Muchas gracias por los comentarios a Luna-maga, malfoy19dani, MonoChronus y Andely Malfoy!

Capítulo 3. Tocando fondo

Durante esa semana (la primera para él y la segunda para ella), Draco le ignoró como siempre lo había hecho. Hacían lo que Snape les pedía dentro del salón de clases, pero en lo cotidiano seguía como si nada estuviera pasando. Hermione estaba admirada de la capacidad del chico para fingir que todo estaba bien. Ella le observó detenidamente. Platicaba con sus amigos, se reunía en la biblioteca para avanzar con los trabajos de otras asignaturas, tenía un buen apetito y salvo una leve incomodidad cuando Snape caminaba cerca de él durante las clases de pociones, Draco Malfoy se comportaba con total normalidad.

Por momentos, ella deseaba acercarse a él para tener a alguien con quien desahogarse, pero no sabía si Draco simplemente la mandaría de paseo y se burlaría de su debilidad. Snape no les había prohibido hablar entre ellos, lo que tenía sus ventajas pero también sus inconvenientes. Obviamente el principal punto a favor era poder compartir con él esa desesperante situación. Sin embargo la detenía el hecho de no saber si el chico ocuparía toda esa información en su contra, una vez que hubiera pasado todo.

Y a eso había que sumarle la inagotable terquedad de Harry, que la seguía buscando y acosando por todas partes y a toda hora. Simplemente no se cansaba de preguntar. Debido a sus constantes rechazos, había simplemente optado por seguirla. En ese momento, le era muy conveniente ser poseedor de una capa de invisibilidad pero eso precisamente era lo que más le crispaba los nervios a Hermione, pues ya eran varias las ocasiones en que ella se había sentido observada por los pasillos al salir del salón de pociones.

Era una suerte que Snape no permitiera que saliera junto a Malfoy al pasillo. No podría soportar más presiones ni sospechas por parte de Harry. Se sentía a punto de explotar y aunque ella ya estaba sobre la tercera semana, todavía faltaban diez días para comenzar las vacaciones de Pascua. Diez escasos días para alcanzar la libertad y recuperar el dominio sobre su propio cuerpo.

Estaba tan llena de conflictos, que esa noche mientras le hacía una mamada a Draco siguiendo las órdenes de Snape, no pudo evitar que dos lágrimas corrieran por sus mejillas. Draco sostenía su cabeza porque la indicación recibida era que se metiera la polla del chico hasta el fondo de su garganta y sin que le dieran arcadas, porque según sus palabras la estaba instruyendo en el arte de las gargantas profundas.

El profesor estaba distraído, pues en ese momento se paseaba frente a Draco, quedando ella de espaldas. Por eso no vio sus lágrimas. Y Hermione casi entró en pánico de que la descubriera en un momento de angustia. Pero antes de que ella pudiera hacer algún movimiento que la delatara, Draco deslizó sus pulgares sobre su rostro borrando cualquier rastro de llanto. Ella le vio a los ojos agradecida y él solo se quedó mirándola fijamente y, aunque ya no se notaban las lágrimas, continuó acariciándola con mucha suavidad para no ser descubiertos.

Para colmo, al final de la noche, Snape permitió a Draco retirarse primero. Desde que el joven había sido incorporado a esas reuniones extracurriculares, ella nunca había vuelto a quedarse a solas con su profesor de pociones. No pudo evitar sentirse un poco intimidada por él. Sentía que perdía las fuerzas con cada día que pasaba.

—¿Se encuentra bien, señorita Granger? —le preguntó con expresión escrutadora.

—Creo que sí, profesor.

—¿Cree? Porque yo la he visto bastante alterada y eso no le conviene —dijo de forma amenazante, cosa que a Hermione no le hacía ningún bien. Cada gota de presión se sentía como si fuera una carga muy pesada sobre sus hombros.

—Harry no me da ni un minuto de paz y mentirle constantemente comienza a afectarme. Pero podré manejarlo —respondió, tratando de explicar la situación.

—Quiero que se tome esta poción. Le ayudará con los nervios. Tómela esta misma noche —le ordenó entregándola un pequeño vial con un líquido ámbar.

