¡Me alegra mucho que esta historia les esté gustando!

Muchas gracias por sus comentarios a LuaL, liziprincs, Ao0i, malfoy19dani, luna-maga, kary992, Karix7, Isla de Thera, Andely Malfoy y Kizy Malfoy.

Capítulo 5. Después de la tormenta

Hermione recibió el alta médica la mañana siguiente. Regresó a la Torre de Gryffindor acompañada por Harry y por Ron, en medio del escándalo suscitado en el colegio a causa del profesor Snape, quien había sido encontrado esa mañana semiinconsciente a unos pasos de la enfermería y en un estado tan delicado que tuvo que ser trasladado a San Mungo. Con toda la discreción que requería el caso, Minerva comenzó una investigación. Sabía que el profesor de pociones no era una persona muy amada, ni por sus colegas ni por sus alumnos. Sin embargo, la vapuleada había sido fenomenal y había sucedido dentro del colegio. Era algo que no se podía tomar a la ligera.

A pesar de la noche de descanso, Hermione todavía se sentía muy débil y Madame Pomfrey la eximió de clases dos días mientras se recuperaba del exceso de agotamiento que descubrió en su cuerpo. La llenó de un tratamiento que incluía poción antidepresiva, pociones restauradoras, de fortalecimiento y de estimulación del apetito, porque consideró que estaba con las defensas bajas y en ese estado podría pescar una enfermedad mucho más grave de lo que presentaba en ese momento.

Aunque el tratamiento con las pociones duraría varias semanas, el solo hecho de haberse liberado de la situación del profesor Snape era suficiente para que su ánimo mejorara considerablemente. Volver a dormir arropada por Harry también era parte fundamental de su recuperación. El chico había tenido la delicadeza de no intentar ningún encuentro sexual entre ellos, suponía que ella no estaba preparada todavía y él la quería lo suficiente como para esperar que fuera Hermione quien diera el primer paso. Tal y como había sido la primera vez en la tienda de campaña en medio del bosque.

Draco también mantenía una distancia prudente. Aunque lo deseara, no podía permitir que otros descubrieran el lazo que ahora les unía. Los Gryffindors, sus compañeros Slytherin, el resto de profesores y prácticamente toda la escuela se preguntarían sobre el súbito cambio de afectos entre ellos. Eran demasiadas explicaciones que dar, mucha presión a su alrededor y aunque fuera en mucha menor medida que Hermione, él también estaba emocionalmente afectado por todo lo sucedido con el profesor. Pero a eso le añadía que se sentía en extremo confundido por la fuerte atracción que había sentido por Harry días atrás cuando estaban bajo la capa de invisibilidad.

Bien era cierto que nunca había tenido ningún acercamiento físico, más que para pelearse, así que no tenía la más mínima idea de donde había surgido todo eso. ¿Sus múltiples peleas con Harry eran pura tensión sexual reprimida? ¿Era un sentimiento de agradecimiento por haberle liberado de su juramento con Snape? ¿Podía ser una extensión de lo que ya sentía por Hermione? ¿O era solo que quería continuar su relación con ella y entonces por añadidura también aceptaba/compartía los sentimientos de la chica por su anterior novio? No sabía qué pensar, solo sabía que estaba seguro de amar a Hermione y que de repente Harry le gustaba y mucho. Que los otros dos tenían una relación mucho más antigua y que por tanto, él salía sobrando. Y eso lo deprimía. Mucho.

Draco solo se había comunicado con ella una sola vez, vía lechuza, la que había entrado a la Torre de Gryffindor cuando Hermione estaba acompañada por Harry. Era una de las lechuzas de la escuela, para que nadie reconociera el ave. Un escueto ¿Cómo estás?, que ella se había dispuesto a responder en ese mismo momento, bajo la atenta mirada del otro chico. Le incomodó tener que escribir con esos dos ojos verdes taladrándole la nuca, pero no pensaba esconder los sentimientos que ahora tenía hacia Draco. Todavía no había decido qué hacer. Había regresado con Harry, sí, pero ¿quería terminar su relación con Draco? Definitivamente, no. ¿Se podía amar a dos hombres al mismo tiempo?; pero lo más importante, ¿se podía estar con los dos al mismo tiempo? Tenía que pensar muy bien lo que iba a hacer, ya que si la relación de Harry y Draco siempre había sido problemática, el hecho de pelear por el amor de la misma chica podía agravar las cosas.

