3. ¿El último día en la enfermería?
- ¿A qué crees que le tengo miedo, Granger?
Estaba enfadado. Le había costado un buen rato articular esa simple respuesta, y nuevamente, se sentía estúpido delante de la Gryffindor. Esa pregunta es la que se hacía cada día cuando se levantaba y cuando se iba a dormir.
A qué tenía realmente miedo: que su vida estaba cayendo en manos de las circunstancias, o al propio miedo.
No quería ni pensarlo, llevaba todo el curso dándole vueltas y en las últimas semanas había decidido terminar con esa idea. Tenía que hacerlo y punto, no le quedaba otra. Por eso la pregunta le pilló por sorpresa, no sólo por quién la había preguntado, sino porque le había removido sentimientos.
- ¿Realmente piensas que en mi posición puedo tener miedo?
- Sinceramente, sí. No hace falta que me explique.
Lo miró seria, apenas a dos palmos del chico. Intentaba no ponerse nerviosa, pero la inseguridad le estaba haciendo mella. En realidad Malfoy se estaba comportando de forma extraña, pero no sabía exactamente si se debía a la situación que había en su casa o a algo más retorcido.
El rubio sonrió de lado, con un deje de amargura. Se acercó más y le puso una mano en el hombro, que apretó un poco a modo de advertencia, aunque sin producirle dolor. Hermione se exaltó ante el contacto, sobretodo cuando le apretó firmemente.
- Te repito Granger, que no es asunto tuyo. Así que vuelve con tus queridos amigos, no creo que paséis mucho más tiempo juntos. Y deja de perderlo conmigo.
La morena apartó la mano al remover el hombro, y levantó una ceja bastante cabreada. Dio media vuelta y silenciosamente bajó las escaleras de la Torre de Astronomía. Por fin volvía a pisar con los dos pies tierra. ¿En qué momento había sentido lástima por ese cretino? Llevaba años haciéndole la vida imposible, y porque habían metido a su padre en la cárcel, ahora le daba pena.
- Harry lleva años pasándolo mucho peor…- los últimos escalones hizo el doble de ruido, cabreada consigo misma- Se me está yendo la cabeza.
Minutos después bajó Draco, bastante abatido. Daba un paso y se le venían a la mente miles de momentos en aquella escuela, en su casa, los veranos en casa de Smith, Parkinson o alguno de sus dos alcornoques de amigos. Todo eso iba a cambiar, es más, seguramente ya había cambiado todo.
Al continuar un pasillo, sintió como una fuerza le tiraba del cuello de su camisa y lo atraía hacia la oscuridad de un aula.
El rubio se revolvió violento a punto de golpear al inútil que lo había desviado de su camino sin su permiso, cuando vio la cara de la persona iluminada por la varita.
- ¿Se puede saber dónde te has metido? Llevo bastante rato esperándote, Draco.
- ¿¡Qué se supone que estás haciendo aquí!
La morena resopló contrariada. No estaba acostumbrada a esperar, y aunque Draco Malfoy podía considerarse afortunado por ser uno de los pocos en no sufrir su mal genio, esta vez se estaba pasando.
- No me has contestado, Pansy. Qué haces TÚ aquí.
- Mira Draco, no te permito que me grites. Ni a ti ni a nadie, así que baja el tono- a pesar de todo, estaba un poco insegura.
El chico gruñó irritado, y se pasó la mano por el pelo intentando tranquilizarse. Ella no era a quien él esperaba. ¿En qué se estaba convirtiendo la maldita noche?
- No han podido venir ni Crabbe ni Goyle, me han dicho que te avise porque no les daba tiempo a ellos. Me han dicho que estarías en el séptimo piso a esta hora.
- ¿Por qué no han podido venir?
- Les han castigado. Ya sabes que ese par son dos sacos de patatas, sin pena ni gloria. Hasta compararlos con los trols sería desprestigiar a esas asquerosas criaturas- se sentó en el borde de una mesa, bastante seria. Lo miró de reojo algo nerviosa.
- Podrían haber enviado una carta con una lechuza.
- Ya
Se hizo un silencio incómodo. Ninguno de los dos quería empezar la siguiente frase.
Qué iba a decir ella: ¿Sabes que estoy enterada por culpa de los inútiles de Crabe y Goyle que te han mandado matar a Dumbledore, y gracias a mí nadie más lo sabe? O qué iba a decir él: Pansy, ¿recuerdas que mi padre era uno de los mortífagos más importantes del Señor Tenebroso? Pues ahora encima que está en la cárcel, nos tratan a mi familia y a mi peor que a la miseria.
Draco espiró todo el aire que tenía en los pulmones, dejando de lado la idea de que Crabbe y Goyle sólo estaban a su lado porque a sus padres también los habían presionado, pero que en verdad querían huir. Como él.
- Gracias por avisar, me vuelvo a la enfermería.
