Hola. Esta historia se llama Oblivion (Olvido) y ha sido escrita por una GRAN autora, cuyo penname es SLTora (.net/u/2056651/SLTora) , o para quien prefiera buscar el fic en inglés (.net/s/5470178/1/Oblivion). Hace unos días le pedí su permiso para traducirla, y, ¡me lo dio!

No, no está alucinando SLTora actualizó de nuevo, y yo, ni tarda ni perezosa, me puse a traducir. A lo mejor no está de lo mejor, pero bueno, lo hice en un día.


Disclaimer: Naruto no es mío, y esta historia tampoco.


―Usted no entiende, Haruno-san ― murmuró Kenjima, desprendiéndose del fuerte agarre de Sakura ―. No tenemos tiempo para buscar al líder de la aldea, no con el estado en el que se encuentra Naruto.

Los ojos de Sakura se dilataron ante las palabras del anciano.

―Haruno-san ― dijo Kenji, reposando su mano en el hombro de ella ― ahora no es tiempo para entrar en pánico. Es hora de ser productivos y hacer lo que se pueda por salvar a aquellos infectados. La sangre de Naruto es la llave, actúa como la mujer fuerte que yo sé que eres.

La mujer de cabellos rosas respiró hondamente. Sus ojos verde jade viajaron desde el rostro del anciano hasta la figura del hombre rubio en la camilla. Su piel bronceada estaba pálida. Las venas y las arterias podían verse a través de su piel. El sudor empapaba sus ropas y parecía estar hirviendo por dentro.

―Saura-san ―dijo Kenjima con suavidad ―, Naruto te necesita ahora más que nunca.

Pero solo ver a Naruto en esa condición, ver al hombre por el que se preocupaba más que nadie tan indefenso y tan obviamente lleno de dolor, la confundía y hería al punto que no podía reaccionar. Su corazón le dolía. Cada latido la llenaba de un mal presentimiento que crecía y crecía.

¡Reacciona, Sakura! Se ordenó a sí misma, intentando contener un sollozo. ¡No has estado así de angustiada desde esa noche! Reacciona, Sakura, ¡reacciona!

Aunque sus puños estaban tan fuertemente cerrados que se estaban volviendo blancos, la kunoichi cerró los ojos e intentó hacer un resumen mental de la situación. Naruto estaba infectado con un veneno desconocido, al menos según Kenji. Solo que, ¿cómo podía confiar en Kenji después de que éste fingiera su muerte? ¿Cómo confiar en él después de que no solo manipuló la mente y recuerdos de Naruto, sino también la de Hazuki? ¿Cómo podía Sakura de verdad confiar en semejante hombre?

―No te pares ahí sin hacer nada. Me haces ver mal como tu maestra ― Sakura se giró hacia lo voz de su maestra con los ojos inundados en lágrimas. Sus suaves labios rosas formaron una sonrisa mientras contemplaba a la voluptuosa rubia poniendo una mano en su cadera y mirarla enojada ―. Y quita esa cara de niñita perdida. Te hace ver como una incompetente, Sakura.

―Tsu-Tsunade-sama ― tartamudeó Sakura, y el alivio se transparentaba a través de su voz quebrada.

De pie en su forma genjutsu, aquella similar a la de una jovencita de la edad de Sakura, la quinta Hokage parecía estar aun en la cúspide de su vida. No había cambiado en lo absoluto durante los últimos diez años. Aun llevaba su cabello en dos colitas de caballo caídas; el rombo violeta del Sello Yin, lugar donde guardaba su chakra, aun resaltaba en el centro de su frente; y continuaba usando con orgullo la verde chaqueta que con un kanji negro la señalaba como una de las peores apostadoras del mundo ninja.

Hinata estaba a lado suyo; sus ojos perla se humedecían de solo ver al rubio tendido en la cama. Todo parecía estar pasando en Konoha de nuevo… Era irreal y demasiado similar a ese día hace largos diez años. La cabeza de los Hyuuga estaba preocupada. ¿Se repetiría de nuevo la misma historia? ¿Volvería Konoha a perder su héroe ante las garras de la muerte? Esperaba que no sucediera así, de verdad quería creer que las cosas no terminarían igual que la última vez.

La sonrisa de la retirada Hokage se desvaneció, siendo suplantada por un gesto de seriedad.

―Reacciona ya, Sakura, tenemos trabajo que hacer ― mirando a Kenjima, agregó ―. Con la epidemia que tenemos en las manos, estamos cortos de personal, así que vas a ayudar, y mientras tanto le vas a explicar a esta vieja Hokage que demonios está sucediendo.

Con un golpe de la cabeza y sin espacio para discutir, Kenji consintió.

―Por supuesto, señorita Tsunade. No lo haría de ninguna otra manera.

―Nada de galanterías ― exigió Tsunade, acercándose a Naruto y revisándolo ―. ¿Qué es lo que sabemos acerca de lo que está sucediendo en este momento?

Sakura se limpió los ojos antes de responder.

―Todo lo que sabemos por el momento es que se contagia a través del tacto, y se absorbe por los poros de la piel. Pacientes pasados que han mostrado signos de haber tenido contacto con una sustancia desconocida que produce síntomas parecidos a aquellos de una quemadura, casi como aquellas producidas por el chakra o por químicos. La fuente del veneno, sin embargo, permanece desconocida.

La quinta Hokage realizó un rápido diagnóstico de Naruto a través de su chakra, que canalizó en sus manos. El veneno era la especialidad de Tsunade. Durante la segunda gran guerra shinobi Tsunade había aprendido a utilizar, combatir y detectar prácticamente cualquier tipo de veneno usado en la historia ninja. Esto no era más que una repetición de esos días… solo que ahora se suponía que estaban viviendo en un mundo de paz.

―Hay algo mal ― decidió la Godaime con los ojos cerrados, presentando toda su atención al chakra canalizado en sus manos. Sus ojos se abrieron ―. No puedo saber si lo contrajo a través del tacto, si lo comió o si lo inhaló― Tsunade murmuró, cancelando el jutsu y mirando con los ojos muy abiertos al inconsciente chico en la camilla ―. Es como si no estuviera envenenado es lo absoluto.

― ¿Qué? ― dijo Sakura, reaccionando al fin.

Lo que Tsunade descubrió había tomado a la kunoichi de cabello rosa por sorpresa. Pensó en los otros pacientes, que habían llegado con el mismo tío de problemas que Naruto. No sonaba bien. Todos los otros pacientes habían mostrado señales de contacto a través de la piel.

―Esto es diferente de lo que hizo en Sawa. Deben saber que Kikiyo tiene un "don", la habilidad de controlar y comunicarse con las entidades de la naturaleza. Puede manipular cualquier forma orgánica al punto de ser capaz de fusionar especies del mundo animal con plantas, creando vida nueva ― Kenji checó a Naruto antes de continuar ―. En Sawa, envenenó el agua con una mezcla orgánica. Era una mezcla similar a la de la flor de Acónito, pero tenía el tipo de efectos secundarios de la cicuta. Kikiyo diseñó las raíces de una simple flor para que soltaran el veneno en las fuentes de agua. Una sola flor fue todo lo que necesitó para asesinar a todo aquel que tomase agua dentro del castillo.

Los ojos de Sakura se movían con sus pensamientos, mientras empezaba a reflexionar en voz alta.

―Ella no envenenó el agua de Konoha… esto es diferente. Las primeras víctimas mostraban quemaduras en las manos. Si Kikiyo puede manipular la materia orgánica, entonces nada puede contradecir la idea de que creó una planta que soltara veneno absorbido a través del tacto. Eso quiere decir que necesitamos gente para que busque, encuentre y recolecte esta flor extraña. Pero lo que estamos buscando… ― Kenjima y Tsunade observaban a Sakura mientras ésta continuaba con su lluvia de ideas ― Naruto es diferente de las otras víctimas. El veneno se distribuyó con rapidez a través de su sangre, y al contrario de a los otros, no afectó ni a su sistema inmunológico ni a su sangre. Así que, o la planta evoluciona o tenemos dos tipos diferentes de flores.

―Yo conozco la mayoría de la flora en Konoha ― declaró Hinata al grupo. Por años había recolectado flores como un hobby. Hinata había pasado mucho tiempo en y a los alrededores de Konoha y conocía la mayoría de la vegetación del lugar. Debería ser fácil encontrar nuevas plantas. Además, si el chakra de la miko era la energía con la que creaba nuevas plantas, sería mucho más fácil para una Hyuuga encontrarlo ―. Y si Kikiyo usó su chakra para la estructura de sus flores, yo debería ser capaz de descubrir esas estructuras fluyendo dentro de las flores, como si fuera la de un humano. Las planta usan una energía diferente al chakra, pero si una planta es creada por un jutsu, esta red de energía es diferente.