Sin saberlo y a pesar de sus propias cavilaciones, Hermione estaba en el medio de una ola de emociones entre los dos chicos más importantes de su vida, porque Harry también experimentaba su propia crisis existencial. En principio, nunca se había sentido atraído hacia otro hombre. Cosa que lo descolocaba un poco. Estaba seguro que si Draco no hubiera prácticamente huido de debajo de su capa, se habrían besado hasta dejarse sin aliento. Y por Dios que desde ese momento, solo pensaba en cómo sería el sabor de sus labios, cómo se sentiría besarle y en cómo se sentiría un cuerpo masculino entre sus brazos. Amaba a Hermione, estaba seguro de eso. Pero no podía sacarse a Draco de la cabeza. ¿Lo convertía eso en un infiel?

Durante esa noche en la enfermería, su opinión sobre el otro muchacho había cambiado drásticamente. Primero había sentido la desconfianza de siempre, luego había habido sorpresa (y cierta lástima, a decir verdad), de comprobar que estaba en la misma situación de Hermione. Pero después había observado detenidamente lo delicado de su trato hacia la chica y le había impresionado verle intentando protegerla del profesor. Verle empuñar su varita contra Snape para conminarlo a tomar el Juramento Inquebrantable había sido un bono extra y cuando habían abierto la oficina de Madame Pomfrey en busca de la poción se habían complementado muy bien...los tres. ¿Eran sus sentimientos una extensión de lo que sentía por Hermione? ¿Eran producto de su eterno "complejo de héroe" como seguramente lo llamaría Draco y solo era necesidad de protegerle? Pero lo más importante, ¿era anormal querer estar con dos personas al mismo tiempo? ¿Y desde cuando él hacía cosas que eran "normales" para el resto de la sociedad, ya fuera muggle o mágica?, pensó al final un poco ofuscado.

Ese fin de semana, los tres lo pasaron ensimismados en sus propios pensamientos.

El miércoles siguiente, Minerva McGonagall sorprendió a Hermione al citarla en su despacho. Los días de recuperación recetados por Madame Pomfrey habían pasado y salvo las pociones fortificantes, el tratamiento principal había concluido.

La chica se sentía realmente feliz. No tener que toparse con Snape por los pasillos era parte de su tranquilidad. Habría que ver si conservaría esa misma seguridad una vez que el profesor regresara al castillo.

Hermione entró en el despacho y frenó en seco.

Draco estaba allí sentado en una de las sillas frente al escritorio de la directora. Que fueran cuatro las sillas dispuestas tampoco fue muy tranquilizador para la chica. El Slytherin se puso de pie en cuanto la vio entrar y la saludó con una leve inclinación de cabeza. La expresión del joven no revelaba nada, al parecer Minerva había querido esperar a que todos los involucrados llegaran para comenzar la reunión, puesto que solo le indicó que tomara asiento.

Sin pensarlo mucho, la joven se sentó junto a Draco y colocó sus manos entrelazadas sobre su regazo. Entonces, bajo la atenta mirada de la directora, el chico se volvió hacia ella.

—¿Cómo has estado?

—Bien, gracias.

No se dijeron nada más. Era mejor esperar.

La puerta de la dirección se abrió de nuevo. Ron y Harry entraron, sorprendiéndose también de verles allí. Una vez que todos tomaron asiento, la directora tomó aire profundamente, la preocupación se hizo evidente en su rostro y de pronto, pareció envejecer unos años.

—Necesito aclarar con ustedes la situación del profesor Severus Snape.

A Hermione se le cayó el corazón a sus pies, ¿Qué había dicho el profesor? ¿Por qué tenía la impresión de que eran ellos los acusados y no al revés? Draco comenzó de inmediato a maquinar su estrategia de supervivencia. Ron se quedó a la espera de la reacción de Harry y Harry... simplemente no pensó, solo habló.

