"Verdades, verdades.

Crueles, necesarias.

Mudas y bulliciosas.

¿Quieres saber la verdad?

¿O vivir en la tranquilidad de la mentira?

Tú eliges."

Capítulo Sexto. Lazos de Sangre

Al ritmo que iban era poco probable que adelantaran nada, aún si el sol daba paso a la luna seguirían estancados en ese incómodo silencio que se había plantado forzosamente en el Templo de Piscis, su guardián no podía evitar intercalar su mirada entre el mortalmente serio Máscara de Muerte y la joven amazona cuya expresión imperceptible por la máscara lo ponía nervioso. Un ligero roce en su brazo derecho le recordó que la muchacha de Rodorio se encontraba a su lado, se giró para encararla, observando sorprendido el sonrojo que se mostraba en la piel pálida de su rostro.

-¿Qué sucede? –Le preguntó en voz baja, sin saber porque susurraba en su propio templo.

-Tengo hambre, Ludwig –musitó apenada remarcando el tono rojo en sus mejillas.

-Oh, cierto… lo siento, se me había olvidado –regresó su atención a Santo y Amazona que seguían manteniéndose en silencio–. An, querida Lakmé, no es un concurso de miradas, si no van a decir nada, por lo menos pasemos a la cocina del Templo –las palabras de Piscis rompieron el embrujo en el que parecían haberse sumido ambos.

-Lo siento, Piscis –dijo Lakmé sin moverse del sitio donde se encontraba, Máscara de Muerte sacudió la cabeza antes de ver a su amigo, ver a Blodwyn y regresar la vista a Lakmé, suspiró repentinamente cansado.

-Pasemos a la cocina del templo, Lakmé, la niña tiene hambre y se supone que debemos cuidarla.

-Preferiría quedarme aquí, ustedes pueden ir a prepararle algo de comer y yo esperaré.

-No seas tonta, ven con nosotros también –Blodwyn se sonrojó ligeramente mordiéndose ligeramente el labio inferior, temerosa ante su imprudencia.

-¿Esperarás qué…? Ninguno de los dos parece dispuesto a dar el primer paso. Por lo mismo, por favor pasemos todos a la cocina, haré algo para que puedan comer y los dejaremos solos para que hablen con más libertad, si es lo que necesitan –la franqueza del Santo provocó que la amazona se sonrojara bajo su máscara, miró de reojo cómo Cáncer se encogía de hombros y caminaba con tranquilidad detrás de los otros dos, vaciló unos instantes, pero finalmente sus pasos la guiaron al interior de las partes privadas.

Ajenos a la tensión que se vivía en el último templo, Galatea mostraba un excelente ánimo para cuando sus gemelos llegaron al Tercer Templo. Organizaba con tranquilidad las pertenencias de los hermanos, que curiosamente tenían todo desordenado-organizado, toda una peculiaridad; pronto pudo darse cuenta de la razón: los hermanos de Géminis usaban sistemas completamente diferentes, así, mientras que Saga gustaba de ordenar todo por nombre, Kanon prefería hacerlo por tamaños, y cuando ambos intentaban hacerlo al mismo tiempo obtenían aquello: un desastre.

-¿Gala? ¿Dónde estás?

-En el cuarto –contestó y escuchó pocos minutos después cómo la puerta se abría para dar paso a los hermanos.

-¿Qué haces? –cuestionó Kanon con curiosidad.

-Acomodo un poco el cuarto. ¿Por qué esa cara tan seria, Saga?

-¿Eh? No es nada, no te preocupes.

-Lo que pasa es que ha llegado una Amazona diciendo que tiene algo que decirle a Saga, pero se quedo en el Templo de Piscis porque primero tenía que arreglar unos asuntos con Cáncer –Saga le reprochó con la mirada a Kanon, éste solo se encogió de hombros y se acercó hasta la mujer, que se había tensado de golpe–. ¿Sucede algo, Gala?

-¿Cuál es el nombre de la Amazona?

-Lakmé de Piscis Australis –Respondió Saga, miró fijamente el rostro de Galatea, frunciendo el ceño a la vez que la preocupación aparecía en el pálido rostro.

