¡Ya regresé de mis vacaciones! Pero he tenido un crudo reencuentro con mi realidad muggle, cosa que me ha restado tiempo para responder a los reviews que me dejaron en el capítulo anterior. Los responderé en cuanto me quede un rato libre.

Gracias por sus comentarios a: Giambonne, malfoy19dani, Ao0i, Lady Tomoyo Black, kary992, Liliana, Allie Danger e Isla de Thera.

Capítulo 8. Un año después

Harry entró por la chimenea a un espacioso loft. Y recorrió con la mirada su amplio espacio sintiéndose arropado y seguro en el lugar que compartía con Draco y Hermione. Era un alivio llegar y relajarse, no solo de la presión de sus estudios en la Academia de Aurores sino de todos los señalamientos y cuchicheos que se producían a su alrededor. Siempre le había disgustado que se metieran en su vida, pero ahora era mucho más porque cuestionaban su sanidad mental y su "moralidad" a causa de la relación que sostenía con dos personas al mismo tiempo.

El loft era precioso e iluminado, con un espacio común donde estaba la sala y el comedor, y sus amplios ventanales tenían una vista privilegiada hacia el Támesis. La cocina estaba al fondo, separada del resto por una barra desayunador. En la planta baja también estaban el estudio, considerado por ellos como el espacio exclusivo de Hermione, y la inmensa habitación que necesitaban para los tres. En el piso de arriba, habían acondicionado dos espacios: un laboratorio de pociones para Draco y un gimnasio para Harry, donde también podía practicar duelo y defensa. Por insistencia de Draco, le habían colocado fuertes protecciones, para evitar que algún ejercicio de Harry pudiera estropearle las pociones.

Al principio a Harry le había parecido excesivamente grande. De los tres era quien había opinado sobre buscar algo más reducido. Los otros dos tuvieron en cuenta que el comentario venía de alguien que había pasado su niñez durmiendo en el rellano de una escalera pero Draco había hecho valer su opinión al respecto: solo sus habitaciones privadas en Malfoy Manor eran más grandes que el loft completo. Un apartamento más pequeño le daría claustrofobia. Ahora le daba la razón a su rubio compañero.

Encontrarse el loft y tomarse el tiempo para decorarlo adecuándolo para los tres, les había dado varias semanas adicionales para ausentarse del mundo mágico, que aun ahora todavía no se recuperaba del impacto producido cuando hicieron pública su relación.

Fue la bomba social del año.

Aunque debían reconocer que ellos mismo provocaron que fuera de esa manera.

Después de esa maravillosa tarde que habían compartido en las habitaciones de Draco, habían regresado con renuencia al colegio. Llegaron a la hora de la cena. Los demás estudiantes estaban ya en el Gran Comedor y aunque ellos habían comido antes de dejar Malfoy Manor, decidieron entrar juntos para que todos vieran que el Slytherin contaba con el apoyo de Harry y Hermione. Primero, los estudiantes enmudecieron y luego, como era previsible, estallaron las murmuraciones. Zach y Ernie prácticamente huyeron del lugar porque la mirada penetrante y disgustada de Harry dejó en claro lo que pensaba de lo sucedido ese día.

A partir de entonces, se les había visto juntos. Ya sea estudiando, conversando, haciendo tareas... pero ninguna relación amorosa era confirmada. El Profeta se dedicó a publicar las especulaciones, que si Hermione estaba con los dos al mismo tiempo, que si todos estaban juntos, que si el Niño-que-vivió era gay y su relación con Hermione era solo una fachada, que si Draco los estaba manipulando o si los Malfoy sabían de la situación o no.

Los jóvenes ignoraron los comentarios y se dedicaron a estudiar. De todas maneras, ninguno de ellos era novato en lo que a publicaciones de prensa se refería. Todos en algún momento de sus vidas se habían visto envueltos en chismes que eran lanzados como noticias picantes en los periódicos, así que no era una situación que les quitara el sueño. Como siempre, Hermione se sometió a los EXTASIS con altas dosis de nervios, que no impidieron que obtuviera los mejores resultados de su clase. Harry y Draco se desempeñaron bien y lograron excelentes calificaciones en las materias que necesitaban para sus respectivas carreras.

