Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen ─ai, Lemon
"Pensamientos"
─Diálogos.
LA OTRA REALIDAD
─Kaily Hiwatari─
Continuación…
&&&Kai&Takao&&&
Al día siguiente…
Ya se había duchado, peinado y vestido. Aun así se miraba en el espejo del cuarto de baño sin estar contento del todo. ¿A quién pretendía engañar? No era que la ropa que se estaba quitando una y otra vez le quedase mal. Es solo que tenía que aparentar estar tranquilo y no podía. El no tener noticias de Kai desde anoche le ponía nervioso, y el saber que tenía que ir dentro de una hora a una estúpida cena en la que seguramente sería estudiado, le desquiciaba los nervios.
─No me gusta ─se dijo a la vez que se quitaba la camiseta. Caminó hasta su cuarto y tiró la camiseta sobre la cama, junto con otro montón de ropa. Abrió de nuevo el armario con desesperación─ ¿Qué puedo ponerme? ─cogió una percha en cada mano. En una mano tenía una camisa amarilla y en la otra una blanca─ ¿¡Cuál será la mejor! ─se preguntaba indeciso.
El bicolor llevaba un buen rato observándolo. Apoyado en la pared, con los brazos cruzados y una sonrisa por ver al peliazul tan nervioso e indeciso–. Creo que el blanco te favorece más ─anunció. Takao dio un pequeño respingo al escuchar esa voz, así que se daba la vuelta.
─¿Dónde te habías metido tú? Llevo esperándote todo el día.
Sonrió─ ¿De verdad?
Apretó los ojos–. No, quiero decir ─esquivó la mirada con vergüenza y al hacerlo se dio cuenta de que tenía la cama llena de ropa–. Quiero decir, ¿blanco? ¿Seguro que el blanco me quedará bien? ─le preguntó mostrándole la prenda.
El bicolor asintió, observando con el peliazul colgaba la otra prenda en el armario y como se probaba la camisa blanca.
Éste se apresuró a abrocharse los botones de la camisa. Se dio la vuelta para que el bicolor le diese su opinión─ ¿Está bien así? ─preguntó con inseguridad.
El fantasma abrió la boca por la sorpresa–. Estás ─carraspeó y pestañeó un par de veces, no dando crédito a la persona que tenía delante.
─Vamos, dime lo que sea─ decía nervioso–. No me queda bien ─tras estas palabras cogió el primer botón, dispuesto a desabotonarlo pero las palabras de Kai se lo impidieron.
─No, espera. Estás impresionante. Te queda genial. Todo –especificó.
─Esto es muy importante. Así que no me mientas, ¿vale?
Negó con la cabeza–. No lo hago.
Sonrió más aliviado y se miró entonces el reloj de pulsera. –Vaya, como no salga ahora, no llegaré a tiempo.
─¿Por qué tan arreglado? ¿A dónde vas?
─Es largo de explicar, pero necesito que me hagas un favor ─decía cerrando las puertas del armario.
─¿Qué favor? ─preguntó curioso.
─Necesito que te quedes aquí hasta que yo regrese. Que esta vez no me sigas.
─Nunca te sigo ─se excusó.
Takao lo miró con evidencia–. Te recuerdo que detecto las presencias. Y sé que a veces me espías en el trabajo.
─Ni sé donde trabajas ─vio que el peliazul enarcó una ceja, como si le dijese, por favor, es más que obvio─. Además, ¿por qué no te puedo acompañar esta vez? ¿Es por el tic que te da en el ojo?
─Es una de las razones ─miró de nuevo su reloj– ¡Llegaré tarde! ─casi gritó. Empezó a correr hacia el comedor para coger las llaves de su apartamento.
─¿Llegarás muy tarde? ─quiso saber
─No lo sé. Pero espérame aquí y después hablaremos ¿vale? ─cogió una chaqueta que había dejado encima del sofá y se la puso al tiempo que andaba hacia la puerta. La abrió en el momento en el que se puso la chaqueta–. Adiós ─dijo antes de salir, cerrando la puerta tras de sí.
Kai se preguntaba, porqué tanto misterio. Para él era cierto que no transcurrían las horas, pero si podía ver cómo iba oscureciendo. Takao se había portado muy bien con él hasta el momento y eso que eran completos desconocidos. ¿Y si le pasaba algo? La noche podía ser algo peligrosa. Además, vio al peliazul tan nervioso. Empezaba a preguntarse si no estaría en algún tipo de problema. ¿Takao en problemas? Sabía que Takao se enfadaría con él por lo que tenía pensado hacer, pero después de todo, él solo quería protegerlo. Así que tras este último pensamiento desapareció para seguir la pista del peliazul.
&&&Kai&Takao&&&
Se encontraba sentado en una silla mientras escuchaba lo que el camarero le decía.
─Mientras espera a su acompañante. ¿Le apetece beber algo? ─le preguntó el camarero─ ¿Vino quizás? Tenemos unos excelentes.
─No, gracias. Beberé agua mientras espero.
─Como quiera ─dijo el camarero antes de retirarse para ir a por el agua.
Takao miraba a su alrededor. No había ni rastro de Kai y tampoco de su acompañante, aunque a éste no estaba seguro de reconocerle después de tantos años sin verle. Por otro lado, al parecer se había adelantado un poco a la cita. Menos mal que la otra persona había hecho la reserva de la mesa el día antes, por que todo estaba lleno de gente.
Un hombre tocaba el violín melancólicamente cerca de unas mesas. El lugar era muy grande y por lo que podía ver en la carta de vinos que estaba sobre la mesa, también era caro. Las mesas estaban bien decoradas. Manteles blancos, un pequeño jarrón con una rosa roja para adornar. Cubertería impecable, servilletas bordadas, panecillos redondos. Camareros refinados, techos muy altos con grandes lámparas de lágrimas… miró hacia la puerta de los servicios. No podía verlos por dentro, pero seguramente serían también de lujo. A decir verdad, estaba en el restaurante más caro de la ciudad y nunca pensó que entraría ahí.
Una copa llena de agua fue depositada frente a sus ojos, junto una botella de cristal–. Si quiere algo más, solo tiene que decirlo.
─Gracias ─dijo tomando el vaso de agua para darle un trago. Mientras lo hacía pudo ver por el culo de la copa como la figura borrosa de una persona se detenía frente a la mesa.
─¿Takao? ─preguntó el desconocido no muy seguro.
Esa voz le sonaba de algo. Dejó de beber, para centrar su atención en quien le llamaba. Frente a él había un chico alto con gafas, cabello de color castaño que vestía de una forma elegante.
─Sí. ¿Tú eres? ─preguntó al no reconocer a la persona que tenía en frente.
