Bien, acá terminamos con esta historia! Espero que la hayan disfrutado mucho. Como les expliqué al inicio, ya estaba finalizada, tal vez (tal vez…) algún día tenga el tiempo suficiente para hacer un epílogo o un one-shot dentro del universo de este fic. No quiero prometer nada, porque ando un poco escasa de tiempo ni quiero dejar abierto el fic para un epílogo que sepa Dios cuándo podré escribir.
Gracias por su apoyo y por los comentarios al capítulo anterior a: kary992, Allie Danger, AoOi, Kizy Malfoy, Liliana, luna-maga, Andeli Malfoy y Lycoris Black.
Capítulo 10. La vida perfecta
Harry y Draco habían permanecido despiertos hasta bien entrada la madrugada, sin lograr ponerse de acuerdo sobre cuándo y cómo actuar en contra del ex profesor. Estaban asustados y tenían la seguridad de que el hombre no se detendría jamás hasta lograr su meta de causarles un daño irremediable. Si no lo lograba ahora, lo seguiría intentando una y otra vez.
A la mañana siguiente, Hermione los notó cansados a ambos. Estaban todos siguiendo la misma rutina diaria pero Harry y Draco tramaban algo. Podía sentirlo. Veía en el rostro de Harry la misma expresión resuelta que solo le había visto en los días previos a la batalla final contra Voldemort y todas sus alarmas se dispararon a niveles máximos cuando al salir del baño observó a Draco vistiéndose con el semblante concentrado… y los mismos ojos profundamente acerados y afligidos que solo le había visto en los momentos privados que habían compartido durante los días que estuvieron sometidos a Snape.
Sintió un nudo profundo apretarse en sus entrañas cuando llegó a esta última conclusión. Quizás Snape era el responsable de su alterado estado anímico. Ahora todo tenía sentido. Instintivamente, se apretó el cinto de la bata de baño, respiró profundamente y se sentó en el borde de la cama. Los otros dos estaban tan ensimismados que ni siquiera notaron sus movimientos.
—Necesito que me digan lo qué está sucediendo —dijo con voz de mando. Era más una exigencia que una petición.
Harry y Draco se quedaron petrificados por unos segundos y luego intercambiaron una mirada que no pasó inadvertida para la chica. Los había pillado por sorpresa y ni siquiera habían hablado sobre qué hacer si la brillante mente de Hermione ataba cabos. Los dos caminaron para sentarse junto a ella y ambos notaron los esfuerzos que hacía para controlar el temblor de sus manos. Al final lo que hizo fue apretar los puños en la tela de la bata de baño.
—Ni siquiera nosotros lo sabemos con certeza —mintió Harry a pesar de todo. No quería involucrarla. Estaba empeñado en mantenerla al margen a toda costa y verla ponerse tan nerviosa solo con la mera sospecha de lo que estaba sucediendo reafirmaba esa decisión.
—Solo quiero que me digan sí o no. ¿Es Snape quien está detrás de todo esto? —preguntó viendo a los ojos a Draco. Había previsto que Harry se resistiría a darle mucha información. Tal vez a su otro novio sí se le deslizarían más detalles…
—Tenemos fuertes sospechas de que la amenaza viene de él, pero no lo hemos confirmado aún —respondió él. Había comprendido muy bien porqué Harry no quería decirle nada pero esperaba que ella se quedara tranquila con una verdad a medias.
Harry no lo pudo evitar. Se puso de pie un poco ofuscado por la pequeña confesión de Draco y se paseó frente a ellos esperando el estallido de la chica, que no se hizo esperar.
—¿Y cuándo se supone que iban a decírmelo? —preguntó indignada—. El acoso constante que siento no es producto de mi imaginación y ¡no me dicen nada!
—Si dependiera de mí, nunca te habrías enterado —afirmó Harry, viendo de forma acusadora a Draco, quien le sostuvo la mirada sin inmutarse. Que se joda, pensó el rubio. De pronto tenía la sensación que mantenerla en total ignorancia también podía ser peligroso y cuando ella trató de protestar, Harry continuó hablando—. ¡No te estoy menospreciando, Hermione! Ni pienso que eres débil. Simplemente no quiero verte al borde de un colapso nervioso por culpa de algún desgraciado.
