Hola. Esta historia se llama Oblivion (Olvido) y ha sido escrita por una GRAN autora, cuyo penname es SLTora (.net/u/2056651/SLTora) , o para quien prefiera buscar el fic en inglés (www. fanfiction .net/s/5470178/1/Oblivion). Hace unos días le pedí su permiso para traducirla, y, ¡me lo dio!


Disclaimer: Naruto no es mío, y esta historia tampoco.


Capítulo ocho

—Malditos rebeldes — se quejó Shikamaru, relajando los hombros y examinando mejor el área a su alrededor —. Esto es demasiado fácil, lo que lo hace anormal.

—¡Argh! — rugió Sakura, una patada suya tirando al hombre-rata al piso.

Su pie siguió la trayectoria del hombre, y la chica agregó chakra a su pie para tener la suficiente fuerza para mantener el hombre contra el suelo. Éste chillaba enfermamente, la fuerza descomunal de Sakura presionándolo con fuerza. La chica retrocedió con un salto, respirando pesadamente por el cansancio y esperando una reacción del humanoide.

Un dedo huesudo respingó. El brazo se movió enfermamente. Sus dientes rechinaban mientras el zombie en forma de rata se levantaba del suelo del pantano. Los huesos rotos y la piel desgarrada volvieron a su lugar. Se giró hacia Sakura con ojos vacíos. Se acuclilló, sorprendiendo a Sakura cuando hizo algo que ella jamás hubiese esperado. Le escupió, cubriendo su hombro desnudo con un líquido claro.

El líquido burbujeo, humeando y silbando, provocando un grito agudo de la chica. Los dientes de la creatura continuaban chirriando mientras ésta se acercaba amenazante, una espada de hueso en sus manos. Nezumi chilló cuando un puño cargado con chakra le golpeó en el cráneo y lo lanzó volando por el aire. La espada cayó al piso con un sonido hueco.

—¿Acido? — cuestionó Shikamaru, mirando a Sakura de reojo y sin perder de vista a la rata.

—Puta madre, sí — se quejo ella en respuesta, el dolor atravesando su cuerpo, el acido haciendo lo suyo en su hombro y quemando la piel y las ropas que había alcanzado.

Sus dientes apretados por el dolor, Sakura empezó a calmarse a sí misma, luego efectuó los sellos designados y empezó a usar la palma de su mano para sanarse a sí misma.

—Se está poniendo de pie de nuevo Sakura — le advirtió Shikamaru.

—Detenlo un momento, por favor. Le pidió, intentando sanarse lo suficiente para poder volver a pelear.

El asintió, sus manos volaron a través de los sellos indicados y pronto tuvo suficientes sombras a su disposición para capturar a Nezumi, que de nuevo estaba de pie. Se convirtió en una auténtica molestia intentando liberarse de su prisión de sombras, pero no lo logró.

Sakura se acercó al monstruo, cojeando ligeramente y la piel de su hombro de un rojo intenso, sin haber sanado aun por completo. Los tiempos tenían que estar coordinados a la perfección. Si Shikamaru se movía muy pronto, Nezumi se movería fuera del alcance destructivo de Sakura. Y si Shikamaru no se movía lo suficientemente rápido… bueno, entonces tal vez despertaría con un 'ligero' dolor de cabeza luego.

Shikamaru observó con atención el momento exacto en el que Sakura golpeó el rostro enmascarado del monstruo, liberando su jutsu solo segundos antes. Con un chillido, la máscara de la creatura salió volando hacia el otro lado del camino, partiéndose en dos y revelando que no había nada en el interior. El cuerpo que había estado conectado al cráneo de rata cayo, inerte.

—Éste fue un dolor de cabeza, pero los otros cayeron demasiado fácil — comentó Sakura, examinando su hombro —. ¿No deberían ser más resisten…?

