Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.
Capítulo 13. ¿El final?
Alice abandonó mi casa alrededor de las siete, luego da haber pasado una estupenda tarde. La lluvia amenazaba con comenzar en cualquier instante, y mi amiga odiaba que sus ropas se empaparan, así que se apresuró en marcharse.
Al anochecer, Nessie y yo vimos una película. Cuando ella se quedó dormida, la llevé hasta su cama y me puse manos a la obra. Tenía mucho trabajo atrasado y, a pesar de que avanzaba rápido, terminar parecía simplemente imposible.
Tuve que preparar tres tazas de café para lograr quedarme despierta. Cuando sentí que mis ojos no soportaban estar un segundo más abiertos, subí las escaleras – o más bien, me arrastré por las escaleras- hasta llegar a mi habitación. Me tiré en la cama con todo y ropa; tomé mi celular, que estaba arriba del buró.
3 llamadas perdidas
Y las tres eran de Edward. La sola mención de su nombre hizo que mi corazón latiera más rápido ¡Dios! Ni siquiera lo tenía cerca, ¿Cómo es posible que tuviera esos efectos aun a distancia?
¿Qué debía hacer? ¿Regresarle la llamada? Era tarde, no quería despertarlo, si es que estaba dormido. Además, si le llamaba parecería un poco ansiosa por hablar con él. Tal vez lo mejor sería llamar en la mañana, o quizá… no era necesario llamar a ninguna hora, porque justo en ese instante, mi teléfono anunció una llamada entrante.
-¿Diga?
-¿Bella? Buenas noches, lamento llamar tan tarde. Estaba un poco preocupado por que no contestabas. ¿No estarás ignorando mis llamadas?-exclamó medio en broma, pero parecía que la pregunta iba en serio. Me ofendía.
-Por supuesto que no, paranoico. Estaba algo ocupada, siento no haber contestado.
-No te preocupes. Me preguntaba si tenían algo planeado para el martes.
-No, nada. ¿Por qué?- ¿Pensaba invitarnos a algún lado? Genial.
-Perfecto. La invitaré a comer. –Lo sabía.- Conozco un sitio que le encantará a Nessie, ¿Te parece bien si paso por ustedes a las tres?
-Me parece perfecto.
-Entonces… Nos vemos el martes.-exclamó a modo de despedida.
-Claro, que descanses.
-Igualmente. Las quiero.
Cerré el teléfono y volví a acostarme, no me di cuenta a que hora se cerraron mis ojos, pero desperté hasta el día siguiente, un poco desorientada.
Las horas pasaron con bastante rapidez y, casi sin darme cuenta, llegó el martes. Ayudé a Nessie a arreglarse, y luego intenté arreglarme yo, y digo intenté porque entre el teléfono y el timbre de la puerta, me fue casi imposible hacer algo decente con mi cabello.
Unos minutos luego de las 3, volvió a sonar el timbre, esta vez se trataba de Edward.
-Buenas tardes.-exclamó sonriendo. Se veía bastante sexy recargado en el marco de la puerta. Por supuesto, yo sonreí como idiota sin apartar la vista de su rostro.- ¿Hay cocas en el refri? –preguntó, asomando su cabeza por la puerta entreabierta.
- ¿Qué rayos dices? –pregunté extrañada. Edward ignoró mi cuestionamiento.
-Me parece que no. –exclamó junto a mi oído, haciendo que mi respiración se acelerara un poco.
Acercó sus labios a los míos y me besó suavemente, un beso corto, por supuesto, pues la voz de Nessie se escuchó desde las escaleras
-¿Es hora de irnos?
Nos separamos rápidamente, yo con cara de confusión y el sin borrar su sonrisa. Empujó la puerta y ambos entramos a la casa.
-Por supuesto que es hora. Vamos, suban al auto rápidamente. -exclamó Edward.
Nessie salió de la casa corriendo, subió a la parte trasera del auto más rápido que nunca. Yo subí al asiento de copiloto. Nuevamente tuve problemas con el cinturón de seguridad, cosa que nos causó risa al recordar lo que había ocurrido la primera vez que había subido a ese auto.
Llegamos al restaurante en unos cuantos minutos; apenas abrimos la puerta de entrada, Nessie comenzó a hacer exclamaciones de asombro.
