Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen ─ai, Lemon

"Pensamientos"

─Diálogos.

LA OTRA REALIDAD

─Kaily Hiwatari─

Continuación…

&&&Kai&Takao&&&

Sólo podía escuchar sollozar al menor. Se sentía mal. Quería reconfortarle de alguna forma, pero no sabía que decir.

─Takao, sé que es una pregunta estúpida. ¿Pero estás seguro de que es tu familia? Según me has contado, ellos murieron cuando tú eras muy pequeño ─cabía la posibilidad de que Takao estuviese confundido de algún modo, quizá no había mirado bien la foto.

─Estoy seguro. Los veo cada noche en mis pesadillas… snif… nunca he podido olvidarme de ellos porque siempre los estoy viendo. Sus caras, sus gestos… ─se separó un poco de Kai y se limpió las lágrimas con la manga de su pijama–. No hay duda de que antes he estado aquí, por eso se me hacían tan familiares algunas cosas.

─Por eso sabías el nombre de Mariam y eso explica también el hecho de que sabías donde estaba cada habitación de la casa antes de verla por dentro ─le pasó la mano por la mejilla en un acto cariñoso para intentar tranquilizarle–. Takao, hoy han sido demasiadas emociones por un día. Vamos a dormir ─el peliazul negó con la cabeza–. Sé que esto ha sido un golpe muy duro para ti, pero deberías de intentar al menos descansar. Estoy seguro de que tienes muchas dudas. Que tienes curiosidad por saber que hay en las cajas, lo que está escrito en el diario... Pero mañana tendrás todo el día para hacerlo y me tendrás aquí para lo que necesites ─le decía con voz sedosa.

Silenció un momento─. Vale ─aunque no estaba convencido, sabía que Kai no aceptaría el hecho de que él se quedase en el sótano, mandando al bicolor a la cama para que al menos él durmiera. Así que recogió la foto del suelo y el diario, poniéndose de pie. Abrazó ambas cosas, poniéndolas sobre su pecho. Había descubierto algo importante y no quería que bajo ningún concepto se le perdiese. El bicolor se puso de pie, colocándole una mano sobre el hombro del menor, guiándole hasta las escaleras.

&&&Kai&Takao&&&

Abrió los ojos pesadamente, enfocando al peliazul, o más bien a su cadera cubierta por un pijama y las sábanas. Levantó un poco la cabeza de la almohada y se dio cuenta de que Takao permanecía sentado en la cama, mirando hacia el frente con la mirada perdida. Sobre las sábanas estaba el diario que la noche anterior había encontrado y al igual que la noche anterior, se encontraba donde lo había dejado Takao. Su mano morena permanecía encima de éste.

─No has podido dormir, ¿verdad? ─preguntó el bicolor.

El peliazul pestañeó un par de veces al escuchar la voz de Kai. Giró la cabeza para poder mirarle–. Ni siquiera un poco –confesó.

─Me lo imaginaba. Aunque te comprendo.

─He estado toda la noche pensando en muchas cosas que me han sucedido. Intentando recordar otras.

─¿Has empezado a leer el diario? ─le preguntó sentándose en la cama.

─Me da miedo abrirlo, no sé que puede contener. Si me paro a pensar, no sé qué clase de familia tenía. ¿Quiénes eran mis padres y mi hermano? ¿Ellos me querían? ¿Me portaba mal con ellos? Si no hubieran muerto en el accidente, ¿hubieran soportado el hecho de que puedo ver otro mundo desde el accidente? ¿Me aceptarían ahora o me rechazarían? Sólo puedo recordar lo que veo en mis pesadillas. No el día a día. Pero por otro lado si no lo abro, jamás sabré lo que contiene.

─No tienes de qué tener miedo ─le rodeó con su brazo desnudo la espalda–. Estoy seguro de que te hubiesen aceptado tal y como eres. Solo hay que mirarte para saberlo.

─La mayoría de la gente me ha rechazado desde siempre ¿Por qué ellos no lo iban a hacer? ─preguntó pensando en su infancia.

─Porque a diferencia de los demás, ellos formaban parte de tu familia. Los demás solo se fijan en pequeños detalles y realmente no hacen por conocerte. Pero, no saben la gran persona que eres ─sonrió–. Yo pienso que deberías empezar a leerlo. Y si realmente no te gusta lo que lees, puedes dejar de hacerlo cuando quieras. Esa es tu decisión ─el peliazul miró el diario–. Voy al servicio ─le besó la mejilla y se levantó de la cama.

Takao sólo escuchó los pasos alejándose. Su mirada permanecía inmóvil sobre la tapa del diario. Suspiró para intentar relajarse y abrió el diario. Acarició con el dedo índice muy suavemente el nombre que estaba escrito en la primera hoja. Tatsuya Kinomiya. Recobrando un poco de valor, giró la primera página, comenzando a leer.

&&&Kai&Takao&&&

Kai miraba desde una silla a Takao. Éste permanecía sentado en el sofá del comedor. Sólo de vez en cuando giraba las hojas del diario. Suponía que realmente debía de ser interesante lo que guardaban esas hojas escritas por su padre. Así que ni se atrevía a interrumpirle o preguntarle que decía el diario. Aunque el dueño ahora no estaba, no significaba que cualquiera tuviese el derecho de leer esos pensamientos privados de los demás. Aunque en el caso de Takao, era diferente por ser su hijo.

En los casos en los que terminó implicando a Takao sólo para molestarlo cuando aún era un fantasma, se habían desarrollado algo lento debido a que los familiares de los fantasmas no siempre daban crédito a las palabras de los demás y mucho menos si ese alguien podían ver a sus seres queridos en el otro mundo. Pero este caso nada tenía que ver con los otros. El caso de una niña fantasma había conseguido arrastrar el pasado de Takao y ese diario podía ser decisivo si revelaba algún secreto.

Según anunciaron en las noticias, ninguna persona había podido estar más de veinticuatro horas en la casa, porque Mariam no les dejaba permanecer en ella. Esos muebles nuevos en la cocina, en los dormitorios y demás, ¿significaba acaso que permitió a la familia de Takao estar aquí por algún tiempo? En el caso de que fuese así, ¿por qué?

Claramente estaba el hecho de que iban a mudarse. ¿Por qué? ¿Acaso los fantasmas se habían apoderado de la casa de nuevo cuando ellos ya se habían asentado en esta casa? No, demasiado raro. Él bien sabía cómo fantasma que había sido, que un fantasma siempre se aferraba a algo que cree apreciado y según Mariam le había contado a Takao, su madre le había dicho que esperase en la casa antes de desaparecer. Lo cual quizá podía significar, ¿que ellas ya estaban en la casa cuando la familia de Takao apareció en ella?

Todo eso eran conjeturas que llevaba haciéndose todo el día mientras que Takao leía el diario de su padre.

