Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen ─ai, Lemon
"Pensamientos"
─Diálogos.
LA OTRA REALIDAD
─Kaily Hiwatari─
Continuación…
&&&Kai&Takao&&&
Los dos se sentaron en el sofá nada más llegar al apartamento. Takao encendió la tele, para ver que habría en las noticias. Pero mucho caso no le estaban prestando, ya que no podían parar de hablar sobre lo mucho que se habían divertido hoy en las atracciones.
─Venga Kai, reconócelo. Estabas mareado. Incluso a mi me daba algo de vueltas la cabeza.
─No puedo reconocerlo porque no es verdad. Bueno, puede que te diera a entender eso cuando me lleve una mano a la cabeza, pero no era por que estuviese mareado. Solo me dolía un poco.
─Jajaja, ya. Eres un mentiroso.
Silenciaron un segundo y los dos miraron hacia la tele por reflejo.
Una reportera estaba saliendo en la tele. Tras ella había un paisaje bastante familiar y al parecer más a su derecha había una casa.
─Un sitio muy bonito. En mitad del campo ─decía Kai observando lo que había tras la reportera.
─¿No la ves?
─¿Ver qué? ─preguntó centrando su atención.
─Pues hay una pequeña fantasma detrás de la reportera, aunque mira hacia el suelo y… ─Takao se quedó mirando la tele fijamente como si hubiese visto algo peculiar en la pantalla.
─¿Qué pasa? ─preguntó el bicolor al ver al peliazul enmudecido y reflejando en el rostro cierta inquietud.
─Esa casa, me resulta familiar ─respondió atónito con voz suave.
El espíritu de la niña miró hacia la cámara en un flash–. Takao ─susurró volviendo a mirar de nuevo al suelo.
─Acaba de decir mi nombre ─le informó con preocupación.
─¿Qué? ─atinó a preguntar–. Bueno quizás sea a otro Takao. ¿Qué está haciendo ahora? ¿Se ha ido?
─Sigue ahí, pero… ─observó como la pequeña levantó el brazo y señaló hacia un punto en concreto, sin dejar de mirar el suelo–. Está señalando algo. A la casa ─decía con palabras pausadas mientras observaba a la pequeña.
En un flash, la niña apareció delante de la reportera─ ¡Takao! ─gritó de forma espeluznante y desafinada, antes de desaparecer, haciendo que el menor diese un gran respingo hacia atrás–. Ayúdame ─pidió sin dejarse ver.
─¿Qué ha pasado? ─preguntó Kai preocupado al ver en ese estado tan nervioso a Takao.
─Yo conozco ese sitio ─miró a Kai─. Bueno no estoy seguro, es como si antes hubiese estado allí, pero no logró recordar nada.
─¿Qué? ─miró la pantalla de la tele─ ¿Y qué crees que hace ahí un fantasma?
─No lo sé ─silenció unos segundos para escuchar lo que estaba diciendo la reportera.
─Se desconocen las causas de porqué esta casa lleva cerca de catorce años sin ser habitada. Los que han intentado quedarse a pasar la noche aquí, juran que suceden cosas extrañas. Es por eso que corren rumores de que la casa esta embrujada. Seguiremos al pendiente de posibles cambios. Eso es todo por hoy, les ha informado Emily York desde el lago Tone, en Koga, (Japón) ─a continuación salió un hombre, dándole las gracias a la reportera de antes.
─Eso está a unas cuantas horas de aquí ─dijo Kai─ ¿Qué vas a hacer?
─No lo sé. Estamos en Saitama y no me veo haciendo un viaje de más de 4 horas sin que mi jefe me despida. Además, quizá el espíritu solo dijo ese nombre al azar. Debe de haber más Takao en este mundo, digo yo.
Kai le miró unos segundos–. Pero tú mismo has dicho que esa casa te resultaba familiar. Quizás tiene algo que ver con tu pasado.
─No recuerdo mucho de mi pasado a raíz de mi accidente. Y lo poco que recuerdo desde ese día es realmente doloroso.
─¿Acaso no te da curiosidad? Quizás esa niña te haya dado una pista.
Lo miró incrédulo–. Tu quieres que vaya, ¿no es así? Es más, ya has dado por hecho que lo voy a hacer.
─Tampoco es eso.
─Kai, si voy estoy seguro de que perderé mi trabajo. Ya no puedo faltar más veces, no sé qué excusa podría poner si lo hago. Entiéndeme. Además, estoy seguro de que no se refería a mí.
─¿Cómo lo sabes? ─preguntó esperando una buena respuesta por parte del peliazul.
─Porque si hubiese sido así, me hubiese mandado más señales. Y hoy es la primera vez que escucho hablar de esa casa y la primera vez que también veo a esa niña.
─¿Cómo era la niña?
─¿Físicamente? Pues tiene el pelo azul oscuro, los ojos creo que verdes, no paraba de mirar al suelo. Y no sé, supongo que tendría unos 5 o 6 años cuando murió. Vestía de una forma un poco rara, como si tuviese un camisón blanco que le llega más o menos hasta las rodillas, pero con algunos adornos. Lazos del mismo color muy pequeños puntualizó. En ese momento el teléfono de la casa empezó a sonar–. Un momento ─se puso de pie y se dirigió al teléfono para cogerlo. Lo descolgó─ ¿Diga? ─empezó a escuchar interferencias─ ¿Diga? ─volvió a preguntar, hasta que claramente pudo escuchar una voz.
