"Los Experimentos de la Señorita Elisa"
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Capitulo Extra. Aricia y Milo.
-Si lo sé, pero te juro que nunca te he mentido a ti y nunca lo hare –Milo asintió en silencio –Ven quiero que leas conmigo –Le mostro el libro que tenía entre sus manos, el hombre lo reconoció al instante, sabia a quien pertenecía y exactamente en qué sitio del estante se encontraba guardado.
-¿Cómo lo conseguiste? –Era una pregunta tonta obviamente que lo sabía.
-Camus me lo presto ¿Me acompañas a leerlo si? –Emocionado sin lograr dar con la razón de dichos sentimientos asintió mientras se acomodaba a su lado en el sofá y ella comenzaba a narrar con buen ritmo la historia.
"La señorita Elisa aquel fin de semana les propuso uno de sus famosos trabajos sobre experimentos. A sus alumnos les encantaba aquella forma de enseñar, en la que ellos mismos tenían que pensar experimentos que ayudaran a comprender las cosas. Muchos tenían que ver con las ciencias o la química, pero otros, los que más famosa la habían hecho, tenían que ver con las personas y sus comportamientos. Y aquella vez el tema era realmente difícil: la libertad. ¿Cómo puede hacerse un experimento sobre la libertad? ¿Qué se podría enseñar sobre la libertad a través de experimentos?
Estas y otras preguntas parecidas se hacían los alumnos camino de sus casas. Pero ya se habían lucido con otros experimentos difíciles, y aquella vez no fue una excepción. El lunes llegaron con sus experimentos listos, y fueron mostrándolos uno a uno. Fueron muy interesantes, pero para no hacer muy larga la historia, la señorita Elisa me ha pedido que sólo cuente los experimentos de Amaya, Carlos y Andrea, que le gustaron mucho
Amaya llevó 5 cajas de colores y le dio a elegir a la profesora. La maestra, agradecida, escogió la caja rosa con una sonrisa. Luego Amaya sacó 5 cajas amarillas, se acercó a Carlos y le dio a elegir. Carlos contrariado, tomó una cualquiera. La señorita Elisa, divertida, preguntó a Amaya cómo se llamaba el experimento.
- Lo he titulado "Opciones". Para que exista libertad hay que elegir entre distintas opciones. Por eso Carlos se ha enfadado un poco, porque al ser las cajas iguales realmente no le he dejado elegir. Sin embargo la señorita Elisa estaba muy contenta porque pudo elegir la caja que más le gustó.
Carlos había preparado otro tipo de ejercicio más movido: hizo subir a la pizarra a la maestra, a Lucas, un chico listo pero vaguete, y a Pablo, uno de los peores de la clase. Entonces, dividió la clase en tres grupos y dijo dirigiéndose al primer grupo:
- Voy a haceros una pregunta dificilísima; podéis elegir a cualquiera de los tres de la pizarra para que os ayude a contestarla. Quien acierte se llevará una gran bolsa de golosinas.
Todos eligieron a la maestra. Entonces Carlos dijo a los del segundo grupo:
- La misma pregunta va a ser para vosotros, pero tenéis que saber que a Pablo, antes de empezar, le he dado un papel con la pregunta y la respuesta.
Entre las quejas de los del primer grupo, los del segundo eligieron sonrientes a Pablo. Luego Carlos siguió con los últimos:
- Os toca a vosotros. Lo que les he contado a los del segundo grupo era mentira. El papel se lo había dado a Lucas.
Y entre abucheos de unos y risas de otros, Pablo mostró las manos vacías y Lucas enseñó el papel con la pregunta y la respuesta. Po supuesto, fue el único que acertó la difícil pregunta que ni la maestra ni Pablo supieron responder. Mientras los ganadores repartían las golosinas entre todos,
Carlos explicó:
- Este experimento se llama "Sin verdad no hay libertad". Demuestra que sólo podemos elegir libremente si conocemos toda la verdad y tenemos toda la información. Los grupos 1 y 2 parecía que eran libres para elegir a quien quisieran, pero al no saber la verdad, realmente no eran libres, aun sin saberlo, cuando eligieron. Si lo hubiera sabido su elección habría sido otra
El experimento de Andrea fue muy diferente. Apareció en la clase con Lalo, su hámster, y unos trozos de queso y pan, y preparó distintas pruebas.
