"La parte más importante de una historia es el final. Nadie lee un libro para llegar a la mitad."

Mickey Spillane,escritor estadounidense (1918-2006).

Los personajes, excepto uno que otro inventado por mí para la trama, son de Kishimoto-sama

Capítulo de invocación

Advertencias:

OoC.

Un poco de AU.

FemNaru.

Alguna que otra grosería.

La siempre presente falta de ortografía.

El lector podría morir de aburrimiento.

Por favor, ten en cuenta que Zaphyrla es una autora que suele tratar contenido YAOI (Relación Hombre X Hombre), aunque sea sólo una mención.

¡Si no te gusta no leas!


- ¡¿Pero qué demonios…? –gritó Naruto, dando un paso hacia atrás debido a la sorpresa-. ¡¿Eso es…? ¡¿Eso es…?

La espalda, y las largas y puntiagudas alas del animal eran de un elegante gris plateado, con algunas barras oscuras intercaladas a espacios regulares, y con los extremos delineados de un negro brillante. Las alas se encontraban extendidas en toda su magnífica magnitud, permitiendo ver su cara interna y el vientre, de un color blanco impecable. La cola, coloreada como la espalda pero con barras más finas, era larga, estrecha y redondeada al final, con la punta negra y una banda blanca en su extremo. La parte superior de la cabeza, junto con su amplia bigotera a lo largo de las mejillas, era negra, contrastando de forma notoria con los lados pálidos del cuello y la garganta blanca. El afilado pico era amarillo, al igual que las patas, mientras que las garras eran negras, semejantes a relucientes kunais.

- ¡Un pájaro gigante! –gritó la rubia con los ojos muy abiertos, señalando al halcón peregrino todavía envuelto en las últimas nubes de humo gris, vestigios del jutsu usado para invocarlo.

- Es un halcón… hembra –dijo Sasuke ligeramente ofendido mientras se colocaba delante del enorme animal, y añadiendo la última información para ahorrarse confusiones futuras-. Su nombre es Hokori (1).

Inmediatamente la Uzumaki se llevó ambas manos a la boca, ahogando una sonora carcajada, y provocando que al mismo tiempo sus ojos azules se llenaran de pequeñas lágrimas debido al esfuerzo. El moreno entendió inmediatamente cuál era la gracia del asunto.

- Cállate –le ordenó Sasuke, observando la reacción de su compañera con ojos asesinos-. No fue mi idea, ella lo cambió –dijo el muchacho mientras se cruzaba de brazos y torcía la boca.

Sus palabras provocaron la extrañeza de la rubia, quien lo miró parpadeando repetidas veces debido a la confusión. Nunca había sabido de algún contrato entre ninja y animal donde se tuviera que elegir un nuevo nombre para el animal invocado. Un nombre lo posees desde el momento de tu nacimiento, o en su defecto desde que eres muy pequeño, y solo cambiaria en circunstancias muy especiales. Naruto no se imaginaba al imponente halcón hembra cambiando su nombre para complacer a un niño humano, como debía ser Sasuke al momento de conocerse. Seguramente el animal debía ser tan orgulloso como era el viejo Gamabunta.

"Y definitivamente no es alguien joven, dattebayo" pensó la muchacha observando el enorme tamaño del ave.

Desconocía totalmente el tiempo que les tomaba a los halcones alcanzar la madurez, pero si se basaba en cómo habían crecido Gamakichi y Gamatatsu estos tres años, podría darse una buena idea. Y aunque esos dos glotones ya habían superado el tamaño de la muchacha desde hacía meses, todavía no eran nada comparados con su gruñón padre.

Fue entonces que la Uzumaki miró directamente los ojos de Hokori, y abrió mucho la boca debido a la sorpresa. El iris era de un brillante color azul celeste, un tono difícil de encontrar aún entre los humanos. Pero para Naruto no eran del todo extraños, ya que era el mismo color que observaba cada mañana al verse en el espejo. Sin embargo, a diferencia de los suyos, los ojos del ave poseían un halo oscuro alrededor del mar azul, como si poco a poco el color hubiera desplazado al negro. Eras unos extraños e hipnotizantes ojos.

- Mi nombre era Kiri (2) –interrumpió entonces el halcón, sacando a la muchacha de sus ensoñaciones. A la Uzumaki también le sorprendió mucho su voz. Aunque definitivamente le pertenecía a una hembra, debido a su suave tono, no dejaba de tener esa agudeza extraña que le recordaba al trinar de un pájaro-. Pero lo cambie cuando encontré a mi cría –siguió diciendo Hokori al tiempo que bajaba la cabeza con elegancia, solo lo suficiente para comenzar a frotar sus plumas contra el cuello del moreno.

- No soy tu cría –gruñó Sasuke, con los puños casi blancos por la fuerza con la que los apretaba.

Naruto en cambio se mordió la lengua por instinto de conservación, porque fuera lo que dijera Sasuke, el muchacho no había dado ni un solo centímetro a su costado para alejarse del animal. El moreno permaneció en su lugar lo más impasible que le permitía la vergüenza, con algunos mechones de su cabello moviéndose por la caricia de Hokori.

- ¡No me rezongues, polluelo! –bufó entonces el ave, dándole un ligero golpe con el pico al Uchiha, provocando que el de pelo negro soltara un resoplido, como respuesta al dolor.

Fue entonces que la Uzumaki notó que Hokori comenzó a hacer algunos ruidos extraños desde el pecho, deslizándolos por su garganta hasta que llegaron a la boca. La muchacha dio un salto hacia atrás, para evitar salpicarse de una extraña masa que salió del pico del ave. Un pequeño tic apareció en el ojo izquierdo de la rubia al observar la semejanza desagradable a lodo viejo, hecha de colores nauseabundos entre los que predominaba el café oscuro. ¡Incluso parecía moverse! Pero al mirar con más detenimiento Naruto se dio cuenta de que la masa, ¡tenía gusanos vivos!

- Ahora, come tu desayuno –le dijo el halcón con tranquilidad a Sasuke, para después acicalarse una de sus alas con el pico.

- ¡Es medio día! ¡No es hora de desayunar! –soltó el muchacho en un grito, perdiendo toda su paciencia.

Sus palabras dejaron a Naruto con la boca abierta, y como si hubiera recordado de repente la presencia de la chica, el Uchiha se giró hacia ella mirándola con gesto de advertencia, al tiempo que negaba levemente con la cabeza. La falta de desagrado por parte del moreno hacia lo que Hokori llamaba "desayuno", sin ni siquiera dedicarle una nariz torcida con desdén… ¿Significaba que Sasuke ya había visto esa cosa antes? ¿Incluso hasta de tener el valor… de probarla?

El Uchiha entrecerró los ojos al ver cómo le temblaba el labio inferior a Naruto. Supo al instante que la muchacha había perdido la pelea consigo misma, y segundos después la rubia se encontraba hincada sobre el suelo, riéndose a mandíbula batida y golpeando con fuerza la tierra usando el puño, mientras su otra mano le sujetaba el estómago a duras penas.

- ¡Espera que se lo cuente a Sakura-chan! –jadeó la Uzumaki con trabajos, con unas cuantas lágrimas ya asomándose por sus ojos azules.

- Si le dices a alguien te mató, dobe –gruñó Sasuke de malas pulgas, alzando uno de sus puños a modo de amenaza, cosa que la chica pasó olímpicamente por alto.