─Kai, escucha esto ─anunció poniéndose en pie sin quitar los ojos de las letras. El bicolor lo observó y no sabía cómo describir el rostro del peliazul, pero parecía haber encontrado algo importante–. Ellos de nuevo me persiguen. Da igual a donde vaya, siempre dan conmigo. No dejan de pedirme ayuda y yo no paro de rechazarles e ignorarles. ¿Por qué no pueden dejarme en paz? Esta maldición que ha recaído durante generaciones en mi familia, parece que jamás será borrada ─miró a Kai–. Creo que acabo de descubrir algo importante.

─Yo diría que eso lo es, puede aclararte muchas de tus dudas ─comentó enarcando una ceja.

&&&Kai&Takao&&&

Takao seguía sumido en el diario de su padre.

"Hoy ha sido un día de tensión. Yoshie ha tenido un parto muy complicado. Mi segundo hijo ha estado al borde de la muerte. Esperaba que llorase desesperadamente para indicarme que estaba vivo pero no lo hacía. Mi mujer lloraba desconsolada y yo no podía hacer nada para salvar la vida de mi propio hijo. De pronto ante los masajes de los médicos, mi hijo pareció responder bien. Empezó a llorar con fuerza. Cuando vi como se lo entregaban en los brazos de mi esposa, no pude contener el echarme a llorar de felicidad. Mi pequeño se movía. Cuando la enfermera me preguntó cómo le llamaría, le contesté. Takao, que significa "Traído a la luz."

El peliazul dejó el trozo de cinta para marcar la página y cerró el diario. Estiró los brazos y bostezó. Miró a su alrededor buscando al bicolor. ¿Dónde estaba?

─¿Kai? ─preguntó esperando una contestación, pero no la recibió. Se puso de pie con el diario en mano y salió al recibidor, quedando junto al pie de la escalera–. Kai ─le volvió a llamar pero de nuevo nadie le contestó. Quizás el bicolor estuviese en la calle. Abrió la puerta principal gracias a que habían encontrado antes la llave que era la misma que la del sótano y salió fuera. A unos escasos metros se hallaba el mayor, dándole la espalda, sentado en el césped, mirando hacia el horizonte.

El ojicarmesí jugaba con la hierba que había arrancado hacía unos minutos y que ahora se pasaba de una mano a otra.

─Te veo preocupado ─fue lo que escuchó a sus espaldas.

─Nada de eso. Solo pensaba─ comentó sintiendo como el menor se sentaba a su lado─. Me gustan los atardeceres.

─Kai, ¿no tienes curiosidad por saber lo que dice el diario? ─le preguntó al verle distraído.

─Claro que sí, pero no es algo que cualquiera pueda saber.

─A mi no me importa compartir contigo el contenido. Después de todo, necesito contarle esto a alguien y sé que tú eres la persona adecuada para esto.

El bicolor le miró y cambió su postura girándose hacia él para de esa forma quedar frente a frente–. Tú dirás.

─Como sospechaba tras leerte aquellos párrafos, mi padre podía ver fantasmas, al parecer es algo que pasa por generaciones. Cuando mi padre era más joven conoció a mi madre. Se enamoraron y aunque mi padre tuvo muchas dudas sobre si debía contarle la verdad a mi madre acerca de los fantasmas, finalmente se decidió un día. Mi madre aceptó el destino de mi padre y se casaron. Poco tiempo después nació mi hermano. Y cuatro años después mi madre me tuvo a mí, aunque parece ser que nací muerto en un principio. Pero me reanimaron y aquí estoy.

─Vaya ─anunció sorprendido─ ¿Y tu padre ayudaba a los fantasmas?

Negó con la cabeza–. Él tenía miedo de que los fantasmas atacasen de alguna forma a mi familia, así que intentaba pasar desapercibido. Aunque contaba con el apoyo de mi madre en caso de querer ayudarles.

─Realmente entonces te pareces mucho a él. No solo por tu don, sino porque hasta no hace mucho, huías de los fantasmas.

─Así es, pero algunas cosas me hicieron cambiar. No es lo mismo estar solo en esto, a que alguien te apoye. Creo que comprendo muy bien a mi padre. No es fácil tener que llevar esta carga.

─Entonces, ¿el que puedas ver fantasmas es algo que viene de familia y no por el accidente como pensabas?

─De eso no estoy seguro. Está claro que el poder ver a los espíritus viene de otras generaciones por parte de mi padre. Pero no todos tenían ese poder. Por lo que comenta mi padre en el diario hasta ahora, Hitoshi parece no tener ese poder. Incluso cuenta como varias veces un espíritu se ha puesto al lado de él, y mi hermano lo ha atravesado sin tan siquiera mirarlo o hacer un ápice de sorpresa. Así que no sé qué pensar ─silenció unos segundos para luego continuar ─Los psiquiatras siempre me dijeron que era normal que intentase buscar un amigo imaginario a raíz del accidente por sentirme solo. Que mi mente se había bloqueado en un punto para intentar protegerme de algo que había sido realmente doloroso. Y yo llegué a pensar que estaba viendo amigos imaginarios que en realidad con el paso de los años comprendí que eran fantasmas debido a mi dolor y soledad. Para mí era doloroso el estar jugando con una persona, que en realidad, estaba muerta.

Flash Back

A sus ocho años, Takao corría por el césped del psiquiátrico. Su risa era bastante sonora, mientras se escondía detrás en un árbol. De inmediato salía con el brazo estirado, intentando coger algo.

Uno de los médicos lo observaba con interés–. Takao ─lo llamó.

─Jajaja ─reía, echando ahora a correr hacia el lado contrario, mientras vigilaba de vez en cuando su espalda.

─Takao ─volvió a insistir el médico, pero viendo que el niño no le hacía caso, optó por ponerse delante de él, consiguiendo que el menor que seguía mirando a su espada, chocase contra el mayor, cayendo al suelo sentando.

─¡Ay! ─se quejó levemente con una sonrisa feliz–. Perdón ─se disculpó. Se puso de pie para seguir con su juego pero fue detenido por el mayor, quien lo sujetó de ambos hombros.

─¿Qué estás haciendo? ─preguntó viendo como el menor lo miraba, pero sin ponerle mucha atención.

─Juego al pilla pilla*.

─¿Tú solo? ─enarcó una ceja.

─No, juego con mi amiga.

─¿Qué amiga?

─Mi amiga Emily. Esa de ahí ─señaló hacia un punto concreto.

─Es tu amiga imaginaria ─concretó, quedándose algo más tranquilo.

─No, Emily es real, está ahí mismo ─le aseguró.

El hombre miró hacia la dirección que el niño había dicho─. Takao, ahí no hay nada.

─¿Cómo que no? Ella está ahí ─hacía hincapié en señalarle con el dedo esa dirección.

─Ya. ¿Y cómo es ella? ─preguntó incrédulo.

─Es un poco más alta que yo, tiene gafas, el pelo anaranjado y…

─Ya he oído suficiente, tienes mucha imaginación ─anunció.

─¡No es mi imaginación, Emily existe! ─le dijo frunciendo el ceño.

