Muchas gracias por sus comentarios a malfoy19dani, luna-maga, Andely Malfoy, Kizy Malfoy, hola, fior aquarium, Lycoris Black y kary992.

Solo recordarles la advertencia inicial de que este fic es sobre una relación poliamorosa, es decir, que involucra a más de dos personas.

N/A. me está dando problemas para subir este capi, si no se visualiza bien tendré que retirarlo y modificarlo. Espero que no haya más inconvenientes.

Capítulo 6. Construyendo una relación de tres 1ª parte

Los estudiantes se agolpaban en la estación de regreso al colegio después de las vacaciones. No estaba tan abarrotada como al inicio del curso, por todos los alumnos que no podían ir estas pequeñas temporadas a casa. Harry llegó halando su baúl y recorrió el lugar con la mirada, buscando a Hermione y a sus amigos.

No les había visto desde que se había despedido de ellos en ese mismo lugar. Prácticamente se había encerrado en Grimmauld Place para poner sus pensamientos en orden y cada día que pasaba estaba más decidido a convencer a los otros dos a que siquiera le escucharan su propuesta.

Solo un día había salido de su casa para irse a Shell Cottage para hablar con Bill Weasley al respecto. Confiaba en Bill como si realmente fuera su hermano mayor y necesitaba un consejo que solo alguien con experiencia podía darle. Pero por la naturaleza de la situación, tampoco quiso buscar a Arthur. Estaba seguro de que el patriarca Weasley no lo habría comprendido y se habría cerrado en lo que tradicionalmente se esperaba de él sin escuchar lo que realmente le preocupaba.

Bill y Fleur tenían una perspectiva más amplia del mundo y de la vida. Él había vivido en el extranjero por varios años y ella conservaba intacta su mentalidad francesa, y si no se había cansado de la conservadora sociedad inglesa era porque su esposo no era el típico mago inglés que seguía al pie de la letra las reglas sociales.

Le escucharon con atención y si se sorprendieron de lo que Harry les decía, sus rostros no lo reflejaron. Hablaron con él con tanta naturalidad como si estuvieran hablando del clima de ese día y el consejo que recibió fue sencillo y práctico. Que siguiera adelante con su propuesta y si los otros dos estaban de acuerdo, no había absolutamente ningún lío. Al final, los demás no tendrían más remedio que aceptarlo. De todas maneras, le dijo Bill con una sonrisa socarrona, ahora es cuando puedes hacer valer tu posición de héroe de guerra. Harry regresaba a Hogwarts mucho más sereno de cómo había partido.

Hermione, por su parte, había pasado las vacaciones junto a Luna. Ella también necesitaba un poco de espacio para tratar de encontrar una salida viable a la situación. Conservaba la casa de sus padres y la mantenía protegida con sendos hechizos, pero le era muy doloroso permanecer sola en su hogar. Esperaba poder ir pronto en busca de ellos y que todo volviera a la normalidad. Ya lo había conversado con Harry y el chico se había comprometido a acompañarla a Australia en cuanto terminara el año escolar. Solo quedaban unos cuantos meses, tenía que estudiar con esmero para los Éxtasis, pues su rendimiento había sido afectado por la experiencia con su profesor de pociones. Durante esos días, Luna respetó el continuo silencio de Hermione.

A pesar de su aire despistado, la inteligente Ravenclaw percibía con claridad cuando alguien estaba listo para hacer una confidencia y supo que su amiga simplemente no estaba preparada para compartir lo que la afectaba en ese momento. Así que ella no presionó y permitió que Hermione pasara sus vacaciones con tranquilidad. Si no hubiera sido por la edición diaria de El Profeta, se habría desconectado totalmente del mundo.

Hermione llegó a la estación acompañada de Luna y en cuando vio a Harry se encaminó hacia él. El chico la abrazó y beso con suavidad en los labios frente a todos, confirmando entre sus compañeros y demás curiosos la relación que ahora sostenían. Colocaron sus baúles en el espacio de carga y tomados de la mano subieron al tren.

A lo lejos, observaron la llegada de los Malfoy. Draco acompañado por Theo Nott, se subió con rapidez en uno de los vagones del final. Al parecer, se habían despedido antes de entrar a la estación, porque sus padres solo supervisaron que subiera al tren y se retiraron de allí.

Harry no desvió su atención de Draco hasta que este se perdió dentro del vagón y cuando regresó su mirada a Hermione, ella lo observaba con expresión concentrada. Lo conocía como a la palma de su mano.