─Takao ─tras unos segundos en silencio volvió a repetir–. Takao, ayúdame.
─¿Quién eres? ─preguntó poniendo atención a la contestación, ya que era la misma voz de la niña fantasma. Incluso las palabras eran las mismas. Podía escucharla sollozar.
─¡Takao! ─alargó el nombre en un fino grito.
El peliazul se separó un poco el auricular de la oreja, no sin antes sentir un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo. Cuando volvió a acercase el auricular a la oreja, éste le indicaba que habían colgado. Colgó el teléfono bajo la atenta mirada del bicolor–. Era ella ─confirmó no dando crédito a sus propias palabras. El teléfono volvió a sonar y no dudó en cogerlo─ ¿Diga? ─esta vez no era la fantasma como él pensaba. Al otro lado del teléfono estaba su jefe y parecía muy enfadado–. Ah, hola señor. Lo siento me ha surgido un imprevisto y no he podido asistir, ya se lo dije ayer y esta mañana avisé de que faltaría ─dejó que su jefe siguiese hablando–. Está bien. Lo entiendo ─dicho esto, colgó el teléfono.
─¿Ocurre algo? Pareces preocupado ─le preguntó el ojicarmesí.
─ Me acaban de despedir. Mi jefe quiere que mañana recoja mis cosas.
─Vaya, lo siento Takao. Eso ha sido por mi culpa.
─No importa, además, tarde o temprano lo hubiese acabado dejando. Demasiadas exigencias en el trabajo, demasiados espíritus en el edificio. Además ─silenció unos segundos para sonreír–. No cambiaría el día de hoy por nada.
Sonrió–. Bueno entonces, ¿a qué hora sales mañana?
─¿Salir a dónde? ─preguntó confuso.
─Es evidente. Querías una señal de esa niña y te la ha mandado. Ya no hay duda, debisteis de tener alguna especie de vínculo en el pasado. Así que supongo que tienes la excusa perfecta para averiguar porqué te pide ayuda. Ya no te retiene el trabajo, mirándolo de ese modo.
─¿Y tú que harás?
─Iré contigo por supuesto. Ya seguiré buscando trabajo a la vuelta. No te voy a dejar solo ante esto.
Sonrió–. Gracias. Pero no sé hasta qué punto eso será bueno.
─¿Por qué lo dices? ─preguntó enarcando una ceja.
─Porque no sé que pueda hacer esa niña. A pesar de su apariencia puede ser peligrosa. Bueno, tú mejor que nadie sabes lo que un espíritu puede hacer cuando quiere llamarte la atención para que lo ayudes. Y que conste que no era para hacerte recordar que has estado en el otro lado.
Kai recordó entonces la vez que en un ataque de ira, golpeó a Takao contra la pared, con el fin de conseguir su ayuda a como fuese lugar–. Aún así, pienso ir. Y con más motivo ahora. Es cierto que ya no puedo verlos, pero si puedo protegerte de alguna forma, lo haré. Cuenta con ello.
El peliazul se puso de pie–. Vale. Pues entonces, prepararé una maleta para el viaje y te lo advierto. Se te hará pesado ir en autobús ─lo miró con evidencia–. Yo no tengo el carnet de coche así que, qué remedio.
─Tranquilo no te preocupes por eso ─sonrió, por fin le sería de alguna utilidad a Takao.
&&&Kai&Takao&&&
Tanto el mayor como el menor caminaban con una maleta en la mano. Habían metido lo imprescindible en ellas ya que no tenían pensado estar mucho tiempo en esa casa. Incluso no sabían si era arriesgado el ir o si caminaban en la dirección correcta. El conductor del autobús les había dejado en mitad de la carretera y les habían dicho que camino debían de tomar. Pero por más que caminaban, no veían ningún letrero que les indicase el lugar en el que estaban o la casa en sí.
Había pinos a su alrededor, flores, incluso la hierba crecía un poco por donde no pasaban las ruedas de los coches.
─Llevamos caminando un buen rato ─dijo Kai.
─Jajaja, ¿ya te estás quejando?
─No ─sonrió–. Solo que no se si a pesar de las indicaciones del conductor, iremos por buen camino.
─Bueno, el dijo que no estaba precisamente cerca si ibas a pie. Y que solo los coches podían meterse por este carril de tierra─ decía al tiempo que caminaba y miraba la copa de los pinos.
─Esto es muy raro. Es como si hubiese pasado antes por aquí. No sé, me suena este bosque. Quizás alguna vez estuve en algún sitio parecido, o puede que a lo mejor haya soñado con algo igual que este paisaje ─miró a lo lejos y pudo ver algo–. Parece que se ve una casa a lo lejos. Aunque no sé si será la que buscamos. El conductor del autobús dijo que este bosque está lleno de casas que están junto al lago ─le comunicó al bicolor.
─Pues esperemos que sea esa, de lo contrario, tendremos que seguir caminando.
&&&Kai&Takao&&&
Habían estado caminando durante una media hora más. Y ahora tenían una casa frente a sus ojos. Era de madera, pintada de color blanco y azul, de dos pisos y parecía ser enorme. En la parte delantera había un par de escaleras, que daban al rellano de la entrada, el cual estaba rodeado por un balcón hecho de madera que estaba pintado de blanco. Dos ventanas había en la fachada y en medio la puerta. El tejado era algo extraño. Era de color azul. Si desde la fachada subías la vista, había una pequeña ventana con un tejadito en la segunda planta, al igual que lo había a la izquierda, a la derecha y por detrás de la casa. Y sobre estas y situado en el centro, un tejado aun más alto que sobresalía bastante y este no constaba de ninguna ventana. Visto desde arriba el tejado sin duda tenía forma de cruz.
