Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen ─ai, Lemon
"Pensamientos"
─Diálogos.
LA OTRA REALIDAD
─Kaily Hiwatari─
Continuación…
Al día siguiente el peliazul se puso manos a la obra. Estaba en el comedor junto con el fantasma.
─Bien, según me dijiste anoche, no le has encontrado en su casa. Así que es posible que haya cambiado de dirección ─abrió el cajón del mueble del comedor y sacó una guía de teléfono─ ¿Cómo se apellida?
─Ivanov, Yuriy Ivanov ─le contestó.
El menor abrió la guía por la letra I, y empezó a buscar–. Aquí está, Yuriy Ivanov. ¿Reconoces está dirección?
Kai la miró por unos segundos–. Sí, es donde vive. Pero allí no está.
─Vamos a hacer otra cosa ─cogió el teléfono y empezó a marcar un número de cuatro cifras.
─¿Qué haces? ─le preguntó con curiosidad Kai.
─Llamo a información ─decía al tiempo que escuchaba como el teléfono daba la llamada.
─Información, dígame─ contestó un chico al otro lado del teléfono.
─Buenas tardes, llamaba para saber si un familiar sigue viviendo en la misma dirección. Es que no puedo localizarlo. Su nombre es Yuriy Ivanov.
─¿Cuál es su antigua dirección?
─C/ Parque Reika s/n ─leyó en la guía.
Takao podía escuchar el sonido de las teclas siendo golpeadas, seguramente estaría mirando en el ordenador–. Aquí nos consta que el señor Yuriy Ivanov sigue viviendo ahí.
─¿De verdad? Bueno quizás se haya ido de vacaciones sin avisarme. Perdone por las molestias. Gracias.
─No hay de qué. Adiós.
─Adiós─ colgó el teléfono y miró a Kai–. Para ellos sigue constando que vive ahí, si ellos no saben dónde está, quizá algún vecino sepa donde se encuentra ahora ─dejó la guía en sus sitio─. Cogeremos un taxi para ahorrar tiempo. Vamos ─caminó hacia la puerta y la abrió. Al no ser seguido por nadie, miró hacia atrás. Kai parecía muy pensativo─ ¿Qué sucede?
─¿Crees que le habrá pasado algo?
─No te preocupes. Seguro que estará bien en alguna parte, si no lo has visto en tu mundo, es porque sigue vivo ─dijo para animarle. "O que ha cruzado la luz", pensó. Pero esas palabras parecieron de algún modo animar al espíritu.
&&&Kai&Takao&&&
Salieron del apartamento y fueron a la parada de los taxis. Takao dio la dirección y el taxista lo llevó hacia allí. Kai esta vez se sentó junto al peliazul en los asientos de atrás del taxi. Ambos bajaron del coche después de que el peliazul le pagara al taxista. Al parecer, ese tal Yuriy vivía muy cerca de una urbanización.
─Es ahí ─le dijo Kai, señalando un edificio más pequeño que los otros. Takao echó una ojeada. El edificio era de ladrillos según podía ver en ciertas partes descubiertas de la fachada del edificio, y tampoco podía decirse que la hubieran pintando hace poco. Había una sola puerta y unas escaleras que conducían a ella. Y al lado derecho de la fachada había unas hileras hacia arriba de dos pares de ventanas. No parecía que ahí viviese gente de clase media, más bien baja o al menos era lo que podía deducir por lo que estaba viendo.
Caminó hacia la puerta principal y tocó la puerta. Una mujer bastante mayor le abrió de inmediato.
─¿Sí? ─preguntó mirando a Takao de arriba abajo.
─Hola, estoy buscando a un familiar. Se llama Yuriy Ivanov.
─¿El pelirrojo? ─preguntó la mujer
─Sí ─contestó Kai para ayudarle al peliazul
─Sí ─contestó Takao
─Pues no está ─dijo con simpleza
─¿Y dónde está? ─pensaba que quizá había salido a comprar o algo.
─Pues la última vez que lo vi, fue ingresado en un hospital.
─¿En un hospital? ¿Por qué? ─preguntó el bicolor algo sorprendido
─¿Cuánto hace de eso? ─preguntó Takao
─Más o menos hace ya un año ─dijo la mujer como si fuese lo más común del mundo.
─¿Por qué? ¿Qué le sucedió? ─preguntó Kai poniéndose frente a la mujer.
─¿Y no ha regresado ni una sola vez después de tanto tiempo? ─preguntó el peliazul un poco extrañado.
La mujer negó con la cabeza–. Pero sigue pagándome el alquiler de modo que no puedo tener queja con él.
─¡Oye, vieja, di porqué! ─decía Kai desesperado poniéndose a un lado de ella.
─¿Sabe en qué hospital fue ingresado? ─preguntó el menor, esperando que la mujer le diese más datos y así de paso intentar que Kai se calmase.
─No sé el nombre, pero está en aquella dirección ─señaló hacia la izquierda traspasando sin darse cuenta el pecho de Kai–. A unos veinte minutos de aquí, si vas andando.
─Oh, pues seguiré buscando. Gracias ─se alejó unos pasos y Kai dejó a la mujer en paz.
─¡Si lo ves, no olvides decirle que su casera le echa de menos y que no estaría mal que se pasase por aquí de vez en cuando! ─le gritó la mujer en la distancia.
─¡Así lo haré! ─le sonrió el peliazul– ¡Adiós!
─¡Adiós! ─cerró la puerta.
─¿Qué haría Yuriy en el hospital? Tenías que habérselo preguntado. ¿¡Por qué no lo has hecho cuando te lo dije! ─el peliazul sonrió a un anciano que se cruzó con él– ¡No me ignores!
─No lo hago, te escuchó ─le susurró entre dientes, disimulando.
─¡Pues haberle preguntado! ¿¡Qué te costaba!
Se detuvo en su caminar─ ¿¡Quieres tranquilizarte! ¡Vamos a ir al hospital, averiguaré que le sucedió y donde está ahora! ¿¡Vale! Aunque pensándolo mejor, creo que lo mejor es que yo vaya al hospital y tú me esperes en el apartamento.
─Yo voy contigo ─contestó rotundo cruzándose delante de él.
─Como quieras. Pero, tranquilízate ─le pidió, ya que él también estaba comenzando a ponerse nervioso.
─No puedo ─le contestó alargando la frase y a continuación desapareció.
─Genial, ahora me deja solo ─se cruzó de brazos con molestia─. Creo que me lo va a poner más difícil que los demás.
&&&Kai&Takao&&&
Tras una larga caminata por fin llegó al hospital. Las puertas se abrieron automáticamente, dándole paso.