Kenji asintió.

―Sí… - respondió – Las creaciones de Kikiyo deben tener su energía fluyendo.

Hinata asintió y se giró a Tsunade.

―Reuniré un equipo, Godaime-sama, y buscaremos estas flores. Las traeremos en un pergamino para que sea más fácil estudiarlas.

―Hazlo ― replicó Tsunade a Hinata, quién hizo una pequeña reverencia y se desvaneció en un instante. Girándose hacia Kenji y Sakura, Tsunade sacó la camilla de Naruto del pasillo ―. Tenemos trabajo que hacer. Llevaremos a Naruto a los pisos de en medio para estudiar mejor el veneno en las otras víctimas. Por lo que sé, el envenenamiento es similar a aquel provocado por la luz solar. No sé como hizo esto, pero es como si estos niños se estuvieran quemando a pesar de no estar en el sol. Eso destruye los tejidos, haciéndolos hervir desde adentro.

Empujaron las puertas dobles, dejando la ocupada sala de emergencias atrás. El pasillo estaba inquietantemente silencioso y vacío. Éste continuaba hacia abajo, llegando a un lugar en lo más profundo del hospital, donde los civiles no tenían permitida la entrada, y de donde los civiles no sabían nada.

Naruto tuvo otra convulsión, su dolor parecía estar incrementándose, y, aun inconsciente, se sentó erecto en la camilla con un grito. Los tres médicos tuvieron que detener y restringir al rubio para evitar que se lastimara a si mismo mientras luchaba contra el veneno que lo infectaba. Cuando el chakra del zorro de nueve colas los alejó del él con una explosión roja de energía, ninguno de los tres supo qué hacer. La energía contenida era suficiente como para quitarle el aliento a cualquiera, así como lastimar la piel con quemaduras de tercer grado. No pasó mucho tiempo antes de que el cuerpo de Naruto se quedara inmóvil, y el chakra del Kyuubi empezó a volver a su cuerpo.

―Bueno, al menos sabemos que el zorro está ayudando ― murmuró con sarcasmo Tsunade mientras volvía a tomar la camilla.

Atravesaron otro juego de puertas dobles. Tsunade dio entonces ordenes a los médicos en administración e instantáneamente una fila de médicos en bata blanca empezó a agruparse a su alrededor. Seguían en movimiento cuando Tsunade despojó al rubio de sus ropas, y Sakura empezaba a prepararlo para cualquier procedimiento. Antes de veinte minutos, Naruto estaba desnudo, con una toalla que cubría su entrepierna. Inscripciones en negro se habían apoderado de sus brazos, piernas, torso y rostro, permaneciendo él como el centro de un largo diagrama semejante a una estrella de siete puntas dentro de un círculo y un heptágono. Siete médicos estaban sentados en cada una de las puntas de la estrella, y había velas encendidas y posicionadas estratégicamente sobre el diagrama. En el centro de cada línea del heptágono reposaban copas llenas de arena blanca.

―Le di un sedante ― murmuró Sakura, revisando los últimos detalles. Asintió brevemente antes de continuar ―. Estamos listos para proceder.

Tsunade estaba de acuerdo.

―Empiecen.

Los siete ninjas médico elevaron al instante sus brazos, extendiendo el brazo izquierdo hacia Naruto, mientras el derecho servía como soporte para el izquierdo. El chakra empezó a fluir con rapidez, y pronto se manifestaba en forma de una luz blanca vérdacea que rodeaba al personal médico. Antes de mucho, el diagrama del que Naruto formaba parte brillaba con chakra.

―Bueno, todo parecer ir yendo a la perfección ― reflexionó Tsunade, contemplando como el chakra empezaba a desplazarse hacia los kanji en la piel de Naruto. Después, miró hacia Kenji ―. Escuché que usted había muerto hace diez años, doctor Shidomoto. ¿Le importaría explicar cómo es que está vivo y por qué manipuló y escondió a uno de los mejores shinobi de la Hoja?

Kenji no movió sus ojos del rubio.

― Es una larga historia.

― ¿En serio? ― pregunto con sarcasmo Tsunade ― Entonces será algo bueno saber que tenemos mucho tiempo para platicar.

Su mirada se volvió hacia el piso, y esta vez también Sakura lo miraba.

―Preferiría olvidarlo ― dijo con una mueca ―. Olvidar todo lo que pasó entonces, permanecer muerto… pero, supongo que no estaría bien, ¿verdad? ― miró a Tsunade de nuevo antes de continuar ―. Por eso lo hice. No por Sawa, no por ellos… sino por mí.

Hace diez años

― ¿Qué? ― pregunté, mirando a la Anciana como si le hubieran crecido dos cabezas.

¿Quería que yo me llevara a la princesa? ¿A la hija del Lord y su dama?

―Todas las cosas pasan por una razón ― declaró la mujer, mirado al bulto que sostenía entre sus brazos ―. Sé que me escuchaste la primera vez, Kenjima-kun. Quiero que tomes a mi tataranieta y la escondas. Quiero que la eduques, que seas tú quien le ayude a usar sus habilidades cuando sea hora de hacerlo, pues solo tú puedes hacerlo, Kenjima-kun. Solo tú sabes los secretos detrás de esta devastadora habilidad y solo tú serás capaz de enseñarle a controlarla.

― ¿Cómo a Kikiyo? ― pregunté, mi voz herida ― Sabes cómo terminó ella, ¿verdad? Todo pasa por una razón. ¿Estás diciendo que esto debía pasar? ¿Qué que Kikiyo asesinara a su familia y envenenara la aldea era algún tipo de estúpida razón divina?

―Eso estoy diciendo ― rió Lady Mizuki.

― ¡Esas son tonterías! ¡Yo entrené a Kikiyo, yo la ayudé, y es por mí que Sawa sufre hoy como sufre, no por ningún poder divino, Lady Mizuki! Ese poder, tener esa habilidad se le subió a Kikiyo a la cabeza. La ha hecho pensar que es alguna especie de Diosa, y no lo es. No era su destino ser como es ― intenté sacudir mis ideas antes de continuar ―. Mis enseñanzas, mis lecciones, y toda la investigación y los estudios que hemos hecho con ella solo crearon una bestia, un monstruo poderoso que no puede ser domado. ¿Es eso lo que desea para la princesa, mi Lady?

―No fuiste tú quien lleno de maldad el corazón de Kikiyo. Fue ella la que abrió las puertas a la oscuridad, y permitió que la envolviera hasta convertirla en lo que ahora es ― la anciana entonces sonrió, colocando su mano en el pecho de la bebe en sus brazos, continuando ―. Esta niña no será como Kikiyo, pues es eso lo que yo he visto ― lo ojos blancos y ciegos de la mujer se giraron entonces hacia mí, pero aunque aparentaban no ver nada, lo veían todo y más ―. Pues tú has de ser quién llene a esta bebe de amor, no yo.

―Yo… yo no puedo atender a un niño. Ni si quiera eduqué a los míos, Anciana, ¿es que no entiende…?

―Kenjima-kun― susurró la suave voz de la anciana ―, puedes hacerlo, y debes hacerlo ― asintió con la cabeza ―. Riza será feliz de tenerla. Siempre quiso una hija.

― ¿Sí sabes que Riza amenaza con dejarme todo el tiempo? Que me odia. Incluso Yousuke me odia, después de lo obsesivo que me vuelto de mi trabajo ― escupí las palabras con rebeldía.

―Sé que he pedido mucho de ti, y parece que habré de pedir mucho más, pero, Kenjima-kun, éste es tu destino. Tú no tienes la culpa de lo que ha sucedido a Kikiyo, pero puedes corregir los errores que cometiste a través de esta niña.

―No. ¡No! NO haré esto. Pararé a Kikiyo por mi cuenta, Lady Mizuki. Ayudé a crearla, así que seré yo quien la destruya ― declaré.

―No puedes matar a Kikiyo, Kenjima… Ella es como una hija para ti.

La anciana decía la verdad, y oculté mi mirada.

―Puedo matarla ― murmuré ―. Solo tengo que recordarme que fue ella quién hizo esto. Por ella he hecho a un lado mi familia, y puedo perderlos…

―Así que la matarás como venganza.

―Sí ― la reté.