- Esta compañera me gusta más que la otra –los interrumpió entonces Hokori con un melodioso trino, ladeando un poco su cabeza como lo suelen hacer las aves. Esta probable pareja para su polluelo prometía mucho más potencial que el ratón asustadizo con el que se había topado hace algunos meses. Aunque poseía un olor extraño que no terminaba de gustarle…

- ¿Qué otra? –preguntó Naruto de inmediato, deteniendo al instante sus carcajadas y torciendo la boca con desagrado.

- ¿Celosa, usuratonkachi? –preguntó el moreno con rapidez, dejando que un tono engreído se marcará en su voz.

- ¡Teme! –gritó la Uzumaki furiosa, mientras se ponía en pie con agilidad-. ¡Sabía que ibas a tener las mismas mañas de ese Ero-sennin cuando regresaras! –empezó a reclamarle la muchacha al tiempo que lo tomaba por el cuello de la yukata y comenzaba a agitar al moreno de atrás para adelante, para total molestia del chico-. ¡De seguro acabaste con todas las chicas del País del Fuego estos tres…!

Hokori agitó sus alas con satisfacción ante la escena que se desarrollaba delante de sus ojos. Definitivamente esta cría prometía mucho más para su polluelo que el ratón.

- Ya cállate –gruñó entonces él de pelo negro, hartó de sus reclamos.

Aprovechándose de su agilidad, el Uchiha uso uno de sus brazos para librarse del agarre de la rubia, y al segundo siguiente la tomó por la cintura y se la echó sin grandes contemplaciones al hombro.

- Ella es la dobe, Hokori –dijo Sasuke con simpleza, mientras se daba la vuelta y encaraba a la enorme ave-. Necesitamos movernos rápido.

- ¡Sube, polluelo! –exclamó el halcón al tiempo que agitaba sus gigantescas alas, elevándose ligeramente del suelo.

- ¡¿Qué? ¡Ah, no! ¡No! –gritó Naruto al caer en cuenta de la razón por la que el Uchiha había invocado al pájaro. El viento que provocó Hokori le agitó el rubio cabello, causando que algunos mechones le golpearan con fuerza el rostro, de la misma manera que la realidad próxima a suceder-. ¡Suéltame, teme! ¡Yo no voy a subir ahí! –siguió gritando la muchacha, agitando los brazos y las piernas cuanto podía para librarse del agarre de su compañero, sin grandes resultados a decir verdad.

- ¿Miedo, gatita miedosa? –preguntó el Uchiha de manera burlona, para después dar un ponte salto y aterrizar sobre la espalda del halcón, que ya empezaba a tomar altura.

- ¡Eres un idiota, dattebayo! –fue todo lo que pudo contestarle la Uzumaki, quién por instinto dejó de luchar para alejarse de Sasuke y en cambio se aferró con toda su fuerza al muchacho, cosa que el moreno resintió un poco.

La estabilidad sobre el ave era prácticamente nula, y la velocidad impensable para algo de un tamaño tan enorme. Pese a que Naruto había mejorado considerablemente su control de chackra, y esto le permitía sujetarse con mayor firmeza a cualquier tipo de superficies, todo lo que miraba a su alrededor eran plumas grises. La Uzumaki podría haber intentado sujetarse a las delicadas plumas, pero desistió de la idea al ver como estas eran arrancadas con facilidad por el feroz viento. Además sospechaba que a la autoproclamada madre sustituta de Sasuke no le haría gracia que le quitarán el plumaje.

- Solo sujétate, usuratonkachi –dijo entonces el Uchiha con voz prepotente, al ver como la rubia miraba con ojos aterrados la considerable altura que habían alcanzado en poco tiempo. Puede que maniobrar sobre Hokori fuera difícil hasta para un ninja ágil, pero la práctica le daba la habilidad que el talento natural te negaba. Buenas caídas se había dado el Uchiha hasta aprender finalmente el truco.

La Uzumaki giró bruscamente su cabeza, que se encontraba en dirección hacia el lejano suelo, para llevarla justo delante de la cara del moreno, y comenzó a observarlo con ojos encendidos, tan encendidos que por un momento el chico creyó ver un tinte rojo en ellos. Sasuke se vio obligado a reajustar su equilibrio cuando Naruto volvió a tomarlo por el cuello de la yukata, al tiempo que fruncía el entrecejo con desagrado.

- ¡Eso te gustaría! ¡¿No, teme? –le reclamó la muchacha al Uchiha, ahora más enojada que asustada.

- Si, definitivamente esta compañera me gusta más que la otra –volvió a interrumpirlos Hokori, con algo parecido a un gorgoreo.

- ¿Cuál otra? –preguntó Naruto de inmediato, y esta vez Sasuke estuvo seguro de ver el tono escarlata de sus ojos, y de la pupila felina en ellos-. ¡Ya van dos veces que el pájaro la menciona!

- Estúpida gallina… -masculló el Uchiha para sí mismo, sobándose el cuello con fastidio. Para su desgracia, las palabras que salieron de su boca llegaron hasta el ave en el que iban montados, causando su descontento.

- ¡No me hables así, polluelo! –chilló el halcón, dando una pirueta en el aire que mandó tanto a Naruto como a Sasuke por los cielos, aunque los atrapó de nuevo sobre su lomo antes de que siquiera se alejaran un par de metros de ella, dándoles un buen susto a ambos muchachos.

Era parte de la filosofía de Hokori que a los polluelos habría que corregirles sus malas mañas, y aunque Sasuke ya no la insultaba abiertamente como antes, no terminaba de aprender a no rumiar entre dientes contra ella. Pero ya vería esa cría sin plumas, ¡un día de esos lo dejaría caer de verdad! Tal vez de esa manera le brotaran alas…

- Por última vez, ¡no soy tu cría! –se quejó Sasuke, al tiempo que volvía a recuperar el equilibrio. Su queja le ganó un fuerte golpe por parte de la enojada Uzumaki, a quien no le apetecía para nada que el halcón los mandará a volar solos de nuevo.

Hokori agitó sus alas con orgullo, regodeándose de su victoria sobre el Uchiha, y satisfecha por la actitud de la otra humana. Aunque no le había causado gracia que la dobe, como la llamaba su polluelo, se refiera a ella como un simple pájaro, ¡ella era un magnifica ave! ¡La líder de una parvada antigua y poderosa!

"Pero a pesar de todo parece tener más modales que mi polluelo" se quejó el halcón para sí misma, afilando un poco su mirada azul.

- Oye, teme –llamó la muchacha al moreno después de un tiempo, cuando el viaje se tornó más tranquilo-. Este jutsu de invocación… ¿Cómo lo conseguiste? –preguntó Naruto extrañada.

- No fue una experiencia agradable… -contestó Sasuke en un susurro, pero la rubia fue capaz de notar una pequeña sonrisa torcida. Como si el recuerdo de lo sucedido lo llenara de satisfacción de alguna extraña manera.

˜*F*B*˜

- No voy a hacerlo –dijo Sasuke frunciendo la nariz.

Jiraiya se dividió entre la tentación de echarse a reír por el deplorable estado que presentaba el adolescente tras finalizar el entrenamiento, apenas sosteniéndose de pie sobre unas rodillas demasiado temblorosas, y aún así manteniendo esa actitud arrogante que tanto desquiciaba al sannin. Por otro lado el hombre de pelo gris veía venir una nueva discusión sobre sus métodos de enseñanza con su alumno más reciente, que como siempre requeriría de toda su atención para poder ser ganada.

