¿Cuál de ustedes mis diosas, tiene la respuesta que busco?
¿Cuál sabrá la pregunta que me hago?
¿Amor? ¿Sabiduría?
Amalgama de sentimientos.
¿Quién podrá responderme, esta duda existencial?
Díganme mis diosas,
¿Qué es el amor?
…
Capitulo Sexto. Encuentro con el Amor.
Diosas enfrentadas.
Cuando iban caminando hacia las escaleras más próximas para dirigirse a una de las tiendas favoritas de la joven diosa. El grupo en general estaba bastante más animado, el único que parecía estar alejado, algo realmente común, era Tatsumi.
-Yo tuve una vez un perro pequeño –Comento Keisi con cierta ilusión, consiguiendo la atención completa de la niña –Se llamaba Mota, era blanco y muy peludo.
-¿En serio? ¿Era cariñoso? ¿Bonito? –Cuestiono emocionada Ginsei que iba tomada de la mano de Saori.
-Sí, era muy bonito, estaba bastante loco le gustaba mucho correr –Respondió con tranquilidad.
-¿Qué le paso? –Pregunto Shiryu con curiosidad, ya casi entraban en el local.
-Lo que siempre pasara a la final, murió. – Contesto con una ligera tristeza en su voz, Shiryu asintió –Vivió unos felices y largos trece años -La joven sonrió con nostalgia dándole a entender al santo que no estaba molesta –No miento cuando digo que estaba loco, perro mas chiflado que el mío no creo que haya. Era un Pomerania Lulú.
-¿Cómo así? –Preguntaron Shun y Junet al mismo tiempo, interesados en la historia, Keisi se ruborizo ligeramente al ser el centro de atención de esos ojos inocentes, sin contar a Tatsumi, era la mayor de ellos, sonrió tímidamente a los chicos más pequeños que ella y a los cuales apenas conocía.
-Era muy alegre, siempre se emocionaba mucho cuando regresaba a casa, incluso aunque hubiera salido solo unos minutos, saltaba, empezaba a correr, se ponía a ladrar y comenzaba a dar vueltas en círculo hasta que se pegaba con algo –La historia logro que el grupito comenzara a reír, ilusionados por la idea de tener un perrito en la casa, niños al fin y al cabo.
-Tengo una curiosidad –Intervino Naná que también había estado escuchando la conversación, Keisi se giro un poco hacia ella para darle a entender que la escuchaba –Hablas muy bien griego, aunque tienes un acento peculiar. ¿Dónde vivías antes? –Ante tal pregunta Keisi no pudo más que esquivar la mirada de la chica, hasta el momento los únicos que habían escuchado la historia completa de su repentina miserable vida, eran el joven Santo de Pegaso y la Diosa Athenea; no se sentía dispuesta a decírselo a nadie más… al menos no aun.
-En Londres –Respondió secamente, impresionando a Naná, pero antes de que cualquiera de las dos pudiera mencionar algo más, Seiya se apresuro en intervenir.
-Miren todo eso –Señalo con un dedo, la enorme cantidad de ropa que se encontraba en los distintos percheros distribuidos por el local, además de eso también, habían otras áreas, como las de hogar, juguetería y para viajar. Los demás (incluso las chicas) se distrajeron por la repentina acción del joven olvidando instantáneamente lo que podía haberse convertido en una situación incómoda.
-Bien hecho, Seiya –Le felicito al oído la dulce voz de Saori, el aludido no pudo evitar sonrojarse al tiempo que su corazón latía un poco fuera de ritmo.
-Tiendas como estas no las encuentras en Siberia, o al menos no en la zona donde yo entrenaba –Menciono Hyoga con un peculiar tono desconcertado.
-¡Es increíble! –Grito Ginsei intentando soltarse de la mano de Saori que la sujetaba firmemente de la suya, solo quería ir a curiosear un poco, pero la chica no lo permitió y lo que hizo fue asir con más fuerza la mano de la pequeña.
-No puedes salir corriendo así, Ginsei, puedes perderte -Le expuso con tranquilidad, recibiendo un puchero de la pequeña, las otras muchachas se habían alejado un poco para comenzar a revisar algunas prendas y comparar sus opiniones al respecto. Los chicos (menos Shun que había sido arrastrado por June) se dirigían a la parte de caballeros.
-Esta blusa está realmente preciosa –Comento Naná sosteniendo la prenda en alto para mostrársela a los otras, que asintieron de acuerdo, encantadas con el bello tono lila de la tela.
-Si te gusta, podemos llevarla –Le propuso Saori con una sonrisa, la chica la chica la miro entre sorprendida y avergonzada.
-Señorita, ella es solo una sirvienta -Tatsumi se coloco al lado de su señora, usando un tono de voz despectivo y arrogante para referirse a la chica que le dedico una mirada dolida e irritada.
-¡Tatsumi! –Reprendió sorprendida la heredera, el aludido bajo la cabeza, intimidado por la fuerza en la voz de su señora no era alta sino demandante – ¡Te prohíbo que le hables así a Naná y a cualquiera! -Los demás la miraron entre sorprendidos y nostálgicos, era la primera vez en mucho tiempo que escuchaban a la joven dar una orden –Puedes llevar lo que quieras, Naná. De hecho precisamente por eso quería que todos ustedes me acompañaran, para poder retribuirles al menos en un gesto pequeño todo lo que han hecho por mí. –Saori bajo el rostro escondiendo su sonrojo.
-Señorita Kido –Tartamudeo Tatsumi intentando acercarse avergonzado pero ella se alejo unos pasos hacia atrás. Los chicos observaron en silencio todo lo que ocurría.
-En este momento de verdad no quiero que me hables, Tatsumi –Le dijo malhumorada, ignorando olímpicamente la cara de llanto que ponía el hombre, dio unos pasos más y se giro para alejarse un poco del grupo.
-¿Mamá? –Llamo Ginsei con preocupación al verla irse, estaba más que dispuesta a seguirla cuando la mano de Naná se poso en su hombro restringiendo así sus movimientos.
-Espere un momento, Señorita –Le pidió con amabilidad a la niña. Seiya se acerco hasta ambos y se agacho a la altura de la pequeña.
-Ginsei –Dijo atrayendo por completo la atención de esos ojos grises a su persona –Cariño, si te pido que me ayudes para estar un ratito a solas con mami ¿lo harías? –La niña medito un momento las palabras hasta entenderlas.
-Sí, papá, te ayudare –Respondió en el mismo tono susurrante que había usado Seiya, excitada por la confianza y la nueva misión que se le presentaba – ¿Cuando lo hacemos?
-Cuando yo te diga –Sonrió con complicidad –Simplemente haz lo mismo que yo, después debes hacerle caso a Shun, no te separes de él ¿Está bien? –La niña asintió completamente de acuerdo –Oigan, chicos, creo que nosotros ya tenemos suficiente ropa -Levanto su cesta algo llena con una mueca de pena en su rostro, llevando su mano izquierda a sus castaños cabellos, los chicos miraron con vergüenza la cantidad de ropa que llevaban, la cesta mas llena era la de Shun pero eso se debía a que llevaba lo que había escogido June para los tres; incluyéndolo a Ikki y a él.
-¡Yo también quiero ropa nueva! –Exigió con un puchero en sus labios –Vamos a buscarme ropa.
-Vale –Dijeron todos al mismo tiempo, Seiya le guiño un ojo a la niña que sonrió encantada, observo a su mami que estaba todavía distanciada y recordando lo que le había pedido el muchacho se acerco hasta ella.