—¿Qué estás tramando, Harry Potter? —en su pregunta había curiosidad mezclada con ligeras sospechas.

—En que los dos necesitamos hablar con Draco —respondió simplemente. Sin embargo, ella pensó erróneamente que Harry le exigiría poner distancia con el Slytherin.

—Harry, yo necesito tiempo para asimilar todo lo sucedido —comenzó ella a tratar de explicarse—. Sé que debo intentarlo sola, pero de momento no puedo hacerlo sin el apoyo de Draco.

Harry pasó su brazo sobre sus hombros.

—No te estoy pidiendo eso. Quiero que estés tranquila y que nos preparemos para los exámenes. Pero sabes que eventualmente los tres tendremos que hablar sobre lo que ha pasado —replicó él, sorprendiéndola por la tranquilidad con que se lo decía.

—¿No estás molesto con Draco porque también está conmigo?

—¿Por qué habría de estarlo? —respondió Harry y ella le miró como si de repente no lo conociera en lo más mínimo. Él dio un pequeño suspiro, comprendiendo la confusión de su novia—. Hermione, los dos han pasado por un experiencia difícil, se han apoyado mutuamente, sé que él te protege y sé que ha surgido cariño entre ustedes —enumeró aunque no se atrevió a decir que era amor lo que había entre ellos—, ¿por qué querría presionarte a dejarlo cuando sé que eso afectaría tu recuperación? Sé que soy impulsivo, pero al menos dame el crédito de no ser estúpido.

Hermione se abrazó a él, emocionada.

—¡Gracias por comprenderlo! Estaba tan asustada pensando que querías que lo dejara...

—Preocúpate por otras cosas, menos por esa. De momento, los estudios ya son suficiente presión para nosotros, si es que queremos tener las calificaciones mínimas para la Academia de Aurores y la Escuela de Leyes.

Hermione estaba feliz. Al menos Harry estaba tranquilo y sí, él tenía razón de que debían hablar pero ella de momento no estaba segura de lo que quería pedirles a los dos chicos. Mucho menos, si ellos estarían dispuestos a seguir con ella al mismo tiempo. Lo cierto es que ahora Harry era el oficial y no estaba segura de que Draco quisiera convertirse en "el otro". Debían ser cuidadosos para no proporcionar material a los chismosos.

Al llegar al colegio, la noticia principal fue el cambio del profesor de pociones. Los rumores eran múltiples y variados puesto que la directora no dio mayores detalles del retiro del profesor Snape. Al final, la especulación que predominó entre los estudiantes es que su salida era debido a problemas de salud, fortalecidos por el hecho que al salir de vacaciones el profesor seguía interno en San Mungo. Horace Slughorn había aceptado colaborar con Minerva y asumir el cargo lo que quedaba del año escolar, aunque había reiterado que él ya se sentía muy viejo para volver a la enseñanza y que solo lo hacía para que los alumnos no quedaran a medias con dicha materia a esas alturas del año escolar.

Al paso de las semanas, Draco y Hermione habían hablado en un par de ocasiones, en ratos perdidos y el Slytherin trataba de no llamar la atención hacia su persona. Nadie, excepto Harry, se había dado cuenta de sus encuentros y aunque ellos no tenían reparos en abrazarse y besarse, no habían vuelto a hacer el amor. Cosa que en realidad no era por falta de ganas, sino por la falta de un momento y lugar adecuado para hacerlo. Draco no era persona de andar buscando mugrosos salones de clase en desuso para tener sus encuentros sexuales.

Draco estaba consciente de su situación actual con Hermione y la verdad era que no le gustaba nada. A eso, tenía que sumarle que la guerra lo había dejado un poco paranoico. No era algo que ignorara aunque prefería decirse a sí mismo que la guerra le había vuelto más precavido. Siempre miraba por encima de su hombro en los pasillos, tomaba distintos corredores para llegar a sus clases para no tener un patrón de movimientos y no frecuentaba los mismos lugares. Sin embargo, comenzó a sentir que alguien seguía sus pasos constantemente. Durante el día, eso no suponía mayor problema pero durante la noche, sobre todo si tenía ronda de vigilancia como prefecto, no dejaba de sentirse un poco desesperado por terminar cuanto antes e irse a su habitación en las mazmorras.

Para colmo, esa noche estaba haciendo su ronda en solitario. Su compañera de Ravenclaw había enfermado y al ser uno de los prefectos de mayor edad, le habían encomendado que lo hiciera solo. Lo único que deseaba en ese momento era refugiarse en la seguridad que le brindaba su cuarto.