─No está ─apareció sin previo aviso frente a él, y fue lo primero que le dijo el bicolor nada más verlo entrar, con lo cual, tuvo que pararse para escucharle–. No está en ninguna habitación, ni siquiera en la morgue ─le explicaba al tiempo que Takao se acercaba al mostrador de información.
─Perdone, señorita ─le llamó la atención.
─¿Sí, joven? ─preguntó la enfermera, dejando de mirar unos papeles.
─Quisiera saber si un amigo está ingresado aquí.
─¿Cuál es su nombre? ─puso las manos en el teclado del ordenador.
─Yuriy Ivanov.
La mujer tecleó con los dedos, mientras miraba la pantalla del ordenador–. No nos consta que haya nadie con ese nombre en este hospital. ¿Está seguro de que está en este hospital? ─le miró, esperando su contestación.
─Bueno lo cierto es que lo último que se acerca de mi amigo, es que ingreso hace un año aquí ─le explicó Takao.
─¿Hace un año? Eso es mucho tiempo.
─Pues claro que sí. ¡Eso ya lo sabemos! ─decía el bicolor al tiempo que aparecía detrás de la chica, para mirar en el ordenador–. Aquí pone que no hay datos recientes. Pero sí que hay datos de un Yuriy Ivanov. ¿¡Será mentirosa! ─le informaba al peliazul
─Señorita, quizás usted podría ser tan amable de mirar en los archivos, para saber si realmente mi amigo estuvo aquí ingresado o no, es muy importante para mi encontrarlo.
─Lo siento, pero eso va contra las normas del hospital.
─Por favor ─le volvió a rogar.
─No puedo ─le repitió.
El bicolor miró hacia otro lado indignado. Todo parecía estar en su contra. Al hacerlo, vio una jarra de cristal llena de agua junto a unos vasos del mismo material, encima de una mesa. Un pequeño bidón de agua estaba bocabajo en la esquina de la habitación. Con solo apretar unos botones, el agua salía fría o caliente. Era una de esas extrañas máquinas de agua. Se quedó mirando ambas cosas y entonces frunció el ceño.
─Pero es que me caso la semana que viene y no sé dónde puedo encontrarle después de tantos años sin verle ─se inventaba el peliazul, ya no sabía que excusa ponerle para convencerla.
─Ya le he dicho que… ─escuchó un enorme ruido detrás de ella─… ¡Ah! ─gritó por el susto al igual que dio un gran respingo, e inmediatamente se dio la vuelta para ver qué había sucedido. Los vasos de cristal y la jarra habían explotado–. Oh, vaya, espere un momento aquí ─se puso de pie y se agachó para recoger los cristales del suelo uno por uno–. No tardo nada ─le informó.
Kai se acercó al ordenador–. Yo creo que sí ─dijo antes de hacer explotar la boquilla del bidón de agua.
─¿Pero qué sucede aquí? ─preguntó la chica soltando los cristales que estaba recogiendo en el suelo. Se levantó rápidamente y puso las manos sobre los botones de la máquina, apretándolos para así poder cortar el agua, pero no surtía efecto–. Necesito ayuda─ se decía a sí misma en voz alta poniéndose de pie con nerviosismo y saliendo por una puerta.
Takao estaba boquiabierto–. Podías haberme avisado, tampoco yo me lo esperaba ─le reprochaba, viendo como Kai tecleaba en el ordenador– ¿Desde cuándo podéis escribir a ordenador los fantasmas?
─Te sorprendería de lo que somos capaces de hacer, con un toque de mala leche─ Takao miró a su alrededor, esperaba que nadie fuese a preguntar nada a información y que tampoco la chica entrase de nuevo por la puerta–. Aquí está.
─Imprímelo ─le pidió nervioso.
─Estoy en ello ─ambos escucharon voces que parecían acercarse, así que miraron hacia esa puerta por la que la chica había salido minutos antes. Kai levantó el brazo hasta la altura de su pecho y la puerta se cerró de un solo golpe.
Takao escuchó de momento como la impresora se ponía en marcha.
─La puerta se ha atascado también ─se quejaba al otro lado la chica, moviendo una y otra vez el pomo de la puerta.
─Entra como puedas y saca el papel de la impresora ─le pidió el bicolor al peliazul, concentrándose en lo que hacía.
El peliazul estiró un poco el cuerpo y se dejó caer prácticamente sobre el mostrador. Alargó la mano y cogió el folio, una vez la impresora lo sacó. Lo dobló en cuatro partes y se lo metió en el bolsillo interior de su chaqueta–. Lo tengo ─le avisó.
Kai desapareció de su punto de vista y apareció tras su espalda–. Bien, podemos irnos ─
La puerta se abrió de inmediato de un portazo por la fuerza que había ejercido la mujer unos minutos antes sobre ella al intentar abrirla sin éxito.
─Señorita, la veo muy atareada, así que otro día volveré. Gracias por la ayuda ─le dijo Takao, desapareciendo de la vista de la chica.
Una vez fuera del hospital, Takao sacó el papel, aún doblado.
─Déjame verlo ─pidió el fantasma.
─Antes quiero saber cómo lo has hecho ─exigió, metiéndose la mano dentro de la chaqueta para ocultar el contenido de la hoja.
─¿Hacer qué? ─no sabía a qué se refería.
─Escribir en ese ordenador.
─¿Es muy importante eso ahora? ─le preguntaba desesperado
─A mi me interesa, porque si te puedes manejar solito, tu podías haber buscado sus datos por teléfono.
─No es tan sencillo. Es algo psíquico. Canalizo mi rabia en los puntos que creo necesario y solo tengo que pensar en algo. En el caso del ordenador, solo he tenido que pensar en las letras que quería pulsar y he canalizado esa rabia en mis dedos, aunque realmente no he tocado el teclado.
─O sea, que puedes hacer lo mismo con lo que quieras, incluso con el teléfono─ sacó el papel de la chaqueta.
─Pero nadie me escucharía al otro lado. ¿Ahora puedo verlo? ─le pidió impaciente.
─Claro ─abrió el papel y leyó los datos–. Aquí aparecen sus datos. ¿Reconoces la calle o algo? ─le preguntó leyéndolos.
Miró unos segundos las señas─. No ─contestó apartando la mirada hacia el frente.
Ese comportamiento le pareció extraño al peliazul. Casi le había matado del susto solo por saber donde se encontraba ese tal Yuriy y lo que había sucedido con él y sin embargo ahora parecía no importarle. Devolvió la vista al folio intentando restarle importancia a lo que él creía una tontería de las suyas y siguió leyendo para sí mismo el papel. Escritos estaban los motivos por los que Yuriy fue ingresado hacía tanto tiempo. ¿Sería por eso por lo que Kai había reaccionado de una forma tan fría?