—El brazalete funcionó hace unos pocos días —siguió Draco con sus confesiones a medias—. Estamos investigando de dónde viene todo y como no tenemos seguridad de nada, no queríamos asustarte con suposiciones que pueden resultar falsas.
Harry se acuclilló frente a ella y estrechó sus manos entre las suyas. Podía sentir cómo el temblor de sus manos comenzaba a extenderse al resto de su cuerpo. Draco también lo sentía, puesto que seguía sentado junto a ella y la abrazaba tomándola por los hombros. Harry no entendía del todo porqué su novio revelaba todos esos detalles, pero lo importante era que Hermione se mantuviera tranquila y que no hiciera nada que los delatara con Snape.
—Debes tratar de conservar la calma… —le sugirió Harry.
—Eso se dice fácil —lo interrumpió ella.
—¿Y crees que para nosotros lo es, amor? ¿Es fácil dejarte partir todas las mañanas sin saber quién es el imbécil que busca agredirnos? Todos los días sentimos como si te abandonáramos a tu suerte, pero nunca te hemos acompañado a tus clases, nunca alteramos nuestras rutinas diarias por ninguno, salvo que sea una emergencia. Así que en este momento no podemos cambiar nada de lo que hacemos, porque eso solo pondrá sobre aviso a nuestro atacante —replicó Harry con un poco de desesperación en su voz. Hermione solo dijo comprendo, de manera pensativa. Aspiró profundamente tratando de encontrar algo que la tranquilizara y entonces decidió usar la misma táctica de Draco de confesar ciertos detalles—. He colocado una variante del Protego sobre tu cuerpo. Ninguna maldición puede tocarte.
Ella le vio a los ojos con expresión esperanzada. En parte era un alivio saber que su paranoia tenía un asidero real y que no significaba que se estaba volviendo loca, pero tenía mucho miedo de que alguno de ellos saliera lastimado.
—Y sabes que si se acercan demasiado, el brazalete nos guiará a donde quiera que estés —añadió Draco.
Ella apoyó su cabeza en su hombro de su rubio novio y suspiró como aceptando la situación pero sin estar del todo convencida de continuar con la rutina del día. Pero cuando se irguió su expresión era resuelta y decidida. Era la Gryffindor valerosa que Harry tanto amaba.
—¿Quién más lo sabe?
—Solo mi padre.
—Bien, de acuerdo. Seguimos actuando como si nada pasara, pero quiero estar enterada de todo lo que averigüen.
—De acuerdo —dijo Harry con rapidez y consultó su reloj de muñeca—. Se hace tarde, debemos irnos —los apremió, tratando de evadir que Hermione les arrancara cualquier otro tipo de promesa o juramento.
Todos siguieron preparándose para el día y como siempre, Hermione salió primero del apartamento rumbo a sus clases matutinas. En cuanto desapareció por la chimenea, Harry se volvió hacia Draco con cara de pocos amigos.
—Habíamos acordado no decirle nada —le reprochó—. ¿Cómo se te ocurre decirle lo del brazalete y que probablemente sea Snape quien está detrás de todo?
—No debemos subestimar a nuestro querido exprofesor, Harry —respondió Draco con tranquilidad. En el fondo ya se esperaba los reclamos de su novio, porque se había quedado bastante serio con él después de la conversación con Hermione—. Pero creo que no decirle nada puede volverse en nuestra contra. ¿Y si Snape la toma desprevenida? ¿Y si la maldición esa se desencadena con resultados negativos porque ella sigue creyendo que está imaginando las cosas? Solo sabemos que los efectos se desvanecen con el tiempo, ¿será un proceso más rápido ahora que ella sabe que alguien de verdad la está acechando?
—Ese cabrón no se acercará de nuevo…—masculló Harry. Ahora comprendía la lógica de Draco. Y sí, podía tener razón en todas sus suposiciones. Se movió hacia el sofá que estaba frente a la chimenea y se dejó caer pesadamente—. Debemos actuar rápido, Draco. No quiero seguir más tiempo con esta situación.
Harry enterró su rostro entre sus manos y se lo restregó con impotencia. El joven se acercó y se sentó junto a su novio, comprendiendo que había llegado a un punto decisivo.
—¿Quieres que lo hagamos este día?
