Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen ─ai, Lemon

"Pensamientos"

─Diálogos.

LA OTRA REALIDAD

─Kaily Hiwatari─

Continuación…

&&&Kai&Takao&&&

Tras llegar del cementerio se tumbó en el sofá para descansar y reflexionar sobre lo que había sido capaz de hacer, solo por tener una pista del fantasma. Ya estaba tan en duda consigo mismo que no sabía si hacía bien en seguir pensando en él o no. Quizá el espíritu había comprendido lo difícil que era la situación y a lo mejor, había pensado que lo mejor era guardar las distancias con él.

Escuchó como tocaron la puerta. Ahora no tenía ganas de ver a nadie. Así que no dejó mirar el techo. Volvieron a tocar. Recordó que probablemente sería el casero ya que esta semana era elegida como día de cobro. Se levantó pesadamente del sofá.

─¡Ya voy! ¡Un momento! ─avisó. Caminó sin mucho ánimo hacia su cuarto y de un cajón sacó un sobre, que en su interior, guardaba el dinero para pagar el alquiler– ¡En seguida abro! ─anunció. Llegó hasta la puerta y giró la manecilla de ésta para abrirla. Al hacerlo, se dio cuenta de que no se trataba del casero. Sino de un joven más alto que él. Bastante atractivo, pero…

El peliazul estaba realmente sorprendido por ver a ese joven al otro lado de su puerta. Las palabras directamente no le salían.

─Hola, Takao ─le saludó pausadamente el recién llegado–. Posiblemente no sepas quien soy, pero… ─fue interrumpido por el menor.

─Kai ─pronunció, no dando crédito a lo que veía.

─Un momento. ¿Me reconoces? Sonrió– ¿A pesar de este aspecto?

─Pasa ─le indicó cogiéndole de la mano, para que entrase con rapidez en el apartamento. El otro no puso objeción. Cerró la puerta y se quedó apoyado en ella, mirando de arriba abajo al bicolor– ¡Estás vivo! ─dijo totalmente estupefacto.

─¡Sí! ─sonrió con alegría, dándose una vuelta completa sobre sí mismo para que Takao lo pudiese ver mejor.

Sonrió por unos segundos, aunque luego borró su sonrisa–. Necesito que me lo cuentes todo. Antes de sacar conclusiones precipitadas, prefiero que me cuentes la verdad ─señaló al sofá–. Por favor. Siéntate.

Así lo hizo–. Tu también será mejor que te sientes ─le advirtió.

Este le hizo caso–. Primero, quiero saber, donde estabas metido. Me tenías preocupado, no tengo noticias tuyas desde hace días y ahora apareces, metido en el cuerpo de otra persona.

─¿En serio han pasado días? ─le preguntó curioso, viendo como el otro asentía–. Vaya. No tenía ni idea. ¿Te ha preocupado mucho mi ausencia?

─Ese no es el tema ─intentó evadir la pregunta–. Tan solo dime como tú ─cerró los ojos con fuerza–. No es que no me alegre de que estés vivo de nuevo, pero no está bien hacer ese tipo de posesiones. Le estás quitando cosas a esta persona. Su familia, amistades, todos se preguntaran donde está.

─No lo harán ─confirmó con seguridad y algo de seriedad.

─Eso no lo sabes ─dijo afligido.

─Claro que lo sé. Murieron ante mis ojos.

Flash Back

Vagaba por las calles sin rumbo. Realmente le dolía el hecho de saber que nunca tendría la oportunidad de demostrarle a Takao cuando estaba significando para él. Sabía que él tenía razón. Él era un fantasma y Takao estaba vivo. Takao tenía derecho de hacer su vida con quien quisiera. Y él si permanecía a su lado, tendría que conformarse solo con eso. Podría protegerlo de cualquier peligro que lo acechase, pero por otro lado, los celos le matarían. Sería como un castigo, tras su muerte. Y no sabía si sería capaz de soportar algo así.

Simplemente Takao lo estaba siendo todo para él. No solo porque le podía ver, cosa que dudaba que pudieran hacer más personas. Sino por el hecho de que aunque él intentó obligarle al principio a que le ayudase a la fuerza, el peliazul terminó haciéndolo por propia voluntad. Cuando vio que no subió a la luz, inmediatamente se preocupó por si tenía algún otro problema para intentar ayudarle. Para que su alma pudiese descansar por fin en paz.

El moreno de piel no sólo era especial por esas cosas. Era simpático, siempre dispuesto a ayudar, tenía un genio increíble pero siempre llevaba razón en todo lo que decía. A pesar de su situación, intentaba seguir adelante. Aunque los demás se burlasen de él, aunque los demás no le creyeran, aunque le considerasen un bicho raro por sus manías. Él siempre salía adelante y como bien decía su amigo Max, soportaba más carga de la que podía, lo cual era de admirar. Y más aun ahora que había hecho mención de su duro pasado.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un grito desgarrador. Miró a su alrededor. ¿Era humo negro lo que estaba viendo? Se acercó hasta ese humo en un abrir y pestañear de ojos. Parecía que provenía de una casa que estaba ardiendo. Los bomberos intentaban apagar el fuego con las mangueras de agua, pero parecía que les costaba controlarlo. Algunos intentaban echar abajo la puerta a base de golpes con un gran artilugio que nunca antes había visto. Los gritos de dolor estaban aumentando. Seguramente sería por las quemaduras que estarían sufriendo las personas del interior de la casa.

