Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen ─ai, Lemon
"Pensamientos"
─Diálogos.
LA OTRA REALIDAD
─Kaily Hiwatari─
Continuación…
&&&Kai&Takao&&&
Cuando el mayor subió a la habitación, Takao ya estaba con el mapa sobre la mesita de noche y un lápiz en la mano. Se cruzó de brazos y se dispuso a ver lo que pretendía el peliazul con eso.
─Aquí está el lago Tone ─señaló con un círculo la zona─. De aquí hemos venido nosotros ─hizo otro círculo─. Y por aquí hemos venido en autobús ─trazó el camino con el lápiz, desde su ciudad hasta el lago Tone─. Bien, según los recuerdos que me ha aportado esta noche mi pesadilla, nos dirigíamos desde aquí a casa de mi abuelo, que vive aquí ─señaló con otro círculo la ciudad de su abuelo─. Y en algunas ocasiones, unos números aparecen en mis sueños. El número 413 ─observó el mapa con detalle─. Ayúdame a buscar ese nº por aquí, a ver si tiene alguna relación.
El ojicarmesí le hizo caso y se puso a mirar el mapa, sólo desde el trayecto de la casa del abuelo de Takao, hasta la de los Morgan─. Aquí ─señaló con el dedo índice sobre él.
─Bien ─contestó señalándolo─. Es la autovía ─trazó el camino y vio como perfectamente coincidían sobre el otro trazo ya antes marcado.
─Coincide ─dijo Kai─. Por aquí tuvimos que pasar para llegar aquí.
Takao lo miró con una cara que Kai no supo descifrar─. Creo que sé dónde está la señora Morgan.
─¿Lo dices en serio? ─preguntó interesado y a la vez sorprendido.
─Sí. Pero, hasta mañana no podré ir a comprobarlo ─cerró el mapa─. Saldremos en el primer autobús de la mañana ─le anunció metiendo el mapa de nuevo en su sitio.
─Está bien. Será mejor dormir hasta entonces ─se metió en la cama, esperando al peliazul, que no tardó en acercarse y en imitarlo.
─Buenas noches ─le dijo recostándose en la cama─. Y no te preocupes, Mariam no está por aquí, así que puedes descansar tranquilo ─le informó cerrándolos ojos.
─Es bueno saberlo ─respondió, apagando la luz. Se tumbó y abrazó al menor por la espalda─. Buenas noches.
&&&Kai&Takao&&&
El bicolor bostezaba sonoramente, mientras caminaban por el carril de tierra. El peliazul lo miró unos segundos, para luego mirar al frente.
─Lo siento ─se disculpó por lo temprano que se habían tenido que levantar.
─¿Por qué? ─preguntó mirándole.
─Por todo, supongo ─anunció─. Si tuviese un coche, podríamos ir sin tener que coger el autobús. Y encima dudo que nos pueda dejar en mitad de la autovía, ya que interrumpiría el paso de los demás vehículos ─le comentaba al caer en la cuenta de eso.
─No te preocupes. Si hay que coger el bus, hay que cogerlo. Al menos es mejor que ir andando. ¿No crees? ─le comentaba con una sonrisa. Pasó su mano por encima del hombro del menor─. Además, ya le pondremos alguna excusa al conductor del autobús para que nos deje en el lugar indicado. No te preocupes ─le tranquilizó, sintiendo como Takao lo agarraba de la cintura, sin detener sus pasos.
&&&Kai&Takao&&&
El peliazul iba sentado en el asiento que estaba al lado de la ventanilla. Miraba por ella sin apartar la vista de la carretera. Su cara reflejaba algo de angustia, tristeza y dolor. Veía de todo. Desde niños, hasta ancianos. Y no todos estaban con los cuerpos enteros.
El bicolor se fijaba en la expresión del peliazul. Seguramente veía cosas muy desagradables en esa carretera. No por nada, cuando se desplazaron por primera vez hasta la casa de los Morgan, habían cambiado sus posiciones y abierto la cortina de la ventana, para tener que evitar ver esas cosas. Pero ahora al estar buscando a un espíritu, era distinto.
─Takao. ¿Estás bien? ─le preguntó, aunque sabía de sobra que no era así.
─Sí. Aunque hay ciertas cosas que es mejor no ver ─le hizo saber sin dejar de mirar a través del cristal.
El bicolor notó como el autobús iba aminorando la velocidad. Ladeó la cabeza hacia la derecha, para mirar por el pasillo. Efectivamente, el vehículo de gran tamaño se apartó de la calzada, poniéndose en un anchuroso borde con la señalización de las luces de emergencia.
El hombre miró por el retrovisor interior del autobús, buscando a los dos jóvenes que le habían pedido que parase ante la señal del número 413.
─Takao, creo que hemos llegado ─comentó el bicolor quitándose el cinturón de seguridad y poniéndose en pie. El menor le imitó los gestos, siguiendo al bicolor a través del pasillo. Bajaron las escalerillas del pasillo y miraron al conductor.
─Gracias ─agradeció el menor.