—Si no tienes ningún inconveniente, sí. No tengo nada relevante programado en la Academia, solo las clases.
—Sí y me supongo que todos tus profesores se hacen de la vista gorda con el Niño-que-vivió…
—Idiota —replicó Harry con una sonrisa suave dibujada en sus labios. Su novio siempre lograba bajarle un poco la tensión con ese tipo de comentarios.
—Le avisaré a mi maestro que no podré ir al laboratorio este día —dijo Draco mientras se levantaba para dirigirse a la chimenea—. Tienes razón, usemos el factor sorpresa en su contra.
—Bien, iré por mi capa de invisibilidad.
Cuando cerca de las once de la mañana y siguiendo su rutina diaria, Hermione salió de las instalaciones de la Escuela de Derecho para irse a realizar unas prácticas en Gringotts, iba bajo la atenta mirada de Harry quien la custodiaba con la ayuda de su capa.
Según las fotos, Snape le salía al encuentro de un callejón cercano y se quedaba allí esperando a que ella caminara cerca para intentar lanzar la maldición. Justo en ese lugar se apostó Harry a esperar que el hombre llegara. No tuvo que esperar mucho. Sintió el "plop" amortiguado de alguien acostumbrado a aparecerse tratando de no llamar la atención y observó cómo el hombre se ubicaba para acechar a su novia. Iba cubierto todo de negro, cuidando muy bien no ser reconocido con facilidad.
Harry sabía que no debía esperar mucho tiempo, así que haciendo gala de su impulsividad le lanzó un petrificus totalus, puso sobre ambos la capa de invisibilidad y se desapareció. Aunque iba inmovilizado, la expresión de sus ojos negros revelaba que lo que menos se esperaba era encontrarse con él en ese callejón.
Draco les estaba esperando en los calabozos de Malfoy Manor.
Era un sitio de la mansión que siempre había evitado y después de la guerra lo hacía todavía más. Pero a su vez sabía que dentro de la ancestral propiedad estarían protegidos de cualquier cosa que decidieran hacer. Lo habían discutido la noche pasada y todavía se debatían en qué era lo más indicado hacer, si matarlo de una buena vez, entregarlo a las autoridades con todas las pruebas acumuladas, enloquecerlo y encerrarlo en San Mungo de por vida o solo hacerle un obliviate, abandonarlo en el mundo muggle y olvidarse de que seguía existiendo.
Pero de algo sí estaba seguro: si Harry llegaba con el exprofesor entonces no habría marcha atrás. Tendrían que tomar una decisión. Por lo pronto, había abierto las protecciones de Malfoy Manor para que pudiera entrar sin ninguna dificultad.
El sonido del aparecimiento de su novio sonó con fuerza en los calabozos. Harry salió de debajo de la capa y dejó caer al petrificado Snape al suelo sin ningún tipo de contemplación. Levantó la vista, buscando a Draco y en cuanto le vio, descubrió unos ojos grises que le miraban angustiados. Se acercó a él y lo besó con suavidad.
—Tranquilízate. Esto es por nosotros y por Hermione. Estamos juntos en esto, ¿recuerdas? —Harry estaba seguro de que Draco era leal al vínculo que habían formado, pero también sabía que a veces la presión podía sobrepasarlo. Draco había vivido los horrores de la guerra encerrado en la mansión, traumatizado por presenciar las torturas de Voldemort a sus prisioneros, pero sus padres habían logrado evitar que formara parte de las filas destinadas a misiones de campo. Harry tenía más experiencia y, por tanto, más sangre fría en lo que a misiones y batallas se refería.
—Por supuesto —afirmó Draco, tratando de sonar seguro pero no fue muy convincente porque justo después respiró profundamente tratando de calmarse.
Levitaron al exprofesor hasta una de las celdas más profundas y le encadenaron a los grilletes que estaban allí. De inmediato, Draco colocó de nuevo las protecciones y reforzó la anti aparición. No debían dejarlo escapar, así se les fuera la vida en ello. Harry hizo un Accio a la varita del hombre y solo cuando la tuvo en su mano, quitó el hechizo paralizante.
—Que maravilloso reencuentro —comenzó a hablar Snape con mordacidad. Pero el puño de Harry se estrelló contra su rostro.
—No te he permitido hablar, grandísimo cabrón.