Dos bomberos se encargaban de desalojar a las personas de las casas de alrededor de ésta por seguridad.

─¿Por qué no consiguen abrir la puerta?─ se preguntó el fantasma. Volvió a ver como varios hombres luchaban por abrirla sin resultado, mientras los otros seguían apuntando con manguera al fuego. Abrió la palma de su mano, levantando el brazo hasta la altura del pecho, apuntando hacia la puerta. Después la movió con rapidez hacia la izquierda, como si hubiese arrojado algo.

Sorpresivamente para los bomberos, la puerta se abrió de golpe antes de que ellos volvieran a dar otro golpe sobre ella. Se sintieron aliviados, ahora podrían pasar. El sonido de la ambulancia indicando que ya estaba llegando, alertó al fantasma. Así que centró su atención en ella, mientras era traspasado una y otra vez por la gente que intentaba salvar las vidas de los que se encontraban dentro de la casa.

Ésta aparcó cerca del coche de los bomberos. Para bien o para mal, enfermeros salieron de la parte trasera de la furgoneta y empezaron a sacar camillas.

Miró hacia la izquierda, dos bomberos, salían cargando el cuerpo de un hombre. Este no parecía estar quemado. Solo lleno de hollín por el humo. Se acercó a estos bomberos, siguiéndoles de cerca. Dejaron al joven sobre la camilla e inmediatamente los enfermeros comenzaron a hacer su trabajo.

Dejó eso de lado y miró de nuevo hacia la puerta de la entrada. Varios hombres con mangueras entraron en el interior. Poco a poco vio como las llamas iban desapareciendo, hasta finalmente solo quedar un rastro de humo. Uno de los bomberos salió e indicó que quería unas camillas y unas bolsas.

No sabía cuánto rato había pasado. Pero cuando se quiso dar cuenta. Las camillas que habían solicitado los bomberos, salían ahora con unas bolsas. Seguramente los cuerpos calcinados de una familia. Vio como unos hombres hablaban. Se puso delante de ellos para escuchar lo que decían.

─Sí. Al parecer se trata de un escape de gas. La mujer no giró del todo la rueda para apagar la hornilla. Un cortocircuito de la luz hizo el resto.

─¿Alguno ha logrado sobrevivir?

─Aún no lo sabemos con certeza. La madre y el padre fueron calcinados en el acto. La abuela estaba en el piso de arriba. Supongo que las llamas debieron de acorralarla.

─¿Y qué hay del joven? ─preguntó mirando a la camilla, donde intentaban reanimar al joven.

─Creemos que estaba fuera en el momento del accidente. Parecer ser que vio la columna de humo, ingreso en la casa por la puerta trasera de la casa, que daba a la cocina. Creemos que inhaló demasiado humo, ya que no sufre quemaduras.

─Seguramente intentaría salvarles.

─Sí, aunque solo pudo llegar unos pasos más allá de la entrada trasera, después cayó desplomado por la inhalación tóxica del humo.

Kai miró hacia la ambulancia. Observando al chico desde la distancia. Con una máquina intentaban hacer que respirase. Sintió nuevas presencias a su alrededor. Miró hacia la derecha. Los espíritus de los cuerpos calcinados salieron de sus bolsas. Pronto miraron confusos a su alrededor, buscando al último miembro de su familia.

Un fuerte ruido proveniente de la máquina les hizo a todos ponerse en alerta. El chico estaba teniendo una parada cardiaca. Los médicos intentaban aplicarle descargas eléctricas mirando el monitor de la máquina.

Kai vio como claramente el espíritu del chico salía de su cuerpo. Éste miraba desorientado hacia todos lados. Por fin salió de una vez al ver como su familia le esperaba con una sonrisa. El chico caminó hacia ellos y desaparecieron.

El bicolor observó como los enfermeros negaban con la cabeza y apagaban la máquina. El chico ya estaba muerto.

Si a él tan solo se le hubiera brindado la oportunidad de regresar a su cuerpo, como tantas otras veces había pensado… pero se empeñó tanto en demostrarles a todos que no estaba muerto en ese momento, que cuando se quiso dar cuenta, su cuerpo ya no estaba para regresar a él. Quizás la vida le había enseñado una lección muy valiosa. O quizás ahora le brindaba una segunda oportunidad para que no la desaprovechase. ¿Qué debía hacer? Estaba confundido. En verdad quería intentarlo con Takao. ¿Pero y si este le rechazaba?

Era una posibilidad. Aunque no estaba bien lo que iba a hacer… Aunque fuese totalmente repugnante. Él quería averiguar la verdad e intentar ser feliz de nuevo. Así que sin pensárselo, se metió en el cuerpo del chico en el momento en el que el hombre desconectó la máquina. No estaba seguro de que eso fuese a funcionar, jamás lo había hecho antes.

