayude?- le preguntó Ginny poniéndose de pie.
- Busca las cucharillas, y la lata de terrones de azúcar, querida- Ginny buscó en los estantes que ella recordaba, y efectivamente allí estaban; mientras tanto Molly se ocupaba de filtrar el té en una tetera y luego en colocar una abundante cantidad de galletas en un pequeño platito junto a unas deliciosas porciones de pastel.
La hora pasó volando, entre risas y confidencias el reloj marcó las seis y alguien llegó por la chimenea. En la cocina, el viejo reloj de la familia al que Ginny no le había prestado atención, sonó. Ginny no pudo evitar sentir una extraña sensación en la boca de su estómago al ver su nombre figurando como en casa, su madre pareció darse cuenta, porque le apretó con cariño la mano y la instó a mirarla.
- Hace años que decía desaparecida, hubo un tiempo en donde estabas en peligro de muerte, al igual que todos nosotros- sonrió débilmente-. Gracias a eso sabíamos que estabas con vida, en algún lugar- Ginny asintió observando como también había una manecilla de Harry y de la misma Hermione.
Arthur Weasley entró por la puerta de la cocina y le regaló una sonrisa radiante a su pequeña hija, Ginny se colgó de su cuello como cuando era pequeña, ya todo parecía volver a su lugar.
Más tarde a cada uno les asignaron diferentes habitaciones, Astoria dormiría en la habitación de Ginny junto a ella y a Hermione, mientras que Draco compartiría la habitación de Ron junto a él y Harry.
Cuando ya estaba oscureciendo, Molly condujo a Ginny a su habitación, mostrándole que todo estaba tal y cual de pequeña, contándole que la pequeña Victoire era la que ocupaba su cuarto y la que usaba sus viejos vestidos, aquellos que no le quedaban grande.
Ginny acomodó la poca ropa que había llevado consigo en el pequeño armario de madera que había allí. Se sorprendió mucho al ver los pósters de colores que colgaban en las paredes, aquellos en donde bandas mágicas juveniles se movían al compás de una pegajosa música. Si hasta incluso dentro de uno de los cajones estaba su viejo diario, aquel que había dejado de escribir el día en donde viajó a Durmstrang, aquel lugar en donde su vida cambió para siempre.
- Es increíble…- susurró acariciando la colcha que su madre le había hecho, con retazos de telas y lanas dándole un aspecto colorido y divertido, como a ella le gustaban. En cierto momento decidió recostarse en la cama y disfrutar un poco del silencio, de la calidez que atravesaba las paredes, aquellas delicadamente calentadas por la chimenea en la que tanto su madre se había esmerado en encender, seguramente apenas había comenzado el invierno, como siempre hacía.
Alguien golpeó la puerta y luego, una perfectamente peinada Hermione se asomó regalándole una cálida sonrisa a su amiga.
Luego de saludarla y de sentarse a su lado, le tomó la mano en un claro signo de amistad y apoyo, estando dispuesta a escucharla.
- ¿Cómo estás?
- Muy bien- Ginny entrelazó sus dedos con los de ella y se los apretó levemente-. Contenta de estar de vuelta…
- Molly está emocionada, sé que no lo ha dicho, pero se ha esmerado más que nunca en la comida de esta noche, y ni hablar de la de mañana al mediodía- Hermione le acarició el cabello dejando descansar su palma derecha sobre la mejilla de su amiga-. Me alegro de que tú seas la hermana de Ron.
- Eso nos hace cuñadas- "Vaya" le respondió Hermione a lo que Ginny acotó-. Y no sólo eso, sino que además somos amigas- la castaña asintió intentando decirle algo más.
- He averiguado sobre lo que me pediste- le dijo buscando dentro de su cartera un sobre escrito por McGonagall y el mismo Severus Snape.
- ¿Él ha hablado por mí?- indagó la pelirroja.
- ¿Y qué esperabas?- preguntó Hermione-. Él ha declarado a tu favor en el juicio, sin importar que lo acusen de haber ocultado información.
- Lo sé.
- Por lo que me comentaron, y eso me lo puedes confirmar tú, él te había estado enseñando unas cuantas cosas y evaluado.
