Holaaa! Espero que la estén pasando bien y para alegrarles el miércoles, acá les traigo un nuevo capi. ¡Espero que les guste! Sé que me ha quedado un poco corto, pero igual espero que lo disfruten.
Gracias por sus comentarios al capitulo anterior: Isla de Thera, Gaby27, Ana Joe, Aruia, Gray anima, Allie Danger, Liliana y Andely Malfoy.
Capítulo 9. Acechados
Harry y Draco estaban seguros que tendrían que enfrentar una nueva amenaza. La cuestión era de dónde venía y por qué querían atacarlos. Dado el rechazo generalizado por la relación que sostenían, todo podía ser obra de una persona ultra conservadora que se sentía ofendida por ellos. ¿Era algo en contra de la misma Hermione por estar con dos hombres al mismo tiempo?, ¿era en contra de ellos, puesto que la habían escogido para hacerles daño?; y si era así, ¿cómo sabían que Hermione sería la más vulnerable a un ataque de esa naturaleza?
Cavilaban muchas posibilidades pero al final siempre concluían que lo más probable, por mucho que se les encogiera el estómago de la angustia y el hígado les derramara más bilis por el coraje, era que todo provenía de Snape.
Sobre todo después que Draco le reveló a Harry el incidente con la poción adictiva con abrótano macho que Snape había pretendido que Hermione tomara, justo antes de que el Gryffindor descubriera todo en Hogwarts. Lo cierto era que Harry simplemente conocía lo básico y no había hurgado más en lo sucedido con Snape con ninguno de los dos. Le parecía que era una experiencia muy dolorosa para ambos como para pedirles hasta el más mínimo detalle de lo que habían pasado en manos de ese bastardo pero Draco no había vacilado en darle detalles de su propia experiencia y lo que había vivido junto a Hermione.
A Harry le había sorprendido que Draco confiara en él hasta ese punto, se había dado cuenta de lo incómodo que todavía se sentía el otro al hablar sobre eso y se había asqueado al enterarse de que Snape había intentado que la chica se hiciera adicta a un ingrediente afrodisíaco y de uso prohibido.
—Él sabe que Hermione es tu talón de Aquiles —afirmó Draco.
—Nuestro talón de Aquiles —lo corrigió Harry.
—De acuerdo —dijo Draco—. Pero en esa época lo que buscaba era joderte a ti o al menos desviar tu atención. No lo demostró abiertamente pero estoy seguro de que no quería que te enteraras de nada porque, muy a su pesar, te tiene miedo. Pero si él es quien está detrás de todo esto, su necesidad de venganza es mucho mayor que el temor que pueda sentir.
—Merlín, es un maldito bastardo… si le llego a poner las manos encima…
—Espero que no estés pensando en enfrentarlo tú solo —le advirtió Draco y Harry no pudo evitar verle como un niño atrapado en una falta—. Te guste o no, estamos juntos en esto, Potter. Y lo que sea necesario hacer, lo vamos a hacer juntos. ¿De acuerdo?
—Sí —respondió con rapidez, pensando solo en tranquilizar a Draco.
—Júralo —le exigió el rubio sin ceder un ápice.
—Te lo juro.
Harry pasó todo el día pensando en las revelaciones de Draco y en la promesa que le había arrancado.
A la noche siguiente, mientras se preparaban para irse a la cama, Draco sacó una pequeña caja aterciopelada del armario y la abrió frente a los otros dos. Contenía un par de hermosos brazaletes plateados y solo si uno miraba con detenimiento, descubría que en ellos estaba tallada una serpiente.
Bajo la atenta mirada de Harry, colocó uno en la muñeca de Hermione y el otro se lo puso él.
—Estos brazaletes son una reliquia familiar. Mi padre me los envió este día, después que le escribí para avisarle lo que te estaba sucediendo —explicó.
—Ay, Draco, qué vergüenza. Tu padre debe pensar que soy una llorona medio desquiciada —le reprochó Hermione. Estaba asustada pero tampoco quería alertar a mucha gente, por si solo se trataba de una falsa alarma. Tampoco era una mujer que se calmaba solo con recibir regalos lujosos.
—Para nada, querida. Los Malfoy no acostumbramos subestimar ninguna señal, sobre todo si es de peligro —afirmó—. Estas reliquias no son un simple adorno. Están conectadas entre sí. Si realmente un enemigo te está acechando, yo lo sabré y si algo te sucede, sabré donde encontrarte.
