Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen ─ai, Lemon

"Pensamientos"

─Diálogos.

LA OTRA REALIDAD

─Kaily Hiwatari─

Continuación…

&&&Kai&Takao&&&

Entró a la biblioteca sin perder mucho tiempo. El autobús por suerte llegó con diez minutos de retraso y gracias a eso habían podido cogerlo. Esa biblioteca era bastante grande, según podía observar, tenía unas largas estanterías llenas de libros, también grandes mesas de estudio y otras que constaban de ordenadores. Era temprano y salvo los fantasmas de la sala no había mucha más gente que le pudiese molestar.

Caminó directo hasta las mesas que tenían ordenadores y se sentó frente a uno de ellos.

No sabía muy bien por donde comenzar. Morgan suponía que debía de ser el apellido, pero Michael no dijo el nombre del cabeza de familia. Así que primero tendría que averiguar algún dato referente a él.

Escribió en el ordenador, familia Morgan, lago Tone. Inmediatamente encontró varios periódicos que estaban ahí registrados.

"Año 1760. Enero.

El millonario señor Ralf Jurgen, compra el terreno del lago azul y las cercanías al señor Johnny McGregor legítimo dueño y señor de estas tierras."

Takao pudo apreciar la foto en blanco y negro de ambos hombres, uno a la izquierda del periódico, otro a la derecha. Decidió saltarse unas cuantas líneas del periódico.

"Para este gran encargo, Jurgen decide llamar al prestigioso arquitecto y constructor de obra estadounidense Eddie Morgan, cuyos trabajos en el extranjero son muy reconocidos."

─Así que te llamas Eddie ─metió en el ordenador el nombre del constructor, para que le apareciesen otros datos.

"Año 1770. Noviembre.

Muere hoy el señor Eddie Morgan."

Apareció una foto del hombre a la derecha del periódico.

"Otra víctima más de la fiebre amarilla nos deja hoy, dejando desamparadas a su mujer e hija."

Takao siguió leyendo todo aquello que creyó necesario.

"Tras la petición de el señor Jurgen, el señor Morgan había decidido asentarse aquí, en el Lago azul. Tras su segunda visita al lago, trajo a su esposa Judy Morgan con la cual tiempo después tendrían a su primogénita."

Una foto apareció a la izquierda del periódico en la que aparecían una mujer y una niña pequeña.

"Mañana la señora Morgan esparcirá sus cenizas en el bosque tras darle una misa digna en la iglesia. La ceremonia tendrá lugar a las doce del mediodía."

Abajo aparecía una esquela.

"Eddie Morgan, tu esposa, hija y amigos jamás te olvidarán".

─Vaya, informaban lo justo en aquellos tiempos. A ver que más sale de ellas ─tecleó esta vez Judy Morgan. No salió ningún otro periódico–. Qué raro ─miró a su alrededor. Si al menos pudiese preguntarle a uno de esos fantasmas sin que llamase mucho la atención…

Se levantó y caminó hasta las estanterías de libros. Estaría de suerte si alguno de esos fantasmas supiese algo de lo que sucedió en aquella época. Algunos vestían de la época actual, así que dudaba que esos supiesen algo.

Probablemente le darían la misma contestación que Michael. Así que buscaría a uno que vistiese con ropas más antiguas. Empezó a caminar por los pasillos de las estanterías. Allí había uno. Era un hombre, de unos treinta años de edad más o menos y miraba fijamente hacia un libro en concreto.

Se acercó a él con cuidado, mirando a su alrededor para confirmar que nadie los miraba.

─Hola ─le dijo, pero aún así el fantasma no quitó su vista del libro–. Dime, ¿sabes tú algo de la familia Morgan?

─¿Qué quieres saber de ellos?

─Me preguntaba que les ha sucedido a la mujer y a la hija del señor Morgan. ¿Por qué miras tanto ese libro? ─decidió preguntarle, ya que era el primer fantasma que parecía no importarle el hecho de que un mortal le estuviese viendo y hablando.

─No lo puedo coger ─habló un poco preocupado pero sin gesticular mucho mientras su mirada permanecía perdida en el libro.

─Espera ─dijo–. Es este, ¿no? ─preguntó cogiéndolo y extendiéndoselo–. Toma. Puedes cogerlo ─le aseguró Takao.

─Llevo intentando cogerlo desde ayer, pero no podía, estaba atascado. He querido leerlo siempre, ¿sabes? ─aceptó el libro–. El señor Morgan está muerto ─confirmó–. Pero la mujer y la niña, la gente no está segura de lo que ha pasado con ellas.

─¿A qué te refieres? ─preguntó confuso.

─La señora Morgan nunca ha encajado muy bien la muerte de su marido. Una vecina fue hace un par de días a llevarle tarta de frutas, a la niña le gusta bastante ─sonrió aunque de forma seca–. Pero no había nadie en la casa, han desaparecido. Al principio la gente pensó que se habían mudado de ciudad, ya que la señora Morgan es estadounidense. Pero las cosas están en la casa, sus ropas, los juguetes de la niña… la policía dice que incluso la puerta parecía no estar cerrada del todo. No sé, ha sido algo muy raro.

─¿Crees que alguien tendría motivos para hacerles daño?

─Oh, no, no, no ─negó rápidamente–. Esa familia es muy querida por la gente de este pueblo. Han sido muy amables haciendo esas casas en el lago azul para la gente. Ellos son una gente muy cercana con los demás. Incluso el señor Morgan hizo hace un año esta biblioteca para que los amantes de la poesía pudiesen deleitarse con el mundo de la lectura. No cobró por realizar su trabajo. Tampoco lo hizo con otros tantos proyectos.

─¿Sabes cómo se llamaba la niña?

─No. No conocía personalmente a la familia.

─Vale. Me has sido de mucha ayuda ─le sonrió.

Sonrió–. Tu a mi también, ahora puedo disfrutar de la lectura. Gracias ─dijo caminando hacia las mesas, seguramente para empezar a leerlo. Era extraño el hecho de que ese fantasma ni le había pedido algún favor. Quizá todo lo que necesitaba era leer ese libro y ya está. Bueno, de alguna forma ya le había ayudado y ahora él tenía algo de información acerca de los Morgan o al menos la que consideraba mejor. Ahora se dirigiría a el parque que estaba frente a la biblioteca, después de todo, ahí había quedado con Kai.