Cerró el folio y se lo metió en el bolsillo de nuevo. Al verle tan callado decidió romper el hielo de alguna forma– Oye, ¡que sea la última vez que me dejas hablando solo! ─le regañó.
&&&Kai&Takao&&&
Los edificios ahí eran nuevos. Eso se notaba por que las fachadas eran muy modernas. Subieron por el ascensor hasta el segundo piso.
─Segundo piso, tercera puerta a la izquierda ─se recordó a si mismo Takao–. Es aquí ─dijo una vez delante de la puerta. Tocó el timbre un par de veces. En unos minutos escucharon pasos acercase desde el otro lado de la puerta.
–Voy ─escucharon. La puerta se abrió mostrando a un chico pelirrojo con unos ojos de color azul y bastante alto.
─Yuriy ─le nombró Kai esbozando una sonrisa.
─¿Sí? ¿Que desea? ─preguntó el pelirrojo con una sonrisa.
─Buscaba a Yuriy Ivanov ─dijo el peliazul, como si no hubiese escuchado a Kai.
─Ese soy yo. ¿Nos conocemos? ─preguntó levantando una ceja.
─Es un alivio saber que te encuentras bien ─decía Kai más contento y más tranquilo.
─Pues no, personalmente. Me llamo Takao Kinomiya y he venido hasta aquí para decirte algo… ─no puedo continuar la frase ya que fue interrumpido por alguien.
─Yuriy. ¿Quién es? ─preguntaba desde el interior de la casa un chico de gran altura que se estaba poniendo la camiseta en el pasillo, mientras caminaba hacia Yuriy.
─¿Ese quién es? ─preguntó Kai enarcando una ceja.
El pelirrojo miró hacia atrás y sonrió de forma cómplice al recién llegado–. Ah, Boris ─miró hacia Takao–. Este es Takao Kinomiya. Dice que quiere decirme algo ─sintió como el peliplatino le abrazó por detrás, dejando ambas manos sobre la cintura del ojiazul. Si a Takao le había parecido que Yuriy era alto, más lo era ese tal Boris.
Kai frunció el ceño en señal de molestia─ ¿Qué significa esto? ¿Quién es él?
─Ah, pues pasa ─le invitó Boris.
─Gracias ─entró al apartamento siguiendo a Boris hasta un comedor. Yuriy cerró la puerta y entró al comedor, seguido sin saberlo por Kai quien estaba muy pendiente de sus movimientos.
─Por favor, siéntate ─le pidió amablemente Boris a Takao.
Takao se sentó en un sofá, mirando con sorpresa lo grande que parecía ser ese apartamento por dentro. Una mesita estaba en medio de dos sofás. Largas estanterías rodeaban las paredes. Una televisión con video y DVD. Una mesa con seis sillas colocadas correctamente. Una puerta corredera de cristal y unas cuantas ventanas junto con unas cortinas que la adornaban…
Yuriy tomó asiento junto con Boris en el sofá de enfrente. Kai se puso por detrás de Takao, no dejándose de preguntar, quien era ese.
─Bueno Takao, tú dirás ─le dijo Yuriy llamándole la atención.
─Vale, se que va a resultar difícil de creer pero… tengo un mensaje que darte.
─¿De parte de quien? ─le preguntó curioso.
Silenció unos segundos─. De parte de Kai Hiwatari.
Los dos chicos frente a él, enmudecieron–. Eso no es posible, Kai murió hace un año contestó Yuriy algo afligido. Tras decir esto, agachó la cabeza, mirando al suelo.
El peliplatino miró al pelirrojo para después mirar al peliazul─. Si es una broma, no tiene gracia─ habló con seriedad Boris.
─No es una broma. Puedo ver a los espíritus. Sé que es algo extraño, pero es así. Tengo un don─ intentaba explicarse–. Por alguna razón, Kai no pudo cruzar la luz cuando murió…
Los ojos de Boris permanecieron pendientes al ojiazul y vio claramente como este cerraba los ojos, estaba sufriendo─. Ya he escuchado suficiente ─dijo Boris poniéndose en pie–. Márchate ─le pidió en un tono severo.
Takao se puso de pie y miró al cabizbajo Yuriy. Su cara reflejaba nostalgia, tristeza–. No es ninguna broma ─volvió a repetir derrotado… desilusionado–. Si cambiáis de opinión sobre esto, aquí está mi teléfono ─sacó del bolsillo de su pantalón un trozo de papel con su número de teléfono. Sabía que no lo cogerían, así que lo dejó sobre la mesita.
─Por favor, vete ─pidió Boris de nuevo, antes de ver empeorar a Yuriy.
─Ya voy ─respondió mirando por última vez a Yuriy, para finalmente salir del comedor. Unos segundos después, Boris escuchó como la puerta que daba a la calle se cerraba con un suave golpe.
─Yuriy ─puso su mano con delicadeza sobre la espalda del ojiazul, este no tardó en abrazar a Boris de forma desesperada–. Tranquilo ─le correspondió el abrazo–. Yo estoy contigo ─le susurró de forma calmada.
Kai estaba frente a ellos, mirando la escena. Su mirada se volvió fría y severa.
–Kai ─era la voz lejana de Takao, le estaba llamando, así que debía de acudir. Sentía que si seguía un minuto más allí, haría estallar las cosas. Desapareció, dejando a esos dos para aparecer en la calle, debajo de los edificios, donde encontró al peliazul mirando hacia todos lados, buscándole.
─Aquí estoy ─le avisó
Miró hacia él–. Lo siento, no me han creído, pero si lo que quieres es que siga intentándolo, lo haré ─le contestó con un deje de tristeza.
Miró hacia el suelo–. En estos momentos, necesito estar solo.
Asintió con la cabeza–. Lo entiendo ─le dijo comprensivamente, después de todo, no tenía que ser nada fácil para Kai asimilar lo que estaba pasando, ni lo que había pasado hace unos minutos–. Yo regresaré a mi apartamento, ya está oscureciendo.
El bicolor asintió, desapareciendo de su vista.
&&&Kai&Takao&&&
Takao había hecho un pedido de comida china por teléfono. Sus piernas estaban recogidas sobre el sofá, mientras miraba la televisión de vez en cuando con el pijama puesto. Capturaba con los palillos esos fideos tan escurridizos. ¿Pero esa era la razón de que se sintiese tan raro? No, ahí había otra razón.
Todos estos días había salido de su rutina. Todo desde que fue ese día al cementerio y conoció a Kai.