Se congeló a media frase. A su lado, también Shikamaru se tensó tras sentir el ki que llenaba el aire y lo ensombrecía. El equipo de genin pararon de hacer lo suyo, sus rostros congelados con el horror de no poderse mover tras sentir la terrible intención asesina que llenaba el aire. Las otras creaturas también se congelaron, algunas retorciéndose, otras colapsando mientras perdían la conexión al chakra que los movía. Haruka gimió aún estando inconsciente, su cuerpo temblando como si hubiera sido capturada en una pesadilla. Hike vomitó, cayendo de rodillas, su cuerpo siendo estrellado contra el piso. Shahoumaru empezó a temblar, y se inclinó de rodillas, sus manos unidas mientras empezaba a orar.

—Esto no puede ser bueno — gimió Shikamaru, mirando a Sakura temblar.

—E-es…

-o-

Labios negros se curvaron en una malévola sonrisa, exponiendo dientes afiladamente negros.

Ha pasado un tiempo desde la última vez que pague renta.

Rabia pura fue lo que lo impulsó cuando salió disparado del carruaje, destruyendo la puerta. Yousuke rugió, alcanzando a la mujer y teniendo su garganta entre sus manos en cuestión de segundos. Cuando la larga uña al fin se alejo de la delicada piel de la garganta de Momo, ésta se estremeció al escuchar huesos romperse y cartílago doblarse. Ojos cafés se dilataron al ver que era su hermano, desprendiendo el brazo del cuerpo de aquella horrorosa mujer.

La sacerdotisa ni si quiera podía gritar mientras ambos caían al piso. Con su puño, Yousuke empezó a golpearle en la cara, para arrancar la macabra sonrisa de su rostro. Ella no hizo nada, solo sonrió y se rió, su cuerpo convirtiéndose en una especia de lodo. Él se giro rápido, logrando capturar en sus manos el bastón que la mujer le había arrojado.

La nudosa rama encontró su fin en su firme puño, la mujer se alejó, esquivándolo. Esta vez desapareció en un remolino de miasma, apareciendo esta vez varios clones, uno de ellos tras de él. El clon gimió un poco tras recibir una patada del joven, cuya fuerza la había arrojado volando contra un árbol, provocando que desapareciese con un débil 'poof'.

—Oooh, ¿Está el bebé enojado porque mate a su papi? — se burló de él Kikiyo, una sonrisa enferma adornando su rostro.

—¿O está enojado porque voy a hacer lo mismo con sus hermanitas?-rió uno de los clones de la sacerdotisa en la distancia.

Mofándose mientras exponía sus alargados colmillos, el rostro de Yousuke se tornó peligroso y demoniaco mientras el aura del chakra rojo le rodeaba y explotaba. Con solo un rasguño de esta desconocida energía, el clon desapareció. Todo lo que veía era rojo mientras rugía molesto, enviando grandes vibraciones de chakra por toda el área, provocando que todos los clones desaparecieran. La verdadera Kikiyo estaba de pie en las sombras del bosque, sus grandes ojos cafés emocionados y curiosos.

Yousuke se vio sorprendido cuando se vio siendo expulsado hacia atrás tras intentar un ataque frontal. La mujer era increíblemente rápida, apareciendo y desapareciendo en una nube espesa de miasma que lastimaba sus pulmones y hacía arder sus ojos. Le golpeó en el estomago, giró uno de sus bastones para golpearlo en la entrepierna, le dio una patada en el rostro y culminó creando un nuevo clon, que le apuntó directo con su báculo.

El chico gimió tras sentir el filo de una lanza blanca atravesarle el abdomen. La sangre brotó a borbotones, entrando a lo que una vez fue un cráneo y ahora era un hueso afilado. Yousuke retrocedió, la herida sanando al instante, provocando que desapareciese la sonrisa arrogante de la sacerdotisa. Yousuke hizo a un lado el báculo, cargando contra ella. Le golpeó con el puño en los intestinos, luego en el pecho, un gancho en el estómago seguido de un rodillazo. Tomó su mano, apretándola por la muñeca y torciéndoselo por la espalda, arrojándola hacia el tronco de un gran ciprés como si de una muñeca de trapo se tratara.