-Wow, ¿Ya vieron eso? Miren el techo ¡Hay estrellas! Increíble ¿Eso es una nave? ¡Allá hay una rosa! ¡Genial! ¿Puedo subirme? ¡Por favor digan si! –exclamó, mirándonos a Edward y a mí.
-Si –respondió él al instante.
-Cuando haya terminado tu comida. – añadí, mirando a Edward con reproche.
-¡El dijo si!-gritó Nessie.
-Y yo dije no. Vamos a comer. –repliqué. Hizo un puchero y me tomó de la mano para arrastrarme hasta la mesa más cercana.
-Entonces, ¿Qué estamos esperando para comer? –preguntó, intentando subirse a una de las sillas. Edward la ayudó a subir.
En seguida llegó un mesero vestido de… ¿Ardilla? O tal vez de castor, o quizá un mutante entre ambos. Nos entregó una carta a cada quien. ¡Sólo había hamburguesas en el menú!
-¡Es Mister Missy! –exclamó Nessie emocionada, ¿Acaso conocía al mutante?
-¿Missy? ¿No se supone que ese es un nombre de chica? –susurró Edward en voz baja. Me encogí de hombros.
-Bienvenidos. ¿Qué van a ordenar? –preguntó el supuesto Mr. Missy con tono aburrido.
-Yo quiero una hamburguesa con papas. –ordenó Nessie.
-Quiero la hamburguesa más grande que tenga. –dije.
-Lo mismo para mí. –añadió Edward.
El sujeto se alejó lentamente hasta desaparecer detrás de una barra. Increíble que a los niños les gustara una cosa así.
-¿Qué les parece si mientras traen nuestros platillos me cuentan que tal les ha ido esta semana?-propuso Edward, mirándonos con atención.
-Empieza Nessie. –exclamó rápidamente.
-Bien, a mi me fue muy bien, en la escuela nos pusieron a jugar algo muy divertido, con música, me la pasé muy bien. Como ayer fue el cumpleaños de mi maestra, no tuvimos clase, hicimos una pequeña fiesta con pastel y globos. ¿Qué más? Ah, sí, vimos una película, ¿verdad, mami? Y Alice me llevó a comprar un helado doble de fresa. Aunque no pude terminármelo, estaba gigante. Por cierto, podré pedir un postre cuando termine mi hamburguesa, ¿verdad?
-Claro, princesa. –respondió Edward con una sonrisa. Un segundo después me volteó a ver como preguntando ¿Estuvo mal eso? Yo le sonreí para darle a entender que no había nada de malo en que pidiera un postre.-Tu turno Bella.
-Bien, mi semana no fue muy interesante, esta vez sí trabaje y terminé agotada. Me detuvo un tránsito dos días seguidos por motivos insignificantes, sólo la segunda vez me gané una multa. Ese día llegué tarde a la oficina, me equivoqué de baño y entré al de hombres, y derramé café en mis jeans, así que tuve que permanecer más de tres horas con una enorme mancha café en mis piernas. Desastroso, pero fuera de eso, todo estuvo excelente.-concluí con una sonrisa.
-Vaya, parece que tuviste un poco de…
-¿Mala suerte? Sí, estoy acostumbrada. No sucede muy seguido, pero nunca falta los días horribles en que el Universo se pone de acuerdo en hacerme pasar bastantes infortunios. Por cierto, ¿Qué era ese rollo de las cocas?
-¿Cocas? No sé de qué hablas Bella.-respondió él.
-Cuando llegaste dijiste algo sobre si tenía cocas frías o algo así.
-AH, ya sé a qué te refieres. Cuando te pregunté si había cocas en el refri, ¿Cierto? Es sólo otra forma de preguntar ¿Hay ropa en el tendedero? (1) Ya sabes.-explicó, como si fuera la cosa más obvia del mundo
Me quedé mirándolo, intentando descifrar sus palabras. O realmente yo era muy estúpida, o lo que estaba diciendo no tenía sentido.
-¿Ordenaron dos Ki-Ki burguer y una Rocky 16? –preguntó un sujeto con sombrero gigante.
-Sólo ordenamos tres hamburguesas. Disculpe. –respondí amistosamente.
-Pues aquí tengo tres hamburguesas, supongo que son las suyas. –exclamó, poniendo la charola sobre la mesa.