-No te separes de mi, mami, puedes perderte –Le menciono la niña mientras sujetaba su mano delicada entre las suyas, pequeñas y blancas –Vamos a buscarme vestidos bonitos –La joven reencarnación de Athenea no pudo (ni quiso) evitar reírse y sentirse enternecida ante las palabras y la mirada que le dedico la criatura. Un sentimiento maternal y nostálgico se instalo en su pecho con fuerza. Confundida y sorprendida por las sensaciones solo atino a contestarle un pequeño "Vamos" antes de dejarse llevar hasta el área infantil. La tienda dividida por departamentos gozaba de una buena selección de ropa de todas las marcas para los más pequeños de la casa, esa parte se encontraba a su vez sub-dividido por edades.
Ginsei, maravillada casi olvida por completo el trato que había formado con Seiya, pero solo casi, encantada y todo, se mantuvo clara en su objetivo; ayudar a papá. Recordó que debía esperar la señal que él le diera así que soltándose de Saori se acerco hasta el primer perchero que tuvo a mano, lleno de vestiditos que contemplaba con satisfacción, tenía que ponerse de puntitas para alcanzarlos, eso no impedía su creciente felicidad.
-Este me gusta, este también, este no, este sí –La niña comenzó a parlotear entusiasmada moviéndose entre las prendas, con Saori cerca suyo brindándole su opinión sobre lo que le mostraba. Junet por su parte se desvió hasta la zona de recién nacidos que estaba muy cerca.
-Tan suavecita –Menciono Junet con una braguita de color rosado pálido entre sus manos, y casi sin detenerse a pensar en las palabras que saldrían de sus labios, expreso aquello que guardaba en su corazón –El día que tengamos una hija será así de chiquitica. –Apenas finalizando la última palabra sus ojos viajaron hasta el chico de cabello verde y casi al mismo tiempo enrojecieron furiosamente hasta las orejas. Un largo silencio debido al desconcierto se formo entre todos, silencio que duro hasta que la carcajada que lanzo Hyoga sin poder contenerse más lleno el ambiente acompañadas muy pronta por las de Seiya; Shiryu solo enmarco una ceja, las chicas alternaban la mirada de la pareja a Ikki y viceversa, por su parte Fénix se encontraba en un estado de estupefacción del que aun no podía salir.
-¡Junet! –Exclamo perturbado el joven caballero de Andrómeda todavía ruborizado.
-Esperen un momento –Ikki llevo sus dedos índice y pulgar al puente de su nariz, en un intento de terminar de procesar y comprender aquello que perturbara su mente, suspiro audiblemente encarando a su hermanito que evitaba su mirada avergonzado – ¿Pueden explicarme que es lo que demonios pasa entre ustedes? –Las risas del Cisne y el Pegaso cesaron abruptamente, ver a un Ikki iracundo era algo feo pero ver a un Ikki de Fénix molesto y calmado daba miedo. Algo como la calma antes de la tormenta, tormenta que por cierto se venía venir, frente a todo esto el inocente Shun no pudo evitar escapar de la mirada seria de su hermano, mientras se planteaba a sí mismo la pregunta que acaba de hacerle ¿Qué eran Junet y él? ¿Sabía acaso la respuesta? No estaba seguro por lo que se concentro en el suelo.
-Lo que Shun y yo decidamos hacer juntos no te incumbe, si decidimos casarnos y tener una linda niña por hija no hay nada que puedas hacer al respecto. –Declaro con mucha firmeza la joven rubia, aunque bien Saori pudo notar que estaba muy nerviosa, sus palabras causaron que por segunda vez (resaltemos) a Ikki le diera un tic nervioso, los demás (excluyendo a Naná y Keisi) se llevaron una mano a la boca.
-¡Qué dulce! –Exclamo la joven sirvienta con una sonrisa, dicha sea de paso desapareció muy pronto al ver los ojos llameantes del mayor de los cinco posarse sobre ella. Oh, oh –Yo… -Intento rectificar pero si quería llegar a los quince mejor se callaba, después de todo ¿qué más daba? Ya se había instalado el ambiente tenso entre ellos. La única que parecía no verse afectada era la pequeña Ginsei que en su pura inocencia no reparaba en lo que pudieran estar haciendo los mayores.
-Shun –Insistió Ikki ante el mutismo de su hermanito, que se debatía mentalmente, si no se esperaba la pregunta de su hermano mayor mucho menos se esperaba la respuesta de su mejor amiga. Se acerco un poco mas hasta quedar a pocos centímetros del chico de iris esmeralda, viendo esto Junet todavía sonrojada como tomate dejo delicadamente la prenda en su sitio y se interpuso rápidamente entre ambos hermanos, empujando hacia atrás a Ikki y marcando espacio entre ellos, luego puso sus manos sobre su cadera, desafiante, precisamente por eso Ikki no pudo evitar reconocer su valor.
-Ya te dije, lo que decidamos hacer no te incumbe –Repitió y los presentes soltaron un "ohh" expectantes. Shiryu consideraba ciertamente intervenir en cualquier momento pero la rápida mano de Hyoga sobre su brazo lo detuvo y su mirada de "Espera un momento" lo convenció.
-Mientras la batalla de miradas, azul contra azul se desataba entre ambos "defensores" de Shun, un poco más alejados, la joven pareja observaba la situación con expresiones muy diferentes, mientras que Seiya continuaba con una sonrisa socarrona y divertida, Saori les miraba de reojo con una mezcla de sentimientos encontrados y antagónicos entre sí, una parte de ella, quizás la adolescente, sonreía ante lo que ocurría, pero otra parte tal vez la diosa, tal vez la mujer realista, se manifestaba en la amargura de su mirada celeste grisáceo. Sin querer llevo su mano al pecho, el chico en lo que noto esto se giro hacia ella y se acerco para tomar su mano entre las suyas, sintiendo el eterno cosquilleo en la punta del estomago que le daba cada vez que su piel rozaba la suya, encantado con el contraste de tonos. Le clavo sus ojos chocolates exigiéndole atención.
-¿Qué pasa? –Pregunto curioso y preocupado al ver como se le humedecían ligeramente sus ojos.
-Nada –Respondió simplemente un poco avergonzada, restregándose los ojos con su mano libre –No es nada, no te preocupes.
-Mientes –Se quejo ofendido –No quieres decirme que te molesta.
-No me molesta nada. Solo… siento algo de envidia –Confeso sorprendiendo a su pareja que no esperaba que le contara o mejor dicho no esperaba que esa fuera su respuesta.
-¿De qué? –Cuestiono incrédulo, vaya que se encontraba extrañado, miro la discusión que se formaba entre Junet e Ikki reclamando como "propio" a Shun, que no encontraba como calmar los ánimos de las dos personas que más se preocupaban por su seguridad. Seiya no pudo contener una risita, cuando el pensamiento de que aquellos dos eran más parecidos de lo que pensaban pasó por su mente.
-De su libertad –Contesto con la mirada ausente, metida en sus propios pensamientos -Son más libres de los que nosotros seremos –Al ver que el chico no comprendía sus palabras, lo miro a los ojos para poder explicarse mejor –Junet, es libre de decir sus sentimientos ante la persona que ama, de poder plantearse y soñar un futuro juntos; tener hijos. Sin importar realmente quien pueda o no escucharla. Siento algo de envidia –Termino con desanimo sacudiendo la cabeza suavemente.