El hombre se arrodilló para quedar a la altura del menor─. Emily es invención de tu cabeza ─le explicaba–. Ahí hay solo hierba y árboles.

─Emily está ahí, ¿por qué no la ves? ─miró a la chica y ésta solo permanecía quieta, mirando hacia ellos–. Emily, di algo. ¿Por qué te quedas callada? ─le preguntaba sin entender a su amiga.

─Suficiente Takao, es hora de tu medicina ─sentenció el hombre. Se levantó haciendo una señal a otro hombre que guardaba las distancias, mientras ahora cogía al menor.

El menor miró al hombre– ¡No, la medicina duele! ─intentaba liberarse del agarre del mayor, pero éste no estaba dispuesto a soltarle– ¡Suéltame! ─pedía forcejeando. Otro hombre llegó por detrás y cogió a Takao de las piernas y el médico lo cogió de las axilas para cargarlo– ¡No, no quiero medicina! ¡Emily, ayúdame! ─forcejeaba hasta el punto de que parecía que se partiría en dos.

─Con la medicina te sentirás mejor. Y no verás a tus amigos imaginarios ─le explicaba el médico–. Súbele la dosis de la inyección ─le susurró al compañero, mientras metían en el centro al menor–. Después metedlo en la habitación blanca, bajo vigilancia, ya daré la orden de cuando deba salir.

Fin Flash back

─No entendía porqué los demás no podían ver lo mismo que yo. Y cada vez empecé a asustarme más, llegando a pensar que en realidad estaba volviéndome loco. Y hasta que no llegué a cumplir la edad de doce años no me di cuenta de que lo que veía en realidad no eran personas vivas, sino muertas, y que eso era algo que solo yo podía ver.

El bicolor dejó caer su mano sobre la cabeza del menor–. Has pasado por mucho ─hizo una pausa─. Dime ─silenció unos segundos─ ¿Has tenido más visiones? ─preguntó algo interesado.

─Algunas ─contestó.

─¿Sobre qué? ─preguntó casi de repente.

─Sobre Mariam y su madre de cuando vivían en la casa, pero nada que tenga que ver con lo que les pasó.

─Bueno, seguro que llegarán. Tómatelo con calma ─retiró su mano para llevarla hasta la mejilla. El menor la aceptó, posando su mano sobre la del blanquecino con una sonrisa.

─Kai. ¿Estás seguro de que todo va bien? ─le volvió a preguntar ya que en la expresión del bicolor notaba cierta tristeza.

─Lo estoy. No te preocupes ─intentó quitarle importancia.

&&&Kai&Takao&&&

Entraron en la casa cogidos de la mano y los dos percibieron un extraño ruido.

─¿Qué es ese ruido? ─preguntó Kai.

─Parece que viene de la cocina ─dedujo caminando hacia ella, pasando por al lado de las escaleras de la trampilla que todavía no habían cerrado por decisión de Takao.

El peliazul pudo ver como la llave del grifo de la cocina estaba abierta así que lo cerró, girando la llave. El bicolor permaneció en el marco de la puerta y miró hacia las escaleras principales.

─Se escucha ruido también arriba. Iré a mirar ─echó a caminar mientras el peliazul miraba el grifo fijamente. Recordaba perfectamente que estaba cerrado cuando estuvo buscando a Kai por las habitaciones. Salió de allí para dirigirse a las escaleras principales donde se detuvo al notar que sus oídos se taponaban. Se tapó y destapó las orejas con las palmas de las manos como si con ello pudiera hacer que su audición regresase. Tuvo un presentimiento y miró hacia las escaleras de la trampilla

Un hilo fino de agua estaba descendiendo lentamente por ellas. Subió un poco las escaleras caminando por la parte seca y se agachó para tocar el suelo con una de las manos, intentando descubrir si aquello era realmente agua. Con la punta de los dedos palpó el líquido y se las llevó a la nariz. Efectivamente, no olía a nada, pero en el ambiente se olía a húmedo, aquello era agua, pero arriba no había ningún grifo. ¿De dónde salía el agua entonces? Con cuidado de no resbalarse subió las escaleras con un poco de inseguridad. Al llegar al final de éstas, dio la luz con la mano que no había tocado el agua y pudo ver el rastro que iba dejando el agua a su paso en el suelo y ésta provenía… de la foto que había dejado caer en el suelo cuando había tenido aquella visión al principio de descubrir esa habitación. Desde que tuvo esas visiones no se había atrevido a subir de nuevo a la trampilla así que todo estaba tal y como lo dejó antes de que Kai se lo llevase mareado de allí.

Se acercó a la foto y con duda la recogió, viendo que efectivamente ésta goteaba agua.

Miró a su alrededor, Mariam no estaba allí. Es más, juraría que no sentía su presencia desde que encontró esa foto por primera vez. Ahora que volvía a mirar la foto, ésta había cambiado. La mujer que aparecía ahora daba el aspecto de estar mojada, como si se hubiese metido en una piscina con su ropa. Dejó la foto encima de una caja y salió de la habitación. Viendo como al bajar las escaleras, ahora una gota de agua cruzaba frente a él. Miró hacia el techo. Había goteras a lo largo y ancho de la habitación.

─¿Pero qué? ─se preguntaba a si mismo

─A mi no me mires, ya estaba así cuando he llegado. Los grifos y el teléfono de la ducha estaban abiertos ─decía Kai al final de las escaleras principales cruzado de brazos mientras miraba lo mismo que Takao─ ¿Es obra de Mariam? ─le preguntó.

─No lo sé ─le contestó inseguro.

─¿Está por aquí? ─preguntó mirando ahora al peliazul.

─No ─al responder a Kai volvió a recuperar la audición normal.

─¿Y entonces dónde?

─No lo sé ─se detuvo a pensar. La foto que desprendía agua, el cambio de la imagen, el agua de los grifos, las goteras, los tapones en sus oídos–. Creo que sé dónde puedo encontrarla ─le comentó al caer en la cuenta de las relaciones de todas esas cosas.

&&&Kai&Takao&&&

─¿Estás seguro? Ya ha anochecido ─le preguntó el bicolor al peliazul mientras avanzaban con paso veloz hacia delante por mitad del bosque.

─Es la única conexión que le encuentro ─le explicaba esquiando los arbustos, caminando delante de Kai, llegando por fin al principio de un descampado, donde se detuvieron. Frente a ellos estaba la pequeña totalmente inmóvil, con la cabeza mirando hacia el suelo, agarrándose parte de su vestido con las manos. Detrás de ella estaba el lago–. Está aquí ─le avisó a Kai.

La pequeña levantó la mirada y el menor decidió acercase poco a poco, guardando un poco las distancias con ella–. Mariam. ¿Recuerdas lo que pasó aquí? ─le preguntó con voz sedosa.

La pequeña levantó los brazos a la altura de su pecho y estiró sus manos, esperando a que Takao las cogiera. Takao imitó sus gestos, cogiendo las manos de la menor.