&&&Kai&Takao&&&

Bajaron del autobús cuando llegaron a la parada. Los dos caminaban por el carril de tierra, dirigiéndose a la casa. Habían hablado de todo en general, pero no del tema de la niña fantasma, no querían llamar la atención a nadie que pudiese escucharles.

─¿Qué te ha dicho el médico? ─preguntó el peliazul aprovechando que ahora por fin estaban solos.

─Que no tengo nada roto. Solo tengo algún moratón que otro, pero con una pomada, eso se me irá aliviando. Me preguntó cómo me había hecho algo así. Yo le dije que estaba pintando el techo, la escalera se resbaló hacia un lado y caí de espaldas al suelo. Solo me ha dicho que la próxima vez tenga más cuidado y que deje la pintura por unos días. ¿Y a ti como te ha ido? ¿Has podido averiguar algo?

─Todo lo que he podido averiguar es que Eddie Morgan era un prestigioso arquitecto y constructor estadounidense. Un hombre le compró por aquel entonces estas tierras a otro y éste mandó llamar al señor Morgan para que edificara aquí las casas en el lago. No fue lo único que hizo, la biblioteca y otros edificios del pueblo en el que acabamos de estar también fueron obras suyas. Estaba casado con una estadounidense de nombre Judy. Hizo su propia casa y vivieron aquí. Poco después tuvieron a la niña. Aún sigo sin saber su nombre, no he podido averiguarlo.

─Vaya, pensaba que en esa época la información sería algo escasa.

─Y así es. La mitad de la información que sé me la ha contado un fantasma de esa época, aunque al parecer no sabe que está muerto y está atrapado en el tiempo. Verás, el señor Morgan murió de fiebre amarilla, pero según el fantasma, algo raro pasó con su hija y su mujer. Dijo que hace dos días una vecina fue a la casa de los Morgan para darle una tarta a la niña pero que se encontró con que la casa estaba vacía, y que no parecía tratarse de una mudanza ya que todo estaba dentro.

─¿Hace dos días? ─preguntó confuso.

─En realidad hace casi doscientos cincuenta años de eso, pero el fantasma lo explicó como si hubiese pasado hace dos días. Debe de ser así para él ─dijo mirando hacia la lejanía.

─¿Y qué crees tú que les pudo pasar a ellas?

─No lo sé. La niña es evidente que está muerta, pero no he visto a su madre por aquí. Y eso solo puede significar dos cosas. O no está aquí en el lago, o se fue hacia la luz cuando murió. Lo importante es averiguar que pasó y para eso tengo que hablar con ella. Aunque cada vez que me acerco para hablarle, reacciona de una forma inesperada. Y aún hay cosas que no logro entender, como por ejemplo ¿cómo es posible que pudiera tomar la forma de mi madre? ¿Acaso la conoció? Eso se me hace muy raro.

─Algo está claro en todo esto. Quería que estuvieras con ella, aunque tomase la forma de tu madre y no le sentó muy bien el hecho de que la interrumpiera.

─No sé, es todo tan raro, es como querer hacer un puzzle sin piezas. Nada encaja y mis recuerdos parecen estar sellados. ¿Cómo es posible que algo te sea tan familiar y no puedas recordar nada?

─Quizá tu mente no quiera recordarlo por algo─ dedujo mirando el camino.

─Yo ya no sé qué pensar ─se detuvo en su caminar.

Kai lo observó deteniéndose también en su caminar. Le tomó de la mano con suavidad, llamando la atención del menor que de inmediato correspondió el agarre.

–Lo estás haciendo bien. Esa niña parece escucharte cada vez que le hablas, solo que quizás no digas lo que ella espera escuchar, pero no por ello debes de detenerte ¿verdad? ─sonrió–. Además, si te detienes ahora, estoy seguro que la próxima vez me tirará por las escaleras ─dijo con evidencia echándose a reír–. Y ya no podré decirle al médico que me he caído de las escaleras mientras pintaba.

Takao se echó a reír por la broma–. Te quedarás sin excusas para el médico ─dejó de reír lentamente y volvió a tornarse pensativo─. Kai, hay otra cosa que me desconcierta un poco. Según Michael, los Morgan fueron los primeros y los últimos en ocupar esa casa, pero sin embargo, la mayoría de los muebles que hay en la casa… la cocina, el cuarto de baño, los dormitorios… no encajan con unos muebles antiguos de hace doscientos cincuenta años, sino que parecen ser muebles más recientes. Todo está prácticamente nuevo. No sé, si se supone que nadie más entró a esa casa, ¿dónde están las pertenencias de los Morgan?

─No lo sé, quizá la gente lo tirara todo tras la muerte y desaparición de ellos.

─Pero aún así. La cocina está prácticamente nueva al igual que todo lo demás. Debe de haber vivido alguien ahí.

─Es una posibilidad, quizás a Michael se le olvidó mencionarlo.

Suspiró–. Puede ser ─dijo con una media sonrisa.

─¿Y si nos quedamos aquí el resto del día? ─preguntó cambiando de tema.

Miró a su alrededor─ ¿Aquí? ¿En mitad del bosque? Pero si no hay nada ─respondió incrédulo por la oferta del otro.

─Solo estamos tu y yo, y es todo lo que necesito para ser feliz ─se agachó un poco para acercarse a él, mientras llevaba su mano a la mejilla del menor.

El menor cerró los ojos dejándose llevar por la suavidad de los labios del mayor sobre sus labios. Inmediatamente buscó rodearle el cuello con sus manos, sintiendo como el mayor le abrazaba por la cintura con las suyas. Aunque se separaban por falta de aire, volvían a unirse. No querían separarse, es más les costaba hacerlo.

Permanecieron un rato así y después se cogieron de la mano para seguir su camino.

&&&Kai&Takao&&&

Entraron por la puerta de la cocina, por donde mismo habían salido esa mañana.

─Podemos cambiar la cerradura de la casa, de esa forma tendríamos las llaves de esta casa─ decía Takao cerrando la puerta tras de sí.

─Sí, ¿pero qué haríamos con esas llaves después? Quiero decir, solo estamos aquí de paso. ¿No? ─le preguntó apoyando sus codos en la encimera de la cocina mientras le miraba.

─Sí, eso es verdad ─cayó en la cuenta de que el bicolor tenía razón–. Entonces haremos como si no hubiese dicho nada ─le restó importancia.

─Oye ─silenció unos segundos.

─¿Qué sucede? ─le preguntó al ver que estaba algo serio.