-¿Envidia? ¿Tú? –Seiya por más que quisiera no pudo evitar que su tono sonara escéptico, cosa que no lo ayudo mucho porque la chica rápidamente le dedico una mirada de reproche y soltó su mano – ¡Perdón! –Se disculpo con un gritico que le robo una sonrisa a Saori –No quise que se escuchara de esa forma…. Se me hace difícil la idea de que le tengas envidia a alguien –Un puchero apareció en su rostro –Eres hermosa, tanto por fuera como por dentro, inteligente –Saori coloco un dedo sobre sus labios luego de asegurarse que nadie se fijaba en ellos, sus mejillas sonrojadas por los halagos.
-Estas equivocado, no lo entiendes –Dijo frustrada –No envidio a Junet por su belleza, no la envidio de esa forma. No vale la pena -Murmuro lo ultimo mas para sí misma que para su acompañante que de todas formas alcanzo a escuchar.
-No me hables así –Saori bajo la mirada ante el tono dolido que dejo escapar Seiya por sus palabras –Si lo que te molesta es que no podamos ser "expresivos" en público… -Ella negó sin dejarlo terminar de hablar para apartarse un poco, Ginsei se dio cuenta y estaba dispuesta a seguirla cuando Pegaso le indicio con señas que regresara con los demás, la niña confundida asintió.
Saori se detuvo unos cuantos metros lejos del grupo, se sentía muy enojada aunque sincerándose consigo misma no sabía la razón, quizás, quizás se debía a la contrariedad que vivía su corazón y su alma en ese preciso momento. Incluso tenía ganas de soltar algunas lagrimas de frustración, suspiro para serenarse, no debía sentirse de esa forma. Seiya la alcanzo en el área de vestidores, la vio recostada contra una de las paredes, mirando fijamente el piso.
-Te comportas como si te hubiera dado un berrinche -Musito en voz baja al encontrarla de esa forma, le recordaba de cierta forma a la niña pequeña, ególatra y mandona que fuera alguna vez, una sonrisa se instalo en sus labios, ese pasado no era muy lejano. Saori frunció el ceño, ofendida, sin darse cuenta de que era la primera vez en algún tiempo que le decían algo así.
-No es eso –Dijo en un tono frio e indiferente –Seiya, escúchame bien, si te digo que siento envida de June no lo digo de "mala" manera; siento una punzada de celos de que ella pueda simplemente decir lo que siente, este o no de acuerdo Shun de la forma en que lo haya hecho. Sin importarle realmente quien pueda o no escucharla, o que existan consecuencias graves si lo hace. Tiene libertad de hacerlo –Cuando termino de explicarse una lagrima había escapado y rodaba por su mejilla, fueron las cálidas manos de Seiya las que retiraron la humedad de su piel, en una caricia ligera, al parecer sin darle mucha importancia a quien pudiera verlos, algo que ella no podía hace, automáticamente se encontraba alerta de lo que estuviera a su alrededor.
-"¡Cómo sabría amarte, mujer cómo sabría amarte, amarte como nadie supo jamás! Morir y todavía amarte más. Y todavía amarte más. "Pablo Neruda –Cito sorprendiendo muchísimo a Saori que lo miro con los ojos muy abiertos antes de sonrojarse intensamente. De ninguna forma esperaba que luego de haberle dicho todo lo anterior fuera a recitarle una parte de sus poemas favoritos.
-No puedo creerlo… ¿Tú citando a Pablo Neruda? –No pudo dejar escapar la ocasión de molestarlo un poco, a pesar de que ella mejor que nadie conocía al chico en profundidad, claro, a medida que mas conocía de él, más se sorprendía, descubrir que el alegre, infantil y atolondrado Santo Divino de Pegaso gustaba de sentarse a leer, leer de verdad, buenos libros de autores reconocidos le había robado una sonrisa orgullosa.
-No mucho realmente –Rio –Shiryu es el que lo estaba leyendo el otro día, entonces recordé que una vez me habías dicho que te gustaba mucho ese poema, cuando me leí ese verseo me di cuenta de que es todo lo que siento por ti. Sé que desde el principio no estabas muy convencida de que esto fuera de esta forma, pero… los amores a escondidas siempre son más divertidos –Le dedico una sonrisa ingenua.
-La mayoría de las historias de amor a escondidas terminan en tragedia –Replico observando el puchero en el rostro japonés –Seiya, he estado pensando… que lo mejor sería que dejemos todo como ha sido hasta ahora… podríamos lastimarnos de verdad.
-Nunca te haría daño –Contesto enojado por lo que había dicho ¡desconfiaba de él! -¡Nunca! Te amo más que a nada en este mundo. –La acerco a su cuerpo.
-Yo también te amo –Le contesto rápidamente –Pero no mereces vivir con restricciones, debes vivir con libertad, como el Pegaso Indomable que eres, y yo no puedo ofrecerte eso en estas condiciones –Su voz se endureció de forma natural, pasando a tomar su posición como diosa –Mereces aprovechar esta oportunidad de vivir como se debe poder expresar tus sentimientos, poder formar una familia estable, sin complicaciones. Sé que te gustaría tener hijos y yo no puedo darte eso –Sus ojos expresivos mostraban la contrariedad que sentía, incluso los distintos tonos de sus iris, una mezcla de plateado y celeste, curioso pensó Seiya se le hacía increíblemente hermoso aquel espectáculo. Sin poder evitarlo dejo escapar una carcajada.
-¿Eso crees? Eso no me importa –Dijo con un tono tranquilo –Estas viendo las cosas muy a… futuro. Yo quiero vivir el ahora contigo, no con nadie más, solo te quiero a ti; desde siempre ha sido así. ¿Dices que quiero tener hijos? Bueno realmente no lo había pensando, cuando era más pequeño solo me importaba encontrar a mi hermana y reunirme con ella, después cuando las guerras comenzaron pensaba nada mas en salvarte a ti y a la tierra, para que todos tuvieran una oportunidad, un futuro. Ahora que lo dices, si, si me gustaría tener hijos, pero solo si son tuyos y míos. Si son nuestros. –Seiya parpadeo como si acabara de entender algo -¿Es eso lo que te preocupa no? La "envida" que sientes es por lo que dijo Junet sobre tener un hijo con Shun. –Se sonrojo intensamente en ese momento, su piel blanca la descubría con demasiada facilidad –Somos demasiados pequeños para pensar en eso –Se llevo una mano detrás de la cabeza con calma, intentando consolarla en el proceso.
-Tienes que tener en claro que ese futuro que esperas no puede existir, Seiya. Athenea es una diosa de la cual nunca se le conoció descendencia –Proclamo dividida, las palabras de amor del chico la emocionaban de una forma increíble y a su vez la entristecían en partes iguales.
-Y tampoco nunca se le conoció un "amor". Porque siempre lo mantuvo en secreto –Refuto con una sonrisa. Saori comenzaba a sentirse frustrada y cansada de que el chico tomara sus preocupaciones tan a la ligera o… tal vez ella de verdad estaba exagerando.
-No me entiendes –Rezongo pero antes de que pudiera continuar él se inclino para juntar sus labios en un beso corto.
-Nop, creo que la que no entiende eres tú a mí. –Respondió con seriedad –Me encantaría gritarles a todos en este lugar que te amo, más que a nada en el mundo, mejor dicho en el universo, que te llevo amando desde antes de nacer, que eres la única que existe y existirá para mí –Mientras lo decía las mejillas de ambos se encendían con un brillante color rojizo, tomo su rostro entre sus manos para apoyar su frente sobre la suya y cerrar los ojos –Me encantaría hacerlo, no lo niego, pero que no pueda hacerlo (por ahora) no tiene importancia para mi, estar a tu lado, que me permitas estar a tu lado me basta y me sobra. Quiero que vivas el presente conmigo, que vivamos el momento. –Suspiro –No sabía que deseabas tener hijos. –Quería portarse bien, aunque tenía ciertos recuerdos de sus vidas anteriores en ninguna de ellas, su diosa le había dado a entender que guardara ese deseo.