Decidieron que el momento que más les convenía para hacer público lo que sucedía entre ellos y a la vez evitar molestas declaraciones a periodistas o a otras personas era el acto de graduación del colegio. Así que al terminar la ceremonia, en medio de las felicitaciones entre los alumnos y bajo la atenta mirada de las familias de sus compañeros, el matrimonio Malfoy y de las autoridades del colegio y del Ministerio de Magia, Draco se acercó a Harry y a Hermione, quienes en ese momento compartían un corto pero emocionado beso.

Sintieron el flash de una cámara.

Draco se inclinó y también besó a Hermione de lleno en la boca.

Sintieron otro flash y el incremento de las murmuraciones en el Gran Comedor.

Los chicos se acercaron y se besaron.

Un tercer flash, seguido de un silencio sepulcral.

Se sonrieron entre ellos, a conciencia de que la gran mayoría estaba impactada, tanto que nadie dijo nada durante varios segundos. Hasta que Lucius y Narcisa decidieron darles una mano. Se acercaron a su hijo tratando de mantener una actitud tranquila. Sabían que el paso que los jóvenes estaban dando era decisivo para su hijo y que debían apoyarlo, pero tampoco querían parecer tan entusiastas que diera pie a más especulaciones sobre las intenciones de la familia Malfoy con respecto a esa relación. Los felicitaron a los tres, dando a entender a los demás que ya estaban al tanto de lo que estaba sucediendo y que lo aprobaban.

El clan Weasley también se acercó, aunque era obvio que a Molly y a Arthur sí los habían tomado por sorpresa. Sin embargo, el matrimonio siempre pensaba que lo importante era apoyar a los chicos, en este caso sus hijos adoptivos. En verdad querían a Harry como a un hijo más y habían ayudado a Hermione a sobrellevar la separación con sus padres. Después de todo lo que habían pasado juntos, no les darían la espalda. Bill y Fleur (que ya sabían de los sentimientos de Harry), los gemelos, Ron y Ginny tenían una mentalidad menos conservadora y no estaban para nada escandalizados.

Se retiraron temprano de la celebración. Ya habían hablado con Minerva de que querían irse de Hogwarts esa misma noche y no en el Expreso la mañana siguiente, a lo que la directora había accedido sin necesidad de muchas explicaciones. Después de lo que había pasado con Snape, no se sentía con el respaldo moral de ponerse muy estricta con ellos. Se fueron por Red Flu a Grimmauld Place solo a pasar la noche.

Al día siguiente partieron para Australia en busca de los padres de Hermione, dejando al mundo mágico inglés leyendo la noticia de portada de El Profeta que presentaba las fotos de los tres besos y preguntándose por su paradero. Kreacher fue el encargado de hacer desaparecer los vociferadores que llegaron a la casa y Malfoy Manor siempre mantenía colocadas sus protecciones contra ellas, así que nadie tuvo que escuchar los alaridos de aquellas personas que se rasgaban las vestiduras.

Pasaron el mes de agosto disfrutando del invierno australiano. Primero buscando a los ahora señores Mónica y Wendell Wilkins, nombres ficticios que Hermione había dado a sus padres, luego revirtiendo el hechizo de memoria realizado por su hija, para después ayudarles a resolver su mudanza y regresar todos hacia Inglaterra.

Pero en septiembre, todos tuvieron que volver a sus vidas. La agitación se había calmado un poco pero no lo suficiente. Como Draco estudiaba su maestría en pociones junto a un renombrado pocionista y Hermione había iniciado estudios de leyes mágicas, era Harry en la Academia de Aurores quien tenía que llegar todos los días a las instalaciones del Ministerio y por tanto, estaba más expuesto a las habladurías, a los comentarios por la espalda y a los señalamientos. Los ignoraba porque a Harry nunca le habían importado las habladurías de los demás, pero había días en que se sentía cansado de la curiosidad morbosa de los que le rodeaban.

