Hola. Esta historia se llama Oblivion (Olvido) y ha sido escrita por una GRAN autora, cuyo penname es SLTora (.net/u/2056651/SLTora) , o para quien prefiera buscar el fic en inglés (.net/s/5470178/1/Oblivion). Hace unos días le pedí su permiso para traducirla, y, ¡me lo dio!
Solo me falta un capítulo por traducir y luego SLTora no ha escrito más. Disfruten éste y nos leemos en la semana.
Disclaimer: Naruto no es mío, y esta historia tampoco.
Oblivion 24
Y el caos reina…
Ino dejó escapar un grito que te pondría los pelos de punta, sosteniendo con fuerza los lados de la cama, su espalda arqueada con el dolor. ¿Se suponía que doliera tanto?
—Está perdiendo demasiada sangre — murmuró Shizune a una enfermera —. Trae tres bolsas de O positivo. —Sí, señora — replicó en voz baja la mujer, mientras, Ino gritaba, sufriendo los dolores de la maternidad.
Cuando la contracción cedió, la dejó jadeando, sudando mientras Shizune cubría con una franela mojada su frente. Estaba tan pálida…
—¿Ha vuelto? — preguntó Ino, con lágrimas en los ojos — ¿Está Sasuke aquí?
Shizune frunció el cejo.
—No, no aún.
Ino desvió la mirada y cerró los ojos, dejando a sus lágrimas correr.
—Algo le ha sucedido… algo no está bien, estoy segura — lloró, siendo repentinamente invadida por sollozos.
—Shh, está bien, Ino. Por favor, tienes que calmarte — Shizune susurró, inyectando un fluido transparente en la intravenosa —. Piensa en el bebé, Ino. Tienes que calmarte.
Cuando otra contracción se apoderó de ella, Ino gritó de dolor y pena. La sangre se mezclaba con el fluido amniótico que caía al suelo. Shizune maldijo en voz alta cuando el monitor del bebé empezó a vibrar. El corazón del bebé latía de manera errática, y empezó a alentarse. El grito de dolor de Ino se cortó en un momento, y todo su cuerpo se quedó quiero. El monitor del corazón de la chica empezó a mostrar una línea recta, y todos en la pequeña habitación se llenaron de miedo.
–o-o–
Hazuki mantenía la mirada en el suelo cuando ella y sus amigos fueron guiados silenciosamente a su encarcelamiento. El edificio no era tan grande, y empezaba a, de a poco, llenarse. A veces los soldados traían ciudadanos. A veces, tres o cuatro ninjas débiles eran llevados al edificio, necesitando siempre de alguien que les ayudara con sus heridas.
—Todo va a estar bien — dijo Hazuki, elevando la mirada y observando por la ventana la desierta calle. Cuando vio a una persona fuera, pudo identificarla al instante, murmurando su identidad —. ¿Hermano?
Como en un trance, Naruto caminaba por la aldea con dos adolescentes inconscientes sobre sus anchos hombros.
Hazuki llevó su mano a la ventana, llamándole.
—¡Naruto! ¡Ani! ¡Hermano! ¡Naruto! ¡Ayúdame! ¡Naruto! ¡ANI!
Él siguió caminando. Ni si quiera volteó a verla.
Hubo una explosión en el edificio, y de repente la habitación estaba inundada con humo. Hazuki tosió al respirar el denso humo, y luego se congeló cuando vio oscuras figuras que se movían en el humo. Los demonios caían, y los ninja vencieron con facilidad a los guardias. Cuando el humo se despejó en la habitación, no había ya más que humanos.
—Todos tienen que guardar en silencio — dijo un hombre alto de cabello café y la sombra de una barba en el rostro. Una bufanda verde rodeaba su cuello mientras se movía a través de la multitud, diciendo —. Hagan una línea, pongan las manos sobre los hombros de su vecino. Udon los llevará lejos de aquí y a un lugar seguro. Recuerden evitar el pánico, y no hacer ningún ruido.
Cuando Chiku y Takashi se formaron, Hazuki se acercó al shinobi.