─Quiero volver a dormir contigo esta noche ─le miró fijamente.

Takao se sonrojó de sobremanera al oír esa confesión–. Vaya, si que eres directo ─confesó mirando hacia un lado─ ¿Tienes miedo de lo que pueda hacerte ella?

─No. Solo quiero estar contigo y respirar ese aroma tan agradable que desprende tu cabello.

El peliazul se cogió un poco de su cabello y se lo llevó a su nariz–. No huelo a nada. Debe de ser el champú que uso. De todas formas, de aquí a la noche ya se verá ─dijo nervioso.

─Jajaja. ¿Te has puesto nervioso?

─¿Yo? Jeje, que va. Mejor voy a… mi habitación a… lo que sea ─respondió, después de todo no se le ocurría nada. Kai iba a responder algo pero en ese momento se escuchó el llanto de la niña─ ¿Has oído eso?

─Sí ─dijo caminando hacia Takao.

El peliazul miró hacia el techo, como si pudiese ver a través de éste, buscando el sonido de ese llanto–. Creo que viene de por aquí ─le informó saliendo de la cocina para buscar la sala de las escaleras. Se detuvo frente a éstas siendo seguido de cerca por el mayor.

─¿Puedes verla? ─preguntó el mayor.

─No ─le contestó mirando hacia todos lados, girándose sobre sí mismo– Dime. ¿Qué te sucede? ¿Por qué lloras? ─silenció unos segundos, pero la niña no paraba de llorar y aún no se aparecía frente a él y eso le ponía algo nervioso–. Mariam, no estoy enfadado contigo por lo que hiciste ayer. Puedo ayudarte, solo tienes que contarme porque lloras.

Kai lo miró sorprendido. Acababa de llamar a la fantasma por un nombre que él había estado buscando horas antes pero sin ningún éxito.

En ese momento, la niña apareció sentada en el primer escalón de las escaleras, mientras se restregaba los ojos para limpiarse las lágrimas. Takao se acercó y se arrodilló frente a ella.

─¿Por qué lloras? ─le preguntó con voz sedosa.

─Mamá no viene a casa ─contestó.

─¿Dónde ésta ella?

─Se fue contigo.

─¿Conmigo?─ preguntó confundido. ¿Cuándo? ─siguió con la pregunta ya que ningún fantasma se había ido con él.

─Hoy ─contestó, confundiendo aún más al peliazul. Se hizo hacia un lado para ver al bicolor─ ¿Ese quién es?

─Es mi amigo ─le respondió, fijándose en los movimientos de la niña.

─Qué raro es ─al igual que los demás espíritus, la pequeña podía ver un alma dentro de un cuerpo, aunque no lo comprendía. Silenció unos segundos para mirar de nuevo al peliazul─ ¿Te está cuidando? ¿Por qué tu familia no está aquí?

Ahora el que silenció unos minutos fue Takao. No sabía que responderle. La niña parecía que le conocía de toda la vida, incluso hablaba de su familia como si la hubiese visto.

–Eso es algo difícil de explicar.

─Yo echo de menos a mi mamá y tu a la tuya, ¿a que sí?

─Sí, la echo de menos ─reconoció con un deje de tristeza.

─Lloras por la noche por que la echas de menos. ─afirmó la niña.

─Tu madre. ¿No sabes a donde iba?

Negó con la cabeza lentamente–. Ella me dijo que no me moviera de aquí. Que traería de vuelta a Spyke.

─¿A Spyke?

─¿Por qué te lo llevabas? Spyke es mío, solo te lo estaba dejando.

─Siento habérmelo llevado ─contestó no muy seguro de que decir. No entendía ni la mitad de las cosas que la niña le decía.

─¿Por qué antes hacías como que no me conocías? No me gusta que hagas eso.

¿Que debía decirle? ¿Qué no la conocía? ¿Qué jamás la había visto antes? –. Era un juego. Pero no volveré a jugar a eso.

Sonrió–. Ahora no estoy sola. Tú estás aquí, ¿juegas conmigo?

─¿Jugar a qué?

─A la pelota ─respondió con naturalidad.

─Aquí no hay una pelota y soy un poco grande para ese juego ─se disculpó con algo de vergüenza.

─Jajaja, pero si eres un niño.

─¿Un niño? ─más que preguntárselo a ella se lo preguntaba a sí mismo. ¿Eso era posible? ¿Por qué le veía Mariam como un niño en lugar de cómo un adulto? ¿Y como había conseguido recordar el nombre del fantasma si ni siquiera lo sabía?–. Claro ─confirmó no muy seguro–. Estoy algo confundido por el viaje. ¿Te he dicho mi edad, verdad? ¿Qué edad tengo?

─Seis años ─le miró confusa–. Estás muy raro hoy. Voy a por la pelota ─dijo desapareciendo.

Takao miró rápidamente hacia Kai. Permanecía de pie, con los brazos cruzados y en silencio–. Ha ido a por una pelota, quiere que juegue con ella.

─Ya veo, ¿has podido averiguar algo más?

─Algunas cosas, pero me tiene muy confundido, luego te lo explicaré, haber si mientras que jugamos consigo sacarle alguna información más.

&&&Kai&Takao&&&

Sentado bajo la sombra del árbol, miraba atentamente como el peliazul lanzaba la pelota hacia arriba sin hacer mucha fuerza, lanzándosela al espacio en el que se suponía que debía de estar la niña. Claro estaba que el balón flotaba de vez en cuando y otras veces botaba en el suelo. De no ser porque él mismo había sido un fantasma, ya se estaría preguntando muchas cosas. Podía ver como el menor movía la boca, seguramente le estaba haciendo preguntas a la menor y de no ser así, estaría intentando crear un vínculo de confianza con ella.

Su espalda permanecía apoyada en el tronco del árbol y sus brazos cruzados. La verdad es que estaba un poco aburrido y aunque Takao le había sugerido que hubiese cogido uno de los tantos libros de la biblioteca de la casa para leer, él prefería mantenerse alerta por si algo llegaba a pasar. La verdad es que pensaba que le era de más ayuda a Takao como fantasma que estando vivo. Ahora no podía ver el mundo que Takao veía y en ciertas ocasiones aunque no decía nada, se sentía algo extraño. Más bien se sentía limitado. No poder escuchar lo que los muertos dicen, no poder verlos como antes. No dudaba de que era mejor estar con vida, eso después de todo, no lo cambiaría por nada… pero, en más de una ocasión, el tendría que estar al margen en cuanto a casos como estos.