Abrió los ojos y se llevó la mano al pecho algo temeroso. Su corazón volvía a latir. Podía notar sus pulsaciones, el bombeo de su corazón. ¡Había funcionado! ¡Estaba vivo de nuevo! Tosió. Al parecer, ese chico realmente había inhalado mucho humo. Sus ojos le pesaban. Una enfermera y un enfermero rápidamente cogieron sus utensilios para examinarlo.

─Esto es imposible. ¡Eh, chico! ¿¡Estás bien! ¿¡Estás mareado!

Sus ojos se llenaron de lágrimas. Sentía como le tocaban, le podían ver, hablaban con él. –Estoy vivo ─dijo emocionado.

─Te pondrás bien ─intentó tranquilizarle una chica–. Ha sido muy duro para él ─le dijo a su compañero, refiriéndose a la muerte de sus familiares.

Fin Flash Back

─Y eso fue lo que sucedió. Fue casualidad o quizás el destino me lo tenía reservado. No lo sé. Lo que si se es que nadie reclamará este cuerpo por que aquellos que podían hacerlo están muertos. Y por lo que me pude enterar, acababan de mudarse ese mismo día. Así que nadie los conocía. Sus cuerpos desaparecieron.

Takao solo escuchaba el relato de Kai. Tan impresionado estaba que no sabía ni que decir.

─Te parecerá una locura y una asquerosidad lo que he hecho. Pero este cuerpo no tenía un alma cuando ese chico lo abandonó y yo era un alma que no pude regresar a mi cuerpo.

─¿En qué pensaste para hacer algo así? ─por fin se atrevió a preguntar.

─Solo pensé en una oportunidad para poder decirte lo mucho que significas para mí. Solo poder tocarte aunque sea la mejilla. Demostrarte que tanto vivo como muerto, te quiero proteger. Que solo con poder rozarte la mano ya tengo una posibilidad más que la que tenía sin poder hacerlo.

─Kai, yo no soy un chico normal. Lo que yo soy, no me lo permite. Podrás aguantar unas horas, unos días ─negó con la cabeza–. No toda una vida.

─Pues si es así, deja que yo me dé cuenta por mí mismo.

─No podrás soportar el hecho de que interrumpan en cada cosa que haga. Si me piden ayuda, no tendré más remedio que aceptarlo ─el ojicarmesi lo miraba fijamente. Más concretamente centró la mirada en los labios del menor─ ¿Qué ocurre? ─preguntó.

─Nada─ respondió poniéndose en pie–. Voy a la cocina a beber un poco de agua.

─Los vasos están en el armario ─le informó, aunque pensándolo mejor, Kai ya sabría donde estaban, porque siempre lo había estado observando.

El mayor se dirigió a la cocina y sacó un vaso de donde le había dicho Takao. Lo llenó de agua del grifo y comenzó a beber, pausadamente. Takao asomó la cabeza por encima del sofá. Lo vio beber agua tranquilamente. De pronto algunas dudas le asaltaron. Se puso de pie y caminó hasta donde estaba el bicolor. Este parecía preocupado por algo, su cara lo reflejaba.

Dejó el vaso en el fregadero y miró a Takao─. Ya es de noche. Tengo que irme. Solo quería hacerte saber que estoy bien. Y se me ocurrió pasarme por aquí para hacerte una visita ─se metió las manos en los bolsillos, ya no sabía muy bien que seguir diciendo para quedarse junto a Takao.

Ahora que sabía que estaba bien ¿podría dejarle marchar de nuevo?─ Kai. ¿Tienes hambre? Yo sí que la tengo. Iba a pedir pizza para cenar. Si no tienes nada importante que hacer… ─alargó la frase, esperando la respuesta del bicolor, pero este no decía nada –Quizá te gustaría cenar una, conmigo.

Sonrió–. Me encantaría cenar contigo.

Sonrió aliviado–. Vale. ¿De que la quieres?

─Me gusta que lleve de todo.

─Pues pediré una, no tardará casi nada en llegar ─tras decir esto, fue al comedor para coger el teléfono y para pedir la pizza.

&&&Kai&Takao&&&

Los dos estaban sentados, uno frente al otro. La caja de la pizza estaba en el centro de la mesa y las latas de coca cola estaba al lado derecho de cada joven. Las porciones venían bien partidas en partes iguales.

Los dos disfrutaban de la cercanía del otro, aunque ninguno se atrevía a hablar. Preferían cenar sin hacer enfadar al otro.

El mayor le dio otro bocado a su segunda porción de pizza. Intentaba desesperadamente que ese queso mozzarella se partiese de una vez, mientras intentaba partir los hilillos de queso con los dientes, pero cuanto más mordía, mas parecía estirarse el queso.

Takao lo observaba desde hacía rato. Esa escena era bastante graciosa fue por ello por lo que no pudo evitar reírse estaba vez, aunque sin mala intención.

─Jajaja ─se tapó la boca. Llamó la atención de Kai, quien se le quedó mirando con un poco de vergüenza. Al darse cuenta de que le miraba, decidió disculparse–. Lo siento. No quería reírme, es solo que… bueno. Estabas algo gracioso ─le intentaba explicar, viendo como por fin empezaba a masticar el trozo de pizza que se había separado de la porción–. Bueno, ya se sabe, el queso mozzarella es difícil de separar de la pizza.

