Hola. Esta historia se llama Oblivion (Olvido) y ha sido escrita por una GRAN autora, cuyo penname es SLTora (.net/u/2056651/SLTora) , o para quien prefiera buscar el fic en inglés (www. fanfiction .net/s/5470178/1/Oblivion). Hace unos días le pedí su permiso para traducirla, y, ¡me lo dio!
Disclaimer: Naruto no es mío, y esta historia tampoco.
Oblivion
Capítulo 7
Ringo resopló con toda su fuerza mientras Hazuki le acariciaba con delicadeza la cabeza. Ese buey era un suertudo. No tenía que preocuparse por la escuela. No tenía que preocuparse por tener bueno modales, por su postura ni por su buena presentación. No tenía que caminar de cierta manera o mantener un aire de dignidad y superioridad. El buey no tenía que seguir ninguna regla y podía ir y venir como quisiera y cuando quisiera y tener una maravillosa y relajante vida que no exigía demasiado de su parte.
Como deseaba Hazuki ser el maldito buey en este momento.
—¿Has empacado todas tus cosas? — le preguntó Kenji, colocando su mano en su hombro, sus ojos de un azul placido intentando eliminar la angustia de la chica.
—Sí, ya lo he hecho — respondió Hazuki, asintiendo.
—Qué bien, nos iremos pronto — respondió el, solo para girarse y salir de la habitación, de regreso con el grupo ninja.
Ni si quiera el había salido y ella ya estaba frunciendo el entrecejo. El Complejo Ichikita. Odiaba tener que vivir en ese pomposo hoyo del infierno de nuevo. No es que no fuera bonito, lo era, solo que había demasiados recuerdos en el Complejo. Recuerdos que la acosaban y que Hazuki no quería tener que revivir nunca más.
—Veo que tú también ya estas vestida.
Se giró para encontrarse frente a frente con Yousuke, quien caminaba en su dirección. Se veía muy atractivo en sus ropas formales de colores azul, beige y negro; colores que indicaban su status de noble. Cuando lo pensabas a fondo, todo estaba relacionado con los colores. Dorado, plateado, azul real y morado para la alta nobleza; rosas, azul cielo, verde y amarillo eran para la nobleza media; y los tonos neutrales y los grises para la pequeña nobleza. Los sacerdotes, las sacerdotisas y cualquier otro tipo de representante espiritual vestiría de blanco, rojo o naranja. Y cualquiera de negro en el Complejo sería un inválido, como los visitantes.
Beige era la base de su atuendo y representaba su status como miembros de la pequeña nobleza. El azul egipcio representaba la sangre noble de su padre y el negro la sangre invalida de su madre. Como ella, Yousuke odiaba tener que usar esos colores
—Sí — suspiró Hazuki.
—No tienes que sonar tan animada — se burló Yousuke —. Podríamos quedarnos, pero no hay manera de convencerte de que nos cuiden los shinobi. ¿Deberías estar feliz ahora, no? No te preocupes, será solo por un tiempo. Tal vez en un año o dos las cosas volverán a la normalidad.
—Ani — murmuró Hazuki —. ¿Por qué estás volviendo? ¿Por qué no te quedas aquí? Es que tú podrías quedarte y cuidar de la huerta. ¡Y el puesto! ¿Qué va a pasar con el puesto en Aobusato?
—Por el momento, nada de eso importa — contestó Yousuke, sonriendo —. Tu seguridad y la de Momo son lo más importante. Puedo reemplazar sembradíos muertos y hacer que crezcan los arboles de nuevo, pero no puedo reemplazarte ni a ti ni a Momo. Este lugar, sin embargo, estará esperando el momento en que decida regresar.
Hazuki le miró fijamente, peguntándose de donde venía todo ese rollo de protegerlas. Tal vez Yousuke siempre había sido un poco paranoico desde la muerte de haha, pero, ¿qué era tan importante en ellas? ¿Por qué tenía esa obsesión tan fuerte con protegerlas? ¿Era eso natural en un hermano? Especialmente en un hermano que estaba poniendo toda su vida en suspenso solo por sus hermanitas…
—Yousuke, ¿por qué haces esto? — le pregunto Hazuki, sinceramente confundida.