"¿Qué me sucede? Necesitaba tener algo de tranquilidad, y por fin la estoy teniendo, aunque sea por unas horas", pensaba, metiéndose la pasta en la boca, saboreándola. Su mirada permanecía de forma fija en el fondo del envase donde estaban metidos esos fideos. "Creo que está tardando. ¿Le habrá pasado algo?", se detuvo a meditar sobre su último pensamiento. "¿Pero qué digo? Si está muerto", reaccionó "Aún así, esto es muy raro, después de todo desde que se instaló aquí, nunca ha dejado este apartamento. Creo que ese chico pelirrojo era muy importante para él cuando estaba vivo. Y por la reacción de Yuriy, el afecto debía de ser mutuo". Metió los palillos dentro del envase, y los dejó sobre la mesa, así tiraría ambas cosas a la basura después. "Creo que después de todo me he acostumbrado a su presencia y ahora notó más la soledad que nunca".
&&&Kai&Takao&&&
El fantasma se encontraba en la que antes era su casa. Miraba con nostalgia los trofeos que había sobre una estantería de su habitación. Aquellas fotos que le hacían recordar quien había sido. Una de esas fotos era la que más había apreciado hasta ahora. En ella salía el bicolor sujetando en alto un trofeo junto con el pelirrojo. Ambos sonreían al no poder contener por más tiempo la felicidad de ese día tan importante.
Ese sitio y esos tiempos ya carecían de valor sentimental. Estaban totalmente vacíos, como él. Se reprochaba ahora mentalmente por querer una vez más llevar la razón, aunque sabía que no era así. Ahora que había visto que otro sujeto acompañaba al pelirrojo… se sentía furioso con el mismo. ¿Tan pronto se había olvidado Yuriy de él? ¿Acaso el bicolor nunca significó nada realmente para el pelirrojo? Las dudas lo atormentaban. Solo de pensar que quizá había sido utilizado por Yuriy. Que cuando dio por primera vez su corazón a alguien, este había sido pisoteado… no podía seguir así. Desde que había visto a ese Boris estaba perdiendo los nervios.
&&&Kai&Takao&&&
Un pelirrojo por fin había conseguido quedarse dormido. Boris lo abrazaba de forma protectora por detrás, quedando una de sus manos entrelazadas perfectamente sobre la del ojiazul.
La escena que estaba presenciando Kai en esos momentos no le gustaba para nada. ¿Desde cuándo era Yuriy así? Ni siquiera con él llegó tan lejos. Ese bastardo de Boris se estaba aprovechando del pobre Yuriy. Dormían juntos y al parecer también vivían juntos, como una pareja lo haría.
─La función va a comenzar ─susurró, mirando al sereno rostro de Boris. Poco a poco la cama empezó a temblar, lo que hizo que el peliplatino abriese los ojos.
Se incorporó en la cama para ver que estaba sucediendo─ ¿Qué demonios? ─se preguntó a sí mismo.
─¿Qué sucede Boris? ─preguntó Yuriy incorporándose sobre la cama también. Se había despertado, pensando que Boris lo estaba zarandeando, pero ahora veía que no era así.
─La cama se mueve, pero no te preocupes, esto debe de ser por algún terremoto.
─¿Entonces por qué no se mueve la lámpara ni los cuadros? ─preguntó observando ambas cosas. De repente se escuchó el estallido de cuando algo se rompía. Más concretamente, parecían de cristales, aunque no estaban seguros─ ¿Y eso que es? Viene del comedor.
─No lo sé ─dijo destapándose–. Pero voy a averiguarlo ─puso los pies en el suelo–. Tu quédate aquí ─le advirtió antes de salir de la habitación, escuchando más ruidos mientras se dirigía al comedor.
Yuriy lo vio salir de la habitación. De inmediato los temblores de la cama fueron calmándose, hasta pararse totalmente.
─Ya no se mueve ─se dijo a sí mismo. Se destapó y se puso de pie. Salió de la habitación para empezar a caminar por el pasillo, para darle la nueva noticia a Boris–. Oye, Boris. La cama ya ha dejado de movers… ─no pudo terminar la frase ya que lo que vio en el comedor lo dejó sin palabras, al igual que a Boris, que aun permanecía con la boca abierta. Todos los libros que estaban sobre las estanterías de madera, volaban hacia todas las direcciones, rompiendo todos los objetos que encontraba a su paso─ ¿Qué está pasando aquí? ─preguntó desconcertado el recién llegado.
─No lo sé ─respondió el otro perplejo.
Las luces de las lámparas empezaron también a parpadear una y otra vez. Ahora un sofá se movía hacia la izquierda, mientras el otro lo hacía hacia la derecha. Aquellos pequeños juguetes de cuerda que guardaban en otra habitación empezaron a funcionar solos, siendo guiados hasta Yuriy, el cual miró hacia abajo sorprendido al sentir en su pie como un coche de juguete que no paraba de chocarle una y otra vez.
─Boris ─lo llamó algo nervioso─ ¿¡Qué es lo que me has dado! ─preguntó asustado.
─Créeme, esto es real, yo también lo veo. No es ninguna alucinación ─lo cogió de la mano y lo guió hasta el cuarto de baño con rapidez. Fuese lo que fuese aquello que estaba allí ellos no lo investigarían. Abrió la puerta y la cerró tras de sí–. Intentemos pensar un momento ─Yuriy asintió nervioso.
Fue en ese momento cuando creyeron escuchar un ruido extraño a sus espaldas proveniente de las llaves del grifo del lavabo. Los dos miraron lentamente hacia allí. Efectivamente, la llave del agua caliente del lavabo estaba empezando a girar y el agua comenzando a salir.
─¡Hasta el agua! ─comentó Yuriy asustado.
Boris se adelantó y agarró la llave del agua– ¡Está atascada, no puedo cerrarla! ─decía intentando cerrar la llave. El vapor salió de inmediato en el baño, empañando el espejo que estaba sobre el lavabo de vaho.
─Esto es demasiado para mí ─decía Yuriy abrazándose a sí mismo. Los dos vieron como el grifo ahora se cerraba solo. A continuación contemplaron estupefactos como unas letras iban apareciendo en el espejo. Como si alguien las fuese escribiendo lentamente. Era un mensaje, ¿pero de quien? ¿Y por qué?
─Takao… Kinomiya ─leyó Boris conforme las letras iban apareciendo.
─Es el chico que ha estado aquí esta tarde─ contestó el pelirrojo no dando crédito a los hechos.
─Nos dejó su número ─recordó─. Voy a llamarle ahora mismo ─dijo con decisión Boris, abriendo la puerta, encaminándose hacia el comedor, seguido por Yuriy. Cogió el teléfono y la tarjeta de la mesita, que era lo único que estaba quieto en esos momentos, por suerte. Empezó a marcar, y como si fuera por casualidad, todo cayó de un solo golpe al suelo, haciendo un gran estruendo.