─Te has reído ─sonrió–. Nunca te había visto reír.

─Ya, bueno.

Se formó un silencio incómodo entre los dos. Kai sentía que había metido de nuevo la pata con Takao.

─Lo siento. No era para hacerte sentir mal, era solo una observación ─le explicó el bicolor arrepentido.

─No pasa nada ─le disculpó–. Tienes razón. No suelo reírme mucho. Tampoco tenía de que reírme, ni con quien hacerlo.

─Tienes una sonrisa mágica ─agregó.

─¿Mágica? ─preguntó sin comprender a que se refería con eso.

─Cuando tu sonríes, todo a mi alrededor parece iluminarse ─carraspeó–. Suena un poco cursi, ya lo sé. Pero tú has iluminado mis dos mundos. Es así como me siento.

Sonrió–. Vaya, creía que esas cursiladas no iban contigo. Por mucho menos, trataste a Kenny de cursi.

─Estaba muy celoso ─reconoció–. No le veía buenas intenciones contigo.

─Kai. ¿Estás seguro de que lo que sientes por mi es ese tipo de sentimientos y no es en realidad gratitud por haberte ayudado? ─desvió la mirada–. Al principio de conocernos, me estampaste contra la pared y ahora dices que te gusto. Es algo contradictorio.

─Cuando te lancé contra la pared estaba muy enfadado, no te conocía. Y con el paso del tiempo, aunque no se cuento realmente, he podido ver algunas de tus facetas. Y ya no solo en mi caso. Si no también en el de los otros fantasmas. Tienes un gran corazón ─silenció unos segundos para después continuar─. Te seré sincero. Esto que siento hacia ti es incluso un sentimiento mayor que el que sentí por Yuriy en mi otra vida ─Takao inmediatamente sintió su corazón acelerarse y un calor intenso en las mejillas–.No tengo claro cuáles sean tus sentimientos hacia mí. Pero de algo estoy seguro. Tampoco te desagrado del todo. Si no, no estaría aquí esta noche.

─No me apetecía cenar solo. Eso es todo ─se excusó.

Le miró a los ojos de una forma intensa–. Mientes. Pero tendrás tus razones para hacerlo. Así que lo dejaremos así ─se puso de pie–. Tengo que irme ya.

─¿Irte? ─preguntó poniéndose en pie–. Pero si apenas has comido. Come un poco más ─le ofreció desesperadamente otra porción de pizza.

─Si no me voy ahora, me quedare sin sitio.

─¿Sin sitio? Kai. ¿Dónde has estado durmiendo estos días? Incluso la ropa que llevas puesta está limpia.

─En uno de esos centros que ayudan a la gente de la calle. Ofrecen comida y cama. Solo que a veces vienen muchas personas de la calle. Y no pueden atenderlos a todos.

─Así que es eso.

─Es la única solución que se me ocurre para poder dormir bajo techo. No trabajo y no tengo dinero para poder pagar un hotel.

─¿Y por qué no te quedas aquí conmigo?

─¿Contigo?

─Bueno, tengo un sofá. A pensar de la apariencia que tiene, es cómodo.

─No quiero molestarte. De todas formas, gracias por el ofrecimiento ─se dio media vuelta y caminó unos pasos hacia delante, pero se detuvo al sentir un pequeño tirón de la camisa proveniente de su espalda.

Miró hacia atrás para ver que efectivamente, Takao lo había detenido, sujetándole la camisa con una mano.

─No me he explicado bien. Quiero que te quedes aquí, conmigo ─su cabeza permanecía cabizbaja. No se atrevía a mirar al bicolor a los ojos. Su mirada era tan profunda que cuando le miraba, pensaba que podía leerle los pensamientos y eso en parte le asustaba. –Entiéndelo, estos días me he preocupado por tu ausencia. No quiero tener que preocuparme más ─añadió soltándole de la camisa.

El mayor se dio la vuelta, para encarar al menor. Vio que no estaba dispuesto a mirarle. Así que llevó su mano hasta el mentón del peliazul y lo levantó hacia arriba con el fin de que sus ojos le mirasen. Pero el peliazul desvió la mirada hacia otro lado.

─Si así te quedas más tranquilo, supongo que estará bien ─respondió, percibiendo con su respuesta la pequeña sonrisa del menor.

Éste dejó de mirar hacia un lado para regresar su vista al blanquecino–. Bien. Entonces sigue comiendo mientras yo busco unas mantas ─le explicó al tiempo que retiró la mano del mayor de su barbilla.

&&&Kai&Takao&&&

Miraba hacia el oscuro techo de la habitación. Sus manos permanecían flexionadas tras su cabeza. Tumbado en el sofá con unas mantas encima, pensaba en el peliazul. Había sido muy amable al ofrecerle que se quedase con él. Pero ciertamente, había ocasiones en las que le había contrariado su forma de actuar.

Por sus experiencias anteriores con Yuriy, sabía que tarde o temprano metería la pata con Takao y no quería arriesgarse de esa forma con él. Su carácter era algo fuerte y eso no era compatible con el resto de personas en el mundo. No sabía porque, pero sentía que Takao quería darle una oportunidad, pero que algo le retenía a hacerlo. Seguramente el hecho de que podía ver fantasmas… pero ¿seguro que era eso? Tenía que haber algo más. Quizás con el tiempo lo descubriría.