─ ¡Kenny! ─pronunció su propio nombre con alegría, esperando a que el peliazul le reconociese.
─¡Oh! ─se puso de pie y le extendió la mano, que fue estrechada de inmediato─ ¿Cómo estás?
─Bien, y por lo que veo, tu también ─dijo tomando asiento al igual que Takao. El camarero rápidamente se acercó y trajo las cartas con los menús, retirándose para darles tiempo así a que eligieran tranquilamente.
─Me sorprendió mucho tu llamada ─confesó Takao–. Pensaba que seguirías viviendo en… allí ─no quería ni decir el nombre de la ciudad.
─Oh y así es. Pero bueno he tenido que venir aquí para resolver algunas cosas. Negocios, ya sabes ─le explicó, echándole su mejor sonrisa.
─¡Jeje! ya veo ─dijo sonriendo de lado, cogió la carta e intentó no pensar en esa sonrisa que durante tantos años le había dado escalofríos. Ese chico realmente no había cambiado. Todavía ese flequillo lo tenía tan largo que ni los ojos se le podían ver ¿Cómo podría ver por donde pisaba?
─Bueno, Takao. Cuéntame cosas de ti. ¿Qué has hecho en estos años? ─le preguntó interesado, sin ni siquiera tomar la carta en sus manos para ver que platos tendría ese restaurante.
─Pues…he hecho algunas cosas ─le contestó, no muy seguro de que clase de respuesta tranquilizaría al otro.
Kai apareció detrás de Takao. Se había mantenido flotando en el techo, prácticamente desde que el camarero acompañase a Takao hasta su mesa. Pero desde ahí ni podía ni ver ni escuchar bien. Y ahora que Takao estaba acompañado por alguien que dudaba que tuviese ojos, se sentía más curioso por saber si no sería aquello una cita.
─Dime. ¿En que trabajas? ─le preguntó interesado.
─Pues soy secretario. Trabajo en un buffet de abogados ─decía mirando la carta aunque sin leer nada, solo no quería mirar a Kenny a la cara. Este por su parte se mordía el labio inferior mientras miraba al peliazul.
─Ahí seguro que pagan bien ─siguió la conversación.
─No puedo quejarme.
Al fantasma por su parte no le gustaba lo que estaba viendo. Dudaba que ese hombre estuviese escuchando a Takao. Más bien parecía, desearle.
─Vaya, estas realmente excepcional, Takao. Los años te han vuelto más atractivo aun de lo que ya eras.
Miró por encima de la carta un poco fuera de sí–. Ya, bueno ─pudo articular alargadamente─ ¿Y que ha sido de ti? ─preguntó intentando cambiar el tema
─Oh, pues como esperaban todos, he sucedido a mi padre en su cargo y ahora soy yo el director. Te acuerdas de él, ¿verdad?
─Como olvidarlo ─masculló con pesadez.
─Estoy seguro de que le hubiese gustado verte una vez más. Pero claro, alguien debía de quedarse para poner orden.
El peliazul sabía muy bien a qué se refería su acompañante con eso de poner orden, solo de pensarlo, se le ponía el vello de punta. Carraspeó─ ¿Qué vas a comer? Aquí todo parece tener buena pinta ─decía volviendo a mirar con más ganas la carta. Unos dedos se apresuraron a bajar la carta, con lo cual Takao vio de nuevo esa sonrisa que le hacía ponerse en alerta.
─Cuéntame. ¿Estás casado?
Tanto Takao como Kai abrieron la boca en señal de sorpresa–. Bueno, veras… ─no sabía que debía de contestarle.
El camarero se acercó a la mesa─ ¿Ya han elegido algo?
─Sí, yo tomaré… ─miró con rapidez por encima lo que tenía el menú–. Esto de aquí ─se apresuró a decir, apuntando con el dedo índice sobre el menú.
─Buena elección señor ¿y usted señor? ─le preguntó a Kenny.
─Tomaré lo mismo que él.
─De acuerdo ─dijo retirando los menús. Fue a retirar el jarrón pero el pelicastaño se lo impidió, poniéndole la mano sobre el brazo.
─Déjela ahí. No nos molesta ─le hizo saber haciendo el mismo hacia un lado la rosa para que no se la llevase el camarero.
─Como quiera, señor ─se disculpó, haciendo una reverencia antes de irse.
"Que ese cretino no vaya a hacer lo que estoy pensando", pensaba Kai mientras observaba a ese pelicastaño detrás de Takao.
Kenny por su parte cogió la rosa y se la alargó a Takao–. Toma, antes te gustaban ─le decía al tiempo que esperaba que el peliazul la aceptase.
─¡Por favor! ─bramó Kai enfurecido por la escena.
El peliazul al escuchar esa voz se alarmó, pero aun así intentó comportarse con naturalidad–. Gracias, es preciosa ─la aceptó y la dejó sobre la mesa. "Esa ha sido la clara voz de Kai. ¿Pero donde esta? Delante no." ¿Has visto que lámparas más bonitas tienen aquí? ─preguntó mirando hacia arriba "Ahí tampoco está".
─Oh pues ahora que lo dices, no me había dado cuenta ─decía al tiempo que el peliazul aprovechaba para mirar bajo la mesa.
"Aquí tampoco está", pensaba, volviéndose a sentar con normalidad. "Entonces eso quiere decir que estará a mi espalda", se dio media vuelta, pero ahí no había nada, salvo la gente que ya estaba cenando tranquilamente.
─Takao, ¿buscas a alguien? ─le preguntó con curiosidad el pelicastaño
"Quizás ha sido cosa de mi imaginación", pensaba dándose la vuelta–. No es solo que… ─el bicolor estaba junto al pelicastaño, lo miraba de bien cerca–. Había escuchado un ruido, la cocina seguramente ─decidió terminar la frase de alguna forma.
─Jajaja, tu como siempre tan curioso, Takao.
─No es eso idiota, me buscaba a mi ─decía Kai, estudiando a ese joven─ ¿Tiene ojos?
─¿Qué haces aquí? ─le preguntó el peliazul confuso.
─Ya te lo he dicho antes, he venido por asuntos de trabajo ─repitió Kenny.
─Oh ¡jeje! Se me había olvidado que ya lo habías mencionado ─se disculpó, esperando la explicación del fantasma, mientras jugaba con la servilleta sin dejar de mirarla.
─No podía dejarte solo. Los lunáticos como estos suelen ser peligrosos. ¿Quién es?
─Eso no importa ─susurró de forma imperceptible.
─Pues éste está intentando algo contigo y es muy directo, no se corta ni un pelo.