—Hey, ninja.
—Por favor, en línea, señorita Uzumaki — dijo el hombre.
Hazuki negó con la cabeza.
—No, espere — dijo —… mi hermano está afuera. Acabo de verlo en la calle. Parecía como si Momo y su amiguito de la escuela estuvieran con él, y tengo miedo de que algo no vaya bien. Puede que estén heridos…
—No se preocupe. Lo alcanzaré y me aseguraré de que todo esté bien, ¿de acuerdo? — dijo, y luego sonrió y elevó su pulgar — No se preocupe, Uzumaki-san. Todo estará bien. Haga una fila con el resto de los ciudadanos, vaya a donde pueda limpiarse y curar sus heridas. Naruto me matará si te ve así.
—Gracias — sonrió Hazuki aliviada.
El ninja sonrió y desvaneció en un haz de humo.
Naruto no parecía dares cuenta de que había monstruos apoderándose de la villa, y no parecía importarle. Hike y Momo estaban los dos sobre sus hombros. Si veías más de cerca, podías ver que sus manos estaban atadas con un manojo de lianas que también rodeaban sus cuerpos y piernas. Incluso sus bocas estaban atadas de esta manera, a pesar de estar los dos niños sedados e inmóviles. El hombre solo caminaba, y por raro que parezca, nadie parecía notarlo. Nadie más que Konohamaru.
¿Qué estás haciendo? Pensó Konohamaru, mirando al rubio desde atrás de un árbol.
Hubo un grito agudo. Konohamaru podía ver como el báculo flotante paraba en medio de la calle. Naruto también lo vio pero, en vez de evitarlo, caminó directo hacia él.
—Naruto, hermano, ¿qué estás haciendo? — preguntó Konohamaru, corriendo hacia el hombre de cabello dorado.
Naruto se giró hacia él. Antes de que Konohamaru se diera cuenta, lianas verdes y cafés se dirigían hacia él y lo atravesaban por el estómago, subiendo a su pecho y luego a su garganta. El moreno se quedó inmóvil cuando las enredaderas se adueñaron de su torso y de su rostro, haciéndolo pedazos. En lugar de sangre y carne partiéndose a la mitad, había un tronco en medio de las enredaderas.
Konohamaru lucho por recuperar la respiración mientras intentaba no moverse, oculto tras un edifico. ¿Qué demonios fue eso?
Lentamente, rodeó el edificio hasta volver hasta donde estaba Naruto con Momo y Hike sobre sus hombros. Las enredaderas salían de los dedos de Naruto y parecía que algo se movía bajo su piel. Konohamaru se estremeció ante la vista y lo supo… esa cosa no era Naruto. Era algo más.
Sacó un kunai de su bolsa y lo rodeó con un pergamino explosivo. Apuntó al suelo cerca del hombre de enredadera para separar al Naruto falso del báculo, y tal vez de los niños…
SPLIFT
Un dolor agudo que pronto se desvaneció le golpeó en la espalda. Konohamaru jadeó cuando vio el filo de lo que parecía una larga aguja negra atravesarle por el estómago. El kunai cayó de sus manos. Empezaba a sentirse muy pesado…
—Ku-ku-ku… no estarás pensando en hacer algo que me aleje de la joya ahora, ¿verdad? — preguntó Kikiyo, girando a Konohamaru hacia ella.
Él soltó un chillido cuando ella extrajo su garra afilada de su espalda, y luego lo hizo a un lado. Desvió su mirada en dirección del Naruto falso y empezó a reír y aplaudir.
—¡Amo cuando las cosas se resuelven! — dijo.
—Deja… ¡Déjalos solos! — Konohamaru intentó ponerse de pie con sus manos y rodillas pero se sentía tan pesado.
— ¿Qué vas a hacer al respecto? — rió Kikiyo, dirigiéndose a su premio.
Los dedos de Konohamaru se deslizaron hasta el kunai. El joven jadeaba mientras intentaba forzarse a sí mismo, empujando cada fibra de su ser para ser capaz de sostener el arma. Cuando al fin lo logró, tuvo que centrar toda su concentración en alzarlo del suelo, y luego arrojarlo cerca de la sacerdotisa.