-Seiya –Musito sorprendida, emocionada y enternecida, el muchacho retiro una nueva lagrima que corría por su mejilla –Nunca antes me había planteado tener hijos -Llevo sus manos a las del chico para entrelazarlas, ordenando sus pensamientos –Desde que Ginsei llego… desde que tu y yo estamos juntos, he llegado a imaginármelo ¿puedes creerlo? Un futuro bonito, Tu, Ginsei, un pequeño de cabellos castaños y yo. Y esa ilusión se destruye cada vez que pienso en quien soy
-Seiya… -Musito con los ojos humedecidos –Nunca antes me había planteado tener hijos, pero… -Llevo sus manos a las del chico entrelazándolas –Desde que Ginsei llego y que estamos juntos, me lo he imaginado, un futuro bonito ¿sabes? Tu, yo, Ginsei y un pequeño de cabellos castaños… Y esa ilusión se destruye cada vez que pienso en quién soy, pero a la vez se vuelve también más intenso.
-Athenea, si tuvo un hijo durante la época mitológica, Erictonio. Quizás, ella también necesita de un cambio que ha deseado por siglos –Algo en el tono de voz de Seiya le permitió darse cuenta de que hablaba en base a las memorias de sus vidas pasadas.
-Tal vez tengas razón –Suspiro.
-Ya te dije que te preocupas por cosas innecesarias, dejemos que el destino guie nuestros pasos –Insistió volviendo a besarla, primero en los labios, luego en la nariz siguiendo por sus mejillas y deteniéndose en sus ojos. Saori estaba encantada con las atenciones, aunque las palabras del chico habían dejado una huella en su mente, trayendo de vuelta un presentimiento que tan pronto como le llego se fue.
-Nada mas miren a quienes tenemos aquí –Chillo una voz desconocida para ambos jóvenes que tan metidos estaban en su conversación que no se dieron cuenta del momento en que una mujer alta, de piel blanca salteada con pecas, ojos y cabellos carmín, con un cuerpo de infarto se había acercado a ellos. La pareja trago grueso al verse descubiertos, el temor les duro solo unos segundos que tardaron en darse cuenta de que aquella mujer despedía un cosmos divino, entonces el temor se convirtió en horror ¡por todos los dioses! Por reflejo Seiya se apresuro a ponerse entre la desconocida deidad y su diosa.
-¿Quién eres? –Indago con desconfianza, la mujer que le llevaba por lo menos el doble de edad, lo sorprendió tomando su rostro entre sus manos y dándole un sonoro beso en cada mejilla, haciéndolo enrojecer.
-Siempre tan sobreprotector, eres tan tierno, Panthea –Exclamo la pelirroja con una enorme sonrisa ante el desconcierto de los más jóvenes – ¿Qué? ¿Ya no te acuerdas de tu tía o mejor dicho cuñada? –Seiya parpadeo varias veces, luego se giro para ver a Saori que se encontraba tensa y con la cabeza ligeramente ladeada.
-¿Aphrodite? –Cuestiono Saori insegura colocándose al lado de su santo, la mujer asintió antes de repetir la misma acción de besarla en las mejillas a modo de saludo – ¿Qué…? ¿Qué haces en Japón? –Su nerviosismo se sosegó mucho al percatarse de quien era, ahora estaba intrigada.
-Vine por trabajo –Le contesto con una sonrisa seductora como todo lo que había en ella, según pudo percatarse el joven cuando sin querer dejo su mirada recorrer el cuerpo que tenía delante suyo – ¿Te gusta lo que ves chico? –Le pregunto sin pena alguna.
-Yo… -Seiya desvió la mirada completamente avergonzado, escucho un bufido salir de los labios de la muchacha a su lado, entonces se sintió apenado además de algo orgulloso al saber que despertaba celos en Saori.
-¿Trabajo? –Pregunto de nuevo algo perspicaz.
-Bueno, igual que tu yo también reencarne en una humana, y como tal, soy una reconocida modelo de una línea de ropa griega. Mi nombre por cierto es Cassiel –Le contesto con tranquilidad –He estado esperando esto por tanto tiempo –Comento con añoranza –Han resistido más tiempo del que esperaba, demasiado realmente –Asintió hablando mas para sí que para los menores. – ¿Y bien cuáles son sus nombres en esta era? ¿O prefieren que los llame por "Athenea" y "Panthea"?
-Como gustes. Mi nombre es Saori Kido –Se presento.
-Yo soy Seiya Kido –La imito aun intimidado.
-¿Tienen el mismo apellido? –Curioso detalle.
-Sí, pero no somos hermanos, fuimos adoptados por la misma persona–Explico rápidamente Saori con un poco de pena, tratando de no tener que explicar el complicado "desastre" de su familia, aunque pensándolo bien, su familia divina también era un caos.
-¿Qué has venido hacer hasta aquí, Aphrodite? –Pregunto de una forma directa y a la vez educada, sin perder la compostura, una idea asalto su mente -¿Viniste a espiarnos? –Su voz sonó recelosa, sintiendo a su vez una sensación de complicidad que no podía comprender.
-Digamos que fueron las Moiras las que cruzaron nuestros caminos –Respondió con un deje de misterio que no ayudaba mucho a que Saori dejara de verla con desconfianza –Siendo sincera este encuentro fue simple casualidad (o tal vez no tanta). No podía dejar de aprovechar la oportunidad de saber que había pasado con la relación de ustedes dos. Estoy muy, muy feliz de haberlos encontrado así, esperaba ver esto desde la Era Mitológica. –Confeso emocionada, casi dando pequeños brincos –Tienen una voluntad muy férrea, aun no me decido si admirarlos u odiarlos por eso –Ambos jóvenes la miraron con cierto brillo picaron en sus ojos –De haber sido tu –Continuo –Sobrina, me hubiera aprovechado de Panthea desde el primer instante en que hubiera pisado mi templo –Le lanzo una mirada llena de deseo al muchacho que enrojeció súbitamente y sintió la imperiosa necesidad de esconderse detrás de Saori.
-Aphrodite –Regaño más relajada y con dulzura –Tu mejor que nadie sabias las razones que nos restringían estar juntos…
-¡Eso! –Grito emocionada, sinceramente se estaba comportando como una niña –Me alegra mucho que lo digas en pasado –Sonrió –Al fin diste tu brazo a torcer y te diste una oportunidad… Panthea estuvo dispuesto desde el principio, siempre a la orden de lo que su amada diosa decidiera, cualquiera que fuera dicha decisión-Miro al chico –Tú estarías a su lado, tan diligente, tan sobre protector, tan casto e ingenuo –Acaricio las últimas palabras, dejando que un puchero se formara en sus labios –Demasiado celibato para mi gusto, no soportaría ni una década…. –Al ver que dos pares de ojos inocentes seguían su palabrerío con atención se sintió repentinamente incomoda, debía asegurarse de algo antes de continuar con su casi monologo – ¿Qué edad tienen?
-Tenemos trece –Respondió Seiya con una sonrisa infantil –Entonces, usted es… ¿La diosa del Amor? –La pelirroja asintió.
-La misma que viste y calza, cariño, Aphrodite Diosa del Amor, la Belleza y otros cuantos títulos que ustedes no necesitan conocer todavía … un poco mas de adultos –Confirmo socarronamente –Ya que estamos claros quienes somos. Hace un momento discutían ¿Puedo saber el por qué?