Aún esperaba que Takao le contase lo que esa niña le había dicho cuando se arrodilló frente a la escalera. Tan pensativo estaba que ni cuenta se dio de que el peliazul ahora estaba frente a él, mirándole fijamente.

─¿Estás bien? ─le preguntó sacándolo de sus cavilaciones mientras se sentaba a su lado.

─Sí ─le respondió mirándole─ ¿Ya se ha ido?

─Sí ─se recostó, poniendo su cabeza sobre el hombro del mayor–. Decía que tenía que vigilar la puerta de entrada por si su madre volvía.

─Ah. ¿Y de que habéis hablado? ¿Has sacado algo en claro?

─No mucho. Dice que su madre ha desaparecido hoy cuando se ha ido detrás de mí. Pero hoy no me ha seguido ningún fantasma. Y si ella está atrapada en el tiempo… yo no tengo cerca de doscientos cincuenta años y además me he dado cuenta de que por alguna razón me ve con apariencia de niño.

─¿Algún antepasado tuyo quizás?

─No sé, también lo he pensado, pero sería mucha casualidad y algo muy raro además. Que Mariam se encontrase con uno de mis antepasados en esta casa o su familia… es algo que me cuesta un poco imaginar. Y además, ¿un antepasado mío que se llamase también Takao? ─negó con la cabeza.

Kai silenció unos segundos─ ¿Viste el nombre de la niña en los periódicos?

─No.

─¿Y entonces como es posible que sepas su nombre? Piénsalo, la llamaste por su nombre en las escaleras y ahora lo estás volviendo a hacer. ¿No crees que eso también es raro? ─se detuvo a pensar en lo que el bicolor había dicho. Tenía razón, todo eso era bastante raro. Era como si algo le estuviese implantando información que él desconocía.

─¿Y si ella implanta recuerdos en mí sin que yo me dé cuenta?

─¿Pueden hacer eso los fantasmas? ─preguntó enarcando una ceja con la vista puesta en el frente.

─Puede ser. Algunas veces tengo premoniciones, otras veces puedo sentir sus sentimientos, es como si me los trasmitieran. Pero pocas veces me ha pasado eso ─reconoció con voz sedosa.

─Dime una cosa. Cuando tienes premoniciones. ¿Te duele?

─Es como estar en un sueño, mientras lo tienes, sientes el dolor, experimentas sensaciones y emociones, pero una vez que sales del trance, es igual que despertar de un sueño. No te duele, aunque queda grabado en tus recuerdos. Algunas premoniciones las vivo, mientras otras solo me azotan la cabeza rápidamente y desaparecen.

─¿Cómo es posible que puedas ver algo que pertenece a la vida de otra persona? Sus recuerdos, cosas que le han pasado…

─Porque ellos me lo mandan de alguna forma, según la fuerza que tenga su carácter en ese momento, si están tristes, alegres, o muy enfadados.

─¿Pero y las premoniciones en las que no sabes lo que va a suceder? Por ejemplo cuando tuviste aquella premonición en tu apartamento. El día que tuviste esa cena con Kenny. Me dijiste que viste claramente como la mesa caía al suelo. Y no es por destrozar tu teoría, pero ni yo sabía que eso lo iba a hacer ─le dijo pasándole el brazo por encima para poder abrazarlo.

─Supongo que ese es otro de los misterios que tendremos que resolver ─sonrió–. Pero primero me centraré en averiguar este misterio. Quien es esta niña, ¿me conoce realmente o me está confundiendo con un antepasado mío? Si tan solo pudiera tener más información. Saber quiénes fueron los últimos propietarios de esta casa después de los Morgan. ¿Crees que Michael sepa algo de esto?

─¿Por qué él? Podemos preguntar a las casas de alrededor ¿verdad? ─preguntó esquivando la mirada.

─Jajaja ─se echó a reír

─¿Qué pasa? ─preguntó confundido el bicolor.

─¿Por qué te pones tan celoso? ¿Siempre has sido así?

─Es posible ─reconoció–. Se te acerca mucha gente ─dijo en su defensa–. Pero quiero que sepas que si tuviese mi verdadero cuerpo, las chicas se volverían locas por mí.

─Uy, que creído ─respondió echándose a reír.

─Di lo que quieras, pero es cierto ─sonrió de forma confiada. Silenciaron unos segundos, admirando el paisaje─ ¿En qué piensas?

─En muchas cosas que me han pasado. Ahora parece ser que por fin tengo algo de suerte en la vida ─suspiró–. No sé si Mariam sabe realmente si está muerta o no y tampoco sé como decírselo. Es solo una niña y no estoy seguro de si entiende o recuerda lo que le haya pasado ─se levantó lentamente y miró hacia la casa. Pudo ver a la pequeña asomada por una de las ventanas del piso de arriba, mirando hacia la lejanía–. Mariam aún espera a su madre ─silenció unos segundos y cayó en la cuenta de algo–. Oye Kai, hay tres ventanas en el segundo piso de la casa, ¿verdad?

─Sí ─le contestó poniéndose de pie también.

─¿Entonces por qué se ven cuatro por fuera? ─le preguntó mirando hacia la ventana que estaba encima de la puerta de entrada.

─Pero estoy seguro de que solo son tres. La habitación donde tú duermes, la habitación de matrimonio y el cuarto de baño, que da a la parte trasera de la casa ─se puso a contar con los dedos–. La habitación donde duermo yo no tiene ventana.

─Y donde debería estar esa ventana, hay una pared, y luego están las escaleras ─sonrió–. Hay una habitación secreta.

─¿Y para que iba a ver una habitación secreta? ─preguntó desconcertado.

─No lo sé, pero podemos averiguarlo, vamos ─le invitó.

&&&Kai&Takao&&&

Llevaban cerca de quince minutos palpando la pared, esa donde se suponía que al otro lado debía de estar la ventana.

–Creo que aquí no hay nada ─suspiró cansado, Takao.

─¿Por qué no le preguntas a esa niña por donde se entra? Yo creo que debe de saberlo, después de todo, es su casa ─decía el bicolor sin dejar de tocar la pared.

─Bueno, quizá no haya nada importante allí. Al igual que el sótano que está cerrado con llave. Seguramente haya recuerdos de su familia.

