NdA: ¡espero que les guste este capítulo! Me tardé sólo una semana, así que creo que eso es ser bastante rápido, ¿no?
Bueno, gracias a Runa D, blackmoon 43, Primrose Darcy, Linddha (perdón por acortar), beautifly 92 y Lilith Hastelin por dejarme reviews, fue una gozada. No les contesto porque no se si se puede hacer ya, con eso de que cambió todo. Si me decís si se puede o no, la próxima vez lo haré.
Déjenme reviews y me van diciendo qué les parece, si es horrible, escribo fatal, etc. =)
Hasta la próxima!
Día 2
La pared de la enfermería era blanca como el mármol, pero ahí estaba Draco Malfoy, mirándola fijamente como si fuera a atravesarla de repente un rinoceronte al más puro estilo Jumanji.
Estaba aburrido, tremendamente aburrido. Y también asqueado.
Sólo le daba vueltas a que ese año en Hogwarts le estaba quitando la vida poco a poco: no dormía, apenas comía, no se divertía… Y hasta el Quidditch, ese magnífico deporte donde podía destacar en algo, le resultaba un plomo.
La verdad es que las cosas habían cambiado mucho, y había tenido que asimilarlo a trompicones. Nada de: "Hola Draco, cariño. Verás, tienes que matar a Dumbledore, si no te mataremos a ti. ¡Pero tranquilo! Tómate tu tiempo" Incluso algo así le hubiera sonado ridículamente horrible. En cambio, tenía que ver cómo su madre siempre se quedaba ausente y se estremecía si la sacabas de su ensimismamiento. Por no hablar de su padre que estaba en prisión.
Al menos sé que no están divirtiéndose con todo esto.
Pero daba igual. A él lo habían marcado sólo para poder manejarlo como a un títere.
Por eso aquella cama de la enfermería empezaba a causarle ansiedad. Justo esa mañana había recibido una carta de su tía, diciéndole que no le gustaba retrasar los plantes del Señor Tenebroso por tonterías de niños malcriados, y se había puesto de mal humor.
¿En qué momento todo aquello se había vuelto real y su familia dejaba pasar el hecho de que era una terrible locura? Hasta él sabía diferenciar eso de las continuas burlas que hacía a los sangre sucia.
Tan metido estaba en sus pensamientos, que no se percató del ruido de una pluma al rasgar hasta que en su cabeza se empezaron a ver imágenes de Malfoy Manor con un sonido rayante de fondo. Fue entonces cuando dejó de un lado sus preocupaciones y se concentró en la habitación, dispuesto a que terminara ese fastidioso crujir.
Hermione Granger estaba volcada completamente sobre unos cuantos libros que tenía en sus piernas, escribiendo rápidamente sobre un pergamino a la par que rebuscaba en otro libro que a duras penas se sostenía en la mesilla de noche. Tenía el pelo alborotado, pero se le podía ver un lado del rostro gracias a una pluma que se sujetaba detrás de la oreja.
Mira que es repelente.
Se quedó mirándola, divagando entre decirle algo o quedarse callado. Tener a la Gryffindor a su lado era como si tuviera que hacer el examen de Herbología y se encontrara el libro abierto en el cajón de la mesa: una oportunidad excelente y única, sin que por una vez estuviera rodeada del pobretón y el chico dorado.
Pero insultarla en ese preciso instante le llevaría a una larga conversación en la que se contestarían mutuamente, y no le apetecía. Eso era otro defecto de Hermione Granger, quedarse callada era un insulto a su inteligencia.
Sin querer, estaba pensando mientras aún la miraba, y la morena se dio cuenta.
- ¿Algún problema Malfoy?
Volvió a salir de sus pensamientos y la vio con desprecio.
