"No dejes que la tristeza te lastime el alma,

No dejes que las palabras dañen tu espíritu,

Las experiencias sirven para crecer, para madurar y aprender.

No para quedarse sentado, estancado, suspendido.

Terminara acabando, comenzara en el inicio.

Todo ciclo inicia y termina."

.

Capítulo Quinto. Pasado y Presente.

La noche cayó en el Santuario silenciosa y solitaria, todo el lugar se encontraba en un estado de calma aparente, pocas luces permanecían encendidas iluminando con fuerza debido a la oscuridad reinante.

En el Templo Principal, específicamente en la habitación del Patriarca, este se encontraba sumergido hasta la cintura en el agua jabonosa que llenaba la gran tina, se mostraba pensativo y relajado, tenía los ojos cerrados cuando escucho la puerta abrirse y el sonido de unos pasos adentrarse en la calma del cuarto de baños.

-Esto es lo mejor de ser Patriarca, la gran tina –Comento una voz ronca y alegre consiguiendo que se le escapara una sonrisa al lemuriano.

-¿Es lo único por lo que vienes, Dohko? –No abrió los ojos pero tampoco lo necesito para saber que había entrado en la bañera, la perturbación del agua se lo había comunicado.

-Sí, creo que sí, la bañera del Templo de Libra no es tan grande como esta –Respondió burlón –Pensé que querías compañía, ha sido un difícil para todos.

Shion al fin abrió los ojos con lentitud para toparse con la expresión seria de su amigo, ciertamente se sentía tenso por todo lo que estaba sucediendo y es que en los dos siglos anteriores no había tenido tantos problemas como en las últimas tres décadas aunque para su sorpresa se sentía más aliviado y contento sin identificar muy bien el porqué.

-Solo necesitan tiempo –Fue lo que salió de sus labios –Hoy las cosas han salido mejor de lo que esperaba, pensé que mínimo se atacarían entre ellos antes de que Aioros pronunciara al menos diez palabras –Dohko asintió riendo más relajado –Además las Amazonas y los Santos desterrados están regresando. –Su voz fue perdiendo volumen –Ceridwen, Lakmé, Pimpinela, todas eran solamente unas niñas en mis últimos recuerdos, no hay rastros de ellas, aunque con Galatea era igual y ella volvió por su propia cuenta, así que espero que suceda lo mismo. Por otro lado los registros de santos y aprendices muertos son muchos, de algunos guardo todavía esperanzas de que sigan con vida. Jean Luc, Taiyari, Amiel, son unos de los nombres que aparecen como desaparecidos.

-Se han perdido muchas vidas –Declaro Dohko con tristeza – Espero que todos regresen con bien. Esas amazonas que mencionas están relacionadas con los muchachos ¿cierto? –Shion asintió- Tu también te mereces una segunda oportunidad –Lo miro a los ojos mientras pronunciaba la últimas palabras percatándose de las molestias que le ocasionaban.

-Déjalo, Dohko. No sucederá nada, no de nuevo-Respondió melancólico –No quiero volver a pasar por lo mismo.

-Lo que sucedió fue hace más de un siglo, se que sabes que ella reencarnara, es mas estoy completamente seguro que sabes que yo se que tu sabes que ella reencarno y quien es –Comento con voz seria aunque pocos segundos después ambos se reían por el enredo de palabras que acababa de decir –No debes dejar que el pasado te afecte de mas, moriría de una forma u otra, tarde o temprano. "El pasado es un cubo lleno de cenizas." Carl August Sandburg

-Basta, Dohko, en serio. Sinceramente no quiero no puedo pasar por eso nuevamente –Sacudió la cabeza intentando alejar la sombra que se cernía sobre él –No es lo mismo ¿sabes? Es diferente ver morir a un hijo, no se compara con ninguna de las muertes que hemos visto. Es muy doloroso, sobre todo si entra y sale de la vida en un parpadeo.

-¿Y crees que yo no sufrí con la muerte de mi ahijado? –Cuestiono Dokho con expresión dolida.

-No desprecio tus sentimientos, Dohko. Solo digo que no es lo mismo –Se apresuro a hablar con un tono amargo.

-Tranquilo, ya lo sé –Libra sonrió levemente intentando bajar la tensión que se había formado, dejo caer una de sus manos sobre sus hombros –Hemos visto nacer y morir varias generaciones de santos, se que te afecto más que cualquiera la muerte de tu hijo, ahora tienes una nueva oportunidad, no la desperdicies.

Shion asintió distraído mientras meditaba en silencio las palabras que acababa de decirle su mejor amigo, lo vio cerrar los ojos algo más relajado y con una sonrisa en los labios. De pronto parpadeo como si hubiera visto algo que jamás hubiera visto antes, aunque no era precisamente un objeto si no una idea o mejor dicho un hecho.

-Kanon va a ser padre –Musito con una mezcla de sentimientos en su voz, entre ellos estaban la emoción, la incredulidad y la esperanza –Uno de los Santos de Oro va a ser padre.

-Si así es, una nueva generación esta por nacer –Dijo Dohko.

En el Templo de Piscis su guardián se encontraba de pie en el jardín de rosas, admiraba el hermoso color que adquirían sus preciosas flores a la luz de la luna, sus ojos celestes brillaron con emoción al momento en que creaba una rosa blanca en su mano derecha, acercándola para poder percibir mejor su olor dulzón con una sonrisa.

-Pensaba que no ibas a venir, An. –Susurro al escuchar lo pasos toscos y firmes que provenían del interior del templo.

-Esto puede malinterpretarse de muchas formas –Dijo burlón un joven alto en italiano, Mascara de Muerte lo señalo primero con un dedo y luego a sí mismo –Sobre todo con el Templo a oscuras.

-No seas tonto, pueden pensar lo que quieran, no me importa –Fue la contestación que obtuvo mientras que Afrodita se giraba colocaba la rosa entre sus cabellos – ¿Te has cruzado con alguien al venir?

-No, me parece que todos los demás ya se han ido a dormir, los templos estaban a oscuras. Creo que los únicos que están despiertos son Géminis. Libra está vacía –Bostezo con ganas estirando los brazos por encima de la cabeza, ninguno de los dos llevaban puestas las armaduras doradas – ¿Te ocurre algo, Lulú?

-No me digas así, An –Se quejo con calma y con poca convicción –La verdad no sé qué decirte, ver a Galatea hoy me ha hecho recordar muchas cosas de mi niñez –Su voz era amarga y sus ojos demostraban la tristeza que sentía, hablar del pasado era un tema delicado para ambos y Anthony lo sabía, por eso se acerco hasta pasar un brazo sobre sus hombros.

-¿Recordaste cuando los guardias te acosaban porque estaban convencido de que eras una niña y las amazonas intentaban convencerte de que debías usar mascara? –A pesar de usar un tono burlón y alegre su rostro se encontraba serio y tratando de evitar la mirada celeste.

-Si y…no –Respondió en voz baja –Si lo recordé pero no me refería precisamente a esos recuerdos sino a… otros –Cáncer le paso la mano a la cabeza y le revolvió el cabello.

-Ya sé, ya se, te refieres a "eso" –Musito algo molesto –Te he dicho muchas veces que te olvidaras de todo lo que paso, muchas veces por cierto –Recalco.

-No es tan fácil –Afrodita se sacudió la mano de sus cabellos y se aparto de su lado caminando hacia el interior del templo –Todo aquí me lo recuerda –El mayor bufo frustrado pero lo siguió conociendo de antemano el lugar al que se dirigía.