Cayó un poco lejos, pero aun funcionaría.
—Ja… No sabes con quién estás tratando, nena — dijo Konohamaru, haciendo que la miko se girara hacia él. Él sonrió brillantemente, el sudor recorriendo su frente —. Yo soy Sarutobi Konohamaru, futuro Hokage… Kai.
Los ojos de Kikiyo se dilataron cuando la explosión la empujó hacia atrás, así como al falso Naruto, su carga y al báculo. El polvo y el humo de inmediato se distribuyeron por el área e iluminaron el aire con brillo incandescente. Las llamas y el humo lamieron el aire y evaporaron la lluvia por unos segundos, luego volvió la lluvia, con pedazos y fragmentos de escombro.
—Ja… Lo hice — murmuró Konohamaru. Luego colapsó en la banqueta.
De debajo de las pilas de Madera y mugre, la sacerdotisa se sentó erguida. Con una explosión de energía telekinética, el escombro sobre y alrededor de ella salió volando. Su ceño estaba profundamente fruncido, y su puño en el aire mientras gritaba maldiciones que expresaban su ira. La energía fluía a su alrededor y obligaba a la lluvia a evitarla, provocaba que si cabello volara salvajemente alrededor de su cabeza y que sus ojos brillaran con un rojo más intenso.
—Pequeño bastardo—siseó mirando al caído Konohamaru que solo se rió de ella.
Kikiyo escupió sangre en el piso, luego se limpió los labios. Estaba atascada en el suelo, o lo estuvo hasta que raíces surgieron de la tierra y la ayudaron a ponerse de pie.
—Tú — apuntó a Konohamaru con el dedo y sonrió —… Eres bueno, pero no te va a servir de nada. No me distraerás, por supuesto que no. ¡No voy a desatar mi ira en ti aun! — se giró hacia Momo, y continuó — Me haré cargo de esta molestia primero — Kikiyo volvió a ver al moreno — y luego me haré cargo de ti.
La sacerdotisa le dio entonces la espalda, la tela de su atuendo volando tras ella. Tenía la mirada sobre la niña y sonrió. Se limpió el polvo al acercarse más a la niña, y luego extrajo una daga de su cintura. Rió mientras se acercaba más y más a la niña, su sonrisa expandiéndose segundo a segundo.
Momo permanecía quieta, dormida y sin idea de la amenaza sobre ella. La niña respiraba suavemente mientras la sombra de Kikiyo la cubría por completo. Las enredaderas rodearon el cuerpo de la niña y la elevaron gentilmente. Luego, las enredaderas acercaron a la miko la niña.
—¡No puedes hacer esto! — gritó Konohamaru gritó, deslizándose hacia la mujer con su cuerpo inerte — ¡Detente!
—No hay manera de detenerse — dijo Kikiyo, las enredaderas acomodaban a Momo para que la sacerdotisa tuviera fácil acceso a la garganta de ésta —… Todo acaba ahora.
Una bola de fuego golpeó la mano de Kikiyo y la daga cayó lejos. Ella gritó, aferrándose a su mano quemada, y luego se alejó de la heredera de Sawa para ver quién la había atacado.
—¡Por acá, bruja!
Se giró hacia la voz y fue golpeada de frente con una infierno de llamas naranjas de plasma. Las llamas lamían a la miko mientras esta retrocedía con las manos sobre su rostro y cabello en llamas.
Hike desvió la mirada de la mujer que caía gritando de dolor. Se dirigió hacia momo y usó un kunai fortalecido con la temperatura de su jutsu para cortar las enredaderas que mantenían a la chica de pelo color durazno atada. Una vez libre, jaló de ella hasta donde estaba Konohamaru, golpeándola con gentileza en el rostro.
—Momo, vamos, Momo. ¡Despierta! — le rogó Hike mientras la chica empezaba a moverse.
Cuando sus ojos se abrieron, Momo estuvo de inmediato a la defensiva.