El bicolor miró a su alrededor para asegurarse de que nadie estaba mirando, después de todo estaban cerca de la zona de las cabañas en las que la gente se acercaba para comprar cosas.

En el momento en el que las manos del moreno tocaron la del espíritu su mente empezó a ver las cosas con claridad.

Madre e hija caminaban tranquilamente por el bosque cogidas de las manos. La pequeña sujetaba una pequeña pelota con su mano libre, apoyándola en su pecho para que no se le cayera al suelo. Había estado jugando con ella en su casa, mientras su madre la observaba con un pañuelo en la mano y había decidido que mientras su madre compraba, ella jugaría frente la cabaña con su pelota.

─Ya falta poco ─dijo la pequeña mirando a su madre quien la miró desconcertada–. Mamá, no te pongas triste. Papá volverá pronto a casa.

La mujer sonrió armándose de valor–. Tienes razón, en unos años, volverá a casa ─eso era lo que le había contado a su hija para poder explicarle por que su padre ya no estaba con ella, aunque la realidad era bien distinta.

La señora Morgan vestía un traje marrón oscuro de encaje y manga corta. La pequeña vestía un traje blanco que le llegaba más arriba de las rodillas.

Pronto llegaron a ver el descampado. La pequeña sintió como la pelota se resbaló de su mano. Ésta empezó a botar hacia delante ya que hacía pendiente. Mariam se soltó de la mano de su madre para ir en su busca.

─Se me ha resbalado. Ya voy yo ─avisó la pequeña echando a correr para darle alcance a la pelota juguetona, que siguió botando hasta el muelle que estaba justo enfrente, para caer finalmente al agua donde formó unas grandes ondas.

A la pequeña poco le importó que la pelota cayera al agua. Total, la pelota estaba casi cerca del muelle, así que seguro que podría darle alcance sin tener que meterse en el agua. Se arrodilló en la punta del muelle y estiró su mano hacia la pelota, pero no la alcanzaba.

La señora Morgan tan pronto vio eso se acercó a la pequeña y la levantó, retrocediendo unos pasos.

─No te acerques ahí, es peligroso, Mariam ─le advirtió sin regañarle.

─Pero la pelota… ─dijo señalando hacia ella, viendo como por muy poco no podía cogerla y parecía muy lentamente alejarse del muelle.

─No importa ─le restó importancia con nerviosismo–. Te compraré otra mejor ─decía cogiéndola de la mano, echándole un último vistazo a la pelota con temor.

─Pero a mí me gustaba esa ─le explicaba, siguiéndola no muy convencida–. Papá me la regaló antes de irse de viaje y tú siempre dices que las cosas que te regalan hay que cuidarlas ─se apartó el flequillo de los ojos para poder mirar mejor, ya que se estaba empezando a levantar aire.

─Papá no te va a regañar por esto y yo tampoco ─le refirió pasándose el pañuelo por los ojos, sintiendo como al caminar dejaba de pisar la madera del muelle y de nuevo pisaba tierra. Era difícil para ella nombrar a su marido sin derramar las lágrimas. Pero no quería que su hija se diera cuenta de esas cosas, por ello intentaba ocultarlas pasándose un pañuelo de seda por los ojos.

La pequeña suspiró y miró hacia atrás para ver por donde iría su pelota. Sonrió al ver como estaba regresando al muelle por el viento. Todavía podría cogerla.

Se soltó de la mano de su madre con una sonrisa enérgica. Tan pronto la madre reaccionó, se dio la vuelta y la vio alejarse.

─¿¡Mariam! ¿¡A dónde vas! ¡Vuelve aquí! ─le gritaba.

─¡Está regresando!─ gritó pisando el muelle, sin dejar de correr.

Tan rápido quiso salir corriendo, que sin querer se pisó el vestido y cayó al suelo de rodillas. De inmediato miró a su hija desde el suelo y la vio arrodillarse en el muelle mientras estiraba la mano hacia la pelota.

─¡Aléjate! ─le pidió poniéndose en pie mientras se recogía el vestido para no cometer el mismo error.

Mariam estiró la mano, ya podía acariciar con la punta de los dedos la pelota. Quizás sólo era cuestión de inclinarse más para poder cogerla. ¡Sí! Por fin la estaba tocando. La pelota rozó la palma de su mano mientras ésta giraba y se alejaba, cayendo la pequeña al agua.

─¡Mariam! ─gritó la madre, pisando los tablones de madera. Su mayor temor se estaba haciendo realidad y no veía el tiempo en el cual sacar a su pequeña del agua. La veía intentar salir a flote. Se puso de rodillas, sin importarle el dolor en esa zona por la caída anterior.

─¡Mamá! ─sus manitas intentaban agarrarse a algo, pero no había nada.

─¡Cógeme de la mano! ─le pidió intentando darle alcance, pero sus dedos por centímetros no se llevaban a tocar.

Desconsolada empezó a llorar. Vio como la niña ya no conseguía mantenerse a flote. No se lo pensó dos veces. Se lanzó al agua, saliendo a la superficie con algo de dificultad. Miraba a su alrededor como podía. ¿Dónde estaba su hija? Se dejó hundir y abrió los ojos bajo el agua esperando ver a Mariam.

Ahí la pudo ver. Sus ojitos estaban cerrados y no se movía. Intentó darle alcance torpemente y lo consiguió. La abrazó con una mano, apretándola contra su pecho, mientras con la otra mano y con el movimiento de sus piernas intentaba costosamente subir a la superficie.

Su cara salió a la superficie, pero no podía mantenerse por mucho tiempo a flote, estaba tragando agua al respirar por la boca y su mano por más que golpeaba la superficie del agua con fuerza, no era capaz de hacerla subir más alto de lo que estaba.

El vestido estaba comenzando a enredarse en sus piernas. Ya no podía más, incluso cuando ella lo estaba dando todo por salvar a su hija que ya no abría los ojos. Miró a su hija con la mayor de las tristezas y culpabilidad.

─¡Socorro! ─fue lo que pudo gritar antes de que su cuerpo bajase de nuevo al agua. Si ya no podía hacer nada por salvarla, si ya no quedaba esperanza para ellas, al menos no quería separarse de su hija. Sería doloroso, pero era lo menos que podía merecer por su delito. Con la otra mano abrazó a su pequeña como cuando era un bebé mientras cerraba los ojos. Sus fuerzas la abandonaron poco a poco hasta que ya no sintió nada.

Mariam estaba en el muelle, mirando hacia el agua. Se preguntaba dónde estaba su madre. Sintió como una mano se posaba en su hombro. Volteó y sonrió feliz al ver que se trataba de su madre. Levantó sus brazos dándole a entender a su madre que la cogiera en brazos y así fue. Por alguna razón, su madre tenía el cabello mojado y su ropa también así lo parecía, pero no notaba ningún tipo de frío al tocarla. Por el contrario, ella estaba totalmente seca, como si nunca se hubiese caído al agua, pero no sentía ningún tipo de calor.