─¿Y no es eso lo que estamos buscando? Alguna pista que nos diga que le pasó a esa niña o saber quien vivió después en esta casa ─sonrió con altanería–. No pensaba que te rendirías tan fácil.

Se rascó la cabeza–. Tampoco es eso, pero… ─miró su reloj de muñeca–. Será mejor que preparé algo de cenar. También cabe la posibilidad de que después de hacer una habitación, la tapasen con ladrillos ─se llevó la mano a la boca y bostezó–. En cualquier caso, todo esto son hipótesis. Y si no ceno algo, creo que me será imposible seguir pensando ─dicho esto se dio media vuelta y empezó a bajar las escaleras.

&&&Kai&Takao&&&

Escuchaba un ruido que no sabía definir. Abrió los ojos con algo de pesadez. Se dio media vuelta en la cama mientras se abrigaba más, pero a aquel que esperaba ver acostado a su lado, no estaba. Apoyó la mano sobre el colchón y se incorporó quedando sentando en el.

─¿Takao? ─le llamó, revisando con la mirada toda la habitación. Pero ahí no estaba y la puerta estaba totalmente abierta, cuando recordaba que la habían dejado cerrada.

Entonces esa especie de crujido que había escuchado antes… ¿podía ser emitido por la madera al ser pisada? ¿Entonces sería Takao saliendo de la habitación? No debería de darle importancia al asunto, quizás estaba en el servicio. Pero dado los antecedentes de las noches que había pasado con Takao, quizá algo pasaba.

Miró el reloj de pulsera. Aún no era la hora en la que Takao tenía sus pesadillas. Lo mejor sería comprobar que estaba en el servicio para su mayor tranquilidad.

Puso los pies en el suelo, saliendo de la habitación de matrimonio hasta llegar al pasillo donde una vez allí, bostezó y siguió caminando hasta quedar frente a la puerta del cuarto de baño para tocar un par de veces.

─Takao, ¿estás ahí? ─preguntó, pero no obtuvo respuesta. Enarcó una ceja y escuchó otra vez como la madera crujía, pero esta vez el sonido provenía de abajo.

Se dio media vuelta y empezó a caminar por el pasillo hasta la barandilla de las escaleras. Puso sus manos en la barandilla por precaución y miró hacia abajo. Ahí estaba Takao terminando de bajar las escaleras. Pero no estaba solo. Podía ver claramente a la niña. ¿Qué se suponía que estaban haciendo tan tarde? Bajaría ahí, eso estaba claro, pero no interrumpiría a no ser que fuese necesario. No sabía si Mariam se enfadaría de nuevo. Era mejor no arriesgarse con ella.

Takao bajó el último escalón y miró hacia el techo, parecía estar buscando algo o eso le pareció al bicolor.

Kai empezó a descender por las escaleras lentamente, procurando no hacer mucho ruido al pisar a la vez que seguía los movimientos de Takao.

─No lo veo ─le decía el peliazul, mirando alrededor de la lámpara.

─Tiene que estar ahí. Mi padre siempre lo coge de ahí ─le respondió la pequeña.

─Mmm ─afiló la vista─. Espera creo que lo veo ─le pareció ver una muy fina cuerda bramante de color blanco descender del techo. Dio un pequeño salto, pareciendo ante los ojos de cualquiera que había atrapado algo, pero sin embargo, Kai no podía ver nada. No al menos hasta que no vio lo evidente.

Takao había tirado hacia abajo de la cuerda. Pronto un trozo de techo se dejó caer hacia abajo, dejando a su vez caer unas escaleras, quedándose a mitad del trayecto. Así que el moreno de piel agarró las escaleras y tiró un poco de ellas también hacia abajo, tocando éstas ya el suelo por fin.

─Vaya, así que había una trampilla aquí. Quien lo hubiera dicho ─dijo empezando a subir las escaleras para saber qué era lo que se escondía al otro lado. Tan pronto subió arriba seguido por la niña se quedó quieto por unos segundos–. No veo nada. ¿Dónde está la luz? ─casi no le había dado tiempo a terminar la frase cuando la niña encendió la luz. No iba a preguntarse cómo era posible que ella hubiese podido encender la luz, ya que los fantasmas tenían ese poder de hacer lo que quisieran con las cosas. Y en verdad, era algo increíble.

Vio montones de cajas cubiertas del polvo al igual que toda la habitación y ni que decir tenía que había muchas telarañas tirando a un color negro–. Parece un trastero ─un espejo, una cuna antigua, un maniquí de media figura… realmente todo era muy antiguo. Había algunos muebles y desde luego no eran de este siglo. Caminó un poco por la habitación para explorar–. Oye, Mariam. ¿Dónde está la llave de la que me hablaste?

─Está ahí ─señaló hacia una caja de tamaño mediano que estaba sin precintar con el dedo índice.

El menor se acercó hasta ella abriéndola con cuidado, después de todo había mucho polvo encima y tampoco quería ensuciarse mucho, ni levantar en el ambiente más polvo del que ya había en la habitación.

En el interior de la caja estaba la llave que tanto habían buscado Kai y él para poder abrir la puerta del desván. Era de un tamaño bastante grande, tanto como la palma de su mano. Parecía de bronce y tenía dos dientes abajo y uno arriba. Tenía un extraño dibujo al final de la llave haciendo varios círculos pequeños en la empuñadura.

La agarró con la mano izquierda, sonriente. Vio algo curioso en cuanto sacó la llave de la caja. Parecía un pequeño retrato polvoriento. No tenía marco, parecía un folio más bien, aunque por la espesura del polvo que había encima no podía ver nada. Pasó la mano por encima para quitarle la suciedad y descubrir que era aquello.

Como pensaba, era el retrato de una familia. Era de tres miembros, un hombre, una mujer y en medio de pie, una pequeña niña. No había duda de que ese era el señor Morgan, así que imaginó que la pequeña se trataría de Mariam cuando apenas podía sostenerse en pie, después de todo, no aparentaba mucha edad y esa mujer aunque lucía distinta de la foto del periódico, debía tratarse de la señora Morgan. Llevó su mano derecha hasta la foto, acariciando suavemente con la yema de los dedos la imagen de la mujer. Realmente era joven y guapa.

Como si alguien lo hubiese agarrado del cuello, abrió la boca, notando la falta de aire. Pronto las imágenes comenzaron a azotarle la cabeza de forma rápida. Todo era muy confuso y no podía ver las cosas con claridad, solo notaba claramente la falta de aire. Dejó caer tanto la llave como la imagen al suelo.