─¿Estás seguro de que tu abuela vive por esta zona? Nunca he escuchado que haya una casa cruzando ese bosque. Y llevo muchos años de conductor ─aseguró el hombre, abriendo la puerta del autobús.
─Sí, estoy seguro. Ya he venido más de una vez, no se preocupe ─mintió el peliazul.
─En cualquier caso, tened cuidado y alejaros todo lo que podáis de la autovía. Es un sitio peligroso ─les advirtió
─Lo haremos ─le tranquilizó─. Adiós y gracias ─le despidió, bajando junto con Kai del vehículo.
Tan pronto pisaron la carretera, pasaron por encima del quitamiedos, para estar al otro lado de la carretera y estar seguros de que los coches no los arroyarían de algún modo. Vieron como el autobús se fue alejando de allí. Takao concentró ahora su atención en mirar a su alrededor para ver si reconocía el sitio en el que estaba.
─Uff ─se quejó.
─¿Hay muchos? ─preguntó Kai refiriéndose a los espíritus.
─Creo que más de los que podrías llegar a imaginar ─contestó. Miró hacia su derecha─. Ese túnel lo he visto antes. Me suena ─aseguró. Cogió a Kai de la mano y empezó a caminar con rapidez hacia delante para ver más de cerca ese túnel.
El bicolor miraba a su alrededor. El paisaje era precioso si se miraba con detenimiento. La autovía estaba rodeada de algunas montañas de piedra. Había pinos mezclados con cedros. También bastantes flores de diferentes colores según la zona a la que mirase. Lástima que el peliazul viese algo que era mitad bonito y mitad horroroso al ver seguramente a fantasmas despedazados paseándose por ese paisaje.
─¿Recuerdas algo más? ─le preguntó el bicolor.
Takao se detuvo unos segundos. Había observado que a varios metros del túnel, cerca del quitamiedos, había un pino, partido por la mitad a todo lo largo. Señaló el árbol─. Ese árbol. Anoche vi como claramente la ambulancia en la que me observaron, estaba aparcada en frente ─le contó. Tan pronto llegaron hasta allí, el peliazul se acercó tanto al árbol como al quitamiedos─. No hay duda. Fue aquí ─dijo tocando la barra del quitamiedos.
─Pero la señal del número 413 nos la hemos dejado atrás ─le comentó Kai sin comprender─ ¿No ves por aquí a la señora Morgan?
Negó con la cabeza─. Pero estoy seguro de que tiene que estar aquí ─decía mirando a su alrededor. Se encogió de hombros y se retiró aún más del quitamiedos bajo la atenta mirada de Kai─ .Sólo queda algo por hacer. Después de todo no dejan de susurrarme, así que no paso desapercibido para ellos─ silenció unos segundos─ ¡Atención espíritus! gritó, girando sobre sí mismo, comprobando que efectivamente ya estaba rodeado por la mayoría de ellos. El menor escuchaba claramente como de forma distinta los espíritus se preguntaban cómo era posible que pudieran verlos. Él es especial. Puede vernos. Ayúdame, decían entre otras muchas cosas─ ¡Busco entre vosotros a Judy Morgan! ─anunció deteniéndose.
Varios fantasmas se miraron entre ellos y otros fueron abriendo paso para permitir a una de los espíritus pasar.
La fantasma caminaba con pasos tranquilos hacia delante, viendo como sus compañeros fantasmas le abrían paso hasta un chico peliazul. Se detuvo frente a él. ─Yo soy Judy Morgan─ aclaró la mujer con voz sedosa.
Tanto Kai, como los fantasmas, estaban pendientes del menor. El ojicarmesí había notado enormemente con la temperatura de alrededor había bajado considerablemente, así que presentía que estaban demasiado bien acompañados.
─¡Ayúdanos! ─pidieron varios de ellos a la vez.
─Haré lo que pueda por vosotros después ─indicó ya que no le quedaba más remedio─. Pero ahora me gustaría poder hablar con ella a solas ─aclaró con voz sedosa─. Os prometo que todos tendréis vuestra oportunidad ─tan pronto dijo eso, desaparecieron en un santiamén.
La mujer estiró su brazo hacia Takao y llevó su mano hasta la mejilla de éste. Sonrió de forma dulce─. Cómo has crecido. Me alegra saber que estás bien ─decía al tiempo que retiraba su mano.
─¿Sabes quién soy? ─preguntó el peliazul enarcando una ceja.
─Eres Takao ─contestó con tranquilidad.
─¿Entonces sabes por qué estoy aquí?
─Porque mi niña me necesita ─respondió, viendo como el menor asentía─. Rezaba para que mis mensajes te llegaran y pudieras dar conmigo.
─¿Mensajes? ─preguntó, cayendo en la cuenta de algo─. Mis sueños, mis visiones. Eras tú todo éste tiempo ─dedujo impactado─. Mis pesadillas sobre el accidente… ─silenció unos segundos al ver como ahora todo tenía una posible explicación.