―La venganza no resuelve nada. Es solo terreno fértil para el odio y el infortunio, y no te hará sentir mejor. No corregirá el daño que has provocado tú mismo en tu familia y no te convertirá en un mejor padre o en un mejor marido. La venganza no va a devolverte tu honor, Kenjima. Solo va a mancharte, a marcarte como un hombre deshonesto y miserable ― extendió con gentileza la niña hacia mí, y casi automáticamente, mis manos la tomaron y acomodaron entre mis brazos. Ella sonrió y continuó su discurso ―. Si tomas este camino, sabrás como es en verdad tener una familia, como amar una familia y como ser amado por una familia. Este es tu destino, Kenjima-kun.

―Soy un hombre de ciencia, Miko ― le expliqué ―. Yo no creo en el destino.

―Pero lo harpas ―rió ella. Se calmó un poco antes de reír más ―. No te preocupes tanto, Kenjima-kun. No estarás solo en este viaje.

― ¿Qué se supone que eso significa, Anciana? ― pregunté, sin saber a qué se refería.

―Que no estarás solo. Tendrás razón para existir. Un propósito ― la mujer rió más, acomodándose y poniéndose de pie. Recogió su bo dorado, y sonrió para mí ―. Recuerda mis palabras, Kenjima-kun, esto es el principio de una leyenda de proporciones épicas. Una historia para contar a las generaciones siguientes… La historia del hombre que dio su vida para salvar a su aldea. Un hombre que todos pensaron muerto, y que volverá al mundo de los vivos ― la anciana Mizuki hablaba mientras bajaba las largas escaleras de la entrada principal ―. Tú encontrarás a ese hombre, y lograrás que sea olvido, hasta que venga el tiempo en que tena que volver a pelear.

―Hablas en acertijos, Anciana. ¡No te entiendo!

―La heredera también será objeto de murmullos. Todos, menos aquellos que creen, la pensarán muerta. Cuando la leyenda empiece de verdad entre susurros y fuegos en el campo, la historia de la princesa del pantano protegida por la gran Bestia, un poderoso demonio disfrazado de hombre correrá. Una bestia tan fuerte que, con solo escuchar a la heredera llamarlo por su nombre, destruirá a todos los que se opongan o amenacen a la Niña del Pantano. Solo la heredera podrá domar a la bestia, y forzarla a tomar de nuevo su forma humana.

―Es así como esta leyenda será contada, Kenjima-kun. Así es como quiero que la cuentes. La niña que tienes en tus brazos, es la misma niña que tendrás que esconder. Ella sabrá de su destino, más de su poder, a menos que le cuentes.

― ¿Por qué debe ser ese su destino? ― pregunté, asombrado pero escéptico.

― ¿Empiezas a creer?

―No.

Ella rió.

―Ahh, pero eso es lo que hace al destino tan misterioso. Puedes seguir el destino que se te ha dado, o crear tu propio camino ― rió de nuevo, y parecía una niña ―. Debes encontrar al hombre que encierra a la bestia dentro de él. El guerrero que surgirá de entre los muertos. Él te ayudará cuando venga el peligro y él tendrá los aliados que ayudarán a derrocar a Kikiyo cuando sea tiempo.

―Estás bromeando ― declaré.

La anciana se giró entonces de nuevo, y una mueca de sorpresa cubrió su rostro.

―Debes irte, ya viene.

Mi estómago dio una voltereta de miedo.

―Lady Mizuki…

― ¡Vete! ― me instó, señalando hacia a salida escondida en la pared con su bo ― Yo la retendré tanto tiempo como me sea posible.

Dudé por un momento, pero pronto empecé a correr. El sonido estruendoso de una explosión pronto llenó toda la cámara, que empezó a agitarse y derrumbarse. La niña se movía entre mis brazos, pero la sostuve tan cerca a mí como pude y salí por la pequeña ventana. Tan pronto como la ventanilla se cerró, empecé a escuchar todo el altercado dentro. Me tomó casi veinte minutos salir del castillo a través del túnel subterráneo. Salí en los bosques al norte del castillo.

La niña pellizcó mi brazo, demandando mi atención, que le di de inmediato. Un par de grandes e inteligentes ojos café me miraban fijamente. Sus cejas se fruncieron, y sus labios empezaron a temblar mientras las lágrimas llenaban sus ojos. No hizo un solo sonido, a pesar de todo.

―También estoy asustado ― declaré ante la pequeña.

Con una mueca, se forzó a si misma a sentarse. Yo pensaba que no era más que una bebe, pero la niña tenía al menos dos años, siendo demasiado pequeña para su edad, y algo calva. Solo había un poco de cabello rojizo-naranja en su cabeza. No pude evitar acariciarlo.

―Como el durazno…

La niña sorbió por la nariz, reposó su cabeza en mi hombro y no dijo nada.

―Hey, todo estará bien. No soy muy buena en nada pero Riza lo es y ella te amará montones ― me detuve. No sabía cuál era su nombre, la Anciana no me lo dijo. Acaricié su cabello anaranjado y sonreí ―, Momo.

Riza siempre decía que iba a dejarme y llevarse a nuestro hijo antes de que lo convirtiera en otra rata de laboratorio. Nunca pensé que de verdad lo haría. Que los dos me dejarían cuando lo hicieron…

Para cuando llegue al campamento, había humo en el aire. Espeso como niebla, el humo parecía ir tocando de puerta en puerta, avanzando de pasillo a pasillo, alcanzando a sus víctimas una por una. Los cadáveres llenaban el piso en un alborotado relajo, mezclados aquellos que se habían muerto ahogados con el humo con los que habían muerto envenenaos. Era fácil distinguirlos. Los que habían muerto por veneno tenían los rostros contraídos en muecas de dolor, sus bocas rodeadas de la espuma verde creada por sus ácidos estomacales. Podías adivinar que habían sufrido, que sus muertes habían sido largas y dolorosas. Las víctimas del humo, bueno, ellos parecían dormidos, sus cuerpos pálidos, cubiertos de cenizas. No habían sufrido tanto, no, solo habían sido sofocados, ahogados por las dañinas emisiones de humo hasta que sus cuerpos se habían dado por vencidos.

Así era como se veían al principio, mientras caminaba entre filas de cadáveres… todos dormidos… mi esposa, mi hijo.

Estaban ahí, tenidos en el piso del cuarto de seguridad. Se suponía que estaban a salvo. Los Ancianos me habían prometido que cuidarían de mi familia, que no tenía nada por qué preocuparme. Tenía que concentrarme en salvar al Lord y a su Dama. Hice todo lo que pude, pero no pude salvarlos. ¿Y luego la Miko había dejado a su hija a mi cuidado? ¿Era ese mi castigo? ¿Era este mi destino? ¿Era esto justo? Permanecí en la puerta, mi mundo balanceándose peligrosamente entre la racionalidad y la demencia, y me encontré a mi mismo sin saber qué hacer.

¿Qué debía hacer?

Mi preciosa esposa, Riza, estaba abrazada con mi hijo, Yousuke. Parecían estar durmiendo. Quería creer que estaban durmiendo, pero no era tan tonto. Al menos no la parte racional de mi cerebro. Incluso la pequeña entre mis brazos podría decir que no había vida en los cadáveres en el piso. La otra parte de mi cerebro, la más perturbada y poco practica, creía en verdad que dormían, que despertarían si los sacudía un poco… pero cuando lo hice no se agitaron. Estaban muertos, y en ese momento, yo, Shidomoto Kenjima, morí también.

¿Por qué?

Esa fue la primera pregunta en mi cabeza. ¿Por qué pasaba algo como esto? ¿Por qué tenían que ser ellos los que murieran? ¿No podía ser la familia de alguien más? ¿Por qué la mía?

Y, por supuesto, después de semejante pensamiento, me sentí culpable, porque yo era un padre terrible.

Siempre trabajando, estudiando, investigando… No estaba ahí para mi familia cuando ellos me necesitaban… nunca estaba ahí, no importa el momento. Los amaba, en verdad que sí, solo que amaba más mi trabajo. Era un científico, un hombre genio… un padre horrible y un peor marido.

Tal vez por eso la muerte los había arrancado de mi lado.

Pero, ¿era en verdad mi culpa? Esa fue la segunda pregunta en mi cabeza.

Tal vez yo no tenía nada que ver con esto. Tal vez eran esos malditos ancianos los culpables. Tal vez era su manera de vengarse por la manera en que Kikiyo había terminado. Tal vez porque mi creación había asesinado al Lord a su Dama los Ancianos habían decidido asesinar a mi familia…

Eso no era cierto… porque lo ancianos nunca harían algo tan terrible y, además, ellos me habían dado a la princesa. Tenía que dejar de intentar culpar a los demás, porque era mi culpa y solo mi culpa.