─Mamá, lo siento. Te he asustado ─decía adoptando una posición más cómoda, agarrándose con firmeza al cuello de la señora Morgan.

─No importa cariño. Ya no importa ─decía con una expresión de tristeza en su rostro, pasando su mano por el cabello de Mariam, besándole la cabeza–. Volvamos a casa ─decía caminando de regreso a su hogar.

Takao estaba arrodillado en el suelo, todavía con las manos de Mariam cogidas en cierta forma. Por unos momentos le había costado respirar, tanto incluso que llegó a perder las fuerzas que tenía, cayendo al suelo de rodillas. Es por eso que ahora se encontraba en esa postura. El bicolor se pasaba las manos por los cabellos desesperado, mientras caminaba a su alrededor preocupado. Sabía que no debía de interferir, mucho menos tocarle, pero el ver a Takao así le destrozaba el alma. No sabía que estaría viendo, pero debía de ser algo realmente duro, porque de sus ojos brotaban lágrimas.

Por fin sus manos se soltaron. Abrió los ojos que por inercia hacia la visión se habían cerrado, sintiendo como el bicolor lo abrazaba por su lado derecho.

─Mamá dice que ahora somos ángeles y que sólo la gente especial puede vernos. Pero aunque ahora tú estés aquí, yo me siento sola sin ella. Quiero que regrese. Me prometió que recuperaría a Spyke y que volvería. ¿Por qué no viene?

─Quizás no recuerda el camino. Pero no tienes de que preocuparte, encontraré a tu madre ─contestó aturdido por la visión, limpiándose las lágrimas con el dorso de su mano–. Es solo que ayer, recibí un golpe en la cabeza y no puedo recordar ciertas cosas. Pero haré todo lo posible por traerla de vuelta ─dicho esto, la pequeña desapareció y Takao suspiró –Ya se ha ido ─le informó al bicolor, sintiendo un beso en la sien.

─Está bien. Descansa, no hay prisa─ anunció, sintiendo como el menor le ponía una mano en su nuca.

&&&Kai&Takao&&&

Al llegar a la casa, todo estaba como si nada hubiese pasado. El suelo y el techo estaban totalmente secos. En cuanto cenaron se subieron a la habitación. El bicolor buscaba algo en la maleta de Takao. Y el peliazul estaba retirando las sábanas de la cama hacia atrás para así poder meterse dentro.

─¿Qué estás buscando? ─le preguntó arropándose.

El bicolor sacó de la maleta un conejo de peluche de color gris. Era un peluche tan simple que de no ser por sus orejas, jamás nadie hubiese adivinado que se trataba de un conejo. Ni siquiera tenía relieve en la nariz o sus patas eran definidas. Más bien su cara parecía estar dibujada con un rotulador y sus patas eran simplemente de forma recta y rellena de algodón.

─Ésta noche pareces un poco nervioso ─se acercó a la cama y se metió en ella, dándole el peluche a Takao–. Cuando te sientes solo o nervioso, siempre lo coges, así que quizá te ayude a dormir ésta noche.

─El señor conejo ─suspiró sosteniéndolo con ambas manos frente a él–. Es el único recuerdo que conservo de mis padres. O así ha sido hasta hace muy poco ─comentó al recordar todas las pertenencias del sótano─. Este peluche me ha dado serenidad en ciertas ocasiones ─se recostó en la cama, abrazando al peluche.

─Duerme con él, dormiremos los tres juntos ─le anunció el bicolor, apagando la luz. Tras eso, pasó su brazo por encima de las caderas del menor para abrazarlo.

El menor juntó su frente con la del blanquecino–. Gracias ─susurró cerrando los ojos.

&&&Kai&Takao&&&

Un niño de seis años de edad estaba siendo atado por su madre en una silla dentro del coche. Su hermano algo más mayor que él estaba sentado a su lado, con el cinturón de seguridad puesto. Su padre estaba arrancando el coche.

─¿Está Takao bien atado? ─preguntó el señor.

─Sí ─contestó su esposa, cerrando la puerta del coche. Abrió la puerta que daba paso al lugar del copiloto. Se sentó en su asiento, cerró la puerta y se puso el cinturón.

─¿Todos listos?─ preguntó el cabeza de familia.

─¡Sí! ─contestaron con emoción los dos niños. La mujer sonrió mirando a su esposo.

─Entonces, vamos allá ─indicó metiendo la marcha y quitando el freno de mano.

Llevaban una hora de viaje. El conductor miró por el retrovisor interior para echarles una ojeada a los niños.

─Hitoshi, ¿vas bien? ─preguntó preocupado.

─Sí, papá ─le contestó sin dejar de mirar por la ventana

─¿Y tú Takao?

─Brrrrr… ─jugaba con un coche de juguete, haciéndolo volar–. Estoy bien ─le contestó al padre, siguiendo con su juego.

La mujer miró al hombre y le puso una mano en el hombro en señal de apoyo–. Tranquilo. Esta vez no ha funcionado, pero la próxima, seguro que lo hará.

─Nos vamos a vivir con mi padre. A un retiro espiritual, un templo ─finalizó un poco agobiado–. No es la primera vez que esto sucede Yoshie y ya estoy cansado. No es la primera vez que nos mudamos por el mismo tema –añadió.

─Bueno, han sido algunas veces, pero… ─intentaba restarle importancia.

El hombre la interrumpió–. Catorce, para ser exactos ─soltó una mano del volante y agarró la mano de su mujer que aun estaba sobre su hombro, mientras seguía mirando hacia delante por la autovía–. Sé que tu intención es buena y que siempre me apoyas cuando más te necesito. Pero el problema no sois vosotros, son ellos y no sé que puedo hacer para detener esto.

─Nosotros te queremos y te aceptamos tal y como eres. Y nos da igual si nos tenemos que mudar más de cien veces. Te seguiremos a donde vayas.

─Quizá lo mejor sea no salir de ese templo, al menos allí no pueden acceder. Vivir allí para siempre.

─Pues a nosotros no nos importa que así sea ─sonrió– ¿Tenéis ganas de ver al abuelo niños? ─les preguntó animadamente esperando sus respuestas.

─Claro, hace tiempo que no le vemos ─comentó Hitoshi sin despegar la mirada del paisaje.

─El abuelo siempre me da galletas ─comentó Takao alegre, dejando el coche de juguete a un lado en el asiento del coche. Metió la mano por un hueco, detrás de la sillita y sacó su preciado conejo. Sus padres le habían dicho que no se lo podían llevar de vacaciones a la casa de su abuelo. Pero si no se lo llevaba, luego no podría dormir por la noche. Así que cogiéndolo animadamente con las dos manos frente a él, empezó a balancearlo como si el muñeco estuviese bailando.

─¿Lo ves cariño? ─le decía la mujer a su marido.