- ¡Ni siquiera sabes que voy a decirte, maldito crío! –gritó el ermitaño al tiempo que le al Uchiha soltaba un golpe en la cabeza. El moreno no pudo evitarlo debido al cansancio, y todo lo que pudo hacer fue dejarse caer sobre maltratado suelo del sitio de entrenamiento.

- No soy la tonta de Naruto, Ero-sensei. Sé que quieres que haga el jutsu de invocación –contestó Sasuke mientras se desataba la banda de Konoha en la frente, para poder quitarse el sudor que le corría debajo de ella desde hacía rato-. Me di cuenta de que invocaste uno de esos sapos hace dos días, y desde entonces cargas el contrato de invocación a todos lados. Lo tienes escondido debajo del futon…

La confesión del muchacho dejó al ermitaño con la boca abierta.

- ¡Tú! –gritó Jiraiya de manera acusadora, cuando por fin pudo recuperar la voz debido a la sorpresa-. ¡No me andes espiando, mocoso malcriado! –siguió quejándose el mayor, al tiempo que elevaba una de sus piernas con toda la intención de dejarla caer sobre el cráneo de su alumno.

- ¡No es mi culpa que llegues ebrio al hostal todas las noches, anciano! ¡No recuerdas ni la mitad de lo que haces! –contestó a su vez él de pelo negro, mientras giraba sobre sí mismo para evitar la geta roja de su maestro-. ¡¿Y quién no va a notar semejante bulto bajo la cama?

- ¡Deberías estar agradecido de que te dé semejante honor! –gritó el anciano de pelo gris, elevando uno de sus puños para golpear al chico justo entre las costillas. Por suerte el Uchiha consiguió erguir ambos pies sobre su cabeza, girando el aire para quedar finalmente hincado delante del sannin.

Sasuke comenzaba a resentir la larga duración del entrenamiento, que ese día había comenzado desde el amanecer para su mala suerte, y todo el cansancio que sentía comenzaba a verse reflejado en su respiración entrecortada. Simplemente era uno de esos días en los el viejo amanecía de mal humor por la resaca, ¿y qué mejor manera que mejorar su ánimo que torturando a su alumno favorito?

- ¡Los sapos del Monte Myobokuzan son…! –siguió diciendo Jiraiya, tomando una pose que el anciano consideraba imponente y con su cabello cano agitándose por una brisa marina salida de un lugar desconocido.

- ¡Un cuerno! –gritó Sasuke cortando toda la magia de la escena, agitando su brazo derecho de manera horizontal como si quitara un estorbo considerable-. ¡Nunca firmaría un contrato vinculante con esos animales! ¡Solo tú y Naruto tendrían semejante mal gusto!

- ¡Cállate! ¡Maldigo el día en que me convertí en tu maestro! –gritó el ermitaño mientras estiraba ambos brazos y tomaba al muchacho por el cuello de la camisa, y ésta vez él de pelo negro no pudo escapar-. ¡Me arrepiento de haberte aceptado como mi alumno!

- ¡Pues ya somos dos, viejo! –gruñó el Uchiha totalmente molesto, tomando a su maestro por el cuello de la yukata y colocando sus dos pies sobre el pecho del sannin-. ¡Regresemos a Konoha y acabemos con esto!

- ¡Tú lo único que quieres es ir a lloriquearle a Naruto cuanto la extrañas! –le espetó Jiraiya de manera burlona, provocando que a pesar del cansancio el geken kenkai del chico se volviera visible. Con sus últimas fuerzas el moreno empujó al anciano y dio un potente salto hacia atrás, aprovechando el tiempo para sacar un kunai de su bolsa, que finalmente terminó arrojándole al viejo.

- ¡Patético! –dijo Jiraiya torciendo la boca. El hombre no necesitó de mucho esfuerzo para capturar el arma entre dos de sus dedos, y lo envió de regresó al muchacho. El filo de la hoja terminó temblando entre los pies del Uchiha.

- No más que tu estúpido jutsu de invocación, anciano –contestó Sasuke sin amedrentarse, y recuperando la calma.

- ¡Estúpido crio…! –gritó el sannin perdiendo la suya. ¡¿Por qué ese niño siempre tenía que decir la última palabra?-. Bien, no tomes mi justu de invocación –le concedió el hombre cruzándose de brazos y dándose la vuelta, rumiando para sí mismo cosas inteligibles.

El muchacho de pelo negro sonrió satisfecho por la respuesta, pero entonces, justo cuando pensaba que había conseguido su victoria, Jiraiya se dio la vuelta para encararlo de nuevo. El anciano tenía una mano bajo la barbilla y miraba al niño de manera extraña, como si una malvada idea acabara de ocurrírsele.

- Pero tendrás que conseguir el tuyo –le dijo el ermitaño a Sasuke, con una voz inusualmente amable-. Sólo para confirmar… No has firmado ningún contrato todavía, ¿verdad?

Con lentitud, el Uchiha negó con la cabeza, mientras observaba a su maestro con ojos desconfiados. No sabía cuál era la nueva ocurrencia del pervertido sannin, pero tenía la seguridad de que sí no se iba con cuidado las cosas podrían complicarse para él.

- Cuando un ninja intenta hacer el jutsu de invocación sin haber firmado un contrato, su chakra lo guía hasta el grupo de animales con los que tiene más afinidad –explicó Jiraiya al tiempo que se sentaba sobre el suelo-. Así fue como conseguí el mío –siguió diciendo el hombre mientras sus ojos se tornaban lejanos, perdiéndose en viejos pero alegres recuerdos.

- Ahora entiendo porque te ofendiste tanto cuando llamé patético a ese contrato, Ero-sensei –lo interrumpió Sasuke sin grandes contemplaciones, sacando al ermitaño de sus pensamientos-. Patético animal, patético maestro… -dijo el muchacho con burla evidente.

"¡Y patético estudiante!" pensó el viejo para sí mismo, pero no se atrevió a decirlo. Si lo hacía, corría el riesgo de molestar al irascible muchacho y, por lo tanto, de que su plan se viniera abajo.

- Sin embargo –siguió diciendo Jiraiya como si el Uchiha no hubiera abierto la boca-, aunque sean afines con tu chakra los animales no están obligados a tratarte bien, ni a ofrecerte el contrato, además tampoco puedes predecir en que sitio vas a ir parar –le advirtió el ermitaño con seriedad-. El Monte Myobokuzan está a cientos de kilómetros de Konoha…

El moreno dio un paso hacia atrás y se recargó en el tronco de un árbol, que había conseguido salir casi indemne de la zona de entrenamiento, a excepción de un par de cortes de su katana. Aunque en el fondo todavía trataba de encontrar cuál era la trampa escondida en las supuestas buenas intenciones del anciano, el gennin estaba consciente de que la mayor parte de las advertencias de su maestro eran verdad. Si se decía a emprender este viaje de verdad estaría solo, sin la seguridad de tener éxito o de siquiera poder volver. De cierta manera era como tirar una moneda al aire e intentar adivinar con los ojos cerrados de qué lado caería.

- ¿Entiendes el riesgo, mocoso? –preguntó Jiraiya repentinamente, comenzando a impacientarse.

- Lo entiendo –contestó Sasuke con sequedad, girando fastidiado el rostro hacia uno de sus costados.

- Entonces los sellos son: jabalí, perro, pájaro, mono y carnero –enumeró el ermitaño con voz clara, sin quitarle la vista de encima al muchacho que tenía enfrente.