No merecía sufrir por la pérdida de mi esposa e hijo. Honestamente, ni si quiera los había merecido nunca. Siempre había hecho a un lado a mi familia, poniéndolos solo en el lugar detrás de mi trabajo y detrás de mi… esa es la clase de persona egoísta que soy… solo que… ¿tenían que dejarme de esa manera?

No era justo.

Riza no había hecho nada a nadie, y tampoco Yousuke… él era amigo de todos. Ellos eran brillantes, un rayo de luz en mi vida, la única razón por la que yo vivía, por la que yo existía… hasta que mi trabajo se convirtió en mi vida. Y luego, a mi familia, aquellos a quienes siempre debí poner primero, los hice a un lado.

¿Por qué merecían ello semejante destino? ¿Por qué tenía esto que pasar?

Quería culpar al Lord y a su Dama. Quería dejarlos con toda la culpa, pero… no estaba bien hacerlo. Ellos no sabían que esto iba a pasar. No sabían que Kikiyo haría algo así para obtener el trono de Sawa. Nadie hubiera podido predecir que Kikiyo haría todo en sus manos para destruirnos. Bueno, eso es una mentira, porque una persona sabía.

La persona que creó a Kikiyo sabía que ella regresaría.

Y él que la había creado era el verdadero monstruo.

Yo era el verdadero monstruo.

-o-o-

Ellos llegaron el día que encendí la pila mortuoria. Cincuenta o más cuerpos fueron devorados por las llamas, y el humo negro invadió el cielo nublado sobre mi cabeza, llenando el aire con la peste de carne humana quemándose. Planeaba incluir los cuerpos de mi hijo y esposa en la pira, pero simplemente no pude. Los enterré muchísimo antes de empezar si quiera a limpiar el campamento.

El hombre que se acercó no saludó ni hizo nada parecido.

― ¿Hubo sobrevivientes? ― preguntó con el rostro impasible.

Agité mi cabeza en negativa.

―No.

Contempló las llamas.

― ¿Enterraste algún cuerpo? ― murmuró.

―No― mentí ―. No hubo tiempo, empezaban a descomponerse.

El hombre se limpió el sudado rostro con un pañuelo y asintió.

―Es una pena lo que ha sucedido con Sawa.

Miré a otro lado antes de responder.

―Lo sé.

― ¿Se quedará aquí, señor?

― ¿Señor? ― respondí en un murmullo, mirándole a los ojos.

―Se dice que los shinobi han construido un refugio para los sobrevivientes de la guerra en Sawa ― miró hacia el resto de su gente, y de nuevo a mí. Sus ojos descansaron en Momo cuando ella se acercó. Por su mirada, supe que él sabía quién era ella ―. Viajamos hacia el refugio. Como sobrevivientes. Es más seguro viajar en grupo… Todos pueden empezar de nuevo.

Asentí.

―Nos quedaremos por aquí un tiempo ― dije.

El hombre asintió de nuevo y se giró. Iba a avanzar, pero me miró de nuevo antes de hablar.

―Estaremos esperando. Listos para protegerlos, a ti y a ella… cuando creas que es tiempo.

Establecimos contacto ocular, y yo asentí.

-o-o-

Por un tiempo estuve en shock. Sabía del mundo alrededor de mí, pero todo era como sueño. Todo se movía lenta y perezosamente. Para guardar un poco de la cordura que me quedaba, me involucré con un grupo de búsqueda y de rescate, y llovía la noche que lo encontré a él. El hombre que contenía a la bestia, solo que no tenía ni idea de quién era, porque no era más que un niño.

Siempre llovía en los meses de verano y de invierno en Sawa. El país estaba en una península, así que, con agua rodeándonos por todos lados, en Sawa éramos susceptibles a repentinas tormentas de trueno, pero no esa noche. Esa noche, una depresión tropical había tocado tierra y estaba distribuyendo el caos en la costa del Pantano. Eso no detuvo la búsqueda de sobrevivientes que había empezado la noche anterior.

Los relámpagos relucían a través de las nubes, disolviendo por segundos la oscuridad. Eso nos daba los momentos necesarios para explorar la tenebrosa noche y delinear las siluetas de mis alrededores. No había nada más que enormes árboles de ciprés y carrizos de bambú que se doblaban con el viento y tronaban con el viento que las barría como un fino peine dentado. Esperaba que Momo no tuviera demasiado miedo. La había dejado con Toratsume, un gran gato dientes de sable con la que tenía un contrato de invocación. Tora podía hacerse cargo de ella. La gran gata amaba a los niños, pues extrañaba a sus propios hijos, que la habían ya dejado.

― ¡Hola! ― llamé, mi voz era apagada por la intensidad de la lluvia. Los truenos retumbaban en la distancia y yo grité de nuevo ― ¿Hay alguien vivo aquí?

Un rayo de luz a mi derecha me permitió ver a alguien más de mi equipo de rescate.

― ¡Estamos aquí para ayudarte! ― le escuché gritar ― ¡Hola!

Habían pasado nueve días. Nueve días completos desde la caída de Sawa y todo aun era un desastre. El castillo aun estaba en llamas, ardiendo sin descanso hasta que las llamas cedieran por si solas. Las familias habían sido separadas durante la invasión de las demenciales creaciones y aun más trastornados seguidores de Kikiyo. Ella sola había matado prácticamente a todos alrededor del castillo. Había mucha gente muerte, pero más que nada había gente débil, herida y a punto de morir, mientras muchos otros simplemente figuraban como desaparecidos.

― ¡Hey… Hey! ¡Creo que encontré algo por acá!

Me giré hacia donde el grupo de rescatistas empezaba a reunirse. Cuando me acerqué, pude escucharlos murmurando mientras la doctora de campo revisaba al sucio y maltratado cuerpo que había sido encontrado.

―No hay mucho que hacer ahora por el chico ―declaró la doctora, poniéndose de pie decepcionada ―. Quizá si Shidomoto siguiera vivo…― dejó escapar un suave suspiro ― Dejen una marca para pasar por él después, cuando la tormenta pase.

Una llama roja tomó forma, y sentí como si mi estómago hubiera sido relleno con hierro. Sí, yo era un muy buen doctor. Tsunade-hime podía tener la reputación de ser la mejor, pero, en realidad, yo era el mejor-

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―Espera un segundo ahí, Kenjima ― interrumpió Tsunade, oprimiendo el hombro del hombre.

― ¿Qué? ― dijo él, girándose hacia ella ― Yo soy el que cuenta la historia. Es a mi modo o nada, nena.

Frunciendo el ceño, Tsunade oprimió su dedo contra el pecho de él.

―O dices las cosas como son in mi ayuda, Shidomoto, o me aseguraré de que nunca vuelva a siquiera pensar en decir mierda como esa.

Kenjima ronroneo, en son de burla.

―Señorita leopardo ― mordió su labio inferior ―, no me sorprende que Jiraiya-sama estuviera tan enamorado de ti.

― ¿Quieres que te golpee como solía golpearlo a él? ― dijo, tronando sus dedos.

Kenjima sonrió.

―Y de regreso a la historia…

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Una llama roja tomó forma, y sentí como si mi estómago hubiera sido relleno con hierro. Sí, yo era un muy buen doctor aun si Tsunade era la mejor. Lo único que me hacía casi (¿está eso mejor?) tan bueno como la princesa de las babosas en Konoha era el hecho de que yo era un científico médico. O al menos Kenjima Shidomoto lo había sido, mientras que yo no. Yo era ahora Ichikita Kenji, un granjero atrapado en la invasión y buscando a su familia.

El niño tirado en el lodo era solo otra vida… otra muerte que agregar a las estadísticas. Una estadística que incluía a mi familia, a mi identidad. No podía ayudarlo, porque ya no era Shidomoto, ya no era un doctor.

―Sasuke…

Era solo un murmullo, una palabra que apenas y se colaba a través del viento aullante. Yo lo escuché. Sobre los gritos, sobre el rugido de los truenos en el cielo y sobre la lluvia constante, yo lo escuché. Eso fue lo que me acercó a la llama roja cuando el resto del equipo de rescate se había alejado lejos de ahí, escabulléndose como ratas.

―…― uno solo ojo, un brillante ojo me miró fijamente ―Sss…

― ¿Qué? ― pregunté, arrodillándome al instante cerca del maltratado cuerpo del muchacho.

Un relámpago más iluminó el cielo, llenando de una luz brillante las oscuras tierras bajo él. La duración normal de uno o dos segundos se alteró, la luz eléctrica en las alturas danzando con las nubes para iluminar todo bajo ellos el tiempo suficiente para que yo pudiera ver el cuerpo del chico.