-¿Rocky 16 es el nombre de una hamburguesa? –pregunté extrañada.
-Si. Que lo disfruten.-murmuró el del sombrero, y luego se fue.
Cada quien tomó su plato y nos pusimos a comer en silencio. Al parece los tres estábamos hambrientos. Como siempre, yo fui la última en terminar.
-¿Ya puedo ir a los juegos?-preguntó Nessie apenas le recogieron su plato.
-¿No ibas a pedir un postre?
-Creo que… ya se me quitaron las ganas del postre. ¿Puedo ir?
-De acuerdo, ve, pero ten cuidado. Ya sabes las reglas.-dije, pero ni siquiera escuchó mis últimas palabras, salió corriendo hasta la nave de color rosa.
-¿Tiene reglas para eso?-preguntó Edward sorprendido.
-Por supuesto. No sabes lo peligrosos que pueden ser esos juegos.-respondí.
-Eres tal como mi madre, siempre buscando el peligro que encierra cualquier cosa divertida.
-Por supuesto que no. No todas las cosas divertidas son peligrosas, sólo… bueno, es que la mayoría… pero… ¡Olvídalo! Si soy así.-admití. Con razón Alice me llamaba aguafiestas.
-Me parece que mi madre hizo un buen trabajo conmigo y mis hermanos, así que supongo que tú también lo harás con ella. –susurró Edward, sonriendo. Y hablando de mi madre y de Nessie… bueno, necesitamos hablar sobre dos cosas.
No me gustaba escuchar eso. Siempre que alguien decía necesitamos hablar, no indicaba nada bueno, y menos si incluía a la madre de Edward, a la cual no conocía pero sabía que era muy parecida a mí, y las personalidades iguales se repelen, osea que tal vez la Sra. Cullen me aborrecería cuando me conociera, o peor aún, me aborrecía aun sin conocerme, ¿Esa eso lo que quería decirme Edward? ¿Qué su madre me odiaba? ¡Dios! Estaba entrando en pánico y Edward ni siquiera había abierto la boca.
-Bien, dímelo.-logré decir.
-No empieces a angustiarte. -¿Cómo sabía que estaba angustiada? –No es nada malo. Lo primero es que… bueno, necesitamos decirle a Nessie de lo nuestro. Seguramente a estas alturas ya le habrás contagiado tus ataques de pánico, no quiero que le de uno si algún día llega a encontrarnos… ya sabes, en condiciones no apropiadas para…-
-¡Eso jamás pasará! Yo me encargaré de eso.-lo interrumpí.
-Bien, aun así debe saberlo, imagina lo que pensará cuando te bese frente a ella. Tal vez quiera golpearme, ¿No lo crees?
-¡Edward! ¡No nos besaremos frente a ella! Sería un poco traumático.
-¡Vamos, Bella! Ya no es tan pequeña, en todas esas películas que la pones a ver, seguramente alguien se ha besado; no será nuevo para ella.
-Es diferente verlo en pantalla que en vivo y a todo color. ¡Y con sus padres!
-No es para tanto, Bella. Tampoco vamos a excedernos, los besos intensos los dejaremos para cuando estemos solos.
Fue imposible no soltar una carcajada en ese momento. Tuve la seguridad de que Edward se llevaría de maravilla con Alice.
-Eres imposible, ¿Cierto, Edward? Está bien, puedes besarme frente a ella con una condición.
-¿Cuál es?
-Tú le explicarás acerca de lo nuestro.-la sonrisa de Edward se desvaneció al escuchar las palabras. Estaba buscando un modo de zafarse, lo podía ver en su rostro.
-Eso no es justo. Debemos ser parejos. ¿Qué tal si mejor se lo dejamos a la suerte? Hagamos un volado.-propuso.
-¿Bromeas? La suerte me odia. Hazlo tú.
-¡Por favor, Bella!-rogó. Claro, quería dejarme a mí la parte difícil. A pesar de todo, tenía razón. No estaba siendo justa. Así que…
-Está bien, hagamos en volado.
-De acuerdo.-exclamó, contento y al instante sacó una moneda.- ¿Qué eliges?
-Cara. –Eso siempre me había funcionado, esperaba que esta vez también lo hiciera.
Lanzó la moneda al aire y… cara.
-¿Qué? No, olvídalo, que sean dos de tres.