Una mujer cogía a su hija y la sentaba en el columpio para después balancearla. Ahora estaba arropando a su bebé en la cuna, deseándole las buenas noches. Bailaba alegremente con su marido un vals en el salón. Ayudaba a soplar las velas a su hija pequeña de dos años con una sonrisa… Solo la única imagen que pareció clara durante unos segundos fue una. Una mujer miraba hacia el suelo. Su pelo largo y ondulado impedía el poder verle la cara y parecía estar mojada. Ésta levantó repentinamente la cabeza para dejar ver su cara en un flash, tras dejar escapar un grito desgarrador.

Sintió que las fuerzas se le acababan al igual que el aire. Así que vio claramente como su cuerpo iba cayendo hacia atrás. Pero no cayó al suelo como se esperaba, sino que algo pareció detenerle ¿La pared quizás?

─Takao ¿estás bien? ─preguntó un nervioso Kai quien había conseguido sujetarle antes de que éste cayera al suelo. Podía escuchar como el menor empezaba a toser. Lo dejó caer lentamente al suelo para sentarlo y poder encararlo─ ¿Puedes respirar? ─le preguntó preocupado. El menor asintió rápidamente, aunque no contestó.

─Estoy algo mareado ─confesó casi sin voz

─Vale, agárrate a mi ─le dijo acercándose–. Te voy a coger en brazos.

Antes de que Takao rodeara el cuello de Kai, señaló primero la llave que estaba en el suelo, así que Kai entendió que debía de cogerla.

Acto seguido se acercó a Takao hasta sentir como el menor le rodeaba el cuello. Lo cargó en brazos y bajó como pudo por las escaleras.

Pisando por fin el suelo, lo llevó hasta el comedor, dejándolo en el sofá─ ¿Quieres que te traiga un vaso de agua? ─le preguntó Kai–. Que pregunta más estúpida, está claro que lo necesitas ─declaró saliendo por la puerta.

Tras esperar unos segundos, el bicolor llegó con un vaso de agua, entregándoselo al peliazul.

─Gracias ─aceptó el vaso y empezó a beber, dejándolo totalmente vacío, devolviéndoselo al bicolor.

─¿Estás mejor? ─le preguntó sentándose a su lado.

─Sí.

─¿Qué ha pasado ahí arriba? ─preguntó confundido.

─He tenido una visión o varias en una ─contestó esperando a que Kai lo entendiese.

─Eso lo entiendo, ¿pero qué hacías ahí arriba?─ esperaba una respuesta contundente.

─Cuando me estaba cepillando los dientes, Mariam apareció en el cuarto de baño. Se me ocurrió preguntarle donde estaba la llave del sótano y ella me dijo que estaba en la habitación de los juegos. También le pregunté por donde se entraba a la habitación oculta. Me dijo que esa era la habitación de los juegos y que me lo enseñaría todo una vez que tú estuvieras dormido.

Bufó en señal de disgusto, llevándose las manos a la cabeza–. Definitivamente me odia ─anunció enfadado─ ¿Por qué no me has contado nada?

─Ella no me hubiera enseñado nada si tú hubieses venido conmigo.

─No puedo creerlo ─contestó desviando la mirada, parecía que el menor no contaba con él para nada.

─Sé que estás enfadado, lo siento ─se disculpó.

─Ya ─respondió con desdén─ ¿Qué hubiese pasado si yo no llego a cogerte justo cuando te estabas cayendo? Te podías haber golpeado la cabeza ─le reclamó encarándole.

─Pero no ha sido así ─repuso de inmediato.

Tiró la llave al sofá de mala gana–. Me voy a la cama ─caminó hacia la puerta del comedor y salió por ella tan rápido que a Takao no le había dado tiempo a decir nada.

─Espera Kai ─esperó unos segundos para ver si Kai volvía a entrar por el umbral de la puerta, pero al parecer estaba muy enfadado. Suspiró derrotado y miró lentamente hacia un lado, para ver como la llave había caído sobre el cojín.

Cogió la llave y la dejó sobre la palma de su mano. Estaba claro que había descubierto cosas nuevas esta noche, aunque no estaba seguro de que. Solo esperaba la felicitación de Kai y lo único que hizo fue hacerle enfadar. Quería saber porqué esa puerta, la del desván, era la única que estaba cerrada con llave. ¿Qué guardaba esa habitación dentro de ella? Pero no estaba dispuesto a hacerlo si Kai no estaba a su lado. Lo mejor sería ir a la habitación y pedirle perdón por lo sucedido.

Se levantó lentamente del sofá y caminó hacia la puerta. Quedó sorprendido al ver al bicolor sentado en el primer escalón, con la cabeza agachada y las manos sobre su cabello.

─Pensaba que te ibas a dormir ─se atrevió a decir con voz sedosa.

─No hubiese podido hacerlo de todas formas.

─Sigues enfadado –confirmó.

─¿Cómo quieres que no lo esté? ─le preguntó sin tan siquiera mirarle.

El peliazul se sentó a su lado–. Kai, sabes que no puedo controlar las visiones.

El bicolor levantó la cabeza y se cruzó de brazos, apoyándolas en sus piernas. Le miró fijamente─ ¿Crees que es por eso que me he enfadado? No tiene que ver nada con las visiones o con el hecho de que si no llego a estar ahí te podías haber abierto la cabeza ─suspiró–. Lo que realmente me molesta es que no has contado conmigo para esto. Creía que estábamos juntos en esto. Que podía ayudarte. Pero no es así.

─Claro que me ayudas.

─No, no es verdad. Cuando te veo hablar con un espíritu, realmente solo permanezco en silencio, no puedo verlos como tú. Cuando tienes esas visiones, no puedo soportar ese dolor por ti. Llego a pensar que soy un completo inútil. Incluso muerto podía ayudarte mejor… ─no pudo seguir hablando ya que el menor lo silenció con un dedo.