—Conmigo no tiene nada que aclarar, profesora —respondió Harry.

—Por supuesto que sí, Harry. Fue de tu varita que salieron dos Crucios y tus puños y los del señor Weasley los que le dejaron en tan lamentable estado.

—Y le hubiera lanzado el Avada Kedavra, si no hubiera sido por el respeto que me merece el colegio...

—¡Cómo puedes decir algo así! —exclamó indignada.

Por Merlín, Harry era la imprudencia viviente... así que Draco decidió intervenir. Si lo dejaba continuar hablando lo más probable es que los cuatro terminarían en Azkaban por el ataque a un profesor. Dada la fama del trío dorado, todo se reduciría a un chivo expiatorio: él. Y no estaba dispuesto a terminar en la cárcel.

—Directora —dijo suavemente—, creo que usted solo se está enfocando en las consecuencias. Severus Snape se ganó a pulso, tanto los dos Crucios como los puñetazos. ¿Ha hablado con el profesor acerca la situación en la que nos tenía sometidos a Hermione y a mí?

McGonagall lo miró sin comprender.

—Es obvio que no lo ha hecho, Draco —habló entonces Hermione—. Lo sucedido en la enfermería fue la forma que encontraron Ron y Harry para defenderme del profesor Snape, Directora McGonagall...

—Nada justifica una vapuleada de esa naturaleza.

—¿Nada? ¿Ni siquiera juegos sexuales pervertidos entre un profesor y dos alumnos bajo coacción del susodicho profesor? —preguntó Draco, midiendo cada una de sus palabras. Pudo apreciar perfectamente el impacto que produjeron en la directora.

—Esa es una acusación muy seria, jovencitos.

—Lo es y es justo lo que estamos haciendo en este momento. Fuimos sorprendidos en nuestra buena fe por Severus Snape, quien nos hizo tomar un juramento mediante el cual nos obligaba a obedecer todas sus órdenes. Todas, directora McGonagall. Y con el que nos prohibía revelar lo que sucedía ni podíamos buscar ayuda. Según sus palabras, le pertenecíamos hasta la Pascua. Weasley y Harry consiguieron que levantara ese compromiso una semana antes...

—Eso...eso...no pudo haber sucedido. Severus... ¿Cómo pudo? —la directora había palidecido conforme Draco hablaba. La pobre se había preparado para reprender a unos alumnos en claro desacato a las reglas estudiantiles. Se había preparado para plantear su retiro del colegio en términos que no afectaran a ninguna de las partes, porque en el fondo no quería manchar sus expedientes y ahora surgía esto, como un elemento totalmente inesperado. ¿Cómo habría creído Severus que ella reaccionaría? Y de pronto lo comprendió: como la Gryffindor impulsiva que era. La que actuaba antes de pensar las cosas, la que tomaría medidas contra los estudiantes antes de llegar al fondo del asunto.

Hermione tomó a Draco de la mano. A McGonagall no le había pasado inadvertido el nuevo comportamiento entre ambos jóvenes. Ahora se tuteaban y parecían compartir un alto grado de confianza que no tenían cuando comenzó el curso. Algo bastante difícil de creer, sobre todo para ella que los había visto crecer y había sido testigo de sus constantes peleas e insultos. Incluso, cuando Ron y Harry habían entrado ese día no salieron a relucir las típicas muestras de animadversión entre ellos, sino que se habían saludado amigablemente con leves inclinaciones de cabeza.

—¿Todavía guarda aquí el pensadero del profesor Dumbledore? —preguntó la chica. La bruja asintió y entonces Hermione se volvió hacia Draco de nuevo—. Nuestros recuerdos de cuando caímos con el juramento...

—...la primera vez que estuvimos juntos... —continuó Draco, quien lo dijo con naturalidad enumerando los recuerdos pero los otros chicos y McGonagall no pudieron evitar sentirse incómodos ante el comentario. Luego se volvió hacia Potter—, y lo sucedido en la enfermería desde la perspectiva de Weasley y Harry.

Todos los presentes se pusieron de pie y vieron salir el pensadero del armario donde permanecía guardado. Cada uno colocó la varita en su sien y dejó salir el recuerdo, que depositaron en la vasija. Cuando terminaron, McGonagall se paró junto al instrumento.