- ¿Se puede saber qué haces tratando con Granger?
La miró con pesadumbre. Imaginaba que Pansy, vigilando desde el aula, se había dado cuenta que la Gryffindor había pasado tras él y que también había vuelto antes. Lo mejor era esquivar esos temas porque de todas formas no quería saber el trasfondo de la pregunta.
- No sé de qué me hablas
- Ya
Sí. En verdad se estaba engañando a sí mismo. Las cosas con Pansy o eran blancas o eran negras, nunca había grises. Así que no existía ningún doble fondo en el cajón, era transparente como el agua.
- Ahora ni siquiera te puedes permitir errores, Draco. Ya no. Así que si te sientes mal y necesitas escapar, esa no es la mejor man-
- Déjalo – sonó férreo, tanto que el aire se volvió muy pesado, casi asfixiante- No sigas por ahí.
Eran muchos años conociéndose. Sabían lo que el otro quería decir, lo que sentían. Ella se molestó, frunció el ceño y se levantó. No quería ver cómo lo pasaba mal, pero la estaba dejando de lado en todo aquel asunto. Quería estar solo y seguir buscando salidas estúpidas ante esa situación.
En fin, era su decisión. Si quería seguir así, estaba bien. Ella también haría lo mismo.
- Está bien Draco, haz lo que quieras. Y de nada.
Salió del aula cerrando tras de sí sin hacer ruido, dejando todo a oscuras.
De vuelta a la enfermería, el rubio sentía que los pies, las manos… todo, le pesaba el doble que hacía una hora. Incluso apenas se había escondido durante el trayecto, le daba igual que lo vieran y lo castigaran. Eso sí, regresó antes de que despertara Mrs. Pomfrey e hiciera su ronda.
Al otro lado de su cama se veía una cabellera morena, de espaldas a la puerta de entrada de la sala. De seguro llevaba ya un buen rato durmiendo. Se quedó viendo cómo su cuerpo subía y bajaba acorde a la respiración, de forma bastante exagerada.
Una sonrisa se le dibujó en la cara: estaba despierta. Tan inteligente para algunas cosas, tan torpe para otras.
Sin decir nada, se fue para su cama y se metió entre las sábanas a duras penas. Dormirse ahora sería una tontería ya que la enfermera saldría en pocos minutos.
- La enfermera está a punto de salir
Nadie contestó. La morena seguía en su cama, de espaldas a él.
- Sé que estás despierta, no sabes hacerte la dormida Granger.
Hermione se recostó en la cama y se quedó sentada, sin verlo. Sólo miraba sus manos sobre las sábanas mientras le daba vueltas a la cabeza, dirigiendo mentalmente una serie de improperios a ese Slytherin.
- ¡Pero qué hacéis despiertos a estas horas! Debería ser yo quien insistiera en levantaros de la cama para curaros, no que me estuvieseis esperando – la enfermera salió bostezando con cara preocupada. Consiguió que Hermione la mirara, y el rubio desviara su atención de la morena - ¿Os duele queridos?
- No – dijeron al unísono.
El rato que pasaron con la enfermera fue rápido, pues se levantaba cada 4 horas para darles un jarabe y ver si tenían fiebre. En varias ocasiones la mujer puso cara preocupada, y susurraba en voz baja cosas como "Por Merlín y toda su descendencia, esto no mejora"
En cuanto se hubo marchado y echado un último vistazo, ambos se metieron entre las sábanas intentando dormir.
- No vuelvas a seguirme – Sí, era la cosa más estúpida que podía decir en ese momento. Pero necesitaba decir algo.
Nadie le respondió, sólo el silencio.
- ¿Me has escuchado Granger?
- Sí, Malfoy.
- Bueno, porque la próxima vez… - se estaba comportando como un crío, pero no quería ni podía parar.
Ella se levantó y se sentó en la cama dispuesta a decirle de todo, a gritarle que de qué iba repitiéndole eso de nuevo. Había intentado ser amable, sabe Dios de dónde había salido ese sentimiento por él, y la había pateado. Muchas cosas se le venían a la mente, pero sólo una salió.
- No me volveré a meter en tus asuntos.
Eso le sorprendió a Draco. Tanto que se le olvidó lo que estaba diciendo, y se le quitaron las ganas de seguir hablando. Estaba claro que ahí terminaba la conversación.
Al día siguiente, parecía que todo iba a seguir igual. Los dos en aquella pequeña sala, al cuidado de la enfermera y con las visitas de amigos y los preocupados profesores. Llevaban allí 3 días y parecía que la situación no mejoraba mucho, sólo se mantenía, y eso tampoco era muy buen aliciente.
Draco y Hermione se limitaban a estar cada uno en su mundo, con algunas palabras entre ellos que parecían escritas en un guión y ellos fueran actores. Así al menos le parecía al rubio, que había volcado de nuevo sus esfuerzos pensando cómo iba a llevar su plan.