─Kenny, ahora vuelvo. Tengo que ir al servicio ─se excusó poniéndose en pie.
─Aquí te espero ─mencionó con gracia.
Empezó a caminar hacia las puertas correderas del servicio, abriéndolas a su paso. Allí había un pasillo bastante ancho, dos puertas frente a él, una para el servicio de los hombres y la otra para el de las mujeres. Y a su izquierda unas escaleras. Ahora mismo donde se encontraba parecía no haber nadie, así que se limitó a empezar a hablar.
─Kai, tienes que irte ─le pidió al tiempo que este aparecía frente a él.
─No me iré hasta que no me expliques quien es ese.
─Es como una especie de amigo del pasado.
─¿Y qué haces cenando con él?
─Eso no te incumbe.
Silenció unos segundos–. Mph. Puede que tú lo veas como un amigo de la infancia, pero él no te ve así. Y no me refiero con eso a que no tenga ojos por ese flequillo tan vasto que tiene.
─¿Qué quieres decir?
─Oh, vamos. Es demasiado evidente. No se te ha tirado al cuello ya, porque hay mucha gente aquí. Toma la rosa. ¿Estás casado? Los años te han vuelto más atractivo de lo que eras… intenta ligar contigo. ¿No lo ves? ─le explicó con evidencia, tras haberle imitado de forma graciosa.
─¿Estás celoso? ─se atrevió a preguntar.
─¿Eh?─ esa pregunta le había pillado desprevenido.
─Tranquilo, no te preocupes, puedo arreglármelas solito. Así que vuelve a casa.
Se cruzó de brazos–. Ni hablar.
─Kai, no me lo pongas más difícil.
─Como intente pasarse de la raya…
─No se te ocurra hacer nada ─fue lo último que dijo antes de verlo desaparecer–. Kai ─le llamó pero no volvió a aparecer– ¡Mierda! ─masculló
Abrió las puertas y salió de nuevo a ese inmenso comedor, donde le esperaba un ansioso Kenny y un bicolor que no le quitaba la vista a este.
─Que no vaya a peor ─susurró esperanzado, antes de sentarse en la silla, ofreciéndole una sonrisa al de pelo castaño–. Siento haberte hecho esperar─ se disculpó tomando asiento frente a él.
─No importa ─le restó importancia–. El camarero ha tenido la gentileza de poner sobre la mesa este vino. Chateau del 45 ─leyó tomando la botella en la mano.
─Los camareros no tienen gentileza. Si tú le pides el vino, te lo dan ─decía Kai intentando contener su rabia.
─¿Te sirvo un poco? ─preguntó Kenny acercando el cuello de la botella a la copa del peliazul para servirle.
─No bebo vino ─dijo retirándole la copa para que no le sirviera.
─Oh. ¿Es por la medicación?
─Él no toma ninguna medicación ─afirmaba el bicolor acercando su cara a la mejilla derecha de ese extraño para él.
¿Qué se suponía que debía de contestar Takao? Hacía mucho tiempo, años. Que no tomaba ninguna pastilla. Pero ¿sería adecuado hacérselo saber a su acompañante?
─Sí, es por eso, además, no me gusta el vino. Prefiero el agua.
─Oh, ya veo ─decía a la vez que se servía el mismo en su copa.
─¿Y ahora qué? Tu plan se ha ido a la cuneta ─decía el fantasma orgulloso, viendo beber a su enemigo un poco de vino.
Takao lo miraba de vez en cuando. No comprendía porque el fantasma estaba comportándose así.
El camarero llegó con los platos y los dejó en sus respectivos sitios. El peliazul cogió ambos cubiertos y se dispuso a pinchar sobre la carne. Tenía una pinta excelente. Procedió a hacerle el primer corte, cuando escuchó la risa del que tenía enfrente.
─¿De qué te ríes? ─le preguntó el peliazul echándose ese trozo de carne a la boca.
─No puedo creerlo, aun siguen teniendo ese tic en el ojo. Jajaja.
El menor soltó el tenedor de golpe sobre la mesa para llevarse la mano a la cara, cerca del ojo, he intentar ocultarlo de alguna forma.
Kai miró a Takao. Este parecía sentirse avergonzado por su tic y el otro se estaba riendo de ello en su propia cara. Takao apartó la mirada hacia otras mesas para ver si alguien más se había dado cuenta de ello, mientras el de pelo castaño seguía riéndose sin parar.
Kai frunció el ceño─ ¡Te vas a enterar!
Un camarero llevaba un plato de sopa caliente en una bandeja. Aprovechando que pasaba bastante cerca de ese individuo, le tiró el plato de sopa encima de la cabeza.
Takao vio como claramente la bandeja se volcaba hacia abajo, cayendo en la cabeza del pelicastaño.
Por su parte, Kenny gritó cuando vio como algo liquido y caliente le caía por la cabeza, empapándolo completamente. Como si en la silla hubiese tenido una chincheta, se puso de pie─ ¡Quema! ¡Quema! ─se quejó mientras se intentaba separar en vano la ropa del cuerpo para evitar que así le siguiese quemando la piel.
El camarero rápidamente dejó caer la bandeja al suelo y cogió de su cintura un paño que llevaba amarrado–. Deje que le seque ─dijo al tiempo que intentaba secarle con el paño la camisa.
─¡No haga eso! ¡Me quema más! ─gritaba al tiempo que intentaba quitarle al camarero el paño. Algunas personas miraban intrigadas la escena, otras intentaban aguantarse las risas─ ¡No me toque más! ─se quejó el joven quitándole por fin el paño al camarero.
─Lo siento, señor. No sé cómo ha podido ocurrir. Le traeré de nuevo su plato ─se disculpaba cogiendo el plato que hacía unos minutos le había servido el otro camarero y el cual ahora estaba mojado por la sopa. Recogió también del suelo el plato ahora roto en tres trozos y lo puso encima de la bandeja. Se puso de pie y caminó por el pasillo para dirigirse a la cocina.
Takao estaba boquiabierto. No esperaba que el fantasma fuese a hacer algo así─ ¿Estás bien, Kenny? ─le preguntó
─¿Y ahora quien es el que se ríe? ─decía Kai con una sonrisa desafiante sin dejar de ver el ridículo que estaba haciendo el joven desconocido.
Kenny se sacudió la ropa y miró a su alrededor. La gente cuchicheaba mientras le miraban–. Voy a secarme un poco, ahora vengo ─dijo con cara de pocos amigos dirigiéndose al servicio.
El peliazul miró al fantasma. Se llevó la servilleta a la boca con discreción–. Te has pasado.