—Sí, profesor —aceptó.

—Me daré cuenta si no se la bebe.

Mierda. Menos mal que la avisó que había hechizado el vial porque no tenía intenciones de tomarse nada que le diera el profesor, así fuera simple poción antigripal. Ya pensaría en algo qué hacer.

—Bien, ya puede retirarse.

El pasillo estaba desierto. Había superado una noche más. Había salido de las mazmorras y se dirigía a su torre cuando escuchó la voz amortiguada de Draco.

—¡Granger!

Ella le vio escondido detrás de un tapiz. Lo conocía bien porque ocultaba uno de los pasillos secretos que a veces había usado con Harry. Ambos vieron a ambos lados del pasillo cuidando que nadie les viera entrar. Ella se metió con un poco de desgana.

—Si no quieres verme, solo tienes que decírmelo —comentó él en tono un poco ofendido.

—No eres tú, Draco —dijo sorprendiéndolo al llamarlo por primera vez por su nombre—. Es la situación en general, estoy tratando de sobrellevarlo lo mejor que puedo, pero me siento como en medio de una avalancha... No sé cómo lo haces para fingir que no pasa nada.

—He sido educado en el arte de fingir las emociones.

—En otras circunstancias, eso me habría parecido inhumano. Ahora te envidio.

Él la tomó de la mano y ella no lo pudo evitar. Apoyó la frente en su pecho y lanzó un profundo suspiro. Era una tranquilidad que Draco se acercara a ella para ofrecerle su apoyo y no para causarle más problemas. Tal vez todos sus temores habían sido infundados y ellos realmente podían ayudarse mutuamente.

—Solo abrázame —le pidió y él no dudó ni un instante en apretarla suavemente contra su pecho—. Disculpa si sientes que solo te uso, pero esto es lo que más extraño de Harry. Sus muestras de ternura, cuando solo está allí para mí, sin pedir nada a cambio.

—No tienes que explicarme nada, Hermione —Draco comenzó a deslizar la mano en su espalda de forma circular en una caricia tranquilizadora. El joven estaba sorprendido consigo mismo. No sabía ni cómo ni cuándo había comenzado a sentir afecto por la chica. En ese momento le inspiraba ternura aunque los sentimientos que albergaba por ella eran tan fuertes que estaba seguro de que nunca los había sentido por nadie más. Quizás desde la primera noche en que ella le había prevenido, pero ahora simplemente le era impensable ignorarla, mucho menos dejarla a su suerte.

—Tal vez no pero siento que te lo debo. Harry era mi pareja antes de que esto comenzara.

—Oh, Merlín. Y has tenido que dejarle —Draco comprendía la situación aunque no pudo evitar sentirse decepcionado. En el fondo había deseado que Hermione tampoco tuviera a nadie y que pudieran seguir juntos después de la Pascua.

—Sí, nadie lo sabía porque pensábamos hacerlo público al terminar la escuela —dijo—. Snape se llevó un buen susto cuando supo que él era mi novio —el rostro se le ensombreció mientras hablaba—. Resulta que Harry me sigue cuestionando nuestra ruptura, pues no termina de creer mis pretextos para romper con él y eso me tiene muy estresada. Si él se enterara, Draco... no sé qué podría pasar.

—Primero me despellejaría vivo y luego me mataría muy lentamente, ¿estás segura que no estaba en el pasillo?

Hermione sonrió por la preocupación de Draco. Dada las experiencias anteriores entre ellos, esa sería la reacción más probable de Harry.

—No creo, hoy tuvo práctica de quidditch hasta bien tarde. Ya debe estar dormido... o al menos eso espero. Pero esta noche, nuestro querido profesor me ha dado una poción para calmar mis nervios...

—No te tomes nada que te haya dado ese imbécil.

—No pensaba hacerlo, pero me dijo que "se daría cuenta si no lo hacía". Creo que hechizó el vial y debe entrar en contacto con mis labios... me ordenó tomarlo esta noche, el muy bastardo, así no puedo investigar ni qué usó ni cómo engañarlo.