─No sé dónde me encuentro. Sigo perdida. Así que intentaba por todos los medios comunicarme contigo mediante el sueño. Pero es difícil. Sólo conseguía poner pequeñas pistas sobre mi paradero ─miró hacia el suelo y jugó con sus dedos nerviosamente. Su cabello suelto, mojado y ondulado le impedía a Takao ver su rostro.
─Por mi accidente, no tengo apenas recuerdos de mi infancia. Recuerdo cómo salía de casa, el viaje. Pero mi mente me lleva directamente a la escena en que mi familia pasa a tu mundo. ¿Tú viste lo que sucedió?
La señora Morgan levantó la cabeza para mirarle. Su mirada reflejaba algo de angustia. Judy estiró la mano, esperando a que el peliazul se la cogiese─. Será doloroso ─advirtió.
─Estoy preparado ─advirtió cogiendo la mano de la mujer y respirando hondo.
Varios de sus recuerdos le azotaban la mente con rapidez, deteniéndose en un punto en concreto.
El menor estaba sentado en la sillita del coche, mientras jugaba con su conejito. Judy estaba sentada a su lado, viendo como el menor jugaba tranquilamente. Se estaba ocultando ante los ojos del niño y del padre para así no llamar la atención de ambos. Si ese hombre había decidido marcharse de la casa, aunque ella le había pedido ayuda una y otra vez, estaba en su derecho de hacerlo. Pero tenía que conseguir a Spyke a como diese lugar o de lo contrario su hija estaría muy triste por no tener el recuerdo de su padre con ella. Lo malo es que le estaba resultando difícil, al ver como Takao jugaba con el peluche del conejito tan cuidadosa y tiernamente.
¿Qué debía de hacer? Escuchaba como el hombre se quejaba de lo mal que lo pasaba al ver a los espíritus y las veces que se habían tenido que cambiar de casa. Estiró la mano invisible hasta el conejo para cogerlo. El pequeño con un tic nervioso en su ojo, abrazó el peluche con ahínco mientras susurraba.
─Te quiero mucho señor conejo ─le dio un beso en la cabeza, mientras sonreía.
La mujer se entristeció en ese momento. No era capaz de romperle así el corazón a un niño. Seguramente ese pobre niño, en un futuro lo pasaría tan mal como su padre. No sería ella quién rompiera su felicidad de niño. Después de todo, había sido amigo de su hija y había jugado con ella, sin salir corriendo o sin decirle cosas horribles. Retiró la mano del muñeco y sonrió con nostalgia.
Se acercó hasta su oído para que el menor la pudiera escuchar─. Te deseo toda la felicidad de este mundo ─le susurró. Depositándole un suave beso en la sien.
En un pestañeo, apareció en el cielo. Estaba segura de que esa familia no regresaría jamás a la casa. Contemplaba como el coche circulaba por la autovía tranquilamente. Le diría a Mariam que no había podido encontrar a Spyke.
Estaba dispuesta a marcharse hacia su casa, cuando escuchó un ruido que le llamó la atención. Miró hacia la izquierda. Un camión cisterna que contenía gasóleo estaba volcado en la carretera del carril contrario. La cabina del conductor estaba atravesando parte de los dos carriles. Mientras que la cisterna, había roto los quitamiedos y había atravesado hasta uno de los carriles de la carretera que iba en sentido contrario. Se fijó en como ese camión, derramaba algo a grandes cantidades. Se acercó hasta allí, viendo la enorme abertura que se había hecho en el camión y como salía el líquido sin control a grandes cantidades.
─¡Aléjense! ─escuchó que gritaba un hombre vestido con un traje algo singular y una gorra. Agitaba sus manos con muchas rapidez, y se dirigía corriendo hacía unos coches que iban frenando mientras ponían la luz de emergencia. Tan pronto el coche se detuvo, bajaron la ventanilla para ver lo que aquel hombre tenía que decir─ ¡Es un vertido peligroso! ¡Es gasóleo! ¡Los coches pueden explotar si hacen un mal contacto!─ les explicaba el hombre con nerviosismo.
La mujer al escuchar eso, se detuvo a pensar unos segundos. Si eso era peligroso, estaba siendo derramado por toda la carretera. Abrió los ojos en señal de sorpresa al recordar que la familia de ese niño tendría que pasar por allí, siguiendo el curso de la carretera. Subió al cielo para tener una mejor vista. Por ahí venía el coche. Si quería evitar una catástrofe, tendría que avisarles y cuanto antes mejor.
Tatsuya conducía sin dejar de desviar su mirada de vez en cuando hacia los lados. Había cosas desagradables y no sabía por cuánto tiempo más podría soportar el ver esas escenas. Regresó su vista al frente para centrar su atención en la curva que venía, rodeando prácticamente parte de una montaña. Respiró profundamente para intentar tranquilizarse. De pronto una mujer estaba frente a la carretera con ambas manos estiradas hacia delante.
─¡Detente! ─pidió Judy.
En el momento que Tatsuya la vio aparecer, gritó, pisando por error el pedal del acelerador en lugar del freno. No tardó en traspasar al espíritu, que desapareció en cuanto vio que no había tenido éxito en su cometido. Pero aún así, lo seguiría intentando.