-No deberías ser tan curiosa –Contesto la reencarnación de Athenea.
-Palas, Palas, querida sobrina si se te ha olvidado yo te lo recordare. Durante la Era del Mito intervine para evitar que te quitaran al mortal que había conseguido herir a Hades, al mortal que amabas, pese a que con sus acciones su alma debía haber sido destruida. Sin embargo, eras una diosa consagrada a la virginidad (algo que nunca entenderé) y tenias tus razones para querer mantener tu honor intacto. Pero aquel muchacho, que te amaba tanto, te entrego completamente su vida, por lo mismo, me encargue de cubrir y resguardar tu "pequeño" secreto, aunque siempre me he sentido dolida de que haya preferido dar su voto y juramento de amor a Némesis, no sé que puede saber esa diosa del amor. –Su hermoso rostro recreo una muestra de enojo –Pero bueno, desde entonces he estado esperando a que tus prejuicios y terquedad se fuera derrumbando ante la atenciones del bello Panthea con cada una de tus reencarnaciones, el amor se fue haciendo más sólido, más sutil, mas importante… más necesario. Y si no intervine fue porque tú me hiciste prometerlo, porque querías que fuera el Hado quien decidiera el rumbo de tu situación, una decisión algo ¿cobarde tal vez? –Saori frunció el ceño ante tal insinuación –Después de todo tomar cartas en el asunto por ti misma iría contra muchas de tus creencias y era más fácil creer que había sido el destino el responsable. –Se detuvo para tomar aire, satisfecha por la mirada llena de seriedad y reconocimiento que habían en esos ojos, de colores tan contrarios, como Gea y Urano, curioso, no se había detenido en ese pequeño detalle –Aun así, tu amabas a los humanos por su naturaleza por eso quisiste protegerlos de los demás dioses, sin mencionar claro tu deseo "egoísta" (eso crees) de permanecer por lo menos en compañía del mortal que logro lo que ningún dios pudo; traspasar las murallas de la serena Señora de la Sabiduría y conseguirse un lugar predilecto en su corazón. Panthea, su amor puro y sincero, su paciencia, me da gusto que al fin haya dado fruto –Le dedico una mirada orgullosa a Seiya que para esas alturas se sentía en una especie de trance –Ahora, sobrina si estas dispuesta a asumir el reto. ¿Crees que te abandonaría? O mejor dicho ¿Qué dejaría desatendido un amor tan puro y verdadero? -Un pequeño deje de celos escapo de sus labios –Estoy aquí dispuesta a ayudarte y apoyarte en lo que sea que estés pensando hacer… Bueno, siendo sincera alcance a escuchar un poco de lo que decían antes, ciertamente, al ser una empresaria tan joven atraes la atención de la prensa… Es algo que hay que resolver….
-No es necesario que te involucres en esto, Aphrodite –Musito Saori viéndose interrumpida por unos pequeños gestos que le hizo la mujer.
-Nada de eso, quiero ayudar –Sonrió concentrando sus cosmos en su mano derecha, se formaron de la nada dos pulseras de oro, hermosamente diseñadas, consistían en una manzana en el centro y a ambos lados nacían rosas y continuaban con un intricado diseño hasta volver a unirse –Con ayuda de estas pulseras bañadas con mi cosmos, podrán pasar desapercibidos para ojos humanos, es decir, que nada mas aquellos que ustedes quieran que puedan verlos, lo harán, y aquellos que no, simplemente los pasaran por alto o solo verán a una parejita común y corriente. Lo que si debo advertirles es que dudo su funcionamiento con los dioses. –Seiya tomo con delicadeza ambos objetos, observo el oro resaltando contra su piel bronceada, entonces se giro y tomo la mano derecha de Saori con suavidad deslizando el accesorio hasta su muñeca.
-Gracias –Seiya le hizo una inclinación con la cabeza a la pelirroja; siendo completamente sincero para después ponerse la suya –Este… esto se ve tan de niña –Se quejo levemente.
-Eres tan tierno… Me encantan tus ojos, son de un color chocolate aunque se parecen más al tono de la tierra, eres muy apuesto –Dejo escapar con sinceridad la mayor, haciendo que las mejillas de Seiya se marcaran de un tono rojizo –Igual que las tuyas, sobrina, eso te ha traído algunas veces problemas. En esta época me sorprende que aun seas apenas una criatura.
-Ni tanto –Replico Saori con una sonrisa – ¿Qué edad tienes tu? –Aphrodite le guiño un ojo sin contestar.
-¿Seiya? ¿Saori? –Los tres se giraron al escuchar la voz juvenil llamarlos, se encontraron con la mirada azul de Hyoga que se había acercado hasta donde estaban, se fijo en la mujer de cabellos fuego, sonrojándose al instante, sin poder evitarlo gracias al magnetismos del cosmos de la diosa. Aunque se percato de la lejanía de sus amigos, decidió darles un momento a solas mientras veía el desenvolvimiento de la discusión de Ikki y June, posteriormente cuando sintieron un cosmos divino y desconocido se preocuparon, por lo que se aproximaron con sigilo, vacilaron unos instantes en interrumpir al ver que no parecía haber peligro aparente. La pequeña Ginsei estaba a su lado, sujetándose de su pantalón dirigiéndole una mirada analítica a la mayor de todos, de una forma que no correspondía para alguien de su edad. – ¿Están bien? –Saori asintió mientras que Aphrodite se fijo en esos ojos grises con curiosidad, pero rápidamente pasó su vista al resto de los presentes, eran en total cuatro chicos, cada uno apuesto a su propio estilo, los recorrió con su mirada sin vergüenzas, los detallo con una sonrisa elegante. El rubio de ojos azules, el chico de cabellos negros y largos, la aniñada expresión del muchacho de ojos verdes y la inocencia que estos despedían, la rudeza y fuerza del joven que aparentemente era el mayor de ellos; Santos Atenienses, siempre le provocaba un placer culposo ver a aquellos hombres (en este caso aun eran unos niños) musculosos, valientes, hermosos y dignos que luchaban con y por su sobrina. Siendo la Diosa de la Belleza, no pudo dejar de ver a las jóvenes que también venían con ellos, la rubia que se mantenía firmemente abrazada al joven Andrómeda, sus ojos de un azul más oscuro le lanzaron una advertencia silenciosa y desafiante, Aphrodite sonrió ante ese gesto, le dedico una sonrisa condescendiente y se desvió a las dos restantes, la chica de cabellos verdes tenía una belleza común pero su rostro expresivo le daba un toque encantador sobre todo el rubor que se instalo en sus mejillas al sentirse intimidada, la chica lemuriana si atrajo con fuerza su interés, no era que todos los días te encontraras a un miembro perteneciente a esa antigua población, lo que más le gustaban eran esa especie de dos puntitos que tenía en la frente en lugar de cejas, le daba un aspecto tan exótico que se sintió encantada.
-Qué compañía tan interesante tienes –Declaro una vez que termino su revisión, usando un doble sentido que solo Ikki comprendió sonriendo burlón –Dime, linda. ¿Cuál es tu nombre?
-Keisi, Señora –Respondió educadamente.
-¿Keisi? Bonito nombre ¿no te gustaría ser una modelo? –La mirada de sorpresa de la chica le provoco una carcajada, cuando salió de su estupor, sus mejillas se sonrojaron.
-No. –Naná observo con curiosidad lo tensa que se había puesto Keisi.
-Es una lástima, serias muy famosa –Contesto con tono triste.