—¿Qué está pasando? ¿Dónde estamos? — preguntó con sus manos. Sus ojos se dilataron antes de continuar, aterrorizada — ¿Naruto-ni? ¿Qué le pasó a él?
—No lo sé — dijo Hike, negando con la cabeza —… Momo, ven , tenemos que irnos. Ayúdame con Konohamaru. ¡Tenemos que encontrar un lugar seguro!
Kikiyo dejo escapar un grito de furia y su poderosos ki podía sentirse en el aire.
—Demonios — se quejó Hike cuando vio a la sacerdotisa ponerse de pie —. ¡Se acabó el tiempo! ¡Hora de correr!
—Déjenme aquí — dijo Konohamaru, ganándose las miradas incrédulas de Momo y Hike —. Solo voy a retenerlo. Hike, ponla a salvo. Eso es lo que importa. Ahora, ¡vayan!
Hike asintió y se giró hacia Momo.
—Súbete a mi espalda.
Inclinó la cabeza, confusa, pero no hizo preguntas. En lugar de eso, se trepó a su espalda con su ayuda. Envolvió su cuello con sus brazos y él tomó firmemente sus piernas. Antes de poder si quiera acomodarse en semejante posición, ya estaban en movimiento. Hike corría con una velocidad que en circunstancias normales ella no hubiera podido alcanzar, y se apretaba contra él intentando no ahogarlo con sus piernas o brazos.
Momo veía todo pasar en un borrón irreal. … descubrió que estaba acurrucándose contra Hike, reposando su barbilla contra su hombro mientras sus cabellos, los de él y lo de ella, volaban tras ellos. Hubiera sido completamente alucinante e incluso un poco romántico solo que, por el momento, no lo era. El peligro y la urgencia de la experiencia se tornaron mucho más reales cuando miró hacia atrás y se dio cuenta de que su desquiciada tía estaba pisándoles los talones.
Hike soltó un grito de sorpresa cuando raíces surgieron del suelo, tratando de capturarlos. Con un rápido juego de sellos de mano, una enorme bola de fuego salió de su boca, y las raíces retrocedieron , volviendo a su lugar bajo el suelo. Hike saltó entonces con facilidad, empezando a recorrer la aldea de techo en techo.
—¡Agárrate! — gritó Hike, mirando a Momo.
Tragando saliva, la niña se apretó más a él con brazos y piernas, y ocultó su rostro cuando el chico corrió directo al límite del edificio. Hike saltó entonces de ese techo al siguiente.
—¡Ku-ku-ku! ¡Los estoy alcanzando! — se burló Kikiyo, apareciendo a su lado, parecía flotar, levitar sobre el techo con una velocidad igual a la de Hike.
Cuando ambos niños miraron a la mujer, ambos contuvieron una exclamación. Parecía que el jutsu de Hike no la había afectado. Elevó la mano, sonrió a ambos, y luego la giró en dirección de ellos formando un arco. Una fuerza invisible partió en dos el techo en el que estaban caminando. Éste colapsó y al caer al edificio bajo el techo, Momo soltó un grito que podría a cualquiera los pelos de punta.
El aire salió volando de los pulmones de la niña cuando cayeron al piso. Se giró sobre sí mismo, jadeando en un intento de respirar. Hike gritó de dolor y Momo logró recuperar algo de aire con un jadeo. Se giró hacia él y se dio cuenta de que estaba siendo aplastado por un gran tronco.
—¡H-Hike! — chilló, gateando hasta él.
Una fuerza repentina la golpeó y la lanzó volando en la dirección opuesta. La misma fuerza la estrelló contra la pared, para luego deslizarla contra esta y ponerla de pie. La madera se rompía para luego atarse alrededor de sus muñecas y piernas, luego su estómago y frente, con el fin de mantenerla quieta. Desde el agujero en el techo, Kikiyo bajó flotando, su capa mágica brillaba e iluminaba la habitación, haciendo parecer a la sacerdotisa un ángel.
—¡Déjala sola, bruja! — decía Hike, intentando liberar sus piernas — ¡Deberías estar muerta!