-¿Sabes lo mal que se ve esto? –Le pregunto al entrar al cuarto apoyándose en el marco de la puerta y observar al Santo de Piscis acostado boca abajo en la cama con el rostro escondido entre las almohadas. La cama como en todas las Doce Casas era matrimonial.

-¿Puedes quedarte esta noche? –Le pidió en un murmullo ahogado por las sabanas pero supo que había sido escuchado al sentir su peso sobre la cama –Igual a como cuando éramos niños –Musito Piscis nostálgico.

-Mientras no intentes nada raro y te quedes de tu lado de la cama no hay ningún problema –Se rio al escuchar la queja somnolienta de su amigo y continuo con su broma –Eres muy linda, lo admito, pero no eres mi tipo, demasiado delicada.

-Tu tipo tiene el nombre de una diosa hindú –Farfullo Afrodita pero al no escuchar contestación levanto la mirada para observar el rostro serio y distante del cuarto guardián –Lo siento, no volveré a mencionarla –Sintió la mano de Cáncer sobre su cabello nuevamente sintiendo como acariciaba los mechones y lo veía negar levemente con la cabeza.

-No es nada, solo estaba pensando si de verdad nos merecemos esta segunda oportunidad, me refiero a ti ya mi, de todos somos los que tenemos las manos mas manchadas de sangre. Hemos matado a sangre fría –Su voz se fue apagando mientras veía al techo.

-Quitaste los rostros del templo –Dijo Afrodita ignorando en parte lo que el santo había dicho pero dispuesto a mejorar su humor aunque su voz sonaba pastosa y tenía los ojos cerrados –No hagas eso, sabes que me da sueño.

-Ya sé, por eso lo hago para que te quedaras callado de una vez –Sonrió socarronamente al ver al orgulloso Santo de Oro de Piscis tan sumiso.

-Mmm –Piscis escuchaba la voz de Cáncer ya lejana –Si estamos vivos es porque la niña Athenea lo considero correcto, no debemos dudar de su decisión –Bostezo tapándose la boca con la mano –En serio deja de hacerlo.

-Ella no sabe todo lo que hicimos –Refuto Mascara –Si quisieras que dejara de hacerlo ya me hubieras dado un manotazo, se que te gusta.

-Nunca le hiciste daño a Lakmé –Anthony se acerco para tratar de entender que era lo que decía, ya el volumen de su voz y el hecho de que arrastraba las palabras hacia difícil el poder descifrar que quería decir –Anthony, cometimos errores, ahora podemos enmendarlos.

-Eso aplica para ti también –Comento mientras miraba al techo pensativo –La linda chica de las flores todavía debe esperar tu regreso –Al observarlo se dio cuenta de que estaba dormido –Que conveniente –Acaricio por última vez sus cabellos celestes antes de llevar sus brazos detrás de su cabeza para meditar –Yo también recordé esa época -Cerro los ojos.

Anthony solía ser una persona socarrona, burlona y cruel, además de mal intencionado con el resto pero estaba consciente que una de sus debilidades era el Santo de Piscis con quien tenía la relación más cercana, se comportaba mejor cuando estaba con él, incluso tenia gestos tiernos.

-Buenas noches, Ludwig –Dijo antes de quedarse dormido aunque en sus pensamientos la forma correcta de la oración era: "Buenas noches, hermano" –Afrodita se removió a su lado.

En el Tercer Templo habían tenido algunas dificultades para distribuirse ya que aunque el cuarto principal tenía una cama matrimonial, donde dormían Saga y Kanon juntos (en mutuo acuerdo), la habitación de huésped en cambio tenía una individual. Así que con la llegada de Galatea habían arreglos que hacer, después de discutir y ver varias opciones, Saga termino botado del cuarto principal pese a las negativas de la mujer. Los gemelos rieron al verla tan enojada.

-No sigas, Gala. No tengo ningún problema –Insistió el gemelo mayor con una sonrisa tranquilizadora en su rostro –Dormirás más cómoda en la cama grande y Kanon podrá quedarse contigo –Kanon le dedico una bonita sonrisa a la vez que asentía.

-Pero este es tu cuarto, bueno de ambos, yo soy la visita y… -Se detuvo al ver la expresiones idénticas de reproche en los rostros idénticos de los hermanos por lo que suspiro.

-No eres solo una visita en el Templo de Géminis, este ha sido siempre tu hogar también –Dijo Kanon.

-Además de que eres la compañera de Kanon y tendrás un hijo pronto, tienes que estar lo más cómoda posible –Continuo Saga.

-Nos harías feliz a ambos si nos haces caso y nos dejas cuidarte –Siguió Kanon.

-Está bien, ya entendí –Rodo los ojos con fastidio –Si los dejo seguir hablando me darán un sermón y el bebe y yo solo queremos darnos un baño y dormir, así que si nos disculpan nos vamos al baño –Hizo una vuelta elegante y salió del cuarto.

- Bien, hermano –Comenzó Saga con sus ojos esmeraldas llenos de curiosidad y demandando la información requerida en esos iris iguales a los suyos – ¿Me vas a contar?

-Claro que sí, no seas impaciente –Kanon sonrió socarrón al ver el interés que despertaba en su hermano que intuía que estaba tan ansioso como el mismo por contar su historia, se dirigió a la cama para sentarse y palmear a su lado invitándolo a acompañarlo –Te contare la versión corta. Hace algunos meses, decidí salir del Templo de Poseidón a dar una vuelta, necesitaba algo aire, fue pura casualidad, estaba en los alrededores de Atenas en aquel momento, cuando la vi la reconocí al instante aunque hubieran pasado los años, digamos que ella estaba muy sorprendida de verme y una cosa llevo a la otra y paso lo que tenía que pasar. –Ambos se sonrojaron ligeramente, Kanon se aclaro la garganta para continuar –Yo quería que ella se viniera conmigo, de verdad lo deseaba pero ella se sentía tan mal por haber traicionado al Santuario por haber estado conmigo que simplemente desapareció, se esfumo cuando volví a buscarla ya no estaba. No la volví a ver hasta ahora –Saga le sostenía la mirada con curiosidad y una sonrisa tierna se formo en su rostro.

-¿Estás bien, Kanon? –El aludido sonrió tranquilamente.

-No, Saga. No lo estoy y lo sabes muy bien. De la nada, de un momento a otro me entero de que voy a ser padre, en menos de dos meses para ser precisos –Kanon sacudió la cabeza con un gesto desesperado y rio con nerviosismo.

-Sé cómo te sientes, lo comprendo. Es algo tan inesperado, sorpréndete e increíble… Pero hermano vas a ser padre, tendrás un hijo que mejor ejemplo que estamos viviendo una segunda oportunidad que una nueva vida, sangre de tu sangre. Es tu primogénito –Saga hablaba muy emocionado, tomo a su hermano de un brazo y lo jalo para poder abrazarlo fraternal mente – ¿La amas?

-¿A Gala? Si, desde siempre –Contesto sin dudar –Recuerda que la última vez que estuve aquí en el Santuario fue hace más de diez años, para esa época Gala era apenas una niña, no superaba los doce años. No era momento para nada, solo para dejarla crecer.

-Cierto, pero yo no creo que haya sido casualidad nuestro reencuentro prefiero pensar que fue el destino que las Moiras tejieron para nosotros –Galatea entro vestida al cuarto con una franela que pertenecía a alguno de los dos, le llegaba hasta el muslo y disimulaba lo abultado de su vientre. Los gemelos la recibieron con una sonrisa cómplice mientras se separaban – ¿Por qué no te quedas a dormir con nosotros, Saga? –Sugirió consiguiendo que ambos rieran.

-No es buena idea, Gala –Dijo Saga –La cama es muy pequeña para que duerman tres personas en ellas, de hecho ya quedaba bastante pequeña para los dos.