-¿Eliges cara de nuevo?-preguntó Edward, muy seguro de si mismo.
-Si. -respondí.
Lanzó la moneda nuevamente y… cara, otra vez.
-Que sean tres de cinco. –susurré, aunque más bien sonó como una pregunta.
-Bella…-
-De acuerdo, perdí, lo sé. Yo se lo diré.-dije, resignada, después de todo ¿Qué tan difícil podría ser?
-Lo siento, pero realmente creo que eres la indicada para decírselo. No la conozco tan bien como tú. Además, ¿Ya te diste cuenta de que no soy un buen padre? Es frustrante. No me gustaría arruinarlo, tú lo harás bien.
Creí que la que arruinada todo era yo. –opiné, sonriendo. No sabía que decir, así que decidí cambiar de tema. -¿Y cuál era la otra cosa que querías decirme?
-Ah, cierto. Sucede que mis padres y mi hermano vendrán a visitarnos. Se supone que yo iría, pero en vista de que Jasper decidió mudarse aquí, y ya consiguió departamento, ellos vendrán aquí el fin de semana. Haremos una pequeña reunión y mamá quiere conocerlas, así que ¿Irías conmigo?
-¿Tu madre? Bueno, supongo que al decir que nos quiere conocer, se refiere a la niña, ¿no? Así que ¿Qué te parece si solo vas con ella? Sería mejor ¿No?
-No. Mamá quiere conocerte a ti también. Le he contado mucho sobre ti y está encantada.-dijo Edward emocionado, pero luego vio mi cara de espanto y agrego.-Claro que no voy a obligarte, si no quieres ir, no hay problema.
-No, no es que no quiera ir, es sólo que… ¿Qué tal si no les agrado? Además, yo nunca sé de qué hablar, pensarán que soy aburrida, o tonta, será un desastre.
-Ellos no van a pensar eso. Y si lo llegaran a pensar, sabes que no me importaría.
-¿No?-pregunté extrañada.
-Pues claro que no hermosa. Sé que eres una persona encantadora, además te quiero como no tienes idea. ¿Cómo me va a importar lo que piensen ellos de ti?
-Gracias. –respondí solamente. Nadie me había dicho algo así en años. Casi se me escapó una lágrima.
-Entonces… ¿Iras?-preguntó Edward esperanzado.
-Está bien. Pero si muero de la vergüenza por… haberle echado la sopa encima a tu madre o algo así, tú será el culpable de todo.
Edward soltó una carcajada. Seguramente pensó que estaba exagerando, pero yo estaba segura de que era muy probable que algo así pasara.
-No te rías. Es la verdad. Y tendrás que hacer una lista de los posibles temas de conversación.
-No creo que tengas que preocuparte por eso. Tengo una idea bastante aproximada de quien acaparará la conversación.
-¿En serio? –siempre pensé que la única persona capaz de acaparar la atención en una plática con más de seis personas era Alice. Al parecer Edward tenía una prima o cuñada igual que ella. Eso era algo bueno.
-Si, no te ofendas pero tu amiga Alice es bastante… parlanchina, seguramente estará contenta de ser el centro de atención. ¡No le digas que dije eso sobre ella, ni mucho menos a Jasper!
-¿Qué tiene que ver mi amiga con…? –de pronto se encendió un foco en mi cabeza. -¡Alice asistirá! ¿La invito Jasper?
-Sí. Creo que lo trastornó mi pobre hermano jamás había estado tan enamorado en su vida. Dice que es la chica perfecta y cosas por el estilo. ¡Quién lo diría! Tan sólo llevan unos días juntos.
-Wow, no te preocupes, Alice es capaz de trastornar a cualquiera.
La reunión con la familia Cullen ya no parecía tan aterradora si Alice estaría presente. Después de todo, tal vez no pasaría ningún desastre…
El reloj marcó las 9 de la noche en ese instante. Me levanté de la silla y camine hasta la sala, donde estaba Nessie. Su programa había terminado, así que apagué el televisor y me senté en el sillón junto a ella.
-¿Tienes sueño, pequeña?
-Aun no, ¿Ya tengo que ir a la cama?-preguntó.
-No, aun no es tan tarde. Quería platicar contigo.-Aquí vamos, me dije a mi misma.
-¿Sobre qué, mami?