—¿Vendrán conmigo?

—No —dijeron cuatro voces al mismo tiempo.

—No quiero saber en detalle las cochinadas que haya hecho Snape con Hermione y con Malfoy —afirmó Ron—. Es un recuerdo demasiado personal como para que lo vea todo el mundo.

—Yo pienso igual —afirmó Harry. Aunque muy en el fondo sí tuviera deseos de ver a Draco escaso de ropa, verles a ambos con Snape no era algo que deseaba tener en su memoria.

—Yo me habría auto lanzado un Obliviate para no tener que recordar esa experiencia constantemente —aseguró Hermione, tomando asiento de nuevo frente al escritorio de la directora—. No se preocupe, que no tenemos pensado huir de su despacho.

Los tres chicos sonrieron. Juntarse con Draco estaba provocando que ella se volviera más irónica de lo que habitualmente era. Sin embargo, la directora no encontró divertido el comentario. Frunció el ceño y apretó los labios en clara incomodidad. Sin dejar pasar un minuto más, se dejó caer en el pensadero.

—A pesar del Juramento Inquebrantable, Snape no ha confesado su delito a las autoridades de la escuela —afirmó Ron, una vez que McGonagall estuvo dentro de la vasija.

—Es obvio que quiere jodernos antes de hablar de esa situación con la directora —habló Draco y entonces añadió con cierto retintín—. Ya lo sé, ya lo sé... es un Slytherin.

—No te pongas dramático, que no te queda —dijo Harry pero tenía una sonrisa bailándole en los labios—. Seguramente pensó aprovecharse de la sangre Gryffindor de nuestra directora. Ahora solo tenemos que esperar las medidas que ella tome con estas nuevas evidencias.

—¿Creen que lo destituya? —preguntó Hermione.

—Es lo más probable —respondió Ron—. Lo que habría que ver es si lo denunciará ante el Ministerio. Eso le impedirá ejercer la enseñanza en otro lugar. Pero esas medidas más drásticas dependerán de la directora. Y me supongo que también dependen de ustedes y si no les importa que se haga de conocimiento público.

—Lo único que me interesa es tenerle lo más alejado posible de mí —aseguró ella.

La directora estuvo un buen rato dentro del pensadero. Mientras tanto, Draco se había acercado a Hermione y se había sentado junto a ella. Platicaban de forma amena. Obviamente como no habían tenido un momento propicio para hacerlo, se estaban poniendo al corriente con lo que no habían podido conversar en los últimos días.

Harry platicaba con Ron cerca del pensadero. Desde donde estaban no alcanzaban a escuchar lo que hablaban, tampoco lo intentaban pues comprendían que necesitaban un poco de privacidad pero ambos sí que les observaban todos sus movimientos. De pronto, Hermione hizo como un pequeño mohín de incomodidad, como si no le gustaba lo que estaba diciéndole a Draco y el joven inmediatamente pasó su brazo sobre los hombros de la chica, abrazándola con genuino cariño para infundirle ánimos. Un gesto que si Ron no lo hubiera visto, muy probablemente lo habría puesto en duda.

—Ellos se aman, Harry —comentó Ron, poniendo en palabras algo que era obvio.

—Lo sé —confirmó el otro, pero su talante no estaba ni serio ni celoso ni molesto. Situación que desconcertó un poco a su pelirrojo amigo. Y entonces se sinceró—. Tengo algo en mente pero no les he dicho nada aún.

—¿Piensas dejarla para que pueda estar con él?

—¡Jamás dejaré a Hermione! —afirmó tajante, aunque en voz baja para que los otros no escucharan nada.

Ron le miró con sorpresa, de pronto, la realidad de por dónde iban los pensamientos de Harry lo golpeó fuerte. Podía comprender que en ese momento sus dos amigos y Malfoy estuvieran confundidos. Lo que habían experimentado no era una situación ni fácil ni divertida, pero en su mente no podía comprender que su amigo quisiera incluir al Slytherin en su relación.

Harry se dio cuenta de la expresión confundida de Ron.