-Ambos somos muy inquietos a la hora de dormir –Kanon se detuvo un momento en el preciso instante en que una idea cruzo por su mente y luego continuo –Tendremos que poner una barrera de almohadas para evitar que te de alguna patada ¿Sabes qué? Mejor no… -Unos delicados dedos se posaron sobre sus labios evitando que siguiera hablando.

-Tranquilo no nos darás patada despreocúpate por eso –Le dio un corto beso en los labios mientras pasaba su mano a su cuello, Saga desvió la mirada algo incomodo pero se sonrojo ligeramente cuando sintió un beso sobre su mejilla y una mano revolviendo su cabello –Disculpa que te hayamos hecho del cuarto.

-No te disculpes, no has hecho nada la decisión la he tomado yo –Saga se levanto con gracia quedando de pie durante unos instantes justo al lado de Gala que se sintió igual que cuando estaba en presencia de Kanon o cualquiera de los dorados, pequeña y diminuta. Por supuesto, tenía que ver con más de los quince centímetros de diferencia que existía entre ellos y su persona.

-Buenas noches –Se despidió Kanon al verlo salir del cuarto, Saga se detuvo un momento regreso la vista y sonriendo asintió.

Gala subió a la cama de forma lenta, específicamente del lado derecho, Kanon la siguió momentos después colocándose en el espacio vacío mientras la observaba fijamente con curiosidad, estudiando cada uno de sus movimientos. Finalmente cuando ambos estaban acostados, se veían a los ojos desde su lugar en las almohadas.

-A mí me gusta ese lado de la cama –Dijo de pronto con un mohín en su rostro –Saga duerme de este lado y yo de ese.

-Pero yo necesito dormir de este lado si lo hago del otro me siento incomoda y al bebe no le gusta, no me deja dormir, se pone muy inquieto. –Le respondió sonriendo y acariciándose el vientre –Así que yo me quede de este lado y tú de ese –Declaro con voz firme y autoritaria.

Se dio la vuelta dándole la espalda a Kanon luego de darle un último beso en la mejilla, el gemelo aprovecho entonces para jalar la cobija y arroparlos a ambos con ella, luego con algo de timidez procedió a abrazarla por la cintura, suspirando de alivio al no ser rechazado sino por el contrario siendo recibido afectuosamente, sintiendo como la mujer entrelazaba los dedos de su mano entre los suyos, sorprendiéndose enormemente al notar el pequeño golpe bajo la piel del vientre.

-¿No has pensado en un nombre? –Cuestiono Kanon.

-No, para serte sincera no sé si será un niño o una niña –Confeso Gala mientras se giraba lentamente para observarla –Veras quise que fuera una sorpresa así que durante el control prenatal preferí que no me dijeran, yo, en serio yo creo que será un niño, lo siento pero no lo aseguro.

-Entonces hay que pensar en nombres para niños y niñas ¿No? –Gala asintió – ¿Que quieres que sea? -Continúo preguntándole.

-Kanon, cariño sé que no lo parece pero estoy muy cansada, necesito dormir un poco –Bostezo lentamente antes de agregar algo mas –Quiero que nazca con bien y saludable, pero si me lo preguntas así quiero que sea un nene como su padre –Kanon le beso el cuello en respuesta y como disculpa consiguiendo que ella se riera nerviosamente por le escalofrió que la recorrió –Te prometo que mañana hablaremos todo lo que quieras sobre el bebe y mira que hay muchas cosas que faltan, tenemos que buscar las cosas que había ido comprando.

-Es una promesa, no lo olvides –Afirmo Kanon.

Alrededor de las seis de la mañana. Coliseo.

-Maestro, ¿Está bien que coma aquí? –Cuestiono un niño pelirrojo con bastante buen humor mañanero a un hombre de largos cabellos lilas que lo miraba con tranquilidad.

-Si, Kiki, está bien, en una hora tengo que subir a desayunar en el Templo Principal y quiero que estés listo para entrenar antes de irme –Fue su respuesta y el niño asintió.

-¿Cómo es comer con todos los Santos de Oro, Maestro? –Pregunto Kiki con curiosidad.

-¿En estos momentos? Difícil, las cosas están muy tensas –Contesto Mu.

-¿Y cuando eran niños? –Continúo investigando el niño.

-Cuando éramos niños, las cosas eran muy diferentes, los que tenían maestros solían comer con ellos, en su templo, mientras que los adultos subían al Templo Principal a las reuniones con el Patriarca –Conto con cierta nostalgia.

-¿Ese es tu aprendiz, Mu? –Dijo una voz alegre y enérgica, los dos lemurianos se giraron para ver como un muchacho de aspecto desgarbado y cabellos castaños se acercaba con pasos firmes y elegantes – ¿Cómo te llamas, pequeño?

-Soy Kiki aprendiz de Aries –Respondió tímidamente pero al mismo tiempo con una voz cargada de orgullo y admiración, sus ojos mostraba lo sorprendido que estaba al ver ante él a una de las grandes leyendas entre los santos de Athenea.

-¿Kiki, eh? –Le acaricio los cabellos con ternura – Yo soy Aioros de Sagitario –Se presento con un poco de vergüenza al ver la mirada de adoración que el chico le dedicaba – ¿Te dedicas a entrenar? ¿Obedeces a tu maestro?

-Si lo hago, ¿Verdad que si Maestro? –Kiki busco apoyo en el mayor que asintió ligeramente.

-Si, Kiki. Ahora termina de desayunar para que vayas a entrenar –Odino Mu con voz amable pero firme.

-De acuerdo, Maestro –Dijo Kiki para salir corriendo a donde había dejado lo que quedaba de su comida, no estaba lejos y tampoco había necesidad de correr pero no podía evitarlo.

-Es muy tierno tu alumno, Mu –Aioros lo miraba con curiosidad –Es tan raro ¿sabes? Ahora el pequeño Mu tiene su propio aprendiz. –Sonrió mientras su mirada se enfocaba lejos en el pasado –La última vez que te vi todavía corrías por las escaleras para ir con el Patriarca porque te habían prohibido teletransportarte dentro del Santuario.

-Si lo recuerdo -Mu sonrió con la nostalgia plasmada en cada una de sus hermosas facciones recordando la época en la que aun era un aprendiz, igual que Kiki, emocionado por las lecciones que le enseñarían cada nuevo día.

-¿Crees que las cosas mejoraran? –Aioros saco a su compañero de sus pensamientos.

-Espero que sí –Respondió –No sabría decirlo con claridad, no los recuerdo mucho, mantuve muy poco contacto con ellos luego de marcharme. Aioros ¿Qué haces despierto a esta hora?

-¿Ah? –Aioros lo miro con los ojos llenos de intensidad –Me gusta ver el amanecer y es una vieja costumbre que tengo, siempre me levantaba temprano para revisar que todos estuvieran bien –Contesto con calma y ante la mirada confundida de Aries sonrió para continuar –Me aseguraba de que todos los niños estuvieran bien, desde Aries a Piscis. Ya sabes, que no tuvieran fiebre o quizás enfermos, atendía las heridas si había que hacerlo. Es extraño, pero deseo de todo corazón que todo mejore pronto.

-Espero lo mismo –Contesto Mu mientras compartía la sonrisa.

Japón. Mansión Kido.

Ginsei abrió los ojos con pesadez los tenia llenos de lagrimas, el cuerpo lo sentía pesado y entumecido, en su corazón se había instalado un mal presentimiento, tenía miedo pero no sabía de qué y eso la asustaba mas, de pronto unos brazos delicados la rodearon en un abrazo cálido y afectuoso, levanto la mirada para observar la misma mirada plateada de Saori observarle dulcemente.