Yuriy miraba la escena perplejo─ ¿Ya ha parado? ─se arrodilló en el suelo al sentir que le flaqueaban las fuerzas–. Porque sea lo que sea, necesito que acabe ya ─pidió.
─¡Mierda! ─se quejó el más alto al ver que no había línea–. Lo tiene apagado ─miró el reloj de pulsera–. Y con razón, ya es muy tarde ─miró a Yuriy–. Pero no te preocupes, ahora mismo buscaré su dirección en la guía telefónica ─miró el desorden que había ocasionado ese fenómeno paranormal. Montañas de libros en el suelo, juguetes esparcidos por toda la habitación, cristales rotos…–. Cuando la encuentre ─finalizó estupefacto.
&&&Kai&Takao&&&
El joven de cabellos azules dormía desde hacía horas en la cama. Estaba boca arriba, una de sus manos permanecía oculta por las sabanas de la cama, mientras que la otra estaba a la altura de su mejilla. Su boca estaba entreabierta y su respiración era tranquila y pausada.
Traspasó la ventana de la habitación y se fue a su rincón. La luz estaba apagada, y con razón. El peliazul debía de estar ya dormido. Ni miró siquiera hacia la cama, tan solo se miró la palma de su mano, poniéndola a la altura de su pecho. Frunció levemente el ceño. Todo lo había tenido en la vida. ¡Todo! Y no había sido capaz de aprovecharlo, todo por una idiotez. Cerró los ojos con frustración, al igual que su mano. Giró la cara hacia un lado y golpeó la pared con esa mano, la misma que no tardó en traspasar la pared.
Escuchó unos ruidos extraños provenientes de la cama. Se acercó a la cama y miró con atención al peliazul. Su ceño estaba fruncido, pero no por rabia, sino por la tristeza.
Observó eso con atención y agachó su cuerpo para estar más cerca del menor–. Shhhh… ¿Qué es lo que te asusta? ─llevó su mano invisible hasta la mejilla del menor, tocándola superficial y aparentemente─ ¿Qué es lo que te atormenta? ─aún sentía sus leves quejas–. Shhh… yo estoy aquí para protegerte ─le susurraba sedosamente, ahora sí, traspasando un poco su mejilla con la punta de sus dedos–. Ojala que mis manos no fueran tan frías… ojala que pudieran transmitirte mi calor. Shhhh, yo velaré por ti Takao, no te voy a dejar solo ─contempló como el peliazul ahora inconscientemente sonrió. Así lo hizo el también. Por algún motivo, no le gustaba ver al peliazul sufrir y solo esta noche había podido disfrutar de una sonrisa tan sincera como esa.
&&&Kai&Takao&&&
Abrió los ojos lentamente. Por primera vez en su vida, había conseguido dormir toda la noche de un tirón. Sin pesadillas. Se estiró en la cama mientras bostezaba. Echó un vistazo rápido con la mirada a su habitación. No había ni rastro del bicolor.
─Qué raro ─se confesó a sí mismo. Puso ambas manos sobre el colchón y se incorporó sobre la cama. Fue en ese momento cuando creyó escuchar que alguien tocaba a la puerta. Retiró las sábanas hacia un lado para sentarse en la cama y dejar los pies sobre el suelo. Escuchó ahora el sonido del timbre.
─Voy ─avisó, saliendo de la habitación. Pero quien estuviese al otro lado de la puerta parecía no escucharle por que tocó el timbre con más insistencia─ ¡Que voy! ─el sonido del timbre no cesaba, así que frunció el ceño, tomando la manecilla de la puerta con su mano─ ¿¡Es que está sordo! ─preguntó al tiempo que abría la puerta– ¡He dicho que ya...! Voy ─enmudeció casi al ver de quien se trataba– Boris ¿Qué…?
─Necesito que vengas conmigo ─dicho esto, agarró al peliazul del brazo, para intentar sacarlo del apartamento.
─¡Un momento! ─replicó, soltándose del agarre del más alto–. Yo no me muevo de aquí hasta que me digas que es lo quieres de mi.
─Tú no lo entiendes ─se rascó la nuca con desesperación─. Llevo toda la santa noche intentando dar contigo. En mi casa…
─Boris ─enarcó una ceja─ ¿Qué pasa con la casa?
─Están sucediendo cosas raras. Los sofás se mueven, las cosas vuelan, los grifos de agua se cierran y se abren… ─le explicaba nervioso.
De seguir así, el ojiverde montaría un espectáculo del que todo el bloque de pisos se enteraría– Pasa. ─le dijo al tiempo que lo agarraba de la camisa por el brazo. Una vez dentro, cerró la puerta–. Tranquilízate ─le pidió
Negó con la cabeza varias veces–. No puedo, lo que quiera que sea que está en mi casa, no nos deja en paz.
─¿Y por qué has recurrido a mi? ─se cruzó de brazos con interés–. Pensaba que no me creíais.
─Tu nombre.
─¿Qué?
─En uno de los espejos… ¡algo escribió tu nombre! ─le contestó desesperado.
─Pero eso no tiene ningún sentí… ─enmudeció al pensar en el posible sospechoso–. Escucha ahora no puedo ir, tengo que trabajar y… ─le sabía mal, pero era la verdad.
─No, por favor. Te lo pido por Yuriy, yo lo he pasado mal, no lo negaré, pero el… ─entrelazó sus manos–. Por favor. No creo que Yuriy pueda aguantar mucho más.
Silenció frente a esa petición. Lo miró un par de segundos. La verdad es que parecía bastante desesperado–. Está bien. Supongo que por faltar un día en el trabajo no pasara nada. Me cambió enseguida. Puedes sentarte si quieres. No tardo ─dijo esto último entrando en su habitación, cerrando la puerta tras de sí.
Empezó a dar vueltas con desesperación. Tenía muchas preguntas que hacerle al peliazul. La verdad es que si su casa estaba poseída por algo demoniaco… Ni quería llegar a pensarlo. Se maldecía por ese pensamiento, él le tenía mucho respeto a ese tipo de cosas. Ni siquiera desde niño había hecho la locura o la imprudencia de participar en una güija.
─Ya estoy listo ─le avisó apareciendo junto a él, ya por fin vestido y con las llaves de su casa en la mano–. Vamos, por el camino puedes ir contándomelo todo ─decía mientras abría la puerta, esperando a que el más alto saliese primero.