—Tú a mí no me prohíbes nada, mocoso —replicó pero en respuesta solo recibió un nuevo golpe.
Draco se acercó a Harry por la espalda. Puso su mano en su hombro intentando que se controlara. Y entonces descubrieron que el Juramento Inquebrantable se activaba conforme Draco se acercaba a Snape, cortándole la respiración.
—Qué interesante —dijo Draco, poniendo su rostro frente al profesor y lo acercó lo más que pudo sin tocarlo. Poco a poco, el hombre se puso morado a causa de la falta de aire—. Puedo matarte sin ponerte un dedo encima y sin que salga ninguna maldición de nuestras varitas.
El rubio dio varios pasos hacia atrás y Snape comenzó a respirar con dificultad, boqueaba tratando de llenar sus pulmones de aire. Había caído al piso, sus brazos colgando pesadamente de los grilletes. Pero lo hacía de una manera demasiado teatral como para que resultara convincente, solo trataba de hacerlo más angustiante para ellos. Pero Harry y Draco habían vivido suficientes horrores durante la guerra como para que este espectáculo los afectara y les hiciera sentir lástima.
—Tendrás que hacerlo mejor —le dijo Harry, con expresión endurecida.
—¿Seguimos jugando? —preguntó Draco dando dos pasos al frente. Snape le vio con un poco de aprehensión, pero en su semblante no había ningún rastro de temor. Solo necesitaba encontrar un pequeño resquicio en la armadura de los dos jóvenes para controlar esta situación. Estaba en desventaja pero no los consideraba oponentes de riesgo.
—Mejor no perdamos tiempo y le lanzamos el Avada.
—¿Tan pronto? Mejor practicamos con él la maldición que ha estado usando en Hermione o le lanzamos el obliviate —preguntó Draco. Estaba asustado sí, pero eso no le quitaba las ganas de "jugar" un poco con Snape para desquitarse de todo lo que les había hecho.
—El Señor Salvador del Mundo Mágico ensuciándose las manos, ¿qué dirán sus fans cuando sepan que no es más que un asesino? —se atrevió a preguntar Snape de forma desafiante.
—Nadie dirá nada —aseguró una voz fría pero decidida a espaldas de Harry y Draco, quienes se volvieron y vieron entrar a Lucius Malfoy a la celda—. Porque no será él quien tenga el gusto de ponerte las manos encima.
Los dos jóvenes estaban sorprendidos porque no lo habían escuchado llegar. Lucius era un hombre de caminar recio y siempre usaba el bastón. O había usado magia para amortiguar sus pasos o realmente ellos estaban tan concentrados en el exprofesor que no habían notado nada.
Por su parte, Snape hizo una mueca contrariada, pero en el fondo de sus ojos negros apareció un destello de temor. Si alguna vez le había temido a alguien, era a Lucius Malfoy. Con su caída en desgracia con el Señor Tenebroso le había perdido el respeto, pero algo era cierto: el hombre cuidaba celosamente de su familia y él había osado abusar de su hijo. Había una gran deuda pendiente de por medio y el patriarca de los Malfoy no se quedaría sin cobrársela.
—Hola, padre —lo saludó con tono afable aunque su expresión seguía siendo grave.
—Draco, Harry —dijo Lucius, con pequeñas inclinaciones de cabeza a modo de saludo—. Déjenme decirles que me siento muy complacido del paso que han dado juntos, pero terriblemente desilusionado de que me hayan dejado fuera de la diversión.
—Lo decidimos esta misma mañana —confesó Harry. Lucius sacó su varita y la movió hacia Snape.
—No es conveniente que nos escuche. Como tampoco es conveniente que ustedes sigan aquí.
—Padre, no es necesario que te involucres. Si esto se descubre puede afectarte demasiado —dijo Draco preocupado.
—De alguna u otra manera siempre me habría involucrado. Ya sabes que como patriarca percibo absolutamente todo lo relacionado con las protecciones de la casa —replicó Lucius—. Y creo que ustedes pueden salir más perjudicados. Un lío entre dos mortífagos puede ser explicado más fácilmente que el problema que ustedes se tienen con él. Además, hijo, este bastardo se atrevió a tocarte y eso no lo pienso dejar pasar.