─Él era el que se estaba pasando contigo. Yo solo le he dado parte de lo que se merecía─ se cruzó de brazos, seguro de sus palabras.
─¿Parte? Kai, te lo pido por favor. No vuelvas a hacer nada más. Quiero cenar tranquilamente. Sin llamar la atención. Además, es muy importante que todo salga bien con él.
─Mph –bufó.
─Por favor ─le volvió a pedir.
─Sólo si se comporta. Y ahora cena o si no se te va a enfriar como tengas que esperar a que ese idiota regrese.
El moreno de piel le hizo caso a Kai. Tenía hambre después de todo. Y la verdad es que con Kenny enfrente no podía comportarse con naturalidad aunque lo intentase. Agradecía en el fondo lo que el fantasma había hecho por él. Pero con Kenny no se podía permitir ciertas cosas.
&&&Kai&Takao&&&
Su plato estaba casi acabado y el otro joven aun no había vuelto del servicio. Un profundo olor a sopa le despertó los sentidos. Alguien pasó por su lado con rapidez y no se equivocó al pensar que se trataba de Kenny.
─Lamento la tardanza ─se disculpó tomando asiento un poco más tranquilo.
─Tranquilo ─le disculpó.
Kai miró al chico sin ojos. Levantó su mano a la altura de la nariz para empezar a moverla de izquierda a derecha─. Parece que alguien apesta a sopa ─se burló–. Ha debido de secarse la cabeza y la camisa en el seca manos del servicio.
Al tomar asiento, miró su plato de comida. Empezó a comer sin perder más tiempo. Takao miró la parte positiva de todo eso. Al menos mientras comía, este no estaría hablando.
─Mastica como un cerdo ─decía el fantasma observándolo detenidamente.
El peliazul bebió un poco de agua de su copa y después se limpió con la servilleta los labios. Miró a su alrededor. Todo parecía ser como antes. Las personas iban a lo suyo y ya no les miraban.
Kenny miraba a Takao. El modo en el que el peliazul bebía agua era tan sumamente cuidadoso. "Espero no haber hecho mucho el ridículo delante de él. Estúpido camarero, por su culpa he tenido que meter la cabeza bajo el grifo y secármela bajo el seca manos, al igual que mi camisa. Menos mal que siempre llevo en mi billetera un peine para estas ocasiones. Si no ahora tendría los cabellos totalmente despeinados. He perdido un tiempo valiosísimo en el cuarto de baño. Pero al menos he podido descubrir algunas cosas sobre Takao. Esta noche presiento que va a ser especial. Mi plan de pretender emborracharlo con vino no ha funcionado. Así que tendré que ver cómo me las ingenio para intentar convencerle de que si se queda conmigo, no le defraudaré". Pensaba mientras seguía cenando. Podía ver como el camarero asignado a su mesa le retiraba el plato vacío al moreno de piel y le dejaba sobre la mesa el segundo plato de la noche–. Puede llevarse también el mío ─finalizó limpiándose con su servilleta la boca. El camarero asintió y dejó el segundo plato de Kenny en la mesa para retirar el primero.
─Me encantan los ravioles ─comentó el peliazul más animado.
─¿En serio? ─preguntó el otro interesado.
&&&Kai&Takao&&&
La velada estaba siendo ya más tranquila. Estaban esperando el postre desde hacía un rato.
─Dime Takao. ¿Sigues escuchando esas voces? ─preguntó sin rodeos.
─No ─contestó tajante, aunque no se esperaba esa pregunta tras unas conversaciones normales ¿Es que iban a hablar toda la noche acerca de su pasado?– Kenny. No me gusta hablar de mi pasado. Mejor dime qué es eso tan importante que querías decirme y que no podía ser por teléfono. Por tu insistencia, debía de ser algo muy importante.
─Verás ─dijo poniendo su mejor sonrisa, apoyando los codos en la mesa–. Nunca he podido olvidarte. Me he sentido algo solo sin ti, en el centro ─llevó su mano relajadamente hasta su mentón para apoyar la cabeza en la mano–. No pasaba ni un solo día sin que me preguntase que había pasado contigo. Dónde estabas, que era de ti.
─Pues ya ves que me encuentro perfectamente. Soy una persona normal.
─No lo pongo en duda. Siempre me has parecido un chico de lo más normal. De hecho me hubiese encantado jugar contigo. Pero mi padre no me lo permitía entonces.
─¿Te permite ahora acercarte a mí?
─Ya soy mayor de edad. Por lo tanto no tengo que obedecer órdenes de nadie. Hago lo que quiero y cuando quiero. Si en esa época hubiese sido igual que ahora, no hubiese dudado en estar contigo.
─Supongo que es bueno saberlo ─sonrió–. Pero hay algo más, ¿verdad? ─preguntaba bajo la atenta mirada del fantasma.
─Pues lo cierto es que antes que nada tengo ciertas dudas sobre ti. Como por ejemplo. ¿Cómo no estás casado? ¿No tienes pareja?
─No. Me gusta estar solo ─contestó tajante.
─¿De verdad? Me cuesta creerlo. Y más me cuesta creer que ningún chico/a se haya acercado a ti en todos estos años.
─Pues, no es que no lo hayan hecho, pero a mí me gusta mi libertad. Así que ya sabes, he ido rechazando a las chicas. Al final uno nunca tiene tiempo para sí mismo─ ¿Qué podía decir? Que no se atrevía a salir con nadie ¿por miedo al rechazo? ¿Qué con toda persona que había intentado hacerse su amigo pensaban que era un friki?
─ Eres realmente enigmático ─decía mordiéndose el labio inferior.
─¿Y qué hay de ti? ─se atrevió a darle la vuelta a la conversación.
─Pues en todos estos años solo he tenido ojos para una persona. Cuando era pequeño le separaron de mi lado y por azares del destino le he vuelto a encontrar.
─¿Ah, sí? Qué bien.
─Sí. No ha sido fácil encontrarle. Pero no tengo nada que perder así que me atreveré a confesarle mis sentimientos.
─Entonces has tenido suerte.
─Sí. El seguramente tampoco me ha podido olvidar. Estábamos unidos. Es un chico muy atractivo y especial.
Kai lo miraba a medida que iban hablando. Le estaba tirando los tejos a Takao y este no se daba ni cuenta. Solo por la promesa que le había hecho al peliazul de no interferir más, dejaría que todo transcurriese con normalidad. Solo hasta que no viese algo que le hiciese enfurecer. Ahí entonces tendría que dejar claras un par de cosas.
─¿Especial? Vaya, no todo el mundo puede describirse con esas palabras.