Yoshie le puso una mano en el hombro─ ¿Estás bien? ─le preguntó al escuchar como su marido había gritado.
─¡Esa mujer nos ha seguido! ¡Está aquí! ─advirtió, aún jadeante por el susto.
─Intenta tranquilizarte ─le pedía al ver a su marido más alterado que de costumbre.
─¡Ah! ─volvió a gritar al ver como de nuevo, la mujer aparecía frente a él.
─¡No sigas! ─advirtió el espíritu.
Ésta vez, el hombre dio un volantazo para esquivarla y piso el freno. Lo que no había previsto, es que el asfalto estaba impregnado de gasóleo. Lo que provocó que el coche se resbalase y empezase a girar sin control.
Tan pronto Yoshie vio como su marido había perdido el control del coche, lo único que le vino a la mente, fue proteger a sus pequeños. Se desabrochó el cinturón de seguridad con rapidez y como pudo, saltó hacia atrás por medio de los asientos de piloto y copiloto, para rodear con ambos brazos a sus pequeños como podía. El coche comenzó a dar vueltas de campanas al chocar contra el quitamiedos.
El espíritu, abrazó a Takao en cuanto vio a Yoshie actuar. Sabía lo que pretendía esa madre con sus hijos y ella como pudiese, intentaría ayudarla. Al menos intentaría proteger al más pequeño de ellos, porque no podía protegerlos a todos.
La escena que ahora contemplaba era deplorable. El coche estaba realmente destrozado. Los cuerpos habían salido despedidos del coche por distintas direcciones. El pequeño que permanecía en sus brazos, se había quedado desamparado. Fue lo que pensó al soltar al menor al lado del quitamiedos y mirar a los heridos uno por uno. Del cuerpo del hombre, vio salir su espíritu. Para él, ya no había marcha atrás. Miró hacía el mayor de los niños. Su cuerpo permanecía inmóvil. El espíritu del chico salió de su cuerpo, no dando crédito a lo que estaba viendo. Asustada, miró hacia el menor de los Kinomiya. ¿¡Qué había hecho! Decidió desaparecer de su vista y guardar las distancias por miedo.
El menor miraba a su alrededor. ¿Dónde estaba su familia? Sin soltar su conejito, el cual tenía sujetado por los orejas y arrastraba el cuerpo por el suelo, caminó inseguro hacia delante, para buscarles.
─¿Mamá? ─la llamaba inseguro al ver como su coche estaba irreconocible.
─Takao ─escuchó en un susurro.
Rápidamente, siguió la voz que había escuchado. Ahí estaba. Tumbada en el suelo, sin poder moverse. Un hilillo de sangre le salía de la boca y del oído izquierdo─. Mamá ─la llamó asustado, dejando que su conejito arrastrase aún más por el suelo.
─Menos mal que estás bien ─decía aliviada─ ¿Dónde está Hitoshi? ─preguntó con dificultad, sintiendo como se ahogaba por falta de aire.
Miró hacia su derecha─. Vienen por allí ─avisó sintiéndose mal, señalando hacia un punto en concreto.
La mujer como pudo, intentó mover su cuello para mirar hacia el lado. Ahí no había nada. Cerró los ojos con pesar─. Comprendo ─añadió. Sabía que si ella no podía verlos y su hijo sí, sólo podía significar que habían muerto. Abrió los ojos, sintiendo como se les nublaban por culpa de las lágrimas que tenía acumuladas desde hacía rato y que no quería derramar frente a su hijo. Por lo menos, había conseguido salvar a uno de sus hijos.
El menor se agachó para estar a su altura, derramando una lágrima─ ¿Te duele? ─le preguntó preocupado.
Su madre le sonrió suavemente─. No ─respondió para tranquilizarle, aunque la verdad era bien distinta. Empezó a escuchar el sollozo de su pequeño─. Shhh, no llores, cariño… levantó su mano hasta la mejilla del peliazul para darle una caricia─… Todo va a salir bien ─intentaba tranquilizarle a pesar de que le costaba respirar. Las sirenas de la ambulancia se escuchaban de fondo, cada vez más cerca.
─Mamá, tengo miedo ─confesó agarrando la mano de su madre que aún permanecía tocando su mejilla─ ¿Mamá? ─preguntó mirándola fijamente─ ¡Ah! ─gritó con todas sus fuerzas. El espíritu de su madre salía de su cuerpo, mirándole dulcemente.
De los ojos del menor brotaban las lágrimas sin control. La mujer miró hacia su izquierda con cara de preocupación a su hijo Hitoshi y su marido, mientras Tatsuya miraba a Takao con compresión. Ya no sentían ningún dolor, salvo el hecho de ver que habían dejado a su hijo casi solo en el mundo.
Su padre se arrodilló frente a él─. No llores, estamos bien. No nos duele nada, hijo ─decía para tranquilizarle, aunque no sabía muy bien cómo hacerlo. Le destrozaba el alma de ver a su pequeño desamparado. Llorando sin consuelo frente a ellos.
─Nunca os volveré a ver ─decía el pequeño entre sollozos.