-No tengas miedo, Ginsei –Susurro con voz suave.

-¿Mamá? –Musito la niña aferrándose a su ropa.

-Tranquila, cielo –Le acaricio la cabellera plateada mientras la apretaba contra su pecho para que escuchara el sonido de su corazón, latiendo acompasado, rítmico. Libero un poco de su cosmos amable para envolverla y calmar sus miedos.

-"Duerme, niñita mía, con dulces caricias. Duerme, nutrida de perfumes. ¡La alegría te acompañe al despertar, Y pasteles el día de tu boda! –Canto con voz dulce arrullándola, mientras la niña cerraba los ojos sollozando débilmente Saori compartía el temor que la había invadido.

-Señoritas, hora de levantarse –Escucharon después de lo que para ellas parecieron horas, la voz ahogada por la puerta –Ya son las siete.

-Ya estamos despiertas, Tatsumi –Respondió Saori con voz somnolienta pero lo bastante alto como para ser escuchada moviendo delicadamente a Ginsei –Despierta, mi pequeña estrella, tenemos que alistarnos hoy tenemos varias cosas que hacer fuera de la casa.

-¿Qué vamos hacer? –Musito mientras se sentaba y se restregaba los ojos con las manos a la vez que sentía Saori incorporarse y caminar por la habitación.

-Vamos a comprar ropa, tienes muy poca, solo la que tenias en el orfanato, necesitas ropa nueva y los muchachos también –Saori guardo silencio mientras revisaba el armario buscando un vestido que ponerse –Y Keisi no debe tener ropa tampoco… Sobre todo porque comenzara el invierno.

-¿A dónde se compra la ropa? –Cuestiono Ginsei mientras levantaba los brazos para que le sacaran la pijama y la vestían con una franela rosa y una falda de blue jeans – ¿A dónde vamos?

-Vamos al Centro Comercial –Respondió alisándose el vestido de color beige que se había colocado apenas más largo por debajo de las rodilla, apenas estuvieran listas (con sandalias) salieron de la habitación cruzándose en el pasillo con una señora de aspecto mayor que les anuncio que el desayuno ya estaba servido y que las esperaban en la mesa, era una de las sirvientas de mayor antigüedad y aunque Ginsei no entendió lo que le había dicho, pues hablo en japonés, sabía que lo mejor que podía hacer era portarse bien.

-Gracias, Aiko –Le dijo Saori en el mismo idioma.

-Keisi estaba de pie a mitad del corredor observando maravillada un cuadro, una réplica de una pintura de Jean León Gerome, cuando Saori y Ginsei aparecieron por el lado que daba hacia las habitaciones mientras que ella se encontraba más cercana a las escaleras, al sentir sus presencias se arrodillo rápidamente en señal de respeto.

-Buenos días, Señora Athenea. Buenos días, Princesa Ginsei –La niña soltó una risita emocionada.

-Levántate, Keisi. No es necesario que hagas eso –Dijo Saori amablemente ofreciéndole una mano para ayudarla a incorporarse que la muchacha acepto sonrojada.

-Está bien, Señora. ¿Quiere que las acompañe? –Pregunto educadamente, se había puesto la misma ropa que el día anterior, una camisa de color azul claro y un pantalón de jens negro, junto con unas sandalias azules.

-Nos encantaría que lo hicieras –Dijo Ginsei con voz suave y las dos mayores sonrieron –Ven a comer con nosotras –La tomo de la mano y se adelanto jalándola.

-Princesa… -Musito Keisi mientras Saori las seguían sonriendo ligeramente.

-Señorita Kido –Dijo una voz amable y juvenil, de soprano cuando se giraron pudieron ver a una joven de largos cabellos verdes oscuros, ojos azules y piel sonrojada.

-Naná, ya regresaste ¿Cómo sigue tu familia? –Cuestiono con preocupación.

-Mejor, Señorita. –Contesto con dulzura luego desvió su mirada a la niña –Usted es nueva aquí ¿Verdad? ¿Cómo se llama?

-Soy Ginsei Kido –Respondió orgullosamente.

-Ya veo, entonces Señorita Kido ¿Qué quiere comer? –Pregunto agachándose para estar a su altura.

-Pan con queso –Respondió.

-Veré que puedo hacer para darle lo que desea, con su permiso –Hizo una reverencia antes de marcharse a las cocinas.

-Cuando llegaron a la sala se encontraron con el resto de los muchachos sentados mientras las esperaban, Seiya fue el primero en levantarse para ir a su encuentro vestía para variar unos pescadores de color azul y una franelilla blanca, se detuvo al mirar a Keisi detrás de Saori, no podía ser cariñoso con ella ahí, se sintió ligeramente frustrado pero la sonrisa de la chica lo hizo calmarse, Ginsei corrió para abrazarle las piernas.

-Tío Seiya –Exclamo con alegría la niña.

-Buenos días, pequeña. ¿Amaneciste bien? –Le pregunto con cariño mientras le revolvía el cabello.

-Sí, tío. –Ginsei vacilo un poco si contarle o no lo que había ocurrió más temprano pero cuando vio a Shun aparecerse detrás de Seiya se le olvido por la emoción de saludarlo – ¡Tío Shun! –Repitió lo mismo que hizo con el castaño y le abrazo las piernas regalándole una sonrisa, saludo a Hyoga y a Shiryu con alegría y cuando llego con Ikki, que estaba sentado en uno de los sillones, dudo si acercarse o no, pero siendo una niña esa pequeña duda se desvaneció tan rápido como llego –Tío Ikki. –Musito tímidamente mientras se le subía alas piernas, él no le sonrió pero no la rechazo.

-Buenos días, Ginsei –Le dijo con voz ruda consiguiendo que la pequeña esbozara una sonrisa.

-Chicos –Llamo Saori para que le prestaran atención mientras se sentaba en el mueble largo con Seiya a su derecha y Shun a la izquierda -Hoy saldremos a comprar algunas cosas, Ginsei y Keisi necesitan ropa –Saori alzo la mano al ver la protesta que intentaba objetar la muchacha –Y ustedes también.

-¿Nosotros? No es necesario que nos compres ropa, Saori –Replico Shiryu amablemente.

-Sí lo es, necesitan tener ropa nueva y además pronto tendremos una celebración y necesitaran ropa de acuerdo a la ocasión –Saori miro a Shun interrogante –Junet de Camaleón, tu amiga llegaría el día de hoy ¿Verdad, Shun? –El muchacho asintió siendo de pronto asechado por varios pares de ojos intrigados sobre todo por los de su hermano.

-Sí, me había avisado que lo más seguro es que llegue pasado el medio día –Contesto dulcemente.

-Creo que podríamos esperar a que ella llegara para salir, de todas formas tengo que terminar de arreglar unos asuntos con la empresa –Saori miro un momento a su alrededor –Ginsei no toques eso –Dijo al ver que la niña estaba tratando de agarrar un jarrón de una de las mesas la aludida hizo un puchero pero regreso a las piernas de Ikki.

-Señorita Kido, muchachos la comida ya está servida –Era Aiko la que hablaba con voz severa.

-De acuerdo ya vamos –Le contesto Saori levantándose para dirigirse al comedor siendo imitadas por los muchachos, Ikki bajo a Ginsei y esta corrió para tomar la mano de Seiya que caminaba junto a la muchacha.

-Espera, Shun –Dijo Fénix mientras llamaba la atención de su hermano que se detuvo y regreso para quedar frente a él.

-Dime, hermano.

-¿Quién es esa chica, Junet? –Cuestiono cruzando los brazos sobre el pecho.