Draco se quedó en silencio un momento. Tenía que ayudarla a salir de ese embrollo. Si se lo metía en la boca y lo dejaba cierto tiempo para después escupirlo, igual iba a tragar parte de la poción. Y entonces lo recordó...

—Hay un hechizo... que me enseñó mi padre. Es bastante útil y hasta necesario cuando debes comer o beber algo en casa de alguien en quien desconfías. Crea una especie de burbuja desde tu boca hasta tu estómago, que luego te sacas, evitando que los alimentos ingresen en tu cuerpo.

—Suena asqueroso.

—Lo es y bastante pero evita que mueras envenenado. Pero por muy asqueroso que sea, no es nada que un evanesco no pueda solucionar. Es muy usado en tiempos de guerra, créeme. ¿Lo quieres probar o no?

—Por supuesto —afirmó tajante—. No quiero que esta porquería entre en mi organismo.

Draco hizo un movimiento de varita susurrando Stomachus Absconditus y Hermione sintió un leve cosquilleo que se extendió desde su boca hasta su estómago.

—¿Cómo te sientes?

—Como si me hubiera dado una gran atracada a la hora de cena.

—Sí, eso es lo único incómodo. Que tienes que comer aunque te sientes satisfecho, la burbuja de aire donde cae la comida es la que provoca esa sensación.

Hermione se llevó el vial a los labios y bebió todo su contenido de una sola vez. Entre menos restos de poción quedaran en su boca, más leves serían los efectos en su cuerpo. No había terminado de tragar, cuando Draco movió su varita de nuevo y la burbuja salió del cuerpo de Hermione. Ella le vio ofendida porque no le había dado tiempo de nada y por poco vomita la cena en el proceso.

—No me mires así. Si te hubiera avisado, tu cena y otras cosas que te acabas de tragar en el salón de pociones, mías por cierto, me estarían adornando los zapatos —replicó con su habitual ironía.

—Oh, Dios, no seas tan gráfico, por favor.

—Si no te importa, me quedaré con la poción. Quiero saber qué contiene y te aviso mañana —le explicó observando detenidamente la poción dentro de la burbuja de aire que había sacado del estómago de Hermione, la cual levitaba frente a su rostro.

—¿Puedes hacer eso? —preguntó ella realmente sorprendida.

—¿Crees que mis calificaciones de pociones son por puro favoritismo Slytherin? —repreguntó Draco, mientras hacía aparecer otra botella en la que depositar la poción. Era mejor desechar el vial que les había dado Snape, por cualquier trazo mágico que contuviera.

—Pueesss...

—Ya, no digas más —habló ofendido, moviendo su varita para dirigir la poción hacia la botella que acababa de aparecer—. Para que lo sepas, Granger, pociones es la única asignatura en la que siempre he obtenido calificaciones más altas que las tuyas, que ya es decir bastante, pero también en la que me he desarrollado más allá de los contenidos académicos. Pociones es para mí, lo que Defensa es para Potter.

—Está bien, está bien —dijo conciliadora—. Confiaré en tus habilidades y hablamos mañana.

Draco sorprendió a Hermione al besarla en la frente a modo de despedida. Cada quien siguió su camino hacia sus respectivas habitaciones.

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El día siguiente se desarrolló de manera usual para Hermione. Contar con el apoyo de Draco era un alivio y le ayudaba a mantener los nervios bajo control. Frente a todos se ignoraron, pero por la noche tuvieron un breve encuentro en el mismo pasillo. Gracias a Merlín, Snape no les había citado ese día en el salón de clases, lo que les dio un pequeño respiro. Todo se limitó a un largo pero estrecho abrazo y a que Draco le dijera que el análisis de la poción le estaba llevando más tiempo de lo previsto, porque había un ingrediente que le estaba costando identificar.

La siguiente mañana, Hermione entró bastante tranquila al Gran Comedor para desayunar. No había dado ni tres pasos dentro del recinto cuando sintió la pesada mirada de Severus Snape sobre ella. Una mirada escrutadora y muy, muy severa. Apenas pudo probar bocado.