Los primeros meses habían vivido en Grimmauld Place, pero la casona necesitaba demasiadas reparaciones y la sintieron demasiado lúgubre para comenzar allí su vida en común. Además, tenían la desventaja de que casi todos los ex miembros de la Orden conocían la ubicación de la casa, incluido Snape. Eso hizo que Harry, principalmente, insistiera en que buscaran un nuevo lugar, desconocido para la gran mayoría y al que solo tendrían acceso los amigos más cercanos.

Encontrar el loft en una zona privilegiada y muggle había sido de mucha suerte porque sus escasos movimientos en el mundo mágico siempre eran noticia de primera plana tanto en El Profeta como en Corazón de Bruja. Las remodelaciones y su decoración habían demorado unas semanas, dándoles otra cosa en qué pensar.

Al principio, Kreacher no se había tomado muy bien la mudanza, pero entonces le pidieron que les ayudara con la limpieza del apartamento y en lavar y planchar la ropa. Cosa que el elfo aceptó gustoso. Pero por las noches, regresaba a Grimmauld Place porque ellos preferían quedarse solos y Harry, sabiendo el amor que la criatura profesaba a su antigua familia, le había encargado que cuidara de la casa de los Black.

La convivencia no era perfecta porque estaban conjugando las manías de tres personas. Pero la mayor parte del tiempo eran felices y estaban satisfechos de la decisión que habían tomado. Sin embargo, había momentos en los que Harry sentía que Draco ponía cierta barrera entre ellos, el chico no se comportaba con él con la misma naturalidad con que lo hacía con Hermione y cuando él se acercaba en actitud cariñosa, el otro se le rehuía, cosa que no hacía con la chica. Eso comenzaba a frustrarlo porque no lograba encontrarle una explicación al comportamiento de su novio.

Ese día en particular Harry estaba particularmente cansado. Avanzó hasta la barra desayunador y puso su túnica de estudiante de auror sobre ella. Hermione estaba agachada en las gavetas buscando una sartén y Draco estaba sentado en la pequeña mesa que había dentro de la cocina girando una taza vacía entre sus manos. Le sonrió al verle acercarse.

—Hola familia —les saludó. No lo dijo muy fuerte, pero fue lo suficiente como para que Hermione diera un brinco y se irguiera con rapidez, tirando al suelo varias cacerolas. Draco frunció el ceño y le vio preocupado.

—¡Por Merlín, Harry! Que susto me has dado, estaba distraída —le dijo a modo de disculpa, moviendo su varita con presteza para recoger el desorden.

Harry compartía la preocupación de Draco. Desde hacía varios días, Hermione andaba ansiosa, se asustaba por cualquier cosa e incluso la habían sentido algo paranoica cuando salían, viendo siempre a todas partes y tratando de regresar a casa lo más pronto posible.

—No te preocupes, preciosa, pensé que me habían escuchado entrar —Harry se acercó a ella y le dio un pequeño beso en los labios.

Luego se dirigió hacia su novio, intercambiando una mirada intranquila. También se saludaron con un beso pequeño, pero si Harry deseaba continuar conversando con ellos, perdió toda intención de hacerlo cuando se quedó de pie tras Draco y sin pensarlo colocó su mano sobre el hombro del otro, deslizando su pulgar sobre la nuca del chico en una suave caricia. El rubio se removió incómodo, haciendo que Harry quitara su mano de su hombro.

Retuvo el aire por un segundo y claramente dolido por lo que consideró un nuevo rechazo por parte de Draco, se disculpó y se fue a la habitación. El rubio lo siguió con la mirada, con aire impotente.

—Debes frenar lo que te está provocando hacer eso —le dijo Hermione con firmeza.

—No sé de qué hablas.