-Es una amiga de la infancia –Shun hablo con calma confuso por el tono que estaba usando su hermano pero continuo –De hecho es mi mejor amiga, ella era quien me cuidaba y me ayudaba cuando estaba entrenado en la Isla de Andrómeda.

-Entonces supongo que debo darles las gracias –Shun abrió los ojos como plato al escuchar esas palabras lo miro incrédulo a lo que Ikki sonrió –Te ayudo ¿no es así?

-Si –Afirmo con un movimiento de la cabeza.

-Pues estoy en deuda con ella por eso –Shun sonrió conmovido por el interés de su hermano, estaba acostumbrado a ser sobre protegido por él aunque sinceramente eso no lo molestaba.

-Vamos –Le dijo mientras lo tomaba de la mano y lo jalaba en dirección al comedor.

-No me jales, Shun –Se quejo Ikki.

Templo Principal. Comedor Principal.

El desayuno ese día se había tomado un poco diferente al resto por la ausencia de los Santos de Cáncer y Piscis, Shion había preguntado por ellos al poco de haber llegado todos, ninguno le dio una respuesta certera, según Géminis el Templo de Cáncer estaba vacía en lo que ellos subieron y Capricornio aseguraba no haber sentido el cosmos de Piscis abandonar la ultima casa.

-¿Entonces nadie sabe que se hicieron esos dos? –Pregunto Dokho una vez que todos se hubieron sentado. Todos negaron –Supongo que regresaran cuando quieran hacerlo.

-Esperemos –Contesto Shion –Muchachos escuchen muy bien, he mandado a uno de los Santos a informarle de la nueva situación a la Diosa Athenea….

-¿Con eso se refiere a Gala? –Cuestiono Kanon interrumpiendo al Patriarca.

-Si, Kanon, dudo que quieras que se quede en el Santuario mientras nosotros viajamos a Japón ¿verdad? – Los gemelos negaron al mismo tiempo –Bien. Ethrian ya ha salido en dirección a Japón para entregarle el informe a la niña Athenea.

-¿Está seguro de que debemos ir, Patriarca? –Pregunto Milo que lo único que hacía era remover su comida en el plato con la cucharilla.

-Si, Milo ha sido una petición de la Princesa que la acompañemos –Respondió Shion.

El resto de la comida transcurrió en silencio, el único que hablaba para tratar de animar todo era Aioros pero incluso el desistió y permaneció callado mientras terminaban, Shion y Dokho intercambiaron una mirada cómplice mientras esperaban para sus adentros que la tensión disminuyera algo que nunca sucedía, o se mantenía o aumentaba pero no bajaba.

-Chicos, dentro de una hora quiero verlos reunidos de nuevo aquí ¿entendido? –Todos asintieron antes de abandonar sus sitios y proceder a volver a sus templos.

-Es extraño que Cáncer y Piscis no hayan venido –Comento Dokho cuando se quedaron solos, despidió a la armadura de Libra que se ensamblo en un costado.

-Si –Coincidió Shion –Supongo que estarán juntos en todo caso. Mejor les aviso por telepatía que tiene que presentarse.

-¿Ellos dos siempre han sido buenos amigos no? –Cuestiono Dokho.

-¿Amigos? Creo que si –Shion miro Dokho con cierta culpabilidad –Pase poco tiempo con ellos cuando eran niños. Me he sorprendido mucho por los hombres en los que se han convertido, sobre todo después de haber visto los registros.

-No son malos hombres, si fuera así Athenea no los hubiera regresado a la vida –Replico Dokho.

-Lo sé, pero no me negaras que son peculiares –Dijo Shion consiguiendo que el otro se encogiera de hombros –Su relación se asemeja a la que tenían Saga y Kanon.

-¿Amor/Odio? –Pregunto Dokho con un gesto de burla.

-Sí, eso creo –Afirmo el lemuriano.

En el Templo de Capricornio Shura estaba preparándose para entrenar un poco en la mañana cuando recibió una visita inesperada en su casa, sintió el cálido cosmos de Aioros entrar anunciando su llegada, algo confundido salió a su encuentro.

-¿Aioros? –Lo encontró en el medio del templo mirando todo a su alrededor.

-Buenos días, Shura –Saludo alegremente, vestía únicamente ropa de entrenamiento mientras que el español tenía su armadura.

-¿Por qué no llevas la armadura? –Cuestiono con curiosidad sintiéndose incomodo con su presencia, para Shura era muy difícil tenerlo de pie en medio de su templo exactamente con la misma apariencia que el día en el que acabo con su vida.

-Porque no lo creo necesario –Contesto sonriendo –Estas muy tenso ¿Lo sabes? –Shura no pudo evitar reírse aunque no supo la razón, quizás eran los nervios o la culpa –No tengas miedo ¿Quieres? No te guardo rencor, tampoco te culpo de nada, solo cumplías con tu deber.

-¿Miedo? –Cuestiono en lo que la risa se detuvo abruptamente –Yo no te tengo miedo, Aioros.

-¿No? ¿Seguro? –Interrogo Aioros con tanta seguridad que Capricornio se detuvo a reconsiderar su respuesta –Quizás no me tengas miedo a mí, Shura, pero le tienes miedo a lo que represento.

-¿De qué hablas? No te tengo miedo, Sagitario. –Repitió con menos convicción.

-Si lo tienes, porque soy una sombra en tu pasado, Shura. –Aioros dejo caer una de sus manos sobre el hombro del aludido y para el represento un peso enorme, como si le hubieran puesto una montaña sobre los hombros, de pronto se sentía vulnerable–Represento un hecho traumático en tu pasado, represento la muerte, la traición, el dolor y el abandono ¿Me equivoco? –El español negó levemente casi sin percatarse de lo que hacía –Eras solo un niño entonces…

-Era de los que mejor te conocía, Aioros. Presumía el hecho de tener tu amistad, de ser cercano, casi como tu hermano –Sin darse cuenta sus ojos se habían humedecido –Sabia que eras incapaz de hacer algo así, ¿Aioros de Sagitario intentando asesinar a una bebe? ¿A nuestra Diosa? Imposible, lo sabía pero aun así no dude en cumplir con la orden.

-Y estuvo bien –Dijo Aioros consiguiendo que el otro lo mirara sorprendido –Estabas obedeciendo órdenes de quien en aquel momento creías que eras el Patriarca, cumplías con tu deber.

-¿Estas justificando que te haya matado? –Shura estaba incrédulo, llevaba años tratando de convencerse a sí mismo de que había hecho lo correcto y todo eso se derrumbo al darse cuenta de su error, así que el tener enfrente suyo a quien asesino justificando sus actos le resultado de lo mas… bizarro.

-No, bueno creo que si ¿verdad? –Aioros se rio con ingenuidad a la vez que se llevaba los brazos detrás de la cabeza –Pero lo que quiero que entiendas, Shura, es que debes dejar el pasado donde debe estar atrás. Si te sientas en el camino, colócate de frente a lo que aún tienes por andar y de espaldas a lo ya recorrido. –Shura bajo la mirada levemente deseando no ver los ojos azules del otro.

-Eso lo sé, pero esperas demasiado de mi al menos muy pronto –Musito en voz baja.

-¿Todavía guardas el juego de ajedrez? -Pregunto de pronto Aioros consiguiendo que el español se sintiera desubicado y desconcertado.

-¿Cómo…? –Cuestiono.

-El juego de ajedrez, tenías uno cuando eras más pequeño, siempre venia a jugar contigo antes de los entrenamientos –Explico Aioros con una sonrisa mientras recordaba.