Él le sonrió de una manera misteriosa, como si supiera un secreto muy especial o como si ni si quiera él mismo lo supiera.
—Prometí que lo haría — se encogió el de hombros, alejándose —. Y yo siempre cumplo mis promesas, ese es mi camino ninja.
Ella lo observó alejarse, preguntándose si tenía alguna idea de lo que acababa de decir.
-o-
—La voluntad de Saw no está fuera de mi alcance. No aún. Te mostraré, hermano, qué tan demente puedo ser, maldito saco de carne podrida. Te enseñaré el verdadero modo de mandar en Sawa no Riku.
Se enderezo, sentada en su trono de raíces enredadas entre dos árboles tan altos que sus puntas parecían alcanzar el cielo. Miraba con devoción el cráneo que sostenía en su mano, suspirando mientras jugaba, metiendo sus dedos entre los agujeros que pertenecían a los ojos.
—Pero… tampoco es como puedas ver mucho, ¿verdad Dairetsu? Bastardo. Yo era la mayor. ¡El trono debía ser mío! Pero tenías que tenerlo, ¿no? Maldito marica bastardo. Pero me ves ahora, ¿no? Oneesan no está muerta. Oh no, no estoy muerta. ¡Ah claro! No puedes ver. Jeje, lo siento. ¡No dejo de olvidar que estás muerto!
Estrello el ya dañado cráneo contra las raíces de su trono. No explotó ni se rompió, pero se dañó solo un poco más de lo que ya estaba. Y es que ¿cómo iba a ridiculizar a su amado hermano menor si destruía de esa manera su cráneo? Lo regresó a su lugar, y los agujeros en el cráneo resplandecieron con un verde brillante que se fue tan pronto como vino.
—Sí, sí, ya sé que la gema está cerca. Demasiado cerca, ¿no? — cuestionó la mujer al cráneo encantado, mientras la boca de ése se abría lentamente, dejando escapar un aterrador chillido que cortó el aire a su alrededor — Ya casi es hora. Si… casi es hora —susurró, cerrando las mandíbulas del cráneo y silenciándolo.
Ese era su reino. En ese mismo lugar inundado consistía la cámara principal de su pantanoso palacio. El lugar al que había sido exiliada por las traicioneras reglas de su reino caído. Pensaban que moriría en aquel lugar tan duro y lleno de desconocidos peligros. Que, eventualmente, las creaturas y los monstruos del pantano devorarían hasta su esencia misma. Qué equivocados estaban todos.
Ese lugar, ese oscuro y mohoso pantano era su reino. Solo había que mirar alrededor. Había domado, remodelado y acomodado los pantanos a su gusto, por su cuenta. Su propio imperio en un circulo de árboles, arbustos y tierras pantanosas de las que la mayoría de la gente jamás saldría viva, era su hogar. Los nudos de las raíces de los arboles más viejos sobresalían de las sucias profundidades del agua del pantano a su alrededor y contraían algo parecido a un jardín, una enredada masa de raíces y piedras que construían un camino hacia su gran trono de madera.
—Todo lo que necesito es la gema y entonces seré capaz de controlar el reino del Pantano. No pararé ahí, no, no, no, no. Eso sería irse por el camino fácil, ¿no lo sería Nezumi?
La figurina que permanecía arrodillada frente a ella asintió. Erase una vez la figurina había sido un hombre, hoy solo era la sombra de lo que una vez fue. Ella lo había alterado, lo había cambiado hasta convertirlo en algo poderoso y grandioso. Era uno de sus guardias favoritos, el que usaba un gran cráneo de rata de pantano como casco. El sonido de dientes rechinantes le indicaba que su macota estaba ansiosa por luchar. Juntos observaron una nueva figura tropezare en el enredado camino, su figura entera cubierta por ropas mohosas, a excepción de los ojos. Una vez que llegó al área indicada paró y se inclinó de inmediato.