&&&Kai&Takao&&&
Yuriy se balanceaba una y otra vez hacia delante y hacia atrás en un sofá. Sus pies estaban recogidos en el mismo y sus brazos abrazaban sus piernas. Su mirada estaba clavada en esa montaña de libros que por mucho que se habían empeñado en recoger, habían caído de nuevo al suelo. Escuchó como unas llaves se introducían en la cerradura de la puerta. Poco caso le hizo. El siguió moviéndose igual que hasta ahora, solo así conseguía tranquilizarse.
─Yuriy. Pensaba que estarías en la cama ─decía Boris al tiempo que se arrodillaba en el suelo para buscarle la mirada.
─No podía dormir –confesó.
Boris miró hacia el peliazul, el cual estaba ahí parado, mirando el desastre ocasionado de la noche anterior.
─He traído a Takao para que nos ayude ─le informaba al pelirrojo.
Asintió con la cabeza, pensativo. Boris miró a Takao–. Lleva así desde anoche.
─Comprendo ─contestó acercándose hasta el pelirrojo. Tomó asiento junto a él y le miró con comprensión–. Yuriy. Puedes estar tranquilo. No siento ninguna presencia de nadie aquí.
─¿Seguro? ─le preguntó ahora mirándole.
Sonrió levemente, intentando darle tranquilidad–. Estoy seguro. Ahora mismo no hay nada.
─¿Eres vidente?
─Algo así ─contestó.
─Mencionaste que Kai era un espíritu. ¿Crees… crees que ha sido… Kai?
─Eso no puedo contestártelo con seguridad, pero es posible ─miró hacia esa montaña de libros─ ¿Puedo? ─preguntó refiriéndose a si podía coger alguno.
─Claro ─respondió Boris, sentándose ahora junto al pelirrojo en el sofá.
Se levantó del sofá y caminó hacia esa montaña de libros que estaba aun en el suelo. Se agachó lentamente y cogió uno de ellos.─ ¿Qué sucedía si intentabais poner los libros en su sitio? ─preguntó mientras cogía otro más.
─Salían disparados. Mas bien, parecían querer atacar a Boris ─explicaba Yuriy al tiempo que veía como el menor colocaba ambos libros en una de las estanterías.
─¿Le atacaban dices? ─le miró enarcando una ceja.
─Bueno, es lo que a mí me parecía. Algunas cosas volaban hasta él… era como si los libros se los lanzase alguien.
─¿A ti te ocurría lo mismo?
─No.
─A él no le atacó nada ─respondió Boris–. Solo los juguetes se acercaron a él. Eso es todo.
Se agachó un momento para volver a coger otro libro, pero se detuvo al notar un tic en su ojo. Se levantó y miró a su alrededor, bajo la atenta mirada de los dos chicos─ ¿Quién está ahí? ─preguntó mirando hacia un punto en concreto–. Muéstrate ─le pidió.
─¿Puedes ver a alguien? ─le preguntó Boris, pero pronto el peliazul le silenció alzando su mano.
–Kai, sal de una vez, se que eres tu ─dijo cruzándose de brazos.
─¿Cómo sabías que era yo? ─preguntó apareciendo frente a él.
─No lo sabía, tu acabas de confirmármelo ─vio como al recibir esa respuesta el ojicarmesi se reprendió por no haberse dado cuenta de su truco─. Kai. ¿Por qué has hecho esto?
─¿Tu qué crees? ─preguntó con obviedad.
─Sé que estás enfadado, pero no es culpa de ellos.
─Me trae sin cuidado ─contestó fríamente.
─Kai, mírales ─les señaló─. Están asustados ¿a ti te parece eso bien?
─Soy un fantasma. Se supone que he de asustar ─respondió con desgano.
─Oye, no te entiendo. Quieres que te ayude, pero me lo estas poniendo muy difícil.
Por su parte Yuriy y Boris miraban la escena. El peliazul discutía, eso estaba claro. Pero… miraban ese hueco vacío con el que Takao hablaba. ¿Se suponía que ahí estaba Kai?
─No puedo ayudarte si no me cuentas de una vez que fue lo que te pasó ─decía el peliazul.
El pelirrojo al escuchar al peliazul, recordó ese día que se había empeñado tanto en olvidar. Así que cuando quiso darse cuenta estaba mirando hacia el suelo.
─Yuriy, ¿te encuentras bien?─ le preguntó el ojiverde, pasándole el brazo por encima del hombro.
El bicolor dejó de escuchar al peliazul y miró hacia su derecha, donde ambos chicos estaban sentados en ese sofá, el mismo que la noche antes había arrojado hacia el otro extremo de la habitación.
Takao dejó de hablarle ya que vio que el bicolor tenía la atención puesta en otra parte. Al hacerlo, pudo ver claramente como ese traje de cuero negro que el fantasma llevaba puesto parecía estarse oscureciendo, sobre todo en la parte del estomago. Era como si… Le pareció ver en ese instante como algo se atravesaba en su campo de visión, algo diminuto que caía hacia el suelo. Miró hacia él y pudo comprobar lo que realmente se temía ¡Era sangre! Por reflejo miró hacia el rostro del bicolor. Su mejilla también estaba sangrando. Pronto pudo escuchar un ruido, pero ¿de qué? Miró hacia atrás, ese sonido era… igual que cuando una pista de hielo se partía en diminutos trozos… ¡los cristales de las ventanas!
─¡Boris, no toques a Yuriy! ─le advirtió al darse cuenta de lo que el bicolor no paraba de mirar– ¡Agachaos! ─les pidió, tirándose el mismo al suelo, sintiendo como ahora los cristales estallaban. Los restos cayeron cerca de él, rebotando en el suelo por el impacto.
Cuando terminó el estruendo, el peliazul miró hacia ellos. Los dos habían conseguido tirarse al suelo, cubriéndose sus cabezas con las manos.
─¿Estáis bien? ─les preguntó poniéndose en pie. Miró hacia el resto de la habitación. No había ni rastro de Kai. Las ventanas por su parte, ya estaban totalmente sin cristales, Kai se había encargado de destrozarlo todo a conciencia. Ambos chicos se pusieron de pie, cuando vieron como Takao lo había hecho.
─¡Ay! ─se quejó levemente el ojiverde.
─Estás herido ─reparó Yuriy viéndole sangrar el brazo. Takao se acercó lo más rápido que pudo hacia él, viendo como en su trayecto, Boris se levantaba la manga de la camisa.
─Tranquilo, no es muy profunda, solo es un rasguño. Iré a curármelo ─salió de la habitación, dejando a ambos chicos solos.
─Takao, ese no es el Kai que yo conocí. El no… ─era incapaz de terminar la frase.