—¡Draco! —escuchó que lo llamaban en cuanto llegó a un corredor desierto. Sintió que el corazón le llagaba a la garganta por la sorpresa y su mano se fue directa dentro de su túnica, en busca de su varita. Cuando se volteó, vio que era Harry quien lo esperaba y el Slytherin reprimió una expresión mordaz.

—Buenas noches, Harry.

—¿Cómo has estado? —le preguntó el chico mientras se acercaba a él. Era la primera vez que Harry lograba abordarlo a solas desde que regresaron de las vacaciones, la paranoia de Draco tenía un asidero real pues había sido el Gryffindor quien había estado buscando un momento propicio para hablar con él en privado. Draco se permitió relajar su postura cuando observó que el otro no iba con ánimos hostiles.

—Bien. Logré descansar lo suficiente y he estado estudiando a ratos.

—No le respondas eso a Hermione o te hará una programación de estudios personalizada hasta llegar a los Éxtasis —le recomendó Harry con una sonrisa. Estaba nervioso. No sabía cómo proponerle a Draco lo que quería. Nunca habían sido amigos, nunca hablaban por los pasillos y él estaba consciente que hasta ese momento su único vínculo había sido Hermione.

—Lo tendré en cuenta —dijo un poco a desgano, mientras hacía ademán de continuar con la ronda.

—Espera, por favor —pidió el Gryffindor y en un impulso lo tomó de la mano.

Ese gesto los sorprendió a ambos. Draco nunca esperó que Harry diera el primer paso para un acercamiento físico. De pronto, su cabeza se llenó de interrogantes. ¿Le gustaban los hombres? ¿O solo le gustaba él? El simple roce de sus dedos le hizo sentir una especie de corriente eléctrica que se extendió desde su mano al resto de su cuerpo.

Harry también se había estremecido con solo tocarlo. En ese momento se borró de su mente toda intención de hablar y se concentró en el inmenso deseo acumulado por probar sus labios. Así que aprovechándose de su falta de reacción, el Gryffindor lo haló fuera del pasillo, hacia un pasadizo hasta entonces desconocido para el Slytherin que estaba detrás de la estatua de la Vieja Bruja Jorobada.

—Harry, no creo que esto sea una buena id...—La frase quedó sin terminar. Verse presionado contra la pared y con la boca de Harry sobre la suya hizo que su cerebro se desconectara por completo y se enfocara solo en las agradables sensaciones que esos suaves labios provocaban. Primero se movieron tentativos, como a la espera de un rechazo, pero luego una cálida lengua se deslizó lentamente y supo que estaba perdido. Sin detenerse a pensar, correspondió al beso con fuerza y en cuanto lo hizo, sintió el gemido satisfecho de Harry y su sólido cuerpo apretándolo todavía más contra la fría roca del pasadizo.

Su reacción fue instintiva. Se abrazó al otro como si fuera una tabla salvavidas, deslizando un brazo por su cintura y el otro por la espalda. Era un beso posesivo y que marcaba. Oh, por Merlín, si antes estaba confundido este beso lo estaba trastornando todavía más. Por eso prefería besar hombres. Eran besos diferentes, más fuertes, más rudos... no sabría cómo explicarlo completamente.

Por su parte, Harry estaba extasiado. Ahora que al fin había probado los labios de Draco, no se rendiría hasta lograr que él y Hermione estuvieran de acuerdo de estar los tres juntos. Era impensable que él pudiera dejar de besarle, pues sus labios, sus brazos, su cuerpo pegado al suyo, incluso el sonido de sus gemidos eran altamente adictivos.

Pasaron un par de minutos besándose a conciencia.

Entonces, Harry presionó sus caderas contra las de Draco y las erecciones de ambos se frotaron una contra la otra. Lo único que el Gryffindor quería era abrir los pantalones del otro para tocar también esa polla, que a través de la tela se sentía grande y robusta. Nunca había tocado otro pene que no fuera el suyo y quería comprobar que el miembro de Draco fuera tan pálido y elegante como lo era el resto de su dueño.

Pero lo único que causó ese movimiento fue que Draco recuperara un poco de cordura. Lo tomó de la cintura con ambas manos y lo empujó con suficiente fuerza como para alejarlo un poco de él.

—No... Harry...esto es una locura.

Harry se hizo nuevamente hacia adelante, enterrando su rostro en el cuello de Draco, aspirando primero su olor, embriagándose con él y luego besando la sensible piel. Poco dispuesto a ceder. Pero el Slytherin lo alejó con más fuerza.