—¿Te sientes bien? —preguntó Harry, quien como siempre estaba atento hasta el más mínimo detalle.

—Creo que algo de la cena me hizo daño —mintió por enésima vez—. Casi no tengo hambre.

Ella continuó revolviendo la comida de su plato, tratando de pasar el tiempo, tratando de escuchar las conversaciones a su alrededor, pero estaba tan preocupada que solo se escuchaba como un murmullo constante y sin sentido. ¿Se habría dado cuenta que no se tomó realmente la poción? Quizás lo mejor hubiera sido tomarse al menos una parte... Y si lo sabía, ¿qué sería capaz Snape de hacerle por desobedecer su orden? ¿Podría evitar un castigo?

Al llegar la hora, siguió a sus compañeros a la clase de encantamientos. Ese día, tenían esa clase durante toda la mañana y la compartían con los compañeros de Slytherin. Al menos era una materia que disfrutaba y que le despejaría momentáneamente su mente. Entró en el aula y se ubicó en una de las mesas del frente que tanto le encantaban. Siguiendo la costumbre que había adoptado tras la ruptura con Harry, colocó sus cosas junto a Ginny. Harry junto con Ron se sentó en una mesa separada. Sin embargo, Hermione todavía no había tomado asiento sino que permanecía de pie junto a su silla ya que todavía no habían comenzado la lección del día.

Draco entró unos minutos después junto con sus compañeros de Casa. Con un pretexto cualquiera, el joven se acercó al escritorio de la profesora para preguntarle unas cosas antes de iniciar la clase y cuando regresaba a su mesa, de la manera más relajada y natural, dejó en la mano de Hermione un pequeño pergamino doblado, que ella guardó inmediatamente en el bolsillo de su túnica.

El movimiento pasó desapercibido para todos, excepto para un par de ojos verdes que centellaron una mezcla de furia y celos, pero Harry también había aprendido lo suyo en los años de guerra y sabía que no debía precipitarse. No dijo ni hizo nada que delatara que había visto el intercambio entre ellos dos.

A media clase, Hermione sacó el pergamino.

En el pasillo secreto antes del almuerzo. Es urgente.

Con eso, ni siquiera la clase de encantamientos fue capaz de mantener en calma los nervios de Hermione. Sentía que estaba a punto de sufrir un colapso. ¿Qué había descubierto Draco que era tan apremiante? ¿Estaba relacionado con la mirada hostil de Snape esa mañana? Las manos le temblaban y por primera vez en sus siete años de escuela, no fue capaz de tener la concentración necesaria para conseguir realizar el encantamiento que estaban aprendiendo ese día. Lo que sorprendió a muchos de sus compañeros, incluyendo a su profesora.

Cuando la clase terminó, guardó todas sus cosas tratando de mantener la calma pero fue obvio que necesitaba salir de allí a toda prisa. Tomó su bolso y salió. Harry ni siquiera hizo el intento de seguirla. Había pretendido hacerlo en días anteriores sin lograr nada. Se despidió de Ron con un pretexto cualquiera y buscó un lugar discreto. Había un aula vacía, en desuso, a la que no dudó en entrar. Casi tiró sus libros al piso y sacó el Mapa del Merodeador. Apuntó su varita al pergamino y el mapa de Hogwarts comenzó a dibujarse en él. Con el corazón acelerado, comenzó a buscar la motita con el nombre de Hermione.

Mientras tanto, Hermione había llegado al pasillo secreto. Draco ya le estaba esperando. Apoyado contra la pared y con la cabeza un poco inclinada, viendo fijamente hacia el piso. Pero su rostro se iluminó en cuanto la vio llegar.

—Dios, Draco, dime qué sucede —casi le exigió, arrojándose en sus brazos. Toda ella estaba temblando.

—¡Cálmate! Tú dime qué pasa, ¿por qué estás tan alterada? —Draco la abrazó con fuerza. Le extrañó verla en ese estado, sobretodo porque el día anterior la había visto hasta bromear con sus compañeros.

—Nuestro querido profesor... creo que sabe que no tomé la poción. Esta mañana casi me acribilló con la mirada y bueno, cuando leí tu mensaje...