-¿La dejaron sola con Anthony y Ludwig? –la alteración de Galatea tomó por sorpresa a ambos hombres que intercambiaron una rápida mirada entre ellos.

-¿La conoces? –Saga se acercó hasta ella, con esa mirada que exigía una respuesta.

-Claro que la conozco, todas las aprendizas conviven juntas en Temiscira, esa niña fue puesta bajo el cuidado de Eneas de Piscis junto con Ludwig, probablemente no la recuerden mucho –Gala tenía una expresión sumamente seria y eso perturbaba a los gemelos.

-Entonces no debería haber ningún problema, si Afrodita y ella se criaron juntos –Puntualizó Saga sin comprender el problema.

-Con Ludwig, no. Pero Anthony es otra cosa. Lakmé intento marcharse mientras Arles era el Patriarca, varias veces. Damián de Cáncer se cansó de castigarla y le dijo al Patriarca, éste decidió que lo mejor sería que Anthony cumpliera con su primera tarea, a pesar de ser apenas un niño, y le ordenó que la matara –Saga palideció de golpe, de pronto ciertos recuerdos comenzaron a llegar a su mente, sí que recordaba a la niña, temerosa, pero manteniéndose firme en medio de la sala.

-¿Damián de Cáncer? –Kanon preguntó confundido, miró de reojo el rostro lleno de arrepentimiento de Saga y sintió que algo malo vendría de la llegada de la muchacha, un presentimiento que sin duda se cumpliría.

-Sí, recuerda que Eneas de Piscis murió cuando Afrodita tenía ocho años, Damián de Cáncer fue el elegido para encargarse de los aprendices que él dejó, ninguno de los dos tenía edad suficiente para reclamar sus armaduras.

-Exacto. Anthony no tenía intenciones de obedecer esa orden… al comienzo, al menos. Después, de pronto aceptó con firmeza y estaba determinado a hacerlo, Ludwig se opuso a su decisión, pero lo que de verdad salvó a la niña fue que su hermano se ofreció a morir en su lugar, el Patriarca consideró la propuesta y finalmente aceptó, pero con una condición.

-¿Cuál? –Kanon estaba realmente intrigado, Saga tragó saliva con dificultad.

-Que Lakmé estuviera presente en el momento de la ejecución –Galatea asintió seriamente–. Estás muy bien informada.

-Lógico, esos tres pequeños solían acudir a mí cuando tenían problemas, la ejecución se llevo a cabo poco después… Lakmé fue perdonada pero debía mantenerse bajo las órdenes de Damián y, consecuentemente, de Anthony al convertirse éste en el Santo de Cáncer, cosa que ocurrió algunos meses después de la muerte de Damián. Me parece que, además, Lakmé también era enviada a cumplir misiones de la misma naturaleza que las de ellos.

-¿Crees que Lakmé le guarda rencor a Cáncer por la muerte de su hermano? -Kanon se acercó con cautela a su hermano mayor, que parecía estar a punto de vomitar-. ¿Estás bien, Saga?

-Estoy bien, Kanon. En parte, quizás guarde algo de rencor, pero creo que realmente Lakmé no guarda un rencor especifico contra ninguno de los dos, pero siempre se vio obligada a sufrir humillaciones frente a Máscara de Muerte. Ares… Quería aprovecharse de ella –la voz de Saga temblaba mucho–. Pero nunca lo hizo porque Afrodita y Máscara la consideraban de su "propiedad" –Galatea frunció el ceño con molestia–. Realmente, Ares asumía que debían compartirla o algo así.

-Eso no lo sé. Lakmé nunca me comentó nada de lo que ocurría mientras se mantenía en el Templo de Cáncer. Ella se marchó al mismo tiempo que Ceridwen, no había tenido noticias de ella desde hace tiempo.

-Supongo que el hecho de que haya regresado y quiera hablar con Saga no es un buen augurio –Kanon puso una mano sobre el hombro de su hermano en señal de solidaridad.

-No puedo responder a eso, se que será difícil para esos tres estar juntos de nuevo, es lo único de lo que estoy segura.

-Tendremos que esperar entonces… –Saga suspiró ligeramente turbado, la pareja lo miró con verdadera preocupación, parecía sumamente cansado.