Astillas del árbol volaron por el aire, la sonrisa de la sacerdotisa convirtiéndose en una mueca de desprecio. Cargó contra Yousuke de nuevo, usando su báculo/hueso para intentar atravesar al chico, solo para que el Jinchuruki le esquivase y la hiciese a un lado con su puño. Volvió a lanzarse contra él, rodeándose a sí misma de la espesa miasma negra que lastimaba sus ojos y pulmones. Lo rodeó, golpeándolo de manera continua mientras duraba la confusión.

El joven empezó a cansarse de los molestos ataques. Ella continuaba moviéndose. Se movía tan rápido que su persona era solo una imagen que aparecía por momentos. Con un rugido, Yousuke expulsó todo el miasma de a los alrededores.

—Invocación del poder sagrado: ¡Explosión!

Hubo un sonido parecido a una campana. El jinchuruki del Kyuubi se giró hacia ella justo cuando la palma de la mujer se acercaba a su rostro. Energía pura ahuyentó por unos segundos el demoniaco chakra rojo, provocando que Yousuke retrocediera por un momento. Gritos de dolor se apoderaron del aire, mientras tanto el chico como el Kyuubi volaban por el aire. Los gemidos, sin embargo, pronto se convirtieron en furiosos rugidos que anunciaban la muerte inmediata de cualquier persona cercana.

Apareció más chakra rojo, arremolinándose rápidamente mientras jirones de piel se derretían y la sangre tomaba su lugar, mezclándose con el chakra. El rojo se desvaneció, tornándose negro y formando un escudo alrededor de Yousuke. Cayo de su posición vertical, poniéndose en cuatro patas, de cuclillas, su forma no era ya totalmente humana. Cuatro largas colas bailaban tras él, sus ojos brillantes parecían burlarse de la sorprendida sacerdotisa.

—Por Dios, Inari, ¿Qué demonios es esta bestia? — susurró, su sonrisa cayendo.

El monstruo avanzó hacia ella, rugiendo, y con un nuevo ario de energía destructiva, las tierras del pantano temblaron ligeramente. Algunos árboles cayeron, el suelo se agrietó, y el agua empezó a evaporarse, algunos criaturas huyendo, otras cayendo muertas al instante a causa de la energía negativa y la presión. Kikiyo gimió, intentando resguardarse de la furia del zorro. Se retorció, alejándose del lugar, sus grandes manos transformadas en garras negras manteniéndola en el suelo. Pedazos de terreno volaban por el aire, el lodo en todos lados. Las colas se enrollaron mientras la creatura que aun no era el Kyuubi pero tampoco era ya Yousuke abría la boca, una bola de energía negra empezando a formarse.

Los profundos ojos chocolate de la sacerdotisa se dilataron aun más tras esquivar a la oscura orbe de energía, implotando ésta a escasos centímetros de ella. Se desvaneció con un leve sonido de sorpresa, intentando alejarse de las peligrosas garras y energía del chico.

Más energía roja explotó, saliendo del piso cuando una gran garra de energía sostuvo a la mujer, evitando que huyera. Ella se retorció un poco más, y su báculo cayó al piso. La sonrisa al fin había desaparecido de su rostro, y mirando a los brillantes ojos rojos del zorro de cuatro colas, cuyo cuerpo estaba rodeado de aquella energía que era roja y era negra y lograba hacerla estremecerse por el miedo.

—'Lo veo ahora, Kenjima. Muy listo de tu parte, maldito bastardo' — pensó la sacerdotisa —. La leyenda es cierta-dijo, calmada, cerrando los ojos y riendo —. La gema será protegida por una gran bestia, un monstruo disfrazado de hombre…

La energía del Kyuubi quemaba su carne y empezaba a sofocarla con su fuerza, obligándola caer de rodillas al piso, silenciando sus palabras con el rugido de la bestia. Como una muñeca de trapo, de nuevo fue arrojada contra un árbol.