—Lucius, ¿está seguro que quiere hacerse cargo de la situación? —preguntó Harry.
—Ciento por ciento seguro, Harry. A partir de hoy ya no tendrán que preocuparse por este hombre.
—Nosotros podemos ayudar…
—No, Harry. Sé que lo haces por la necesidad de proteger a tu familia pero comprende que si algo me falla, los primeros en ser sometidos a una investigación serán ustedes. Claro que el segundo de la lista soy yo, pero creo que puedo manejar mejor a las autoridades.
—Eso no lo dudo —afirmó el Gryffindor muy serio.
—¡Harry! —se sorprendió Draco por la honestidad de su compañero, pero Lucius solo les dedicó una sonrisa ladeada.
—Al César lo que es del César, Draco. Tu padre ha burlado a los aurores y al Ministerio en múltiples ocasiones sin que se le altere el pulso. Eso no puedo negarlo —explicó y los dos Malfoy comprendieron que no lo decía por ofender al mayor de ellos.
Al final Lucius logró su objetivo y les convenció de irse de Malfoy Manor, dejando a Snape "bajo su responsabilidad". Harry salió de la celda sin siquiera dedicarle una última mirada y Draco simplemente no lo pudo evitar y se acercó una vez más para dejarlo sin respiración.
—Espero que disfrutes tu visita a Malfoy Manor —le dijo a modo de despedida—. Padre es un excelente anfitrión.
Harry lo estaba esperando afuera de la celda y aunque frente a Snape Draco había tratado de mantener con una actitud relajada, en el fondo estaba tenso como la cuerda de un violín. Y su novio lo sabía.
En cuanto llegó junto a él, se abrazaron con fuerza. Harry apretó a Draco contra su pecho en un gesto protector y amoroso, y el rubio hundió su rostro en su cuello, aspirando ese olor varonil que amaba. Si antes había puesto en duda los sentimientos de Harry hacia él, ahora ya no tenía nada que temer. Enfrentar juntos este problema le había enseñado que podían confiar uno en el otro y que la prioridad, la de ambos en igual medida, era la familia que habían formado junto a Hermione.
—Te amo —susurró Harry en su oído. No era la primera vez que se lo decía, pero sí era la primera vez que Draco se lo creía completamente.
Se separó un poco, lo suficiente como para subir sus manos y acunar con ellas el rostro de Harry. Le vio intensamente y luego se acercó para besarlo con suavidad.
—Yo también te amo —respondió—. Vámonos a casa —le pidió y Harry los apareció a ambos en el apartamento.
Al llegar, Draco se quedó en el sofá mientras Harry les servía a ambos un generoso vaso de whiskey de fuego, para que sus niveles de adrenalina se estabilizaran y volvieran a la normalidad. Trataban de mantener la compostura, pero era evidente que ambos estaban lidiando con sus propios demonios. Draco parecía una estatua de marfil, completamente perdido en sus pensamientos.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó Harry.
—Aún no lo sé.
Harry se acercó con los dos vasos, se sentó junto a él y le dio uno de los vasos. Chocó el suyo contra el de Draco, haciendo un brindis. Al fin eran libres. Estaban seguros de que Lucius mataría a Severus Snape. ¿Suponía eso un gran cargo de conciencia para ellos? Draco se recostó sobre el hombro de Harry y respiró profundamente.
—Brindo porque al fin nos hemos librado de ese bastardo —afirmó Harry y se bebió su whiskey de un solo trago.
—¿No te afecta?
—Un poco, eso no te lo voy a negar pero, ¿debo sufrir por un hijo de puta que no solo me agrió la infancia, sino que jodió y quiere seguir jodiendo a mi familia? No se merece ningún remordimiento de parte nuestra.
—¿No eres un Gryffindor con todo su intachable sentido del honor?
—Soy primordialmente valiente pero no soy imbécil, Draco. Severus Snape no iba a descansar hasta arruinarnos la vida. Está mejor muerto.
—Quizás todavía no esté muerto.
—Pero lo estará en un futuro cercano. Y eso me tranquiliza muchísimo —dijo Harry. Draco se dio cuenta de que su compañero hablaba muy en serio. Solo entonces se tomó su whiskey, sintiendo como el líquido caliente bajaba por su garganta y quemaba su estómago—. ¿Te imaginas en unos años, ya completamente establecidos, probablemente con hijos y pensando si ese imbécil puede hacer algo en contra nuestra? Es mejor de esta forma.