Otra de sus preocupaciones era como encontrar un trabajo. Lo único que hizo en su vida anterior, fue ser piloto. No tenía ningún tipo de estudios. Con lo cual las probabilidades de conseguir un trabajo en el cual tener un buen sueldo, se reducía. Solo podía ver claro algunos tipos de trabajo, pero también era patoso con según qué cosas. Sino encontraba trabajo, no podría invitar al peliazul aunque fuese a tomar un refresco. Y si no tenía dinero, no podría valerse por sí mismo y siempre sería una carga para él.

Le pareció escuchar un ruido proveniente de la habitación del menor. Miró hacia la puerta sin cambiar su posición. Permaneció unos segundos así, en silencio. Pero ya no escuchaba nada y la puerta no se abría. ¿Habría sido su imaginación? No estaba muy seguro.

Unos minutos después salió de dudas al ver como la puerta de esa habitación se abría, dejando ver al joven. Caminó entre la oscuridad sin encender la luz hacia la cocina, no quería despertar al bicolor.

Por su parte, Kai ya sabía de qué se trataba. El menor se había levantado para beber agua. Como todas las noches que lo había observado, seguro que había tenido una pesadilla. Se retiró las sábanas hacia un lado y se sentó en el sofá. Takao nunca le hablaba de sus sueños. Pero eso no le evitaba el hecho de que se preocupase por él.

Escuchó el sonido del agua. Seguramente se estaría llenando un vaso. Finalmente se puso de pie y miró hacia la cocina. El menor dejó el vaso en el fregadero y se dio la vuelta para irse de nuevo a la habitación. Pero Kai ya estaba de pie, frente a él.

─Te he despertado. Lo siento ─se disculpó.

─No, ya estaba despierto. No puedo dejar de darle vueltas a ciertas cosas en la cabeza. ¿Estás bien? ─le preguntó.

─Sí –sonrió.

─Has tenido una pesadilla ¿verdad? ─vio que el peliazul asintió─. Podemos hablar de ello si quieres.

─No hace falta. Ya me siento mejor. Será mejor que me vaya a la cama. Mañana tengo que trabajar ─pasó por su lado y se detuvo– ¿No tienes frío así? ─le preguntó al haber visto con algo de dificultad por la oscuridad de la habitación el pecho descubierto del mayor.

Kai se miró. Solo llevaba los pantalones puestos, mientras que el peliazul llevaba un pijama–. Suelo dormir más ligero de ropa –puntualizó.

─Ya veo ─sonrió, desviando la mirada.

─Takao, si alguna vez necesitas hablar de algo, cualquier cosa. Yo estaré aquí para escucharte. ¿De acuerdo?

Le miró a los ojos y agrandó su sonrisa–. Gracias. Lo tendré en cuenta. Buenas noches.

─Buenas noches ─tras decir esas palabras, vio como el menor se metió de nuevo en su habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Volvió de nuevo al sofá, esta vez, tumbándose de lado, para ver si conseguía por fin coger el sueño. Cerró los ojos, al menos teniéndolos cerrados, por aburrimiento ya se quedaría dormido, ¿no?

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente…

El peliazul abrió la puerta del apartamento tras un día duro de trabajo. Lo primero que hizo fue buscar al bicolor con la mirada.

─¿Kai? ─preguntó al no verle. Caminó hasta la mesa mientras miraba a su alrededor. Fue a dejar en la mesa unos documentos, y entonces se dio cuenta de que había un periódico y un boli sobre ésta─ ¿Qué es esto? ─se preguntó en voz alta, cambiando su postura y girando el periódico para leer lo que estaba subrayado con círculos.

El bicolor salió del cuarto de baño. ─¿Ya estás aquí? No te he oído llegar ─decía con una toalla amarrada a la cintura, mientras con otra se secaba la humedad del pelo sin mucho cuidado.

─Sí, ahora mismo acabo de llegar ─decía girando las hojas del periódico─ ¿Estás buscando trabajo? ─preguntó con la mirada puesta en el papel.

─Claro.

─¿Los que están tachados quieren decir que ya has llamado?

─No, quiere decir que ya he estado personalmente.

Takao miró hacia él. No se esperaba ver a Kai tan ligero de ropa–. Ah ─solo pudo articular con suavidad.

─¿Qué sucede? ─al ver que el peliazul no dejaba de mirarle, sintió que tenía que explicarse por estar así─. Bueno, he tenido que ducharme, espero que no te importe.

─No, no, claro que no. Puedes usar el baño cada vez que quieras, tranquilo ─le restó importancia con rapidez–. Aunque si sigues descalzo, puedes resfriarte.

─Tienes razón ─entró en el cuarto de baño y se puso las zapatillas.

Takao no pudo evitar reírse ante tal imagen─ ¿Dónde están tus calcetines? ─preguntó intentando aguantarse las ganas de reírse.

─Están en la azotea, junto a mi ropa.