Kikiyo lo miró, luego hizo un movimiento con su muñeca en su dirección. Una onda de energía chocó contra él y toda el área fue destruida con una explosión.
—¡HIKE! — gritó Momo, intentando liberarse de sus ataduras. Nuevas plantas empezaron a nacer del suelo y de la madera, solo que la fuerza de Kikiyo las hacía marchitarse y morir antes de que pudiera ayudar en nada a la niña. Las lágrimas se apoderaban y surgían de sus ojos cuando dejó de intentarlo, miró a la sacerdotisa y chilló — ¿Por qué? ¿Por qué haces esto?
Kikiyo se giró a su sobrina.
—Porque tú eres el único ser en este mundo como yo. Si te permito crecer, serás la única que pueda retar y vencerme.
Momo agitó la cabeza.
—¡No lo haré! ¡No lo hare, lo juro! Por favor… ¡solo déjame ir!
—No puedo hacer eso, porque vendrías por mí, algún día — replicó Kikiyo, parándose al fin sobre el piso, luego caminando hasta la chica —. No lo entiendes aún, eso es todo… no sabes aún lo que eres en realidad… Tenshimoto Uzume.
El nombre no le resultaba familiar.
—Soy solo una niña — declaró Momo.
—No. Oh, no, no, no — dijo Kikiyo, sonriendo y sacando su daga —… bueno, técnicamente, eres una niña, pero vienes de una línea diferente. Una que no es de este mundo, sino del cielo mismo. Somos descendientes directos, querida sobrina, de una Diosa del cielo, de una Tennyo.
—No creo en eso — replicó Momo, frunciendo el ceño.
—¿No? — cuestionó Kikiyo, sonriendo y acercando la daga al pecho de la niña — Entonces explica nuestro lazo con la naturaleza. ¿Cómo puedo juntar dos cuerpos totalmente diferentes y hacerlos uno? Dime, niña, ¿por qué uso la capa ancestral de una Tennyo, la Hagoromo? — replicó Kikiyo con burla y continuó —No me malinterpretes . Tuve que matar mucha gente para poner mis ambiciosa manos sobre esto — una mueca de disgusto se apoderó entonces de su rostro —. Verás, cuando mi hermano, tu padre, se hizo del poder… fui hecha a un lado. Y como mi hermano era, bueno, un hombre, él no podía heredar la capa…
El estómago de Momo se torció en mil nudos cuando Kikiyo aumentó la presión de la daga contra su pecho.
—¡DETENTE!
Kikiyo soltó una ridícula risita y acercó su rostro al de Momo aun más antes de continuar.
—La capa debía ser entregada a la próxima heredera… eso quiere decir que yo no obtendría lo que era, por derecho, mío… en su lugar, la Hagoromo sería entregada a ti cuando cumplieras la mayoría de edad — alejó su rostro del de Momo —. Ves, Uzume – ese es tu nombre y no ese ridículo "Momo", por cierto – el poder de esta capa solo puede ser canalizado por aquellos con sangre de tennyo. Solo las mujeres de nuestro linaje. Tú y yo podemos poseer y controlar el poder de esta capa. ¡Solo una Diosa puede vencerá una Diosa!
Kikiyo empezó a alzar la daga, sus ojos dilatados y enloquecidos.
—¡HERMANO! ¡AYÚDAME! — gritó Momo, y cerró los ojos, preparándose para el momento.
La niña jadeo, esperando… esperando… abrió un ojo, solo para soltar una exclamación y poner sus ojos sobre la brillante daga que se agitaba sobre su pecho. Kikiyo estaba luchando. La daga se acercaba y se alejaba del cuerpo de Momo mientras esta jadeaba de nuevo, mirando con ojos sorprendidos a las dos personas ante ella.
—Te atreves a traicionarme — susurró Kikiyo con el ceño fruncido.
La negra garra en su muñeca apretó con más fuerza, y la mujer gritó de dolor cuando la daga cayó de su mano y ésta se doblaba en un ángulo antinatural.
—Sí, por supuesto que me atrevo — gruñó Shigitsune.