-Sobre… un asunto raro, es cosa de adultos pero creo que debes saberlo. Aunque no estoy muy segura de que tanto debes saber, pero… te diré solo lo necesario. Sabes que cuando una persona conoce a otra y… ¡Diablos! No sé cómo hacer esto. Bien, empezaremos de nuevo. Quiero hablarte de Edward.
-¿Quieres decirme que él y tu se quieren? Quiero decir, que ¿Se quieren como… el príncipe y Cenicienta?
Dios, era más lista de lo que creía. Edward tenía razón, de algo habían servido las películas.
-Si, eso es precisamente lo que quería decirte.-exclamé, aliviada.- ¿Cómo lo adivinaste?
-Bueno, primero porque Alice me advirtió que intentarías decirme algo, pero te atorarías con las palabras y no dirías nada, así que me dijo que tratara de adivinar de que se trataba. Y segundo, porque vi cuando él, bueno… te daba un beso.
-¿Lo viste?-exclamé aterrada.-Lo siento, no se suponía que eso pasara.
-No importa. Fue muy bonito. Y romántico.-señaló Nessie.
-Y… ¿Qué opinas de eso? ¿Está bien? ¿O te sientes incómoda?
-Me siento feliz. Seremos como una familia, ¿no? Es lo que siempre he querido. Alice dice que cuando estas con él luces más feliz. Yo quiero que seas feliz, mami, porque te quiero mucho.
Nuevamente, me quedé sin habla, así que simplemente la abracé con fuerza. Y susurré un "gracias".
-Mami, creo que me vas a sacar el aire. –murmuró la pequeña. La dejé libre para que pudiera respirar a gusto y ambas reímos.
-Bella, tranquilízate, respira, estaré en tu casa en un minuto.-esa era la voz de Alice a través del teléfono.
Mi habitación estaba hecha un desastre, con ropa tirada por todos lados, mi cama repleta de aretes, pulseras y demás accesorios, y lo peor, mi cabello estaba esponjado, con nudos y sin forma, no podía decirse que estuviera lacio, pero tampoco estaba ondulado, era una mezcla de ambos, y faltaba sólo una hora antes de que Edward pasara por mí. Definitivamente, necesitaba ayuda.
Alice llegó casi al instante. No bromeaba cuando dijo llego en un minuto. Subió las escaleras corriendo y su cara se desfiguro al ver el desastre que era mi cuarto. Ella se veía espectacular, por supuesto. Llevaba un vestido coral hermoso y unos zapatos de tacón. Cómo me gustaría poder lucir como ella.
-Dios, parece que pasó un tornado por aquí. ¿Tienes alguna idea de que usarás?
-¿Tengo cara de tener idea de lo que me pondré? ¡Para eso estas aquí, Alice! ¡Haz tu magia!-exclamé, aunque sonó como una súplica.
-Mmm… veamos que tienes por aquí. ¿Pantalón? No es lo correcto. ¿Minivestido? Tampoco. Tal vez una falda…
-Sólo tengo una falda y es de mezclilla.-murmuré. Empezaba a creer que no había remedio.
-Bien, entonces un vestido. Lo siento Bella, creo que tendrás que usar este rojo. Sé que no te gusta, pero es el más apropiado, además es hermoso y combina con esas zapatillas que jamás has usado.
-Dame el estúpido vestido. Usaré lo que me digas, mientras me visto ve pensando que harás con mi maraña de cabello. –murmuré mientras entraba al cuarto de baño para cambiarme.
El vestido, en si, era hermoso. El problema era que en mi no se veía bien, el color no iba conmigo y no era para nada mi estilo. Esperaba verme decente, al menos.
Salí del baño y Alice me arrastró hasta una silla.
-Siéntate, tengo muy poco tiempo. Haré que te veas hermosa.-afirmó, emocionada.
Pasamos no se cuanto tiempo ahí. Nessie se sentó en una orilla de la cama para observar mi sesión de peinado y maquillaje. Procuré no mirar al espejo hasta que Alice terminó.
Me puse las zapatillas y al fin me miré en el espejo. No podía creer lo que veía, el vestido no me quedaba tan mal después de todo, y mi cabello lucía perfecto. Estaba sujetado en un chongo sencillo, pero bonito. Y Alice tenía razón, los zapatos quedaban perfectos. Terminamos justo a tiempo. Una vez pasado el ataque de pánico, me sentía más tranquila. Claro que me bastó con oír el claxon del auto de Edward para sentirme angustiada nuevamente.