Se sentía mal por Pansy, que ni siquiera había dado de nuevo señales de vida, pero la visita de Crabbe y Goyle parecía haberlo puesto de buen humor: se había desquitado con ellos y no habían rechistado ni una sola palabra. Ellos se habían metido a su vez con Hermione, sin intervención ninguna de Draco, ni para bien ni para mal. Parecía que el discreto desvío en su camino había vuelto a enderezarse.
Hermione llevaba todo el día mordiéndose la lengua. Quería decirle tantas brutalidades al animal que tenía a su lado, que por poco y se atraganta con el agua: cada vez que sentía ira, le daba un trago al vaso de la mesita, y una de las veces casi se ahoga.
Aún así y con todo, intentaba concentrarse en los libros o las visitas que llegaran, de modo que acababa cansada y no le quedaban ganas de pensar.
Por la noche, la enfermera fue a dar la última ronda antes de dormirse en su salita. Pasó por la cama de Draco, revisando que estuviera bien, y luego fue directa a la cama de Hermione. En ella se quedó más rato, mirándola preocupada.
- Cariño, parece que tienes fiebre… y eso no me gusta.
- Pero podría haber cogido frío, sólo eso.
- Bueno, bien puede ser eso querida, y también puede ser que no mejores con lo que te llevo dando estos días. En ese caso, el señor Malfoy también podría empeorar.
La morena se mordió el labio. Seguramente cogería frío la noche anterior siguiendo a la serpiente de al lado. Pero lógicamente no iba a decir nada.
- Creo que voy a llamar al director para que sepa de esto. Seguramente os tengamos que trasladar un día o dos a San Mungo, pero tranquilos, con que os den algo y os dejen reposar esto se os pasará.
Salió de la habitación con paso diligente dejando a los dos en silencio.
Draco empezó a ponerse ansioso. Eso quería decir que se iba a alargar la recuperación, o no, no lo sabía. Pero desde luego no iba a estar en el castillo, y desde el hospital no iba a poder hacer nada. Maldita sea, su tía se iba a poner insoportable, y su madre iba a pagar las consecuencias.
- Si no hubieras venido anoche detrás de mí seguro que estarías más fresca que una lechuga- daba igual lo que le dijera, nada calmaba sus nervios.
La morena abrió los ojos como platos y furiosa agarró el vaso de agua de la mesita. Dio un trago y volvió a soltarlo haciendo bastante ruido. Se tranquilizó y se echó la mano a la frente, dándose cuenta que el cansancio que tenía ese día no era otro que por el mal estado en que se encontraba.
- ¿Y por qué demonios cada vez que te miro estás bebiendo agua?
Sí, había sido el colmo.
- ¿Podrías callarte ya de una vez? Estoy harta de ti – se le olvidó beber.
- ¿Qué me calle yo? ¡Por tu culpa nos van a enviar a San Mungo, joder!- se le estaban escapando las cosas de las manos.
- Ajá, nos iremos a San Mungo por un día o dos. ¿Algún problema con eso? ¿No estás más nervioso de la cuenta?- la miró furioso. Había hincado la espinita en la herida. Ella sólo se limitó a sonreír airosa.
- Maldita sangresucia… - se dobló sentado, intentando serenarse.
- ¿Te crees que eso me va a afectar como lo hizo hace años?
- Me da igual si te afecta o no. Estoy seguro que tarde o temprano te darás cuenta de que ese término irá desapareciendo del lenguaje de cualquier mago- no podía parar, estaba lleno de ira por todo- porque irán acabando con cada uno de los sangresucia que queden en este mundo. Y además, por ser tú y tus amiguitos especiales, aún habiendo muerto se encargarán de matar a vuestras familias.
La morena se quedó quieta y seria, analizando lo que decía. No era un insulto o una mentira más, aquello era verdad.
- Así que tranquila, aún habiendo muerto seguirás sufriendo. Y eso me satisface.
El rubio sólo levantó la vista para ver sus ojos. Vio lo mismo que había visto en mucha gente a la que había insultado, odio. Y si cabe, sabía que esta vez había llegado a un punto sin retorno. No era un insulto cualquiera, era algo que podía pasar, era un horrible quizás que se decía en voz alta.
Supo que en aquel momento el desvío del camino terminó por borrarse, incluso las pisadas desaparecieron.
N.a: ¡Hola! Lo primero es que, si aún queda alguien leyendo este fic, sinceras disculpas y gracias. Me he tardado demasiado en volver con algo. Es cortito, y eso que prometí que volvería en Febrero y con algo más largo. Pero bueno, espero no tardarme tanto la próxima vez.
Espero que os guste. Creo que no lo estoy volviendo muy dramático ni cursi (sólo lo espero, jejej). Por favor, ya me comentais y os responderé gustosa.
¡Cuidaos!