-Sí, aun lo tengo –Dijo Shura mientras se secaba las miserables lagrimas que habían conseguido escapar de sus ojos, observando la sonrisa que se formo en el rostro del griego.

En el Templo de Acuario, Camus se encontraba en la biblioteca buscando algo que leer cuando un sonido lo alerto de la presencia de alguien más, para su sorpresa descubrió la rubia cabellera en el preciso instante en que se caía al haber tropezado con una mesa.

-No puedo creerlo ¿Puedes esconder tu cosmos de una forma increíble pero te tropiezas con todo?-Le tendió una mano para ayudarla a levantarse.

-Una cosa no tiene que ver con la otra –Respondió visiblemente ofendida –Gracias, Cam.

-¿Qué haces aquí? –Pregunto mientras regresaba a la biblioteca con la chica atrás.

-Vine hacerte compañía –Contesto a la vez que revisaba todo lo que tenia al alcance de su mano.

-No necesito compañía, Ría –Replico Camus tocando con sus dedos los lomos de diferentes libros.

-Yo creo que si –Discrepo la muchacha – ¿Me lees una historia?

-¿Una historia? –Interrogo mirándola con sorpresa.

-Sip, que me leas una historia como cuando erramos niños –Se le colgó de uno de los brazos fijándose en todos los libros que estaban presentes –A ver quiero que me leas… este –Saco un pequeño libro de color azul –"La Trompeta de la Alegría" Fue la que leíste aquel día.

-De acuerdo –Camus lo tomo de sus manos y se acerco al sillón sentándose dejándole un espacio para Aricia mientras comienza a relatar con voz tranquila y pausada –"Había un país en que una trompeta mágica, cuyas notas resonaban por todas partes, aseguraban felicidad y alegría para todos. Pero un día, la trompeta desapareció y todo se sumió en la tristeza. Nadie hizo nada, salvo una niña que marchó decidida en busca de la Trompeta. –Aricia sonrió mientras apoyaba la cabeza en uno de los brazos del hombre con una sonrisa de satisfacción -Preguntó por todas partes, hasta que alguien le llevó a conocer al sabio de las montañas. Este le contó que la Trompeta estaba en el Pozo de las Sombras, y le dio un violín que debía serle útil. Cuando llegó al Pozo, encontró junto al mismo algunos músicos, tocando melancólicas melodías, y se unió a tocar con ellos. Pero al oír aquella música tristona, se dio cuenta que nadie, y menos la Trompeta, querría salir del pozo con aquel ambiente. Así que comenzó a tocar la música más alegre que pudo, sin descanso, hasta animar a los músicos, y todos juntos alegraron tanto el lugar que la misma Trompeta salió del Pozo más animada que nunca, llevando de nuevo la alegría a todo el país. Allí, la niña comprendió el valor de regalar Alegría como mejor remedio para todos los que están tristes. Y desde entonces, en aquel país, todo el que ve a alguien triste, le dedica la mejor de sus sonrisas con un poco de música."

-Recuerdo, que el día que contaste esta historia, Milo, tú y yo estamos cerca de los límites del campamento de las Amazonas. Yo estaba triste porque Shaina me había maltratado ese día y tú me animaste con esa historia. Luego Milo se puso hacer bromas para hacernos reír –Conto Aricia con un tono melancólico y lleno de añoranza.

-Lo recuerdo –Coincidió Camus.

-¿Tienes que irte? –Le pregunto al verlo levantándose y convocando a su armadura para que lo cubriera.

-Si hay una reunión en el Templo Principal, puedes quedarte pero no rompas nada –Le advirtió consiguiendo que la chica lo mirara con un aire ofendido.

-No romperé nada –Musito poco convencida.

-Claro –Escucho decir a Camus ante de quedarse sola.

Aioria miraba hacia los templos superiores al suyo con anhelo, le había pedido a su hermano que lo acompañara un rato en su templo, para por lo menos intentar hablar con él…. De nuevo, sus últimos intentos terminaron en un balbuceo sin sentido hasta que Aioros consideraba que era suficiente, le revolvía el cabello y se iba. Leo bufo enojado, Aioros lo había rechazado amablemente diciéndole que tenia cosas que resolver con Shura y que eran muy urgentes. Su armadura reacciono a su llamado envistiéndolo inmediatamente, la sintió reconfortante y cálida como si intentara animarlo, la verdad se sentía abandonado las personas más importantes para él lo ignoraban, Aioros se fue con Shura y ni rastro de Marín.

Para sorpresa y decepción de los mayores del grupo, ni Piscis ni Cáncer se presentaron aunque Shion se había encargado de mandarles un mensaje a través de su cosmos completamente seguro de que lo habían recibido porque ambos habían prometido estar presentes, una pequeña vena se marco en su frente, los demás también estaban extrañados por eso pero permanecían en un precario silencio. El Patriarca no parecía estar de buen humor.

La puerta del salón sonó tres veces y después se abrió permitiendo al visitante entrar, este resulto ser Jabú Santo de Bronce de Unicornio, parecía estar algo nervioso aunque intentaba ocultarlo… sin mucho éxito como notaron todos, Kanon reprimió una sonrisa mientras lo miraba caminar en el pasillo que habían formado al estar organizados en dos filas, una frente a la otra. Jabú tomo aire y se arrodillo frente al Patriarca.

-Señor, vengo a darle un mensaje de un habitante de Rodorio, me dijo que era muy urgente y que necesitaba de su ayuda para resolverlo –Hablo con voz neutral, lo más calmada que le fue posible reproducir con la cabeza gacha consiguiendo atraer la atención de los demás santos sobre su ser.

-Dime ¿Que puede ser tan importante? –Cuestiono Shion intrigado (al igual que el resto) por la información que pudiera tener el muchacho.

-Un aldeano dice que su hija ha sido secuestrada y…

-¿Secuestrada? –Interrumpió Milo con burla –De eso puede encargarse la policía….

-Si –Accedió Jabú algo impaciente de que no lo dejaran termina –Pero el señor está seguro de que fue secuestrada por….

-¿Secuestrada? –Una voz muy tosca se escucho de pronto al mismo tiempo que la puerta se abría bruscamente –Ese perro imbécil se cree la gran cosa para andar hablando así, estúpido … -Continuo lanzando maldiciones en su lengua natal ante la atónita mirada de los demás. Detrás suyo el Santo de Piscis venia caminando con una expresión muy serena en el rostro, las miradas de todos se dirigieron a la muchacha que se aferraba al brazo derecho del sueco con fuerza con la cabeza baja y visiblemente intimidada.

-Un Santo de Oro del Santuario de Athenea –Completo Jabú levantándose al verla.

-No me digas que esta es la muchacha desaparecida del pueblo –Dijo Shion mientras se llevaba las manos a las sienes para masajeárselas y tratar de evitar la migraña que estaba por darle.

-Sí, lo es. Corresponde a la descripción que me dio el señor –Afirmo Unicornio con preocupación.

-¿Qué? Ahora son asalta cunas par de traidores –Bufo Milo con veneno en sus palabras. Le daba una terrible curiosidad al verla, no era precisamente una niña debía tener casi la misma edad que la amazona de Águila que era amiga de Aioria, sus cabellos eran de un color violeta oscuro, sus ojos al parecer de un color gris, su piel era muy blanca como si no hubiera llevado mucho sol.

-Se equivocan –La voz de la chica sonaba más firme de lo que se pudiera esperar de su apariencia, al levantar el rostro pudieron fijarse en que estos no observaban ningún punto es especifico aunque se dirigía era a Shion, todavía oculta tras Afrodita –Yo vine acompañando a An… A los Santos de Cáncer y Piscis por voluntad propia, no hubo secuestro alguno. –Declaro saliendo un paso adelante pero sin dejar de sujetar a su acompañante.