─Especial en el buen sentido de la palabra. El siempre ha estado solo, aun recuerdo como hacía votar su pelota contra la pared, siempre con una sonrisa en los labios. Siempre tenía una imaginación desbordante y paseaba por el patio hablando con su amigo imaginario ─vio que la mano del menor estaba sobre la mesa. Era el momento de aprovechar esa oportunidad. Dejó una de sus manos también sobre la mesa a la vez que seguía hablando y fue arrastrándola hacia delante, buscando así la mano de Takao con disimulo. Kai se puso en alerta cuando veía lo que ese desgraciado intentaba hacer.
─Quizás él me dé una oportunidad─ puso su mano con suavidad sobre la del peliazul–. Esta noche –finalizó.
─¿Esta noche? ─le preguntó poniéndose nervioso. Sabía que Kenny siempre había sido un pesado pero jamás imaginaba que todo eso era porque estaba enamorado de él. Con razón todo lo que iba contándole le estaba recordando a su infancia. ¡Es que estaba hablando de él!
─Takao, te he estado buscando desde hace mucho tiempo. Y ahora que por fin te he encontrado, no me gustaría perderte otra vez ─confesó─ ¿Cuál es tu respuesta? ─le preguntó interesado, pero con palabras sedosas.
─Yo… retiró la mano poco a poco, dejándola libre totalmente. Miró el mantel blanco de la mesa, mientras silenciaba unos segundos. Podía escuchar el sonido del violín. Fue en ese momento cuando la mesa como si hubiese sido empujada por alguien, volcó hacia un lado. Recapacitó unos segundos tras el susto. Había sido igual que en su visión. Las personas que cenaban tranquilamente, dejaron de nuevo de hacerlo para centrar de nuevo toda su atención a la mesa de antes.
─¿Estás bien? ─le preguntó Kenny poniéndose en pie.
─Sí ─miró a Kai unos segundos para comprobar que este efectivamente estaba enfadado. Regresó su vista al pelicastaño–. Estoy bien.
─No me explico que ha podido pasar─ decía el pelicastaño viendo las copas y la botella de cristal totalmente rotas, el suelo mojado por el vino y el agua, las servilletas mojadas y los cubiertos tirados por el suelo.
─Yo sí ─respiró hondo, mientras se ponía en pie–. Un fuerte calambre en mi pierna. Lo siento. Suele sucederme. Es como un tic que no puedo controlar. Aparece cuando menos me lo espero.
─Entiendo. No tiene importancia ─le sonrió.
─Lo siento. Tengo que irme.
─Pero si aún nos queda el postre ─le recordó.
─Escucha Kenny. Nunca me has gustado. Nunca me he planteado ser algo más que un siempre "amigo" para ti. Me gusta estar solo y no pretendo que eso cambie. ¿Vale? Si lo que pretendías era conquistarme. No deberías seguir con ello porque no lo conseguirás ─le aclaró de forma pausada y tranquila.
─¿Me estás rechazando?
─Me temo que sí. Adiós Kenny ─fue lo último que le dijo antes de darse la vuelta para empezar a caminar.
El pelicastaño vio al otro salir por la puerta del local, sus piernas simplemente se dejaron caer hacia la silla en la que antes estaba sentado, pero no espero que ésta se echase hacia atrás y cayera al suelo.
Algunas carcajadas se escucharon y varios camareros se acercaron hasta la mesa para poder ponerla en pie. Ahora se sentía totalmente abochornado.
&&&Kai&Takao&&&
Takao caminaba todo lo deprisa que podía por la calle. No quería escuchar a nadie, necesitaba estar solo.
─¿Por qué tanta prisa? ─preguntó el bicolor siguiéndole por detrás. El peliazul solo permanecía cabizbajo y decidió meterse en un callejón que hacía esquina.
─¡Estarás contento! ¡Lo has arruinado todo! ─le anunció mirando al suelo con una notable voz mezcla de tristeza y algo de seriedad.
─No ha sido para tanto ─le restó importancia.
Le miró de lo más serio─ ¿¡Qué no ha sido para tanto! ¡Me has hecho quedar en ridículo delante de mucha gente! ¡Todos me miraban! ¿¡Por qué has tenido que tirar la mesa!
─Porque ese no tenía buenas intenciones ─le especificó.
─Siento ser algo lento de reflejos para estas cosas ─se echó una mano a la cabeza–. Ahora las cosas irán a peor.
─No creo que ese Kenny sea tan importante.
─Que sabrás tú de mi vida.
─Pues no creo que sea tan mala.
─No lo crees. ¡Je! Eso es porque no sabes nada de mí. Solo él cree que me conoce.
─¿Por qué no me lo cuentas? ─le pidió.
─Me voy a casa ─dijo traspasándole.
El bicolor se dio media vuelta, viendo como el peliazul caminaba con pasos firmes–. No puede ser tan malo.
Takao se detuvo de repente al escuchar esas palabras. Apretó los puños para intentar contener su rabia al pensar en su vida. Para sorpresa del bicolor se encaró a él con una mirada indescriptible.
─Tienes razón. Perdí a mis padres y a mi hermano en un accidente de coche cuando era pequeño. Mi abuelo se quedó conmigo. Meses más tarde murió mi abuelo de un ataque al corazón. Pase a ser un niño en adopción. Diez familias intentaron hacerse cargo de mí, pero nadie aceptaba a un niño rarito que asustaba a los demás con cosas que podía ver. Los siguientes años de mi vida estuve encerrado en un sanatorio mental para poder "curarme de mi enfermedad". El único amigo que pude hacer allí era un fantasma. No podían verme hablar solo porque "escuchaba voces en mi cabeza". Me tomaron por loco. Todos, incluso Kenny lo creía. Me observaba detenidamente para seguir estudiándome, tal y como hacía su padre. Me encerraban en cuartos oscuros, me ataban a la camilla cuando no quería aceptar la medicación que me daban ─sintió como una lágrima caliente corrió por su mejilla, pero eso poco le importó–. Cuando por fin me declararon una persona cuerda, huí de ahí tan lejos como pude. Me fue casi imposible encontrar un sitio en el cual poder vivir sin que se encontrase dentro un maldito fantasma que me recordase lo infeliz que soy cada día que paso. Toda la gente se ríe al ver pasar a un friki como yo, alguien que no puede evitar limpiar la sangre de su escritorio en el trabajo. ¡Sangre que ellos jamás podrán ver! Me veo obligado a llevar gafas oscuras al trabajo, y aunque este anocheciendo para evitar que se fijen en mi tic, lo cual para los demás es algo extraño. ─Ya no podía controlar más la rabia que guardaba dentro─ ¡Siempre me he preguntado! ¿¡Por qué yo! ¿¡Por qué yo puedo ver algo que los demás no!... Snif… ¿¡Por qué no puedo deshacerme de esta maldición que me persigue desde ese accidente! ¡Si pudiese cambiar mi pasado, mi vida y lo que soy por alguna sola de esas personas, lo haría sin pensármelo! ─suspiró más desahogado. Le señaló con el dedo–. Así que no vuelvas a decirme que mi vida no puede ser tan mala. Porque no tienes ni idea –sentenció.