-Vamos a entrenar un rato, hermano. Al menos mientras la amazona decide venir.

-O podrían ayudarme a organizar las cosas aquí, estaba esperándolos para ver si podíamos ir a mi apartamento a buscar mis pertenencias, y traernos las cosas del niño –los ojos de Kanon brillaron como dos esmeraldas ante esas palabras–. Pero como debemos esperar a Lakmé…

-No te preocupes por eso, Kanon y tú pueden ir a buscar las cosas tranquilamente, yo me quedaré a esperar a la muchacha –Saga sonrió al percatarse de la felicidad de su hermano.

-No, quiero que vayamos los tres. ¿No quieres ayudar con las cosas de tu sobrino, tío Saga? –Gala hizo un puchero precioso que consiguió arrancarle una carcajada a Kanon.

-Esos ojos de borreguito son una característica más del signo de Aries –Saga también rió, más relajado.

-Está bien, los acompañaré –Gala asintió contenta, empezando a ordenarles inmediatamente a ambos Géminis el nuevo patrón para ordenar las cosas.

-¿Dónde has estado estos últimos meses, Lakmé? ¿A dónde fuiste? –Afrodita parecía estar muy interesado en saber, ya que no había dejado de acosar a preguntas a la muchacha, que apenas si le respondía con una o dos palabras.

-No puedo contestarte, Ludwig. Lo prometí, pero sí puedo decirte que he estado con la señora Ceridwen este tiempo.

-¿Con Ceridwen? ¿No era ella la cortesana de Arles? –Máscara de Muerte mantenía una expresión seria en su rostro, Lakmé apretó con fuerza sus puños.

-Exactamente. La razón por la que vine fue porque ella me lo pidió, tengo que darle un mensaje a Arles.

-Saga –Corrigió Afrodita.

-Bien, a Saga. No esperaba cruzármelos…

-No puedes hablar en serio, estabas en el Templo de Piscis.

-Estaba esperando para ver al Patriarca Shion –Lakmé se encogió de hombros.

-Lo siento mucho, Lakmé… por todo lo que pasó –Máscara de Muerte mantenía la vista fijamente en la mesa, la repentina declaración sorprendió mucho a los mayores que le clavaron una mirada intensa.

-Una disculpa simplemente no arreglará todo –replicó con rencor.

-Lo sé. Pero estoy dispuesto a tratar de compensarte –Afrodita y Blodwyn permanecían en silencio.

"Tentador" pensó Lakmé mientras observaba el rostro inexpresivo del santo, no pudo evitar sonreír bajo su máscara, conocía muy bien a ese hombre y éste solamente hacía esa cara cuando quería ocultar sus verdaderos sentimientos.

-No lo sé, después de que le comunique el mensaje a Saga y vuelva con la señora Ceridwen tomaré una decisión. No esperes que te la ponga fácil, Cáncer.

-Nunca lo esperaría –Máscara de Muerte le dedicó una sonrisa socarrona.

Saga observó con ansiedad la figura femenina que bajaba desde el Templo de Cáncer, dejando atrás al custodio del Cuarto Templo, tragó saliva e intentó mantenerse lo más sereno que pudo el instante en que la muchacha pronunció sus primeras palabras.

-¿Saga de Géminis? –asintió, haciendo un movimiento para invitarla a pasar, no deseaba quedarse afuera con pleno sol.

-¿De qué querías hablar conmigo? –su mente estaba jugándole una mala pasada, porque si bien en ese momento tenía a una mujer frente a sí, él veía a la niña que había sido el día que cayó la sentencia de ejecución sobre ella.

-Señor –Lakmé hizo una reverencia, entrelazó los dedos de sus manos en un gesto nervioso, había llegado al Santuario a cumplir una misión, lo haría porque estaba en juego su palabra, pero no estaba segura de cómo reaccionaría el hombre que tenía enfrente-. He venido a darle un mensaje de la señora Ceridwen–. Lo sintió tensarse y por primera vez en algún tiempo tuvo miedo.