Había sido destruido.

Cómo o por qué eran preguntas cuyas respuestas yo no conocía. Como podía si quiera hablar con la garganta desgarrada como estaba, como su peco había sido perforado…

Una mano sangrienta se aferró a mi muñeca. Que Kami-sama me ayude podía sentir sus huesos acariciar mi piel. Ese ojo… ese ojo vibrante penetró mi alma y un escalofrío corrió por mi espalda.

―Sasuke ― dijo, antes de que su ojo se girara exponiendo la parte blanca, y su mano soltó mi muñeca, cayendo inerte.

Estaba seguro de que estaba muerto, pero no puedes dejar atrás años de estudio. Mi entrenamiento se apoderó de la parte consciente de mí. Chequé su pulso y me sentí asombrado de descubrir que, débil, así estaba. El chico seguía ahí. Hice entonces un rápido jutsu de diagnóstico y me sorprendí aun más. Estaba sanando de manera increíblemente rápida.

La llama dejada ahí por los rescatistas se desvaneció con un siseo cuando estrellé la parte humeante contra el lodo. Miré alrededor con precaución. Podía oír el distante eco del resto de los rescatistas buscando más personas. Tan gentilmente como pude, tomé al chico entre mis brazos. Ya de pie, sosteniéndome en contra del viento, lo vi, con el rojo escarlata brillando en sus ojos, la más escurridiza y peligrosa de las creaturas del pantano, el Kitsune de Sawa.

Estaba seguro de que todo lo que veía él era un bocadillo fácil, siendo el zorro del pantano una creatura de no pequeño tamaño. Había zorros tan grandes como caballos con pelo negro se hacía plateado en las puntas. No podías verlo en la oscuridad del bosque a menos que la luz reflejase sus ojos rojos. Se alimentan básicamente de carroña, carne de animales muertos en los pantanos como los gigantescos cocodrilos y tortugas de éste. Los zorros del pantano también suben a los arboles y cazan a sus presas desde ahí. Son muy flexibles, con piernas largas y delgadas que les permiten ponerse de pie sobre ellas, como un oso. Incluso se dice que estas especiales creaturas son descendientes del Kyuubi, pero no sabría si creer eso o no.

El aroma a cadáver del muchacho probablemente atrajo al zorro del pantano hasta nosotros, pero para mi sorpresa, la creatura no atacó. En vez de eso, parecía complacido. Sus ojos inteligentes lucían calculadores, mirándome congelado en el lugar en el que estaba. Cuando se giró y se perdió en la noche, también yo deje el lugar y rápidamente dejé la ciénaga con el niño en brazos.

'Tomé el resto de la noche para limpiar al niño que llamaba JD, corto para John Doe. Su cabeza había sido aplastada, ¿por qué?, aun no lo sé. El daño se había extendido a su rostro. Había perdido un ojo y posiblemente necesitaría cirugía reconstructiva. Su espalda estaba dañada en tres partes, sus brazos tenían huesos completamente hechos trizas, sus piernas igual. El chico estaba falto de dos costillas y en cuanto a sus órganos…

― ¿Cómo es que sigues vivo? ― le pregunté a su cuerpo inconsciente, aun sorprendido.

Estaba seguro de que aunque lo limpiase y lo sedara, no iba a sobrevivir la noche.

― ¿Qué piensas al respecto, Momo? ― pregunté a la pequeña, que solo parpadeó varias veces desde su cuna. Me encogí de hombros y respondí a su parpadeo ― Yo tampoco sé que pensar.

La noche terminó y él aun respiraba por la mañana. Supuse que no sobreviviría otro día. Momo tampoco tenía mucho que decir al respecto.

―Yo creo que ese chico va a sorprenderte, Ken-kun― declaró Toratsume, mirando al chico.

Y… Toratsume estaba en lo correcto.

JD seguía vivo al día siguiente, y luego al siguiente. Pasaron cuatro días u aun respiraba. Empecé a preguntarme qué demonios era ese chico. Nunca se me ocurrió reflexionar acerca de las palabras de Lady Mizuki hasta tres días después, cuando revestía sus heridas.

― ¡POR KAMI! ― exclamé, casi dejando atrás mis zapatos cuando JD tomó de nuevo mi muñeca, su brillante ojo azul penetrando mi alma. Mi corazón latía, mi mano estaba en mi pecho y podría jurar que estaba a punto de sufrir un ataque cardiaco.

― ¡Haz que pare! ― rogó, su voz no sonaba como la de un muchacho, sino como la de un anciano, ronca y grave a causa de la herida en su garganta. Las lágrimas se agrupaban y caían de su ojo mientras me miraba.

― ¿Q-qué? ― pregunté, mirándole, esperando no haberlo lastimado mientras cambiaba sus vendas.

―El dolor― se quejó JD. Su cuerpo entero se agitó mientras rogaba ―. ¡Haz que el dolor se pare y que se vaya!

EL chakra surgió de inmediato, y lo canalicé hacía mis manos.

―Dime donde duele, y haré lo que pueda.

Sus dedos rotos se centraron en su pecho.

―Aquí… ― susurró ― Duele aquí.

― ¿Tu pecho?

Con trabajo, JD agitó la cabeza.

―Mi corazón… ― murmuró ― Haz que el dolor deje mi corazón.

Puse mis manos sobre su pecho, pero no pude encontrar nada mal ahí. No en su corazón, al menos. A menos que…

―No es dolor físico, ¿verdad? ― le pregunté.

JD asintió.

―Solo hazlo parar… haz que el dolor se vaya… ― lloró el chico ―… No me quiero seguir sintiendo así… Por favor haz que pare.

―No puedo hacer nada ―le dije ―, no é que podría hacer para ayudarte.

―La mató… y me traicionó… mi hermano nos traicionó a todos ― dijo ― solo quiero que acabe… quiero que el dolor acabe. Por favor, hágalo irse ― su mano tomó la mía, su ojo mirándome y penetrando hasta el fondo de mi corazón ―. Que se detenga. Que el dolor se vaya. Máteme. Por favor, solo máteme.

Y luego nada.

Nada era todo lo que mi mente podía darme. Yo era un doctor… yo salvaba vidas, no las terminaba.

Su agarre disminuyó, mientras lloraba, mirando a otro lado, repitiendo las mismas palabras, rogándome que le matara, que acabara con su existencia. Yo retrocedí, chocando contra la cuna de Momo. La miré. Ella también me miraba.

― ¿Qué esperas que haga? ― le pregunté.

Ella frunció el ceño y miró al niño roto que reposaba en el centro de la habitación.

―Haz que se vaya… ― murmuró ―… Hazme olvidarlo todo. No me quiero sentir así.

Olvidar. Pensé. Yo también desearía olvidar todo el dolor.

Mis ojos brillaron con lo que descubrí.

¿Y sí…? No, eso estaría mal. Pero… ¿sería posible hacer algo así? Mis manos estaban de nuevo sobre él, mi chakra en mis manos. Dudaba al principio, preguntándome una y otra vez lo mismo. ¿Qué haces? ¿Por qué debería importarte?

¿Por qué me importaba? ¿Qué me atraía a este chico? ¿Por qué lo había llevado a mi casa? ¿Era porque él era diferente, una anomalía, un proyecto nuevo en el que trabajar…? ¿O era algo más?

―Todo estará bien, chico ― le dije, poniendo una de mis manos brillantes con chakra sobre su cabeza, otra sobre su corazón ―. Haré que todo esté mejor.

―Por favor ― suplicó, ese ojo lleno de dolor ―, que todo se vaya.

Y yo asentí.

―Sí.

-o-o-

Días después. Estaba de pie cerca de este John Doe, ese chico de diecisiete años del que no sabía nada… pero del que ahora sabía todo.

Su nombre era Uzumaki Naruto.

Su cumpleaños era el diez de Octubre.

Su madre era Kushina Uzumaki*.

Su padre Minato Namikaze.*

Era un ninja con rango genin de la aldea de la hoja.

Era además, el jinchuuriki, el contenedor del Kyuubi no kitsune.

Había sido cazado por Akatsuki durante casi toda su vida como adolescente.

Era un Sage.

Su mejor amigo mató a sus compañeros de equipo.

Su mejor amigó intentó matarlo, y luego lo abandonó, pensando que estaba muerto.