- Y es cierto- Ginny dejó a un lado el pergamino que Hermione le había dado-. Antes de la batalla final, él estuvo unos cuantos meses frecuentando la Mansión Malfoy, y allí, aprovechando que tenía libertad de hacer lo que quisiera, él reenseñaba y corregía muchas cosas…
- Él dice que estás perfectamente preparada para afrontar los exámenes de fin de curso- Hermione frunció el ceño-. Si quieres podemos aplazarlo un año más, para serte sincera sé que es algo muy complicado, yo misma no sé si podría hacerlo.
- No- se negó Ginny moviendo la cabeza-. No quiero aplazarlo.
- ¿Estás segura?
- Completamente- Ginny volvió a mirar el pergamino y lo apretó en su mano-. Estudiaré todos los días, tengo un poco menos de medio año para hacerlo- Hermione asintió con una sonrisa-. Quiero culminar con esa etapa de mi vida que quedó truncada.
- Lo sé.
- ¿Tú me ayudarías?- se mordió los labios algo nerviosa, mirando a su amiga-. No digo que lo hagas siempre, pero si tengo una duda muy grande…
- Lo haré- Ginny asintió con una perezosa sonrisa.
- Bien- la pelirroja se dejó caer hacia atrás en la cama y Hermione acompañó su caída-. No sabes cuanto te lo agradezco.
- No importa…- Hermione cerró los ojos con una extraña sensación parecida a la felicidad en el pecho-. ¿Sabes? Me pone muy contenta que te hayas recompuesto tan rápido.
- No valía la pena teniendo tantas cosas para disfrutar ¿Entiendes? Ustedes me ayudaron a superar cada cosa, una a una, sin que lo supieran.
- Entonces lo único que te puedo decir es que me alegro por ti- Hermione se puso de lado y Ginny la imitó, quedando ambas de frente, observándose el rostro.
- No pienso desaprovechar la oportunidad que ustedes me dieron- la castaña movió la cabeza en un gesto afirmativo y tragó saliva.
- Sé que no es momento, ni lugar… pero… fue difícil ¿no?- Hermione se pellizcó la lengua, no debería haberle preguntado eso.
- ¿A qué te refieres?-Ginny observó la tristeza en los ojos de su amiga, la compasión tan reconocida en los ojos de sus compañeras de hacían tantos años atrás.
- Ya sabes…
- Si…- Ginny se volvió a girar quedando de espaldas a la cama-. Al principio no quería hablar, no quería decir nada, que ni siquiera lo supieran…
Hermione se mordió el labio inferior notando como un nudo se le formaba en la garganta.
- Luego comenzaron los sueños, y cada día dormía menos…- suspiró mirando el techo de la habitación-. Lo terminé hablando, intentaron ayudarme como bien sabes. Sé que no hay nada que lo justifica, y sé que él fue el causante de que me pasara todo lo que me pasó, pero Voldemort fue la única persona que pudo borrar esas imágenes de mi mente mientras dormía- suspiró-. En ese momento no te puedes imaginar la gratitud que yo le tenía, lo agradecida que estaba…
- Comprendo…
- Y no tenía a quien más recurrir, intentaba hablar con mis padres y no recibía respuesta, era la única opción que tenía… Obviamente no todo era lo que esperaba, pero era mejor que seguir teniendo esas horribles pesadillas…- guardó silencio un momento-. Hasta que un día fuimos prácticamente obligados a huir, ellos nunca quisieron que nos diéramos a conocer hasta que Bellatrix nos ordenó entrar al Ministerio de la Magia; y bueno, el resto de la historia ya la sabes.
- Fue un acto desesperado, y creo que yo reaccionaría igual- Ginny le sonrió agradecida irguiéndose para sentarse en la cama.
- Hoy me doy cuenta que cometí un error, sin embargo hubiese sido imposible percatarme de eso antes- Hermione asintió poniéndose de pie.
- Olvídalo… esas cosas… a veces es preferible dejarlas en el pasado y comenzar de cero…- Ginny hizo un movimiento afirmativo con la cabeza, lentamente, parándose a su lado-. ¿Tienes idea de por qué tu hermano se comporta de manera tan terca a veces?- le preguntó de la nada.
- ¿Te hizo algo?- indagó la pelirroja divertida abriendo la puerta de su habitación.
- Lo mismo de siempre- bufó Hermione-. Me pidió que le cocinara y luego se quejó de que le faltaba sabor y que se me había pasado un poco- Ginny rió-. No, es en serio, tú lo conoces desde pequeño…
- Digamos que tuvo una madre que lo malcrió lo suficiente…
- Demasiado creo yo…- suspiró-. Necesito que me ayudes a solucionar eso- dijo Hermione comenzando a bajar por las escaleras.