─¿Qué hacen allí? ─preguntó curioso.

─La he tenido que lavar toda y tenderla en tu cuerda. Ya llevaba dos días sin hacerlo desde que dejé la casa de acogida. Ahora vengo, voy a ir a por ella.

─¿Con una toalla cubriéndote y el pelo mojado? De eso nada, ya voy yo a recogerla ─dijo echando una sonrisita antes de salir del apartamento.

Kai esperó unos minutos para que el peliazul entrase con su ropa ya seca–. Aquí la tienes ─le dijo entregándosela toda en mano.

─Gracias ─la aceptó y se metió en el cuarto de baño para poder vestirse.

Tras unos minutos de espera, el peliazul vio salir al bicolor ya vestido y peinado–. Así que ya has estado en estos lugares ─intentaba confirmar, sentado en el sofá.

─Sí. Preferí ir allí personalmente. Pero en todos pedían un mínimo de requisitos que yo no tengo ─suspiró–. Pero no me rendiré ─cogió de nuevo el periódico con el boli y se sentó en la silla en la que había estado sentado hacía unas horas–. Tiene que haber algo para mí. Por cierto, hoy no has venido a la hora de comer ─decía leyendo el periódico─ ¿Ha pasado algo?

─Que se me ha acumulado el trabajo, eso ha pasado. He tenido que comer fuera. A veces pasa. Y mañana no creo que pueda regresar tampoco a la hora de la comida.

─Tu trabajo parece quitarte muchas horas. Parece ser algo difícil ─dejó de mirar el periódico y se centró en él.

─Digamos que son muchas leyes, mucho papeleo y mucho soportar a los demás.

Sonrió–. Pero a ti parece gustarte, ¿no?

─Me gusta mi trabajo, tuve que hacer verdaderos esfuerzos por llegar a donde estoy. Pero es solo que a veces… me deja un poco fuera de sí.

─Ya veo ─dijo apoyando su brazo sobre la mesa y la barbilla sobre su mano para ponerse más cómodo.

Takao seguía sentado en el sofá–. Créeme, no es nada fácil. A decir verdad, todo iba bien hasta que…

─¿Hasta qué? ─le animó a continuar

–Hasta que descubrí que en realidad no trabajaba en un tribunal, si no en un antiguo campo de esclavos que terminaron en la horca. Y eso solo en la sala principal. En la primera planta esta lo que se consideró una de las casas más prestigiosas en el siglo dieciocho. Celebraban una fiesta cuando por algún motivo, todos los presentes murieron allí. Y luego está mi planta que es la más normal, dadas las circunstancias, ya que los fantasmas que están ahí, se han quedado atrapados en el tiempo. Así que, antes de esos pequeños detalles, me gustaba mi trabajo.

─Vaya. ¿Has buscado el historial del tribunal o algo así?

─Se podría decir que he buscado información en los periódicos archivados de la biblioteca acerca de ese edificio.

─¿Y tú nunca has intentado ayudarles? ─le preguntó ya que habían sacado la conversación.

Negó con la cabeza─ ¿Cómo podría ayudar a más de cien personas a la vez? Además, no quiero que se corra la voz. Para mi es mejor intentar pasar desapercibidos ante todos. Llámame cobarde si quieres, pero es la mejor solución que he encontrado hasta ahora.

─¿Cobarde tu? No me hagas reír. ¿Cuántos años llevas trabajando allí?

─En ese edificio no hace mucho que empecé. No sé, cerca de un mes, supongo.

─Si yo fuese tú, antes de hacer la entrevista de trabajo ya me hubiese marchado sin mirar atrás. Te lo digo en serio. Además, personalmente sé que si un fantasma pide ayuda y la recibe, estará eternamente agradecido por esa ayuda─

─Sí. Pero no todos reaccionan igual ante la noticia de saber que realmente están muertos. Algunos no quieren recibir la ayuda, se niegan mientras que con otros es todo lo contrario ─se puso en pie–. Será mejor que haga la cena.

─Te ayudaré ─se puso de pie también.

─¿Sabes cocinar? ─preguntó curioso, caminando hacia la cocina.

─Claro. Aunque no creo que te gustase mucho mi forma de cocinar, es algo diferente.

─Diferente ─repitió enarcando una ceja.

─Bueno, no se cocinar ─reconoció–. Pero se cortar cosas, lechuga, tomates… lo que me digas. Te echaré una mano en eso ─dijo decidido.

─Como quieras.

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente…

Takao entró a su apartamento. Había conseguido salir media hora antes de lo previsto, aunque se había entretenido en ver algunas tiendas en el camino.

Iba cargado de bolsas. Cerró la puerta dándole un empujón con el trasero.

─Kai ─le llamó. De nuevo como el día anterior, no vio a nadie a su alrededor. Así que pensó que estaría en el cuarto de baño de nuevo. Dejó las bolsas encima del sofá y caminó hasta la puerta del cuarto de baño–. Kai ─tocó un par de veces─ ¿Estás ahí? ─preguntó.

No recibió respuesta. Se decidió a abrir la puerta y como pensaba, no había nadie─ ¿Dónde se habrá metido? ─pensó en voz alta–. Quizás esté buscando trabajo ─cerró la puerta y caminó hasta el sofá, donde permaneció unos segundos de pie, mirando las bolsas–. Supongo que tendré que esperar.

