Capítulo 3: Bienvenida

Embry:

Jacob estaba con Renésmee en su casa. Leah con su imprimación Erik que también era lobo. Seth estaba en su casa con Natalie, otra imprimación. Conclusión: yo estaba más solo que el uno. Aunque siempre fui de pensar que quizás peor que el uno porque el dos era algo después de todo. No quería ir a casa y enfrentarme a mi madre devuelta. Quizás debería por fin contarle el secreto. Si, eso mismo, mañana le pediría a Jacob para ir a hablar con ella. Después de todo ya era mayor el riesgo de que no supiera a que si lo hiciera.

Vagué por allí en mi forma lobuna hasta que sentí a Jacob entrar en fase y poco después a Leah y Seth. Estaban todos un poco alterados. Bueno... Seth no. Pero él nunca estaba alterado en ningún momento, en especial cuando se trataba de los Cullen. Por lo que pude captar había alguien más en la casa Cullen. ¿Un nuevo integrante quizás? Si, creo que eso era.

-Todos a la mansión. Esperen a que Nessie y yo lleguemos antes de entrar.-Las órdenes del Alpha fueron aplastantes. Qué raro... y eso que a Jake no le gustaba mandarnos.

Corrí hacia allí lo más rápido que pude y me transformé unos metros antes, si íbamos a entrar iba a ser difícil pasar como humanos. Me encontré con una Leah ya transformada, con mala cara y mirando de brazos cruzados hacia adentro. Enseguida se nos sumó Seth y podía sentir ya los pasos de Jacob y Nessie cerca.

-Oye Leah, ¿sabes qué pasa?

-Los Cullen llamaron a Jacob. Parece que llegó una nueva vampira que se nos va a presentar. Es todo lo que me dijo.

-¿Renésmee sabe algo?

-No más que nosotros.-Leah ni siquiera me miró cuando respondía. Estaba concentrada en intentar escuchar lo que pasaba adentro, pero todo estaba bien silencioso, solo estaba la televisión prendida ya volumen muy bajo.

Creo que no les dije que estaba lloviendo y habían relámpagos... ya ven por qué ninguno tendría muy buen estado anímico en ese momento. No me molestaba mojarme pero el barro y el agua en exceso no era algo que me gustara demasiado, parece que a los demás tampoco.

-Buenas noches.-saludó nessie cuando llegó de la mano con Jake.

Siempre venía con esa hermosa sonrisa suya en los labios y Jacob la miraba como si su mundo entero se fuera a acabar el día que ella no sonriera. A veces me sentía afortunado de no tener imprimación. ¿Ser esclavo de alguien? No, gracias.

-Buenas noches, nessie.-besé su mejilla y sonreí al escuchar las quejas de jake. Celoso.

-Bien, bien, entremos.-murmuró jake.

La mansión Cullen estaba a oscuras pero suficientemente iluminada como para que todos pudiéramos ver bien. Bella se tiró enseguida a abrazar a su hija y Edward se acercó más despacio tras ella. Esme estaba cocinando y vaya que olía delicioso... Carlisle la ayudaba a su lado, Jasper y Emmett hablaban de alguna nueva apuesta en el sillón y no se veía ni a Alice, ni a Rosalie por ningún lado.

-Bienvenidos chicos. Preparé comida para todos.-sonrío amablemente Esme.

Leah aún no se acostumbraba a pasar tanto tiempo entre vampiros pero se tomaba mejor que antes el que viviéramos la mitad de nuestras vidas allí. Ya todos estábamos acostumbrados a comer las delicias de Esme, era ya una segunda madre para todos nosotros. Nos acomodamos frente a la mesa y comimos. Al parecer el asunto no era de tanta importancia y... faltaba algo más... ah, si! ¿Dónde estaba él chico este... Fred?

Era igual de problemático con la sangre de animal que Jasper, pero por suerte estaban los dos mejor. No era un mal tipo, me llevaba bien con él, pero no habíamos pasado mucho tiempo juntos tampoco. Después de todo hacía solo tres años que se había sumado a los Cullen.

-Fred salió a cazar.-me respondió Edward.

-Oh, bien. Espera, Bella. ¿No se supone que tengas el escudo para que él no me pueda leer la mente?-me quejé y ella río.

-No siempre. Me agota un poco.