-Disculpe. ¿Quién es usted? –Cuestiono educadamente el chico de cabellos verdes.
-Oh, eres tan lindo. –Shun se sonrojo mientras que June solo endureció sus facciones –Mi nombre es Cassiel y soy la reencarnación de la Diosa Aphrodite –Se presento tranquilamente - ¿Y quiénes son ustedes, pequeños?
-Yo soy Junet Amazona de Bronce de Camaleón –Contesto rápidamente –Él es Shun Santo de Bronce de Andrómeda. –Ambos inclinaron el rostro en una reverencia respetuosa.
-Hyoga Santo de Bronce de Cygnus –Acoto el rubio, conteniendo lo mejor que podía la risa que quería escapársele, no podía evitar solo con ver la clara expresión de cansancio de su mejor amigo, reconocer que incluso el paciente Shun se llegaba a sentir agobiado.
-Shiryu Santo de Bronce de Dragón –Respondió el de cabellos negros, caballerosamente procedió a presentar a las dos damas que estaban a su lado –La señorita es Naná –La aludida hizo una pequeña reverencia, bastante confundida por lo que pasaba a su alrededor, gracias a los dioses que al menos la señorita Kido se había tomado el tiempo de explicarle algunas cosas porque si no sin duda creería que se estaba volviendo completamente loca, tanta deidad griega pululando no era bueno para su salud mental. –Y como ya sabrá, esta señorita es Keisi –Ginsei que no conseguía quedarse quieta en aquella situación dio un paso al frente, saliendo de la protección de Hyoga.
-Y yo soy Ginsei Kido –Dijo con un tono orgulloso desafiando a aquella mujer con su mirada plateada, muy dentro de sí misma algo se agito, no tenía ni idea de que podía ser, pero no le daba miedo, parecía como… una parte que luchaba por emerger y tan pronto apareció, se fue.
-Un placer conocerte, pequeña –Replico la Diosa del Amor con una sonrisa, mientras le tendía la mano a modo de un saludo respetuoso, la chiquilla la impresiono con esa actitud pedante, la niña respondió al gesto alzando una de sus manitas para estrecharla con la mujer, por su parte Seiya y Saori se tensaron al mismo tiempo, desde que la niña llegara a sus vidas habían decidido que harían todo lo posible por pasarla desapercibida con los demás dioses, ahora frente a sus ojos, ambas diosas se encontraba cara a cara, aunque una de ellas desconociera su condición no descartaba el riesgo de que fuera descubierta. –Eres muy hermosa, serás toda una belleza cuando llegues a la adolescencia… -Diosa y Santo respiraron con normalidad al ver la sonrisa altanera de la pequeña.
-¡Señorita Kido! –Grito un hombre maduro, Tatsumi, parecía ya estar repuesto del rechazo que le hubiera hecho la heredera un rato antes, se acerco empujando y llevándose por delante a los jóvenes que se encontraban en su camino, consiguiendo dicho sea de paso que Saori le regalara una nueva mirada llena de reproche, el pobre mayordomo se sentía muy frustrado, se distrajo solo un instante y basto para que el "desgraciado" de Seiya se llevara a su Señora de su campo de visión –Pero si usted es... –Su boca se abrió un poco al encontrarse con la mujer que acompañaba al grupito –Usted, es la modelo Cassiel –Aquella declaración de su parte gano que absolutamente todos los chicos ladearon el rostro entre sorprendidos e intrigados ¿Cómo aquel tosco hombre podía saber de moda? ¡De moda!
-Sí, soy yo –Cassiel sonrió con arrogancia, le encantaba que la reconocieran y que los hombres (y algunas mujeres) observaran su cuerpo con deseo, sin embargo, en ese momento algo mas atraía su atención, era aquel chico de aspecto rudo y cabellera azulada, ni siquiera sabía su nombre porque no se digno a pronunciarlo, le sonrió de forma seductora y descarada acercándose un poco más a él – ¿Y tú no tienes nombre, pequeño? –Remarco la última palabra con la finalidad de hacerlo reaccionar… al menos enfadarlo, cosa que logro efectivamente al verlo soltar un suspiro y fruncir el ceño.
-Mi nombre no le importa –Contesto ofuscado.
-Él es Ikki Santo de Bronce de Fénix –Intervino Saori con precaución advirtiéndole con una mirada al santo que se comportara.
-Señorita Cassiel, al fin la encuentro ya estaba preocupándome –Todo el grupo se giro para ver con sorpresa como una nueva mujer se aproximaba hasta donde estaban ellos, tenía una belleza delicada, largo cabello negro, cuerpo más delgado y estilizado, unos hipnóticos ojos amarillos.
-Gabrielle, querida te dije que iba a ver a unos viejos conocidos –Replico la diosa con una sonrisa alegre, a pesar del respeto con el que hablaba la otra, resaltaba la diferencia de edad entre ellas, ya que Gabrielle por lo mínimo le llevaba diez años. –Te presento a la señorita Saori Kido, es la actual reencarnación de mi sobrina Athenea en esta Era. –La aludida no pudo menos que sorprenderse por la forma en que había sido presentada sumándole la reverencia que le hacía Gabrielle, aunque recapitulando Aphrodite le dijo que "iba a ver a unos viejos conocidos" ¿pero si ninguno de ellos alcanzaba ni siquiera los veinte? –Y estos jóvenes son parte de su orden, bastante guapos ¿verdad? -Pregunto con picardía, riendo ante el gesto afirmativo de la otra mujer. –Las señoritas amigas de mi sobrina y a su… sirviente –Le dedico un gesto vago a Tatsumi que enrojeció ligeramente, para su sorpresa (y de todos en general) Gabrielle no le quito sus amarrillos ojos de encima –Les presento a la Señorita Gabrielle, mi asistente en su identidad civil y una de mis sacerdotisas más preciadas.
-Es un placer y un honor conocerlos a todos –Les hizo una inclinación de cabeza a la que los muchachos correspondieron imitando el gesto, excepto Ikki por su puesto –Señorita Cassiel es hora de que volvamos al trabajo, el jefe a estado llamando toda la mañana preguntando por usted…
-Sí, si ya se –Contesto en automático –Ustedes también están de compras ¿no? -Todos asintieron –Bien entonces dejen que les haga un pequeño regalo –Se giro a la morena –Gabrielle haz que carguen todo lo que ellos lleven a mi cuenta.
-Eso no es necesario –Replico Saori con aire orgulloso.
-Tranquila, sobrina, esto es solo un regalo que quiero hacerles, seria de muy mala educación de tu parte rechazarlo –Respondió encogiéndose de hombros para restarle importancia, luego se acerco hasta ella para inclinarse y decirle unas palabras al oído –Lo único que te pido a cambio es que tengas presente siempre el significado de estas pulseras. –Saori asintió débilmente –Me retiro, ha sido todo un placer volver a verte Palas Athenea, espero que podamos encontrarnos nuevamente para hablar un poco más.
-Eres bienvenida a visitarnos en nuestro hogar. –Contesto con una ligera sonrisa mientras observaba en compañía de todos como ambas mujeres se despedían, alejándose con paso firme y elegante, muy característico del mundo de la moda.
-No quiero sonar grosero pero… ¿Soy el único que está confundido? –Pregunto Hyoga con molestia.
-No lo creo, yo también lo estoy –Le contesto Shiryu con calma, luego observo a Saori con una expresión que exigía silenciosa y educadamente una explicación.
-Lo ideal sería que buscáramos un sitio donde sentarnos para hablar cómodamente –Los chicos asintieron –Dime, Ginsei ¿ya tienes toda la ropa que quieres?