─¿Qué no eres de ayuda dices? Tú no huyes de mi lado cuando me ves hablar con un espíritu, pensando… ¡Eh, ese chico está loco! Cuando tengo una visión siempre estás ahí para sujetarme y evitar que me haga daño. Cuando tengo esas pesadillas tú estás ahí para abrazarme. ¿Crees que estaría hoy aquí en ésta casa si no fuese por ti? ─negó con la cabeza–. Tu eres el que me da fuerzas cada día para seguir hacia delante. Me has ayudado a comprender que por muy duro que sea mi destino, puedo seguir hacia delante si lucho por ello. Pero no podría hacerlo si tu no estuvieras conmigo. Intento ser mejor persona de lo que soy cada día, solo porque tú estás ahí para animarme y si algo va mal, tú me ayudarás a recuperarme. Para mí el tenerte cerca es la mayor recompensa que he podido ganar con la vida que me ha tocado vivir. Porque tú eres el único que ha conseguido convertir mi maldición en un don ─retiró el dedo de los labios del mayor–. Así que no vuelvas a decir algo así ─carraspeó. Después de todo mientras había estado hablando, había estado relajado pero ahora que había dejado todos sus sentimientos salir, estaba nervioso por lo que diría el bicolor–. Esta noche no te he despertado por que cabía la posibilidad de que Mariam te hiciese daño. Y no quería que otra vez salieses herido ─se fijó en que el bicolor no decía nada─ ¿No dices nada? ─preguntó inquieto.

El bicolor se echó hacia delante y abrazó al peliazul, permaneciendo quieto–. Supongo que no se puede evitar. El que yo me preocupe por ti y tú por mí ─sintió como el menor le correspondía el abrazo lentamente–. Pero realmente empecé a asustarme cuando no te vi en la cama. Primero pensaba que podías estar en el servicio, pero cuando toque a la puerta y no hubo respuesta. No podía dejar de pensar que estabas en peligro.

El peliazul reparó en las palabras del bicolor. Ahora que lo abrazaba se daba cuenta de que el bicolor estaba sin camisa.

─Lo siento. No volveré a preocuparte así. De ahora en adelante te lo contaré todo ─anunció sonriendo

─Eso me hará muy feliz ─le dijo frotándole la espalda con delicadeza. Se separó un poco de él para darle un rápido beso en los labios.

─Vas a coger frío si sigues así, sin apenas ropa –especificó.

─Entonces, será mejor que nos vayamos a la cama ─juntó su frente con la de Takao.

─Vale ─respondió. Se separó del bicolor, poniéndose en pie.

Kai se percató de que Takao aún llevaba en la mano la llave antigua. Se puso de pie y antes de que Takao comenzara a subir las escaleras, le detuvo al cogerle la mano que estaba cerrada por tener en su poder la llave.

─Siento haberla tirado de cualquier forma ─agarró la mano de Takao con ambas manos, como si en ella hubiese un tesoro, capturando la llave para mostrársela─ ¿Desvelamos el misterio? ─le preguntó en un tono juguetón.

Enarcó una ceja confundido–. Pero creía que nos íbamos a la cama.

Con la llave se dio pequeños toquecitos sobre la palma de su mano izquierda–. Y así era. Pero tú ya has desvelado un misterio esta noche ─se refería al hecho de que Takao había encontrado la habitación oculta–. Al menos déjame hacer los honores con el sótano.

El menor sonrió–. Está bien.

&&&Kai&Takao&&&

Se encontraban frente a la puerta del sótano. El bicolor metió la llave en la cerradura. Encajaba perfectamente, ahora solo faltaba ver si después de tanto tiempo, esa puerta podía abrirse finalmente. La giró dos veces mientras sujetaba el pomo.

─Parece girar ─le informaba Kai. Empujó el pomo hacia fuera, abriendo la puerta.

─También hay unas escaleras ─advirtió, por la poca luz que entraba en el sótano que procedía de la habitación en la que se encontraban ahora. Miró hacia la derecha de la pared, viendo la llave de la luz. Levantó el interruptor hacia arriba y la luz se encendió, haciendo unos bajones–. Parece que tiene la bombilla floja ─miró hacia Kai─ ¿No vas a bajar?

─Baja tú primero.

─Jajaja. ¿Qué pasa? ¿Te dan miedo los sótanos? ─le preguntó cruzándose de brazos.

─Nada de eso ─se rascó la nuca–. En cualquier caso, yo ya he hecho los honores abriendo la puerta.

─Pues haz los honores, siendo el primero en bajar ─le animó colocándole por delante de él–. Venga, baja.

El bicolor vio como había bastantes escaleras y enfrente la pared, pero estaba seguro de que a la derecha seguía el sótano.

─Bueno, puede que tenga un poquito de miedo ─hizo un gesto con la mano, indicándole el tamaño del miedo que tenía con el dedo índice y el pulgar–. Pero solo un poco.

─Me lo imaginaba ─decía apartándolo hacia un lado.

─Es que en las casas antiguas… el sótano es el punto clave de la casa. En las películas siempre es igual ─se sonrojó.

─Monstruos que salen del suelo, un cementerio bajo la casa… ─zapateó en las escaleras de madera–. Fíjate, es la típica escalera de madera en la que alguien va descendiendo y un monstruo te coge del pie.

Desvió la mirada–. Búrlate si quieres, pero me quedó aquí.

Agarró con ambas manos las mejillas del mayor y giró la cara hacia él para que le mirase–. Vale ─le dijo poniéndose un poco de puntillas para poder darle un corto beso–. Ahora vengo ─le avisó soltándole, para empezar a bajar las escaleras.

─Ten cuidado ─le advirtió, perdiendo a Takao de vista. Se cruzó de brazos y se mordió el labio inferior. Después de todo estaba nervioso por si algo sucedía ahí abajo. ¿Y él era el que pretendía proteger a Takao de las cosas sobrenaturales? Que patético. En teoría no vería algo que no hubiera visto mientras había estado muerto. Estaba reflexionando en eso cuando de repente escuchó gritar a Takao.

─¡Ah!

─Takao ─le nombró antes de salir corriendo escaleras abajo, girándose hacia la derecha al final de ella, encontrándose con un peliazul que miraba a Kai con una mano puesta en el pecho mientras se reía. Eso hizo que el bicolor se detuviese─ ¿Estás bien?

─Claro, jajaja.

─¿Y entonces por qué has gritado? ─frunció el ceño al ver que Takao desviaba la mirada–. No habrás gritado solo para hacerme bajar ¿verdad?

─No, que va ─sonrió sin mirarle.

─Ya ─finalizó incrédulo.

─Pero ya que has bajado ─dijo Takao encarándole–. Mira cuantas cajas hay aquí ─señaló con el dedo índice hacia ellas, pero en vista de que el bicolor no se movía, decidió continuar–. Había una rata y me ha asustado, eso es todo.

─¿Una rata? ─preguntó no muy convencido.