-Genial. Ahora tendré que cuidar mis pensamientos también en forma humana.-rieron.

Fue ahí que bajaron la duendecilla, la rubia despampanante que Jake daba por hueca y una vampira nueva. Era rubia y hermosa como Rosalie pero mucho más joven. Aparentaba unos quince años, más o menos. Su cara de porcelana y sus facciones delicadas me encantaron, además de que su cuerpo era tan sexy... Ella era perfecta. Pero no era la estrella alrededor de la cual giraba mi mundo.

Estaba vestida y maquillada como una Barbie. Evidentemente la había agarrado el huracán Alice. Traía un vestido corto y azul, con una tela transparente por arriba y su pelo rubio estaba agarrado en una media cola y unos rulos que no le iban a durar mucho gracias a razones biológicas vampíricas.

-Renésmee, perro, Leah, Seth, Embry, ella es Emma. Es nuestra hija,-le sonrió a Emmett-y a prometido adaptarse a la dieta vegetariana al igual que Fred.

Jacob ni se inmutó cuando lo nombró como perro, ya estaba acostumbrado. La miró receloso cuando Renésmee corrió a abrazarla y darle la bienvenida y al ver que Emma le sonreía con timidez y actuaba bien se relajó un poco.

-Oigan, ¿Su familia piensa crecer mucho más? Se multiplican como hormigas-río. Carlisle se le aproximó por detrás.

-Será la última, puedes estar seguro de ello.

-Entonces no creo que halla ningún problema, ¿No chicos?-Leah resopló y lo tomamos todos como una buena respuesta.-Bienvenida Emma.

El resto de la tarde fueron historias, leyendas, bienvenidas, agradecimientos... pasaron como dos o tres horas, quizás más. Emma parecía muy agradable... en realidad, me volvía loco. Era tan hermosa. Edward se dio cuenta, pero no pude evitarlo y el solo se río de mí. En cuanto a Emma, nos contó muy poco sobre ella, casi nada. Rosalie nos dijo que no insistiéramos porque no quería hablar del tema y nadie insistió viendo el lado sobreprotector de la sanguijuela rubia.

Eran como las nueve y media de la noche cuando Fred entró empapado a la sala. Chorreaba agua por todos lados pero parecía no darse cuenta. Se secó en la entrada y se quedó helado. Le tuvieron que presentar a Emma y contar la historia de cómo Rosalie y Emmett la habían encontrado devuelta. Pero él casi ni prestó atención, su mirada estaba siempre fija en ella de un modo tan empalagoso que me recordaba a Jake. O no, no señor, me gustaba a , era turno, estaba harto de estar solo, no me la iba a quitar por más que fueran ambos vampiros y yo fuera un licántropo.

-Ya es hora de irnos.-murmuró Jake y al minuto ya me había arrastrado fuera. ¿Y a este qué bicho le picó?

Emma

Estaba teniendo un gran problema soportando el olor de la híbrida y de los licántropos pero cuando él entró todo dejó de importarme. Era tan guapo. Sus ojos dorados se encontraron con los míos y nos quedamos mirando un par de segundos. Sentía como mariposas en mi estómago y también en mis mejillas, si fuera humana estaría coloradísima.

-Bienvenida a la familia, Emma.

-Gracias Fred. Tú serías como mi... tío, ¿verdad?-quise asegurarme.

-Si, creo que eso es lo que soy. Rosalie y Emmett son como mis hermanos.

-Oh, espero que nos llevemos bien.

-Estoy seguro de ello.-me sonrió. Ay, su sonrisa...

Me removí un poquito, incómoda por culpa de mis propios sentimientos pero se me pasó rápido. Creo que en ese momento fue que Jake se llevó a toda su manada, parecía tener apuro y estar algo preocupado. Pero no me pudo importar menos. Cosas de lobos. Y además Fred estaba sentado a mi lado, hablábamos tranquilamente y no podía evitar aislarme del mundo por completo.

-Y tú, ¿cómo llegaste a aquí?-le pregunté.

-Pues... es una historia larga y algo complicada...-contestó pausadamente- Pero tengo un auto nuevo que me gustaría estrenar. ¿Te apetece ir conmigo a Seattle? Es el lugar perfecto para oír la historia.

-Claro... me encantaría, ¿vamos?