—Siento mucho decir que hoy no es el día en que moriré — declaró calmadamente la miko, poniéndose d pie con calma y tomando entre sus manos el báculo que había dejado caer.

Y antes de que Yousuke pudiese repetir su ataque, las raíces de los arboles surgieron del suelo, rodeándolo y sosteniéndolo de brazos y piernas, estrellándolo contra el suelo mientras más y más raíces se enredaban alrededor de su cuerpo. La miko se acerco un poco, las cuencas vacías del cráneo en su báculo brillando mientras las raíces atrapaban más y más al jinchuuruki,

—Interesante — comentó, el chakra rojo lastimándola más entre más se acercaba a Yousuke —. Me pregunto cómo se las habrá ingeniado Kenjima para crearte. Supongo que lo averiguaré la próxima vez, ¿ne?

Las raíces que le sostenían estaban quebrándose, y la miko no era estúpida. Sabía que las raíces conjuradas no iban a retenerlo por mucho tiempo. La sonrisa y las carcajadas de la miko provocaban que la furia del contenedor del Kyuubi aumentaran, y con una nueva explosión de chakra, Yousuke estaba de nuevo libre y aullando, listo para atacar de nuevo.

—Increíble — susurró Kikiyo, sus cejas entrecerradas mientras sonreía enfermamente.

Las cuatro colas cargaron contra ella, que desapareció en un remolino de miasma. El golpeó el piso, y empezó a buscarla, enviando ondas de chara a través del bosque, cortando los arboles a su paso. Una rama a sus espaldas se rompió, haciéndolo a girarse al instante, listo para atacar. Momo estaba ahí de pie, mirándole con tristeza, ojos cafés brillando a través de las lágrimas. Avanzo torpemente en dirección de su hermano.

—¡NO! ¡No te acerques ni un paso más, Momo! — chilló Sakura, corriendo para alcanzar a la niña.

Una de las colas golpeó a la kunoichi, alejándola, el monstruo poniéndose en posición defensiva de nuevo. Las colas, bailando y burbujeando con toda su energía destructiva, rodearon a la niña, y sin hacerle daño, la acercaron más al chico, aun furioso. Sin moverse, el chico esperaba a que su hermana acercara, evitando que nadie más se acercara con sus colas.

—¿Cómo demonios pasó esto? — cuestionó Shikamaru, sosteniendo el aliento mientras observaba la poderosa figura del Kyuubi de cuatro colas.

—No tengo idea — murmuró Sakura en respuesta, gimiendo mientras curaba sus nuevas heridas —. ¿Qué crees que debamos hacer?

—No se… las cosas no están bien. En el pasado él perdía el control una vez que surgía la cuarta cola. ¿Qué lo detiene ahora? ¿Y porque no suelta la niña? — cuestionó Shikamaru, sus ojos fijos en la forma zorruna que era Yousuke.

La creatura respiraba lentamente, aun tenso, sus ojos rojos estaban vacíos, mientras esperaba.

—Algo no está bien… — declaró Sakura.

—¿A… Aniii? — murmuró Momo, mirando a su hermano la observaba fijamente. La niña puso ambas manos en las mejillas de su hermano, provocando que estas se quemaran. Empezó a llorar desesperadamente — Ani. D… D…Detente.

Como el viento, su voz, suave y dulce, parecía penetrar en su cabeza. Los ojos rojos y el negro de su cuerpo empezaron a desvanecerse, dejando atrás piel que hervía mientras sanaba lentamente. Yousuke cayó de rodillas. El chakra rojo se arremolinó, retrocediendo y desvaneciendo. El iris rojo se desvaneció, permitiendo que los pigmentos de azul turquesa ocupasen su lugar.

—¿Está bien mi hermano ahora? — cuestionó Momo con sus señas, sus manos sangrando.

El chico solo miro hacia el frente, sus ojos vacíos. Su encorvó, sus hombros cayendo y su expresión muerta. Sus ojos azules estaban nublados. Yousuke claramente no estaba ahí. Como si fuera solo una cascara vacía.