—¿De verdad? —preguntó admirada, subiendo su muñeca frente a su rostro para examinar su brazalete con ojos curiosos. Eso cambiaba drásticamente su reacción hacia este costoso obsequio. Draco y Harry sonrieron por la reacción de la chica y estaban seguros que en un par de días tendrían la explicación exhaustiva de cómo funcionaba la magia entre ambas pulseras.
—Sí.
—Esto me tranquiliza mucho. Con las protecciones de Harry y este brazalete tuyo, estoy segura de que los dos se darán cuenta si algo está pasando de verdad —exclamó alegre.
—Debes tratar de tranquilizarte. Esperemos que no sea nada grave —dijo Harry, dándole un abrazo.
Se dejó conducir a la cama y permitió que sus dos hombres la mimaran a conciencia. No quería sentirse tan angustiada, de verdad que no, pero no podía evitarlo y eso era lo que más le extrañaba de toda la situación. Ella sabía que podía llegar a ser hasta cierto punto obsesiva en algunas cosas, sobre todo si estaban relacionadas con los estudios, pero hacía muchos meses que había superado el descontrol sufrido cuando fue víctima de Snape.
Y aunque Draco y Harry trataban de actuar con naturalidad frente a ella, podía sentir lo preocupados que estaban, pero por inverosímil que pareciera, sentirse tan amada y protegida por ellos la tranquilizó tanto que durmió profundamente por primera vez en muchos días. Estaba segura que ellos no permitirían que nada le sucediera.
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Habían pasado varias semanas desde que Hermione les había contado lo que sentía y no habían descubierto nada. Al menos, no de manera específica. Y eso comenzaba a desesperarlos un poco porque con el brazalete de Draco habían confirmado que se trataba de un enemigo real. A diario vibraba constantemente a ciertas horas del día, que hacía que Draco casi se volviera loco de impotencia por no lograr descubrir quien acechaba a Hermione.
Y seguía un patrón. El aviso iniciaba puntualmente antes del mediodía y terminaba a las tres de la tarde. Luego recibía un nuevo aviso, cerca de las cinco que terminaba cuando Hermione hacía su entrada en el apartamento todas las tardes.
Draco decidió compartir su descubrimiento solo con Harry. Dadas sus alteradas reacciones en las semanas anteriores, los dos consideraron que revelarle a Hermione que enfrentaban una amenaza real equivalía a perturbarla por completo. Juntos establecieron el horario y al hacerlo, entró en acción el auror que había en el Gryffindor. Sabían de manera general las cosas que Hermione hacía, pero ninguno de los dos eran muy controladores, así que al querer determinar los lugares por donde ella se movía a esas horas, se encontraron con ciertos vacíos.
Harry fue el encargado de sonsacarle su rutina, so pretexto de estar pendiente de ella por cualquier emergencia, a lo que Hermione accedió sin demasiadas objeciones. Y con esa información intentó seguirla durante un par de días, usando su capa de invisibilidad, pero fue en vano. Siempre se armaba un pequeño revuelo de personas alrededor de la chica cuando estaba en público, dificultando que pudiera identificar quién era la amenaza.
Lucius también se mantenía pendiente de sus descubrimientos, aunque lo hacía de manera discreta a través de constantes cartas con su hijo, pues tampoco no quería involucrar a Narcisa.
Una noche, cuando Draco entró en el apartamento procedente del laboratorio donde estudiaba para su maestría, se llevó la sorpresa de encontrarse a Harry allí. Era por completo inusual, puesto que su novio era el último en llegar todas las noches. La gravedad en su rostro era evidente.
—Hola, ¿te sucede algo?
—Tienes que ver esto —dijo dirigiéndose al comedor.
Harry sacó un sobre de su túnica y extendió un pliego de fotos sobre la mesa. Su expresión era tan seria que Draco se quitó su túnica de trabajo con manos temblorosas y la dejó sobre uno de los sillones. Se acercó con prisas a ver las imágenes, todas eran de Hermione y de los lugares a los que había ido esa semana durante las horas en que sentía la vibración. Estaban ordenadas por fechas.
—¿Dónde las conseguiste? —las examinó asombrado.
—Ernie McMillian está como fotógrafo principiante en Corazón de Bruja y está asignado a Hermione. En cuanto lo supe, utilicé mis métodos de persuasión y como me las debía desde que los atacó en Hogsmeade, no le quedó más remedio que acceder a hacerme una copia de todas las fotos de esta semana.
—¿Chantajeando gente, Potter? —preguntó Draco, con ironía. Harry le respondió dándole una nalgada—. ¡Oye! Es que me sorprende gratamente comprobar que eres al estilo Maquiavelo, que el fin justifica los medios.
—Enfócate en lo importante, Malfoy. Observa acá y acá… y acá —pidió Harry señalando algo en las fotos y luego viendo como Draco palidecía.