─Sin ti, hace tiempo que estaría acabado ─le comentó llevando su mano de nuevo al volante, para con la otra cambiar de marcha ─había tantos espíritus por los alrededores, que hasta miedo le daba fijarse en los detalles.

La escena cambió drásticamente. Un coche ardía a sus espaldas. El pequeño sujetaba por una de sus orejas a su conejito de peluche, el cual estaba arrastrado por el suelo, mientras él lloraba arrodillado frente al cuerpo de su madre tirado en la autovía.

─Shhh, no llores, cariño… ─levantó su mano hasta la mejilla del peliazul para darle una caricia─… todo va a salir bien ─intentaba tranquilizarle a pesar de que le costaba respirar. Las sirenas de la ambulancia se escuchaban de fondo, cada vez más cerca. Su hermano Hitoshi, no se movía y su padre…

─Mamá, tengo miedo ─confesó agarrando la mano de su madre que aún permanecía tocando su mejilla─ ¿Mamá? ─preguntó mirándola fijamente─ ¡Ah! ─gritó con todas sus fuerzas. El espíritu de su madre salía de su cuerpo, mirándole dulcemente.

De sus ojos brotaban las lágrimas sin control. La mujer miró hacia su izquierda con cara de preocupación, su hijo Hitoshi y su padre lo miraban con compresión. Ya no sentían ningún dolor, salvo el hecho de ver que habían dejado a su hijo casi solo en el mundo.

Su padre se arrodilló frente a él–. No llores, estamos bien. No nos duele nada hijo ─decía para tranquilizarle, aunque no sabía muy bien cómo hacerlo. Le destrozaba el alma de ver a su pequeño desamparado. Llorando sin consuelo frente a ellos.

─Nunca os volveré a ver ─decía el pequeño entre sollozos.

─Takao ─ahora la madre fue quien se arrodilló frente a él–. Recuerda esto, aunque llegue el momento en el que no nos puedas ver, siempre estaremos aquí ─estiró su brazo y le señaló el corazón con la palma de la mano sobre el pecho del menor.

─Quiero ir con vosotros ─pedía el menor entre sollozos.

─Lo harás a su tiempo. Pero aún no te toca. Tienes que ser fuerte, luchar contra todo y cuidar del abuelo ─decía su madre.

─¿Por qué Takao puede vernos mamá? ─preguntó su hijo Hitoshi sin comprenderlo. Después de todo, él no sabía nada acerca del secreto de su padre.

─¡Hay un niño por aquí! ─escuchó Takao a sus espaldas, aunque estaba muy concentrado en ver a su familia y no le prestó atención a quien ahora estaba a su lado–. Chico. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ─le preguntó el enfermero de la ambulancia. Pudo apreciar como el niño miraba hacia un punto. Como si viese algo, pero no le miraba en ningún momento a él–.Ven con nosotros, vamos a curarte ─le dijo tomándolo de la mano con suavidad. Takao negó entre lágrimas con la cabeza mientras miraba a su familia.

─Ve con ellos ─le dijo su madre–. Ellos te cuidarán.

Sin dejar de mirar hacia ellos, aceptó la mano del hombre y caminaron hacia la ambulancia. Escuchando el barullo de las sirenas y de la gente de la ambulancia hablar mientras corrían a socorrer a las víctimas que estaban tiradas en el suelo a distintas distancias.

Los tres espíritus se miraron entre sí, para después mirar a Takao. Lo tenían en la ambulancia, comprobando que no tenía ninguna herida. Acto seguido lo taparon con una manta para que no cogiera frío. El enfermero empezó a hacerle preguntas, pero él no sabía bien que responder.

─¿Tienes algún familiar al que podamos llamar? Un primo, un hermano mayor, un tío…─

Tatsuya se acercó en un pestañear de ojos a donde estaba la ambulancia–. Takao, dile esto. Tengo un abuelo.

─Tengo un abuelo –repitió.

─¿Sabes su número de teléfono o donde vive?

─Mi abuelo se llama Ryunosuke Kinomiya. Su nº de teléfono es… ─decía Tatsuya, viendo como su hijo lo repetía tal cual, mientras el hombre tomaba nota en una hoja.

─Vale, Takao. Vamos a llamar a tu abuelo ─le sonrió escuchando como uno de sus compañeros hablando con otros decía cosas como…

─Pobre niño, debe de ser realmente duro para él, ser el superviviente de un accidente así.

El hombre hizo señas con las manos a una mujer y ésta se acercó hasta la ambulancia─. Takao, ésta es una amiga mía, se quedará contigo mientras que yo no estoy ¿vale? ─dicho esto se fue para hacer la llamada dejando al menor solo con la psicóloga.

Abrió los ojos, sintiendo como siempre sus mejillas húmedas. No se molestaría en mirar el reloj, ya sabía que era puntual para despertarse de las pesadillas.

Siempre tenía la misma pesadilla, pero algunas noches veía cosas que en las anteriores pesadillas no conseguía ver. Algunos detalles como en este caso era, cuando su padre le decía los datos de su abuelo para que él se los diera al hombre de la ambulancia… como la psicóloga empezaba a hablar con él. Y ahora que se daba cuenta, si hacía hincapié en la conversación de su madre y su padre durante el viaje podía decir claramente que hablaban de espíritus, más concretamente de abandonar la casa de la familia Morgan y lo atormentado y cansado que estaba su padre de tanto mudarse de un lado a otro. Nunca antes había pensado en eso, ni siquiera le daba importancia, pero desde que había leído el diario de su padre, ahora comprendía la conversación, cosa que después de tantos años después del accidente jamás había alcanzado a comprender. Y ahora que llevaba días viviendo en la casa de los Morgan, por fin podía entender que era la casa que en sus sueños aparecía. Ahora era cuando estaba despejando muchas de sus dudas, que estaban ahí desde hacía años, pero que dejó de buscarle explicación al no tener respuesta.

Se incorporó en la cama para sentarse. Miró al bicolor y como era lógico, éste aún dormía. Se restregó con ambas manos los ojos, fue entonces cuando cayó en la cuenta de que no tenía al peluche en las manos. Miró hacia ambos lados de la cama, sin levantarse, pero ahí no estaba. Notó que la temperatura de la habitación bajaba y eso solo podía significar una cosa.

Miró hacia el frente, y como pensaba, ahí estaba ella. La pequeña permanecía inmóvil frente a él. Con sus brazos rodeaba un pequeño conejo de peluche, apretándolo sobre su pecho. Se balanceaba de una lado hacia suavemente, sin quitarle la vista de encima al conejo.

─Mariam ─le llamó el menor, viendo como lo más preciado que tenía desde que era pequeño, ahora lo tenía la fantasma─ ¿Qué estás haciendo? ─le preguntó con temor.

─Lo estoy durmiendo o le contestó sin apartar los ojos del muñeco.

─Creo que ya se ha dormido. ¿Me lo devuelves? ─le dijo extendiendo su mano desde la cama.

─No ─le contestó con tranquilidad pero sin vacilar.