-Sí, mami. –Respondió la niña con una sonrisa tomando su mano y encaminándose junto a ella a la caja para cargar todo a cuenta de la Srta. Cassiel como ella quería, la empleada de la caja miro al grupo entero con curiosidad pero se mantuvo en silencio. Después de acomodar todo, se dirigieron a una zona menos transitada, encontrando refugio en un piso casi vacío, ni lentos ni perezosos se tiraron al piso formando un circulo y acomodando las compras a un lado.
-¡Esto no puede estar pasando en serio! –Naná se dejo caer sobre sus rodillas evidentemente frustrada.
-Tranquila –Le dijo Saori colocándose a su lado y dejando caer una de sus manos sobre sus hombros, consolándola – ¿Recuerdas lo que hablamos antes de salir?
-Sí, usted me dijo que era la reencarnación de la Diosa Athenea, Diosa de la Guerra, de la Sabiduría y de la Inteligencia, Protectora de la Tierra. –Suspiro audiblemente –Ellos son santos que luchan a su lado e igual que usted vuelven a nacer cuando los humanos peligran.
-Muy bien, exactamente, la mujer a la que acabamos de encontrarnos es la reencarnación de la Diosa Aphrodite y a una de sus sacerdotisa –La explicación la hizo en voz alta para que todos pudieran escucharla aunque eso significara que Ginsei también lo hiciera, pero la niña estaba completamente entretenida intentando destapar la caja de una muñeca que le habían comprado.
-¿Y que ha venido a buscar? –Pregunto Keisi que observaba con sincera curiosidad a la joven.
-¿Estamos en peligro de nuevo? –Fue la tosca e inesperada pregunta de Ikki que era el único que no se había sentado y estaba recostado contra una pared.
-No –contestaron al unisonó, Seiya y Saori sonrojándose ligeramente –Ella solo quería hablar con nosotras de algunas cosas. –Completo el muchacho.
-Aphrodite no es una diosa de involucrarse en guerras –Añadió la chica.
-Si no corremos peligro ¿Qué hacemos ahora? –Cuestiono Shun que para ese momento tenia sentada en sus piernas a Ginsei con una expresión seria en su rostro.
-Vamos a comprar mi perrito –Declaro la niña con entusiasmo, esperando que Seiya se animara al igual que ella, pero sorprendentemente el chico parecía seguir en una especie de letargo, aun así le sonrió a la niña secundando su pedido. Algunos rieron y la niña inflo sus mejillas sintiéndose ofendida. –Hablo en serio.
-Está bien, Ginsei. Vamos a la tienda de mascota, ya sabes que es un compromiso ¿verdad? –Saori le sonrió con dulzura maternal a la niña que se levanto de un salto de las piernas de su querido tío Shun y corrió para tirarse sobre las de la joven que le acaricio sus plateados cabellos con cariño. Mientras los demás se iban poniendo de pie, Pegaso capto su atención, estaba taciturno algo poco común en él.
-Sí, sí, lo cuidare, lo prometo, lo prometo –Exclamo la chiquilla sumamente emocionada.
-¿Te encuentras bien, Seiya? –Le pregunto preocupada en lo que Ginsei se levanto y se reunió con Keisi, el aludido la miro por unos largos segundos antes de parpadear, sacudir su cabeza y sonreírle.
-Sí, estoy bien, no te preocupes Saori. –La chica asintió no muy convencida pero acepto gustosa cuando le ofreció una mano para ayudarla a levantarse.
-¡Vamos a la tienda de mascotas! –Exclamaba la niña tirando de la mano de Hyoga.
-Ya vamos, Princesa. –Le contesto el rubio mientras la tomaba en brazos.
-¡Rápido! –Chillo haciéndole señas con las manos a los otros por encima de los hombros del chico.
-Tranquila –Shun cargaba unas cuantas bolsas y ayudaba a las chicas a ponerse en pie.
-¿Dónde está, Tatsumi? –Pregunto Saori que hasta ese momento no se había percatado de que su fiel mayordomo no se encontraba con ellos.
-Venia de tras de nosotros hace rato –Menciono Naná que sinceramente no extrañaba su presencia.
-Tal vez se quedo con la Srta. Gabrielle –Aporto Keisi.
-Puede ser –Concordó riendo –No sé si se fijaron pero la Srta. Gabrielle no le quito la vista de encima.
-¡Por favor, Hyoga! Lo menos que necesito es imaginarme a Tatsumi coqueteando con alguien –Carcajeo Seiya divertido ocasionando que los demás también se rieran incluso Saori.
-No seas malo, Seiya. Tatsumi tiene derecho de enamorarse de alguien –El chico se encogió de hombros. Pronto se dirigieron hasta la tienda de mascotas en la cual se habían detenido al principio del día.
Ginsei se inclino hacia la vitrina, observando algunos cachorros que estaban en exhibición, había de distintas razas, colores y tamaños, pero uno en especial atrajo la atención de la niña. –Quiero ese –Señalo con una sonrisa. Saori asintió entrando seguida de los demás.
-Buenas tardes ¿en qué podemos ayudarle? –Pregunto una muchacha joven apenas se acercaron a una de las jaulas.
-Buenas tardes. Estamos buscando un cachorro –Le respondió Saori educadamente mientras Ginsei se bajaba de los brazos de Hyoga y comenzaba a buscar a la criatura que había llamado su atención.
-Eres lindo, eres lindo, eres lindo. ¡Lo encontré! –Grito al ubicarse frente a una pequeña jaula donde se encontraba un cachorro mediano con su pelaje de distintos tonos de marrón, una peculiaridad que saltaba a la vista era su heterocromia.
-Mira, hermano, tiene los ojos de distintos colores –Exclamo Shun que se había agachado junto a la niña, el cachorro en cuestión tenía el iris del ojo izquierdo azul y el derecho verde, parecía ser muy tranquilo ya que solo agitaba la cola lentamente.
-Sí, esa cachorra es mestiza un señor fue la que lo encontró y la dejo para ver si podíamos encontrarle una familia. –Conto la vendedora –La verdad es que es un perro bastante extraño, apenas si ladra.
-¿Te gusta, Ginsei? –Pregunto Seiya con una sonrisa.
-Sí. –La niña contesto con firmeza.
-Entonces, vamos a adoptar a esta cachorra –Saori le sonrió a la vendedora que asintió alejándose a mostrador para buscar la llave –Me parece que necesitaremos comprarle una cama, comida, platos y otros accesorios. ¿Quieres elegirlos tu Ginsei?
-¡Sí! –Ginsei se levanto tomando la mano de Shun para ir arrastrándolo a distintas partes de la tienda para que cargara con las cosas que iba señalando.
-A ver… esta es la llave –La chica abrió el seguro y permitió al perrito salir, este levanto el rostro y sacudió la cola cuando Seiya se acerco para acariciarla.
-Es realmente muy linda –Naná le tendió la mano para que la perrita se la olfateara, esta ladro y le restregó su cara contra su piel, automáticamente la chica comenzó a acariciarla.
-Listo, Mami –Ginsei señalo con su dedito como Shun e Ikki cargaban con varias cosas, la chica encargada de la tienda miro a la niña con curiosidad y después de a la jovencita que asentía.
-¿Qué nombre le va a poner, Princesa? –Cuestiono Keisi en lo que Saori y los chicos se marcharon para pagar. Ginsei se quedo pensando durante unos segundos antes de exclamar.
-¡Buda!
-¿Qué? –Grito Seiya girándose de pronto con una sonrisa inmensa en su rostro.