─¿Crees que es esta casa? ─preguntó Kai observándola.
─No lo sé, no veo nada extraño. Pero no parece estar habitada ─concluyó por el estado de la pintura de la madera. Subió las escaleras y se acercó a la puerta para tocar un par de veces. Los dos esperaron alguna respuesta pero no la recibieron.
─¿Y ahora cómo vamos a abrir la puerta? ─preguntó el bicolor.
En ese momento la puerta se abrió lentamente, dejándoles ver el interior de la casa. Takao miró al bicolor–. Creo que ahí tienes tu respuesta ─dijo empezando a caminar hacia el interior, seguido del mayor─ ¿Hola? ─preguntó, viendo una polvorienta entrada. Era bastante grande y podía verse como daba entradas a otras puertas y a una escalera, situada en el centro.
─Parece que no hay nadie.
─Te equivocas, aquí hay alguien. Lo presiento ─dijo mirando a su alrededor.
─¿La niña fantasma?
─Posiblemente. Y seguro que nos está observando. Siento esa sensación desde hace un rato ─se fijó en que había varias sábanas y trapos grandes dispersos por la habitación. Seguramente debajo había muebles–. Parece que aquí no vive nadie desde hace mucho tiempo. Será mejor encontrar las habitaciones para dejar las maletas.
─Vale ─contestó el ojicarmesi. Fue a caminar hacia una de las puertas, la que estaba a la derecha.
─Espera ─lo detuvo–. Las habitaciones están en el piso de arriba, abajo solo están la cocina, un pequeño cuarto de baño, el comedor, el desván y la librería.
─¿Cómo sabes eso? ─le preguntó mirándole extrañado.
Takao se quedó boquiabierto–. No lo sé ─contestó sorprendido por lo que acababa de decir.
─Takao, acabamos de entrar ─le dijo de forma pausada.
─Ya lo sé ─contestó nervioso–. Pero seguro que estoy equivocado ─caminó con pasos ligeros hacía una de las habitaciones. La que estaba a su izquierda. Una cocina que contaba con una enorme mesa de encimera en el centro fue lo primero que vio. Salió de ahí y entró a otra, dando con el comedor. Estaba boquiabierto y se estaba empezando a asustar. ¿Cómo era posible que supiese exactamente las habitaciones que había en el piso de abajo y su exacta ubicación? Kai lo seguía de cerca, viendo que efectivamente, Takao tenía razón.
─No te asustes. La mayoría de las casas, son todas por dentro iguales ─le dijo para tranquilizarle.
─Claro. Tienes razón, mejor vamos al piso de arriba.
Subieron las escaleras lentamente dando paso a un largo pasillo con dos puertas a la izquierda, una a la derecha y otra al final. Kai se adelantó para abrir la de la derecha. Había una cama de matrimonio junto con otros muebles envueltos en sábanas y una ventana polvorientas por la que no entraba mucha luz.
Takao abrió la primera puerta de la izquierda. Había una pequeña habitación. Una pequeña cama, un armario enfrente de ésta junto a un escritorio con una silla. Necesitaba una gran limpieza al igual que toda esa casa. Salió de la habitación, cerrando tras de sí la puerta. Caminó hacia la habitación de al lado, y llevó su mano hasta el pomo de la puerta. Por alguna extraña razón, sentía miedo de abrirla ¿pero por qué?
─Vamos, Takao, solo es una habitación─ se dijo el mismo para animarse. Le echó valor y abrió la puerta lentamente. Esa habitación era igual que la otra, salvo por una ventana de un color tirando a negro. Y ésta en comparación de la otra, le era extrañamente familiar. Se abrazó a sí mismo para intentar calmarse. De repente sentía frio, así que miró hacia la cama y ahí estaba ella. Permanecía con la cabeza agachada, mirando al suelo mientras estaba sentada en la cama. Permaneció mirándola unos segundos en silencio antes de ver como ella levantaba la cabeza y le miraba con una sonrisa. Podía escuchar su risa aunque no movía los labios. Se puso de pie y se quedó mirando al menor.
─Hola ─sonrió, no muy seguro de sí mismo─ ¿Quién eres? ─la niña en ese momento desapareció y pudo escuchar su lamento hasta escuchar finalmente el silencio.
─¿Te pasa algo? ─preguntó el bicolor a su espalda al ver a Takao mirando hacia un punto fijo.
─¡Ah! ─se sobresaltó al no esperarse a Kai por detrás de él. Le miró con la mano en el pecho–. No te esperaba.
─¿Estás bien? ─le preguntó preocupado, después de todo, no pretendía asustarlo.
─Sí. Acabo de verla ─le informó.
─¿Y has podido averiguar algo? ─preguntó interesado.
─Nada, solo he podido preguntarle quien era y se ha ido llorando.
─Vaya, supongo que no es un buen comienzo. Pero tranquilo, seguro que lo consigues ─dijo para animarle.
─Claro.
─¿Qué habitación escoges?
─No sé, supongo que ésta estará bien. Ha aparecido aquí, así que supongo que esta habitación le atrae de alguna forma. Quizá fuese la suya hace tiempo.