- ¿Quieres que te ayude con la cocina?
- ¿Tú lo harías?- Hermione tomó a Ginny de las manos-. ¿Podrías?
- Sabes que sí- la castaña la abrazó feliz mientras continuaban bajando hasta la sala de La Madriguera.
- Lamentaría que Fleur se enterara, pero te has convertido en mi cuñada favorita- Ginny soltó una alegre risa la cual resonó por toda la casa, como en el pasado. Las cosas poco a poco estaban volviendo a la normalidad.
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Había muchas cosas que lograban hacer sonreír a Molly Weasley y ponerla realmente feliz, las fiestas eran una de ellas, y esa en especial lo era aún más, ya que por primera vez en muchos años, la familia finalmente estaba reunida, al completo.
Con el correr de los años la mesa les había quedado pequeña, una cosa eran siete hermanos, muchos en edad escolar, con un tamaño proporcionalmente menor, y otra cosas muy diferente eran siete hijos, dos postizos, cuñadas e incluso nietos.
Con regocijo miró a la pequeña Victoire riendo divertida en los brazos de Ginny, en los brazos de su tía, la hermana de su hijo mayor.
Ron estaba sentado junto a Hermione, como había sido desde hacía muchos años, George y Fred disfrutaban de sus bromas sobre el pobre Percy el cual se hallaba bien acompañado de su mujer, la cual en ese día, daría una noticia importante. Charlie era otro tema, hablando junto a Bill de vaya uno a saber qué cosa mágica, mientras Fleur platicaba con Arthur sobre las maravillas que había conocido en sus últimas vacaciones al estilo muggle. Mientras que Draco, ese amigo incondicional de su aparecida hija, y su novia, la chica dulce que hacía tiempo conocía, hablaban entre ellos ignorando lo que pasaba a su alrededor.
Harry tendría que llegar en cualquier momento, así le había dicho Ron, ya que habían surgido unos detalles de última hora que lo harían retrasar un poco, antes debía pasar por su casa y recoger las cosas que llevaría a La Madriguera para pasar esa fiesta juntos.
Molly observó radiante como en el reloj mágico, ese que le habían regalado cuando había unido su vida a Arthur, la manecilla de Harry comenzaba a moverse hacia "en casa", y al instante el sonido de la chimenea y un breve estallido sonó en la sala. La mujer caminó hacia allí encontrándose con su hijo postizo el cual se limpiaba un poco de ceniza de uno de sus hombros, el chico le sonrió afable y Molly le regaló un beso en la mejilla.
- Hola hijo… ¿has tenido buen viaje?- le preguntó ayudándolo a quitarse el hollín.
- Algo movido- ella le sonrió-. ¿Llego muy tarde?- indagó preocupado.
- Te estábamos esperando- le respondió quitándole de la mano el pequeño bolso que llevaba para dejarlo sobre el mullido sofá-. Lo que sí, estaremos algo apretados, ahora que somos más…- él asintió con un movimiento de cabeza y se dejó guiar por las manos de la regordeta mujer.
- ¿Hay habitaciones para todos? Yo no tengo problema en dormir en mi departamento y volver mañana por la mañana…
- Nada de eso- lo frenó Molly-. Las chicas dormirán en el cuarto de Ginny mientras que tú y Draco lo harán con Ron.
- Sabe que si quiere…
- No, no, tú te quedas aquí.
- Bien…- Harry atinó a pasar por la puerta pero Molly lo detuvo tirando de su mano-. ¿Pasa algo?
- Yo…- los ojos de Molly lo miraron fijamente y sonrieron con angustia-. Eres un chico tan bueno…- susurró acariciándole el rostro-. Tus padres estarían tan orgullosos de ti… eres una persona increíble- Harry le sonrió.
- Y usted es la mejor madre postiza que yo pude tener- Molly continuó acariciándolo, mirándolo con ternura.
- Has hecho tanto por esta familia, tantas veces… Has salvado a mi marido, a Ron… nos has salvado a todos de una muerte segura en manos de los mortífagos… Pero es gracias a ti que hoy mi hijita está devuelta conmigo- la voz de Molly se quebró-. Hermione me lo ha dicho, si no hubiese sido por ti, por todo lo que hiciste por ella…
- Molly…
- No, déjame terminar…- la mujer inspiró con fuerza-. Gracias por haberle abierto los ojos a Ginny, por haberla contenido sin saberlo, por haberla ayudado…
- Yo ni siquiera sabía que estaba haciendo eso…- le respondió él en voz baja.