El bicolor permaneció con la boca abierta, tanto como con los ojos abiertos. Estaba claro que la vida de Takao había sido mucho más difícil de lo que él jamás habría pensado.
─Yo… ─intentaba buscar las palabras adecuadas, pero tenía claro que debía disculparse con él.
Se dio media vuelta para intentar huir de allí–. Dejadme todos en paz ─pidió en un tono cansado. Estaba por salir de la esquina del callejón cuando se cruzó de frente con Kenny.
─Takao, menos mal que te he encontrado ─decía respirando agitadamente.
─Creía que aun estarías en el restaurante.
─He pagado la cena y he salido a buscarte ─sonrió, aunque con falta de aire─ ¿Te ha molestado algo que te dijera en el restaurante? Si es así, lo siento, no volverá a repetirse.
─Kenny. Creo que te he dejado bastante claro en el restaurante que yo no…
─Pero podríamos intentarlo. Solo para probar y luego ya veremos. Con el tiempo ya verás cómo me aceptas.
─No es sólo por eso.
─¿Y entonces por qué es?
─Nunca me creíste.
─¿A qué te refieres? ¿A lo de las voces?
─No eran voces. Eran… fantasmas.
─¿Otra vez con eso? Dime. ¿Cuánto hace que no te tomas la medicación?
─¿Lo ves? Nunca me has creído, y nunca lo harás.
Kai se puso al lado de Takao─ ¿Qué te apuestas a que ahora lo hace?
─Pero eso es… ¡ah! ─gritó al ver a una persona pálida al lado de Takao. Vio como este claramente estiraba la mano y a continuación sintió como su cuerpo salió despedido hacia la pared, dándose un fuerte golpe en la espalda. Por algún motivo no se podía mover.
─Kai, déjale ─le pidió mirándole.
─Aún no ─dijo antes de empezar a levitar hacia Kenny. Se puso frente a este.
Kenny miró hacia el suelo, estaba a una altura considerable del suelo. Sus manos y sus piernas estaban abiertas en cruz, no podía moverse de ahí– ¡No me hagas daño! ─pidió echándose a llorar.
─¡Kai, bájale! Te lo ruego ─pedía el peliazul angustiado.
─Ahora tú también puedes verme. Escúchame bien porque solo te diré esto una vez. Olvídate de Takao. Vuelve a tu casa y no le cuentes esto jamás a nadie. Ni siquiera a tu padre ¿lo has entendido? ─vio que asintió con nerviosismo–. Bien. Ahora corre tan rápido como puedas, por que como te de alcance… ─llevó su dedo índice al cuello y se lo paso por debajo de la barbilla de izquierda a derecha.
En un flash apareció junto a Takao. Empezó a bajar al otro lentamente hasta que sus pies tocaran el suelo.
─Siempre nos dijiste la verdad. Que equivocados estábamos contigo. Lo siento ─se disculpó Kenny totalmente asustado, pero reconociendo la verdad ante sus ojos.
─El daño ya está hecho ─contestó Kai–. Ahora esfúmate, antes de que cambie de opinión.
El pelicastaño se dispuso a andar pero la voz de Takao le detuvo.
─Kenny, gracias por disculparte y por favor, no cuentes esto a nadie.
El joven asintió y empezó a correr para alejarse de ahí, tal y como el fantasma le había pedido.
─No volverá a molestarte ─dijo mirándole con inseguridad ante la mirada de dureza que el otro le enviaba.
─Volvamos a casa ─fue lo único que dijo antes de echar a andar, seguido por el fantasma.
&&&Kai&Takao&&&
Kai observaba en silencio al menor. No se atrevía a hablarle desde anoche. Hoy no había ido a trabajar. No sabía el porqué. Pero seguramente se sentía muy mal por lo de anoche.
Ahora veía claramente como su amigo Max llevaba razón en lo que le dijo acerca del peliazul. Se notaba que tenía más experiencia en todo que él. Sus palabras siempre eran certeras.
Sí. Max no se equivocó al decir que Takao seguramente se sentiría solo, angustiado por tener la vida que llevaba. Él en ese momento no le dio tanta importancia a esas palabras. Pero después de lo de anoche, después de saber cosas de su pasado, se sentía fatal consigo mismo.
Veía como Takao pasaba un trapo por la tele. Llevaba toda la mañana limpiando la casa, pero en silencio, como si nadie estuviese con él.
─Takao ─se decidió a llamarle–. No me hables si no quieres. Pero escúchame. ─No sabía muy bien como debía de continuar, pero estaba claro que desde ayer por la noche, tras ese incidente, le quería pedir perdón─. Siento lo que te dije anoche. Aunque finalmente lo hice, no era mi intención herirte. Yo solo quería protegerte. Aunque siempre que intento proteger a alguien, todo me sale al revés. Supongo que es como una especie de castigo. Así que si me lo pides. Me iré de que aquí y te dejaré en paz para siempre.
El menor al escuchar esas palabras soltó el trapo sobre la tele y se dio la vuelta, ya que antes le estaba dando la espalda─ ¿Has terminado ya? ─vio que el mayor asintió–. Está bien. Lo he estado pensando. Fuiste un irresponsable, no te importó el hecho de que pudiesen descubrirme. Te pedí que te quedaras aquí y no lo hiciste ─se detuvo unos segundos para después continuar–. Por otro lado. Yo debí de haberte contado la verdad. Creo que así me hubiese ahorrado todo ese desastre. No es que pretendiese ocultarlo. Bueno puede que sí ─reconoció–. Pero mi pasado es algo muy doloroso, me hace daño el recordarlo y no es algo que deba de pregonar por ahí.
─Lo entiendo ─pudo decir antes de ver como Takao le pedía que se callase al estirar su brazo, abriendo la palma de su mano.
─No he terminado. Por otro lado. Dejarte mostrar ante cualquier otra persona, solo para demostrar que no mentía… eso fue muy valiente por tu parte. Creo que pocos fantasmas se atreven a hacer eso. Gracias.
─Tú no eres ningún mentiroso. Solo quería dejárselo claro y si hiciese falta hacerlo frente a más personas, no me importaría.
─No será necesario ─advirtió–. Pero, gracias.