—Sí, claro. Mira, no me afecta que quieras verme la cara de estúpida al pretender que no me doy cuenta de lo que sucede y lo que sientes cuando Harry se te acerca. Pero tienes que hablar él —afirmó ella. Draco hizo un gesto de disgusto, pero ya había aprendido que era misión imposible interrumpir a Hermione cuando tenía algo que decir—. Me duele más ver a Harry sufrir solo porque tú no quieres abrir la boca para explicarle...

—¡No es que no quiera! Es simplemente que no encuentro cómo hacerlo.

—Puede que Harry sea un mago muy poderoso y un hombre seguro de sí mismo. Pero en lo único que es vulnerable es en el rechazo de las personas que ama. No tengo que explicarte de nuevo el tipo de niñez maltratada que tuvo que vivir. La barrera que estás levantando le cala y fuerte. Me da miedo que esto llegue a un punto en que él piense que establecerse con nosotros ha sido un error —dijo afligida.

Draco se puso de pie y abrazó a su novia.

—No sé qué decirte… solo que a veces me cuesta expresar lo que siento.

—No pretendo una catarsis de tu parte, ni que le expliques tus más profundos y oscuros secretos…solo que le digas lo que te hace sentir así —Todavía con el rostro hundido en su pecho, Hermione añadió—. Ten en cuenta que todos los días, cada vez que va a sus clases en la Academia y pone un pie en el Ministerio, Harry recibe directamente el rechazo social por nuestra decisión. Nosotros estamos menos expuestos a eso.

Draco comprendía la preocupación de Hermione y sabía que tenía razón. No en vano era la bruja más brillante de su generación. A lo largo de ese año, había sufrido momentos de inseguridad en los que sentía que Harry estaba con él como una extensión del amor que le tenía a Hermione y no porque en realidad lo amara pero también había en su novio ciertas actitudes y cierta forma de tratarlo que lo estaba exasperando. Sabía que Harry no lo hacía con mala intención, pero había llegado a un punto en que le provocaba rechazarlo físicamente.

Depositó un beso en su coronilla de su novia.

—Iré a hablar con él.

—Me parece muy bien.

—Espero que no te importe tener que cocinar tú sola.

—Como si fueras de gran ayuda. No me mires así, Draco, que a ti se te quema el agua —le dijo entre irónica y divertida—. Y no, no me importa si eso significa que mis dos hombres van a arreglar sus diferencias.

Draco se dirigió a la habitación y entró después de tocar suavemente la puerta. Harry estaba sentado en el borde de la cama con un aire tan abatido y desolado que se sorprendió. Nunca lo había visto así. En cuanto el Gryffindor lo vio entrar, cambió por completo su expresión, se puso de pie como impulsado por un resorte y se dispuso a cambiarse de ropa. Entonces supo lo que Harry había estado tragándose todos esos días.

—Necesito hablar contigo.

—¿Sobre Hermione? Yo también estoy preocupado, no es normal que se comporte de esa forma —dijo Harry con aparente calma. Desabotonó su camisa y se la quitó. Se dirigió al armario para sacar ropa limpia.

—No es sobre ella que quiero hablarte —dijo y Harry volvió a verlo con rapidez pero regresó su vista al guardarropa para comenzar a sacar unos tejanos y una playera—. No es que no me importe, pero esto que quiero decirte ya no puede esperar…

Draco no sabía cómo abordar el tema. Solo acertó a acercarse a Harry y abrazarlo por la espalda, depositando un pequeño beso sobre su hombro desnudo. Sintió cómo se ponían tensos todos los músculos de su espalda, mientras él enterraba su nariz en la base de la nuca de Harry. Lo amaba y no tener certeza sobre sus sentimientos le abatía mucho. Pero ahora necesitaba aclarar otra situación.

—Draco, por favor, no juegues conmigo. Sé que las demostraciones de afecto no te gustan.

—Sí me gustan —afirmó tratando de calmarlo, pero no contó con que su respuesta lo alteraría aún más. Harry se separó de él y le vio con la acusación pintada en sus ojos.

—Entonces, ¿son mis demostraciones de afecto las que no te gustan?