El zorro guerrero torció el brazo de la mujer, girándolo para atrás, y luego, con una poderosa patada, la miko salió volando contra una pared. Luego se giró hacia Momo que lo veía con los ojos muy abiertos.
—¿Hermano? — murmuró Momo cuando se lo miró a los ojos.
—Tienes que ir a un lugar seguro… — murmuró Shigitsune, destruyendo la madera que la mantenía atada.
—¡Q-NO! ¡Me quedo contigo! ¡Hermano! ¿Qué está pasando? — chilló Momo, mientras él la abrazaba gentilmente y la sacaba del edificio — ¿Dónde has estado? ¿Qué te ha pasado?
—Momo— dijo, una vez fuera del edificio, la dejo en el piso, se arrodilló hasta estar a su nivel —… escúchame. Todo va a estar bien, pero necesito que corras. Corre ahora. Hike y Sasuke te están esperando del otro lado de ese edificio — ella buscó el lugar que él señalaba con su mirada —. Por favor… Corre, y sigue corriendo. No pares hasta que estés segura en la montaña, ¿sí? Promételo.
—¡Prométeme que estarás bien! ¡Prométeme que volverás!
Él sonrió.
—Lo prometo, Usaai. Tu hermano irá a casa contigo. ¡Tu hermano siempre estará aquí para protegerte!
Había lágrimas corriendo por su rostro cuando asintió y extendió su dedo meñique hasta él. Él sonrió y entrelazó su peludo meñique con el de ella.
—Prometido — lloró Momo, las lágrimas haciendo camino por su rostro —. ¡Te amo, hermano! — gritó, estrellando su cuerpo contra él de él y abrazándolo con fuerza.
—Yo también te amo, imooto — dijo, abrazándola también —. Ahora ve, Momo. Corre.
La niña asintió y luego salió corriendo hacia el edificio.
—Estoy muy decepcionada de ti, Shigitsune. Pensé que serías algo grandioso… Pero, ahora puedo ver que no eres nada más que un experimento fallido.
—Mi nombre no es Shigitsune — dijo, girándose hacia la mujer con un gruñido.
—¿No lo es? — se burló Kikiyo, sonriendo — Y aun así, respondes. Eres mi mascota. Un demonio bajo mi control — elevó su mano y clavó sus ojos en los de él, y el zorro rugió, tomando su cabeza entre sus manos para contener el dolor —. Solo duele si intentas pelear contra mí, Shigitsune. Deja de pelear, ¡solo ríndete! — exclamó, sus ojos brillaban con rabia — Vuelve a tu estado de reposo para que yo pueda matar a esa chiquilla. ¡Desvanécete en la nada!
Cayó de rodillas.
—En la nada…
—Sí… eso es. Acuérdate de que no vales para nada. Que no eres nada.
—Nada… No soy nada — colapsó con una nueva ola de energía, cayendo de rodillas, sangrando por la nariz y las orejas.
—¡No eres nada! — siseó Kikiyo — Escucha a tu mami, Shigitsune, ¡o tendré que destruir cada cosa en esta aldea!
Con un rugid, el guerrero alzó su mirada gasta la de ella y brillante energía naranja empezó a surgir de él.
—¡Mi nombre no es Shigitsune! ¡Mi nombre es NARUTO!
Un viento infernal se acercó y rodeó a la miko mientras Naruto se ponía de pie. Mientras la fuerza eólica de los vientos la rodeaba, mantenía su postura e intentaba mantener el control sobre la mete del zorro, solo que era demasiado tarde. El pelo negro empezaba a desvanecerse y una cola naranja e hirviente aparecía detrás de él.
—¡No soy nada! — exclamó Naruto elevando sus brazos hasta su pecho y, cruzándolos, protegió su rostro — ¡Soy alguien! ¡Vivo y respiro! ¡Tengo un corazón y una mente! ¡Soy Uzumaki Naruto! ¡Y soy una ninja de la aldea oculta de la Hoja! ¡NO SOY NADA! — sus brazos se dirigieron violentamente contra la sacerdotisa y el chakra naranja de inmediato cruzó el aire, destruyendo todo aquello que se cruzaba en su camino.