─Takao. El hecho de que puedas vernos, sé que es algo duro. Pero, si necesitas mi ayuda, no dudes en pedírmela. Puedes contarme todo aquello que te angustie. Puedes llorar cuando lo necesites, no me reiré.
─Lo único que te pido es que no me tengas compasión por mi pasado. Eso no lo soportaría ─contestó, abrazándose a sí mismo.
─No lo hago, ni lo haré.
─Bien ─medio sonrió.
─Takao. Tengo que decirte algo más.
─¿De qué se trata? ─preguntó curioso.
─Será mejor que te sientes en el sofá ─le pidió amablemente.
Takao caminó hacia el sofá y se sentó en él como Kai le había pedido─ ¿Tan importante es?
Asintió–. No sé cómo te lo vas a tomar. Pero tarde o temprano te vas a enterar ─podía ver la impaciencia del otro reflejado en sus ojos, así que no daría más rodeos–. Tú me gustas. Es algo más que eso, es… te quiero.
El peliazul se quedó boquiabierto tras esas palabras, se dejó caer hacia atrás, chocando con el respaldo del sofá.
─Sé lo que estás pensando, que probablemente esté confundido, pero no es así.
─Pero, es algo imposible. Kai, se supone que no tenéis sentimientos tras la muerte, excepto los últimos sentimientos que guardasteis en vida.
─Eso mismo es lo que me dijo Max. Pero si alguien se acerca a ti, me siento celoso. Constantemente tengo ganas de protegerte y me gusta verte enfadado, verte reír, verte dormir…
─No me digas que la razón por la que no cruzaste la luz, ¿era por mí?
─Así es –confesó.
─Pero desde un principio, tú estabas aquí por Yuriy, no por mí.
─Lo sé, pero poco a poco mis sentimientos fueron cambiando, no sé ni cómo. Es difícil de explicar.
─Kai ─silenció unos segundos–. Estás muerto ─le recordó con palabras suaves–. Yo… ─se llevó las manos a la cara para taparse los ojos. Tras unos segundos, se las quitó para poder hablar–. No me puedes hacer esto. No puedes enamorarte de mí. Somos de mundos diferentes y aunque nos hubiésemos conocido en otras circunstancias, lo nuestro no podría funcionar ─le decía afligido–. Yo no puedo llevar una vida normal.
─Pero yo conozco tu mundo, mi mundo. ¿Quién mejor que yo para comprenderte? ─le preguntó el bicolor guardando una esperanza.
─Kai, apenas nos conocemos. No sabemos nada el uno del otro y… ¿Cómo se supone que íbamos a hacer todas esas cosas que los demás pueden hacer? Ni siquiera puedo tocarte sin sentir un escalofrío. Sin… ─no quería decirlo para no herir más los sentimientos de Kai, pero al parecer este lo entendió en el momento.
─Traspasarme ─finalizó la frase que Takao no pudo. El fantasma se puso cabizbajo al escuchar todas esas palabras–. La realidad es que tú estás vivo y yo estoy muerto.
─Lo siento ─se disculpó, quizás sus palabras le habían hecho más daño del que se imaginaba.
─No te disculpes por decir la verdad ─dicho esto desapareció.
─Kai ─le llamó, pero este no apareció– ¡Kai, espera, vuelve! ─le pidió en vano. Cerró los ojos con fuerza. ¿Por qué sus propias palabras le causaban dolor a él mismo? ¿Por qué el destino se ensañaba con él de esa manera? ¿Acaso su destino era el siempre estar solo?
&&&Kai&Takao&&&
Abrió la puerta de su piso y la cerró tras de sí. Se dejó caer en el sofá tras un día agotador en el trabajo. Llevaba días sin saber de Kai y eso le estaba preocupando. Realmente Kai debía de estar dolido por aquellas palabras. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? El era ahora un mortal y Kai un fantasma, no había manera de tener ningún tipo de relación con él que no fuera la de amistad.
"Quizás si nos hubiésemos conocido en otras circunstancias…", pensaba mirando al techo de la habitación. "Esto es de locos, desde que Kai se me declaró he sentido como si yo también sintiese lo mismo por él. Pero es que es algo que está completamente fuera de mi alcance y del suyo. Además, ni siquiera tendría que estar pensando en él en estos momentos." Sonrió. "¿A quién pretendo engañar? Le echo de menos y sé que nada malo puedo ocurrirle porque es un fantasma, pero aun así no puedo evitar el preocuparme por él. No sé donde está y al cementerio no me atrevo a ir. Pero es la única solución que se me ocurre, quizás esté allí. Buscaré su tumba y miraré los alrededores. Será una forma de asegurarme", con decisión se puso de pie y salió de su casa para irse al cementerio.
&&&Kai&Takao&&&
Miraba los nombres de las tumbas, lápida por lápida. Claro está que primero visitó la de su familia. Le entristecía estar ahí, pero es que era la única forma de que ese desasosiego que sentía se calmase. Los fantasmas estaban por todos lados, algunos sentados en sus tumbas y otros paseando. Los niños jugaban. Como siempre, el cementerio era un sitio activo. Por fin, encontró lo que andaba buscando.
─Es aquí ─susurró al ver el nombre y los apellidos de Kai. Miró a su alrededor y bajó la cabeza. Él no estaba ahí. Por inercia miró el nombre que estaba grabada en la lápida de al lado–. Max Mizuhara. Max ─se repitió así mismo. Recordó que Kai alguna vez había nombrado a un tal Max, quizás el sabía dónde estaba Kai. ¿Pero cómo saber quién era? Se le ocurrió una idea, quizás funcionase aunque no le gustaría la sensación que sentiría después, pero tenía que intentarlo.
Llevó su mano hasta las letras grabadas y la paseó por encima de las letras, como si diese una suave caricia sobre la inscripción. Finalmente dejó la palma de la mano caer sobre ella.
Una imagen le azotó la cabeza. Vio como una mujer con un vestido de época se acercaba a un hombre con la vestimenta del mismo estilo. Los dos se juraban amor eterno. A un lado había un chico rubio de ojos azules bastante joven que vestía un pijama de hospital y que los observaba con detenimiento, sentado bajo la sombra de un árbol. La imagen desapareció de su cabeza, dejándole algo aturdido. Apoyó también la otra mano en la lápida para poder sujetarse. Cuando sintió que se le pasó el mareo se incorporó y se cruzó de brazos. Vio a esos tres fantasmas en su visión, ¿pero dónde estaban?
Cerró los ojos para intentar recordar la imagen. Había árboles, un muro de piedra al fondo y hierba. Abrió los ojos y empezó a caminar. No estaba muy seguro, pero si lo que pensaba era cierto, Max no estaría muy lejos de ahí.