El auto de Fred era EL auto de Fred. Un Audi R8 rojo nos esperaba afuera. No me gustaban los coches rojos pero eso era increíble. Hizo un viaje largo hasta Seattle parecer una vuelta a la manzana. O quizás eso fuera culpa de Fred...

-¿Me contarás tu historia o no?-pregunté cuando casi llegábamos.

-En realidad, primero me gustaría saber la tuya Emma.-sonrío de lado y me miro de reojo mientras sus manos permanecían fijas en el volante. Tomé aire. De acuerdo, si podía hacerlo, si podía. Era solo decirlo y listo. Sabía que él no se iba a reír, ni asustar, ni acusarme... nada. Me sentía segura de poder contar todos mis secretos. Pero aún así...

-Pues...-me debatí unos segundos, no le iba a contar todo-Nací en Lyonn, Francia hace diecisiete años. Mi madre me crió sola, a mi a mi hermana Alizeé que es dos años menor que yo. Un día cuando tenía catorce recuerdo que me escapé a lo de una amiga luego de una pelea con mi madre y era de noche, estaba oscuro... entonces lo vi.

»Era un hombre pálido, alto y rubio. Sus ojos carmesí me horrorizaron, pero era demasiado guapo para temerle del todo. Sus gestos eran los de una persona refinada del siglo quince. Pero entonces antes de que me diera cuenta de nada, me mordió.

»Su nombre era Vladimir. Él y su compañero Stefan mordían humanos de alrededor del mundo, probaban si tenían algún don y si no eran útiles, los mataban. Creo que hasta el día de hoy lo siguen haciendo, especialmente en Europa. La persona que les era útil y leal se sumaría a su nueva guardia, creada para ayudarlos a desbancar a los Volturi y volver a hacerse del poder. No sé que pasará, ni si ganarán, solo espero que ninguno gane.

Fred me miró interesado y absorto en la historia mientras bajábamos. Cerró el auto y se acercó a mi para rodearme la cintura con su brazo y acercarme a su cuerpo. Seguramente fuera una forma de darme apoyo, de alentarme a seguir con mi historia, hacerme sentir segura, pero aún así me hubiera gustado que significara otra cosa.

-¿Qué pasó entonces? ¿Tienes algún don?-me miró y pude sentir su aliento cálido contra mi mejilla. Alcé la vista para mirarlo y por un segundo estuvimos tan cerca que el tiempo se detuvo y podría decir que estuvimos cerca de besarnos. Pero ambos giramos la cabeza y yo seguí con mi historia.

-Sí, sí lo tengo y ojalá no lo tuviera. Lo detesto. Lo descubrimos el tercer día. Me llevaron de caza y cuando me quisieron buscar se dieron cuenta de que no podían olerme, no podían rastrearme. Mi don es el de poder ocultar mi esencia de cualquier persona, la mía y la de los que yo quiera. Puedo ocultarla incluso del mejor rastreador del mundo que es un Volturi, para eso me querían y me transformé en indispensable para ellos.

»Pero yo creía que de veras Vladimir se preocupaba por mi y le caía bien.-dejé escapar una risa amarga-Claro que el segundo año, cuando me di cuenta de que en realidad solo estaba siendo explotada junto a los otros tres de la guardia, Alexander, Ian y Stefanie, decidí huir. Y aquí estoy, intentando olvidar mi pasado.-omitiría el hecho de que ahora me necesitaban más que nunca porque los Volturi sospechaban y que me andaban buscando por todos lados. También la parte de que Alexander era un psicópata que estaría de lado de ellos aún si le costara la vida y que su misión era llevarme de vuelta a toda costa.

Fred sonrío y me estrechó fuerte en sus brazos. Apoyé mi cabeza en su hombro y me dejé consolar, no quería pensar en nada, solo en que estaba a salvo. Estuvimos un largo rato abrazados. Una tenue brisa nos acariciaba de vez en cuando y pensar que en Forks hacía unas horas nada más había estado lloviendo horriblemente. Aquí solo estaba nublado. La gente en sus casas generalmente durmiendo. Charcos por las calles y veredas. Una ciudad como ninguna, sin dudas.

-Ven, te contaré mi historia, pero no aquí. Vayamos allí arriba.