- Y es por eso que eres tan especial, hijo- Molly le sonrió-. Sólo tú tienes esa capacidad de dar todo sin nada a cambio, de ayudar tanto sin premeditarlo…
Harry miró a la mujer a los ojos, y se sorprendió al encontrar tanto convencimiento en sus palabras, como si él de verdad hubiese sido el causante de que Ginny hoy estuviera en esa casa. Sin embargo no le pudo decir nada, porque la puerta de la cocina se abrió dejando paso justo a esa persona de la que tanto habían hablado.
- Te he venido a buscar, mami- Ginny miró a Harry y le sonrió-. Hola…
- Hola…
- ¡Has llegado justo!- dijo Molly repentinamente recompuesta-. Mientras yo sirvo la cena, acompaña a Harry, querida, al cuarto de Ron a dejar sus cosas- le dijo señalando el pequeño bolso que había sobre el sofá y luego, de forma cómplice, le guiñó un ojo a Harry y se metió en la cocina, dejándolos solos.
Ninguno de los dos dijo nada, se quedaron mirándose un momento sin poder articular palabra alguna, pero fue Ginny la que habló primero.
- ¿Vamos a la habitación?- inmediatamente se puso roja y para disimularlo tomó el bolso de Harry. Él tardó un poco en darse cuenta de lo que había pasado, pero al reconocer esa frase con alguna posible doble intención, no pudo más que sonreír para sus adentros.
Ginny subió las escaleras antes que Harry, cosa que él aprovechó de manera oportuna, no todos los días podía observar como el delicioso trasero de Ginny se movía de un lado a otro de una forma muy pecaminosa.
- Si quieres puedo llevar yo el bolso- le dijo él deteniendo a Ginny con la mano, pasando descuidadamente su brazo por la espalda de ella.
- No hace falta- respondió algo acalorada ella por la cercanía, deshaciéndose un poco de su abrazo, sin embargo le dio su equipaje-. Apurémonos- le dijo apretando el paso y él la siguió, con un gusto dulce en la boca.
Harry, conociendo a la perfección la casa, y más aún sabiendo el lugar exacto en donde estaba el cuarto de Ron, la siguió en silencio, dejándola hacer lo suyo. Sin importar donde lo dejaba, arrojó su bolso sobre la cama de su amigo y volvió su vista a Ginny la cual le sonreía nerviosa. Y se veía adorable mordiéndose uno de sus labios con la vista posada en él, como turbada.
- ¿Y estás mejor?- le preguntó Harry estirando un poco el brazo, alcanzando la suave mejilla de Ginny, regalándole una caricia.
- Mucho mejor- le respondió ella asintiendo-. Volver a pisar esta casa se siente… bien- se encogió de hombros mirando ahora hacia las escaleras.
- ¿Has desistido con lo de tu viaje?- indagó ahora mirándola atentamente.
- Aún no lo he decidido- Ginny se apretó las manos con algo de inquietud y volvió a mirar las escaleras-. ¿Vamos? Mamá nos debe estar esperando para servir la comida.
- Vamos…- Ginny volvió a asentir mientras se dirigía a las escaleras-. ¿Sabes algo?
- ¿Hum?- murmuró ella sin dejar de bajar uno a uno los escalones.
- Me pone muy contento que hoy estés aquí- Ginny no le dijo nada, se demoró unos segundos en responder.
Harry sospechó que los ojos de Ginny se habían llenado de lágrimas, porque al llegar al último piso, los tenía brillantes, era notable que se había aguantado las ganas de llorar y Harry la admiró por eso. No hacía ni cinco días que ella había caído en desgracia, y de la nada, aparentando no tener rasguños, se levantó de inmediato.
- Yo también estoy muy feliz de estar aquí con ustedes- le dijo ella de forma tranquila, mostrando claridad en sus palabras y un escondido anhelo del que él se llegó a percatar.
El chico la observó dirigirse a la cocina y voltearse a mirarlo, haciéndole una seña para que la siguiera.
Ginny aún seguía siendo un enigma, pero Harry, poco a poco, como un pequeño grano de arena en un reloj, se ocuparía de develar cada uno de sus miedos y adueñarse de sus pensamientos. Él no dejaría que ella pasase por algo parecido, nunca más.