─Yuriy. Necesito que hagas por mis dos cosas. Una es que me cuentes que es lo que le sucedió a Kai. Como murió. Y la otra es… no puedes dejar que Boris se acerque a ti, por ahora. Sé que en tu estado, es pedir demasiado, pero… por el bien de los dos, necesito que lo hagas.
Miró hacia las ventanas, o al menos lo que quedaba de ellas. El suelo lleno de cristales, libros, juguetes… todo estaba desordenado–. Esto nunca acabara si no lo hago, ¿verdad? ─preguntó mirando todo aquel desastre.
─Ahora está realmente atormentado y… cuando un espíritu está enfadado, es realmente peligroso.
─No sé cómo se lo diré a Boris. Vivo con él, somos pareja. Yo no puedo regresar a mi antigua casa, me trae muchos recuerdos y no puedo pedirle a Boris que se marche de la suya.
─Pues tendréis que dormir separados. ─respiró hondo mirando hacia el suelo─. Lo importante es que no vea que Boris tiene algún tipo de contacto contigo. Esta vez ha sido un arañazo, pero quien sabe lo que puede llegar a hacerle ─le advirtió aunque sabía que sus palabras eran dolorosas.
Negó con la cabeza–. No sé Takao, no quiero que le pase nada a Boris pero… separarme de él...
─Estaremos bien ─respondió Boris. Los dos chicos miraron hacia la misma dirección, y vieron como éste está apoyado en el marco de la puerta–. No me preocupa lo que él pueda hacerme a mí, sino lo que pueda hacerte a ti ─miró a Takao–. Tu le has visto, y si crees que esto es lo mejor, así deberemos de hacerlo ─miró ahora al pelirrojo–. Tengo que irme al hospital.
─Está bien ─respondió acercándose al ojiverde. Se miraron a los ojos durante unos segundos. Tenían por costumbre besarse cuando se despedían ¿pero y si al hacerlo se desataba de nuevo el caos? Se tomaron discretamente de la mano unos segundos.
─Ten mucho cuidado, Yuriy.
─Tú también ─le respondió soltándose muy a su pesar de la mano del más alto.
Boris miró a Takao–. Adiós ─le despidió antes de salir por la puerta.
─Adiós ─respondió el, viendo como Boris salía por la puerta. Pudo observar como Yuriy se abrazó a sí mismo y como no dejaba de mirar esa puerta, como si el que se acababa de marchar, siguiese ahí parado. Se acercó con pasos tranquilos hacia él─ ¿Qué te parece si salimos a dar una vuelta? No sé, hay un parque cerca de aquí. Ahí estaremos más tranquilos ─le aseguró
&&&Kai&Takao&&&
Caminaban hacia ese parque. No había mucha conversación entre ellos por el camino. Tampoco se conocían de toda la vida como para iniciar una buena conversación. Takao intentaba no hablarle por ahora de Kai hasta que no llegasen al parque. No quería que Yuriy se derrumbase emocionalmente en mitad de la calle.
Frente a ellos ya estaba el parque y pronto entraron en el.
─Vaya, es un parque muy bonito ─anunció el peliazul echando un vistazo a su alrededor.
─Sí. A veces vengo aquí, para aclarar mis ideas ─respondió Yuriy.
─Allí hay un banco libre. ¿Nos sentamos?
─Claro.
Siguieron caminando hasta ese banco y se sentaron en el. El pelirrojo sacó su cartera del bolsillo trasero de su pantalón y lo abrió para sacar algo de dentro. El peliazul mientras tanto veía a los niños jugar.
─Este era Kai ─le dijo llamándole la atención, poniéndole una foto en la mano, la cual cogió. Takao se detuvo a mirarla fijamente. En ella estaban tanto el pelirrojo como el bicolor mostrando un trofeo–. Kai era piloto de motos ─sonrió–. Era el mejor. Nadie tenía su destreza en el circuito. Daba igual los rivales que tuviera o lo peligroso que fuese el circuito, el siempre salía vencedor ─se miró a sí mismo en la foto. Se veía sonreír, como hacía tiempo no lo hacía–. Yo, era su mecánico, ese era mi trabajo. Dejar las motos a punto y revisarlas después de cada circuito… de cada carrera. Ese fue el último premio que pudo conseguir ─respiró hondo.
Takao no paraba de mirar la foto mientras Yuriy le explicaba su pasado. La verdad es que el bicolor era bastante apuesto.
─Kai era muy orgulloso, algo creído según los demás, presumido, arrogante y algo cabezota. Le costaba mucho dar su brazo a torcer. Yo, por aquel entonces estaba muy seguro de mi mismo, de mis pensamientos. Parecíamos el perro y el gato. Casi nunca estábamos de acuerdo en nada ─sonrió con melancolía–. Te parecerá extraño, pero… ─seguía relatando mientras su vista estaba puesta en la copa de unos árboles–. Empezamos a salir… como pareja. Aunque discutíamos en ocasiones, no podíamos estar tampoco separados. Era un noviazgo un poco raro. Pero nos queríamos. Las apariencias engañaban en él.
─¿A qué te refieres? ─le preguntó mirándole
─Él era muy cariñoso, aunque su carácter era fuerte. Pero tenía un gran corazón ─suspiró al recordar aquellos momentos.
Takao reflexionó unos segundos. La ropa que llevaba en la foto, era la misma que llevaba Kai. Así que imaginó como murió, pero no el por qué.
─A él le apasionaba los campeonatos. Es por eso que cuando anunciaron que se iba a celebrar el más grande de todos aquí, en esta ciudad, se apunto sin dudarlo. Si lo ganaba, podría conseguir ser reconocido como el piloto mundial de motos, además de obtener un trofeo y una medalla de oro. El respeto en nuestro gremio así estaría garantizado.
─Pero no lo hizo, ¿verdad? ─le miró comprensivamente
Yuriy negó con la cabeza–. Ese día se desató una tormenta en mitad de la competición. La mitad de los pilotos abandonaron la competición por su seguridad, pero el…snif… quería regalarme el trofeo y la medalla así que… snif… no se detuvo a pesar de que en el campo apenas había visibilidad… a pesar de que le dije que abandonara.
Takao al ver como las mejillas de Yuriy estaban llenas de lágrimas, sacó un pañuelo de su bolsillo y poniéndole su otra mano en la espalda le entregó el pañuelo, siendo cogido por Yuriy.
─No sé lo que sucedió, solo sé que se escuchó un enorme ruido… snif… y vi una explosión. Salí corriendo hacia allí, pedía una y otra vez al cielo que no le hubiese sucedido nada malo a Kai ─se limpió las lágrimas con el pañuelo que Takao le había dado–. La moto quedó totalmente destrozada, así que la policía no pudo ver si se trataba de algún error por las piezas nuevas que le había puesto esa misma mañana. Según el equipo forense, Kai murió en el acto ─agachó la cabeza y se tapó los ojos con las manos. –Ni siquiera pude asistir a su entierro ─se reprochó.