Casi al instante, las manos del moreno se movieron con agilidad y reprodujeron con una exactitud digna de envida los sellos dichos por el sannin. El Uchiha colocó su mano cargada de chakra en el tronco detrás de él, y todo rastro de Sasuke desapareció en medio de una nuble de humo blanco.

- Por supuesto que solo es una teoría que imaginamos yo y el Tercer Hokage –susurró Jiraiya encogiéndose de hombros con despreocupación-. ¡Pero si a ti también te funciona entonces es cierta, mocoso! –gritó entonces el ermitaño mientras se ponía en pie de un salto y apuntaba con su dedo índice el sitio donde segundos atrás había estado el muchacho, como si todavía el Uchiha pudiera oír su burla.

- Jiraiya-san… -interrumpió su festejo una voz, proveniente desde el hombro derecho del hombre de cabello gris. Se trataba de Gamakichi quién, como bien había podido detectar Sasuke, los acompañaba en su viaje desde hacía un par de días. Sin embargo, el animal había preferido mantenerse al margen de la discusión entre maestro y alumno, desde que los ojos rojos del Uchiha lo habían visto con desagrado-. ¿Eres consciente que Naruto te asesinara si Sasuke no regresa con vida? –le preguntó la rana al anciano, con un ligero tinte burlón en la voz.

Jiraiya agitó la mano despreocupadamente delante de su prominente nariz, pero inconscientemente se llevó la otra a uno de sus costados, como si el dolor de una vieja herida hubiera regresado repentinamente. Si Tsunade hacía bien su trabajo con esa niña impulsiva, no habría duda que sus golpes dolerían mucho.

"Más le vale a ese mocoso regresar entero" pensó el ermitaño mientras una gota de sudor, debido al nerviosismo, le resbalaba por la frente.

˜S&N˜Y*O*R*E*G*R*E*S*E*˜S&N˜

- ¿Por qué presiento que ese anciano me engañó? –se preguntó Sasuke en voz alta, con una enorme vena creciendo peligrosamente sobre su frente. Bajo sus pies se alzaba un vacío de varios metros de altura, si uno de dejaba guiar por el hecho de que era imposible ver el fondo del lugar.

Minutos atrás el moreno había conseguido sostenerse de una pequeña saliente del acantilado, donde había aparecido después de realizar el justu de invocación. El lugar era una pared prácticamente vertical de piedra caliza cuya cima estaba a unos cinco o seis metros sobre su cabeza, que además contaba con otra pared similar a sus espaldas. Todo cubierto por una espesa niebla. El acantilado podría lucir impresionante, pero sabiendo donde colocar correctamente las manos no sería ningún problema para el muchacho salir del sitio.

Apenas había comenzado a trepar por la escarpada zona, cuando un potente chillido detrás de él llamó su atención. El chico giró su cabeza justo cuando una enorme sombra se cernía sobre él, ocultando de su vista los pocos rayos del sol que iluminaban el sitio.

- ¿Un águila? –murmuró el Uchiha para sí mismo-. No… un halcón, un halcón peregrino –dijo una vez que la figura en el cielo comenzó a cobrar unos colores inconfundibles.

Aunque las líneas de color más oscuro en las alas grises del ave apenas se distinguían entre en ellas, debido a su tono más claro de lo habitual, no había duda de la raza a la que pertenecía el pájaro.

- ¿¡Qué haces aquí, humano? –chilló el ave, una vez que estuvo lo bastante cerca de Sasuke. Si el moreno se sintió un poco impresionado por el tamaño del pájaro, que con facilidad pasaba de los seis metros de envergadura con las alas extendidas, su sorpresa fue mayor cuando el halcón habló.

Sin embargo, el Uchiha no tuvo mucho tiempo para sorprenderse, ya que al segundo siguiente el pájaro se abalanzó sobre él, intentando hacerlo caer del acantilado y que se precipitará al vacío. Al muchacho no le quedó de otra más que soltarse de la pequeña saliente, logrando esquivar al ave por las plumas, y volviendo a sujetarse de una segunda saliente que se encontraba metros más abajo.

- ¡Fūton: Renkūdan! (3) –gritó entonces el pájaro, aumentando todavía más la impresión del muchacho. A Sasuke no le era extraño el ataque, quién tenía todavía presente lo destructivo que podía ser ese jutsu, a pesar de que tamaño no se comparara con él que una vez había visto.

Con renovadas energías, el Uchiha se sujetó con ambas manos de la pared de piedra, dando un giro en el aire para finalmente lograr posar sus pies sobre la pared del acantilado, afianzando el agarre gracias a su chakra. Una imperceptible sonrisa de suficiencia apareció en la boca del muchacho, mientras algo del polvo causado por el ataque debajo de él le llegaba a la cara. Gracias al movimiento no sólo había esquivado el ataque, sino que había conseguido liberar sus manos, y ahora era su turno de atacar.

- ¡Katon: Hōsenka no jutsu! (4) –dijo Sasuke, después de hacer los sellos adecuados.

El muchacho observó orgulloso como el pájaro se veía obligado a dejarse caer para evitar las llamas, y ni aún de esa manera pudo alejarse por completo del fuego. El desagradable olor a plumas quemadas inundó el ambiente, aunque sólo fue una pequeña parte del plumaje y el pájaro no salió herido, bastándole un ligero batir de alas para terminar de apagar las llamas.

Mientras el ave planeaba a su alrededor, pensando su siguiente ataque, el moreno observaba con atención cada uno de sus movimientos. Desconocía los motivos que habían llevado al animal a atacarlo, pero sin duda de esa manera había logrado llamar la atención del shinobi. El pájaro era de un tamaño respetable, pero eso no le quitaba agilidad, y además tenía conocimientos sobre ninjutsu. Si ese animal llegará a tener un contrato de invocación en su poder…

- ¡Amegumo! (5) –se escuchó otro trino sobre sus cabezas, junto con un segundo batir de alas-. ¿Cuál es el alboroto? –dijo la aguda voz, llamando la atención tanto del halcón como de Sasuke.

- ¡Hermano! –respondió rápidamente el pájaro de alas claras, al tiempo que se elevaba un par de metros para estar a la misma altura que el ave recién llegada.

El Uchiha pudo entonces ver que se trataba de un halcón mucho más grande que él que respondía al nombre de Amegumo, además de que las barras oscuras de sus alas ocultaban casi por completo el color plateado de su plumaje, dando la falsa impresión de ser negro por entero. El halcón de mayor tamaño deslizó su penetrante mirada marrón sobre las quemadas plumas de su hermano, quién trinó por lo bajo debido a la vergüenza y agitó sus alas con más lentitud; después esos ojos castaños se pasearon por el acantilado hasta encontrarse con la figura en pie del Uchiha.

- ¿Un humano? ¿Cómo llegó tan cerca del nido? –preguntó el halcón negro, para después soltar un chillido de disgusto.

A su lado, el halcón de color gris sólo atinó a negar con la cabeza. Era el primer día como centinela del joven ave, qué solo había alcanzado plena madurez la pasada temporada de lluvia, y fallar de esa manera frente a su hermano mayor lo tenía profundamente decepcionado. Amegumo sabía, por las plumas erizadas de éste, que la reprimenda al regresar al nido sería histórica.

Por otra parte, Sasuke ahora entendía el porqué de la agresiva respuesta a su presencia por parte de los halcones. Si había ido a parar cerca tan cerca del nido de aquellas aves, su presencia desconocida sería automáticamente una amenaza. No habría que ser un genio para intuir la existencia de polluelos vulnerables.