-¡Saga! ¡Basta! –la voz alarmada y demandante de Máscara de Muerte lo detuvo en seco, la amazona en ese momento retrocedía todo lo que podía para poner distancia con su persona, un camino de sangre escurría desde su hombro derecho, el sitio donde la había alcanzado con su poder, su cosmos se expandía sin que pudiera dominarlo, intentó controlarse pero mientras más lo intentaba más se frustraba al no obtener resultados.

-¡Saga! –esta vez la voz provenía del interior del Tercer Templo, se giró solo un poco para ver de reojo como Kanon se acercaba preocupado y detrás de él se asomaba Galatea con la sorpresa pintada en su rostro–. Haz que tu cosmos disminuya, estas asustando a todos. ¡Contrólate!

Saga respiró varias veces, intentando sin éxito obedecer a su hermano, dirigió su mirada a la Amazona que se encontraba detrás de Cáncer y la mirada furiosa de éste. Sintió la cercanía de Kanon a sus espaldas, estaba demasiado molesto, frustrado y colérico como para hablar con alguien y justamente en ese momento, los cosmos de los demás se movían en dirección a Géminis alertados por lo elevado que se encontraba el suyo.

-Kanon, discúlpame con Athenea, pero hay algo que debo hacer primero –el aludido lo miró como si en serio se hubiera vuelto completamente loco y, aturdido, no atinó a reaccionar a tiempo–. Piscis Australis, vamos.

-¿Estás loco? –Cáncer le ladró con enfado pero al ver cómo la mujer salía de su protección y caminaba con determinación hacia Géminis, no pudo evitar sentirse desconcertado-. ¿Lakmé?

-Estaré bien, Anthony. Solo debo cumplir con mi misión –Lakmé tembló ligeramente al quedar al alcance de la mano de Saga. Éste la tomo con algo de brusquedad de una de sus manos, sin verla directamente.

-Otra Dimensión –llamó. Ante los presentes apareció una especie de brecha oscura, un portal tiempo-espacio, reconoció Cáncer con inquietud–. Quédate, Kanon –ordenó Saga al ver que su hermano hacía ademán de seguirlo.

-¡Saga! –el grito de Shion lo hizo vacilar durante unos segundos, finalmente decidió continuar con su idea original y arrastró a la amazona consigo en el portal, desapareciendo ambos.

-¡Kanon! –Shion se giró para observar al hombre, que se quedó de piedra al ver la mirada amenazante que le había dirigido Saga antes de marcharse–. Kanon –insistió Shion, esta vez con preocupación.

-Lo siento, Patriarca –se dio la vuelta, pasando de largo a Mu y Aldebarán que ya se encontraban en el Templo, se dirigió hasta donde estaba Galatea y la instó a entrar a las partes privadas.

-¿Qué ha ocurrido? –cuestionó Tauro mientras se cruzaba de brazos.

-Saga se ha llevado a Lakmé con él, Maestro –Respondió Máscara de Muerte con los puños cerrados.

-¿A Lakmé? –preguntó intrigado, a esas alturas el resto de la orden se había reunido en el Tercer Templo, Afrodita de Piscis parecía estar muy angustiado.

-¿Se ha llevado a Lakmé? ¿Por qué? –preguntó.

-No lo sé. Abrió un portal a otra dimensión y…

-Cáncer, Piscis, vamos a ir al Salón del Trono y conversaremos los tres –ambos asintieron–. Por favor, Aioros, si puedes hablar con Kanon, sería de mucha ayuda.

-Sí, señor –Aioria detuvo el avance de su hermano al colocar una mano sobre su hombro, mano que fue retirada ante la mirada molesta de Sagitario.

-Los demás, regresen a sus templos, por favor. Mañana, con o sin Saga, partiremos a Japón –la declaración de Shion los tomó por sorpresa, algunos vacilaron en obedecer, pero luego de que el Patriarca se teletransportara con Cáncer y Piscis, no les quedó de otra que marchar a sus propios templos.

-Esto está cada vez más extraño –se quejó Milo mientras ascendía en compañía de Aioria y Shaka, llevó una de sus manos a sus labios para morder uno de sus dedos–. Precisamente ahora, Saga acaba de desaparecer llevándose consigo a una amazona que estaba involucrada con Cáncer y Piscis.