- ¿Yo?- ¿Realmente piensas que iba a perder mi tiempo contigo sin llamarte siquiera sangresucia? – Ninguno
La chica se sorprendió, no daba crédito a lo que acababa de ver. Draco Malfoy no la había insultado en lo que llevaban de mañana. Puede ser que se encontrara realmente mal…
El rubio volvió la vista lentamente intentando morderse la lengua. Contra todo pronóstico prefirió dejar pasar el momento, y eso no le gustaba. Él siempre tenía que quedar por encima, y ahora había quedado como un imbécil y un cobarde. En fin, por el momento se tendría que aguantar, porque tenía cosas muchos más importantes que hacer.
Un poco más tarde se abrió la puerta de la enfermería y apareció el profesor Slughorn. Se acercó lentamente, con un rostro mezcla de preocupación y amabilidad.
- Hola muchachos, siento no haber podido venir ayer. No se os ve buena cara – Mdme. Pomfrey apareció también y se puso a su lado- Bueno, contadme, ¿qué es lo que os pasó?
Ambos pusieron cara de circunstancias, y fue el rubio quien se adelantó.
- Aquí Granger, que me tiró a posta el caldero y ahora estoy igual que ella, con más piel en la cama que en mi cuerpo- se miró algunas zonas que empezaban a quedarse en carne viva.
- No es cierto profesor- mirada reprobatoria al Slytherin- él manipuló su poción cuando usted me dijo que fuera a ayudarle y acabó explotándome encima. Con el susto le di sin querer al caldero y se volcó.
- Sí, claro, ahora échame la culpa a mí de tu ineptitud- el rubio rodó los ojos irritado.
- No tengo porqué culpar a nadie, sólo estoy diciendo la verdad Malfoy.
Empezaron a enzarzarse en una discusión y cada vez alzaban más la voz.
- ¿Pero qué pasa aquí?
Con tanto alboroto no vieron que Snape había entrado también en la enfermería, y se había quedado mirando desde la entrada todo. Se acercó sigiloso y se puso al lado de Slughorn, ondeando su habitual túnica negra a su paso.
- ¿Qué les ha pasado?
- Por lo visto el filtro para limpiar heridas salió mal y ahora están así. Madame Pomfrey, muy correctamente he de decir, les está dando un tónico reconstituyente epitelial, pero aún así están peor de lo que me imaginaba – el profesor de pociones los miró cansado.
Snape parecía sopesar la situación.
- Bueno, de todos modos el proceso podría ir más rápido, ¿no profesor Slughorn? Usted es el experto en pociones, no seré yo el que le quite mérito.
- Ya lo había hablado con Mrs. Pomfrey, Severus, pero gracias por aportar ideas – Snape asintió, aunque estrechó los labios, señal de irritación. Slughorn se envaró desafiante- Mrs. Pomfrey, ¿podría vendarlos? Quizás salgan en menos de una semana, pero si no hacemos algo con esas heridas, seguramente tendremos que enviarlos a San Mungo.
- Claro profesor Slughorn.
La enfermera salió y volvió con una caja de apósitos y un rollo de vendas.
- Chicos, volveré mañana. Cuídense hasta que salgan de aquí y no vuelvan a hacer tonterías. Eso sí, espero que estén bien para la próxima fiesta que voy a organizar en mi despacho.
El profesor de pociones se marchó, y Snape se mantuvo firme al lado de las camas. La morena se quedó mirándolo de reojo, pero parecía que el jefe de Slytherin sólo tenía interés por el joven de su casa. Se estaban mirando fijamente a los ojos, hablando con la mirada, con cierto tono de preocupación.
No, no estaba paranoica. Malfoy y Snape se estaban comportando extraño.
Hermione veía cómo Mdme. Pomfrey impregnaba los apósitos en un líquido verde y los preparaba junto con las vendas.
- Déjeme Mdme. Pomfrey, yo me encargaré del Sr. Malfoy – Snape se dirigió a la enfermera y después se volvió a Hermione antes de cerrar la cortina- Espero Srta. Granger que este incidente no se deba a que sus conocimientos en pociones se hayan vuelto tan nefastos como parece.