- Este disturbio en el chakra natural del lugar… -murmuró entonces el halcón negro, más para sí mismo que para alguien más-. Fue una invocación –afirmó con seguridad.

- ¡Eso tiene que ser mentira, Kuroi! (6) –se apresuró a negar Amegumo.

- ¡Estoy seguro! –chilló Kuroi con enojo, agitando sus oscuras alas con fuerza y chascando de manera agresiva su pico en dirección a su hermano-. Han pasado años, pero es una sensación que no voy a olvidar fácilmente… –añadió el pájaro, recuperando la calma.

El halcón negro permaneció unos segundos agitando sus alas en silencio, observando con creciente desconfianza la manera tan particular con la que el muchacho desconocido se aferraba a la piedra. Sólo por la curiosidad de ver su reacción, y quizás con la esperanza de ahuyentar a los animales, el Uchiha eligió ese momento de suspenso para activar su sharingan.

Para extrañeza del moreno, lejos de mostrar miedo, Kuroi soltó un chillido más potente que los anteriores, de la misma manera en que un halcón común lo haría antes de abalanzarse sobre una serpiente que cometió el error de ponerse al descubierto. El estridente sonido le perforó de manera dolorosa los oídos al muchacho.

- ¿Kuroi? –lo llamó Amegumo con precaución, preocupado por la repentinamente conducta agresiva de su hermano.

- No hay duda de que es un ninja, así que no queda de otra más que matarlo -contestó el halcón después de un rato, agitando su cabeza de un lado a otro para obligarse a calmarse-. Después averiguaremos cómo llegó hasta aquí…

"No permitiré que esa tragedia se repita…" pensó el ave interiormente, trayendo de su memoria recuerdos dolorosos.

- ¡Bien! ¡Terminemos con esto! –chilló el halcón gris, para después dejarse caer sobre Sasuke sin tomar ninguna precaución.

- ¡Amegumo! –trató de detenerlo su hermano, intentando a adelantarse a su movimiento, pero no fue lo suficientemente rápido. El halcón negro vio impotente como la mano del pequeño humano comenzaba a brillar y entonces el silencioso precipicio se llenó del sonido de una parvada completa de aves.

- ¡Chidori Senbon! (7) –gritó Sasuke, mientras le arrojaba cientos de pequeños ataques al animal, semejantes a pequeñas agujas luminosas.

De inmediato Amegumo retrocedió en el aire, dando un chillido debido al dolor causado por las descargas eléctricas. El moreno se aprovechó de que el ave hubiera bajado su guardia y se apresuró a concentrar más chakra en su mano derecha.

- ¡Chidori Eisō! (8) –soltó el moreno, y Kuroi vio con ojos aterrados como una brillante columna de electricidad le atravesaba el ala izquierda a su hermano menor y lo hacía caer contra la pared del acantilado.

- ¡Maldito! –chilló el mayor de los halcones, mientras se las ingeniaba para ayudar a Amegumo a sujetarse de la pared de piedra, usando sus garras con cuidado.

Mientras el halcón gris soltaba unos cuantos trinos afligidos y agitaba su ala herida con desesperación, provocando que a su vez el dolor aumentara, el halcón negro trataba de tranquilizarlo, inclinando su cabeza y frotándola contra el blanco cuello del más pequeño. Entonces Kuroi apartó la vista de su hermano y la clavó en Sasuke, entreabriendo su puntiagudo pico en una muda amenaza.

- ¿Vas a quedarte ahí todo el día, pajarito? –se burló entonces el Uchiha, con una sonrisa ladeada.

Como respuesta, el halcón se elevó en el cielo cuan imponente era, extendiendo sus oscuras alas en toda su magnitud, al tiempo que soltaba un chillido mucho más potente que los anteriores y sumergió todo en un aterrador silencio.

- ¡Hane Senbon! (9) –gritó el ave, agitando sus alas una vez y entonces cientos de agujas se dirigieron hacia el muchacho, endurecidas mediante chakra y convirtiéndose de ese modo en peligrosas armas.

El moreno se las ingenió para esquivar con facilidad los proyectiles, comenzando a correr sobre la pared vertical de piedra caliza, pero no contaba con que el pájaro solo utilizaba ese ataque como una distracción.

- ¡Suiton: Taihōdan! (10) –gritó entonces el ave, mientras que una potente corriente de agua salía de su boca.

Sin embargo no apuntaba directamente al adolescente, sino a un sitio por encima de él y ligeramente a su izquierda, haciendo que una enorme oleada del líquido vital se deslizara entre las rocas y cayera sobre el Uchiha.

- Estúpido pájaro… -se quejó Sasuke con los dientes apretados, ahora sujetándose del precipicio con ambas manos para no dejarse arrastrar por la improvisada cascada.

Entonces un temblor hizo que la tierra se estremeciera, y una sombra, por increíble que pareciera incluso mayor que la que proyectaba Kuroi, invadió el acantilado.

- ¡Kuroi! ¡Amegumo! ¿Por qué tanto escándalo? –trinó una suave voz femenina, aunque más poderosa que las de las otras dos aves-. Despertaran hasta los huevos en el nido.

- ¡Kiri-sama! N-nosotros… -balbuceó Amegumo, mientras que desviaba sus ojos grises en dirección a Sasuke.

El moreno giró su cabeza hacia arriba justo a tiempo para ver, en el borde del desfiladero y perfilándose contra el claro cielo azul, al ave más inmensa, y por qué no decirlo, más magnifica que hubiera visto en su vida. El muchacho permaneció impasible mientras que los ojos azules del ave lo observaban con atención, pero los entrecerró con desconfianza cuando ese brillante color celeste comenzó a opacarse por alguna razón desconocida.

- Entiendo –susurró Kiri, antes de que Kuroi pudiera abrir el pico para explicar la situación con más claridad-. Asesínenlo –sentenció el ave de manera rotunda, para después girarse sin muchas ceremonias, seguramente en la dirección en la que se encontraba el nido.

- No puedo morir todavía –dijo entonces Sasuke enseñando los dientes, al tiempo que sacaba de su bolsa el ultimo kunai que le quedaba-. Tengo gente que espera mi regreso, y esa otra persona… -añadió el muchacho al final para él mismo, desviando un poco su mirada hacia abajo.

- Interesante… -murmuró entonces Kiri, con los ojos brillándole de una manera extraña.

Para sorpresa de los otros pájaros, y del propio Uchiha, la hembra bajó del borde del acantilado hasta donde se encontraba el muchacho y se aferró a la piedra justo a su lado, de tal manera que los ojos de ambos quedaron aproximadamente a la misma altura.

- ¡Kiri-sama! ¡No se acerque! –intentó detenerla el halcón negro, algo histérico-. ¡Es peligroso y…!

- ¡Silencio, Kuroi! –lo calló el halcón recién llegado con un chasquido de su pico, y de inmediato el ave obedeció.

Kiri se giró de nuevo hacia Sasuke, y sonrió para sus adentros al percibir lo débil que se encontraba el chico en esos momentos. Puede que en optimas condiciones fuera un oponente admirable, pero justo en ese instante…

- Esa mirada tuya tan negra… -dijo la hembra con simpatía, incluso con algo de burla en su voz, mientras golpeaba suavemente el pecho del Uchiha con la cabeza-. ¿Perdiste a tu nido?

- ¿Nido? –preguntó el moreno algo confundido, mientras que una de sus cejas negras se alzaba de modo interrogante. Al mismo tiempo trataba de sujetarse con más fuerza de la piedra, intentando que el juego del ave no lo llevara hasta el fondo del desfiladero. Repentinamente se sentía como un pequeño ratón al que había atrapado el gato.