—Siento mucho haberte preocupado tanto y sí, tiene que ver con eso. La pocioncita de tu profesor era un multivitamínico, pero lo que me costó identificar fue un ingrediente raro, de uso prohibido y extremadamente adictivo: abrótano macho. Un afrodisíaco potente, que si te lo hubieras tomado, en este momento estarías...

—Desesperada por una buena y larga follada —le interrumpió Hermione, quien levantó su rostro ligeramente para ver a Draco a los ojos—. Por supuesto que sabe que no me tomé la poción...no nos ha citado en el salón...y no me veo angustiada ni le he buscado para nada...

—Es un grandísimo cabrón.

—Alertemos a la prensa —le dijo con ironía. Draco bufó por la reacción de la chica—. Tal vez para ti sea noticia de último minuto, pero yo llevo siete años sufriendo a ese grandísimo cabrón. ¿Crees que tome algún tipo de represalia contra nosotros?

—Es lo más probable.

—Por Merlín, Draco, yo no puedo seguir así... Ya no soporto más esta zozobra... siento que estoy volviéndome loca.

—Debemos hacerlo, Hermione, dimos nuestra palabra de mago y bruja. Tenemos que aguantar hasta la pascua. ¿Dónde está tu valentía Gryffindor?

—Desmoronada —respondió de inmediato y con gran desaliento.

—Pues no puedes desmoronarte, ¿me entiendes? Tenemos que salir de esto, a cualquier costo y de cualquier manera. No sobrevivimos la guerra para que ese bastardo acabe con nuestras vidas solo por sus perversiones sexuales. Y eso es precisamente lo que quiere: socavarnos de tal forma que cuando acabe con sus juegos, nosotros no hagamos nada en contra suya.

—¿Tú crees? —Hermione comenzaba a verle la lógica Slytherin al asunto y el por qué Snape siempre los empujaba hasta traspasar sus límites.

—Por supuesto, Hermione. Quiere tenernos tan quebrados que al final tengamos pánico de actuar contra él...—y se quedó pensativo—. Pero en tu caso va más allá, ¿por qué quiere hacerte adicta a una poción? Es una planta prohibida para pociones porque su adicción es tan fuerte que es casi incurable. Sabe que eres fuerte pero también que estás bastante alterada y eso te impediría buscar represalias en su contra —parecía que Draco estaba escudriñando algo más—. Creo que quiere distraerte o distraer a alguien más.

—Quiere que Harry no enfoque sus energías en él, Draco. Si yo estoy enferma, Harry se preocupará por ayudar a recuperarme y no a escudriñar lo que ha pasado en estos días —explicó Hermione con rapidez, parecía que el hombre realmente se había asustado al saber que Harry Potter podía enterarse.

—Es un calculador de mierda...

—Es un Slytherin, Draco.

—Oye, gracias.

—Es la verdad. En la mayoría de los casos es una virtud y es que ustedes tienen la capacidad de plantearse múltiples escenarios y buscar la mejor estrategia para cada posibilidad.

—Y es justo lo que yo estoy haciendo. Porque él ahora está en una posición de poder conmigo, pero no lo estará por siempre. Snape no sabe lo que es meterse conmigo y te juro por Merlín que se lo haré pagar caro.

—Pues tú serás el encargado de vengarnos a los dos.

—Será un honor.

—Debo irme —dijo entonces Hermione—. Todavía no nos ha citado, creo que puedo pensar en algo para evitar que me dé a beber de nuevo esa poción, porque si lo intenta cuando estamos frente a él, no podré...

—Sí podrás, ya sabes el nombre del hechizo, Stomachus Absconditus, así que practícalo y te lo pones encima justo antes de entrar en el salón.

Esta vez, Draco y Hermione se despidieron con un pequeño beso en los labios. Para ambos fue tan natural que ella no se percató de lo sucedido sino hasta que él se fue por el otro lado del pasadizo secreto.