—¿Ani? — volvió a cuestionar Momo con sus señas, tomando de nuevo su rostro y llenando con su sangre las mejillas de su hermano. La chica agitó a su hermano, sollozando — ¿Ani? ¿Ani? — desesperada, se giró a los otros, aun haciendo señas — ¿Qué está mal con él? ¡Necesita ayuda! ¡Por favor! ¡Por favor ayúdenlo!

-o-

Nieve.

Nieve profundamente negra caía como una tormenta del cielo gris.

¿Por qué duele tanto?

Cúmulos de negra nieve seguían cayendo, mucho más pesados ahora, y cubriendo el suelo.

¿Por qué hay tanto dolor atado a estas imágenes?

Parecía que más bien era ceniza, ceniza en lugar de nieve. Estiró su mano, y la negra nieve se tornó al instante blanca. Se tornó blanca, y él cerró los ojos.

—Por favor Naruto. Por favor trae a … a casa. Es todo lo que te pido, Naruto — las lágrimas cubrían sus lindos ojos verdes, su tono triste y suplicante.

Lo prometo, Sakura-chan. Traeré a … de vuelta.

Abriendo sus ojos, el cumulo de nieve se había desvanecido. No había escuchado el nombre de la persona que se suponía debía traer de regreso. Sintió sus mejillas húmedas, estaban húmedas con las lágrimas que él había derramado. Había tantos recuerdos, recuerdos que llevaban tantas emociones con ellos que… lastimaban. Y encima de ellas estaban las memorias en las que él era Yousuke, tan débiles y vacías de sentido, que parecía como si ni si quiera fueran suyas.

—¿Qué estoy buscando? — se pregunto en voz alta, abriendo sus ojos azules para explorar este mundo interno — ¿Quién soy?

Solo había blanco y negro, notó. Pero lo que debía ser negro era blanco, y lo que debía ser blanco era negro.

—Solo déjalo todo fluir, deja de detenerlo. Una vez que estés libre de mi, entonces este lugar será lo que debe ser.

—Pero duele — respondió, girándose para mirar de frente al chico de cabello rubio castaño que se llamaba Yousuke y estaba de pie a su lado. Lo miró, casi desvanecido. Era como si estuviera perdiendo su color —. No me gustan los sentimientos de esas memorias. Duelen. No quiero que duela. No de esta manera.

—No puedes recordar solo lo bueno, impostor —respondió el verdadero Yousuke con calma —. Tienes que recordar lo bueno y lo malo.

—No sé de que hablas — respondió Yousuke —. ¿Me conoces? ¿Soy yo tú, o alguien más?

Una brisa cálida surgió a sus espaldas, y Yousuke se giró, confundido. Algo le llamaba desde ahí dentro. Pidiéndole que fuera, que siguiera los sonidos vacíos en el viento. Había algo ahora en este mundo perturbador. Y ese algo era una entrada a una caverna. Se encontró a si mismo mirando el brillo de un ojo rojo.

—No iría ahí si fuera tú.

Mirando al joven, inclinó el cabeza, confundido. El chico parecía ser un pre-adolescente, y usaba un par de goggles verdes en la frente, y un traje naranja chillón. Pero a diferencia del otro, este tenía una sombra.

—No estás listo — explicó el chico, que parecía tener doce años.

—¿Para qué? ¡Que hay ahí?

Empujó al mocoso, deseoso de ver que era lo que le llamaba. Era un tatareo, como si algo fuera maravilloso y a la vez terrible lo que le esperaba del otro lado. Como si necesitara ir ahí para encontrar las respuestas.

—¡Necesitas saber quién eres antes de si quiera pensar en entrar ahí! — gritó el chico — ¡Te lo advierto! ¡No estás listo!