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Hermione tomó una de las pequeñas copitas que Fleur le estaba ofreciendo, a esa altura no sabía con exactitud lo que estaba tomando, pero sabía que Ron estaba sentado a su lado y más que subir con ella las escaleras y hacerla dormir en la habitación de Ginny, otra cosa no pasaría.
Luego de la cena, que se había extendido entrada la noche, la familia entera se acomodó alrededor de la cálida chimenea a disfrutar de un poco de café, unas copitas de licor y los más valientes de unos cuantiosos vasos de whisky de fuego. Y ella con ciertas cosas simplemente no podía, debía admitir que el licor de chocolate era una de sus debilidades, y de una copita pasaron a ser dos, tres, y ya había perdido la cuenta.
Su algo distorsionada vista se posó en Harry, su amigo del alma, su hermano, el cual hablaba afablemente de alguna cosa con uno de los gemelos, mientras de que de a ratos, aprovechando que Ginny estaba entretenida peinando el largo y sedoso cabello de Victorie, la miraba de reojo. Hermione reconocía esa mirada en su amigo, entre ansiosa y anhelante, y a su vez se daba cuenta de que Ginny, notando esa mirada sobre ella, sólo intentaba disimular su sonrojo cruzando palabras afables con Fleur.
Molly salió de la cocina con una bandeja de deliciosas galletas de jengibre la cual de forma rápida quedó vacía por la mitad, una caricia en su espalda la hizo girar la cabeza encontrándose con la sonrisa brillante de Ron y un suave apretón cariñoso en su cintura, de esos que sólo él podía darle.
- ¿Estás muy cansada?- le preguntó besando con amor su cabeza.
- Estoy algo mareada- respondió Hermione con humor-. Me he pasado con el licor de chocolate, pero es culpa de Ginny- hizo un puchero-. Ella fue la que lo trajo sabiendo que no me puedo contener.
Él le sonrió aún más, dándole un rápido abrazo, levantándose para dirigirse a su hermana, para pedirle ayuda con su algo comprometida novia. Ginny miró a su amiga divertida a la vez que se excusaba con su pequeña sobrina la cual insistió en acompañarlos.
Ron ayudó a Hermione a ponerse de pie, y luego de la burla de los gemelos, y una especie de improvisado discurso en donde hablaban de las propiedades del licor de chocolate para poner achispada a una mujer algo mojigata, llevaron a Hermione hasta la habitación de Ginny haciendo que se acostase sobre la cómoda cama.
- ¿Cuántas copas tomaste?- indagó la pelirroja mientras soltaba el cabello de su amiga.
- Perdí la cuenta en la tercera…- miró a Ron-. Estoy enojada con tus hermanos, pero no le respondí nada porque había niños- le dijo arrastrando un poco las palabras.
- Ya tendrás tiempo de desquitarte con ellos por la mañana.
- ¿Qué le pasa a mi tía Hermione?- preguntó Victoire con los ojos claros bien abiertos.
- Lo que le pasa es que el licor de chocolate le cayó algo mala- respondió Ginny-. Ahora sal de la habitación con tu tío Ron mientras yo ayudo a tu tía a cambiarse, pobrecita no puede ella solita.
- ¿A ti no te cayó mal, tía Ginny?
- Nop- sonrió-. Yo tomé sólo dos copas, en cambio tu tía Hermione tomó unas más- le acarició la cabeza-. Pero anda, ve con tu tío.
Ron y la pequeña salieron de la habitación dejándolas solas, Ginny ayudó a su amiga a quitarse la ropa y la vistió rápido con un abrigado pijama. Luego de desenredarle un poco el cabello la hizo acostar cubriéndola con todas las colchas que Molly había dejado para ellas.
- No me he lavado los dientes…
- Lo harás mañana cuando te levantes.
- Harry te ha estado mirando toda la noche- le dijo la castaña con la voz amortiguada por la almohada.
- Ya lo sé.
- No sé qué es lo que esperan para hablar…- bostezó-. Si están hechos el uno para el otro…
Ginny miró a su amiga la cual se estaba acomodando en la cama, abrazando su almohada.
- Hasta mañana, Ginny.
- Hasta mañana…
Ginny salió de la habitación encontrándose con su hermano menor, el cual al verla le sonrió brevemente comenzando a bajar las escaleras.
- Creo que se le fue un poco la mano…- él asintió.