Ella sólo se quedó en silencio. Contestar eso sería absurdo, y más si se trataba de un profesor como Snape quien lo decía. De reojo vio como volvía al lado de Malfoy y se perdía tras la cortina.
- Quítate la parte de arriba del pijama, cariño – la Gryffindor volvió la cabeza acongojada, no entendiendo.
- ¿Cómo?
- Pues eso querida, que te quites la parte de arriba para que pueda vendarte, ¡No querrás pillar una infección!
- Pero… - su vista se fue instintivamente hasta la fina tela que la separaba de Malfoy y Snape.
- Tranquila, el Sr. Malfoy está también en lo suyo. Y ahora cerraré la puerta de la enfermería para que nadie entre, ¿de acuerdo?
La morena resopló viendo como la enfermera iba hasta la puerta y la tocaba con la varita. Después terminó de correr la cortina y advirtió a profesor y alumno que se quedaran donde estaban.
- No creo que tenga que repetirles que no se muevan de ahí, ¿cierto?
- Cierto – sonó la profunda voz de Snape.
Draco siguió a la mujer y pronto la perdió de vista gracias a esa tela que lo separaba de la cama de al lado. Pero algo volvió a llamar su atención: una sombra bastante difusa que se proyectaba sobre la cortina, la de Hermione Granger quitándose la parte de arriba del pijama. Con un esfuerzo sobrehumano consiguió desviar la mirada, después de reprimirse mentalmente. Es como si de repente una idea se le hubiese venido a la cabeza: aparte de ser una sangre sucia, de pertenecer al trío dorado, y de tener la palabra repelente grabada a fuego en la frente; aparte, era una mujer.
Unos pensamientos extraños, sólo eran eso.
Snape por su parte fue vendándole también, intentando obviar lo gestos del chico en los últimos momentos, que inconscientemente le habían llevado bastantes años atrás.
- Me imagino que aquí encerrado no puedes seguir con tus planes, Draco – lo susurró tan bajo que el rubio tuvo que postrarse en la cama para terminar de oír la frase.
- Eso no le incumbe.
- Sería más fácil si me dejaras ayudarte, pero ya veo que eres igual de estúpido que tu padre- el chico volvió la vista fríamente, sin hablar. El hombre se dio cuenta del error- Ya sabes que le dije a tu madre que te protegería.
- No hace falta que lo haga, lo solucionaré yo solo. Se lo dije la última vez
Snape dejó de hablar el resto del tiempo que estuvo vendándole las extremidades, cubriendo con cuidado el brazo izquierdo del chico donde tenía la Marca grabada. En su mente repasaba cada uno de los momentos que en su vida las cosas no deberían haber sido como fueron, y viendo la calavera marcada en el brazo de Draco, se apuntó otro momento en esa larga y deprimente lista.
Hermione había intentado seguir la conversación al otro lado, pero entre que hablaban a susurros y que el dolor a veces la hacía perder el norte, no habías escuchado nada. Vio frustrada como salía Snape de la sala y Mdme. Pomfrey terminaba de vendarle las piernas. La enfermera se levantó y fue hacia la otra cama.
- Bien, espero que mejoren así. Voy a la habitación contigua, si necesitan algo avísenme.
La tarde siguió igual que la mañana, ya que el rubio parecía que estaba en su propio mundo y Hermione seguía con sus deberes. De vez en cuando lo miraba, asegurándose de que aún seguía allí. Era raro verle así, sin pavonearse, sin insultar. Como si fuera una estatua.
Una hora pasadas las 6, justo antes de cenar, se pasaron por la enfermería Ron y Harry. Le llevaban más libros y una caja de Honeydukes sin abrir, aunque seguramente la chica agradecería más los apuntes. Parece ser que su visita alegró al Slytherin, porque se profirieron una retahíla de improperios durante largo rato hasta cansarse.