Y yo no podía creer la vida que había vivido en tan poco tiempo… Todo eso… Los buenos y los malos tiempos, los lazos, los recuerdos, su nombre… él no recordaría nada de eso, al menos no por un tiempo. No lo borré todo, eso hubiera sido crueldad. En lugar de eso, junté sus recuerdos, dejando habilidades básicas que lo convertirán en un miembro funcional de la sociedad para que no sea como un bebe, y las comprimí en un rincón de su mente.

Básicamente, le di amnesia, y si algún especialista en la mente entrara en su mente vería solo eso. Amnesia inducida por un trauma.

Acaricie su desfigurado, vendado rostro.

―Ahí lo tienes, solo olvídalo todo, Naruto. Olvida el dolor, y yo te dejaré ser olvidado.

-o-o-

Habían pasado casi dos semanas. Dos semanas y el chico me asustaba con la manera en que sanaba. Estaba sorprendido, pero sabía que tenía que ver con la bestia encerrada dentro de él. Estaba seguro de que este chico era la persona que la vieja sacerdotisa Lady Mizuki había mencionado, pero no estaba muy seguro acerca de su rollo acerca del destino. Al menos no todavía.

Una semana antes, el interior de Naruto era algo como… moco. Ahora, tenía un sistema completamente funcional. Pulmones, hígado, riñones, bazo, nervios, intestinos, vejiga, venas y arterias, estómago, y prácticamente cada parte que había sido destruida estaba ahora como intacta. Oh, claro, aun había quemaduras en la piel, pero no era nada comparado con las heridas iniciales.

―Es especial como tú – le dije a Momo ―. Solo que mientras tú tienes un límite legítimo, él no habilidades familiares ni límites, gracias al zorro que tiene dentro. Los zorros son algo especial, hime, recuerda eso. Existen en ambos mundos, o sea que son capaces de viajar del mundo de los muertos al mundo de los vivos. Un signo de vida, y un presagio de muerte.

Como siempre, ella solo parpadeo con sus inteligentes ojos marrón. Creo que me entendía, pero no decía nada porque Momo no hablaba. Pasó gracias al trauma que atravesó, y no digan que no pasa porque le pasó a ella. La niña presenció la muerte de sus padres… las mismas personas que yo no pude salvar. Las mismas personas a las que la niña se parecía tanto.

― Lo siento ― le dije.

Hacía eso a menudo. Disculparme por algo que no pude controlar, algo por lo que ella no me culpaba. Sentía como si mi interior se derritiera cada vez que ponía su mano obre la mía, cada vez que me sonreía. Me calentaba el corazón… y traía recuerdos de mi hijo a su edad. La muerte de Yousuke se volvió muy real entonces y empecé a sufrir su pérdida el resto de la noche.

Pero no podía dejar que mi vida se me fuera en la pena, no con Momo a mi cargo. No podía sentarme a llorar tampoco. Naruto me ayudaba con eso, porque mis pensamientos estaban siempre con él y en su recuperación. Era un remedio con efectos secundarios pues, cada vez que lo veía, reparaba en lo mucho que se parecía a Yousuke. Ese muchacho, de casi la misma edad que mi hijo, de casi la misma estatura, y casi la misma apariencia.

Pasaron solo tres días antes de que la piel de Naruto recuperara su apariencia normal, sin cicatrices ni manchas. Era impresionante. Cuatro días después, los huesos rotos de piernas y brazos se habían reparado, como si jamás hubieran estado rotos. Incluso sus costillas faltantes estaban ahí de nuevo, y el cráneo sanaba lenta y continuamente. Era un proceso mucho más lento que el del resto del cuerpo, y el hecho de que intervine en su mente no ayudaba. Sería capaz de vivir, pero no tendría idea de quién o qué era.

Sería solo un chico. Un adolescente sin pasado, sin recuerdos, sin razón para vivir. Lo veía respirar y mi corazón se hundía. Como me recordaba a mi hijo, como me hacía imaginar situaciones… ¿Serían ellos amigos si se conocieran?

Yousuke no era más que un civil más, mientras que Naruto era un shinobi. Sus estilos de vida hubieran definitivamente chocado, pues Yousuke era miembro libre de su nación, y Naruto una herramienta de su estado. Pero, Naruto era libre a su manera, no siguiendo código ni nada…, tenía su nindo, su propio camino ninja.

―Pienso que serían buenos amigos ― le expliqué a Naruto mientras dormía, completamente inconsciente del mundo que seguía moviéndose sin él en el ―. Yousuke también creía que el mundo sería algún día uno solo. Que un día, no habría más conflictos, ni más hambre, ni más guerra… También él creía en la paz.

Naruto despertaría pronto. ¿Qué le diría entonces? ¿Quién será? ¿Olvidaría Naruto la vida que tanto lo lastimaba…? Me preguntaba si podía darle una vida aparte. Una que no fuera de él.

―No ― discutía conmigo mismo en la noche, mientras intentaba dormir ―. Eso sería inmoral. Estaría mal.

Pero, replicaba una voz en mi cabeza, sería como tener una segunda oportunidad. Aun si no es lo mismo, podrías recuperar lo que has perdido. Las cosas que podrías haber tenido, las cosas que Naruto podría haber tenido. Recuerda, Kenji. Este es tu destino. Es el destino de Momo, el destino de Naruto. Haz esto, y tú formarás tu destino.

―Sí… ― murmuré, perdido entre la demencia y la racionalidad ― Eso es cierto. Sí…

Y aun así no estaba seguro… si lo que estaba haciendo, si lo que iba a hacerle estaba bien.

Naruto había crecido solo y sin reconocimiento, pero había encontrado amigos y gente que amaba con el tiempo. ¿Estaba bien de mi parte quitarle todo eso, esconderlo para salvar a Sawa? ¿Para darle a Momo el guardián que la Anciana juraba protegería de la princesa? ¿Para satisfacer mi necesidad de tener aunque sea parte de mi hijo de regreso, de tener una segunda oportunidad? ¿Estaba bien?

Cerré mis ojos.

―Claro que no está bien. Mentiré… y diré que lo está.

Empecé con las preparaciones. El plan general y lluvia de ideas, verificando mis formulas para estar seguro de que no destruiría la mente del muchacho. Tora me salvó de nuevo, cuidando a Momo, lo que no creo que le molestara. Había llegado a querer a Momo en los últimos días, y tenía curiosidad acerca de Naruto.

Mi mente desvariaba y apenas me di cuenta de donde estaba hasta que choqué contra una pequeña pared de piedra. Las tumbas de mi esposa, mi hijo, y la mía, donde reposaba el cadáver de Ichikita Kenji, un granjero local sin ningún pasado en particular del país de Pantano.

Mi familia descansaba ante mí, cada uno en su ataúd, disponibles para que hiciera lo que sea que iba a hacer.

Pero, ¿en verdad iba a hacerlo?

¿En verdad iba a destruir el lugar de descanso de mi hijo, descubrir su cadáver y luego quitarle el cerebro para extraer sus recuerdos, sus experiencias y pasarlas a la mente en blanco de Naruto?

¿Por qué estoy haciendo esto? Pensé, lleno de pánico.

No, en serio, ¿por qué? ¿Por qué debería hacerlo? Extraer los recuerdos de mi hijo… tratar de convertir a otro chico, Naruto, en Yousuke, y para acabar, convertirlo en el hermano de Momo.

Pero, ¿por qué tenía aun a Momo? ¿No había nadie más que la cuidara, que la protegiera? Y si sí, e incluso si no, ¿por qué escogerme a mí?

Había tantas preguntas y sentimientos y presentimientos y negación que… decidí tomar el asunto desde un aspecto científico.

Si hago esto y llego a mi meta, habré superado a cualquier doctor, a cualquier científico de mi época y la que sigue. Pensé, contemplando los ataúdes de mi familia. ¿Está esto bien? ¿Lo haré en serio? Y si sí, ¿por qué? ¿Cuál es mi motivación?

―Tener una familia de nuevo… ― concluí, escuchando a mi voz hacer eco en la oscuridad, como si no fuera mi propia voz en lo absoluto.

Naruto podía no ser Yousuke… pero yo lo haría tan parecido como fuese posible. Yo… tendría a algo de mi hijo de regreso. Descansé mi mano sobre el ataúd de mi esposa.

―Perdóname, mi Amor.

-o-o-

― ¿Quién es este? ― preguntó el encargado mientras entraba con Naruto en una camilla. Estaba disfrazado, por supuesto. Si se preguntan por Momo, no se preocupen. La cuidaba de nuevo Toratsume.

―No lo sé en realidad ― declaré con un acento fingido ―. Solo hago lo que me ordenan.