Aun más pelo empezó a caer del cuerpo del hombre, mientras éste se enderezaba y observaba la onda de chakra sobre el suelo. Kikiyo se mantuvo en su lugar, y usó su brazo para bloquear el chakra. La golpeó y por un momento se vio atrapada en la ola destructiva, pero cuando este pasó, ella permaneció intacta.
—No puedes lastimarme. No cuando estoy usando la capa de la tennyo — sonrió de lado, luego elevó su mano hasta su rostro —. Mi turno.
Soltó un gritó cuando agitó su mano en dirección de Naruto, y éste fue arrojado hacia atrás con la fuerza telekinética. Kikiyo rió y luego levitó hasta él, solo para gritar cuando, desde atrás, Naruto la golpeó con otra esfera rotatoria de energía en la espalda. Se giró rápidamente, solo para ser golpeada en el rostro por un pie humano y ser arrojada hacia atrás. Se estrelló contra uno de los muros de Konoha, y cayó hasta el suelo con la capa volando sobe ella. Ésta empezó a agitarse cuando un rayo de energía roja le golpeó, y Kikiyo se puso de pie. El cabello de zorro negro cayó del rostro de Naruto mientras corría hacia ella, teniendo ahora dos colas naranjas fluyendo tras de él. Con un rugido chocó contra ella, rodeándola con sus brazos. Ambos golpearon la pared con fuerza y la travesaron. Los dos luchaban mientras caían en el bosque, y más y más chakra naranja retiraba el pelo negro del cuerpo de Naruto. Surgió una tercera cola, y las facciones de Naruto se volvieron más salvajes.
Cuando pararon de moverse, Naruto tenía a la sacerdotisa contra el piso.
—¡Invocación del poder sagrado: ¡Exp-raaaahhh! — Naruto la tomó por el brazo, torciéndolo y pronto pudo escucharse como el brazo ser rompía mientras Naruto mantenía el otro brazo en su mano.
—No te atrevas a intentarlo — le soltó.
—¡Oh, supéralo! — dijo ella con un resoplido.
Naruto soltó una exclamación de sorpresa cuando fue lanzado lejos de ella y contra un árbol cercano repentinamente. Sin aire cayó al suelo, mientras la miko se acercaba a él. Usando su mano como control para su poder mental, lo elevó del suelo y lo estrelló de nuevo contra un árbol y mantuvo ahí con la fuerza telekinética que le daba la capa que usaba.
—No lo entiendo, Naruto… Pensé que teníamos un trato. Todos esos feos recuerdos que tanto te lastimaban… ¿No querías olvidarlos¡ ¿Nunca tener que atravesar lo mismo de Nuevo? ¿No era mejor ser ignorante, ser un peón más en mi tablero?
—No te hagas la estúpida, maldita sacerdotisa. ¡Me engañaste cuando estaba más débil que nunca! — le soltó Naruto, mirándola con desprecio.
—No seas infantil — insistió ella. Luego suspiró, tocando la parte de cabello negro que aun estaba pegada a la piel de Naruto —. Tenía todo esto perfectamente planeado, ¿sabes? Perdí muchos guerreros en la cacería de esta bestia para tener su cuerpo y poder usarte como mi propia mascota — tomó a Naruto del cabello, elevando su mirada hasta la de ella —. ¿Qué hice mal?
—No fue tu culpa — dijo Naruto, y la mujer frunció el ceño, haciendo una mueca —. Quiero decir, por supuesto que lo hiciste todo bien.
—No intentes hacerme menos, maldito bastardo.
—¡Oh, vamos! Me tenías. Quiero decir, de verdad me tenías. Ya me había rendido, dejado de pensar, ¿sabes? Quiero decir, ¿qué más podía hacer? La mujer que amaba estaba muerta. Sasuke me mató… ¿Qué más había para mí? Me desvanecí en la nada… y te dejé, ya sabes, tomar mi mente y todo. Pero hubo algo en lo que no pensaste y que te jodió, miko.