─Yuriy, caíste en un estado de shock y después en depresión. Es normal que no pudieses asistir. Era imposible.
─Pero me siento terriblemente mal por aquello. Ni siquiera pude despedirme de él. Debe de estar enfadado conmigo por todo eso. Y ni siquiera ahora he sido capaz de ir a dejarle ni unas simples flores.
─Tranquilo, no te castigues mas por ello, Yuriy ─le dijo dándole suaves palmadas en la espalda–. Todavía hay algo que yo puedo hacer y no me rendiré hasta ayudaros. Si no puedo conseguir que el cruce al más allá, intentaré hacerle entrar en razón, para que no os moleste nunca más.
─A raíz de todo aquello ─levantó la cabeza y miró hacia el frente–. Me ingresaron en el hospital después del accidente de Kai. Me asignaron un enfermero el cual tendría que estar pendiente de mí y de mis medicamentos. Fue así como poco a poco empecé a conocer a Boris y los dos nos enamoramos. Para su mayor tranquilidad, decidimos vivir juntos en su casa. Y aunque nunca pude olvidarme de Kai ni un solo día, Boris me hizo sentir vivo de nuevo ─le explicaba al peliazul el cual estaba muy atento al relato–. Me costó mucho empezar una nueva relación con alguien ─se limpió las lágrimas con el pañuelo–. Más de lo que nadie se pueda imaginar. Pero con el tiempo vi claramente que Kai estaba muerto y nunca iba a regresar, a si que, creía que tenía derecho a rehacer mi vida, eso es todo. Y si me enamoré de Boris, no vi ningún mal en ello ─le explicaba, desahogándose también como no lo había hecho nunca.
&&&Kai&Takao&&&
Sacó la llave de su bolsillo y la metió en la cerradura de la puerta. Le dio un par de vueltas a la llave y la metió de nuevo en su lugar. Empujó la puerta y entró al interior del apartamento, cerrando la puerta tras de sí.
Caminó hasta la cocina, ya que claramente no sintió la presencia de nadie en la casa. Kai seguramente estaría por ahí. Le tenía muy preocupado el hecho de haberle visto con esa apariencia. Se puso el delantal y se lavó las manos. Abrió la nevera y sacó del interior carne picada, un pimiento verde, tomate, y una cebolla. Fueron minutos los que tardó en picar los alimentos y en hacer el sofrito junto con la carne. Hoy haría lasaña.
Encendió el horno a baja temperatura, solo para que estuviese caliente cuando tuviese que meter la lasaña dentro. Cogió un trozo de queso de la nevera y un rallador del cajón, junto con un plato. Enseguida comenzó a rayar el queso en el plato. Pero tan absorto estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta de que esa porción de queso estaba casi totalmente consumida, con lo cual pasó la yema de sus dedos sobre los filos metálicos del objeto.
─¡Ay! ─dijo más por el susto, que por el dolor
─¿Te has hecho daño? ─preguntaron detrás de él.
─¿Importa eso? ─preguntó sin darse la vuelta, sabía por la voz que se trataba de Kai.
─Te has enfadado.
─No, que va. ¿Por qué iba a enfadarme? ─preguntó con sarcasmo. Ante el silencio del bicolor, decidió encararlo─ ¡Por supuesto que estoy enfado! ¿¡Qué crees que estabas haciendo! ¡Me pides ayuda en un tema que te negué unas cien veces y ahora que te brindo mi ayuda! ¡Tú, tu… lo vuelas todo por los aires, intentas matar a una persona y de paso ponerme de los nervios! ¿¡Es que estás loco! ¡Si esto es algún truco, te advierto que yo no participaré! Así que búscate a otra persona y a mi déjame en paz ─dijo casi sin aliento.
─Les guié hasta a ti ─contestó en su defensa con tranquilidad.
─Bonita forma de hacerlo, para eso no tenías porqué destrozar su casa ─cogió la sartén del sofrito y una cuchara. Fue echando cucharadas en una pasta cuadrada que ya estaba cocinada y puesta dentro de un recipiente cuadrado para el horno.
─Tú no lo entiendes…
─Claro que sí. Lo que pasa es que tu estas celoso. Y tus celos casi acaban conmigo ─le explicaba exaltado pero sin llegar a gritarle.
Se cruzó de brazos–. No es verdad, yo no estoy celoso, ¿de qué tendría que estarlo? ─desvió la mirada hacia un lado.
Takao lo miró con evidencia–. No voy a contestar a eso.
─Lo siento ─contestó tras unos minutos en silencio.
─No es a mí a quien debes decírselo, Kai ─le explicó en un tono más calmado.
─Yo… creo que he hecho mal al aferrarme a los recuerdos que tenía. No puedo aceptar la realidad que han visto mis ojos. Pero es que, nos iba tan bien, y ahora… ─cerró los ojos con fuerza.
─Y ahora estás muerto ─le habló con un tono sedoso–. Mira Kai ─dejó de hacer lo que estaba haciendo y se puso frente a él–. Sé que no ha de ser nada fácil el ver como ahora la persona que considerabas especial para ti, esté con otro. Supongo que ha de ser algo así como que te den una puñalada en el corazón. Duele. Pero Yuriy también ha sufrido mucho y no estaría mal que le escuchases también. Mira ─se cruzó de brazos–. La diferencia que existe entre los dos, es que el aun sigue vivo. No intentes enterrarle en vida a él también. No sería justo ¿no lo crees? ─silenció unos segundos─. Por un momento, ponte en su lugar ─dicho esto regreso a su quehacer.
Kai lo observaba mientras meditaba esas palabras. No le gustaba reconocerlo, pero sabía que en el fondo, Takao llevaba razón.
Continuará…
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Takaita Hiwatari: bueno Takai, pues aquí el capi, espero que te haya gustado y si, como tú dices, con el paso de los capis se resolverán tus dudas. Como te lo diga ahora, se rompe el encanto del fic, jajaja.
Hiika: tengo una duda contigo, ¿acaso es que me dejaste un primer comentario y ffnet no te lo público? La página es que a veces hace eso, como que se traba. Espero que te haya gustado el capi.
Anker: pues me alegra que te guste la historia, aunque no sé si os gustará el rumbo que tome.
Valery Hiwatakinomiya: pues muchas gracias y espero que no te hayas cansado de esperar. La verdad es que he tardado mucho en subir este capi.
Siento el retraso y perdonad por los posibles fallos. Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