─Vale, entonces yo cojo la de al lado. Así estaré al lado por si necesitas algo.
─Bien ─confirmó dejando la maleta en el suelo. Retiró la sábana casi negra por la suciedad de la cama y la tiró al suelo. Como sospechaba estaba sin hacer. No tenía sábanas, así que tendría que hacerla, si es que encontraba alguna sábana limpia por ahí. –Habrá que hacer limpieza a lo grande ─se echó a reír por no llorar.
─Eso no estaba en mis planes ─dijo torciendo la boca en señal de falso disgusto.
─Todo tiene mala pinta, y cuanto antes empecemos a limpiar este sitio, mejor. Habrá que buscar unos trapos para limpiar, un cepillo y un recogedor, fregona… este va a ser un largo día y dudo que terminemos hoy. Así que empecemos por las camas, haber si encontramos unas sabanas en algunos de los armarios.
&&&Kai&Takao&&&
Empezaron a limpiar las habitaciones. Afortunadamente había varias sábanas dentro del armario de la habitación de matrimonio. Así que las metieron en la lavadora. Por suerte para ellos había algunos productos de limpieza para muebles y detergentes para la lavadora. La nevera estaba vacía, así que tendrían que comprar comida, aunque no sabían muy bien de donde. Tendieron las sábanas mojadas en la parte trasera de la casa, en un tendedero de varias cuerdas con algunas pinzas. Lo segundo que limpiaron tras hacer las habitaciones, fue el cuarto de baño de la planta de arriba, descendiendo por las escaleras y siguiendo por el comedor. Se repartían las tareas como podían, mientras uno barría el suelo el otro limpiaba con agua y jabón las oscuras ventana para finalmente secarla y limpiarla con limpia cristales. Después ambos se ponían a limpiar el polvo de los muebles y lámpara a conciencia. Hasta finalmente fregar los suelos. Era el mismo proceso que habían seguido con las otras habitaciones, y el que seguirían con el resto. Aunque estaban seguros de que sería imposible acabarlo todo en un solo día, ya que era una casa muy grande.
Tras terminar estas tareas se sentaron en las sillas del comedor.
─Me muero de hambre ─se quejó Kai.
─Debe de haber alguna tienda por aquí cerca. Lo malo es que no sabemos dónde se encuentra exactamente y este bosque parece grande.
─Podríamos explorar un poco por los alrededores.
─No sé yo, sin ayuda es posible que nos perdamos.
Kai pensó en lo que el peliazul le dijo–. Eso es verdad, pero si no lo intentamos nos moriremos aquí de hambre.
En eso el bicolor también llevaba razón–. Está bien ─contestó poniéndose en pie–. Por intentarlo que no quede ─le dijo a Kai, viendo como este se ponía en pie–. Aunque no tenemos la llave de esta casa.
─Podemos mirar dentro de los cajones. Algunas personas suelen meter las llaves ahí.
─Bueno, si no damos con ellas, podemos dejar la puerta medio abierta. O podemos salir por la puerta de atrás. Cerrándola, pero sin echar la llave, de esa forma podremos volver a entrar.
─Esa idea me gusta más que la de buscar una llave, que vete a saber donde estará.
─Entonces vamos. Cuando volvamos ya la buscaremos con más tranquilidad.
Salieron del comedor y cruzaron el pasillo hasta la cocina, donde estaba una de las puertas traseras. Salieron por ella, siguiendo la caminata en vía recta. Cuando apenas llevaban quince minutos caminando ya empezaban a preguntarse si irían bien por ese camino escogido al azar.
─Creo que no es por aquí ─dijo el bicolor.
─¿Cómo puedes saberlo? Solo llevamos unos cuantos minutos caminando. Quizá la tienda este un poco lejos.
─No me gusta reconocerlo, pero creo que necesitamos ayuda.
Sonrió–. Vaya, lo admites ─detuvo sus pasos al ver en un punto a la niña fantasma.
─¿Qué pasa? ─preguntó el mayor al ver como se había detenido y miraba hacia un punto en concreto.
─Ella está aquí ─le anunció, viendo como la pequeña aparecía y desaparecía cada vez más lejos–. Creo que quiere que la sigamos.
─¿Estás seguro?
─Tengo esa sensación, quizás quiera enseñarme algo. Quizá la tienda que buscamos.
─Vale, pues entonces, habrá que seguirla ─dijo dejándose convencer–. Es mejor que estar aquí en mitad de un bosque ─finalizó la frase.
&&&Kai&Takao&&&
Estaban ante un descampado. Las montañas podían verse desde la lejanía. Frente a ellos había un muelle junto a un lago y algunas barcas de madera que estaban situadas a la orilla del muelle. Takao se quedó mirando a su alrededor, antes de regresar su atención de nuevo al fantasma. Todo estaba rodeado de la naturaleza.
─Este sitio es precioso.
─¿Por qué nos ha traído hasta aquí? ─preguntó el ojicarmesi.
─No lo sé, quizá tenga algún tipo de conexión con lo que le sucedió ─se acercó al espíritu lentamente– ¿Sabes donde hay por aquí alguna tienda de comestibles? ─la pequeña levantó el brazo y señaló con su dedo índice hacia una dirección. Takao siguió con la mirada esa misma dirección que señalaba la mano. Parecía haber unas cabañas cerca del lago a bastante distancia desde el punto en el que se encontraban─ ¿Ahí? ─le preguntó. La pequeña asintió muy lentamente─ ¿Te importaría guiarnos a la vuelta? ─la niña ante esa pregunta desapareció, dejando escuchar su risa.