—Nunca antes he besado a otro chico —confesó Harry en un arranque de sinceridad. Su voz un poco ahogada contra la piel de su cuello.

—Entonces, ¿por qué lo haces?

—Porque quiero y porque te deseo. Y ahora te deseo aun más —le aseguró tratando vanamente de acercarse de nuevo.

—¿Lo sabe Hermione?

—Todavía no pero... —Harry no pudo continuar hablando. Ahora sí, Draco le había empujado para alejarlo completamente de él. Le vio sorprendido—. ¿Qué te sucede?

—¿De verdad lo quieres saber? ¿Qué te has creído? ¿Qué solo por lo que nos hizo Snape voy a permitir que vengas y me folles para saber lo que se siente? —Draco estaba cada vez más exaltado, mientras Harry negaba frenéticamente con la cabeza.

—No, Draco, estás confundiendo todo...

—Lo siento, Potter, pero no seré parte de tu maldita fase de experimentación. Ya he tenido suficiente —afirmó y comenzó a salir del pasadizo secreto.

—Draco, por favor, necesitamos hablar —le pidió Harry, quien trató de detenerlo asiéndolo por el brazo.

—Suéltame, Potter —respondió Draco. Su voz se había convertido en un siseo, había llegado a ese tono de voz que Harry conocía a la perfección después de ocho años de constantes peleas.

Frustrado, solo acertó a liberarlo de su agarre y dejarle marchar.

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Harry entró en la Torre de Gryffindor con cara de pocos amigos y con paso rápido se dirigió a su habitación. ¡Por todos los malditos dioses! Había complicado la situación. Si tan solo sus putas hormonas se hubieran quedado en su sitio por una noche, gruñó para sus adentros. Ahora menos que sabía cómo acercarse a Draco de nuevo.

Hermione estaba estudiando en la sala común y cuando le vio entrar, se sorprendió de la expresión furiosa de su rostro. Harry podía ser un mago poderoso, pero no era ni amargado ni de mal genio.

—¿Te encuentras bien?

—Ahora no, Hermione. Platicamos mañana —respondió tajante mientras caminaba directo a su habitación. Hasta la sala común se escuchó el azote de la puerta cuando la cerró con violencia.

Muchos se quedaron asombrados por sus palabras bruscas, sobretodo porque estaban dirigidas hacia su novia. Muchas chicas se habrían quedado sin cuestionarlo mucho, siendo el héroe mágico y lo poderoso que se suponía que era, pero Hermione no se amedrentaba con esos exabruptos, así que con paso decidido se fue tras él hacia la habitación.

Entró sin siquiera llamar y gracias a Merlín que se encontraba vacía porque no tuvo necesidad de pedir un poco de privacidad a los compañeros. Cerró la puerta tras ella con suavidad y se quedó apoyada contra la madera, observando cómo Harry se movía por entre sus cosas como si fuera un león enjaulado. Lo vio sacar su pijama, tirarlo con enojo sobre la cama, vio como halaba su corbata deshaciendo el nudo con fuerza y tirar la prenda sobre la silla de su mesa de trabajo.

—¿Vas a decirme lo que pasa?

—No. Solo que soy un estúpido —se sentó con un poco de desconsuelo en el borde de la cama.

Entonces, ella se acercó y se sentó junto a él.

—Por experiencia te digo que no eres un estúpido. La mayoría de veces te metes en problemas por impulsivo, pero no por estúpido.

Harry dejó salir un pequeño bufido, mitad exasperado y mitad divertido.

—Impulsivo...—musitó como hablando consigo mismo—. Nunca esa palabra fue más adecuada —dijo con desaliento.

Hermione se sentó a su lado y lo tomó suavemente de la mano. Apoyó su cabeza en su hombro y enterró su rostro en su cuello... y entonces lo sintió. Se levantó de un salto, como su tuviera un resorte en el trasero y Harry le miró desconcertado por su actitud.

—¿Con quién has estado, Harry? —le preguntó. No estaba para infidelidades. Suficiente tenía con sus propios problemas y embrollos. Y era un hecho de que Harry andaba con un aroma muy distinto al suyo pegado en la túnica. Sabía que no estaba siendo muy racional dada la situación que estaba viviendo con Draco, pero tampoco soportaba la idea de aceptar a una cuarta persona dentro de esta delicada situación.