Escuchó el ruido de la cerradura de su puerta. Seguramente era Kai que intentaba abrir la puerta con la copia de la llave que le había hecho. Efectivamente, en unos segundos más, vio al bicolor entrar por la puerta.

─Vaya, que sorpresa, pensaba que llegarías más tarde ─dijo sonriente, cerrando la puerta tras de sí.

─He conseguido salir un poco antes ─le explicó el menor.

─Qué bien ─caminó hacia él.

─He comprado esto para ti ─dijo señalando las bolsas.

Enarcó una ceja─ ¿Para mí? ─preguntó incrédulo.

─Sí ─decía al tiempo que Kai sacaba lo que había en el interior de la bolsa.

─Pantalones ─decía desconcertado.

─Y camisas ─le anunció el peliazul abriendo otra de las bolsas sacándolo todo fuera, para que el otro la pueda ver–. Son de distintas tallas, así que necesito que te las pruebes. La que no te sirva, tengo que devolverla antes de diez días.

─Pero no tengo con que pagar esto.

─No te preocupes por eso ─le restó importancia.

Kai le miró preocupado–. No lo puedo aceptar.

─No voy a dejar que vistas todos los días con la misma ropa. Al menos que tengas donde escoger. Además, te hace falta, no puedes negarlo. Si tu orgullo no te lo permite, está bien, cuando encuentres trabajo me lo pagarás ─le ofreció esa solución.

─Eso me parece mejor ─sonrió.

─Puedes usar mi cuarto si quieres para probártelo todo. Y deja en una de las bolsas lo que no te sirva.

─Vale ─cogió las bolsas y se metió en el cuarto del peliazul.

&&&Kai&Takao&&&

Tras diez minutos de espera, Kai salió de la habitación, vestido con un nuevo conjunto.

─¿Cómo me ves?

Takao lo miró de arriba abajo desde el sofá–. Te queda muy bien. Creo que es tu talla.

─Sí, eso creo yo también. La otra la puedes devolver, me está grande la camisa y los pantalones algo estrechos.

─Vale ─respondió–. Las devolveré a la tienda entonces.

─¿Qué haces? ─preguntó al ver que tenía la mesa llena de carpetas.

─Intento poner al día algunos archivos.

─¿Y no es más rápido si lo haces a ordenador?

─Puede, pero aquí no tengo ordenador ─le sonrió–. Antes parecías muy contento. ¿Has encontrado algo que te interese?

─Aún no ─sonrió–. Pero… ─se tocó el bolsillo trasero del pantalón, pensando que llevaba el pantalón de siempre, por lo tanto lo que buscaba no estaba en ese pantalón, sino en el que había dejado sobre la cama de Takao–. Espera un momento ─fue a la habitación del menor y buscó en los bolsillos traseros de su pantalón lo que andaba buscando y tan pronto lo tuvo en las manos, volvió al comedor.

─¿Qué es eso? ─preguntó el peliazul con curiosidad al ver como el otro tenía dos pequeños papeles en las manos.

Kai se sentó a su lado─. He ganado esto hoy por casualidad en uno de esos bingos de la calle ─se lo entregó al peliazul en mano–. Dos entradas para el parque de atracciones del centro.

─Vaya que suerte. Yo siempre gano pañuelos –reconoció.

─¿Te gustaría venir conmigo? ─se decidió a pedirle.

─ A un parque de atracciones ─repitió–. No sé si sea una buena idea.

─Ya veo ─desvió la mirada, acababa de fracasar en su primer intento de estar más tiempo con Takao.

─No es por ti ─reparó en seguida al ver la expresión de tristeza del otro─. Es que es donde más frecuentan los espíritus.

─Pero ellos están por todas partes. Si piensas en eso, jamás podrás disfrutar de la vida.

─Sé que llevas razón. Pero es difícil.

─Ya bueno, da igual ─se puso de pie.

─Puedes ir solo ─dijo viendo como el mayor se dirigía a la cocina.

─Ya no me apetece ─respondió con desgano.

─¿Qué vas a hacer?

─Si no vamos a ir, ¿para que las quiero? Una pena, es la primera vez que me tocaba algo así, y quería compartirlo contigo ─dijo tirándolas al cubo de la basura.

El peliazul empezó a sentirse mal por esas palabras. Quería ir al parque de atracciones con Kai, pero por otro lado, no sabía cómo hacer para sentirse a gusto en un sitio que estaba rodeado de fantasmas.

─¿Hasta cuándo eran validas? ─decidió preguntar el menor

─Eso ya no importa mucho ─contestó empezando a caminar hacia el sofá.

Se puso de pie al tiempo que Kai se sentaba en el sofá. Caminó hasta el cubo de basura y sacó las entradas, que por suerte, no se habían manchado. Las dejó sobre la mesa frente a los ojos de Kai.

─¿Qué haces? ─preguntó el bicolor al ver las entradas de nuevo.