&&&Kai&Takao&&&
─Mi corazón te pertenecerá por siempre, mi amada ─decía el hombre abrazando a la mujer.
─Y ahora márchate por favor, él vendrá en cualquier momento ─le rogaba la mujer mirándole a los ojos.
Max sonreía, esa escena le encantaba.
Takao apareció de entre los árboles, y vio la escena que tan claramente había visto en su visión. Se fijó en el chico rubio, ese seguramente debía de ser Max. ¿Pero cómo llamarle la atención sin que los otros dos se dieran cuenta?
Max sintió unos pasos acercarse hasta él. No le sorprendió, ya que siempre los vivos caminaban por ahí de vez en cuando. Pero alguien concretamente parecía ponerse delante de él para impedir que viera la escena de esos amantes. Miró hacia arriba para ver quien le molestaba.
─Vaya, este roble ha de ser muy viejo ─dijo Takao tocando la madera del árbol una y otra vez.
─El chico ─pronunció el rubio sonriente.
─Anda. Y sus pies parecen ser fuertes ─dijo agachándose a la altura del otro fantasma─ ¿Max? ─le preguntó susurrándole
─Caray, sabes mi nombre. ¿Cómo es eso posible? ¿Nos conocíamos de antes? ─le preguntó en el mismo tono.
─No, pero necesito que vengas conmigo, a un lugar en el que estemos totalmente solos.
Asintió–. Sígueme, conozco el lugar perfecto ─le indicó poniéndose en pie.
Takao siguió discretamente a Max, como si estuviese dando un paseo. Éste le condujo hasta la parte trasera del cementerio, donde había algún que otro árbol.
─Aquí estará bien ─indicó Max─ ¿Cómo sabías donde encontrarme? ¿Y cómo sabías que era yo?
─No lo sabía con certeza. Digamos que ha sido un golpe de suerte. Bueno, conoces a Kai Hiwatari, ¿no?
─Claro, es mi compañero de tumba.
─Ya ─le pareció rara esa expresión, pero imaginó que lo decía porque sus tumbas estaban pegadas–. Bueno, me preguntaba si no le has visto estos días por aquí.
─No, si estaba contigo –sonrió.
─¿Sabes mi secreto?
─Claro, él me lo contó, es más, yo le di la información a él de que tu podías vernos a nosotros. Además, de no haber sabido que podías vernos, ahora mismo te hubieses delatado –concluyó.
El peliazul cayó en la cuenta de que ese fantasma tenía razón. Pero recapacitó en esas palabras─ ¿Se lo has dicho a más fantasmas?
─No. Sólo lo sabemos Kai y yo. Puedes estar tranquilo ─le indicó.
─¿Tienes idea de adonde puede haber ido Kai? No sé, algún lugar favorito o algún lugar que te haya nombrado alguna vez, me sería de ayuda.
─No, nunca me dijo nada. Él es un poco solitario. ¿Ha ocurrido algo entre vosotros? ¿Os habéis peleado?
─Bueno, no exactamente ─desvió la mirada.
─Oh, ya lo entiendo. Él te confesó sus sentimientos.
Regresó la vista al fantasma─ ¿Cómo lo sabes? ¿Sabías que Kai…?
─Sí, me pidió consejo.
─¿Y qué le dijiste? ─preguntó nervioso.
─Le dije que cuanto antes te lo dijese, mejor.
─Ah ─contestó mirando al suelo. Ya que por su culpa, Kai había desaparecido.
─No te preocupes. Él volverá a tu lado ─le animó al ver como el chico esta cabizbajo, seguramente por su situación con Kai.
─¿Cómo estás tan seguro? Llevó varios días sin saber nada de él. Y me tiene preocupado ─confesó cabizbajo.
─Confía en mí, el amor no tiene fronteras, y si dice que te quiere realmente, lo hará. Solo es que necesitará tiempo para pensar, eso es todo. Alguna vez a todos nos ha pasado. Yo veo dos posibles soluciones. Que vuelva para quedarse, o para irse definitivamente. Aunque esta última opción puede cambiar solo si tú quieres.
─Entiendo ─levantó la cabeza para mirarle a los ojos–. Intentaré estar preparado. Gracias por todo y por favor, si vuelve aquí, avísame de alguna forma.
─Yo no dejo el cementerio ─le hizo saber.
─Entonces solo tendrás que aparecer en mis sueños.
─¿Eso te parecería bien?
─Sueño con fantasmas todas las noches. Porque uno más aparezca dándome buenas noticias para variar, no pasará nada.
─Comprendo ─sonrió.
─Bien. Adiós ─fue a caminar pero la voz del rubio le detuvo.
─Soportas más carga de la que parece. Eres realmente increíble, de una fortaleza indescriptible. Eres admirable, Takao. Cuando Kai regrese, me gustaría tener una visita de vuestra parte.
Le sonrió–. Gracias. Por todo. Adiós ─dijo siguiendo su camino.
─Adiós ─le despidió con la mano aunque el peliazul no podría verle, ya que le daba la espalda, pero a él le había hecho ilusión hablar con el joven que podía verle. De alguna forma, ahora se sentía más feliz, por poder hablar con un vivo después de tanto tiempo.
Continuará…
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Vampire Princess Miyu: Bueno, pues espero que este capi sea de tu agrado y te agregaré pronto. Siento no haberlo hecho antes, pero me surgieron imprevistos. Ya tendrás noticias mías.
Takaita Hiwatari: hermanita, como has podido ver, se trataba de Kenny, que en vano intenta conquistar a Takao. Ya me contarás si este capi te pareció aburrido o por el contrario te gustó.
Hiika: ¿en serio te recordó a una película? Qué cosas, jajaja. Aquí ya se ha podido saber algo más del pasado de Takaito, aunque no será lo último que averiguareis, muajajaja. Espero que te haya gustado este capi también.
Miru: bueno Miru, te explico. Cuando Kai tocó a Takao mientras dormía en el capi anterior, al parecer Takao adsorbió algún tipo de recuerdo del fantasma. Por eso tuvo esa visión. Si, ahí arriba dice que esta historia tiene lemon. Es algo que todos veréis en su momento y que en el siguiente capi seguramente comprenderéis.
Felicia Lazareva: Si, siento haceros esperar tanto, la verdad antes solía subir mis capis en menos tiempo, pero ya no tengo tanto tiempo libre como antes. Pero bueno, subiré poquito a poquito n.n Espero este capi te haya gustado tanto como el anterior.
Sol Uzumaki: ya veo sol. Bueno espero que este capi te haya gustado y perdón por el retraso y tenerte tanto en suspense.
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