—No pongas en mi boca palabras que no he dicho —replicó Draco con vehemencia.

—Dime entonces por qué no me dejas acercarme, por qué me rechazas cuando me acerco, eso es todo lo que te pido —exigió Harry, a su vez dejándole ver lo impotente que también se sentía con esa situación entre ellos.

—¡Porque me miras con lástima! —respondió Draco en un arranque desesperado. Harry se hizo ligeramente hacia atrás, sorprendido por la respuesta.

—Yo no…

—No lo niegues. Al menos sé honesto y acéptalo.

—Draco, mi intención nunca ha sido hacerte sentir…

—Lo sé, créeme que lo sé. He intentado aceptarlo sin decirte nada, pero ¡maldita sea, Harry!, yo no soy ninguna chica en problemas. Es cierto que estuve envuelto en un problema grave, pero ese imbécil no minó mi autoestima ni quebró mi voluntad. Pero me jode que me mires como si estuviera a punto de romperme o como si siempre necesitara de tu ayuda. No me gusta sentir el síndrome San Potter en nuestra habitación y en nuestra relación —Harry chasqueó la lengua al escuchar que Draco lo llamaba "San Potter" después de tanto tiempo—. Esa actitud tuya me jode muchísimo más que lo que nos hizo Snape.

—Draco…

—No, Harry, ahora déjame terminar sin interrumpirme. Me siento como un inútil. No tienes que cargar tú solo con la seguridad de esta familia. Yo también soy fuerte, tal vez mi magia no sea tan poderosa como la tuya pero creo que mi nivel mágico está muy por encima del promedio. ¡Pero me haces sentir como si fuera un squib desprotegido!

Harry suspiró. Era verdad. Todo lo que Draco decía era cierto. Él se había empeñado en verlos a los dos como víctimas, como personas que necesitaban ser rescatadas. Tal vez Hermione había salido mal parada de todo eso. Pero todos eran unos supervivientes y Draco siempre había manejado todo con gran fortaleza. Incluso cuando había conminado a Snape a tomar el juramento inquebrantable, Draco se había unido a ellos empuñando su varita en contra del profesor.

—Lo siento —dijo al fin, rascándose la cabeza en un claro gesto avergonzado—. Es que veo a Hermione tan vulnerable...

—Tú lo has dicho: Hermione. Ella sí que aún está muy afectada por todo lo que pasamos, pero yo no soy ella aunque tengamos los mismos gustos.

—¿A qué te refieres?

—A que me gustan más los hombres.

—¿Perdón?

—Sí, Potter, lo que oyes. A la única mujer que he tocado en mi vida ha sido Hermione. Yo prefiero hombres, me gustan más las pollas que los coños y me gusta mucho que me den por el culo. Pero no te ilusiones, que también me gusta penetrar, así que no pienso darle descanso a tu trasero.

Harry sonrió.

—No tengo problemas con eso —afirmó, acercándose a Draco y dándole un beso que comenzó suave pero poco a poco se convirtió en uno muy ardiente. Los bultos de sus pantalones eran evidentes y Harry acarició a Draco por encima de los pantalones—. Tengo que ducharme, ¿me acompañas?

—Por supuesto.

—¿Crees que Hermione se disguste?

—No creo, ella sabe lo que estamos hablando y me dijo que no le importaba cocinar sola, siempre y cuando arregláramos nuestros problemas.

Cuando Hermione terminó de preparar los espaguetis, sintió como el silencio predominaba en el loft. Una de dos: o se habían matado o lo habían resuelto y estaban en la etapa posterior a la reconciliación. Abrió la puerta lentamente, recorriendo la habitación con la mirada. Había esperado hallárselos en la cama pero se sorprendió cuando la vio vacía.

Entonces, los escuchó en el baño y se dirigió hacia allí.

—¿Se puede? —preguntó asomando la cabeza por la puerta.