─Takao ─ahora la madre fue quien se arrodilló frente a él─. Recuerda esto, aunque llegue el momento en el que no nos puedas ver, siempre estaremos aquí ─estiró su brazo y le señaló el corazón con la palma de la mano sobre el pecho del menor.
─Quiero ir con vosotros ─pedía el menor entre sollozos.
─Lo harás a su tiempo. Pero aún no te toca. Tienes que ser fuerte, luchar contra todo y cuidar del abuelo ─decía su madre.
─¿Por qué Takao puede vernos mamá? ─preguntó su hijo Hitoshi sin comprenderlo. Después de todo, él no sabía nada acerca del secreto de su padre.
─¡Hay un niño por aquí! ─escuchó Takao a sus espaldas, aunque estaba muy concentrado en ver a su familia y no le prestó atención a quien ahora estaba a su lado─. Chico. ¿Estás bien? ¿Te duele algo? ─le preguntó el enfermero de la ambulancia. Pudo apreciar como el niño miraba hacia un punto. Como si viese algo, pero no le miraba en ningún momento a él─. Ven con nosotros, vamos a curarte─ le dijo tomándolo de la mano con suavidad. Takao negó entre lágrimas con la cabeza mientras miraba a su familia.
─Ve con ellos ─le dijo su madre─. Ellos te cuidarán.
Sin dejar de mirar hacia ellos, aceptó la mano del hombre y caminaron hacia la ambulancia. Escuchando el barullo de las sirenas y de la gente de la ambulancia hablar mientras corrían a socorrer a las víctimas que estaban tiradas en el suelo a distintas distancias.
Takao abrió los ojos confundido. La señora Morgan le había soltado la mano y ya no podía ver más. Sus mejillas estaban llenas de lágrimas─. Ahora lo recuerdo todo ─decía sintiendo un nudo en su garganta que le impedía casi hablar.
─Lo siento. Yo no pretendía causar ese desastre ─se llevó las manos al rostro, mostrando su arrepentimiento─. Yo no quería que terminase así. Yo sólo pretendía avisar a tu padre ─advirtió.
El menor sollozaba, mientras intentaba tranquilizarse y hacer a un lado su dolor. Veía como el pelo de la mujer parecía de alguna forma estar más mojado que antes o esa sensación le daba. Kai en ese momento, vio como una mujer aparecía frente al peliazul─. Mentiría si te dijese que tú no tuviste nada que ver en la muerte de mis padres y hermano ─decía dolido─. Pero en parte es culpa mía por haberme llevado a Spyke. Culpa de ese camión que derramó el gasóleo en nuestro camino ─silenció unos segundos─. Yo ya he aprendido a perdonarme con el tiempo. Así que si yo he podido hacerlo. ¿Por qué tu no?
─¿Tengo entonces tu perdón? ─preguntó dudosa.
─Lo tienes.
Al escuchar esas palabras la mujer cerró los ojos y respiró con alivio─. Gracias ─decía al tiempo que su pelo parecía secarse un poco. El bicolor se quedó mirando tanto al fantasma como al peliazul. Eso no lo había visto nunca antes, ni siquiera cuando había estado muerto.
─Lo importante ahora, es que regreses con Mariam. Ella te está esperando ─aseguró limpiándose las lágrimas con el dorso de su mano.
─Te seguiré cuando te marches. Todavía te queda trabajo por hacer aquí ─le comentó con una sonrisa, fijándose ahora en el chico de cabellos bicolores que estaba al lado del menor. Sus miradas estaban conectadas por unos momentos.
─Él es un amigo ─aclaró Takao, al ver como miraba al blanquecino de piel.
─Ya veo. Hay cosas que no puedes ver ─dijo antes de desaparecer.
Tan pronto desapareció el espíritu, los demás aparecieron, rodeando a ambos jóvenes de nuevo. El peliazul se llevó las manos a la cabeza.
─Esto va a ser toda una proeza ─se dijo así mismo─. Veamos. Los que viajasen en un autobús que se pongan a mi derecha. Los que lo hiciesen en coche, frente a mí y los que viajasen en moto, a mi izquierda ─decía para agruparlos y así intentar ir más rápido. Miró al bicolor─. Kai, hay muchos, así que tendrás que esperar bastante rato. Si quieres puedes dar un paseo por el bosque para distraerte ─decía sacando al mayor de sus pensamientos.
─No, aquí estoy bien ─respondió de forma inmediata, sentándose en el suelo.
&&&Kai&Takao&&&
Caminaban por el otro lado del quitamiedos, por mitad del campo, para estar seguros de que así no correrían tanto peligro. Estaba empezando a atardecer. Los dos chicos caminaban juntos, pero no se atrevían a tomarse de la mano, ya que sabían que la señora Morgan los seguía como había prometido, aunque ninguno de los dos, la pudiese ver. Sabían que eso sería realmente raro de comprender para un fantasma de esa época.
─¿Quieres descansar otra vez? ─le preguntó el peliazul al bicolor.
─No, aún puedo aguantar─ decía mirando al frente─. No creo que quede mucho.