—¿Y qué, exactamente, fue eso? — dijo con los brazos cruzados ella.
Naruto agitó la cabeza.
—No existe tal cosa como la nada.
—¿Qué? — gruñó Kikiyo, mirándolo impasible — Claro que la hay.
—No, no existe. Siempre hay algo, en ningún lugar dentro o fuera de este mundo, o en el universo entero, existe la nada… no cuando la mera existencia se la debe todo lo vivo a las moléculas y la energía. El viento no es nada aunque no podamos verlo. La oscuridad tampoco es nada, porque dentro de ella siempre hay algo vagando… así que siempre hay algo, en algún lado. Así que eso me hizo preguntarme, ¿cómo podía yo ser nada, cuando no existe tal cosa como la nada? — declaró Naruto, mientras ella lo miraba. Él sonrió y continuó — Si en verdad querías que tu hechizo funcionara, debiste haberme hecho olvidarlo todo de nuevo… Volver a caer en el olvido.
Ella sonrió.
—Bueno… Supongo que la próxima vez lo haré bien, ¿no crees?
—No habrá próxima vez — respondió Naruto, riéndose por lo bajo.
Frunció el ceño con determinación, sonriendo y pateando a la mujer lejos de él. Ella se aferró a su estómago, mirándole, furiosa. Naruto aterrizó en el suelo del bosque, y la última parte del negro pelo de zorro se desprendió de su cuerpo. Una cuarta cola se empezó a formar en su espalda, y la energía naranja se apodero de su cuerpo, haciéndolo parecer en llamas.
—¿Y qué demonios piensas que puedes hacerme? — rugió Kikiyo, su rostro lleno de oscuridad — ¡Soy una Diosa!
La capa en su espalda se llenó de energía, y empezó a volar tras ella, asemejando a largas alas en su espalda. Su sola presencia tornaba el ambiente pesado.
—Sí — rió Naruto con una nueva ola de chakra que surgía de él y cambiaba su voz a una más grave —. ¡Bueno, yo soy un shinobi de la aldea oculta de la Hoja, dattebayo!
Kikiyo retrocedió cuando el hombre se rodeó de una cortina de humo, y chakra salió en una explosión de su cuerpo. La energía se convertía en una espiral, forzando al humo y el viento a tornarse en un minúsculo tornado que rodeaba el área en la que Naruto estaba de pie. Las hojas y la tierra volaban y eran atraídas por el remolino de viento, y había rayos aun sobre su cabeza. Una risa profunda atravesó el aire y los ojos de Kikiyo se dilataron con el miedo. Hubo una tremenda explosión de chakra que surgió del tornado como una onda que atravesó la aldea y el bosque.
—¡Yo soy Uzumaki Naruto! ¡Y voy a patear tu trasero de diosa!
Una dorada garra surgió de la nube que rodeaba al remolino, estrellándose con el suelo, haciendo que la misma tierra temblase. Los arboles se estrellaron y rompieron en dos cuando una larga cola voló por el aire. Ruiditos animales vibraron a través de las más pequeñas piedras y rocas en el suelo mientras el hocico de la bestia aparecía, rugiendo del remolino de polvo y tierra.
Los ojos de Kikiyo parecían dos platos mientras la silueta negra del hocico se curvaba y exponía los filosos dientes de mármol en una sonrisa feral. Los ojos bestiales color zafiro se cruzaron con los de ella, y el viento se calmó y el humo se disipó, revelando a enorme y dorado/naranja zorro de nueve colas.
—¿Por qué eres tan poderoso? — soltó la sacerdotisa, mirándolo con admiración.
—¿Por qué soy tan poderoso? — dijo Naruto frunciendo levemente el ceño — … Soy poderoso por amor… por el amor de la gente que aprecio… ¡Y no te dejaré que sigas lastimándolos!
El zorro saltó sobre ella, rugiendo cuando dio la vuelta y se lanzó contra ella. Sin moverse lo suficientemente rápido, la sacerdotisa soltó un grito, y se vio atrapada en una prisión de dientes.
Gracias por leer,
Lilamedusa.