Se los encontró metidos en la tina, tranquilos y relajados. Para Hermione eso supuso un gran alivio. Había sentido la tensión entre ellos creciendo a una velocidad pasmosa y temía que su relación se resquebrajara por falta de comunicación. Pero eso no pasaría si ella podía evitarlo, porque si de algo estaba segura es que no podría vivir sin uno de sus dos novios.

Harry estaba sentado contra la tina y tenía a Draco acomodado en su pecho. Lo acariciaba lentamente subiendo sus manos por su pecho y bajando a su abdomen, mientras lo besaba en el cuello, en un claro estado post-coital.

—Claro. El agua se mantiene tibia, vente para adentro —respondió Draco con la voz un poco ahogada.

Mientras se desnudaba, observó como el rubio volvía su rostro, buscando la boca de Harry y besándolo con languidez. ¡Cómo la ponía ver juntos a sus dos hombres! No podía evitar que se le mojaran los calzones cada vez que los miraba.

Pronto ella metió uno de sus pies dentro de la tina. Draco la ayudó a mantener el equilibrio, tomándola de la mano hasta que la tuvo sentada entre sus piernas y apoyada contra su pecho. Hasta su nariz llegó el delicioso olor de una mezcla de azahar y naranja. Seguramente Draco había vertido alguna de sus mezclas "especiales y secretas" como las llamaba porque se relajó casi de inmediato.

—¿Cómo te sientes? —preguntó Harry. Con Draco en medio, apenas alcanzaba a acariciarla con propiedad, pero logró deslizar sus dedos por entre su alborotado cabello.

—Muy bien. Tranquila, serena… muy segura con ustedes junto a mí. Los últimos días he estado muy tensa.

Draco y Harry intercambiaron una mirada. Llevaba varios días actuando diferente. Sus clases de Derecho avanzaban pero todavía no estaba en período de exámenes, que era cuando Hermione se ponía "ligeramente" insoportable.

—Sé de algo que hará que te relajes por completo —aseguró Draco, quien comenzó a deslizar sus manos jabonosas sobre su piel, hasta llegar a su coño. Ella gimió cuando sintió esos dedos deslizarse dentro de ella. A pesar de estar dentro del agua, él sintió sus abundantes fluidos—. Por todos los magos, Hermione, ¿en qué estabas pensando mientras cocinabas?

—Eso…es culpa de ustedes…siempre me pone así verlos juntos.

Draco se incorporó y se giró dentro de la amplia tina, arrastrando a Hermione con él. Se acomodó en el otro extremo, dejando a la chica completamente expuesta y abierta frente a Harry.

—Siéntela, Harry, está perfecta.

Él se hizo hacia delante, casi cubriéndola con su cuerpo y la besó apasionado, mientras Draco devoraba su cuello, dándole pequeños mordiscos sobre su hombro. Los dos introdujeron sus dedos dentro de ella. Se había apoyado completamente en su rubio amante, disfrutando del placer que le estaban dando. Sintió como comenzaban a darle atención a su hinchado y necesitado clítoris. Y de pronto, un dedo tentativo se deslizó sobre su ano, primero solo acariciando la arrugada entrada y después lo sintió introducirse en ella. Siguieron follándola con sus dedos, hasta que ella se corrió con fuerza, las olas de placer recorriéndola y estremeciéndola de pies a cabeza.

Harry se ubicó de nuevo frente a ellos, observando cómo Hermione se reacomodaba en el pecho de Draco con expresión complacida.

—¿Te ha sucedido algo en tus clases? —se aventuró a preguntar Draco a riesgo de arruinar el momento, pero sentía que no lo debían dejar pasar—. Últimamente te siento más estresada de lo normal.

—No me ha pasado nada, nadie me ha agredido en la calle, pero… —Hermione se mordió el labio con nerviosismo—… no sé si creerán que estoy loca… pero me siento constantemente vigilada, como si algo o alguien me siguiera a todas partes.

Harry se puso tenso. Había colocado en ellos todas las protecciones que conocía y aun así… aun así ella se sentía en peligro. ¿Era real o imaginario? Después de lo sucedido, pensó que no debían subestimar a ningún enemigo. Y comenzó a sacar un listado mental de posibles amenazas, comenzando por Snape, quien al no encontrar trabajo en el Ministerio ni en ninguna otra institución, se había recluido por completo. Hacía meses que no sabían nada de él.