—Miko-sama — dijo el hombre, pidiendo permiso para continuar.
—Habla, súbdito mío — chilló ella, poniéndose cómoda en su asiento, una gran anaconda cerca de su rostro bajo su pequeña cabeza triangular, mirándole con ojos rojos.
—Han empezado a moverse, Miko-sama — explicó el hombre, acercándose —. Se dirigen al complejo. Aun están siendo protegidos por los ninja, aunque solo es una mujer y su equipo de genin. También les acompaña un hombre.
—Oh… Así es como funcionan las cosas — dijo la mujer con voz cantarina, uniendo ambas manos en un aplauso y provocando que sus esclavas chocaran entre sí con un sonido apagado y metálico —… bien entonces. Creo que ya es tiempo de que vaya por mi adorada gema, ¿no lo crees, querida serpiente?
La anaconda siseo con su negra lengua, deslizándose por la silla hasta el suelo, la figura de la mujer irguiéndose a su lado. Su piel color mármol estaba expuesta, pues usaba pocas ropas para cubrirla. Tela dorada y morada cubría su abdomen y formaba una equis en su pecho, cubriendo la parte inferior y dejando gran parte de sus pechos al descubierto. El mismo tipo de tela cubría se enredaba alrededor de sus anchas caderas, la tela sobrante cubriendo su pelvis y su trasero. El provocativo atuendo estaba complementado con amuletos, pulseras y cascabeles en sus manos, tobillos y cuello. El cabello rubio rojizo estaba agarrado en dos anacoras gemelos en cada lado de su cabeza. Sus ojos abismalmente grandes brillaban con un rojo escarlata inhumano. El pantano entero pareció cobrar vida cuando ella se hizo de su báculo, y los cascabeles cantaron de nuevo cuando ella elevo los brazos.
Sus manos se movieron, formando señas similares a las que usan los ninja al hacer alguna técnica. Movía todo el brazo mientras ejecutaba las señas, contoneando su cuerpo y girando con una coreografía que casi parecía una danza. Las cuencas vacías de la calavera de su hermano brillaron con un tono violeto acre, y una neblina negra corrompió la brillante aura de la miko.
—¡Levántense súbditos mío! ¡Levántense y sirvan a su reina, Kikiyo-sama!
El hombre observó como desde las más oscuras profundidades de las aguas que le rodeaban, blancos huesos empezaron a surgir al mismo tiempo que los descompuestos cadáveres de creaturas humanas y no, mezclados en nuevos monstruos inhumanos y bestiales. Guerreros de ojos rojos se movían alrededor del pantano.
—Vayamos ahora y recuperemos mi tama.
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La avanzada se movía a un paso firme y seguro. Árboles y arbustos que eran dejados atrás mientras que la humedad en el aire empezaba a provocar el frío y se acercaba más el anochecer. Desde dentro del carruaje, Momo observaba con tristeza a Hike avanzar fuera de éste. Su pecoso rostro era totalmente inteligible, y provocaba que Momo y sus doce años de vida suspiraran y fruncieran aun más las cejas.
—Hey, alégrate, imooto. No es como si jamás lo fueras a ver de nuevo — le dijo Yousuke con una sonrisa —. Estoy seguro de que se verán de nuevo.
El chico iba a revolver el cabello de su hermana, pero Hazuki le detuvo con un gruñido.
—Atrévete a arruinar su peinado y juro que voy a lastimarte, ani.
Yousuke hizo un puchero, soltándose de Hazuki. Los hombros de Momo cayeron en señal de derrota. Lucía tan triste, tan deprimida… parecía que tenía el corazón roto.