─¿Cuánto calculas?
─Más o menos, cinco horas ─dijo encogiéndose de hombros.
─Claro, tampoco es tanto, considerando que nos oscurecerá, y aquí no hay más luces, salvo la de los coches ─sonrió por no llorar─. Kai, lo siento. Me ha llevado más tiempo del que creía el poder ayudar a esos espíritus ─decía mirando el camino.
─No te preocupes por eso ─le restó importancia─. Era eso, o era vivir con doscientos o trescientos en la misma casa ─agregó pasándole el brazo por encima del hombro al menor─. Has hecho bien en ayudarles ─le sonrió de forma cómplice, cuando sus miradas se cruzaron─. Uno pequeño ─le indicó, refiriéndose a un beso. El peliazul negó con la cabeza, a la vez que reía por vergüenza─. En la mejilla.
─Creo que eso sería mucho impacto para ella ─aclaró.
─Pero no sabemos si nos sigue. Yo está claro que no puedo verla, pero tú tampoco la ves.
─¿Sigo teniendo el tic en el ojo? ─le preguntó, lo evidente.
─Sí.
─Entonces nos sigue. Mi alarma nunca falla ─le comentó, refiriéndose a su tic.
─Vaya. Las horas me van a parecer años ─refirió con pesar, palmeándole suavemente el hombro.
─No lo sientas ahora, siéntelo cuando estemos en la casa. Hoy dormirás en una habitación aparte.
Kai cerró los ojos y frunció el ceño. Quería decir una palabrota, pero no encontraba la idónea. Si al espíritu le parecería algo extraño un beso en la mejilla de un hombre a otro, no se quería ni imaginar lo que le pasaría por la cabeza si lo veía dormir junto al peliazul─. De lejos vendrán, que de tu casa te echarán ─comentó el refrán.
─Jajaja. En primer lugar, esa no era nuestra casa en un principio. Sino de ellas.
Ambos vieron como el camino se les cortaba al empezar una montaña. Por ahí no podrían seguir, a no ser que subieran la montaña y luego la bajasen.
─Yo no pienso subir ─aclaró Kai─. Sólo nos queda pasar al otro lado del quitamiedos. Aunque sea algo peligroso, hay que hacerlo.
─No tenemos chalecos reflectantes para que nos vean ─agregó el peliazul con preocupación.
─No, pero podemos hacer autostop antes de que oscurezca más. Quizá alguien nos quiera llevar ─le anunció, saltando el quitamiedos.
El menor miró la montaña, y sabía que Kai llevaba razón en lo que decía, aunque tampoco le gustaba la otra idea. Después de todo, él ya había sufrido un accidente en esa autovía y no se quería arriesgar.
Kai no lo vio muy convencido. Así que se dio la vuelta y levantó la mano para que los coches, lo viesen─. No lo hagas si no quieres. Te entiendo ─le dijo para tranquilizarle, aunque pronto sintió una mano en el hombro.
─O lo hacemos juntos. O no se hace ─aclaró el peliazul, levantando también el dedo pulgar, mientras movía la mano hacia arriba y hacia abajo.
Como era de esperarse, muchos coches pasaron de largo. Aunque uno de ellos, fue poniendo las luces de emergencia y se detuvo delante de ellos, apartándose del carril.
Era una camioneta Ford ranchera, modelo del 69 americana de color rojo y blanco.
Los dos se quedaron mirando la camioneta por un segundo. Puede que se hubiese parado por casualidad. Cual fue la sorpresa de ambos, al ver bajar de ella a Michael.
─¿Qué hacéis aquí a estas horas? ─preguntó el rubio
─Es una larga historia ─contestó el peliazul con una sonrisa.
─¿Habéis venido en coche? ─El peliazul negó con la cabeza─. Yo puedo llevaros de vuelta al lago. El problema es que sólo hay un asiento y vosotros sois dos.
─No importa ─dijo el menor─. Lo compartiremos. ¿Verdad Kai? ─le preguntó, viendo como el bicolor le dedicaba al rubio una mirada fulminante─. Está de acuerdo ─contestó Takao con una sonrisa nerviosa.
─Vale ─sonrió─. Subid entonces ─les dijo, dándose media vuelta para entrar en el coche.
─Vamos ─le dijo Takao al bicolor, corriendo hacia el coche. Takao iba a subir primero, pero Kai le hizo hacia un lado.
─Yo primero ─declaró entrando al coche. No quería que el peliazul estuviese tan cerca del otro.
El otro se metió en el coche, cerrando la puerta─. Estamos listos ─anunció, alargando el cinturón─. Toma Kai, abróchalo ─le pidió, entregándoselo─ ¿No te denunciarán si te pillan con dos personas en un solo asiento?
─Es mejor que no nos vea nadie ─aseguró Michael, quitando las luces de emergencia─. Pero haré lo que sea por un amigo ─comentó, poniendo la primera marcha para incorporarse de nuevo a la autovía, al ver que no venía nadie detrás. Kai frunció el ceño al escuchar la respuesta del otro─ ¿Y dime? ¿Qué hacíais ahí? ─preguntó el rubio curioso.