—Grandísima mierda —exclamó al comprobar su peor temor, dejándose caer casi desfallecido en una de las sillas del comedor. Todo su afán de broma acababa de irse abruptamente como succionado por un desagüe.
En todas esas fotos, semiescondido detrás de la multitud, aparecía Severus Snape.
—No permitiremos que la toque de nuevo, pero debemos pensar muy bien lo que vamos a hacer —afirmó Harry, colocándose detrás de Draco, sus manos sobre los hombros del otro en un gesto protector. Aunque Draco aparentara valentía, sabía lo difícil que todo esto era para él. Pero no lo dejaría fuera, se lo había prometido, así que cualquier decisión la tomarían juntos.
—No podemos denunciarlo, ¿cuál sería el delito? ¿Salir a la calle al mismo tiempo que ella? En el Ministerio nos mandarán a la mierda si llegamos con algo insustancial…
—Muy probablemente, pero recuerda que el Jefe de Aurores tiene conocimiento de lo que les hizo en el colegio —le recordó Harry.
—Pero pedir protección para ella es poner a Snape sobre aviso. No en vano fue doble espía durante tanto tiempo —dijo Draco con seguridad. Snape era un zorro viejo. Cualquier auror cerca de la chica sería un claro indicio para el ex profesor de que sospechaban que algo raro sucedía—. Y no podemos darnos el lujo de que se desaparezca de nuevo. Ha tardado más de un año en maquinar y decidir dar este paso. Debemos aprovechar esta oportunidad de atraparlo, de lo contrario viviremos en una zozobra permanente.
Las fotos seguían regadas sobre la mesa y entonces Draco se dio cuenta que en una de ellas se miraba claramente que Snape hacía un movimiento de varita. El joven acercó su rostro a la foto para verla con más detenimiento, creyendo que sus ojos le estaban engañando. Pero no. La floritura era complicada y definitivamente era un hechizo que no conocía.
—Observa esto —le mostró a su compañero, delineando el movimiento con su dedo—. Por Merlín, Harry, le está lanzando un hechizo… ¿cómo es posible sin que caiga fulminado por la Inquebrantable?
—No lo sé. El hijo de puta debe haber encontrado alguna manera de burlar el juramento. Y yo que pensé que había cubierto todas las posibles maneras de venganza —gruñó Harry con frustración.
La Red Flu se activó y con un presto movimiento de su varita, las fotos volaron con rapidez dentro del sobre y desaparecieron de la mesa. Hermione entró en el apartamento cargando unos libros enormes. Ambos se acercaron a ella para ayudarle. Iba contenta y no se miraba tan estresada como en las semanas anteriores. Y se puso más feliz de ver que Harry había llegado temprano esa noche, por lo que les propuso salir a cenar a un restaurante muggle. La vieron tan radiante que Draco y Harry decidieron que era justo tomarse un momento de paz y tranquilidad.
Pero no olvidaron el descubrimiento que habían hecho.
Harry reforzó una protección en Hermione, era una variación del protego que formaba un escudo sobre la persona evitando que algún hechizo o maldición la alcanzara. Solo de esa manera se quedó tranquilo al saber que por más que Snape lo intentara, el hechizo o maldición que estaba empleando jamás tocaría de nuevo a la chica. Requería de un esfuerzo mágico muy poderoso que lo agotaba, por lo que Draco comenzó a suministrarle pociones para fortalecerlo.
Y ambos investigaron el movimiento de varita de Snape, pero después de unos días sin encontrar una respuesta, Harry no tuvo más remedio que recurrir a la misma Hermione. Llegó esa noche procedente de la Academia diciéndole que el instructor les había dejado de tarea investigar la floritura y descubrir a qué hechizo o maldición pertenecía.
De tanto observar la fotografía, Harry se había aprendido a la perfección cómo mover su varita y así lo hizo frente a Hermione. La chica frunció el ceño en un gesto de pura concentración.
—Definitivamente no lo conozco —afirmó—. Pero si me das unos minutos, podemos buscarlo en mi Enciclopedia Completa de Hechizos. Si de verdad existe, debe estar allí.
Y se marchó con paso decidido a la biblioteca. Draco la siguió con la mirada, sus ojos eran una mezcla de orgullo y admiración.
—¿Enciclopedia Completa de Hechizos? Circe bendita, esta mujer no deja de sorprenderme —exclamó.
—Cierra la bocota, si te escucha ya no nos ayudará —le susurró Harry en respuesta. Comprendía a Draco, él llevaba más de diez años asombrándose con la capacidad de investigación y análisis de Hermione.