En la primera puso un trozo de queso, cubierto con un vaso de cristal, y al lado un pedazo de pan al aire libre. Cuando soltó a Lalo, este fue directo al queso, golpeándose contra el vaso. Trató de llegar al queso durante un buen rato, pero al no conseguirlo, terminó comiendo el pan. Andrea siguió haciendo pruebas parecidas durante un rato, un pelín crueles, pero muy divertidas, en las que el pobre Lalo no podía alcanzar el queso y terminaba comiendo su pan. Finalmente, colocó un trozo de queso y otro pan, ambos sueltos, y Lalo, aburrido, ignoró el queso y fue directamente a comer el pan. El experimento gustó mucho a todos, y mientras la señorita Elisa premiaba a Lalo con el queso que tanto se había merecido, Andrea explicó:
- El experimento se llama "Límites". Demuestra que lo, lo sepamos o no, nuestra libertad siempre tiene límites, y que no sólo pueden estar fuera, sino dentro de nosotros, como con mi querido Lalo, que pensaba que no sería capaz de coger el queso aunque estuviera suelto.
Muchos más experimentos interesantes se vieron ese día, y puede que alguna vez los contemos, pero lo que está claro es que los niños de la clase de la señorita Elisa terminaron sabiendo de la libertad más que muchos mayores."
Aricia termino de leer lentamente, le encantaba esa historia y sabia que a Milo también, lo miro de reojo, tenía los ojos cerrados ligeramente y una expresión tranquila en el rostro.
-¿Milo? –Pregunto en voz baja casi con miedo de perturbarlo.
-Opciones, Verdad y Limites –Cito Milo con buen humor –Esas son las tres cosas que necesitas para poder considerar la libertad.
-Camus no tenía opciones cuando hizo lo que hizo –Comenzó Aricia –Sabia la verdad de las consecuencias de sus acciones cuando las hizo, y conocía sus límites cuando lo hizo. Creo que tú también necesitas considerar algunas cosas.
-Sí, tienes razón –Le contesto atrayéndola hacia su cuerpo para abrazarla –Las cosas no son así tan sencillas como quieres creer.
-Si lo son –Refuto apartándose –Son ustedes las que los complican.
-Claro lo que digas –Le respondió Milo riéndose ligeramente – ¡Oye! –Se quejo cuando un cojín se estampo contra su rostro –Basta –Pero la verdad es que aunque le decía que se detuviera se estaba divirtiendo. La muchacha lo golpeaba repetidamente con el susodicho cojín hasta que Milo se decidió a detenerla, agarrándola por las muñecas y verla patear para soltarse –No podrás, hay una gran diferencia entre nosotros, tu eres del rango de plata y yo de oro.
-Eso no evito que te ganara un santo de bronce –Dijo debatiéndose, golpe bajo para Milo.
-No seas mala –La tumbo contra el mueble y se le sentó encima del estomago sin dejar caer su peso para luego atacarla con el mismo cojín que ella usara antes.
-Es cierto, es cierto –Aricia se retorcía intentando escapar mientras se reía con fuerza –A Milo lo derroto un niño, ¡un niño más pequeño que yo!
-Calla –Se quejo Escorpio ante la burla pero sin dejar de sonreír cuando se caso de molestarla se quito de encima y se tiro en el piso – ¿Crees que las cosas sean como antes?
-Yo todavía espero que sí –Le respondió mientras recuperaba el aire por el ataque de risas que le había dado –Camus, Aioria, Tu y yo fuimos amigos, muy buenos amigos más pequeños eso no tiene que cambiar, yo no cambie, ustedes si, así que está en sus manos. –Ambos cerraron los ojos para meditar unos segundos.
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-Pequeño one-shot, el cuento en si es lo que me encanta. Ya saben:
-Opciones, Verdad y Límites =Libertad.