El menor miró al bicolor, el cual estaba muy concentrado en el rubio─. Pues…
&&&Kai&Takao&&&
La furgoneta aparcó en la puerta de la casa de los Morgan. Los dos jóvenes bajaron y el otro se despidió de ellos, dando unos cuantos pitos con el claxon. Tan pronto vieron que el coche se alejaba, ellos entraron a la casa, quedándose en el amplio recibidor.
─Mariam ─le llamó Takao mirando el techo, como si supiese que estaba al otro lado de éste.
La pequeña apareció frente a ellos con los ojos clavados en el suelo y sujetando al peluche en sus brazos.
La señora Morgan no tardó en hacerse ver, al ver a su hija─. Mariam.
La niña levantó la cabeza y en cuanto vio a su madre, una sonrisa se mostró en su rostro. –Mamá ─le dijo, corriendo hacía ella, al tiempo que la mujer se agachaba con los brazos abiertos para recibirla. Cuando la tuvo a su alcance, cogió a Mariam en brazos─. No venías ─le reprochó la niña.
─Ya lo sé ─le contestó con pesar─. Pero ya estoy aquí y no volveré a dejarte sola. Te lo prometo ─confesó la mujer, feliz de por fin, tras todo este tiempo, poder ver a su hija.
─Están muy felices ─comentó Kai.
El peliazul sonrió al ver la escena─. Así que se han dejado ver para ti también.
El bicolor desvió la mirada unos segundos─. Sí ─afirmó de forma pausada.
Takao caminó unos pasos hacia ellas y se detuvo. Vio como Judy le miraba con una sonrisa─. Gracias ─dijo la mujer.
─Ahora ya estáis listas para partir. Sólo tenéis que ir hacia la luz ─comentó Takao sonriente.
La mujer desvió la mirada y ahora parecía estar más mojada que hacía unos segundos. Los dos chicos observaron eso y se miraron de inmediato.
─¿Sucede algo? ─preguntó el bicolor a ambas.
─Todavía no pueden irse. Algo se los impide ─le comentó Takao sin quitar la vista de ellas.
─Pero, al fin están juntas ─respondió Kai sin entenderle.
─Sí, pero debe de haber algo más ─le dijo el peliazul. Observándolas, se preguntaba porqué una estaba con apariencia de estar seca y la otra mojada. Las dos murieron de la misma forma. Pero, ¿por qué las dos no estaban en las mismas condiciones? Las dos debieron de ver la luz. Pero, ¿Por qué no fueron hacia ella? ¿Qué les retenía aún en la tierra?─. Te sientes culpable. ¿Verdad? ─silenció unos segundos─. No deberías. Cualquiera en tu lugar, hubiese hecho lo mismo. No podías salvarlos a las dos ─se fijó en que tanto de la ropa como del pelo de la mujer, gotas de agua, se iban desprendiendo.
─¿A las dos? ─preguntó Kai sin entender nada.
─Estaba embarazada, aunque no sé de cuánto tiempo. Pude sentir sus preocupaciones y sus pensamientos en la visión que tuve del lago.
─Por mi culpa estamos así ─empezó a hablar la mujer─. Maté a mi hija. Maté a mi bebé. No puedo perdonarme por algo así. No merezco ir al cielo.
─No tenías elección. No podías vivir en paz si a Mariam le hubiese pasado algo. Fuiste muy valiente al intentar salvar la vida de tu hija sin saber nadar.
─Quería que Mariam creciese fuerte, se casase y formase una familia. Quería lo mismo para mi bebé ─explicó la mujer angustiada─. Pero yo acabé con todo eso, antes de que pudiese suceder.
─No te culpes por eso. No fue culpa de nadie.
─Maté a tu familia ─susurró─. Incluso teniendo esta forma, sólo consigo hacer daño.
El peliazul miró unos segundos hacia el suelo para luego mirar hacia la mujer. Su ceño estaba fruncido─. No te culpo por ello. Tenías buenas intenciones ─le hizo una reverencia, bajo la sorprendida mirada de la mujer─. Gracias. Si no me hubieses protegido, ahora no estaría aquí. Es cierto que durante mucho tiempo, pensé que lo mejor hubiese sido que yo también hubiese muerto en ese accidente. Otras veces, me culpaba por lo que le había sucedido a mi familia. Pero el destino de cada uno está escrito. Todo tiene un porqué. Y estoy seguro de que si sigo vivo, es porque alguien aún me necesita. Vosotras me necesitáis y ahí fuera hay mucha más gente que espera ayuda de mí. Los recuerdos son dolorosos porque hay un vacío en ellos que será difícil de llenar, aunque realmente no lo necesito. Ya que tu familia es única e irremplazable. Pero creo que lo menos que puedo hacer es intentar ser feliz y formar mis propios recuerdos y a mi propia familia el día que me case. Aún así, algún día yo también veré la luz y sólo allí veré a aquellos que hace tiempo me dejaron atrás. De la misma forma que yo también dejaré a personas atrás, para verlas más adelante, cuando haya pasado a mejor vida. Mírame, ¿ves reproche en mi mirada? Mira a Mariam ─le pedía viendo como la mujer le obedecía─ ¿Crees que te culpa por lo que pasó? Ella comprendió que no había hecho bien al intentar coger la pelota. Sin embargo, ella no te reprocha nada porque está contigo, y es feliz así. Estoy seguro que ambas habéis visto la luz, pero ella no se atreverá a avanzar si su madre no lo hace.