El peliazul cogió aire–. Mariam ─le dijo en tono sereno para intentar ocultar su nerviosismo–. Ese peluche es muy importante para mí. Es lo único que me queda de mi padre y mi madre, por favor. Devuélvemelo –exigió.

La pequeña miró a Takao, frunciendo el ceño–. No, Spyke es mío. Yo solo te lo estaba dejando para jugar. Ahora me toca a mí.

─¿Spyke? ─preguntó confundido–. Mariam, te estás confundiendo, ese es el señor conejito… ─no le dejó terminar la frase ya que la menor le interrumpió.

─Es Spyke. Papá me lo regaló cuando era un bebé. Y tú te lo querías llevar, por eso mamá te siguió ayer, para recuperarlo –afirmó.

Takao se echó ambas manos sobre la cabeza. No entendía nada, solo quería recuperar lo que para él era preciado, pero tampoco le convenía que la pequeña se enfadase con él, ya que no sabía que sería capaz de hacer. Sintió movimiento en la cama y unas manos que le sujetaban con delicadeza los codos.

─¿Qué te pasa? ─preguntó el bicolor que había abierto los ojos, nada más escuchar al peliazul hablar.

─Mariam ha cogido el conejo y no me lo quiere devolver, dice que es Spyke ─le explicó poniendo ahora las manos sobre la cama para mirar a Kai.

─Intenta tranquilizarte ─miró hacia donde el peluche flotaba─ ¿Has pensado si eso es posible? De que se trate de Spyke, me refiero.

─No te entiendo ─preguntó confundido.

─Piénsalo. Imaginemos que se trata del peluche de ella. Esta casa es grande, quizá cuando eras pequeño, viste ese peluche, te gustó y decidiste quedártelo sin saber que era de ella.

─Pero lo recuerdos que yo tengo… yo veo como claramente mi madre me lo da para que juegue con él. Ella debió de regalármelo ─silenció unos segundos, pensando en lo que el bicolor le había dicho.

–Ese peluche no es de este siglo Takao, al menos no lo aparenta, ¿no crees?

El peliazul se quedó mirando el peluche. Era verdad. Si hasta su cara parecía estar pintada, cosa que ahora en los peluches de hoy en día, estaban perfeccionados en detalle. Se puso una mano en la sien y empezó a masajeársela en círculos─. Mariam ─intentaba ver las cosas desde otra perspectiva.

─Spyke es mío, por eso mamá se fue detrás de ti, para que me lo devolvieras ─repitió.

El peliazul abrió los ojos sorprendido. Si realmente se trataba del peluche de Mariam y no del suyo, eso quería decir que por eso la señora Morgan le había seguido según la pequeña decía. ¿Pero hasta donde? Él no recordaba que ningún fantasma en específico le hubiese estado rondando tras la muerte de su familia. Ni en el tiempo que estuvo después viviendo con su abuelo, ni en el tiempo que lo hizo estando en el psiquiátrico. ¿Entonces hasta donde le siguió? ¿Por qué no recordaba haberla visto salir tras él? Probablemente lo hubiera hecho sin ser vista y por eso, él no se dio cuenta de nada. Siendo así… ¿Dónde se encontraba ella?

─¿Estás bien? ─le preguntó el bicolor, sacándolo de sus pensamientos.

─Solo estoy intentando atar cabos sueltos en mi cabeza ─le respondió.

Los dos escucharon unas voces susurrantes, acompañadas de un sonido que no sabían reconocer. Los dos se miraron, con cara de ¿has oído eso? y la pequeña retrocedió unos pasos.

─¿Lo escuchas tú también? ─le preguntó el peliazul.

─Sí ─contestó el bicolor.

─Parece que viene del piso de abajo ─le explicó saliendo de la cama. Se fijó en el rostro de la niña. Estaba preocupada, lo podía sentir aunque su rostro no lo declarase y aunque su cabeza no se movía, sus ojos miraban con nerviosismo hacia todos lados, como si estuviese buscando una explicación a ese ruido–. Mariam, puedes quedarte con Spyke ─le hizo saber.

El bicolor salió de la cama–. Voy contigo, ¿crees que es cosa de ella? ─se refería a Mariam.

─No lo creo ─contestó, fijándose en los movimientos de ella–. Parece que a ella en cierta forma también está sorprendida. No. Esto es obra de otra persona ─tan pronto le quitó la vista al espíritu, salió de la habitación junto con el bicolor, bajando las escaleras.

El ruido ya se hacía más conocido a medida que avanzaban hacia la zona en cuestión y provenía del comedor. Entraron, y se encontraron con la tele encendida, y con el volumen bastante alto.

─Solo era la tele ─anunció relajado el bicolor, apretando el botón del aparato para apagarla. Tan pronto lo hizo y se dio la vuelta, la tele se volvió a encender sola, mostrando varias imágenes–. Vaya, hombre ─expresó Kai atónito por lo que estaba sucediendo.

Tras unos minutos de observación y silencio el peliazul agregó─. Es un mensaje.

─¿Un mensaje? ─preguntó el mayor, viendo como aparecían varias imágenes de distintas grabaciones. En una de ellas aparecía un coche totalmente destrozado, que estaba chocado contra un puente de los que hay en la autovía. Otra imagen distinta, un camión había arrastrado hasta la cuneta de la carretera a dos motos y una furgoneta. Dos coches habían chocado entre si, en una carretera nevada, quedando en el lado derecho de la autopista… todas pasaban muy rápido. En todas ellas salían los reporteros dando la noticia, la policía haciendo su trabajo o las furgonetas de la ambulancia–. Si esto es un mensaje, es bastante raro ─decía Kai.

El menor permanecía pensativo–. Pensemos en la relación. ¿Qué tienen estás imágenes en común? ─silenció unos segundos y su expresión cambió–. Todos son accidentes, todas son autovías –se acercó a Kai─ ¿Tienes el mapa que compré para poder llegar hasta aquí?

─Sí, está en la maleta ─contestó sin comprender lo que tenía que ver una cosa con la otra.

─Vamos a por él ─se acercó a la tele y la apagó, saliendo por la puerta de la habitación a paso ligero. Kai arqueó una ceja al ver como la tele ya no se encendía, así que imitó al peliazul y salió de allí para ir tras Takao.

Cuando el mayor subió a la habitación, Takao ya estaba con el mapa sobre la mesita de noche y un lápiz en la mano. Se cruzó de brazos y se dispuso a ver lo que pretendía el peliazul con eso.

─Aquí está el lago Tone ─señaló con un círculo la zona─. De aquí hemos venido nosotros ─hizo otro círculo–.Y por aquí hemos venido en autobús ─trazó el camino con el lápiz, desde su ciudad hasta el lago Tone–. Bien, según los recuerdos que me ha aportado esta noche mi pesadilla, nos dirigíamos desde aquí a casa de mi abuelo, que vive aquí ─señaló con otro círculo la ciudad de su abuelo─. Y en algunas ocasiones, unos números aparecen en mis sueños. El numero 413 ─observó el mapa con detalle–. Ayúdame a buscar ese nº por aquí, a ver si tiene alguna relación.