Draco lo vio con intensidad, sus ojos grises eran una réplica perfecta de la preocupación que él sentía.

—No creo que estés loca. Creo que es consecuencia de todo lo que hemos pasado —dijo Harry. A pesar de todo, sabía que si exponía sus temores terminaría de descontrolarla por completo.

—También lo creo —lo secundó Draco y luego les relató—: Cuando terminó la guerra, confieso que quedé paranoico y me aterrorizaba que algún mortífago me atacara, por eso decidimos con mis padres que la mejor opción era que volviera al colegio. Me tomó muchos meses recuperarme.

—¿Creen que sea necesario que vea a un psicomago? —preguntó ella—. A veces todavía me siento muy abrumada.

—Si tú crees que eso te ayudará a resolver el problema, yo no le veo inconveniente —afirmó Harry.

—Hablaré con mi madre. Ella tiene excelentes contactos en San Mungo y puede recomendarnos a alguien de confianza. Y no creo que venda la noticia a los periódicos —finalizó con ironía.

Los otros dos sonrieron.

Se quedaron en la tina hasta que unos poco románticos gruñidos estomacales les recordaron que todavía no habían cenado. Gracias a Merlín que Hermione le había colocado un hechizo que mantenía caliente la comida, así que solo salieron del baño, se enfundaron en sus batas y se fueron al comedor.

Los dos esperaron a que Hermione se durmiera, ella incluso le pidió a Draco una poción para dormir sin sueños, lo que terminó de confirmarles lo cansada y alterada que se sentía.

—¿Qué piensas? —preguntó Draco en un susurro en la habitación a oscuras, cuando sintió la respiración acompasada de la chica sobre su cuello, mientras Harry la abrazaba por la espalda.

—Que no debemos restarle importancia a lo que siente. Creo que Snape puede estar atrás de esto, ¿tú qué opinas?

—Que también puede venir de ese bastardo. Nadie sabe dónde se ha metido. Mi padre ha tratado de ubicarlo sin éxito.

—¿Lucius?

—Por supuesto. Slytherin prevenido vale por dos. Que un ex mortífago se desaparezca así nunca es buen presagio, sobre todo si es tu enemigo. Le mandaré mañana una lechuza para alertarlo también a él, no sea que intente algo contra mi madre.

—Me parece bien, yo veré si puedo averiguar algo en el Ministerio y reforzaré las protecciones en la casa de los padres de Hermione.

Los dos se quedaron en silencio un momento.

—Sé que no puede acercarse mucho por la Inquebrantable, pero eso no me tranquiliza —aseguró Draco. Estaba muy preocupado por Hermione porque a pesar de su fortaleza, le estaba costando bastante recuperarse de lo sucedido con Snape.

—Es que para acosarla y perseguirla no necesita acercarse mucho. El simple hecho de sentirse constantemente observada puede ser muy perturbador.

—Buen punto.

—Creo que solo me sentiré tranquilo cuando ese maldito esté tres metros bajo tierra —exclamó Harry en un arranque.

—¿Estás hablando en serio?

—Por ustedes soy capaz de cualquier cosa, Draco. De cualquier cosa. Ya una vez lancé un Avada con mi varita… no dudes que lo haré de nuevo si es por nuestra seguridad.

Draco respiró profundamente. Harry casi nunca hablaba del duelo con Voldemort durante la batalla final y él tampoco lo presionaba por conocer los detalles, pero esa afirmación lo tranquilizaba mucho. Sentía que podían decidir juntos lo que fuera necesario y que siempre contaría con su apoyo.

Se dieron las buenas noches y pronto se quedaron dormidos.

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Espero que les haya gustado el nuevo capítulo y sobre todo, que den click en el botón de abajo para dejarme su comentario.

Besotes y ¡gracias por leer!,

Clau