El joven se encontró con que dentro de la cueva, la nieve se desvanecía al instante, que parecía una gran cañería. Empezó a avanzar a través del agua, que llegaba hasta sus tobillos, y empezó a escuchar el sonido de alguien respirando. Las paredes de la gran galería estaban llenos de un patrón circular, gigantescas líneas que corrían a través de lo que parecía una gran tubería y que formaba remolinos, acabando todos en un gran foso de olvido.

—¿Qué es esto? — cuestionó, acercándose a unas grandes rejas doradas, mirando de frente a un par de grandes ojos rojos.

Algo se movía tras las rejas, causando que el agua se moviera salvajemente mientras el retrocedía. El agua parecía estar actuando por su cuenta, como si tuviese miedo.

—¿Qué es esto? — repitió una voz grave. Parecía bastante amable, desde el punto de vista de Yousuke —. Aquí es donde tus verdaderos recuerdos han sido capturadas, Yousuke. ¿Quieres acabar con esta locura? ¿Volver a las cosas como eran antes? Antes, cuando no estabas lleno de problemas absurdos…

—¿Quién eres? — cuestionó Yousuke, confundido.

—Soy solamente una parte de ti, una parte que, al contrario de otros desea ayudar. No confíes en ellos, Yousuke. No saben lo que necesitas para ser feliz y solo quieren lastimarte. Yo, en cambio, soy diferente. Yo quiero ayudarte, Yousuke.

—Ayuda. ¿De verdad me ayudarías? — preguntó el rubio, acercándose a las rejas y mirando a través de ellas — ¿Qué tengo que hacer?

Algo enorme del otro lado se movió, y su sonrisa se podía sentir en el aire.

—Todo lo que tienes que hacer es deshacerte de ese sello y entonces, todo volverá a ser normal. El verdadero tú será liberado. El verdadero tú será libre.

—¿Y eso es todo? — preguntó de nuevo Yousuke, sonriendo — ¿Es todo lo que tengo que hacer?

—Por supuesto, Yousuke. Así de fácil. ¿Qué esperas? Deshazte del sello — ordenó el zorro, la última parte surgiendo como un rugido excitado.

Yousuke empezó a retirar el sello, provocando que un pequeño fragmento de la reja crujiera, y de repente, una ola de energía azul lo lanzó lejos de la reja. Cayendo en el agua y perdiendo el aire tras chocar contra la pared, Yousuke soltó un grito de sorpresa mientras miraba la reja. Por una fracción de segundo podría haber jurado que había un hombre en medio de la brillante, luz, solo que ya no había nadie.

¡Maldito seas, yondaime! resonó un intenso rugido en la cámara, provocando que Yousuke temblase — ¡Estaba tan cerca de ser libre! Un día podré destazar tu alma en pedazos maldito shinobi del infierno, ¡no seré usado de esta manera ni un segundo más! ¡No me van a prender y a apagar como si fuera una lámpara! ¡Déjame libre o voy a destazar tus intestinos y obligarte a ver mientras me los trago!

La gran bestia se dejo ver a través de las grandes rejas, rugiendo mientras la roja energía le rodeaba alumbrando el interior de la reja, y quitándole el aliento a Yousuke.

¡Dije que me dejaras libre! —exclamó el zorro, provocando que Yousuke le dirigiera una mirada confundida.

Los amenazantes ojos rojos le miraban fijamente, provocando que el chico se sintiera enfermo a causa de la presión que solo su mirada ejercía en él. No pudo controlar la nausea y vomitó en el agua. Aferrándose a las rejas con sus enormes garras, el zorro gigante continuó gritando enfurecido, intentando agitar o deshacer las barras, que se mantenían firmes.

Se calmó después de lo que parecían horas. Se giró, depositando sus rojos ojos en Yousuke.

Te has convertido en una creatura patética, chico. Cayendo por cualquier truco. Ku, ku. Aunque, si me liberaras, tendrías el poder que necesitas para proteger a esas hermanitas tuyas.