Antes de que Harry pudiera decir algo, ella hizo ademán de dirigirse a la puerta con expresión muy dolida. La magia de Harry fluyó hacia allí sin necesidad de usar la varita, sellando la salida e insonorizando la habitación.

—¡No! Te detienes justo ahí —dijo Harry con voz tan autoritaria que Hermione detuvo sus pasos pero solo se giró, se cruzó de brazos y se quedó viéndolo con cara de pocos amigos. Harry suspiró con cansancio—. Voy a contarte todo porque no pienso cagarla más de lo que ya lo he hecho esta noche.

Ella permaneció en silencio, viéndole con ojos de reproche. Harry respiró profundamente. No sabía por dónde comenzar. Y como a veces las acciones valen más que las palabras, se acercó a ella con rapidez envolviéndola entre sus brazos. Hermione forcejeó tratando de zafarse pero él la apretó con más fuerza contra su pecho.

—Respira profundo y te aseguro que sabrás a quien pertenece este olor —le aseguró.

De pronto, Hermione se quedó muy quieta cuando descubrió en la túnica de Harry un aroma que conocía muy bien.

—Draco —dijo en un susurro.

—Así es.

—¿Qué está sucediendo, Harry? —preguntó separándose ligeramente de él para verlo a los ojos.

El chico la tomó de la mano y se sentaron de nuevo en el borde de la cama.

—Verás, la noche que descubrimos a Snape, una vez que te quedaste dormida le ofrecí a Draco llevarlo a las mazmorras con mi capa... —comenzó Harry por lo que le parecía más obvio, exponiendo todos los hechos por orden cronológico. Una vez que inició su relato, ya no hubo poder divino que detuviera ese diluvio de palabras.

Le contó todo: la atracción mutua que habían sentido en esa ocasión, cómo su sentimiento hacia el chico habían cambiado, todo lo que había estado cavilando en esos días, los consejos de Bill y Fleur, de cómo había pensado abordar a Draco primero y de cómo había metido la pata hasta el fondo con el Slytherin, pues se había acercado a él con la sana intención de hablar de lo que estaba sintiendo y había terminado besándolo hasta quedarse sin aire. Y por eso ahora el rubio creía que él solo pretendía aprovecharse de la situación para experimentar qué se sentía estar con otro hombre.

Hermione le miraba sorprendida. Su expresión había mudado del enojo y la sospecha al asombro total.

—¿Estás completamente seguro de que eso es lo que quieres? ¿Estar con los dos al mismo tiempo?

—Respóndeme con total honestidad, Hermione. ¿Sabes tú con cuál de los dos quieres estar o prefieres estar con los dos al mismo tiempo?

—Con los dos al mismo tiempo —respondió sin vacilar. Se restregó la cara con cansancio y luego lo vio directo a los ojos. No estaba mintiendo—. Cada uno tiene cualidades que me encantan, siento que los dos me complementan y simplemente no me puedo decidir por ninguno de ustedes.

—Eso me sucede a mí. Y tampoco sería justo para Draco que lo mantuviéramos como un secreto solo porque a nosotros nos conviene de esa manera —expresó Harry sacando a relucir su corazón Gryffindor—. Si vamos a estar juntos y los tres lo queremos así, pues ¡hagámoslo! Ya es tiempo que seamos egoístas y pensemos en nosotros. Ya derrotamos a Voldemort y entregamos nuestras respectivas cuotas a la sociedad mágica.

Hermione se quedó pensativa un momento.

—Nos criticarán con ferocidad. Pero tampoco me importa mucho —aseguró. Harry no pudo evitar abrazarla con fuerza. Dos de tres estaban de acuerdo, solo había que convencer a Malfoy—. Draco me ha invitado a acompañarlo a Hogsmeade en la salida de este fin de semana. Puedo hablar con él sobre lo que sentimos y lo que queremos —le propuso Hermione.

Harry pensó que quizás Hermione, que tenía más confianza con Draco, podría tener más éxito que él. Solo tendría que esperar unos pocos días más.

Y así quedó decidido.

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¡Dos de tres están de acuerdo! Solo falta Draco… Espero sus comentarios.

Responderé acá dos reviews de personas no registradas:

Hola Harry ama demasiado a Hermione como para solo pasar la página y buscar otra persona. Además, recuerda que ella actuó bajo coacción, no es que haya buscado ser infiel.

fior aquarium Gracias por tu comentario. No solo tú, creo que Harry se quedó con ganas de hacer sufrir más a Snape, pero le urgía más atender a Hermione.

Besazos,

Clau