—No me mires así. No es algo malo, es simplemente...

—Extraño, por decirlo de alguna forma. Lo que dije la otra noche en la enfermería, yo solo estaba bromeando… ¿Has pensado en cómo reaccionarán los demás?

—Ron, ¿Cuándo he pensado en los demás para decidir lo que quiero hacer con mi vida privada?

—Nunca. Eso es cierto. Pero, ¿Y qué pasó con aquello de mi media naranja y las almas gemelas? ¿No crees que tres son multitud?

—No si lo hablas entre los tres y estableces una relación estable con deberes y derechos para todos. Yo no pienso engañar a Hermione con Draco, ni pienso engañarlo a él. No quiero tener una sola media naranja, sino tener dos tercios de naranja y sabes bien que pueden existir más de una alma gemela —explicó Harry comenzando a impacientarse con Ron. Se frotó la nariz con cansancio, levantando ligeramente sus lentes—. Este tipo de convivencia no es muy usual pero existe. Al menos en el mundo muggle.

Ron suspiró.

—Es completamente inusual en el mundo mágico. Eso seguro.

—Bueno, seguiré dando material suficiente para habladurías, eso si ellos aceptan porque todavía no...

Harry fue interrumpido por el regreso de la directora McGonagall. Si antes la directora parecía abrumada, en el momento de regresar del pensadero parecía totalmente impactada, casi por perder por completo la cordura. Se miraba asqueada, descompuesta de su habitual ecuanimidad para resolver los problemas e incapaz de sostener la mirada a Draco y a Hermione sin ruborizarse intensamente.

—Oh Dioses, bendita Circe, ¿Cuántas veces habrá hecho esto? Tantos años de enseñanza, ¿a cuántos alumnos habrá tratado de esta manera? —se preguntó sentándose pesadamente en su silla. Enterró su rostro entre sus manos en un gesto de clara impotencia—. Debo comunicarme con sus padres inmediatamente.

Draco y Hermione intercambiaron una mirada, la de ella triste y la de él afligida.

—Los míos siguen en Australia. No he podido ir a buscarles para revertir el hechizo de memoria. Lo estoy planeando para este verano —explicó Hermione.

—Yo ya soy mayor de edad, preferiría que esto quedara entre nosotros.

—No puedo, Draco, porque a pesar de que legalmente eres un adulto, tus padres me han confiado tu tutela como estudiante de este colegio. Debo informarles de lo sucedido. Necesito que se queden acá mientras localizo a los Malfoy —dijo la directora.

Mierda. Más para sentirse frustrado. Ahora sus padres también se enterarían de su vergüenza. Y no solo era por lo delicado de la situación y que implicaba actos sexuales, sino que sentía que les había fallado, que se había dejado engañar ingenuamente por un profesor. Y eso le dolía muchísimo a su ego Slytherin. Los jóvenes volvieron a quedarse solos en la dirección.

La incomodidad de Draco era evidente. Hermione seguía sentada junto a él, así que lo tomó de la mano en un gesto de apoyo. Harry no pudo evitar acercarse, pero optó por quedarse atrás del respaldo de la silla donde estaba Draco y colocó su mano sobre el hombro del joven apretándolo ligeramente.

—¿Crees que sean muy severos contigo?

Draco esbozó una sonrisa socarrona, aunque la aflicción estaba claramente pintada en su anguloso rostro.

—Soy un niño mimado, Harry. Mis padres jamás han sido severos conmigo —respondió—. Lo duro para mí es que se enteren que fui confiado en exceso y por eso me metí en problemas, eso va en contra de nuestra naturaleza Slytherin. Me jode que se sientan decepcionados de mí —confesó en voz baja, más para sí mismo que para los otros.

—Bueno, míralo de esta manera: al menos tú tienes padres a quienes decepcionar —le dijo Harry—. Además, todos aquí sabemos que ellos te aman.

—Eso es cierto.

—Si quieres podemos hablar con la directora para que podamos retirarnos —sugirió Hermione con suavidad—. Así puedes tratar este problema en privado con tus padres.