—¿Hermanas? ¿T-tengo hermanas? — tartamudeo el chico, mirando hacia otra dirección, pensando. El agua ahora alcanzaba sus caderas, y las caitas sonriente de Hazuki y Momo aparecieron en su cabeza — Cierto. Son mis hermanas menores…

Ku, ku, ku. Te has olvidado ya de ellas, ¿ne? Ku, ku, ku.

—¿Q-qué eres? — cuestionó el chico.

El zorro sonrió, mostrando sus descomunales dientes al tiempo que reía.

Tú sabes quién soy, chico. Tú sabes qué soy. Libérame y te daré el poder, chico. Libérame y te daré todo lo que deseas…

—No — murmuró Yousuke, mirando con precaución al gigantesco zorro de chakra —. Intentas hacerme caer en tu trampa de nuevo.

El zorro rugió con furia, agitando toda la cueva. Yousuke gritó cuando una de las grandes garras se deslizo con facilidad a través de las barras, intentando alcanzarlo. Estaba a solo centímetros de sus piernas, y provocaba, con su calor, que el agua se evaporara a su alrededor. Cuando volvió a alzar la garra, Yousuke se alejo con rapidez.

¡No puedes huir siempre, chico! ¡No puedes solo huir de mi! Ku, ku. Siempre estaré aquí, siempre en las sombras, pequeña basura. ¡Recuerda eso! ¡Jamás te desharás de mí! ¡Siempre seré la causa de tu sufrimiento!

Corrió, intentando escapar del laberinto de líneas de chakra roja y de regreso al santuario que era su mente. Le tomo siglos encontrar la salida de la caverna y volver al paraíso de nieve negra en su perturbada mente.

—¿Qué demonios estabas pensando? — le gritó, molesto, su clon de doce años, tomándolo del hombro y girándolo, obligando a mirar en su dirección —¡Casi dejas libre a ese monstruo, estúpido hijo de…! — se detuvo a si mismo antes de continuar.

—¿Qué era esa cosa? — preguntó, temblando, Yousuke.

—Sabes que es. Deja de joder, impostor — esto ya no es divertido. Estás poniendo en peligro la vida de todos por tu egoísmo. ¡Deja de huir de la verdad y enfréntala!

—¡Jódete! — escupió Yousuke, empujando al chico — ¡Sal de mi cabeza! ¡Deja de joderme!

—Tú no eres Yousuke, y pronto no tendrás ni si quiera sus recuerdos para aferrarte a ellos, impostor — respondió el chico de cabello rubio cenizo, el chico sin sombra —. Deja de hacerte tonto a ti mismo. Dime tu verdadero nombre. Di tu nombre.

El joven Yousuke no dijo nada, solo mirando a su sombra, que era cada vez más clara. Después de una larga pausa, el rubio aparto su vista.

—Ya no sé ni quien soy…

—Maldito terco bastardo-maldijo el rubio de doce, golpeándolo en la cara.

Su cuerpo tembló mientras despertaba. El sudor cubría su cuerpo y podía sentir como temblaba. Escuchaba suaves pitidos a su derecho, varias maquinas haciendo ruido con sus engranes, y el suero entrando a su sistema. Sus ojos se abrieron, encontrando el blanco de los paneles del techo.

El profundo aroma estéril en el aire, las paredes blancas, el equipo médico en cada esquina…

—Genial. Estoy en un hospital — se quejó en un suspiro.

—Nunca había visto nada parecido.

Calmó su respiración tras escuchar la voz de mujer fuera de su cuarto. En silencio, se sentó, mirando con curiosidad a la puerta y preguntándose quién estaría tras ella. Sonaba familiar, pero también desconocido.

—Es demasiado complicado. Es el trabajo de un experto, Sakura, mi familia no tiene técnicas para descifrar lo que encontré en su mente. Memorias implantadas, otras alteradas, barreras, trampas. ¡Hay un laberinto de cables y minas en el cerebro de este sujeto! Nunca pensé que la mente de alguien pudiera estar tan jodida y aun así trabajar adecuadamente —explicó la mujer con voz cansada.

—Pero es él, ¿no, Ino?


Gracias por leer.

Lilamedusa