─Sabes. Siempre he soñado con montarme en una noria. Y en esos carruseles de caballos. Comer algodón de azúcar. ─alargó la frase–. Creo que he cambiado de opinión. Me parece que iré. ¿Vendrás o tendré que ir yo solo? ─le invitó con una sonrisa.

Kai lo miró fuera de sí–. Sinceramente no te entiendo. Pero, no puedo dejar que vayas solo. Además, primero empecé a invitarte yo, así que… yo voy.

─Vale, pues podemos ir un día de estos.

─Mañana.

─¿Qué? ─preguntó al no entenderle.

─Mañana es el último día valido para las entradas –contestó.

─¿¡Qué! ─preguntó, mirando las entradas y buscando la fecha– ¡Es verdad! ─se llevó su mano libre a la cabeza– ¡Precisamente mañana! ─repitió con queja.

─¿Pasa algo con mañana? ─preguntó al ver la expresión del menor.

─Que mañana es cuando vendrán algunos miembros importantes a reunirse con mi jefe. Tengo que estar presente en las reuniones y…

─No puedes ─asintió para dejar escapar un suspiro─. Demasiado bonito para ser verdad ─dijo cruzándose de brazos.

─Lo siento. No pensaba que las entradas fuesen a caducar precisamente mañana.

─Bueno, son cosas que pasan. No te preocupes ─le sonrió. "Genial, solo para una cosa que podía ofrecerle… mira que tengo mala suerte", pensó mientras se ponía de pie–. Voy a meter la ropa que me he quitado en la lavadora ─le avisó caminando hacia su habitación.

Takao lo observaba. ¿Qué debía de hacer? Ya había faltado muchas veces al trabajo y no se podía permitir perder muchos más días. Pero por otro lado le apetecía estar más tiempo con Kai y al blanquecino de piel se le notaba que quería estar también con él. Tenía que buscar una solución antes de mañana y rápido.

&&&Kai&Takao&&&

Tenía una expresión tan relajada mientras dormía, que incluso le daba pena despertarle. Lo zarandeó suavemente con las manos, esperando a que abriese los ojos. Pero al parecer, el bicolor estaba profundamente dormido.

─Kai, despierta ─le susurraba, pero este parecía no enterarse─ ¡Kai! ─levantó la voz al igual que hizo más fuerza al moverle.

Por fin abrió los ojos pesadamente y se sorprendió al ver al peliazul frente a él. Se incorporó un poco en el sofá ─¿Qué sucede? ¿Estás bien? ¿Has tenido alguna pesadilla? ─preguntó restregándose uno de sus ojos.

─No. No es eso. Ya es de día ─le comentó.

─¿De día dices? ─preguntó mirando su reloj de pulsera–. Es verdad. Es muy temprano y algo tarde para ti. ¿No se supone que empiezas a trabajar dentro de diez minutos? Llegarás tarde ─le avisó.

─Ya, bueno ─se sentó en el sofá con él–. No voy a ir ─contestó mirando al suelo.

─Pero hoy tienes una de esas reuniones importantes, ¿no?

─Sí. Pero no voy a ir ─le contestó poniéndose en pie─ ¿Un café para desayunar? ─le preguntaba al tiempo que empezaba a caminar hacia la cocina–. Será mejor que te vistas y desayunes o llegaremos más tarde al parque de atracciones.

El bicolor se quedó pensativo unos minutos para después sonreír. Lo mejor sería darse una ducha rápida y desayunar cuanto antes. No quería hacer esperar al peliazul que ya estaba vestido.

Continuará…

&&&Kai&Takao&&&

Gracias por sus reviews a:

Kira minatoya: gracias por tu review Kira, espero que en este capi me haya explicado más o menos bien, pero si algo no entiendes, me preguntas, ¿vale?

Takaita Hiwatari: bueno hermanita, ahora ya sabes dónde estaba metido Kai todo este tiempo. ¿Te imaginabas que pasaría algo así con el fantasma? ¿Kai tuvo un golpe de suerte o hizo algo repugnante? ¿Tú qué opinas?

Maritessa perez cortes: bueno, decirte que como ya te dije en otra ocasión, le di a mi hermana el mensaje de tu parte por unas tres veces. Y en cuanto a esta historia ¿crees que ahora el fantasma tiene más posibilidades con Takao que antes? ¿Cómo lo ves?

Sol Uzumaki: gracias por tu review. La verdad me animan mucho los comentarios que todas me dejáis. Me ayudan a continuar con la historia. Y bueno, aquí tienes el capi, espero que lo hayas entendido todo y te haya gustado.

Miru: jajaja. Pues efectivamente nadie se esperaba que el misterioso hombre en realidad se tratase de Kenny. Rei no podía ser escogido por que en los capítulos anteriores, junto con Kane y Mariah apareció como fantasma. ¿Recuerdas? Takao los ayudó a cruzar hacia la luz, aunque no se vio como, pero en uno de los capítulos si se hace referencia a ello. Aunque esta sorpresa que le dio el bicolor de estar de nuevo vivo, no será la última que tenga el peliazul.

Hiika: hola Hiika. Creo que con este capítulo, ya se aclaró ciertas dudas que tenías en el capi anterior, ¿no? Aunque aún quedan más cosas por resolver que se irán viendo en otros capítulos.

Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.