-¿Alguno de ustedes la conocía? –preguntó Shaka con curiosidad, ciertamente recordaba haberla visto en algunas ocasiones.

-Pues era la aprendiza de Eneas de Piscis, cumple creo que por las mismas fechas que Afrodita -respondió Aioria con gesto pensativo-. No recuerdo mucho de ella, porque el Maestro Eneas no los dejaba relacionarse mucho con los demás…

-Cierto –coincidió Milo–. Después de que el Maestro muriera, ellos se mudaron al cuarto templo con el Maestro Damián y pues mucho menos salían.

-¿Pero ninguno de ustedes cruzó nunca palabra con ella? –Shaka sintió la perturbación en el cosmos de sus dos compañeros.

-No –respondieron al unísono.

-Yo sí lo hice –contesto una voz masculina, los tres se detuvieron para subir la mirada y encontrarse con Shura de Capricornio viéndolos, más adelante estaban Camus y Dohko, que también se quedaron de pie.

-¿Quién te preguntó? –bramó Aioria.

-Shaka hizo una pregunta y Shura la ha respondido –intervino el antiguo maestro con un suspiro–. No debes usar ese tono con uno de tus compañeros, Aioria –antes de que Leo pudiera replicar Shaka volvió a hablar.

-¿Y cómo es ella?

-Pues muy parecida a Máscara de Muerte y Afrodita. Es una buena chica, un poco fría tal vez -Shura prefirió no hondar demasiado en el parecido que tenía con los santos o consigo mismo.

-Era capaz de crear rosas, igual que Piscis –agregó Camus con tranquilidad.

-Creo que incluso tenían más espinas –coincidió Shura con una risilla.

-Interesante –murmuró Shaka con una sonrisa, se adelantó a los otros dos para conversar con los otros tres santos.

-Bien, niños. ¿Podrían por favor contarme qué ha sucedido? –ambos jóvenes fruncieron el ceño por la palabra "niños" pero se mantuvieron en silencio. Shion ciertamente no se había percatado de la forma en que los trataba.

-Lakmé de Piscis Australis y yo entrenamos con el Maestro Eneas hasta su muerte, después de que usted muriera y Ares suplantara su posición como el Patriarca, Damián de Cáncer formó una alianza con él y nosotros también lo hicimos –Afrodita se mostraba inexpresivo mientras contaba aquello–. Lakmé no estaba de acuerdo, por eso intento escapar en varias ocasiones…

-La última vez, el Maestro le dio una paliza, estaba harto y decidió que fuera Ares quien tomara una decisión sobre su vida…

-Cosa que hizo con mucho placer, realmente lo disfrutó, su sentencia fue que Lakmé debía morir… Por mis manos –Shion abrió los ojos con sorpresa.

-¿Cuándo sucedió eso?

-Un año después de su muerte, Maestro –Shion hizo unos cálculos rápidos, para ese entonces Máscara de Muerte debía tener unos once años y ambos Piscis, diez.

-Yo no quise hacerlo… –continuó Afrodita–. Era injusto, Lakmé no podría defenderse, no era un combate en el cual el ganador conservara la vida, simplemente era un asesinato.

-Por eso le dije a Ares que yo estaba dispuesto a hacerlo –intervino Máscara de Muerte con seriedad–. Ludwig no hubiera podido obedecer y el Maestro alargaría su sufrimiento; quitándolos a ambos, solo quedaba yo.

-¡Eran solo unos niños! –exclamó consternado el Patriarca.

-Eso a Ares realmente le importaba poco –puntualizo Piscis–. Continuando, Lakmé lloraba mucho esos días, como última voluntad le pidió al Maestro Damián que le dejara visitar a su hermano, Jonay, se llamaba y entrenaba para la armadura de Flecha. Al enterarse de la situación que vivía su hermana, tomó una decisión…

-Así que simplemente se apareció en el Templo de Cáncer con una propuesta para el Maestro…

-Su vida a cambio de la de su hermana –Shion estaba sinceramente escandalizado, podía percibir en sus mentes la perturbación que sentían al recordar aquel momento, aunque sus ojos no notaban sentimiento alguno en sus rostros.