—No —respondió rápidamente y con seguridad. Luego añadió con una media sonrisa—. Ustedes me dan apoyo moral. Estaría más descompuesto si estuviera yo solo —entonces se volvió hacia Ron—. ¿Qué te sucede, Weasley? Parece que has visto a Merlín en persona.

Era verdad. Ron estaba boquiabierto. Ahora que los veía a los tres juntos, interactuando frente a una situación que concernía solo a Draco, se había dado cuenta de que lo que pensaba hacer Harry no estaba demasiado alejado de la realidad. Sacudió levemente la cabeza, mientras enfocaba su mirada en Harry. Era una mirada de comprensión que su amigo captó al instante. Y ese entendimiento le supuso un gran alivio y dio respaldo a lo que llevaba cavilando esos días. Si Ron lograba aceptarlo, sabía que a pesar de la sorpresa inicial que algo así generaría en toda la sociedad mágica, tarde o temprano sus más cercanos también acabarían aceptándolo.

Más rápido de lo que esperaban, el matrimonio Malfoy entró en la dirección. La preocupación en sus rostros era más que evidente. Los cuatro jóvenes se pusieron de pie. Draco estaba flanqueado por Harry y Hermione, quienes en el fondo se quedaron a la espera de alguna recriminación o comentario irónico por parte de Lucius, pero el hombre solo miró a su hijo con consternación. Por su parte, al matrimonio no les pasó por alto que su hijo estaba tomado firmemente de la mano de la chica y que tenía sobre su espalda, posada suavemente al nivel de su cintura, la mano de Harry. Era obvio que lo estaban escudando.

McGonagall conjuró dos sillas más.

Conforme la directora les explicaba lo sucedido, Narcisa había empalidecido y Lucius estaba rojo de la furia. Minerva había intentado ser lo más delicada posible dado lo espinoso del asunto, pero fue inevitable el estallido del padre ante lo que les había pasado. Parecía querer descuartizar a Severus Snape con sus propias manos y fue incapaz de continuar sentado. Se puso de pie y comenzó a caminar ofuscado por la dirección.

—Señor Malfoy, lamento muchísimo lo sucedido...

—Deténgase, directora..., a sus casi dieciocho años Draco ha vivido demasiadas experiencias nefastas y pensamos ingenuamente que él estaría más seguro en Hogwarts de lo que estaría afuera. Así que en este momento, lo único que puedo decirle es por donde puede usted meterse esos lamentos... y no quiero faltarle el respeto. Primero, ¡déjeme digerir lo que le sucedió a mi hijo debajo de sus narices! —gritó ofuscado, golpeando el escritorio con su puño. Minerva no pudo evitar dar un salto en su silla y hacerse un poco hacia atrás.

—Lucius...

—Padre...

Narcisa y Draco hablaron al mismo tiempo, tratando de calmar los ánimos caldeados del hombre. Lucius se irguió y respiró profundamente. Entonces se volvió hacia su hijo.

—¿Cómo te encuentras?

—Bien, creo.

—¿Crees?

—No fue una experiencia placentera, pero como bien has dicho hemos pasado por cosas peores y las hemos superado. Dudo que algo como esto me haga caer —respondió con tanto aplomo que calmó a su padre considerablemente. A pesar de su seguro tono de voz seguía tomado de la mano de Hermione. Solo ella había sentido cómo sus palmas se habían puesto heladas debido a la reacción de Lucius.

Minerva suspiró.

—Es necesario que discutamos cómo vamos a proceder. Si solo lo dejaremos como algo interno del colegio o si quieren poner una denuncia oficial en el Ministerio. Hermione, dado que tus padres están fuera del país, he permitido que Harry y Ron permanezcan en mi oficina como un respaldo para ti...

—Gracias, directora.

—Lo primero que haré, obviamente, es cesarlo de sus funciones docentes. Debo informar al Ministerio la razón de su despido, pero salvo el Ministro Kingsley y el Jefe de Aurores Robards que me han acompañado en esta investigación, nadie más se enteraría de quiénes son los estudiantes involucrados. Ahora bien, si lo que desean es un juicio y una posible condena en Azkaban, deben estar conscientes de que causaría un gran revuelo público y las implicaciones que eso tendría tanto para ustedes como para el colegio. Una denuncia de ese tipo puede ser el fin de Hogwarts. Los padres ya no se sentirían seguros enviando a sus hijos a un internado.