Supuse que sería mejor llevar a Naruto a una clínica cercana. Lo hubiera llevado al hospital que una vez estuvo a mi cargo, pero me preocupaba que el personal me reconociera. Aun con el jutsu reconstructivo que había aplicado en mi mismo sabrían que soy yo, por mis ojos y mis dientes perfectos (¿Qué? ¡Son perfectos!).

Dejaron a Naruto en una habitación con otros tres pacientes, que como él estaban en coma. Cuando me fui, miré una vez más hacia atrás… no, está bien… aun sí es una mentira, estará todo bien. Entonces vi los nombres en las paredes. A lado de la habitación de Naruto, había una Ichikita. Mi estómago se hizo un nudo. El encargado firmaba papeleo cuando me cachó mirando a la habitación. Estaba vacía a excepción de una niña pequeña- era una cosa pequeñísima, de siete años, largo cabello café y ojos azules.

― ¿Qué le pasó a ella? ― pregunté, mirando a la niña completamente calmada en la cama, una sabana enredada alrededor de ella, sus rodillas contra su pecho y los brazos abrazando las rodillas.

―Oh… es una historia rara, la de ella. Verá, ni si quiera estuvo en el ataque a Sawa, es una refugiada del país de la Lluvia. Su familia murió en la guerra ninja. Cuentan que su familia fue capturada por ninja enemigos y que decidieron "jugar" con los prisioneros ― mis ojos se dilataron ―. Ya sé, enfermo ― el encargado parecía enojado, y su ceño estaba fruncido ―. Forzaron a la niña a ver como mataban a su familia, uno a uno. Luego la violaron y la torturaron, la dejaron pensando que estaba muerta. Se pone histérica si se le acerca un ninja. Si alguno la toca se congela y se pone a llorar. Nadie puede ayudarla. Ojalá el chico que trajiste sea de su familia, sino no habría razón para dejarla aquí.

Miré al encargado.

― ¿Nadie puede ayudarla? ― él asintió. Mi estómago ardía con el coraje que me provocaba su falta de empatía ― ¿Cómo se llama?

―Ahhh… ― miró sus notas ―Oh, Hazuki. La llevarán pronto a otra clínica, una que pueda manejar a alguien como ella, a menos que alguien se la lleve en la semana.

―Hazuki ― murmuré.

-o-o-

Normalmente no dejamos que la gente vagabundee por la clínica, señor Ichikita, pero hay tantas familias desintegradas que es más fácil dejarlas pasear por la clínica en busca de rostros familiares ― la enfermera dijo mientras yo acomodaba a Momo en mis brazos ―. Es usted uno de los afortunados, ¿no?

―Afortunado, sí… ― murmuré.

Había pasado una semana completa desde que deje a Naruto en la clínica, y esperaba que aun estuviera ahí. Tenía mucho trabajo que hacer en solo unos días.

La enfermera acercó su rostro al mío, murmurando más.

―He sabido que los ninjas de la Konohagakure andan por aquí también. Buscando a un niño perdido que se llama Naruto ―rió mientras yo desviaba la mirada, sentía mi interior pesado con remordimiento ―. En serio, ¿quién llama así a su hijo?

Yo me encogí de hombros. En ese momento Momo empezó a tirar de mí. Me detuve para verla. Sus ojos estaban fijos en una puerta abierta. No podía ver dentro de la habitación, pero Momo sí. En la puerta se leía, Ichikita.

―De acuerdo, empecemos por aquí ― pedí.

La enfermera siguió su camino, sin dares si quiera cuenta de que la habíamos dejado hablando sola. Empujé la puerta un poco, y me vi cegado por la luz del sol. La sentí menos cuando cubrí mis ojos con mis manos. Fue entonces que lo vi. Yousuke, mirándome y sonriendo, asintiendo como para decirme que todo iba a estar bien. Como si no estuviera enojado por lo que había hecho, por lo que iba a hacer, por lo que ya había empezado a hacer.

―Hijo…

Bajé mi mano, y la luz de nuevo me cegó, llevándose con ella la imagen de mi hijo muerto, entonces vi a Naruto, de pie ante la ventana, mirándome con su único ojo azul.

Sonreí.

―Hola.

Su cabeza seguí vendada, así como el lado derecho de su rostro, pero podía ver hebras de cabello brillante como el sol salir de debajo de la venda. Se puso a la defensiva y cruzó los brazos.

―No eres otro psiquiatra, ¿o sí? ― preguntó molesto.

Estaba sorprendido. No esperaba que hablara tan rápido.

―No.

― ¿Un psicólogo? ― preguntó de nuevo, aun suspicaz.

Yo me reí.

―No. Solo busco a alguien.

Momo se acomodó en mis brazos. Se estaba inclinando hacia Naruto, sus brazos extendidos, sus dedos intentando alcanzar al adolescente mientras él solo la miraba. No esperaba la sonrisa brillante es su rostro marcado por seis marcas como de bigote, o que avanzara y la tomara en sus brazos.

―Hey, quieres que te abrace, peluche de durazno ― rió alegremente el chico, abrazando a la niña. Como si lo hubiera hecho toda su vida, tomó las manos de ella y la apoyó en su cadera, permitiéndole rodearlo con sus bracitos. Me miró y dijo ―. Es raro. Los niños aquí me persiguen todo el día para que juegue con ellos y no sé por qué.

― ¿De verdad? ― le pregunté, perplejo ― Tal vez por eso Momo quería entrar aquí, para verte. Si te molesta…

― ¡NO! ― exclamó, aferrándose a Momo, y ella se aferró a él.

Los dos me vieron como si estuviera por separarlos por siempre, lo que me sacó de lugar. No había empezado a alterar los recuerdos de Yousuke en la mente de Naruto, o intentado formar un lazo emocional entre ellos, y ya tenían algo que los unía. No sabía cómo había pasado, pero tenía que haber sido mientras él reposaba inconsciente con ella. Cómo o por qué, no sé.

―En verdad no me molesta ― su voz se volvió triste como su rostro mientras empezaba a explicarse ―. En verdad me gusta la compañía… no me gusta estar solo. Da un poco de miedo, porque no puedo recordar nada de lo que me sucedió. No me acuerdo de nadie de mi familia y no tengo amigos… ni si quiera puedo recordar quién soy, solo que soy Ichikita Yousuke ― se encogió de hombros, mirando a Momo antes de terminar ―. Los doctores dicen que tengo una mente en blanco.

―Una mente en blanco ― comenté ―. Que interesante.

―No en realidad ― replicó Naruto. Después le sonrió a Momo, pues esta le había sacado la lengua. Me miró y agregó ―. Porque no hay nada ahí que sea interesante.

Reí un poco, lo que le complació. Sonreí antes de seguir preguntado.

―Así que no te importaría cuidarla un rato, ¿verdad? Tengo que ir a buscar a mi otra hija.

― ¿Tienes dos hijas? Odiaría ser tú ― comentó Naruto. Momo había empezado a quitar su vendaje, y enrollarlos en su propia cabeza y brazos ―. Van a ser un doble desastre cuando crezcan ― rió ―. Buena suerte con eso.

―Sí, dos hijas, pero también tengo un hijo. Un hijo mayor para proteger a sus hermanas ― le comenté ― y un buen contacto en la Milicia para asustar a los chicos cuando sea necesario.

―Oh… apuesto que eso estaría genial ― no el contacto, pero ser un hermano… un hermano mayor ― murmuró Naruto. Miró a Momo y le dijo ―. Tu hermano debe ser fuerte para protegerte porque vas a causar muchos problemas ya puedo verlo. Habrá niños en fila para verte y el tendrá que vencerlos a todos.

Ella solo sonrió, mostrando sus dientes, su cuerpo agitándose en silenciosa risa. Naruto frunció el ceño y me miró.

―Hey, ¿qué está mal con ella? Me acabo de dar cuenta que no hace ruido. ¿Está rota o algo?

Reí.

―Podría decirse así ― dije―. Como tú, ella también sufrió un trauma. Solo que el tuyo te ha obligado a olvidar cosas y el suyo la ha dejado muda. Sus cuerdas vocales están bien, pero no las usa. No importa qué, no quiere hablar, como si hubiera jurado permanecer en silencio.

Naruto volvió a fruncir el ceño.

― ¿Cómo puede una niña tan pequeña estar tan traumada que se rehúsa a hablar o hacer sonido?

Respondí a su pregunta antes de salir por la puerta.

―Su madre la tenía en brazos, suplicándole que guardara silencio para que no las encontraran. Sin poder evitarlo, ella siguió llorando, y las encontraron ― el ojo de Naruto se abrió con la sorpresa ― ¿Lo entiendes ahora?