- Eso le pasa cuando algo le gusta mucho…- vaciló-. Necesito hacerte una pregunta…
- ¿Pasa algo?- Ginny observó el nerviosismo de su hermano y lo miró extrañada.
- En realidad sí… yo lo tenía preparado para Navidad, pero bueno, pasó lo que pasó…- se rascó la cabeza algo nervioso-. Y bueno, creo que esta es una ocasión especial…
- ¿Pero de qué hablas?
- De esto- Ron sacó de uno de sus bolsillos una pequeña cajita azul con un pequeño anillo completamente dorado y una pequeña piedra azul en forma de lágrima en el centro.
- Es precioso…
- Quiero dárselo a Hermione mañana en la comida, pero no me animo…- Ginny le sonrió con ternura a su hermano pasando su brazo por la espalda de él.
- Hermione te dirá que sí… y lamento haber arruinado tus planes en Navidad…
- No importa… pero espero que mañana esté lo suficientemente sobria como para ceptarme- frunció el ceño-. O lo suficientemente indispuesta...
Ambos terminaron de bajar las escaleras llegando a la sala en donde la calidez de la chimenea inundaba toda la habitación. Harry se puso de pie al verlos bajar y con una sonrisa se dirigió a la chica dejando su copa de whisky sobre una mesa.
- ¿Te parece si salimos a caminar un poco?- Ron se hizo a un lado, aprovechando para darles un tiempo a solas.
- Si me esperas a que busque mi abrigo- él asintió con una sonrisa radiante.
- Abrígate que hace frío, incluso no me extrañaría si comenzara a nevar.
A pesar de querer aparentar algo diferente, Ginny no podía ocultar los latidos acelerados de su corazón, ni tampoco podía evitar la euforia que sentía muy dentro de ella. Cada acción de Harry, cada palabra, la hacía ilusionar cada vez más, y realmente estaba pletórica, enloquecida por lo que él tuviese que decirle.
Harry la esperaba en la puerta, envuelto en una abrigada capa de lana, al igual que ella, llevaba una larga bufanda en el cuello, pero Ginny para completar el atuendo había optado por un gorrito, uno que tenía desde hacía años.
Él en ningún momento atinó a darle la mano, y ella tampoco se lo insinuó, sin embargo, a pesar de querer obviarlo, no pudo evitar sentirse algo decepcionada por eso, realmente quería que él tuviera ese gesto con ella. Juntos dieron la vuelta a la casa terminando en el patio trasero, en donde un viejo columpio apenas se movía por el escaso viento. Ginny con una pequeña sonrisa caminó hacia él, y no pudo evitar que los recuerdos de su infancia inundaran su mente.
- Siempre solía pedirle a mi padre que me empujara en este columpio- susurró acariciando la gruesa cadena que lo sostenía.
- Ahora suele hacerlo con Victoire…- le respondió Harry-. De alguna manera él encontró muchas cosas de ti en ella, al igual que todos tus hermanos…
- Y le han hablado mucho de mí… esa pequeña sabía cosas que ni siquiera yo recordaba…- se acercó a Harry-. ¿Y qué tal ha ido tu día?
- Algo acelerado… siempre queda algo para hacer en esa maldita oficina, y bueno antes de darme cuenta ya se había hecho muy tarde- suspiró-. Y ahora se nos viene lo peor, no sé si estarás entrada, pero Cho ha renunciado…
- Lo sabía. Ella me contó algo.
- Y nos encontramos en un gran dilema, buscar su reemplazo…- Ginny caminó hacia unos árboles y Harry la siguió a paso lento.
- Estoy segura que hay muchas chicas capacitadas para el trabajo, además todas querrán trabajar para ti- él chasqueó la lengua.
- Seguramente sea así, pero aunque me cueste decirlo, Cho era buena en lo que hacía…
- Tal vez ella conozca a alguien para recomendarte- Ginny se aproximó a Harry parándose a su lado, mirando ambos hacia la inmensa colina que se erguía imponente.
- Ha apuntado a algunas en una lista, pero de todas formas yo quería preguntarte a ti si…- Harry no continuó la frase, sabiendo que Ginny comprendería perfectamente a lo que apuntaba esa idea.
- ¿Insinúas que yo podría tomar su puesto?
- ¿Y por qué no?- indagó Harry encogiéndose de hombros-. Eres perfectamente capaz de hacerlo, conoces el campo mejor que cualquier otra secretaria y sabes lo que es trabajar en el escuadrón.