Tomó mi mano y escaló la pared de ladrillo del edificio a nuestro lado. Le seguí intentando seguir su ritmo y cuando llegamos arriba nos sentamos al borde, con las piernas colgando hacia abajo. Entonces me di cuenta de lo alto que era. Sus piernas eran muy largas y parado me sacaba alrededor de diez centímetros o más. Pero no me importó mucho. Tampoco me soltó la mano y con cierta vergüenza y profunda y extraña felicidad me di cuenta de que no planeaba soltarla tampoco.

-¿Sueles interrogar a los recién llegados sobre su pasado?-sonreí un poquito.

-Oye, no te obligué a contarme nada Emma.

-Lo sé, solo bromeo.

-De todas formas no suelo contar mi pasado tan abiertamente... pero no sé, confío en ti y en que no lo contarás.

Reí. Era un alivio sentir que a él le pasaba lo mismo.

-Yo también confío en que no contarás mi historia a nadie. Pero por las dudas... júramelo con el dedito.

-¿Qué?-se río a carcajadas.

-Mira, dame tu dedo.-tomé su mano tersa y cálida y luego enrollé mi dedo meñique con el de él- Júrame que no le contarás a nadie.

-Lo juro,-sonrío con un gesto más solemne- juro que lo que se diga aquí no saldrá de aquí.

-Lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas-reí.

-O en Seattle...-se unió a mis risas.

-De acuerdo, de acuerdo... ¿me contarás o no?-pregunté después de unos segundos.

-Claro... yo nací en 1985 en Vancouver. Supongo que ir a allí me recuerda a mi infancia, por eso voy siempre que puedo. Incluso luego de cazar a veces me doy una vuelta por allí. En fin, mis padres se divorciaron cuando yo tenía diez años. Nunca tuve una gran relación con mi padre pero si con mi madre. De chico no me gustaba la compañía y hasta la adolescencia me transformé en el típico nerd, más por elección propia que por otra cosa. Solo quería pasar desapercibido. Sin embargo cuando me hice mayor crecí mucho, en especial de altura, algún músculo me salió y me transformé en un chico algo guapo, pero nunca le presté atención realmente.

»Me mordieron un día que caminaba por la playa y fui creado realmente para ser parte de un ejército de neófitos, un ejército que era dirigido por una vampira pelirroja cuyo objetivo en realidad era Bella.-noté cierto miedo cuando la mencionó y apreté su mano levemente pero siguió hablando como si nada pasara- Claro que Bella era humana entonces y nosotros vivíamos en engaños y mentiras como cualquier ejército de neófitos.

»Con una amiga llamada Bree Tanner, mi única compañía entre todos ellos, descubrimos la verdad. Entonces decidimos escapar el mismo día del ataque a los Cullen. Pero le habían dicho que su novio Diego estaba al frente y ella quiso ir a buscarlo. Yo le dije que la esperaría en Vancouver, pero ella nunca llegó. Desde entonces viajé solo por Estados Unidos. Conocí a Peter y Charlotte, dos vampiros que me explicaron todo y me ayudaron pero sin embargo no me quise quedar con ellos. No me sentía cómodo con la pareja. Ellos entendieron y hace un tiempo me encontré con los Cullen. Así que... aquí estoy.-sonrío.

-Vaya historia...-sonreí de lado.

-Ni me lo digas-río.

-¿Te das cuenta de que nos crearon con propósitos parecidos?

-No solo eso, además tenemos dones parecidos. ¿Viste que te dije que evitaba la compañía?-asentí con la cabeza- Pues si quiero puedo hacerme casi invisible a la gente, hacer que cuando miren en mi dirección sientan nauseas y repulsión, convirtiéndome en un punto muerto para todos.

-¿Enserio? Genial!-le sonreí y levanté mi cabeza hacia él.

Fue ahí que me di cuenta de que lo tenía tan cerca de nuevo... Pero esta vez ninguno de los dos se alejó. Había una especie de fuerza que nos atraía a estar juntos. Sus labios se acercaron a los míos despacio, su respiración contra mi piel y entonces pasó. Nuestros labios se tocaron y al principio ninguno se movió. Su tacto enviaba impulsos eléctricos por mi cuerpo, un cosquilleo incesante. De a poco sus labios se movieron contra los míos transformándose en un beso dulce y cariñoso.

Y si, mi tío Fred y yo nos habíamos besado.