-Tranquila, Bella. Te ves estupenda. Todo saldrá bien. –susurró Edward mientras subíamos los escalones para entrar a su casa.
Yo estaba concentrada en no caerme y no ponerme a temblar. Traté de relajarme pero fue imposible. Nessie se veía muy contenta, no parecía aterrorizada. Qué vergüenza, una niña era más valiente que yo.
Apenas entramos, nos interceptó una mujer.
-Buenas tardes. ¿Eres Bella? Mucho gusto, yo soy Esme, la madre de Edward. –Así que ella era la madre. No parecía aborrecerme. Punto a mi favor.
-Si, soy yo. Me da gusto conocerla, señora.
-Vamos, no me digas señora, puedes llamarme Esme.-afirmó con una gran sonrisa.-Y esta adorable pequeña debe ser Nessie, ¿Cierto? Supongo que no me recuerdas, pero yo fui la primera en cargarte al nacer. Eras tan pequeña. ¿Puedo darte un abrazo?
-Claro. ¿Yo también debo llamarte Esme? ¿O abuela? –preguntó en voz baja.
-Puedes llamarme como gustes, preciosa.-respondió Esme, tomándola entre sus brazos. –Vengan, tienen que conocer a los demás.
-Bastante aterradora, ¿eh? –bromeó Edward señalando a su madre. Me tomó por la cintura y nos guió hasta la sala, en donde se encontraban los demás.
Alice y Jasper estaban en una esquina, charlando con quien parecía ser el padre de Edward. Alice me sonrió para que me tranquilizara.
-Hey, por fin las conocemos. –gritó un sujeto realmente enorme que estaba del otro lado de la sala. Supuse que era el hermano de Edward. Estaba jugando con una lámpara de buró.
-Emmet, vas a asustar a la niña. Y deja de jugar con eso.-lo regañó una rubia que se encontraba junto a él.
-Tranquila Rose, no le voy a hacer nada. Además, Eddie no se enojaría, ¿Verdad?
Edward le lanzó una mirada que indicaba lo contrario.
El hermano grandulón saltó de su asiento –aun con la lámpara en la mano- y caminó hasta donde estábamos. Se agachó para estar a la altura de Nessie.
-Hola pequeña, me llamo Emmett y soy tu tío. Aunque aun no estamos muy seguros de que Edward y yo seamos hermanos.- le acarició la mejilla y luego se puso de pie. -Y tú debes ser la nueva cuñada. Tengo algo para ti.-exclamó, como si me estuviera contando un secreto.
-Emmett…-dijo Edward en tono de advertencia.
Emmett me entregó una caja pequeña. No tenía idea de que contenía. Pero debía ser algo realmente divertido por que casi no podía contener la risa cuando me lo entregó.
-Ábrelo hasta que estés sola.-dijo antes de soltar una carcajada, que hizo que todo su cuerpo temblara y la lámpara se soltara de sus manos.
-¡Emmett!-gritaron a coro Edward, su madre y la rubia.
El hermano de Edward, en vez de avergonzarse, comenzó a reír descontroladamente. Nessie lo miraba con atención y de pronto comenzó a reír también.
-¿Lo ven? Le caigo bien. Vamos Eddie, no te molestes, te compraré una nueva. Cuñada, dile que no se moleste. .-exclamó tomándonos a Edward y a mí por los hombros.
-Bienvenidas a la familia. –murmuró Esme con una sonrisa.
(1) Espero que ustedes si lo hayan entendido. Se refiere a si hay personas ahí que no deben enterarse de algo, es como decir hay moros en la costa, pájaros en el alambre, etc.
Hey, ¿Qué les pareció? Este fue el último capítulo, espero lo hayan disfrutado. ¿Qué creen? Ya tengo listo el epílogo, lo subiré en cuanto tenga tiempo de corregirlo. Creo que quedó bien, un buen final, aunque no es el típico final en el que a todos les va excelente y no se les atraviesa ningún obstáculo; claro que tampoco es una tragedia, creo que les gustará.
Pero bueno, ya no les adelanto, mejor lo termino de una vez para que puedan leerlo.
Espero sus comentarios. Besos, May :)