-El Maestro Damián se lo comentó entonces al Patriarca y éste aceptó, con una condición, por supuesto, no iba a dejar que Lakmé se librara tan fácilmente, debía haber una manera de atarla a su lealtad.

-La condición consistía que ella debía presenciar la ejecución… No entiendo cómo fue que Jonay permitió eso… Pero el caso es que el Maestro obligó a Lakmé a permanecer con los ojos abiertos durante todo el rato….

-Jonay pudo haber dado una buena lucha: aunque aspiraba a una armadura de plata, tenía el suficiente poder como para enfrentarse a nosotros.

-Pero no lo hizo y simplemente dejó que lo matara con mis propias manos. Dejó que su alma se consumiera con una sumisión increíble. Lakmé no volvió a ser la misma desde ese día.

"Y ustedes tampoco, mis pequeños" pensó Shion con pesar.

–Después de eso ¿Qué sucedió?

-Unos meses después, el Maestro Damián murió y Ares completó nuestro entrenamiento, Anthony fue el primero en ser merecedor de Cáncer, luego fuimos Lakmé y yo.

-Ares nos enseñó que los débiles siempre morirían a manos de los fuertes. Jonay, era débil, sus sentimientos lo hicieron vulnerable y su muerte no fue nada honorable para un santo.

-Simplemente se dejó matar. En cambio, Lakmé se hizo más fuerte después de eso. Pronto Ares comenzó a mandarla con nosotros a las misiones, ella es fuerte y mortal –Afrodita hizo aparecer una rosa blanca en su mano–. Pero unas semanas antes de que llegaran los niños de bronce, Ceridwen, que era la… humm… "cortesana" de Ares, hablando sinceramente, sin ánimos de ofender –aclaró–. Bueno, Ceridwen despareció de la nada y Lakmé fue la encargada de rastrearla.

-Pero regresó sin noticias de ella, así que Ares considero que Lakmé podía tomar su lugar -Máscara de Muerte no contuvo la mueca de profundo desagrado que apareció en su rostro–. No estábamos de acuerdo en eso, aunque Lakmé terminaría accediendo a fin de cuentas –Shion los observó horrorizado y a la vez aliviado, porque aunque hablaban de forma impersonal, la perturbación en sus cosmos al contar lo sucedido le decía que aquello los había afectado más de lo que (quizás) llegaban a admitir ante ellos mismos. El que fueran capaces de esconderse tras esas máscaras de indiferencia era perturbador, pero el hecho mismo de que necesitaran dichas máscaras le indicaba que aún había esperanza para ellos.

-Le pedimos a Ares que no considerara esa opción, nuestro argumento fue que Lakmé nos pertenecía a nosotros, si bien eso la dejaba a ella en una posición bastante mala ante el resto del Santuario –Afrodita también parecía enojado de pronto.

-Finalizando todo, Lakmé se fue nuevamente a buscar a Ceridwen, pero esta vez no volvió.

-Ares estaba planeando vengarse de ella, si no lo hizo fue porque para esa época ya estaba pendiente de otras cosas y simplemente se olvidó. Lakmé nos dijo que regresó ahora porque tenía que darle un mensaje a Saga de parte de Ceridwen –Piscis se encogió de hombros–. Ignoramos qué le habrá dicho a Saga para que se alterara de esa forma –luego de terminar, ambos permanecieron en silencio, bajo la atenta mirada del Patriarca que, a sus ojos, había envejecido de golpe.

-Acérquense un momento –pidió Shion con voz ahogada, los dos hombres intercambiaron una mirada desconcertada, pero obedecieron. Al momento en que los tuvo al alcance de sus manos, Shion los abrazó, las sorpresa fue lo bastante fuerte como para que ninguno supiera cómo reaccionar al momento; el primero en recuperarse fue Cáncer, que vaciló un poco entre ponerse a gritar, patalear o insultar al Patriarca, sin saber cómo comportarse; por su parte, Piscis solo pudo ahogar las repentinas lágrimas que querían escaparse de sus ojos–. Ya no sufran, mis niños –sintió casi como si fuera su propio dolor cuando las mentes de los dos hombres se quebraron bajo el amable gesto, hacía mucho tiempo desde la última vez que alguna persona había mostrado amabilidad o cariño para con ellos.