La chica salió levitando dos inmensos tomos y Draco no pudo evitar que sus ojos se abrieran más por la sorpresa. ¿Cuánto tiempo tardarían en hallar ese maldito hechizo? Estaba seguro de que si no contaran con la ayuda de Hermione, esa tarea les podría llevar media vida. Ella puso los libros sobre la mesa con mucho cuidado, abrió el primero y comenzó la búsqueda. Los hechizos estaban clasificados de varias formas y en el índice también podían ser investigados según su floritura. En cuestión de media hora, había logrado ubicar el movimiento dentro de las maldiciones de tipo mental.
—Por todos los dioses… —murmuró el aspirante a auror—. Eres un genio.
—En serio, Harry, ¿nunca lees?
—Para eso te tengo a ti, cariño.
—Se te agradece, holgazán —dijo haciéndose la ofendida—. Alguna vez te dejaré solo, para que aprendas a investigar por tu cuenta.
Pero Draco y Harry estaban seguros de que eso jamás sucedería. Iba en contra de la misma naturaleza de Hermione. Ya avanzada la noche, a punto de darse por vencidos y dejar la búsqueda para el día siguiente, ella dio un suspiro satisfecho.
—Aquí está mi elusivo amigo: Ductum Amentia Consequor —aseguró y miró satisfecha a los chicos, quienes a su vez la vieron un gran signo de interrogación pintado en sus rostros. Ella meneó la cabeza con resignación y respiró profundamente como llenándose de paciencia—. Es un hechizo antiguo, clasificado dentro de las maldiciones que causan dolencias mentales porque lo que induce es paranoia o delirio de persecución. No entiendo por qué te pidieron estudiar este hechizo, Harry. ¿Qué no estás aprendiendo sobre maldiciones corpóreas?
—Sí, pero ¿el hecho de atacar el cerebro no lo hace en cierto modo corpóreo? ¿Acaso no lo estoy dañando?
—No porque lo corpóreo es meramente físico. Esto provoca una reacción en tu conducta, no te cercena ninguna parte del cerebro ni nada de ese estilo —respondió Draco con seriedad. No podía evitar sentirse más asustado con cada minuto que pasaba y con cada nuevo descubrimiento que hacían—. ¿Cuál es el contra hechizo?
—No tiene —respondió ella frunciendo el ceño.
—¡¿Cómo que no tiene? —preguntó Harry alarmado. Eso era inusual porque la mayoría de hechizos y maldiciones tenían una forma de ser revertidos. Hermione le miró extrañada por su reacción pero Draco decidió intervenir.
—¿Dice el libro algo al respecto?
Ella siguió leyendo. Entonces Draco, con mucha tranquilidad, se sentó junto a Harry, lo tomó con suavidad de la muñeca y comenzó a acariciar el dorso de su mano con su pulgar, como haciendo círculos. Lo hizo con tanta naturalidad que el movimiento pasó desapercibido para Hermione y Harry comprendió que debía calmarse o ella se daría cuenta de que la tarea sobre el hechizo era mentira.
—Es definitivo. No tiene contra hechizo —les confirmó Hermione. Los dos sintieron como si una pesada losa caía con fuerza en sus estómagos—. Según el libro sus efectos se van desvaneciendo con el tiempo pero si una persona lo recibe de manera prolongada puede terminar completamente loca.
—Si yo lo uso con otra persona, ¿puede ser considerado como una agresión?
—Interesante planteamiento, Draco —afirmó Hermione—. Porque según este libro, técnicamente no es una agresión porque no provoca ninguna lesión física. Incluso, no creo que proceda una acusación en el Wizengamot por el uso de este hechizo. ¡Hombres míos! Acaban de darme el tema de mi ensayo final de este semestre, porque aquí hay un claro vacío legal…
Y mientras Hermione charlaba alegre, Draco y Harry estaban tratando de mantener la compostura frente a ella. Snape los tenía cogidos por los huevos. A los dos. El exprofesor había realizado muy bien su investigación, logrando la posibilidad de atacarlos y sobrevivir al Juramento Inquebrantable hecho a Harry.
Debían actuar rápido en contra de Severus Snape.
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Sí, es Severus quien está detrás de todo. Espero que les haya gustado, sobre todo a aquellos que pedían el regreso del ex profesor de pociones.
¡Gracias por leer y comentar!
Aruia: Me alegra mucho que te guste este fic. Confieso que es de mis consentidos :-D. Gracias por tu apoyo.
Liliana: Creo que a todas nos da envidia Hermione! Se vale soñar con eso de tener dos chicos para una sola. Espero que este nuevo capi te haya gustado.