-Te dije, Ragazza que lo mejor era que nos hubiéramos acercado a la pocilga que llamabas hogar para dejar en claro algunas cosas –Mascara de Muerte sonaba malicioso mientras se cruzaba de brazos fastidiado al mismo tiempo que sonreía burlón.

-No quiero que le hagas daño, An. Por mucho que se lo merezca –Le respondió la chica colocando una mano encima de la suya, para sorpresa de los santos, Cáncer no aparto la mano y le sonrió por respuesta.

-Blodwyn, no quiere permanecer más tiempo en su casa –Hablo por primera vez Afrodita con calma –Si el problema es su padre deje que nosotros nos encarguemos de eso.

-Si –Afirmo sonándose los dedos Mascara de Muerte –El viejo y nosotros nos conocemos desde hace años será fácil hacerlo entrar en razón.

-Esperen, chicos –Intervino Dohko al ver que Shion estaba a punto de perder los estribos – ¿Que piensan hacer?

-Nada para herirlo físicamente porque Blodwyn no desea que salga herido –Señalo con un dedo a la muchacha que asintió débilmente.

-De acuerdo –Shion parecía haberse calmado, claro había contado hasta mil mientras los demás hablaban –De acuerdo, de momento lo mejor será que la chica regrese con sus padres –Blodwyn negó efusivamente con la cabeza mientras se aferraba mas fuerte al Santo de Piscis y este y Cáncer fruncía el ceño, el Patriarca suspiro –Entiende muchacha aunque no lo quieras pondrás a dos Santos Dorados en una situación precaria…

-No más que la que yo vivía –Respondió desafiante y con un tono sombrío.

-Excelencia –Kanon llamo la atención de todos –No creo que haya problemas que la señorita pase una noche en el Santuario si ella ha venido por voluntad propia sabia a que se estaba enfrentando. Por otro lado, Mascara de Muerte y Afrodita están dispuesto a arreglar todo.

-Me preocupa más que clase de métodos usaran para persuadirlo a que deje que la señorita se quede –Replico Shion.

-No lo mataremos o torturaremos –Respondió Afrodita tranquilamente causando un escalofrió en los demás por la indiferencia con la que hablaba –Blodwyn no estaría feliz por eso ¿Verdad que no?

-No –Afirmo la chica.

-Está bien –Concedió Shion –Les daré la oportunidad de arreglar esto a su manera, no quiero heridos y mucho menos muertos. La Srta. Blodwyn puede permanecer esta noche en el Santuario no más al menos hasta que se aclaren las cosas con sus padres.

-De acuerdo –Acordaron los tres al unisonó.

-Vuelve al Templo de Piscis y espéranos, no te quedes en el jardín –Le dijo Afrodita amablemente.

-Está bien –La muchacha hizo una reverencia y procedió a retirarse ante la atenta mirada de todos.

-Jabú -Llamo el Patriarca algo más sosegado –Haz el favor de ir a Rodorio y avisarle a sus padres que ya estamos enterados del asunto y que se tomaran las medidas necesarias.

-Entendido, Patriarca –Hizo una reverencia y se apresuro a salir.

Jabú agradeció infinitamente a su diosa por permitirle salir del salón principal, estaba muy nervioso al momento de entrar y se permitió dar un gran suspiro de alivio al estar fuera, rápidamente se enderezo, conto hasta diez y se disponía a bajar para cumplir con la orden que le habían dado. Paso veloz el jardín de rosas que continuaba del doceavo templo hasta las primeras escaleras del Templo Principal, pero se detuvo casi entrando, observando la figura de la joven arrodillada entre los rosales.

-¡Oye! ¿Qué haces ahí? –Le grito Jabú un tanto desconfiado sabia que el rosal reconocía amigos y enemigos y que solo activaba sus efectos tóxicos en presencia de un peligro pero tener a la chica que parecía ser la protegida de dos santos de oro en esa situación precaria, no podía dejarla simplemente en ese lugar e irse ¿Y si le pasaba algo? ¿Y lo culpan a él por no evitarlo?

-Estoy visitando a las rosas –Le respondió con una voz más dulce de lo que había escuchado anteriormente.

-El guardián de esta casa te pidió que no te quedaras en el jardín –Le recordó el angustiado muchacho sin querer meterse tan adentro como estaba la chica.

-Lo dijo porque no quieren que me vean mucho, estas flores nunca me harían daño me conocen desde que soy una niña, vengo aquí desde hace años –Le conto con una sonrisa.

-¿Sí? –Pregunto sorprendido para luego agitar la cabeza tratando de concentrarse de vuelta –Se que eso es lo que usted sabe pero ¿Puede obedecer al Santo de Piscis y esperar dentro del templo?

-Si te crea tantas preocupaciones lo hare –Le contesto sujetando una rosa entre sus manos que al levantarse se salió de la tierra quedando entre sus manos – ¿Qué pasa? –Pregunto al escuchar el gritico ahogado que saliera de la boca del Santo de Unicornio que veía con pánico como había arrancado una rosa del jardín de Piscis.

-¡Arrancaste una rosa del jardín! –Por más que intento controlarlo no pudo evitar el timbre histérico de su voz.

-Sí, le pregunte si quería venir conmigo y dijo que si, por eso se soltó de la tierra –Contesto ladeado ligeramente la cabeza desconcertadas –Las rosas de este templo con muy inteligentes no son simples "matas" –Se rio alegremente –No te asustes, Afrodita no se molestara por esto. –Su rostro tomo una expresión mas seria – ¿Puedo pedirte un favor? –Espero unos segundos antes de continuar –Ya que vas a ver a mis padres ¿Puedes darle un mensaje de mi parte?

-Claro

-Diles: "Ya tiene lo que siempre quisieron, puros hijos varones. Olvídense de mí, para ustedes estuve muerta desde que nací" –Jabú se sintió muy mal en ese momento pero asintió silenciosamente.

-Se los diré –La acompaño hasta que entro al templo y se sentó recargada en uno de los pilares.

-Gracias…. Qué pena, no te he preguntado tu nombre…

-Soy Jabú Santo de Bronce de Unicornio –Se apresuro a contestarle.

-Gracias entonces Jabú de Unicornio –El muchacho se sonrojo ante la bonita sonrisa que le dedico.

Eran casi medio día cuando salieron del Templo Principal, se quedaron todo ese tiempo organizándose, Shion muy amablemente les había dado esos días libres para que se calmaran las aguas pero ya era hora de que trabajaran, aunque eso sería cuando volvieran de Japón. Todos caminaban en silencio, cuando comenzaron atravesar el primer templo que se atravesaba en su descenso –el de Piscis- Se encontraron con la muchacha del pueblo apoyada contra una de las columnas y una segunda chica, una amazona que tenía el rostro cubierto con una máscara de metal como la ley exigía.

-¿Quién de ustedes caballeros fue el que estuvo en el lugar del Patriarca todos estos años? –Pregunto con cierta timidez en su voz. Todos la miraron sorprendidos, incluso algunos compartieron una mirada confundida.

-Lakmé, que curioso verte aquí –Escucharon la voz del cuarto guardián con un tono de reconocimiento bastante peculiar, la aludida le hizo una reverencia.

-¿Pueden explicar que sucede? –Se quejo Milo.

-Perdone. Soy Lakmé Amazona de Plata de Piscis Australis. Estoy buscando al hombre que fue Patriarca estos últimos diez años –Volvió a pedir con voz neutral.

-Fui yo –Se adelanto Saga con una sincera curiosidad de la insistencia de la amazona a quien no recordaba haber visto nunca en su vida – ¿Que requieres de mi?