- Tus padres, polluelo –aclaró Kiri, y Sasuke entrecerró los ojos amenazadoramente ante la última palabra-. ¿Murieron?

Obviamente el muchacho no contestó.

- Ah… -gorgoreó la hembra agitando sus plumas, para después seguir con los pequeños empujones sobre el chico, pero ahora usando sus garras-. Entonces los asesinaron.

- ¿Quién, polluelo? –preguntó Kiri con curiosidad-. ¿Buscaras venganza de esa persona?

- …

- ¿Qué pasa, polluelo? –siguió insistiendo la hembra, comenzando a hacer enfadar a Sasuke con tanto cuestionamiento-. ¿Por qué dudas en contestarme? Tus padres eran preciados para ti, ¿no? ¿O no los querías? –dijo al final, de manera cizañoza.

- ¡Por supuesto que sí! –habló por fin el Uchiha, apretando sus puños con fuerza.

- ¡¿Entonces porqué dudas? –chilló el ave, agitando furiosa sus plumas-. No puedo saber todos tus pensamientos, polluelo. Si hablas lo suficiente puede que te deje vivir… -le ofreció Kiri con voz condescendiente.

El muchacho volvió a permanecer en silencio, clavando sus ojos negros en los azules del pájaro, de la manera más desagradable que fue capaz de conseguir.

- ¿No quieres hablar, polluelo? –resopló Kiri entonces, totalmente disgustada-. Bien, si así lo quieres…

- Estoy construyendo… -habló en ese momento el Uchiha, muy a su pesar, con los dientes fuertemente apretados-… un nuevo nido.

Kiri no pudo evitar trinar victoriosa, para total desagrado del muchacho; extendiendo sus enormes alas como si fuera a echarse a volar al segundo siguiente.

- Los humanos son criaturas interesantes –dijo el halcón, bajando el volumen de su voz hasta que casi se confundía con el silbido del viento-, pueden hacer con sus vidas cortas lo que otras criaturas no podrían en toda su larga existencia…

De repente el animal sacudió su cabeza de un lado a otro, como si intentara apartar de su mente algunos amargos pensamientos, y después agitó sus gigantescas alas para poder apartarse de la pared del risco y elevarse hasta el borde del desfiladero.

- ¡Kuroi! –llamó con un grito la hembra al mayor de sus subordinados-. Llévalo al nido, pero mantenlo lejos de los huevos y de los jóvenes. No me gustan sus llamas... –añadió el ave, viendo con ojo crítico las plumas quemadas del herido Amegumo.

El halcón negro inclinó levemente la cabeza en dirección a Kiri, aceptando en silencio la orden recibida por su señora.

- Déjalo en mi nido –siguió diciendo Kiri, suspendida en el aire-, es lo más seguro para la parvada.

- ¡Pero Kiri-sama…! –soltó de repente Kuroi, con toda la intención de replicar esta vez.

El imponente halcón se limitó a soltar un potente chillido, que nuevamente perforó los sensibles oídos humanos de Sasuke, y que provocó de inmediato que el halcón de alas oscuras bajara su cabeza con humildad. Mientras Kiri se daba la vuelta en el aire y partía en dirección al nido, Kuroi incitó suavemente a Amegumo a soltarse de la pared de piedra y que siguiera a la hembra. Abandonando poco a poco su miedo, el halcón gris avanzó unos cuantos pasos por el acantilado, para al fin extender sus alas y avanzar con lentitud pero de manera constante en dirección norte.

Cuando los ojos marrones del pájaro restante se clavaron en su figura con hostilidad, Sasuke supo que el siguiente movimiento de Kuroi no sería para nada agradable, pero nada pudo hacer para evitar que el halcón lo tomara por los antebrazos, clavándole las afiladas garras en la carne, y elevándolo con él en el aire

- Estúpido pájaro… -gruñó el chico de pelo negro con los dientes apretados, soportando el dolor valientemente-. Al menos podría haber avisado…

- Kiri-sama es nuestra líder –dijo entonces Kuri con voz orgullosa, sin prestarle atención a los insultos del Uchiha-, la hembra alfa de la parvada…

- Lo noté –lo cortó Sasuke con poca amabilidad. No le agradaba al chico en lo más mínimo soportar un incómodo vuelo de duración desconocida, gastando su valioso tiempo en escuchar información que podía adivinar por sí mismo, proveniente además de un pajarraco insoportable.

- ¡Polluelo engreído! –chilló el halcón negro con voz molesta, sacudiendo al muchacho de un lado a otro, haciendo que la cabeza le diera vueltas al pobre Uchiha-. ¡Kiri-sama podrá ser la grandiosa líder de los halcones de las Montañas Hida, pero siente debilidad por los polluelos desvalidos como tú, que han perdido su nido!

- No soy un polluelo –se defendió Sasuke a pesar de todo, con los dientes fuertemente apretados-, y menos desvalido.

- A nuestros ojos sí –le replicó el pájaro con él mismo tacto que el chico había usado-. Eres demasiado joven, y además no tienes nido… De la misma forma que Kiri-sama perdió a su pareja y a su polluelo –informó Kuroi de manera cortante, haciendo que el joven girara su vista hacia arriba, buscando los ojos marrones del animal-. ¿Sabías que los halcones solo tiene una sola pareja de por vida? –siguió diciendo por lo bajo, esquivando la mirada oscura de Sasuke y prefiriendo dejarla perderse entre la espesa niebla de las montañas sobre las que volaban.

El Uchiha siguió analizando las expresiones del halcón unos minutos más, para finalmente darse por vencido y volver su vista al escabroso terreno, tratando de reconocerlo de alguna manera.

- Yo sí tengo nido –soltó de pronto el moreno con terquedad, provocando que de nuevo las plumas de Kuroi se erizaran con rabia.

- Entonces Kiri-sama no tuvo razón al compadecerse de ti –chilló el pájaro con desagrado palpable, agitando con más fuerza sus alas y provocando que el cabello negro del muchacho se agitara alrededor de su cabeza-. ¡Debería soltarte y dejar que te estrelles contra los ricos!

Apenas había terminado de hablar y el ave ya tenía las garras abiertas, dejando caer al moreno justo como lo había dicho. Por suerte, el Uchiha se las arregló para sujetarse de una de sus patas, desequilibrando de cierta manera el vuelo de Kuroi; y haciendo algo de impulso gracias a ese agarre, Sasuke terminó sobre el lomo oscuro del halcón.

- ¡Ya dije que no puedo morir aquí! –dijo el muchacho con irritación, comenzando a hartase de la actitud tan a la defensiva del pájaro.

- ¡Kuroi, es suficiente! –chilló la voz de Kiri por encima de sus cabezas, y sorpresivamente Sasuke sintió como era sujetado por los hombros, con más delicadeza que la usada por Kuroi. Al segundo siguiente sus pies abandonaban las plumas negras del animal.

El muchacho todavía podía sentir como los ojos marrones del agresivo halcón se clavaban en su espalda, mientras la hembra se encargaba de llevarlo entre las laderas de unas altas montañas, prácticamente hechas de roca desnuda y poca vegetación, rodeadas de niebla de la misma manera que el acantilado que habían dejado atrás, seguramente por encontrase a gran altura. De repente Kiri dio un giro imprevisto al pasar demasiado cerca de una de esas laderas, y sin ninguna señal que lo anticipara, una enorme cueva surgió entre la roca, tapizada de pequeñas ramas y hojas secas, formando un nido en el que bien podría caber el enorme halcón con comodidad.