Giró su cabeza para mirar al bicolor, que no se había movido de su sitio–. Vamos, creo que lo que buscamos esta en esas cabañas de ahí ─dijo señalando las cabañas con su dedo índice.
El mayor caminó hasta Takao y se detuvo frente a él, mirándole fijamente.
─¿Ocurre algo? ─le preguntó el menor.
─Nada, es solo que no tengo con que pagar ─miró hacia el suelo.
─No te preocupes por eso ahora.
─Sabes que te lo… ─fue interrumpido por el menor.
─Sí, que me lo devolverás todo cuando encuentres un trabajo. Como ya te dije ─dijo comenzando a andar, seguido por el mayor–. Eso no es necesario, pero hazlo si con eso te sientes mejor. Me pregunto si en esa tienda sabrán lo que les sucedió a la familia que vivía hace tiempo en esa casa.
─¿Crees que esa casa tiene algo que ver con esa niña? ¿Qué vivía ahí?
─Es casi seguro. Un fantasma está muy ligado a aquello que tuvo en vida. Solo ocupan casas o edificios si sienten que es parte de ellos.
─¿Y los que por ejemplo siguen en el cementerio?
─Eso puede ser por dos razones. O están esperando a un ser querido para irse hacia la luz juntos o están atrapados en el tiempo y no saben que están muertos.
─Sin que me malinterpretes, pareces saber mucho de esto.
─Bueno, algunas cosas las he leído en los libros, pero también he hecho mis propias conclusiones al ver el comportamiento de los fantasmas. Llámalo instinto o intuición. Y es una cosa contradictoria, porque siempre he intentado mantenerme lejos de ellos, pero sin embargo los he estudiado en silencio. No sé, me da un poco de miedo el conocer lo que les haya podido pasar en vida, como llegaron a morir. Si por causas naturales, asesinato… aunque algunos reflejan sus heridas en la piel y la sangre en sus ropas. Como lo fue tu caso─ se mordió el labio, quizá había hablado demasiado. No estaba bien hacerle recordar a Kai que hasta hace poco, el había estado muerto–. Lo siento.
─No te disculpes, estás diciendo la verdad.
─No te quería incomodar, de nuevo ─contestó, ya que era la segunda vez que le recordaba lo mismo.
─Oye, tenemos que hacer que mi muerte no sea un tema tabú para nosotros. Cuando hayas ayudado a esta fantasma, te contaré lo que sentía estando muerto. Mi punto de vista, quizás te ayude a resolver otros casos.
─¿Otros casos? No creo que vaya a haber más.
─¿Por qué no?
─No lo sé, sería extraño.
─Te sentiste bien cuando ayudaste a esos tres que te envié, ¿no? ─le preguntó, refiriéndose a la vez en que Takao se negaba a ayudarle y él para fastidiarle, le mandó a su casa tres fantasmas que pedían ayuda.
─Si─ contestó casi con duda de si haría bien diciéndole eso a Kai.
─¿Y cuando técnicamente me ayudaste a mí?
─También.
─Pienso que te sentirás igual cuando hayas ayudado a esa niña. Y tu bienestar se irá acrecentando a medida que vaya creciendo el número de fantasmas a los que ayudes –confirmó.
─Vaya, estoy sorprendido ─contestó esbozando una sonrisa tras la deducción de Kai.
─Hace tiempo, cuando aun no era un piloto conocido y estaba dando mis primeros pasos en ese mundo, un amigo me dijo. Tienes un don, solo hace falta saber utilizarlo ─suspiró al ver frente a sus ojos la cabaña con un cartel colgado encima de la puerta en el que ponía, tienda de comestibles–. Menos mal que ya hemos llegado. No podía caminar ni un minuto más.
Takao se echó a reír–. Eres un flojo ─tomó el pomo de la puerta y la abrió.
─No es verdad ─se quejó, intentando aguantar su propia risa. Al igual que hizo Takao, entró a la tienda.
La tienda en si no era muy grande pero contaba con todo aquello que era imprescindible, incluso con algunas garrafas pequeñas llenas de agua potable y gasolina. Todo estaba bien repartido en las estanterías que constaban de varios pasillos.
Cuando creyeron tener todo aquello que consideraban necesario en el carrito de compra, lo llevaron hasta el mostrador dejando las cosas sobre la cinta que iba funcionando. Un chico joven pasaba los productos por el láser con una mano mientras que con la otra los iba soltando, dejándolo todo a parte.
─Hola ─les saludó el chico. Era rubio, su pelo era de media melena y sus ojos eran azules–. Es la primera vez que os veo. No sois de por aquí, ¿verdad?
─Hola ─contestó Takao–. No. A decir verdad somos de Saitama.
─Entonces vosotros debéis de ser los que están viviendo en la casa de los Morgan.
─¿La casa de los Morgan? ─preguntó Kai.
─Claro, os estáis instalando en una casa que está abandonada ¿verdad?
─La verdad es que allí no hay nadie ─dijo Takao–. Pero no sé si hablamos de la misma casa, por aquí parece haber muchas casas.
─Es una casa que está en mitad del bosque, no vive nadie allí desde hace mucho tiempo. Es la única por aquí que sigue deshabitada. Y a juzgar por la compra que estáis haciendo, pensáis quedaros mucho tiempo en ella ─observó.