También pasó por allí la profesora McGonagall para visitar a su alumna, corroborando que estaba mejorando, y asegurándole que el profesor Dumbledore iría a verlos en cuanto volviera, ya que llevaba dos días de viaje. Le comentó numerosas cosas de las clases, y se despidió con una sonrisa preocupada.
En cuanto a Draco, sus amigos no habían ido a visitarle en todo el día, y a ella incluso la habían ido a visitar Luna, Ginny y Neville a última hora. En cierto modo, al verlo mirando al infinito solitario, le dio lástima. Claro, que estábamos hablando de Malfoy, el mismo que llevaba años tratándola como una mierda.
Después de la cena no se permitían visitas, así que la enfermería se quedó bastante tranquila. Mdme. Pomfrey se fue a la sala de al lado a dormir (tras su tercer bostezo) y la Gryffindor se disponía a hacer lo mismo, hasta que escuchó un ruido.
Llevaba media hora intentando conciliar el sueño, de espaldas a la cama de Malfoy, cuando escuchó una pisada y un ligero golpe. Esperó unos minutos y se dio la vuelta. Cuando se acercó a la cama del rubio vio lo que había imaginado: se había alargado.
Eso era bastante extraño si lo juntábamos con su rara conducta.
Miró su reloj, faltaba hora y media para que la enfermera volviera a salir a ver cómo se encontraban. Le daba tiempo suficiente a investigar un poco, esperando no ser vista.
Hermione abrió la puerta de la enfermería, y viendo que no había nadie, salió sin hacer ruido. Lo más cercano era un pasillo que doblaba a la derecha y que tenía unas escaleras que daban a los pisos superiores. En un instante se encontraba al pie de la escalera, deseando tener el Mapa de los Merodeadores para no encontrarse con Filch, algún profesor o un prefecto de ronda.
Malfoy estaba subiendo las escaleras, directo a los pisos más altos.
Siguió la estela de la alfombra, parándose a veces para no ser vista por el rubio, que también miraba para todos lados.
Llegaron al séptimo piso, intuyendo a donde se dirigía: a la Sala de los Menesteres. Harry llevaba tiempo vigilándole e insistía en que el Slytherin se estaba guardando algo en la manga, que estaba tramando algo. Pero nada le parecía más lejano a la realidad que un Draco Malfoy convertido en mortífago con tan sólo 16 años. Y de todas formas, ¿qué iba a hacer en la Sala de los Menesteres?
El Slytherin había pasado la última esquina y había transcurrido el suficiente tiempo como para poder seguirlo de nuevo sin ser vista. Se asomó sigilosamente y a tan sólo dos centímetros se encontró con la cara del chico, que estaba esperándola.
Estúpida
Había caído, la había descubierto. ¿En qué momento le había parecido genial la idea de perseguir a Draco Malfoy por la noche hasta el séptimo piso? Ella no hacía esas cosas.
- Mira a quién tenemos aquí, si es Granger. ¿No deberías estar en la enfermería durmiendo? Tú rompiendo las reglas – se acercó a la chica peligrosamente, pero no disfrutando de aquello, sino bastante enfadado.
- Tú tampoco deberías estar aquí Malfoy
- Ya, pero ese es mi problema. Y el tuyo ahora es que me estabas siguiendo.
La morena se mordió el labio, pero se quedó quieta en un intento de encarar la situación. Cuando fue a abrir la boca para responder, el chico la acorraló contra la pared de piedra sin apenas tocarla pero clavándole la mirada amenazadoramente.
- No te metas en mis asuntos, no te lo volveré a repetir.
- No me asustas Malfoy. Será mejor que me sueltes si no quieres tener un grave problema.
Se quitó de encima al chico empujándolo del hombro, sin apartar la mirada.
Draco no sabía qué hacer, porque todo aquello lo había pillado por sorpresa. En la última esquina le había parecido sentir una presencia siguiéndole, y se había parado para ver si alguien aparecía. Y cual fue su sorpresa cuando vio a Granger siguiéndole hasta el séptimo piso.