Hermione salió de detrás del tapiz para comprobar aterrada que Harry la esperaba justo allí con cara de pocos amigos. Estaba apoyado contra la pared. Sus libros bajo el brazo y esa expresión ceñuda que no lo abandonaba en los últimos días. Dios, Harry sí que era imponente. Tal vez no fuera tan alto como Malfoy, pero su cuerpo era musculoso y bien formado, aunque la palidez del cuerpo de Draco también le gustaba mucho. Hermione sacudió su cabeza ligeramente, en medio de todo el embrollo en el que estaba y ella se ponía a comparar a ambos chicos. Dios, debía estar loca o en camino de volverse completamente loca. No sabía lo que haría cuando todo eso terminara, si volvería con Harry o le pediría a Draco que se dieran una oportunidad.

Pero su mente regresó a Harry y a su expresión severa. Suspiró con cansancio porque no sabía qué la tenía en peor estado, si la situación en sí con Snape, los sentimientos que había desarrollado hacia Draco (y que estaba segura que eran producto de la experiencia que compartían), o la presión constante que Harry ejercía sobre ella para conocer la verdad.

—¿Qué te tienes con Malfoy? —preguntó a quemarropa. Si ella desconociera la existencia del mapa, tal vez se habría mostrado sorprendida pero hasta mucho tiempo se había tardado Harry en usarlo.

—No es nada, Harry. No tengo nada con nadie —afirmó, encaminándose hacia el Gran Comedor en un vano intento por detener la discusión. Sabía que Harry se abstenía de preguntar frente a terceras personas y era urgente que ella entrara en un terreno neutral.

—Eres una mentirosa —el joven la detuvo tomándola con fuerza por el brazo—. No soporto más esta situación. Sé que me ocultas algo y seguramente estás impedida de decirme lo que pasa.

Hermione abrió sus ojos con sorpresa, confirmando sus palabras. Harry supo que había tocado un punto sensible. Confirmó que si ella no le había pedido ayuda no era por falta de confianza o porque ya no lo amara, sino porque estaba atada de manos y de lengua para recurrir a él. Por primera vez desde que ella le había dejado, Harry sentía que estaba por descubrir lo que estaba pasando. ¡Merlín! Estar en la ignorancia lo hacía sentir impotente. La amaba y no dejaría que nada ni nadie la separara de él. Fuera lo que fuera, no permitiría que siguieran haciéndole daño. Y era obvio que ella estaba a punto de sufrir un colapso nervioso.

Ella se zafó de Harry y se dirigió con prisa a la escalinata que estaba camino al Gran Comedor. Si él comenzaba a vislumbrar alguna esperanza de descubrir lo que sucedía, Hermione estaba por entrar en pánico por la misma causa. No podía permitir que Harry se enterara, no podría soportar ni su mirada dolida ni su expresión de lástima. Tampoco podía arriesgarse a más represalias por parte de Snape. Harry caminaba presuroso tras ella.

—Déjame ayudarte, Hermione. ¿Qué te ha hecho Malfoy? —preguntó, asumiendo que el Slytherin era el responsable de todo.

—¡Draco no me ha hecho nada! —respondió, volviéndose ofendida.

—¿Draco? —escupió él con asco. Era la primera vez que ella lo llamaba por su nombre frente a Harry, la expresión traicionada del joven se lo dijo todo y la mirada horrorizada de Hermione no pudo ser más evidente. Le he perdido, pensó ella ofuscada y con el corazón oprimido por el dolor. Lo peor de todo era que todavía no podía explicarle nada.

Los corazones de ambos latían acelerados. Ella casi corrió a las gradas y él trató de asirla de nuevo por el brazo. Hermione forcejeó con tan mala suerte que perdió el equilibrio, cayendo vertiginosamente todos los escalones. Aunque sacó su varita, la caída de la chica fue tan rápida que Harry no pudo hacer nada ni para detenerla ni para amortiguarla.

Se quedó paralizado viendo cómo Hermione rodaba por la escalinata, viendo como sus libros, pergaminos, sus plumas y el tintero se desparramaban por todos lados, hasta que llegaba inconsciente al pie del graderío.

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Gracias por pasar a leer. ¡Ya saben que sus comentarios son bienvenidos y me hacen muy feliz!

Abrazotes,

Clau