Lo próximo que supo Sasuke es que había sido arrojado sobre ese lugar, y que más de cerca esos pequeños pedazos de madera no eran tan pequeños como aparentaban.

- Estoy segura de que irá a contarles a toda la parvada que estas aquí, Kuroi suele ser muy protector conmigo –dijo Kiri mientras se posaba con elegancia a un lado del muchacho-. Pero no te preocupes, que no te pondrán una pluma encima mientras estés dentro de mi nido.

- Entonces no podre irme –contestó Sasuke de malas pulgas mientras se ponía en pie.

- ¿Y a donde te vas a ir, polluelo? –preguntó la hembra algo distraída, mientras se acicalaba con el pico una de sus alas.

- Atami –contestó el Uchiha con sequedad, al tiempo que le daba la espalda al ave para examinar con más cuidado el lugar.

Un extraño ruido detrás de él lo hizo volver a girarse con brusquedad, algo a medio camino entre un escandaloso trinar de pájaro y una carcajada humana. Los ojos negros del muchacho se encontraron con la poco elegante imagen de un halcón gigante tumbando sobre su espalda y revolcándose como si se tratara de un pequeño cachorro.

- ¿Cuál es la gracia? –preguntó Sasuke entrecerrando los ojos con desagrado, identificando de inmediato que el pájaro se burlaba de él.

- Si no mal recuerdo Atami es una ciudad humana que está cerca de la frontera del País del Fuego con el País del Té –dijo Kiri después de detener su carcajada, pero sin variar mucho la posición de su emplumado cuerpo-. ¿No es verdad, polluelo?

- ¿Dónde estoy? –preguntó a su vez el Uchiha, intuyendo por donde iba el asunto, y expresando por fin en voz alta la duda que había tenido desde el momento en que termino de hacer los sellos del jutsu de invocación.

- Las Montañas Hida están en el extremo oeste del País de los Pájaros –explicó la hembra, con la voz cargada de burla, dejando al moreno con la boca ligeramente abierta.

- ¿El País de los Pájaros? –repitió Sasuke con la garganta algo seca-. Eso está cruzando el País de la Lluvia –murmuró el chico para sí mismo, mientras se llevaba una mano a la frente con frustración.

"Esto será un problema…" pensó el muchacho "No sólo no podre regresar con el anciano hasta en por lo menos dos semanas, sino que tendré que entrar en un país ninja extrajero, sin el consentimiento del Hokage. ¡Estúpido viejo!" se maldijo interiormente el Uchiha, al tiempo que estrellaba uno de sus puños contra la pared de roca de la cueva.

- Llevaste por medio de un jutsu de invocación –interrumpió Kiri con tranquilidad los pensamientos del chico, acomodándose sobre al nido como si ya se alistara a pasar la noche-, ¿por qué no haces la invocación inversa para regresar?

- No tengo ningún contrato con un animal –contestó el moreno, mirándola como si fuera algo obvio-, para eso llegue aquí.

Sus palabras provocaron que el sueño se apartara de los ojos azules del halcón, y que agitara sus alas de manera repentina, provocando un pequeño vendaval dentro de la guarida.

- ¿Quieres el contrato con los halcones? –preguntó con violencia la hembra, su pico abriéndose y cerrándose una y otra vez, provocando chasquidos estremecedores que hacían algo de eco en el lugar.

La repentina defensa de Kiri hizo sonreír a Sasuke sutilmente. Sus palabras le confirmaban la existencia de un contrato que él podía aprovechar, aunque no había tenido en mente ningún animal en particular al momento de hacer el justu. "El animal más compatible con tu chakra" fueron las palabras del viejo pervertido, si en algo que podía confiar en ese hombre.

- No eran mis planes… -contestó el Uchiha con sinceridad, mientras se recargaba en la pared de la cueva, y se dejaba caer en el suelo para al fin poder tomarse un merecido descanso.

La hembra observó con desconfianza la nueva actitud relajada del muchacho, pero cuando éste no volvió a hablar o a siquiera dirigir su atención hacia el animal, Kiri bajó de nuevo sus alas y volvió a tomar una actitud tranquila.

- Había una pequeña aldea ninja al pie de las estas montañas… –decidió hablar por fin la hembra después de muchos minutos, cuando Sasuke había tomado la decisión de que lo mejor era dormir y buscar la manera de regresar a Atami una vez que amaneciera-. Pertenecían al País del Viento, y era llamada Akihabara…

El pájaro trino de manera suave y los ojos le brillaron mientras charlaba, como si pasaran delante de sus ojos imágenes que le encendían el corazón, sin embargo, el muchacho pudo notar la melancolía que se escondía debajo del canto.

- No eran muchos, pero eran fuertes –continuó la hembra con su relato-, y una buena familia había sido la líder de la aldea por generaciones, el Clan Kato. Pero un día el hijo mayor del jefe enloqueció… -en ese punto de la historia la voz de Kiri se tiñó de resentimiento, y sus agarras se cerraron con fiereza, como si recordaran la pequeña presa que estuvieron entre ellas tiempo atrás-. Entregó la aldea al País de la Roca. Fue una masacre de la que nadie consiguió escapar... Después vino aquí, asesino a mi cría, a mi pareja, y a buena parte de la parvada antes de que pudiéramos detenerlo.

El muchacho que se encontraba con ella dentro de la cueva bajo la vista hasta el suelo, y su oscuro cabello le oculto la mirada, sumiéndose seguramente en el recuerdo de las heridas causadas por su propio pasado.

- De la aldea no queda nada –dijo el halcón mientras se sacudía las plumas con fingida indiferencia-, de mi nido queda poco… ¿Cómo te levantaste tú, polluelo? ¿Cómo conseguiste que te brotaran nuevas alas?

Al escuchar que el pájaro lo llamaba, el Uchiha levantó la cabeza, pero de nuevo ninguna palabra salió de su boca y su semblante permaneció imperturbable. Kiri, aún en medio del dolor causado por los recuerdos, soltó un ligero chillido que bien podría interpretarse como una carcajada. La hembra comenzaba a entender que para llegar a la mente de ese humano en particular se necesitaba recorrer un largo camino.

- Yo maté al asesino de mi familia con mis propias garras –siguió insistiendo Kiri a pesar de todo, aunque en el ambiente que rodeaba a ambos seres ya no se sentía ninguna presión-, ¿tú que planeas hacer?

- Ya no es sólo una venganza… -dijo Sasuke, aunque bastante hartó del parloteo del ave a decir verdad-. Ahora esa persona es una amenaza.

"Polluelo idiota" pensó Kiri para sí misma "Una amenaza ya era desde el momento en que atacó tu nido. ¿Por qué lo ves hasta ahora? ¿Qué cambió?".

- ¿En serio? –preguntó la hembra fingiendo sorpresa-. ¿Una amenaza para qué? ¿Para tu nuevo nido? O será… ¿para tu compañera?

- Yo no tengo una compañera –contestó el Uchiha de inmediato, quizás con demasiada rapidez, y eso fue detectado con la misma rapidez por el halcón hembra.

- ¡Entonces si es tu compañera! –gorgoreó el animal de manera triunfante, como si sólo se tratara de un niño, y el moreno no pudo evitar rodar los ojos ante su comportamiento-. Las crías humanas crecen tan rápido… Pero, ¿no eres demasiado joven para entrar en periodo de celo? –preguntó Kiri con curiosidad.