─Bueno, es lo que pretendemos. Nos gusta la naturaleza.
─Eso fue lo que dijeron tres de los cinco matrimonios que han intentado instalarse en esa casa recientemente.
─¿Y qué ha pasado con esos matrimonios? Además, me ha sorprendido el hecho de que no había ningún casero en ella cuando hemos llegado.
─Bueno, según los rumores. Todos los que han pisado esa casa, solo han durado hasta la primera noche en ella, después se marchan. Se dicen que ahí pasan cosas extrañas. Se oyen voces, gritos, las camas se mueven, los muebles vuelan, grandes cortes de luz a pesar de que el automático esta encendido. No es por meteros miedo. Y no estoy seguro, pero me parece que esa casa dejó de estar en venta hace mucho tiempo. Nadie quería comprar una casa "embrujada".
─¿Y qué sabes acerca de esos Morgan? ─preguntó Takao.
─No mucho. Solo sé que el señor Morgan la construyó y que tras la muerte de los Morgan, nadie más pudo pisar esa casa.
─¿Cómo murieron? ─siguió preguntando interesado.
─Jajaja, realmente no se sabe. Han pasado ya cerca de doscientos cincuenta años de aquello. Yo no estaba vivo ─dijo con gracia.
─Oh, jajaja, claro ─contestó Takao siguiéndole el juego.
─No seréis uno de esos periodistas que hacen reportajes sobre la casa, ¿no? ─preguntó curioso el rubio.
─No, no lo somos─ respondió el peliazul–. Solo soy un sencillo escritor de… poesía y… soy muy aficionado a leer libros. ¿Hay por aquí cerca alguna biblioteca?
─La más cercana esta en un pueblecito de aquí, a unos cinco kilómetros en línea recta. Si sales a la carretera asfaltada hay una parada de bus, el te puede llevar hasta el pueblo desde ahí. Pasa uno cada dos horas, el primero desde las ocho de la mañana hasta las once de la noche ─le informó pasando el último producto por el láser.
─¿En serio? Vaya eso es genial –sonrió.
Kai carraspeó para hacerse de notar, ya que no había hablado nada hasta ahora. ¿No se estaba tomando ése muchas confianzas con Takao?
─Me llamo Michael. Esta tienda está abierta hasta las ocho de la noche, si necesitas cualquier cosa, puedes venir cuando quieras ─le dijo al peliazul, dándole el ticket con la cantidad del dinero en el.
─Vale Michael, así lo haré ─dijo pagándole mientras le sonreía.
El bicolor cruzó por detrás de Takao y fue metiéndolo todo en bolsas–. Vale Michael, pero no creo que haga falta, después de todo solo vamos a durar aquí una noche ¿no es así? ─le habló con seriedad, cogiendo las bolsas en la mano, para salir por la puerta.
─Creo que tu amigo es un poco raro ─comentó Michael enarcando una ceja.
─Ha tenido un mal día ─respondió Takao con una media sonrisa–. Gracias por la información Michael, adiós.
─Adiós ─respondió atendiendo a otra cliente.
Tan pronto salió por la puerta, miró hacia ambos lados para saber donde se había metido Kai. Una vez localizado, salió a correr para darle alcance y poder ayudarle con las bolsas.
─Oye. ¿Qué ha pasado ahí dentro? ─dijo arrebatándole una de las dos bolsas que llevaba en una sola mano.
─No ha pasado nada ─respondió con algo de seriedad y sin mirarle si quiera.
─Venga ya. Se te nota que estas enfadado. ¿Por qué? ─quiso saber.
─No me gustaba la forma en que… estaba siendo demasiado amable.
─Por su trabajo ─contestó, restándole importancia.
Le miró con evidencia–. Por favor ─torció la boca hacia un lado─. Jajaja, yo no estaba vivo ─miró hacia otro lado–. Pero que chiste tan malo. Me llamo Michael, esta tienda está abierta hasta las ocho de la noche, si necesitas algo, puedes venir cuando quieras ─frunció el ceño–. Nadie le ha preguntado su nombre.
─Jajaja ─empezó a reír con fuerza, ante la evidencia de los celos del bicolor.
─Eso, tu ríete.
─Es que pareces un niño pequeño. Estas celoso, y no tienes porqué. Mira, mientras tú te ponías celoso, yo he averiguado algunas cosas. Esa niña a de ser hija de los Morgan y para verificarlo, pienso ir mañana a la biblioteca del pueblo para recopilar información.
─¿Crees que ahí tendrán algo?
─Puede que tengan antiguos periódicos recopilados en un ordenador.
─¿De doscientos cincuenta años de antigüedad?
─Créeme, no es imposible, y más si murieron en alguna circunstancia extraña. En principio he de buscar al que construyó la casa, el señor Morgan e ir atando cabos. Además, en la casa, puede que sienta algo. Quizás tenga alguna visión ─miró al bicolor, ya parecía verle más tranquilo–. Oye, no es justo que tu vayas con tres bolsas y yo solo con una, dame una, así compartiremos el peso.
─No hace falta, puedo yo solo ─respondió con orgullo.
─Vale, como quieras ─negó con la cabeza–. Cabezota ─susurró. Miró hacia el frente, ahí estaba ella. Frente al lago, con la cabeza agachada–. Sigue en el mismo sitio que antes, no se ha movido ─comentó en voz baja–. Es curioso ─la chica desapareció y apareció un poco más alejada, en el camino con la cabeza alta–. Nos va a guiar de nuevo ─le hizo saber al mayor.