-Se llamara Buda –Repitió la niña. Los demás se carcajearon.
-Oh. A Shaka le dará algo cuando escuche eso –Comento Shun algo preocupado. –Quizás… ¿no te gustaría ponerle otro nombre? –Intento persuadirla pero la pequeña solo frunció el ceño negando con la cabeza.
-Déjala, Shun. Si ese es el nombre que quiere ponerle no hay nada que podamos hacer. –Intervino Ikki con una sonrisa, la primera en casi todo el día. Shun asintió no muy convencido. Al terminar de pagar, las jóvenes mujeres que atendían el negocio se despidieron de ellos con una sonrisa.
Vagaron durante un rato por el centro comercial buscando a Tatsumi, Ginsei estando ya cansada pidió ser cargada por Seiya que la subió a su espalda mientras tomaba a Buda en brazos, Tatsumi apareció de la nada, con una sonrisa tan grande que daba miedo, Saori les había hecho señas con las manos a los demás para que no comentaran nada, riéndose por dentro con la situación, dado que Shun tuvo que pellizcar a Hyoga para evitar que se le saliera cualquier tipo de comentario. El viaje de regreso a la mansión fue más tranquilo, Ginsei estaba tan agotada que cayó dormida recostada en el pecho de Ikki, una imagen sumamente tierna (con todo y el ceño fruncido del Ikki), mientras que la cachorra se encontraba echada entre Keisi y Naná tranquilamente. Shiryu observaba con interés a Buda, resaltaba a la vista que no era un animal común y corriente, quizás el que Ginsei decidiera llamarla de esa forma se debía a que sentía algo especial en la perrita.
-¿Saori? –La voz fue acompañada de unos golpeteos en la puerta de madera, el muchacho espero unos segundos hasta escuchar el "Pasa"
-¿Qué sucede, Seiya? –Pregunto la chica, observando con curiosidad la confusión que había en su rostro, ruborizándose un poco al recordar que apenas si tenía la pijama de dos partes puesta, pero Seiya actuaba de una forma tan peculiar que dejo su timidez de lado.
-No lo sé. No puedo dormir –Se encogió de hombros acercándose hasta ella, Buda salió a su encuentro, después de llegar y acomodar todo, habían decidido (mejor dicho Ginsei exigió) que la cachorra durmiera en el cuarto que compartía con su mami. –Hola Buda. –La perrita ladro a modo de saludo antes de volverse a la camita que le habían comprado.
-¿Te sientes mal? –Le coloco la mano en la frente para revisar su temperatura, él le retiro con delicadeza para después besársela.
-No estoy enfermo, solo me siento extraño –Le contesto tranquilamente, Saori frunció el ceño confundida, tomando su rostro por las mejillas.
-¿Tiene algo que ver con el encuentro con Aphrodite… Panthea? –El aludido asintió, para entonces Athenea ya sabía que le ocurría al muchacho. –Creo que el encuentro con ella ha sacudido los recuerdos de tus anteriores reencarnaciones… por eso te sientes tan confundido. Pero aquí y ahora eres Seiya Kido. –Le dijo con firmeza.
-Lo sé, pero hay imágenes que… simplemente llegan, desde hace rato que estoy con eso –Le informo.
-Me di cuenta, estabas extraño en la cena… menos ¿entusiasta? –Se rio con la mueca de niño pequeño que le hacia el chico, pronto este también se contagio con una carcajada.
-¿Ginsei ya se durmió? –Pregunto con su mismo tono alegre de siempre.
-Sí, estaba muy cansada –Le contesto Saori girándose hacia la cama para que viera como la niña se encontraba acostada en medio con los brazos abiertos y respirando acompasadamente.
-Sonara raro pero… ¿Puedo dormir con ustedes esta noche? –Aquello la tomo por sorpresa, se quedo mirándolo fijamente unos instantes, observando como esos ojos chocolates transmitían demasiadas emociones, sintió un escalofrió al reconocer las demás vidas del chico frente suyo. Sonrió tímidamente, Athenea anhelaba compartir momentos con el muchacho.
-Si –Su voz fue apenas un murmullo aun así Seiya pudo escucharla y la abrazo contra su cuerpo con una sonrisa enorme y cariñosa en el rostro.
-Gracias, Anthea –El nombre la sorprendió durante unos cortos segundos para echarse a reír unos momentos con la expresión atónita del chico, aunque no estaba muy segura si era por su reacción o porque se había dado cuenta con la forma en que la había llamado.
-Vamos –Lo tomo de la mano para acercarlo junto a ella hasta la cama, ambos se subieron y gatearon hasta quedar cada uno al lado de la niña, Seiya se levanto para arroparlos a los tres, acurrucándose cerca de la pequeña y abrazándolas a ambas. –Buenas noches, Seiya.
-Buenas noches, Saori –Le respondió levantándose para dejarle un beso en los labios sonrojándose los dos al mismo tiempo. Esa noche soñaría cosas hermosas, rodeado por el olor y la presencia de su diosa, o tal vez sus recuerdos pasarían por su mente en forma de sueños, los confundiría y los asumiría como tal. No podría asegurarlo, tampoco quería darle vueltas al asunto, se dedico a soñar, a recordar aquellos instantes de felicidad.
En algún lugar desconocido.
-Bien, bien… sigue destino, el curso que se te ha marcado… Bien, bien –Canturreo complacida la voz femenina, mientras su cuerpo danzaba en movimientos leves.
-La intervención de la diosa del amor ha sido una excelente idea, hermanas –Intervino la segunda complacida. –Pero esa pequeña, diosa reencarnada…
-Sera un buen presagio –Hablo la mayor –No desesperen… La diosa reencarno por voluntad propia, nuestros planes y los suyos coinciden en un punto…. –Las tres rieron con una peculiar alegría.
Mansión Kido.
A pesar del sueño tan extraño que había tenido no se sentía agitada, si abrió los ojos fue simplemente porque así le nació, se giro de lado para observar en la penumbra el rostro tranquilo de dos de las personas que más amaba. Suspiro suavemente, retirando algunos cabellos plateados del rostro de la niña, para luego repetir la misma acción con el joven.
-Probablemente es culpa tuya que este soñando estas cosas –Musito a la oscuridad de la noche. Se tendió boca arriba mirando fijamente el techo. –Supongo que no importa… -Paso uno de sus brazos bajo la almohada y se quedo dormida nuevamente.
…
¡Viva mi Vinotinto! ¡Por Athenea, por todos los dioses! ¡Te amo Renny!
Perdón por el momento de fan, bueno este capi lo subo de hecho por la emoción que me dio de ver el juego, y si bien mi equipo no gano. Jugó como todo un campeón. (Te amo Renny)
Segunda parte del capítulo seis, van 2/3 así que todavía falta una parte más.
He abierto un deviantart, es MouxeSaint, donde he subido un dibujo de Ginsei que hizo mi queridísima Himekoumiko.
Buda ¿qué les puedo decir de la cachorra? Resulta que el día que iba a escribir este capítulo o mejor dicho estaba pensando, vi una película donde los protagonistas eran unos cachorros de Golden Retriver y uno de ellos se llamaba Buda, después pensé en Shaka y pf, se quedo así, a Shaka no le hará gracias.
La aparición de Aphrodite será bastante usual en el fic, al igual que Gabrielle, y ps no se qué le habrá visto a Tatsumi, jeje.
Bueno creo que esas son todas las aclaraciones, subiré una imagen también de Buda.
Acuarius no PaoAlessa, Este capi va dedicado a ti, a Daga Saar y a mi Vinotinto. Estoy tan orgullosa!