—Dudo verlo nunca de nuevo — señaló Momo con sus manos —. Tenemos diferentes destinos, diferentes caminos en la vida. Él es un ninja, tiene una vida emocionante, rodeado de acción y aventura mientras que yo… pffft. Yo soy la hija de un diplomático noble. Tendré una vida aburrida, sin acción ni aventura, en la que solo puedo soñar en lo que existe detrás de las paredes de mi prisión hasta ser vendida al mejor esposo.
Sus ojos estaban en otro lado. Demonios, incluso ella parecía estar en otro lado, como si su cuerpo estuviera aquí y su mente en un mejor lugar. El carruaje saltó bruscamente y paró, tomándolos por sorpresa. Hike se movió de inmediato, poniéndose alerta de inmediato y desvaneciendo del campo visual de Momo. El estómago de Yousuke dio un vuelco, algo malo estaba por ocurrir.
—¿Qué demonios pasa? — preguntó Kenji en voz alta, abriendo la puerta del carruaje y saliendo.
—¡NO! — gritó Shikamaru, moviéndose hacia Kenji -. ¡Quédese dentro!
Pero era demasiado tarde. La sangre volvió a cubrir los rostros de los chicos Ichikita, su padre entre ellos y la puerta abierta. Garras de un color negro brillante salían de sus espalda mientras él se mantenía en pie, con sangre surgiendo de sus labios. Yousuke miró fijamente a la mujer cuya mano estaba atravesando el cuerpo de su padre, sus negras uñas como dagas clavadas en su cuerpo. Estaba a unos treinta o cuarenta pies del carruaje.
Mirando a Yousuke con sus ojos rojos y torcidos, sus manos regresaron a un tamaño normal, y las garras dejaron el cuerpo indefenso de Kenji. Una risa maniaca salió del fondo de sus pulmones.
—Hola, Shidomoto Kenjima. Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, ¿No crees?ó — ri la sacerdotisa, soportando la mirada fija de Kenji.
—Debí haber sabido que serías tú, Kikiyo —Kenji gemía mientras se esforzaba por respirar, sosteniendo con fuerza su corazón —. Me has envenenado, ¿verdad?
—Kukuku, recuerdas bien. No sabía, sin embargo, que tenías hijos, Kenji-dono. Pero desde luego, siempre has preferido a los niños, ¿no es así, doctor? Es mucho más fácil experimentar en ellos, en especial si no tienen familias que rechacen tus teorías y métodos cuando se trate de jugar con el delicado proceso de sus frágiles mentes — susurró Kikiyo, el rostro de Kenji alterándose.
—¿De qué está hablando? — le cuestionó Hazuki a un Kenji que se arrastraba de regreso al interior del carruaje.
Sakura observó como las sombras del espeso pantano empezaban a rodearlo, creaturas surgiendo de la oscuridad. Una de las más grandes cargo en contra suya, haciendo ruido con sus grandes diente, acercándose cada vez más a la chica de cabello rosa. Ella retrocedió con precaución, sus manos haciendo su camino hasta la pequeña bolsa en cintura, extrayendo un par de guantes negro azabache.
—Ustedes tres, no dejen de ser precavidos — ordenó Sakura a su equipo, frunciendo su perfecta ceja.
Sakura se estaba poniendo los guantes, y toda la villa de Konoha sabía lo que eso significaba. Los tres miembros más pequeños del equipo trece se morían por ver a su sensei en acción. Habían escuchado historias, pero nunca habían presenciado a la mujer luchando con su máximo potencial.
Sakura-sensei era la mujer que a los quince años de edad había derrotado a Sasori, un miembro peligroso del Akatsuki, con solo la ayuda de una de las mejores titiriteras de Suna, Chiyo. Su sensei era también la mujer que había sido parte de la comitiva que había traído de regreso al último Uchiha, había ayudado en destruir el plan del Ojo en la Luna, ayudado a derrotar a Madara y ayudado a poner al mundo shinobi en un estado de paz. Sakura-sensei también era quien había superado a Tsunade-sama a la edad de dieciocho años y se había convertido en líder de los ninja médicos. Haruno Sakura también había sido amiga y compañero del héroe y salvador de Konoha, el perdido pero nunca olvidado Uzumaki Naruto.