- No estoy en periodo de celo –gruñó Sasuke entre dientes.

- ¡Ah! Así que es tu compañera la que no ha entrado en periodo de celo –dijo el pájaro, ignorando por completo las palabras del muchacho-. La estás esperando. Eso es tierno…

- ¿Estas escuchándome, estúpida gallina? –dijo el de pelo negro, permitiéndose una sonrisa torcida en los labios, cargada de burla hacia el animal-. No estoy en periodo de celo.

- ¡A mí no me hablas así, miserable polluelo sin plumas! –chilló Kiri con enojo, para después abalanzarse a picotazos sobre el entonces, desprevenido muchacho.

El chico gruñó entre dientes su mala condición, pero afortunadamente las agresiones del ave no fueron tan rápidas como para ser incapaces de ser esquivadas. Sasuke intuyó que el halcón había disminuido su agilidad a propósito en el último instante, pero no abrió la boca para preguntar nada.

- Mañana hablare con la parvada sobre ti, y decidiré que hacer contigo –chilló la hembra con voz fastidiada-. Por ahora duerme, polluelo.

Sasuke la vio de manera asesina ante sus órdenes, pero esa mirada solo provocó que el pájaro soltara otro chillido y que se levantara finalmente. Para sorpresa del muchacho, Kiri solo tomó un lugar a su lado y también, para su vergüenza, lo acurrucó contra sus suaves plumas.

- Las noches en las montañas son frías –explicó el ave con voz tranquila-, y el invierno se está acercando, polluelo.

- A pesar del peligro, está bien involucrar a tu compañera en esa venganza… -creyó escuchar el muchacho mientras se quedaba dormido-. Ella puede ayudarte, pero no es su lucha, y eso evitara que te ahogues en la oscuridad…

˜S&N˜Y*O*R*E*G*R*E*S*E*˜S&N˜

- ¡Kiri-sama! ¡Kiri-sama! –chillaron una media docena de pequeños pájaros, que Sasuke identificó acertadamente como las crías de la parvada. Las aves se dejaron caer sobre Kiri, rodeándola con sus graciosos gorgoritos, de la misma manera en que las abejas se sienten atraídas hacia la miel.

- Ya, ya, a callar –dijo la gigantesca hembra con simpatía, agitando sus alas levemente para mandar a volar a los polluelos lejos de ella.

- ¡Sí! –contestaron los pequeños a coro, una vez que recuperaron la postura correcta sobre el aire, y al segundo siguiente echaron a volar hacia dirección desconocida.

Una vez que las pequeñas aves desaparecieron de la vista, Kiri chilló de manera ensordecedora, y su canto se perdió con lentitud entre las laderas de las montañas. Ojos vidriosos de diversos colores concentraron su atención en ella, y el silencio inundó el lugar.

- Tenemos un humano entre nosotros después de muchos años –comenzó a hablar Kiri con seriedad, dirigiéndose al resto de la parvada, reunida en los risco que rodeaban el nido de la hembra alfa-. Su nombre es… ¿Cómo te llamas, polluelo? –le preguntó al muchacho que se encontraba delante de sus garras, repentinamente consciente de que no lo sabía.

- Uchiha Sasuke –contestó el moreno de manera seca.

El pájaro sacudió su cabeza con desagrado ante la prepotencia del muchacho, pero decidió que la mejor manera de enfrentarla era fingiendo indiferencia.

- El polluelo quiere el contrato del jutsu de invocación –dijo Kiri, yendo directo al asunto que importaba, y provocando el descontento del moreno por el insistente apodo.

- ¡Pero, Kiri-sama! –no tardaron en escucharse quejas por toda la parvada-. ¡Eso es…!

- ¡Por algo no fue destruido! –terminó por callar el enorme pájaro a todas las protestas-. Aún a pesar de que se juró no volver a usarlo después de lo sucedido con el Clan Kato. ¿Quieres el contrato? –dijo entonces Kiri, girándose hacia el Uchiha-. ¡Consíguelo! –incitó al muchacho mientras agitaba sus alas con fuerza.

- Amegumo, Kuroi, Shirohoshi, y yo –dijo la líder de la parvada, al tiempo que señalaba a cada uno de los enormes pájaros. Entonces regresó su vista hacia Sasuke, y sus ojos azules lo vieron de manera desafiante-. Véncenos y tendrás el contrato.

˜S&N˜Y*O*R*E*G*R*E*S*E*˜S&N˜

Detrás de cámaras

- A ver… -dijo Zaphy con una enorme sonrisa siniestra en el rostro, mientras que en su mano izquierda sostenía un pequeño control remoto-. Rebobinemos la cinta…

- Ey, Chico-kun –dijo Sai mientras caminaban, y Sasuke se dio cuenta de que el otro moreno se dirigía a la Uzumaki-. Te ha crecido el pecho –soltó el muchacho con naturalidad, al tiempo que colocaba una mano sobre la mencionada área del cuerpo de la rubia.

- Otra vez –dijo la mujer de pelo azul-. Pero ahora cuadro por cuadro.

- Ey, Chico-kun –dijo Sai mientras caminaban, y Sasuke se dio cuenta de que el otro moreno se dirigía a la Uzumaki-. Te ha crecido el pecho –soltó el muchacho con naturalidad, al tiempo que colocaba una mano sobre la mencionada área del cuerpo de la rubia.

- ¡Ya basta! –gritó Sasuke, quitándole el aparato a la directora-. ¡Entendí perfectamente la primera vez que lo vi! ¡Y sigo sin encontrarle lo gracioso a lo que pasó!

- Es que lo gracioso está en ver tu cara, no en la imagen –dijo Zaphy sonriéndole con ternura-. ¿Quieres que te traiga un espejo, entonces?

Un par de ojos rojos la vieron con ansias asesinas.


1 Orgullo XD

2 Niebla, creo…

3 Elemento Viento: Bala Perforadora de Aire

4 Elemento Fuego, llamas del Fénix

5 Nube de lluvia

6 Negro

7 Aguja de Millar de Aves

8 Lanza puntiaguda del millar de aves

9 Vendría siendo similar al Arte Sabio: Bombardero de Agujas de Cabello (Senpō: Kebari Senbon) de Jiraiya, pero con plumas

10 Elemento Agua: Cañón de Agua

¡Muchísimas gracias por los reviews! OwO

Hime-Sora, zanzamaru, 3BYhancock, kaRura-UchihaI-wtf, Moon-9215, nayumi, nasuke y fujita uchiha, blood master, Valkiria Thrud, Team Black Star y Taka 2, Katari-chan, X-x-YukO-x-X, susisan, kitsune71, SayaUchiha, Viux-hyukyu.

Y de nuevo, mis disculpas por hacerlos esperar n_n Y mis disculpas por tener medio abandonado este fic ¬¬ ¡Y bienvenidos a los nuevos! *.* Por cierto, abri FB :B Busquenme como Zaphyrla Fathum Zula si lo desean, y tambien aviso que soy una de las orgullosas administradoras de un pequeño grupo SasuNaru en FB, donde me paso por lo menos una vez al día XD ¡Nayumi-San! Las marcas que Kyubi le dejó en la cara a Sasuke fueron cuando el teme iba a dejar a Naru-chan al final de la mision de Kyoto, cuando le pegó una cachetada guajolotera :O

Zaludos

Zaphy

Ella Me trajo de vuelta,

había querido escapar de su lado.

Me fui... pero,

Yo regresé.

Era mi momento de protegerla.

Uchiha Sasuke