─Sí. ¿Qué pasa? Tú le tienes miedo a los sótanos encantados, yo a las ratas –sentenció.

─¿Y hacia dónde ha ido? ─preguntó sin creerle, pero esperando una explicación a cambio.

─No estoy muy seguro ─sonrió–. Pero mira, las cajas de la habitación secreta estaban cubiertas por un polvo mucho más negro que el de estas. Y a diferencia de aquellas, estas tienen etiquetas de mudanza pegadas. Lo que significa que alguien estuvo viviendo en esta casa después de los Morgan.

─Eso respondería algunas de nuestras dudas ─se acercó a una de las cajas y se agachó para poder abrirlas–. Solo nos falta saber quiénes son y porqué no están aquí.

─Sí, tenemos que encontrar algo que nos sea de ayuda. Algo que los identifique ─imitó a Kai en sus movimientos–. Yo abriré esta caja, tú abre esa otra. Aunque creo que si no están aquí es porque Mariam los ha asustado. Pero sigue sin encajar, ya que restauraron los muebles enteros de la casa y aquí debe de haber otras pertenencias para la mudanza. Como si en un principio pensasen vivir aquí, pero luego por alguna razón decidieran marcharse ─intentaba despegar el friso con cuidado.

─Un fantasma rondando en la casa, en una buena razón para desaparecer.

─Sí, pero Mariam en particular ha sabido guardar muy bien la casa. Además, recuerda que no daba ni tiempo a que los nuevos inquilinos pasasen aquí ni veinticuatro horas. Es por eso que me extraña el hecho de que estos desconocidos pudieran durar mucho más de eso ─miró a Kai–. Ten cuidado de no romper la caja, puede que algún día reclamen esto y les sea devuelto.

─Vale, lo tendré ─le garantizó.

Takao abrió la caja encontrando ropa de niño–. Aquí hay ropa.

─Aquí hay algo ─dijo sacando un libro─. Es un libro. No. Creo que es más bien una especie de diario.

─¿De verdad? ─lo miró interesado.

─Sí, y aunque no debería de hacer esto, es una emergencia, así que… ─decía al tiempo que lo abría y miraba la primera página–. Pertenecía a un hombre.

─¿Ah, sí? Qué raro. Normalmente las mujeres son las que escriben diarios. Déjame verlo─ pidió, recibiéndolo en la mano. El peliazul enmudeció al ver el nombre que se reflejaba en el diario. Pero eso era imposible. Al fin y al cabo en todo el mundo habría miles de personas con el mismo nombre y apellido, ¿verdad?

─Takao, ¿sucede algo? ─le preguntó al mirarle. Su cara se estaba tornando pálida y no se movía prácticamente.

─Tiene el mismo nombre que alguien que conocí ─respondió sintiendo como se le ponía la piel de gallina.

─¿De verdad?

Asintió–. Busca alguna foto, solo para asegurarnos de que no es la persona que estoy pensando.

─Vale, voy a mirar en otra caja ─avisó el bicolor.

Takao dejó el diario en el suelo y abrió otra caja. En esa solo había más ropa. Abrió otra con más rapidez, viendo una foto enmarcada. La sacó lentamente de la caja, observando la foto con detalle. No pudo reprimir más su nerviosismo, dejando que sus sentimientos lo arrastrasen.

─Ya he encontrado una foto ─le avisó a Kai en un hilo de voz

─¿En serio? ─preguntó acercándose para ver la imagen─ ¿Los conoces? ¿Quiénes son?

─Mi familia ─finalizó dejando que una lágrima resbalase traviesamente por su mejilla. Sin soltar el cuadro abrazó al bicolor con desesperación, echándose a llorar con fuerza. Kai cerró los ojos y lo abrazó con intensidad.

Continuará…

&&&Kai&Takao&&&

Lamento el enorme atraso, la verdad es que no tengo mucho tiempo libre, así que voy escribiendo lo que puedo. Espero que los que seguían esta historia no hayan olvidado su contenido por la ausencia de subidas.

Gracias por sus reviews a:

Valery Hiwatakinomiya: Hola, pues como ves los misterios que entornan el su caso de la niña dan bastante que pensar. Algunos misterios han sido desvelados, otros lo irán haciendo a lo largo del fic.

Maritessa Pérez Cortes: bueno Maritessa, respondiendo a tu duda aunque sea ya tarde. En mi fic Siempre nos quedará Venecia, es un final abierto, no explico ciertas cosas para que así la gente deje volar su imaginación como quiera aunque no es mi estilo a la hora de escribir, ya que siempre intento despejar las dudas que pueda haber en un fic. Pero si tienes una duda acerca de ese fic pues me la preguntas y yo encantada te contestaré. ¿En serio te leíste dos veces el capi siete de este fic? Eso sí que no me lo esperaba, supongo que debió de gustarte entonces.

Takaita Hiwatari: Así que tú no te meterías en esa casa ni aunque te diesen un millón de euros por noche ¿no? Típico de ti, jajaja. Y creo que esta es una pregunta que se la hace la gente desde hace tiempo ¿existe un vinculo del pasado entre Mariam y Takao? ¿Cómo murió la familia Morgan? Exceptuando a Eddie Morgan, claro. ¿Quién es Spyke? ¿Cómo sabe Takao el nombre de la niña? ¿Por qué Mariam lo ve con apariencia de niño?

Sol Yuki Uzumaki: ¿en serio piensas escribir una historia Kai&Takao? ¿Y encima me la dedicarías? Pues te animo a que lo hagas, no solo porque me lo dedicarías, sino porque no hay mucha gente que escriba sobre esta pareja y me parece una lástima.

Kiray Hiwatari:gracias por tu apoyo y la escena de la despedida de Yuriy con Kai, yo creo que más de una persona lloró ahí y creo que con respecto al misterio que entorna la niña, a más de una persona se le hará un nudo en la garganta.

Hiika: pues siento haberte decepcionado con respecto a la actualización porque en serio que me he tardado más de lo que me hubiese gustado, pero es que el trabajo no me deja tiempo para mucho, pero bueno, se hace lo que se puede. Espero que te haya gustado este capi al igual que los demás.

Jery Hiwatari: he aquí la continuación y lo cierto es que en lugar de resolver las cosas en este capi, creo que le di más misterio, jajaja, que se le va a hacer, ya se irán despejando vuestras dudas, pero aun así, espero que te haya gustado.

Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.