- Es que no sé si estoy preparada para hacerlo…- Harry la miró extrañado-. Es decir… han pasado tan pocos días desde…
- Si es eso lo que te preocupa, no debes hacerlo, todo el escuadrón comprende perfectamente tu situación y nadie pondrá ninguna objeción a eso…- sonrió-. Es más, sé de unos cuantos que se pondrán contentos con tu regreso, eras la única que preparaba un café medianamente decente- dijo soltando una risa.
- ¿Cómo es eso de un café medianamente decente?- le preguntó ella divertida.
- Y bueno, nos hemos ido turnando para llenar el filtro, y realmente no es lo nuestro… ¿Y qué me dices?
- Mostrándomelo como me lo muestras creo que sería una idiotez de mi parte rechazar esa oportunidad, todavía no me había planteado del todo lo que iba a hacer con mi historia laboral- sonrió-. Así que acepto, el horario es bueno y me dejará tiempo para preparar los exámenes- Harry no pudo ocultar su sonrisa.
- Y una vez que rindas esos exámenes… ¿estudiarás otra cosa?
- Seguramente- le respondió tranquilamente-. Tal vez siga tus pasos, o tal vez cambie drásticamente de profesión, no lo sé- Ginny caminó hacia un árbol y acarició con suavidad la corteza-. ¿Y cuándo empezaría?
- En una semana, luego de mis vacaciones- se acercó a ella-. Si no tienes ninguna objeción, claro.
- ¿Objeción?- rió-. Prácticamente me has resuelto todo.
- Y para eso estamos los amigos…
- Claro- Ginny dirigió su vista hacia La Madriguera y Harry aprovechó su distracción para mirar su perfil perfectamente cincelado.
- Y ya sabes, cualquier cosa que necesites…- Harry lentamente fue pasando sus manos por la cintura de la pelirroja y despacio la atrajo a su cuerpo.
- Ya lo sé… te lo pido a ti- Ginny giró la cabeza para mirarlo a los ojos, y Harry aprovechó ese momento para darle un suave beso en los labios-. ¿Para eso están los amigos?
- Para eso y más- le respondió él en un susurro-. Siempre lo que tu quieras- Ginny se giró en el brazo de Harry y pasó sus manos por el cuello del chico obligándolo a inclinarse, para poder besarlo.
- Vayamos despacio…- dijo ella luego de un rato, en donde alternaron besos y abrazos, con Harry apoyado contra el tronco del árbol y ella sostenida por la cintura, envuelta en sus brazos.
- ¿Despacio?
- Con calma…- se apretó a él-. Quiero que sepas todo de mí y empezar de cero…- él apoyó su barbilla en la cabeza de ella mientras le acariciaba el largo cabello, luego la separó un momento para mirarla a los ojos.
- Yo soy Harry James Potter, tengo veintidós años y soy auror. Muchos me conocen como el niño que vivió, pero prefiero que me llamen por mi nombre- le dijo acariciándole la mejilla-. Estoy soltero, mi familia se compone por mis amigos y la familia de mis amigos… No tengo mascotas, y vivo en un lindo departamento en el centro de la ciudad- ella sonrió-. Reconozco que mi carácter no es el mejor, soy algo caprichoso y celoso cuando quiero, mi paciencia es fácil de romper, pero me considero alguien en quien confiar. Cuando quiero a alguien, lo hago de verdad. Por otro lado debo decir que mis atributos físicos no son tan malos, tengo una cicatriz en la frente que muchas han tildado de sexy, causada por un difunto mago oscuro, mi altura es ideal y tengo un buen estado físico, y ni hablar de mis ojos, que traen loquitas a más de una…
- Te has vuelto todo un adulador…
- Espera que no termino…- continuó volviendo a acariciarla-. Hasta no hace mucho era considerado un mujeriego, hasta que un día el mundo se dio vuelta, y alguien en singular comenzó a mantenerme ocupado y alejado de mi anterior vida.
- Una chica con suerte…
- Sin duda… y realmente espero que acepte mis sentimientos porque no espero un no como respuesta. Puedo esperar, eso sí, a que ella esté preparada.
- ¿Y si ella no te acepta?- indagó suavemente.
- Lo terminará haciendo, porque ambos estamos predestinados… Juntos estamos más que bien. Y estoy dispuesto a dejar para siempre mi codiciada soltería sólo por ella- Harry pasó su mano por la mejilla de Ginny y luego con la punta de los dedos levantó su pequeña barbilla, dejándole un pequeño beso en los labios.