─Me parece bien.
&&&Kai&Takao&&&
Pronto cayó la noche. Los dos estaban en sus habitaciones. Dormían profundamente desde hacía horas. La pequeña apareció en la habitación de Takao. Miraba atentamente al menor. Su ceño parecía estar fruncido. Al parecer lo que estaba soñando no le estaba gustando.
─Takao ─le llamó en un largo susurro.
El peliazul solo cambió de posición en la cama. Dejó escapar un gemido en señal de disgusto.
─Takao ─le volvió a llamar, acercándose más a él, tanto hasta levitar encima de su cara.
─Mm, mamá… ─decía entre sueños mientras su expresión reflejaba dolor–. No me dejes ─fue en ese momento, cuando abrió los ojos y enfocó el rostro de la fantasma justo enfrente de él─ ¡Ah! ─gritó, tirándose al suelo. A los pocos minutos escuchó la puerta abrirse.
─¡Takao! ─le llamó el mayor, ayudándole a levantarse del suelo─ ¿Estás bien?
─Eso creo ─respondió con lentitud, viendo que el fantasma había desaparecido, quizá se había asustado.
─¿Qué ha pasado? ─le preguntó ayudándole a ponerse en pie.
─He tenido una pesadilla. Necesito beber agua.
─Claro, te acompaño a la cocina ─se ofreció.
Los dos caminaron por el pasillo hasta llegar a las escaleras. Ahí fueron bajándolas lentamente.
─¿Estás seguro de que te encuentras bien? ─le volvió a insistir Kai.
─Sí, tranquilo. No me he hecho tanto daño al caerme ─le intentó restar importancia.
─Es cosa mía ¿o la temperatura de esta casa a comenzado a bajar? ─le preguntó cruzándose de brazos, pero sin dejar de estar pendiente a Takao.
─Puede ser ─bajó el último escalón y miró al frente. Por nada del mundo esperaba que sus ojos pudiesen ver algo así. Su boca empezó a abrirse de forma temblorosa.
─¿Qué pasa? ─miró hacia la misma dirección que Takao y casi enmudeció. Una mujer vestía de blanco. Su cabello era ondulado y de color azul. Lo tenía tan largo que le llegaba casi por la cintura. Sus ojos eran de color marrón. Sonreía mientras miraba al peliazul ─¿Quién será ella? ─preguntó mirando de nuevo el estado en el que se encontraba Takao.
Éste dejó que la lágrima que había estado reteniendo antes, saliese sin control escurriéndose por su mejilla–. Es mi madre ─dijo con voz temblorosa.
─¿Tu madre? ─preguntó mirando hacia el espíritu.
─Takao─ pronunció la mujer de forma dulce y sedosa.
─¿Mamá? ─respondió echando un paso hacia delante.
La mujer amplió su sonrisa y abrió los brazos para recibirle–. Ven conmigo.
─Ya voy ─contestó, sintiendo en su mano la mano del bicolor que le retenía–. Déjame ir con ella.
─Takao, ¿estás seguro que es tu madre? ¿No me dijiste que subió hacia la luz junto a tu familia?
El bicolor tenía razón. Aquel día en el cementerio él se despidió de su madre. Así que era imposible que ella estuviera ahí, solo para buscarle a él. Pero es que era todo tan real. Aunque solo fuese una copia, no podía dejarla irse así.
─Oye, no sé quién eres y tampoco me importa, pero no juegues así con Takao. El no se lo merece.
Notó que algo cambio en el rostro del fantasma─. Kai, déjalo ─le advirtió.
La mujer le miró con un rostro serio. Levantó su brazo hacia arriba e hizo levitar al bicolor, antes de que pudiese darse cuenta, había sido lanzado contra la pared.
─¡Ah! ─gritó al sentir el golpe.
─¡Kai! ─le llamó al verlo tirado en el suelo, junto a la pared. De inmediato acudió a él para ver en qué estado se encontraba–. Kai ¿estás bien? ─le preguntó nervioso, sin saber muy bien donde podría tocarle.
─Sí ─respondió intentando sentarse en el suelo.
─Kai tiene razón ─dijo encarando a la fantasma–. Mi madre sería incapaz de hacer daño a nadie. Muestra tu verdadera forma ─dijo irritado.
La mujer sonrió con tristeza y cerró los ojos, volviendo así a su verdadera forma. La pequeña fantasma se cogió el vestido en señal de vergüenza.
─¿Es ella? ─preguntó el bicolor, sentándose por fin en el suelo.
─Sí –contestó.
Ante los ojos de ambos, la niña desapareció dejando escuchar su llanto.
─¿Estás bien? ─le preguntó el peliazul, abalanzándose sobre él con un abrazo.
El bicolor aceptó el abrazo y lo correspondió con una sola mano mientras con la otra guardaba el equilibrio–. Quizá un poco mareado por el golpe.
─Me has asustado.
─Tú a mi también ─respondió sintiendo el aroma dulce del menor.
─Gracias. De no ser por ti, no sé que hubiese ocurrido ─dijo separándose del abrazo.
─Volvería a hacerlo sin dudarlo. Aunque ella me rompiese todos los huesos del cuerpo, si con ello puedo evitarte sufrimiento.
Sonrió ante esas palabras, sintiendo como el bicolor le limpiaba las lágrimas con el dorso de su mano─ ¿Puedo pedirte un favor?