-Hablar de algo muy serio –Le respondió –Pero primero creo que tengo cosa que arreglar con usted ¿verdad? –Se dirigió a Cáncer que le dedico una mirada indiferente asintiendo ligeramente.

-Espera ¿Qué es lo que tienes que decirle a mi hermano? –Kanon se adelanto un paso más hacia la chica pero esta no retrocedió todo lo contrario alzo el rostro.

-Lo que tengo que decirle es algo que solo le incumbe a él, si luego quiere contárselo a usted puede hacerlo ahí ya no tengo nada que ver pero mis órdenes son que la información llegue única y exclusivamente al hombre que fue Patriarca –Le contesto con todo lo que su voluntad le permitió.

-¿Pueden darnos un momento? –Afrodita se adelanto con Blodwyn a su lado –Me parece que necesitamos aclarar unas cosa, Lakmé se encargara de buscarte después, Saga. Lo que tenga que decirte no cambiara –Saga asintió ante las palabras amables y corteses del sueco y le indico a su hermano y los demás que se retiraran.

-¡Vaya día más raro! Ese era el pensamiento que pasaba por la mentes de muchos mientras atravesaban Acuario, las sorpresas no terminarían, escucharon unos veloces pasos acercándose al pasillo principal, pronto para la vergüenza de Camus que se sonrojo sin poder evitarlo, la chica rubia apareció vestida con una camisa que le llegaba hasta los muslos que obviamente pertenecía al dueño de la casa.

-¿Qué haces vestida así? –Le pregunto con un ligero tono de histeria pero en voz baja en lo que la tuvo a su alcance.

-Es que hubo un accidente y… -Empezó a jugar con sus dedos algo sonrojada.

Los demás que habían decidido pasar de largo se fueron silenciosamente en cambio Milo de Escorpio se quedo unos segundos más, mirando dolido y molesto a ambos, bufo apartando el rostro groseramente antes de irse apurado.

-¿Qué le pasa? –Pregunto sinceramente confundida, consiguiendo que Camus cerrara los ojos para tratar de calmarse.

-Me disculpas pero eres una tonta –Le dijo molesto caminando a las habitaciones privadas, necesitaba tomar un calmante para el dolor de cabeza que le estaba dando.

-¿Qué dices, Cam? –Estaba aun más confundida y ofendida.

-¿Cómo te apareces vestida de esa forma en mi templo frente a todos? ¿Frente a Milo? –Le cuestiono molesto.

-No veo que está mal –Confeso –Cuando erramos pequeños siempre nos cambiábamos la ropa, cuantas veces no use ropa de Milo o tuya.

-Tú misma lo has dicho erramos niños, las cosas cambian cuando creces –Replico.

-Eso es lo malo de crecer –Dijo con calma –Porque todos se olvidan de lo que hicieron cuando eran niños, porque no importan las promesas ni el cariño. ¡Porque entonces te comportas como un estúpido e infeliz adulto! –Comenzó a alzar la voz molesta – ¡Se complican tanto! Si fuéramos como antes simplemente se agarrarían a golpes, pero como son grandes tiene que hacer todo como grandes ¿no? Tiene que "hablar" pero nunca van hacerlo porque son ¡dos cobardes! ¡Cobardes, cobardes, cobardes! ¡Estoy harta de esto! Debería golpearlos yo misma a ver si se les sacude las neuronas y dejan esta tontería de lado, odio a los adultos porque no saben arreglar las cosas sin tanto protocolo y palabrerías… -Camus la miraba seriamente –Por eso yo no quiero ser adulto.

-Pero no puedes quedarte siendo una niña, ya no lo eres, tiene dieciséis años –Acuario la miro con condescendencia –Hay cosas que ya han cambiado tu misma lo dijiste, ya no soy un niño y tu tampoco, nuestros cuerpos han cambiado tanto como nosotros.

-Quizás ustedes lo han hecho pero yo no he cambiado, quiero que las cosas sean como antes para que juguemos de nuevo –Musito.

-Eso no volverá, Aricia, eso debes tenerlo claro, los juegos no volverán, tu también tienes que crecer –Le dijo con delicadeza pero luego se metió en las habitaciones privadas volviendo a salir unos minutos después con algo en sus manos -Tienes que arreglar lo que hiciste vas a bajar y vas a decirle a Milo que no ha pasado nada.

-¿Y eso que es? –Le pregunto con desconfianza señalando lo que traía.

-Un libro –Le dijo mostrándole la portada donde se leía "Los Experimentos de la Señorita Elisa" –Es una de las historias favoritas de Milo.

-Gracias –Lo tomo y se alejo corriendo.

-Perfecto, lo que me faltaba que sufra del Complejo de Peter Pan –Musito mientras negaba con la cabeza.

La muchacha bajo rápidamente hasta el octava templo, busco la parte privada deteniéndose antes de entrar, respiro varias veces para calmarse y luego entrar.

-¿Milo? –Llamo al llegar a la sala y ver que se encontraba vacía.

-Vaya ¿Ya terminaste con Acuario lo que estabas haciendo? –Cuestiono de mal humor con una mirada indiferente.

-¿De qué me hablas? –Ladeo la cabeza confundida acercándose hasta la cocina donde se encontraba el santo apoyado en la mesa –Quiero decirte que paso.

-No quiero saber lo que hayas hecho o dejado de hacer con Camus –Negó mientras le daba la espalda para buscar un vaso de agua.

-Sabes que no se dé que me hablas, no me gustan las indirectas –Le replico algo enojada mientras que silenciosamente se colocaba a su lado –Vas a escucharme, si o si. Cam me dejo en el templo en lo que subió a la reunión que tenían, me dijo que no tocada nada pero ya sabes… quise ayudar y me puse a limpiar el baño, me resbale y abrí el grifo y me moje toda… Así que busque en las ropas de Cam algunas para cambiarme. Eso fue lo que paso. –Milo la miro durante unos instantes fijamente.

-¿Cómo se que es verdad? Eres muy buena mintiendo –La dijo Milo acercándose hasta quedar de pie frente a ella.

-Si lo sé, pero te juro que nunca te he mentido a ti y nunca lo hare –Milo asintió en silencio –Ven quiero que leas conmigo –Le mostro el libro que tenía entre sus manos, el hombre lo reconoció al instante, sabia a quien pertenecía y exactamente en que sitio del estante se encontraba guardado.

-¿Cómo lo conseguiste? –Era una pregunta tonta obviamente que lo sabía.

-Camus me lo presto ¿Me acompañas a leerlo si? –Emocionado sin lograr dar con la razón de dichos sentimientos asintió mientras se acomodaba a su lado en el sofá y ella comenzaba a narrar con buen ritmo la historia.

Agradecimientos a: Kumikoson, Kate Goddes, Loly, Daga Saar, Saoran-Sagitario y a todos los que leen mis historias.

Aclaraciones: El hijo de Shion nació más o menos por el siglo XIX, murió pronto como dice Dohko, además este era su padrino.

La canción que le canta Saori a Ginsei se llama "La rosa duerme al lado de la mejorana" aunque solo es un pequeño pedazo.

h t t p : / / artelena. wordpress. Com /2007 /12 /13 / mitologia- griega/ aqui el link de la canción

h t t p : / / www. mamalisa. Com /?t=ss&p =1107&c =15 6 para la letra.

Sobre el nombre de Naná, tiene dos significados dependiendo del idioma, en el caso del griego significa "Joven, la que es niña", en cambio en japonés su significado es "Siete"

Referente al bebe de Gala y Kanon: ¿Niño o niña? ¿Algún nombre que les guste?