- Entonces creo que me toca a mí- dijo ella-. Soy Ginevra Molly Weasley y tengo veintiún años, he vivido la mitad de mi vida alejada de mi familia. Estoy soltera, cosa que espero se resuelva pronto, y he regresado a este mundo luego de estar desaparecida por mucho tiempo. He cometido muchos errores en estos últimos años, pero he conocido gente que me ha abierto los ojos, y me ha perdonado…- sonrió-. Debo decir que soy un tanto chillona, que suelo enojarme con facilidad y cuando ya la situación me supera suelo hechizar a la gente sólo para desquitarme…
- Toda una amenaza…- se burló él a lo que ella le dio un golpe en el brazo.
- Sé que soy linda…
- Que egocéntrica…
- Muchos me lo han dicho, mi cabello llama mucho la atención, por eso siempre lo trato con especial cuidado. Por suerte no debo cuidar mi figura, heredé de mis hermanos un metabolismo acelerado. De pequeña me encantaba jugar al Quidditch y quería ser toda una profesional, sin embargo hoy se me lo preguntas no tengo claro lo que quiero de mi futuro laboral, lo único que puedo asegurar es quiero una vida tranquila, tener a las personas que más quiero a mi lado, y tal vez dentro de unos años por fin formar una familia, con al menos dos niños y una niña. Me gustaría que ella se pareciera a mi, y que ellos se parezcan a su padre… Y que hereden de él los mismos ojos verdes que tanto me gustan…
- No creo que eso sea un problema…
- Espero que no- Harry le apretó la espalda atrayéndola más hacia él y ella lo miró con algo de duda-. Aún no sé si estoy lista para que entre nosotros haya algo realmente oficial…- lo miró a los ojos-. No me malinterpretes pero…
- Te entiendo… sin embargo me guardo el derecho de tratar de seducirte, y permitirme ser tu amigo… con algunos derechos- ella soltó una cantarina risa.
- Eso me gusta… ¿cómo lo llamas? ¿Amigos con derecho?
- ¿Te gusta eso?
- Creo que me encanta…- Harry besó su cabello y se separó lentamente del árbol.
- Ha comenzado a nevar…- Ginny se giró y observó como del oscuro cielo pequeños copos blancos, similares al algodón, caían sobre el suelo.
- Será mejor que volvamos a la casa- dijo Ginny con una pequeña sonrisa.
- Vamos…- Harry le tendió su mano y Ginny no dudó ni un instante en tomarla.
Y siempre le pasaba lo mismo, el contacto con la piel de Harry le causaban miles de sensaciones, a esa altura algo conocidas y otras completamente nuevas, que luego descubriría, siempre le pasaría con Harry.
- No te creas que se me ha pasado eso del Quidditch- le dijo él mientras caminaban tomados de la mano a la casa-. Ya te jugaré un partido y te haré trizas…
- Lo dudo… realmente era buena- Harry la miró un momento con una linda sonrisa sin detener el camino.
- Ya lo veremos…
- Harry…
- ¿Si?
- Gracias…
- ¿Y eso por qué?
- Porque a través de tus pupilas, a través de tus ojos, por primera vez pude ver la verdad, ser feliz…
- ¿Feliz?- rió-. No sabes lo que nos espera todavía… dentro de unos años recordarás estos momentos como algo efímero… La felicidad aún está por llegar…- Ginny le apretó con fuerza la mano, sólo él lograba con tan pocas palabras poner a su mundo de cabezas.
Era claro, él era lo mejor que le había pasado.
No sé si es algo apresurado, pero a mi me gustó como ha quedado. Sólo queda el epílogo y adiós a esta historia. Y si les tengo que ser sincera, el epílogo ya lo tengo por la mitad, así que no se sorprendan si lo publico dentro de poco.
Gracias por sus comentarios, como siempre logran sacarme más de una sonrisa. Y sobre mis otras historias, pronto las actualizaré, estoy en eso, pero debo confesar que tengo comenzada otra historia nueva que me está llevando casi todo mi tiempo de escritura. Pero antes de comenzar a publicarla la quiero tener lo suficientemente avanzada, porque sé que cuando comience las clases, mi tiempo volverá a ser escaso.
Los quiero mucho, y nos leemos en el último capítulo de esta historia que me ha dado tantas satisfacciones.
Un abrazo, Jor.