Estaba furioso. No había ni un solo un minuto en todo el día que no se le viniera a la cabeza toda aquella enrevesada situación que estaba viviendo, y cuando quería hacer algo, tenía encima a aquella chica vigilándolo. Iba a tener que retrasar todo una vez más, y a saber hasta cuando, porque ya no se fiaba de que otra vez volviera a seguirlo.
Unos pasos sonaron en mitad del pasillo y ambos se asustaron, pero esta vez de forma diferente, ya no sólo por explicar qué hacían fuera de la enfermería. Draco se temía que alguien pudiera relacionarlo con la Sala de los Menesteres, y eso no le hacía mucha gracia, a pesar de que era muy improbable que alguien lo supiera.
- Muévete – empujó a la morena de mala manera.
- No hace falta que me empujes- se retiró de él con cara de desprecio
- Si quieres nos ponemos a discutir y le damos explicaciones a quien sea de qué hacemos aquí – la miró con cara preocupada
Lo más cercano que había donde podían esconderse era la escalera de subida a la Torre de Astronomía. Fueron rápidamente hasta allí, y se quedaron unos instantes en silencio hasta que pasara el merodeador.
La morena se encogió en el suelo respirando entrecortadamente, sobretodo cuando escuchó los pasos. Miró hacia arriba para ver al rubio, que señalaba con la cabeza el torso de la chica, ya que desde esa altura podía ver todo lo que escondía Hermione debajo de la camiseta. Se tapó rápidamente algo sonrojada y volvió a mirar al pasillo.
Se levantó despacio cuando vio a Snape doblar la siguiente esquina, comprobando que estaban fuera de su campo de visión.
- Era Snape
Pero al volverse se dio cuenta de que le habló a la nada. Ya no estaba allí, detrás de ella, dirigiéndole como siempre una mirada altiva. Entonces imperceptiblemente levantó la cabeza, ahí estaban las escaleras que daban a la torre.
Definitivamente hoy era el día de que Hermione Granger hiciera cosas estúpidas sin razón.
Con el frío azotándole los pies, fue trepando la Torre de Astronomía hasta que llegó a una terraza que daba al exterior. Se podía ver perfectamente la oscuridad de la noche, tan sólo iluminada por la luna y las numerosas constelaciones. Y al fondo estaba el rubio, apoyado en la piedra.
- Era Snape- repitió a media voz. No hubo contestación.
Ya se iba a dar la vuelta para irse, sin siquiera decir nada, cuando Draco esta vez sí que habló.
- Será mejor que vuelvas- hubo un silencio- No me gusta que se metan en mis asuntos, y menos alguien como tú.
- Tú también deberías volver Malfoy
- ¿Y si no qué harás?- se volvió para mirarla, riéndose con burla – Creo que ya estamos bastante mayorcitos para buscarnos una propia vida, ¿no Granger?
- A mí lo que me parece es que estás tramando algo, Malfoy. ¿Acaso piensas que me voy a quedar tal cual después de todo lo que ha pasado en estos años?
Seguramente alguna bestia empezaba a apoderarse del cuerpo y la mente de Hermione, porque notaba como si estuviera presenciando todo desde fuera y sus pensamientos no fueran suyos. Vio como el rubio, bastante serio y cansado, se acercó. Sus facciones contrastaban con el reflejo de la luna.
- ¿Se puede saber de qué vas?- no podía haberlo dicho de una forma más irritante.
- ¿De qué tienes miedo?
El rubio se quedó mirándola como si estuviera flotando. Ella tenía un rostro bastante serio y no había señal de burla o ironía en sus palabras. ¿De verdad le había preguntado eso? No qué hacía allí, o porqué era tan condenadamente inconsciente. No. ¿Le había preguntado de qué tenía miedo?