─El que quieras ─susurró mirándole fijamente.
─Bésame ─le susurró.
─Pero yo creía que… ─fue interrumpido por el menor.
─Que aquel día no te supiera corresponder el beso, no significa que no haya deseado que me besases de nuevo─ sus mejillas estaban sonrosadas ante tal declaración.
El mayor lo atrajo sobre él suavemente y no espero mucho tiempo antes de probar los labios de Takao. Ahora sentía como Takao intentaba corresponderle y sus mejillas cobraron un color sonrosado. Cuando sintieron que el aire les iba a faltar, rompieron el beso muy lentamente.
Sonrieron de forma cómplice al mirarse a los ojos–. Deja que te ayude a levantarte ─dijo el menor echándole una mano.
Cuando el bicolor se puso en pie miró hacia la pared─ ¿Sabes? No es tan divertido que te estampen contra la pared como yo pensaba ─decía ya que era el estando muerto lo había hecho con Takao.
─Será mejor que beba un poco de agua y me vaya a la cama ─anunció de forma pausada y algo nerviosa por lo que acababa de hacer.
─Lo mismo pienso yo ─contestó Kai de igual forma–. Creo que esta será una noche larga─
─Sin que pienses mal. Creo que esta noche sería mejor pasarla los dos juntos. Dormir en la misma habitación ─se rascó la nuca–. No creo que pueda dormirme si pienso en que el espíritu vuelve a atacarte de nuevo. Al menos si estás conmigo, se que nada te puede suceder.
─Dormir en la misma cama ─anunció, viendo como el peliazul tímidamente le asentía–. Me parece bien ─sonrió–. Así yo también me quedaré más tranquilo.
Sonrió ante la contestación de Kai–. Entonces no se hable más.
─¿En qué habitación dormimos?
─Creo que en la tuya será mejor ─dijo empezando a caminar rumbo hacia la cocina, seguido de Kai, quien lentamente le fue agarrando la mano. El peliazul se la aceptó con gusto mientras sonreía tímidamente.
&&&Kai&Takao&&&
Los dos habían pasado la noche en una pequeña cama, con lo cual tuvieron que dormir algo juntos. El bicolor fue el que durmió en el lado que pegaba a la pared. Y Takao en el de fuera.
Abrió los ojos muy lentamente, encontrándose con otros ojos de color carmesí frente a los suyos.
─¿Llevas mucho rato observándome? ─le preguntó el menor al mayor.
─Un buen rato ─confesó con una sonrisa.
─¿Qué hora es? ─preguntó somnoliento.
─Las siete y media.
─¿Siete y media? Teníamos que haber salido ya para coger el primer autobús. Tardamos media hora en llegar desde la parada hasta la casa. ¿Cómo es que no me has despertado?
─Me gusta verte dormir ─confesó, haciendo que el peliazul se sonrojase–. Además, respecto a lo de los autobuses, siempre se retrasan, así que todavía nos da tiempo a llegar si es que quieres coger el primero. Solo tienes que soltarme.
─¿Soltarte? ─preguntó. En seguida se dio cuenta de que tenía su mano puesta en la cintura del bicolor. Con rapidez la apartó de ahí–. Lo siento, no me había dado cuenta ─se sentó en la cama–. Será mejor que me dé una ducha y me vista ─le informó poniéndose en pie–. Quiero que me dé tiempo a todo y también a que te vea un médico.
─Estoy bien ─dijo sentándose en la cama.
─¿No te duele la espalda?
─Puede que un poco ─reconoció.
─Entonces todo está dicho. Cuando termines, te esperaré en la cocina ─le dijo saliendo por la puerta para irse a su habitación y coger la ropa.
Continuación…
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Sol Uzumaki: bueno, respecto a lo del chiste, te explico un poco. La gente cuando piensa en fantasmas, piensa en unas sabanas con ojos y boca que van volando por ahí ¿no? Al menos en la mayoría de algunos dibujos los representan así. Entonces cuando Takao dice en el chiste: ¿Qué le dice un fantasma a otro en un día de colada? Recojamos las sabanas y volvamos al cementerio. Hace referencia a que los fantasmas se quitaron las sabanas de encima y las tendieron para que se secasen en un día de colada.
No sé si se entendió o te lié aun más. Pero bueno, más o menos es eso, por eso Kai no tuvo más remedio que reírse, por la estupidez tan grande y tan simple. Otra cosa, no me des por muerta tan rápido, jajaja, es solo que estoy muy atareada con el trabajo y no me da tiempo a escribir tan rápido como antes por falta de tiempo.
Maritessa Perez Cortes: me alegro que el anterior capi te haya gustado y espero que este no haya sido menos, aunque este capi este lleno de misterios que aún quedan por resolver ¿Qué conexión habrá entre la fantasma y el peliazul?
Valery Hiwatarikinomiya: bueno lo del mcdragon es una invención mía, por eso es que no hay en ningún lado. Y si en el anterior capi Kai se atrevió a besar al peliazul ahora es este el que le pide que le bese.
Takaita Hiwatari: si hermanita, eso eran viejos tiempos. Aun es un misterio esta niña y lo que le sucedió, pero poco a poco las dudas se irán despejando.
Hiika: bueno he aquí otro capi, espero que te haya gustado. Pero igual te habrás quedado con muchas dudas que poco a poco se irán resolviendo.
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