—Por supuesto. Esto tenía que volverse problemático — se quejó Shikamaru.
Los rebeldes lo rodearon, todos usando bandas robadas. El perezoso estratega dejo escapar un suspiro, alzando su puño, en el que sostenía una serie de kunai cargados con chakra, los ojos de Shikamaru se entrecerraron mientras adquiría una pose de pelea.
—No estoy en el humor para perseguirlos chicos, así que sería conveniente que mejor ustedes vinieran a mí, ¿ne? — sugirió Shikamaru, una sonrisa de lado adornando sus labios.
Los genin estaban demasiado emocionados. No solo podrían ver a su sensei en acción, sino también al manipulador de sombras, Nara Shikamaru. Su emoción colapsó en el momento en que se dieron cuenta del tipo de situación en que se encontraban envueltos- no iban a estar sentados viendo a sus superiores pelear, porque iban a tener que estar peleando por sus vidas y las de sus clientes también.
—No se preocupen chicos, no los defraudaré — les tranquilizó Sakura mirando hacia ellos.
Y con eso, su sensei ya no estaba. Ella y otro de los demonios estaban peleando de nuevo, chocando unos contra otros, mientras que el perezoso estratega sostenía a los ninja rebelde. Ambos shinobi eran extraordinarios, y los tres genin morían por verlos en acción. El problema es que los monstruos parecían tener otros planes.
—Qué…? — arrastró las palabras Hike, retrocediendo de un humanoide con características de cabra — ¿Qué demonios son estas cosas?
—Hey — le llamó la atención Haruka, tomando control de la situación —, ¡tenemos clientes que proteger! ¡Vamos!
Haruka se deshizo de su miedo y se preparó a sí misma para la primera ola de monstruos bestiales que empezaba a agitar y destruir el carruaje. Sus manos enguantadas temblaron un poco mientras deslizaba un delgado hilo de seda de su pequeña bolsa de campo. Había practicado y practicado esta técnica por tanto tiempo, y nunca había sido capaz de usarla en batalla para lo que de verdad estaba hecha. Ahora era su tiempo de brillar.
Sosteniendo parte del largo cordel en su mano empezó a columpiar el final, que estaba atado a una pesa de ocho onzas plateada. La pesada pesa se convirtió en un torbellino rosa, produciendo un suave sonido vertiginoso mientras Haruka esperaba el momento adecuado para atacar.
Ringo barritó, el vítelo de su espalda desprendiéndose tras ser cortado por una de las bestias. El monstruo colgó por un momento de la espalda del gran buey, pero fue golpeado al instante por un destello de brillante plateado que le atravesó el deforme cráneo. El monstruo cayó al piso, su cuerpo entero rompiéndose por completo tras su derrota.
Shahoumaru volvió a elevar su arco sin cordel, ejecutando una serie de signos de mano, cargando su chakra de nuevo. Shahoumaru juntó el chakra en su mano, dijo una plegaria y jaló un cordel formado de una luz azolácea.
En un remolino de blanco, una flecha hizo su aparición y con una luz cegadora golpeó el cuerpo de una mujer-serpiente, atravesándola y golpeando al demonio tras ella. Ambos monstruos cayeron al piso, alejados del carruaje. Huesos, cadáveres y humanoides y bestias caían al suelo, desarmándose. Usando seña con las manos, el chico de cabellos castaños volvió a convocar su jutsu, liberando una nueva flecha. Tras golpear el cuerpo de uno de los hombre, los cadáveres empezaron a expandirse y retorcerse.
—¡Golpea la plataforma! — gritó Shahoumaru, sus ojos violeta dilatados.
Hubo un fuerte sonido de cosas golpeándose y de madera podrida estallando tras golpear un cadáver. Sangre negra y verde moho salpicó a los tres compañeros de equipo, dos de los cuales miraron burlones el atuendo blanco de Shahoumaru.