-Ma… Maestro –musitó Afrodita con absoluta sorpresa, sin saber cómo sentirse o cómo reaccionar.

-¿Puede soltarnos? –se quejó con poca convicción Máscara de Muerte, Shion rió suavemente al ver la confusión que había sembrado en sus mentes, quizás eso les ayudaría a mejorar su forma de pensar.

-Pueden quedarse tranquilos, nadie se enterará de esto, tampoco de lo ocurrido con Lakmé -observó con un peculiar sentimiento de satisfacción el sonrojo que mostraban ambos santos, la perturbación de su cosmos y la gran cantidad de pensamientos que pasaban la mente de cada uno–. Ustedes y yo hablaremos más cuando se dé la oportunidad, quiero que me cuenten todo lo que vivieron estos últimos años. Sin ocultarme nada, no pienso juzgarlos por sus acciones, solo quiero saber qué fue de los niños que dejé.

-Está bien –contestó Máscara de Muerte por ambos.

-Bien. Sobre Lakmé, dudo mucho que Saga vaya a lastimarla en serio, estoy seguro que fue accidental lo que sucedió en el Templo de Géminis, probablemente solo quiere que lo guíe hasta donde se encuentra Ceridwen, tendremos que esperar a que regresen, pueden retirarse, les avisaré de cualquier cosa –Shion asintió, un poco más tranquilo–. Anthony, espera un momento, por favor –el nombrado se detuvo y regresó sobre sus pasos, Afrodita lo miró un instante antes de retirarse–. En algún momento tendrás que decirle la verdad.

-No es bueno eso de estar asomándose a las mentes ajenas –comentó Máscara de Muerte con un tono socarrón.

-Veo que has desarrollado muy bien tus habilidades psíquicas, felicidades, estoy orgulloso de ti –Máscara de Muerte le sostuvo la mirada con determinación, impidiendo con sus escudos mentales que viera lo mucho que le habían llegado esas palabras.

-Ares insistió mucho en que lo perfeccionara.

-Está bien. ¿Qué me dices de lo que le has estado ocultado a Ludwig? –Shion arqueó uno de sus puntitos para enfatizar sus palabras.

-Él no necesita saber eso. Prometí que guardaría el secreto, Lulú está mejor sin enterarse.

-¿Eso crees? –Cáncer asintió–. Pero aún así lo llamas con el apodo que usaba tu madre.

-Es una costumbre –Máscara de Muerte se encogió de hombros, incómodo–. No tiene un gran significado, Lulú tiene suficiente problemas consigo mismo como para enterarse de nuestro parentesco.

-Pero aún así, tú sigues protegiéndolo a toda costa, ¿no? –Shion sonrió.

-Le hice la promesa a mi Madre antes de que ella desapareciera, aunque realmente nunca llegué a cumplirla del todo –Máscara de Muerte parecía más frustrado a momentos.

-Hiciste lo que pudiste; lamentablemente, parece ser que se vieron enredados en una espiral de sucesos que los llevaron a actuar como lo hicieron…

-No somos santos, bueno no en el sentido cristiano al menos, hicimos muchas cosas por nuestra propia voluntad –Shion le dedicó una mirada compasiva, negando ligeramente con la cabeza.

-Hablaremos después de esto. Retírate.

-¿Saga…? –La voz femenina parecía sumamente sorprendida mientras observaba como aquel hombre alto, musculoso, de largos cabellos azules y esmeraldas por ojos, se presentaba ante ella.

–Lakmé. ¿Quién te hirió?

-Fue un accidente, señora Ceridwen… Me retiraré por el momento –Lakmé dudó unos segundos antes de sentir el cosmos de la otra mujer ordenándole que lo hiciera.

-Ceridwen…

Supongo que este capítulo tiene algunas pequeñas sorpresas, espero que de verdad les haya gustado, sobre todo la parte de Shion, MM y Dita. Sobre Saga, bueno en próximo capítulos se descubrirá lo que sucede con él.