Lucius bufó dando a entender que las preocupaciones de la directora le podían tener sin cuidado. Hermione buscó a Harry con la mirada. La directora se miraba realmente abatida y ella no quería ya causar más problemas. Draco intercambió unas palabras en un susurro con su madre.

—No quiero que ese hombre esté libre, pero tampoco quiero que mis intimidades anden en boca de toda la gente. ¡Oh, Dios! Es tan difícil... —exclamó Hermione.

—Sí, lo es, señorita Granger —dijo Narcisa. Aunque trataba de mantener su habitual compostura, se notaba que estaba abatida por su hijo—, porque no solo es que Severus pague por su crimen sino el estigma que eso supone para ustedes. ¿No podemos hacer una acusación en la que se resguarde la identidad de las víctimas? Que rindan su testimonio frente a una delegación de alto rango, por ejemplo, y no frente a todo el Wizengamot.

—Podría considerar esa posibilidad y aunque no creo que haya inconvenientes con el Ministro siempre la información se filtra hacia terceras personas—explicó Minerva—. Sobre todo porque los afectados son personas de alto perfil dentro de nuestra sociedad. Yo honestamente preferiría que tratáramos el caso con la mayor discreción posible. Apelo a su sentido de responsabilidad para con el colegio. Por lo que vi en el pensadero, Harry consiguió por medio del Juramento Inquebrantable que Severus no se acerque nuevamente a Draco y a Hermione, o que intente algo en contra de ellos o de familiares cercanos. Esa es una ventaja, porque él está imposibilitado a hacerles daño nuevamente.

—¿Tú qué opinas? —preguntó Lucius a Draco.

—Al igual que Hermione, ya es suficientemente incómodo que todos los aquí presentes sepan lo que ha sucedido como para andar en boca de extraños, a quienes únicamente mueve el morbo de la situación. Yo también prefiero que sea algo lo más discreto posible.

—¿Estás seguro?

—Sí, padre. Creo que hay otras formas de hacerle pagar caro a ese bastardo —dijo Draco en un arranque que sorprendió a Lucius. Eso era algo que habría esperado que trataran en casa y en confianza, no frente al trío dorado—. Con solo que le cerremos las puertas para que pueda ejercer la enseñanza en otro lugar, ya nos lo estamos cobrando —agregó.

—Yo puedo influir en Kingsley para que el Ministerio tampoco le dé trabajo —añadió Harry en tono decidido. Draco le vio mordaz y él estuvo seguro que el Slytherin se estaba mordiendo la lengua para no dejar salir un comentario irónico—. El Ministro sabe que quiero unirme al cuerpo de aurores y lo está esperando para darle publicidad al departamento. Puedo presionar por ese lado.

La directora estaba visiblemente aliviada del rumbo que estaba tomando la conversación. Gracias a Merlín, que no había tenido que insistir mucho para evitar que los chicos pidieran un juicio público.

—Bien, entonces está decidido que lo manejaremos de forma discreta y confidencial —sentenció McGonagall con rapidez, aunque Lucius no se miraba del todo convencido. Ella tampoco quería que se lo pensaran mucho para que no cambiaran de opinión—. Primero hablaré con el Ministro y con el Auror Jefe Robards, luego notificaré mi decisión a Severus con el respaldo del Ministerio. Como quedan pocos días para las vacaciones, también les dejo abierta la posibilidad de que puedan irse a casa este día. Yo informaré a los profesores de mi decisión.

Los Malfoy dispusieron que Draco se fuera con ellos en ese instante. Prácticamente solo le dieron tiempo de arreglar su baúl con algunas cosas y se retiraron del colegio. Hermione y Harry decidieron quedarse e irse con el resto de alumnos en el tren de regreso a Londres y antes de partir fueron testigos de todas las especulaciones suscitadas por la repentina partida del Slytherin.

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La relación poliamorosa comienza a dibujarse, pero no es algo que se produzca de un día a otro. ¡Espero sus comentarios!

Clau