—Okay — murmuró Haruka, intentando limpiar el moco de su rostro y arrojándolo al suelo —… Hubiera esperado esto de Hike, ¿pero de ti Shahoumaru-kun?
—Seh, solo yo hubiera querido hacer explotar algo… ¡Hey! ¡Eso no fue muy amable de tu parte! —Hike gritó, apretando el puño en amenaza a su compañera.
—¡Se suponía que iba a incendiarse, no a explotar! — gritó Shahoumaru, molesto, una venita pulsando en su frente.
—A quién le importa… ¿Cómo demonios se supone que derrotemos a estas cosas? — preguntó Hike.
—Usemos fuego en ellos — dijo Shahoumaru, mirando a Hike —. ¡Tienen que ser débiles contra el fuego!
—¿Cómo sabes eso? — replicó Hike, cargando contra uno de los hombres-cabra que se acercaba.
—Duh —se burló Haruka, su meteoro golpeando y derrotando sin mucho esfuerzo a un inmenso enemigo con apariencia de jabalí —. Todas las creaturas no-muertas son sensibles al fuego.
—¿Y de dónde sacan esa información, nerdos? — reclamó Hike, mirándolos molesto mientras ellos seguían derrotando a los monstruos esqueléticos y los demonios.
—De la TV — respondió Haruka, encogiéndose de hombros.
—Video juegos — comentó Shahoumaru —. Aunque también fui criado en un templo, niñito de mamá. Por supuesto que se que el fuego es la debilidad de la mayoría de los no-muertos. Fuego o sal, pero no hay mucha por aquí, ¿ne? Además idiota, tú eres un especialista en ninjutsu de fuego. ¡Eres el estúpido nieto de la Daimyo del país del Fuego! Así que a trabajar, idiota.
—Ya, ya, ya entendí… ¡pero si acabo como uno de ellos voy a patear tu trasero, houshi! — replicó Hike, cambiando a posición ofensiva en lugar de defensiva. Sus manos parecían volar a través de diferentes signos de manos, mientras gritaba — ¡Katon: Gran bola de fuego!
Sonriendo, llevo uno de sus dedos a una de sus fosas nasales, expirando con fuerza por la otra. Fuego surgió de su nariz en un infierno ardiente, absorbiendo a tres monstruos-zombi en un inmenso remolino de flamas, quemando el suelo y los arboles en las cercanías y dejando humaredas negras tras él.
Inspiró de nuevo, volando tras una nueva serie de signos y acabando con el signo del tigre.
—¡Katon: Ryuuhi!
Entre más se acercaban, más eran destruidos por el remolino de flamas azules que surgía a borbotones de la boca de Hike. Los cadáveres no tardaban en caer. Haruka parecía estar bailando, su cuerpo, delgado y acrobático se mecía con elegancia, haciendo su camino entre un gran grupo de demonios que caían tras uno o dos golpes de la pesa de la chica. Una inmensa cantidad de demonios continuaba surgiendo de las profundidades del pantano.
Una enorme cantidad de ellos los rodeaban. Haruka cerró los ojos, sin parar de girar su pequeña pesa y derrotándolos uno tras otro. Se movían gracias al chakra de otra persona, eso era todo. Podía sentir las minúsculas cantidades de chakra de las que se alimentaban, que les concedían de una pobre velocidad y capacidad de movimiento, su único objetivo era destruir cualquier objeto en su camino. No debía ser difícil solo dispersar su chakra.
—¡CARGANDO! — gritó sobre el sonido de la creciente parvada de monstruos.
Su voz alcanzó los oídos de su maestra, que dirigió su mirada hacia la chica, pero aun tenía monstruos sobre ella. Estaban demasiado lejos para poder usar adecuadamente su técnica. Tras oír la advertencia de su compañera, Shahoumaru y Hike, se miraron, buscando refugio del ataque de Haruka. Estaban demasiado cerca.