—¿Quieres hijos, Potter? —preguntó Draco cambiando radicalmente de tema.
—Por supuesto que sí. ¿Nunca has pensado en eso?
—Hermione nos matará si la embarazamos antes de que termine su carrera…
—Te matará a ti. Tú eres quien le elabora la poción anticonceptiva —enfatizó Harry con mordacidad. Draco suspiró teatralmente exasperado por la interrupción.
—Pero te confieso que sí, he pensado en un heredero.
—Claro, me olvidaba que la familia Malfoy debe ser perpetuada y requiere de un heredero —Harry lo dijo con cierto retintín burlón. En respuesta, Draco le hundió el codo en las costillas, haciéndolo estallar en risas ahogadas.
—No solo los Malfoy. Eres el último de los Potter, creo que tu linaje también requiere ser continuado —Draco habló con seriedad, pero Harry ensanchó su sonrisa.
—Espero que no olvides que solo disponemos de un útero y dudo que Hermione acepte ser una segunda Molly Weasley.
Entonces sí que Draco compartió sus risas.
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Durante los días siguientes, ambos jóvenes revisaron constantemente el periódico en busca de algún indicio sobre lo sucedido a Snape. Hermione les preguntó en varias ocasiones sobre sus averiguaciones, pero ellos respondieron con evasivas, diciéndole que no habían confirmado nada y que el brazalete ya no vibraba.
No supieron nada hasta dos semanas después.
Esa mañana, Hermione se levantó más temprano que de costumbre porque tenía que irse rápido a sus clases. Tanto Draco como Harry sabían lo insoportable que se ponía a veces con las cosas de sus estudios, así que no la importunaron y le cedieron el baño para que fuera la primera en asearse.
Salió de la habitación, dejando a Harry a medio vestir y a Draco en la ducha. Llegó a la cocina, puso pan en la tostadora y encendió la cafetera. Entonces, escuchó el picoteo de la lechuza que le llevaba El Profeta todas las mañanas. A pesar de todas las cosas que el periódico había publicado y seguía publicando sobre ellos, ella pensaba que debían estar informados de todo lo que sucedía en el mundo mágico.
Lo abrió distraídamente y vio la noticia en la segunda página.
—¡Harry! ¡Draco!
El alarido alarmado sonó por todo el loft, haciendo que los jóvenes salieran apresurados de la habitación. Harry todavía sin camisa y solo con el pantalón puesto. Draco con la toalla enrollada en la cintura y escurriendo agua. Se la encontraron sentada en el pequeño comedor que había en la cocina, con la mirada fija en el periódico. Los dos se pusieron a su espalda para comenzar a leer con avidez.
Allí estaba lo que habían esperado todos esos días.
Severus Snape estaba muerto.
Lo habían encontrado el día anterior en medio de un bosque cercano a Hogsmeade y lo único que los aurores habían podido confirmar es que la muerte no había sido por ninguna causa mágica. Estaba en avanzado estado de descomposición y como tenía partes de su cuerpo desgarrado por animales, el Ministerio determinó que había sido atacado por algún animal salvaje y les había servido de alimento. Según el periódico, no se abriría ninguna investigación oficial. Lucius había sido impecable y no había dejado ningún cabo suelto que hiciera suponer a las autoridades que debían investigar la causa real de la muerte.
—Al fin estamos completamente a salvo —aseguró ella con voz suave y agradecida.
Harry la abrazó por la espalda y la besó en la sien izquierda y Draco solo le acarició suavemente su cabello. A esta hora del día sus hermosos colochos no solían estar muy alborotados. Hermione se puso de pie y los abrazó a los dos emocionada, derramando un par de lágrimas de puro alivio.
Así se quedaron un buen rato, solo abrazados sintiendo esa tranquilidad recorrerles todo el cuerpo. A Hermione ya no le importó llegar tarde a sus clases, ni mojarse la ropa con la humedad del cuerpo de Draco, quien había hecho un pequeño charco en el piso de la cocina. Quizás fue eso lo que encendió la mecha o quizás fue que Harry también estaba a medio vestir pero pronto el abrazo se convirtió en algo más ardiente y demandante, las manos y sus bocas se movían en desorden por sus cuerpos.