El ojicarmesí le hizo caso y se puso a mirar el mapa, sólo desde el trayecto de la casa del abuelo de Takao, hasta la de los Morgan–. Aquí ─señaló con el dedo índice sobre él.

─Bien ─contestó señalándolo–. Es la autovía ─trazó el camino y vio como perfectamente coincidían sobre el otro trazo ya antes marcado.

─Coincide ─dijo Kai–. Por aquí tuvimos que pasar para llegar aquí.

Takao lo miró con una cara que Kai no supo descifrar–. Creo que sé donde está la señora Morgan.

─¿Lo dices en serio? ─preguntó interesado y a la vez sorprendido.

─Sí. Pero, hasta mañana no podré ir a comprobarlo ─cerró el mapa–. Saldremos en el primer autobús de la mañana ─le anunció metiendo el mapa de nuevo en su sitio.

─Está bien. Será mejor dormir hasta entonces ─se metió en la cama, esperando al peliazul, que no tardó en acercarse y en imitarlo.

─Buenas noches ─le dijo recostándose en la cama–. Y no te preocupes, Mariam no está por aquí, así que puedes descansar tranquilo ─le informó cerrándolos ojos.

─Es bueno saberlo ─respondió apagando la luz. Se tumbó y abrazó al menor por la espalda–. Buenas noches.

Continuará…

&&&Kai&Takao&&&

Juego del pilla pilla* en este juego pueden jugar tantas personas como quieran. Es ese juego donde una persona tiene que atrapar a otra mientras corre. Puede elegir a la persona que quiera de entre todos los que participan, no importa. Y a la persona que atrape, esa es la que después tiene que atrapar al que quiera.

Aquí se le llama así al juego, no se por ahí, así que quise explicarlo por si alguien no sabía el significado de la palabra o le daba otro distinto.

Gracias por sus reviews a:

Maritessa Perez Cortes: Bueno pues con respecto a tu duda acerca de si Takao y Kai son novios o amantes. Pues yo creo que cada uno puede pensar lo que quiera. Hasta ahora no he especificado nada. Y bueno, con respecto a lo de llegar a la parte intima, tranquila, todo llegara y quizás antes de lo que imaginas, jajaja. Otra cosa, a mi hermana estoy harta de repetirle que continúe con sus fics de Beyblade, pero ella ahora le está dedicando tiempo a los de Naruto, pero tu mensaje ya se lo di.

Hiika: gracias por tus ánimos. Bueno ahora por fin sabemos que les sucedió a la señora Morgan y a su hija, pero aun queda saber ¿Dónde se encuentra la señora Morgan? Si Mariam no encendió la televisión para mandar un mensaje ¿Quién lo hizo? Misterios, misterios, jajaja.

Sol Yuki Uzumaki: oh, pues si te sirve de ayuda para escribir el fic Kai&Takao. No es que no me gusten los que están basados en la serie realmente, pero me gustan más lo de AU. Por lo demás, me da igual. Eres libre de escribir sobre lo que quieras, da igual el género. Espero que te haya gustado este capi y creo que al menos la duda de donde estaba Spyke y quien lo tenía ha sido aclarada, además de otras.

Valery Hiwatakinomiya: Me alegra que me sigas apoyando tras todo este tiempo, pero me da pena por hacerlos esperar tanto porque no puedo actualizar tanto como quiero. Pero de que lo seguiré haciendo, lo seguiré haciendo. Y como tu sueles decir, KaixTakao 4ever.

Danhk: Danhk gracias por tu apoyo y me alegra leer como dices disfrutar cuando lees el fic, ya que es lo que pretendo. Bueno, me has hecho varias preguntas. Algunas de tus dudas se despejan más adelante así que no te las puedo contestar todas y de otras haré referencia en los siguientes capis, pero de todas formas te contestaré ésta por si a alguien más no le quedó claro o no lo expliqué en su momento.

Se supone que Kai está en un cuerpo humano, el cual posee ojos verdes, así que ¿por qué cuando se despertó Takao junto a él vio sus ojos carmines primero? Bueno, si bien recuerdas en el capi donde están en el parque de atracciones, Kai está jugando a uno de los videojuegos de moto. La gente que está a su alrededor, lo ve con la apariencia de chico moreno y ojos verdes y Takao no. Esto sucede porque Takao ve el espíritu que hay dentro del cuerpo. Por eso le ve el cabello bicolor y los ojos carmesí, piel blanca…mientras que los demás, ven la apariencia del cuerpo en sí, y no del espíritu que hay dentro. Es por eso que en el capitulo en el que Kai hace la posesión del cuerpo y regresa al apartamento de Takao, éste lo reconoce al instante.

En el caso de Mariam, al ser espíritu, puede ver un cuerpo atrapado en otro, una posesión. Algo así como dos cuerpos en uno solo. Pero ella al ser una niña pequeña no lo comprende, y eso le parece algo extraño. ¿Recuerdas en el capítulo del parque de atracciones, cuando ambos estaban subidos en la noria como un espíritu se les quedó mirando fijamente? Ese espíritu vio claramente la posesión y no se asustó por ello, dado que los espíritus es lo que suelen hacer en determinadas ocasiones.

¿Por el simple hecho de habitar en un cuerpo los fantasmas ya no pueden ver a los demás y al otro mundo? Bueno, en mi fic yo lo reflejo de esta manera, aunque ciertamente no sé si sea así. Kai al poseer un cuerpo, es como si estuviera vivo. Puede comer, dormir, correr, moverse… Entonces al estar vivo de nuevo, no puede ver a los espíritus, porque técnicamente ahora mismo está en el lado de los vivos y no de los muertos.

De todas formas, creo que a medida que vayan avanzando los capítulos, nuevas dudas te asaltarán y a la vez te sorprenderás por cosas que sucederán.

Por cierto, quiero ponerme en contacto contigo, pero no veo en tu perfil la forma de dejarte un mensaje privado. Creo que no lo tienes activado. En cualquier caso, ¿Cómo puedo hablar contigo?

Takaita Hiwatari: jajaja, ya sé por dónde vas tú. Bueno Takai, en el siguiente capi se resolverá tu duda sobre porqué Mariam ve a Takao con apariencia de niño y no como el adulto que es. Gracias por tu apoyo incondicional.

Kiray Himawari: me alegra saber que te vaya gustando la historia. Y de verdad que ahora la que se retraso fui yo, con todo mi pesar. Unas de tus dudas se han respondido en este capi y las otras creo que lo harán en el siguiente.

Hinamela: gracias por tu review y me llegó que pusiste como favorita una de mis historias "El Zorro" espero que esa te haya gustado. Y bueno, con respecto a esta, pues ya hemos descubierto algunas cosas, pero faltan por descubrir algunas más.

Eso es todo por ahora, cuidaros mucho, xao.