—Veinticinco por ciento — les advirtió Haruka, su cabello cayendo y empezando a ondear como peligrosas hebras parecidas a serpientes, su cuerpo cargado de chakra.
— ¡Corre con esa barrera! — apresuró Hike a Shahoumaru, que construía una alrededor de su arco para proteger a ambos.
—¡Cincuenta por ciento! — continuó Haruka, los monstruos acercándose cada vez más.
El chico de cabello café no paraba con los sellos tradicionales, girando un kunai en sus manos.
—¡Setenta y cinco por ciento! — advirtió Haruka de nuevo, su cuerpo brillando con un verde acre, la energía rodeándola era tan densa como niebla y tan peligrosa como miasma.
Estrellando el kunai en sus manos contra el piso Shahoumaru gritó al mismo tiempo que Haruka.
—¡Barrera, activada!
—¡Cien por ciento! ¡Explosión de discontinuidad! ¡KAI!
Energía pura y blanca rodeaba a Hike y a Shahoumaru, formando un escudo contra la inmensa explosión arrasando el área. El aro verde acido de chakra destructiva fue expandiéndose, su centro siendo Haruka. Los cuerpos, animales y humanoides, cayeron, los huesos de nuevo en el piso mientras el chakra que los sostenía se disipaba al instante. El anillo de energía murió cincuenta pies después, cancelando cualquier tipo de chakra a su alcance.
Los ojos de Haruka perdieron el enfoque, cerrándose, su cabello, ahora blanco como la nieve cayó, desparramándose sobre su espalda. Su cuerpo perdió el soporte y empezó a caer, siendo capturado en el aire por Shahoumaru, que estaba ahora a su lado, y la depositó con gentileza en el suelo.
Hazuki lloraba, aferrándose a Momo tanto como esta se aferraba a ella, sus ojos cerrados mientras Yousuke miraba, incrédulo, a su padre. Sosteniendo su sangrada mano, Yousuke tiró de su padre hasta meterlo en el carruaje y cerró la puerta.
—Mierda — suspiró Yousuke, ejerciendo una presión que soltó en cuanto se dio cuenta de que no podía contener el solo la sangre. El carruaje volvió a agitarse y fuera de este Ringo barritaba —. Chichi, so-solo aguanta. Solo… ¡Sakura! — gritó, sus ojos llorosos mientras buscaba a la ninja medico tras las ventanas abiertas — ¡Sakura! Sakura, por favor, ¡ayúdame!
—P… protégela, hi-hijo… — murmuró Kenji, sus ojos solamente medio abiertos y empezando a nublarse a causa del dolor y la muerte que se aproximaba.
—¡Cállate! Solo quédate quieto, solo guarda tu energía, chichi. Todo va a estar bien — dijo Yousuke, sus brazos temblando mientras atraía a su padre hasta él, las lagrimas atravesando su rostro sin que él se diera cuenta —. Sakura va a venir y te va a arreglar. Todo va a estar bien. Sé que ella puede sacar el veneno. Te va a curar en un segundo. ¡SAKURA-CHAN!
—You-Yousuke —susurró Kenji, su mano temblando y sosteniendo la camisa del joven, obligándole a mirarlo —. Solo tú… Tú puedes p-p-proteger la, la gema. Por eso te e-escogí. P-por eso, por eso t-te hice esto, Yousuke. Por favor no estés… no estés enojado conmigo cuando te enteres de la v-v-verdad.
La voz de Yousuke se perdía mientras le rogaba.
—Para, chichi.
—P-p-p-protege la g-g-gema, hijo. T-tu hermana, M-Momo es… es la ge-gema — tartamudeó, la sangre goteando desde su barbilla —- L-Lo siento… D-debí haberte d-dicho desde el… el principio. P-p-p-por favor encuentra la manera d-de perdonar a un p-pobre hombre.