Hicieron el amor allí sobre la mesa de la cocina. Pero era más que una alocada follada. Era un intercambio de cuerpos y una celebración de que por fin, no tenían ninguna sombra encima que les amenazara su felicidad.
Esa noche Harry salió de la Red Flu y entró en el apartamento. Todo estaba en relativo silencio. Asomó la cabeza en el estudio. Vio a Hermione escribiendo frenéticamente sobre un pergamino.
—Hola, Harry —le saludó sin levantar su cabeza.
Él se acercó y depositó un pequeño beso en su coronilla.
—¿Atareada?
—Bastante. Tengo que entregar este ensayo mañana temprano.
Harry le masajeó con suavidad sus tensos hombros y luego salió para ir a cambiarse. Iba camino de su habitación cuando sintió los pasos en el piso de arriba. Draco estaba trabajando en su laboratorio. Subió los escalones y tocó con suavidad.
—¿Se puede?
—Sí. Solo no toques nada —pidió con un poco de brusquedad, mientras cortaba finamente unas raíces de mandrágora.
—Hoy tenemos la lengua un poco afilada, ¿eh? —dijo divertido. A pesar de la advertencia, se acercó a ver por encima la poción que Draco tenía en el fuego.
Draco suspiró entre cansado y exasperado. Tenía el rubio flequillo pegado a la frente a causa del calor que emanaba del caldero. Harry caminó hacia él. Sabía que cuando Draco estaba preparando sus pociones, podía caerse el mundo a su alrededor y él no detendría el procedimiento. Con gesto suave retiró el cabello húmedo de sudor y limpió su frente. Le dio un beso suave en los labios a modo de saludo.
—Lo siento —se disculpó—, pero tienes que admitir que tu especialidad es echarme a perder las pociones.
—Eso es algo que no puedo negar, ¿tardarás mucho?
Draco consultó el reloj de pared que tenía enfrente.
—Creo que para la hora de cena ya habré terminado.
—Perfecto. Hoy comerás a lo Potter porque Hermione está terminando...
—...el ensayo de mañana —completó Draco. Harry asintió—. Y, ¿cómo estuvo tu día?
— Aceptable —respondió Harry mientras salía de la habitación—. Hoy fue un día de más teoría que prácticas en la Academia, con las tonterías usuales de los compañeros, los fans de siempre y los... —se quedó pensativo—. Iba a decir que los detractores de siempre, pero hoy fue un día tranquilo en ese sentido. Quizás los que nos condenan ya no son muchos o por lo menos ya se están acostumbrando.
—Me alegro.
Después de cenar, Hermione se quedó trabajando en el comedor, así podía al menos escuchar la conversación de sus novios, quienes terminaban de guardar los platos y asear la cocina. Sin embargo, el ensayo la tenía bastante abstraída. Cuando le puso el punto final, levantó la vista para observar a Harry y a Draco riéndose, seguramente de algo mordaz que Draco había comentado porque Harry se encogía de hombros con expresión entre divertida e incómoda. De pronto se acercó y besó a su rubio novio para acallar su risa burlona.
Hermione suspiró profundamente, la escena le llegaba al alma y simplemente no podía comprender cómo había gente incapaz de aceptar que tres personas pudieran amarse y establecer una relación permanente. Ambos se voltearon a verla.
—¿Te sientes bien? —preguntó Draco.
—Sí, es solo que...
Sus dos hombres dejaron de hacer lo que estaban haciendo y se quedaron viéndola fijamente a la espera de sus palabras.
—...me he dado cuenta que en este momento, mi vida es perfecta.
Ambos la vieron con una mezcla de ternura y pasión que hizo que el corazón se le ensanchara un poco más en el pecho. Sí, por supuesto que su vida ahora era perfecta.
Fin
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¡Espero que les haya gustado! Gracias por darle una oportunidad al fic y leerlo hasta el final :-D. Y si dejan review, pues es mucho mejor.
Besazos!
Clau
Liliana: Espero que tus uñas hayan sobrevivido este último capítulo! Me alegro que el fic te guste y que te satisfaga el final que ha tenido Snape. Besos y gracias por comentar!