Él asintió con tristeza y abrazó a la niña contra su pecho. Momo rodeó al joven con sus brazos por instinto.

―Regresaré ― le dije, y de nuevo, el solo asintió. Sentía que él podía vigilar a Momo, y eso me daba tiempo para empezar a alterar los recuerdos de Hazuki.

-o-o-

Durante los siguientes tres días, trabajé como un científico loco. Me gusta el término, científico loco…

Era difícil al principio, porque Naruto parecía estar siempre despierto, con ganas de jugar con Momo y los niños; Hazuki era tan tímida que era imposible trabajar con cualquiera de ellos en las horas de visita. Yo tenía que trabajar con ellos en la noche, en secreto y rápidamente, sin ser descubierto. Toratsume vigilaba a Momo por las noches cuando yo me colaba en el hospital y trabajaba toda la noche en Naruto y en Hazuki.

No era fácil manipular el cerebro, jugar con los recuerdos. Hay billones de células, millones de conductores y recibidores eléctricos y nada más que montones de nervios que controlan el cuerpo. Aunque nadie lo pensaría así, el cerebro humano nos conecta y mantiene las tres partes que nos conforman juntas. Nuestro cuerpo, nuestra alma y cuerpo trabajan todos juntos y en armonía durante nuestra vida entera gracias l cerebro, así que si algo altera esta armonía… ya se dan una idea. El cuerpo, el alma y la mente pueden todas perder el equilibro y no trabajar como deben. Era una tarea que consumía mucho tiempo y tiempo era algo que yo ya no tenía. Los ninja de Konoha estaban ya en el pueblo, y mi tiempo, por el momento se había acabado. Al menos por ahora.

Entré al cuarto de Naruto con Momo sosteniendo mi mano derecha y Hazuki la izquierda. No había sido difícil que Hazuki llegara a estar en mi cuidado. Solo había dejado pequeñas y fotográficas memorias de mi persona en su mente, así como un sentimiento de confianza, y, ¿me atreveré a llamarlo así?, de amor en su mente. Eso provocó que "me recordara", aun si no me conocía. Fue dejada a mi cargo un día antes que Naruto.

Ahora era el turno de él.

―Buen día, extraño ― le dije a Naruto, logrando que se moviera en la cama y nos mirara.

Había trabajado con él toda la noche y no era fácil tratar de meter recuerdos en un chico que poseía otra identidad dentro de él. El zorro de nueve colas se mostraba como un verdadero obstáculo para mi trabajo, pero, logré, literalmente, circunvalar al Kyuubi y meter en la mente de Naruto los recuerdos que él necesitaba tener para recordar de pronto a Hazuki, a Momo e incluso a mí.

Su único ojo parpadeaba intensamente mientras yo lo miraba, preguntándome si todo estaría bien. Preguntándome si todo se acomodaría como debía y deseando que no hubiera complicaciones.

Hazuki soltó unas lágrimas, mirándolo.

―Hola, hermano mayor.

Ella se acercó, sus labios temblando cuando él solo la miró. ¡No funciona! Pensé cuando Naruto no hizo nada. Y entonces se arrodilló ante la niña, y me quedé congelado. ¡Por Kami! ¡Lo había arruinado!

Imooto, ― lloró, una sonrisa formándose en su cara mientras extendía sus brazos. Momo se lanzó hacia él, y Hazuki la siguió, ríos de lagrimas cayendo de sus ojos. No pasó mucho antes de que los tres empezaran a chillar, los gemidos de Momo siendo silenciosos.

-o-o-

Tuve que esperar dos días. DOS DÍAS para sacar a Naruto del hospital. Tuve suerte de que los ninja de Konoha estuvieran en el hospital a Aobusato buscando a Naruto, pero no faltaba mucho para que llegaran a este hospital.

―No puedo esperar para salir de aquí ― declaró Naruto, estirando sus brazos ―. Pareciera que no he salido jamás de esta habitación.

― ¿Puedo lavar el cabello de ani cuando la señorita enfermera le quite el vendaje? ― pidió Hazuki.

Momo seguía jugando con las vendas, y yo no podía más que sonreír. ¿Estaba esto mal? Lo que había hecho, ¿estaba en realidad mal?

―No, no vas a lavar mi pelo ― replicó Naruto, mirando a la niña.

― ¡Pero apesta! ― señaló Hazuki.

― ¿Y?

―En fila, niños, es hora de una foto ― pedí, haciéndolos moverse de la cama.

Naruto puso a Momo en sus piernas, Hazuki rodeó a Naruto con los brazos por el cuello y sonrió tan felizmente como pudo. Naruto sonreía aun más.

― ¡Whisky! ― Hazuki y Naruto dijeron a coro.

El flash se apagó y lo supe. Supe que lo que había hecho estaba mal. Era corrupto e inmoral pero no me lo parecía así. Tenía que creer que lo que había hecho estaba bien, que era lo correcto. Y viendo a un chico que una vez había estado solo y no tenía familia de pronto tener una… en realidad me llegaba al corazón (Y sí, tengo uno).

―De acuerdo, Yousuke ― dijo la enfermera, entrando a la habitación ―, quitémoste esas vendas para que puedas ir a casa.

― ¡Yosh! ― El adolescente, no más Naruto, pero Ichikita Yousuke, exclamó golpeando el aire.

No le tomó mucho a la enfermera quitar las vendas. En cinco minutos, una larga pila de ellas reposaba en la barra de metal, y la enfermera estaba trabajando ahora con la que cubría la parte derecha de su rostro. Le quitó el parche y su ojo parpadeo. Me quedé con la boca abierta cuando los abrió. No solo un ojo, sino dos ojos.

―Bueno, esto sí que es extraño ― murmuró la enfermera ― debía ser equipado con un parche.

―Tal vez fue un error ― declaré con rapidez, viendo como cerraba los ojos una y otra vez. Le pregunté al respecto ―. ¿Estás bien?

― ¿Qué? Yo, sí que estoy bien ― respondió con una sonrisa ― es solo que… no sé. Siento como si fuera la primera vez que lo uso, ¿sabes?

La enfermera se rió.

―Bueno, ha estado vendado por un buen tiempo. Probablemente está sensible.

Sensible porque se ha regenerado por completo… ¡Ese maldito zorro hace maravillas! Pensé, maravillado.

Ella se giró luego hacia mí.

―Tendré que traer un poco de papeleo ― dijo ―. Volveré en un segundo, ¿okay?

Asentí, solo rezando para acabar con todo pronto. Lo que la enfermera declaró como solo un segundo, se convirtió en cuatro horas de espera. El doctor quería asegurarse de que Naruto estuviera bien, checar su ojo y, demonios, estaba tan aguado por el tiempo que cuando nos dejaron ir, ni si quiera noté todos los shinobi en el edificio.

―Ahh, esto es genial. ¡Nos vamos en carruaje! ―exclamó Hazuki, corriendo hasta el taxi.

Momo intentó correr hasta el equipo de caballos, pero Naruto no la dejó irse por su cuenta. La tomó en brazos y la llevó ata el taxi, pidiendo la ayuda de Hazuki para meterla en el compartimento.

― ¡NARUTO!

Al instante, Naruto se giró y miró a través de la multitud. Mi corazón latía como loco, sintiendo el peso de una bomba en mi estómago. Me giré hacia la clínica y fue entonces que la vi. Una chica de cabello rosa, llena de ansiedad, tratando de alcanzarnos pero siendo detenida por la congregación de gente y tráfico. Eso era todo. Mi plan, mi trabajo… todo para nada.

― ¿Papá? ¿Chichi? ¿Otra vez estás fantaseando?

― ¿Yousuke? ― exclamé, mirando al chico rubio en el carruaje.

― ¿Estás bien, pa? ― preguntó.

Asentí tontamente mientras mi estómago se encogía con la emoción y la felicidad. No había sido llamada así en lo que parecían siglos. Me hizo olvidarme de todo… mi culpa, los ninja, mi vida pasada. Me recordó que había logrado crear una vida completamente nueva para mí, y tres hijos. Mis hijos.

― ¡Vamos, papi! ―agregó Hazuki a través de la ventana ― ¡Ya vámonos!

El adolescente rubio me sonrió entonces.

―Sí vienes, ¿verdad?

―Claro, Yousuke. Yo también voy, hijo.

*Los nombres de los padres los pone ella con sus "apodos" ninja. Yo no me los sé en español, así que puse los nombres.


Y eso es todo felices mariposas. Buenas noticias: SLTora ya subió el que sigue. Malas: No lo traduciré hoy. Esperenlo en una semana. =9

Gracias por leer,

Lilamedusa.