—Cállate — le ordenó Yousuke, agitando su cabeza —. Estás alucinando en este momento. ¿Dónde está? Solo aguanta, ¿vale? ¡SAKURA-CHAN!
—L-L-Lo s-s-siento… N-N-Naruto… — expiró Kenji, colapsando con esas palabras.
Y eso era todo. Solo así, Kenji estaba muerto. Para siempre. Su cuerpo no se movía y su alma ya no estaba ahí. El carruaje volvió a agitarse a causa de todo el escándalo fuera de éste. El choque de los kunai fuera, y los gemidos de Sakura y Shikamaru sosteniendo batalla contra lo que fuese que los atacaba de repente les cayeron de la nada.
—Oh. No duró mucho, ¿verdad?
Yousuke dejo de mirar a su padre muerto, esta vez alzando la mirada en dirección a la mujer sentada a su lado. Momo le miraba horrorizada, y la mujer la sostenía de la cintura, acercándola a su cuerpo. Hazuki estaba en un rincón echa bolita, su rostro escondido tras su rodillas y sus manos sobre sus oídos.
—Creo que me llevaré a mi pequeña sobrina ahora — declaró Kikiyo, deslizando una de sus largas y afiladas uñas sobre la garganta de la niña, sangre surgiendo del débil rasguño —. Una vez que ella ya no esté, nadie podrá evitar que yo tome control de Sawa.
Momo se resisitía, extendiendo su manos hacia Yousuke, sus labios abiertos mientras intentaba decir algo, pero de sus labios solo salía aire. Yousuke intentó alcanzar su muñeca, pero no la alcanzó. El pánico se había dueño de él mientras buscaba a la mujer desaparecida y a su hermanita bebé.
—¡MOMO! ¡MOMO!
La miko sonreía, de pie fuera del carruaje. Su cínica sonrisa crecía con cada nuevo intento de Momo de liberarse, mientras ella la sostenía su garra sobre su garganta, amenazante. Momo intentaba gritar, su garganta se tensaba, el aire que salía de ésta casi parecían palabras desesperadas por salir de sus pulmones.
—Déjala ir — ordenó Yousuke, sus ojos vacíos y sus puños apretados.
—¿Y qué si digo que no, bueno para nada? ¿En verdad arriesgarías tu vida por un saco de carne y huesos que ni siquiera es de tu sangre?
Escuchándola, todo el cuerpo de Yousuke le rogaba destruir ese abominable rostro. Quería arrancar esa sonrisa de su cara y desgarrarla en jirones. La sonrisa de la sacerdotisa tenía algo casi animal, algo que le recordaba otra sonrisa muy diferente, una sonrisa insanamente pálida con grandes ojos de serpiente.
—Dije, ¡DEJALA IR! — rugió Yousuke, su voz saliendo de labios contrayéndose de odio e ira.
Una de las largas uñas atravesó la suave carne del cuello de Momo, la niña chilló, lagrimas de dolor surgiendo de sus ojos. La miko temblaba con carcajadas mientras su uña crecía, aproximándose peligrosamente a la garganta de la niña.
—¡AAAAANNNIIII! — surgió el grito con voz de soprano de la garganta de Momo, haciendo eco en los oídos de su hermano.
Momo no hablaba. No había dicho una sola palabra en ocho años. Todo alrededor de Yousuke parecía en cámara lenta, como si algo de pronto hubiera sido despertado y todo lo que había de humanidad en el hubiera desaparecido.
Dentro de él, en las olvidadas sombras de un rincón prohibido, ojos brillando con color escarlata se abrieron.
-Ku, ku, ku, ku, ku.
Palabras en japonés.
Sawa no Riku: tierra del pantano.
Nezumi: rata (si recuerdo bien y lo deletree a la perfección).
Miko: sacerdotisa.
Houshi: Monje.
Tora: Tigre.
Katon: Estilo de fuego.
Ryuuhi: Dragon de fuego.
Gracias por leer.
Lilamedusa