─Mamá. Quiero ir con papá. Él debe de sentirse solo ─agregó, apoyando su cabeza en el hombro de su madre. La mujer enmudeció ante tales palabras.
─Él seguramente vio lo que sucedió, así que no te culpará de nada. Después de todo, las madres siempre buscan proteger a sus hijos a toda costa.
─Comprendo ─suspiró lentamente, cerrando los ojos. Los dos chicos, vieron como poco a poco tanto el vestido como el cabello, se iban secando, adoptando la misma apariencia que habían visto en las fotos. Abrió los ojos y sonrió al ver una luz─. Es hermosa ─aclaró. Lo que hizo que la pequeña mirase hacia la misma dirección.
─Papá ─dijo la pequeña con una enorme sonrisa. Se apresuró a bajar de los brazos de su madre para caminar hacia Takao, viendo como éste se agachaba para estar a su altura. Estiró su bracito para entregarle a Spyke─. Toma.
El menor empujó de forma suave el peluche hacia ella─. Es tuyo, quédatelo. Después de todo, nunca me perteneció.
La pequeña acercó su mano hasta la mejilla del peliazul y la rozó, haciendo que la piel del moreno se erizase─. Como has crecido. Estás muy guapo ─aseguró, viendo como a Takao, unas lágrimas traviesas le resbalaban por la mejilla─. No llores. Te estaremos esperando. Pero no hay prisa. ¿Vale?
El menor asintió, viendo como la mujer se acercaba a la pequeña y la tomaba de la mano─. Gracias ─agradeció sinceramente la mujer. Miró a Kai unos segundos─. La vida es muy corta, así que aprovechadla, porque sólo se vive una vez. Vivid al máximo cada instante ─sonrió al bicolor esperando que hubiese entendido el mensaje.
─Así lo haremos ─contestó Kai.
Miró de nuevo a Takao─. Cualquier madre y padre estarían orgullosos de tener un hijo como tú, nunca lo olvides ─sonrió, viendo como el otro intentaba contener sus lágrimas. ─Ha llegado la hora. Gracias ─dicho esto miró hacia la luz y se adentraron en ella, desapareciendo ante los ojos de los dos chicos.
Takao rompió a llorar, arrodillándose en el suelo. No tardó en sentir un abrazo fuerte por detrás para consolarle─. Lo has hecho muy bien ─aclaró el bicolor.
&&&Kai&Takao&&&
Ya había anochecido. El menor estaba tumbado en la cama, mirando hacia el techo. Las sábanas le cubrían hasta el pecho. Kai entró a la cama y se cubrió con las sábanas. Se puso de lado y apoyando el codo en la almohada, se quedó mirando a Takao.
─Parece mentira que Mariam no esté por aquí ─susurró Takao con algo de nostalgia.
─Seguro que ahora están más felices. Al otro lado se encuentra su familia.
─Sí, es cierto ─contestó, mirando ahora al bicolor, observando que lo miraba con fijeza. Sonrió con vergüenza─ ¿Qué ocurre? ¿Estás preocupado por algo? ─desvió un poco la mirada y se sonrojó─ ¿Qué sucede?
─Ella tiene razón. El tiempo aquí es corto. Acabará antes de que me dé cuenta. Y la muerte no avisa cuando llega, eso lo sé de sobra ─miró a Takao con algo de nostalgia─. Takao, nunca pude decirle en vida lo mucho que significaba Yuriy para mí. No sabes lo mucho que me arrepentía de eso. Anteponía mi orgullo a mis sentimientos y no dejaré que eso pase contigo. Quiero dejarte muy claro lo que siento por ti ésta noche ─llevó su mano hasta la mejilla del menor y la acarició con dulzura─. Es más, quiero empezar a demostrártelo ahora ─aseguró. Se colocó sobre él a horcajadas, apoyando ambos brazos sobre la almohada, dejando la cabeza de Takao en medio. Agachó la cabeza lentamente para acercarse a los labios del menor. El peliazul cerró los ojos, esperando recibir el beso.
&&&Kai&Takao&&&
Los dos estaban desnudos en la cama. Los dos repartían diminutos besos y mordiscos en muchas partes del cuerpo del contrario. Cuando el bicolor sintió que Takao estaba preparado, comenzó a meter su miembro poco a poco en el interior de la entrada del menor. Veía como Takao se aferraba con las manos a las sábanas, apretándolas e intentaba quejarse lo menos posible. Eso era algo doloroso y ambos lo sabían. Ese era un paso importante en su relación, aunque los dos sabían de su torpeza por falta de experiencia. Finalmente el bicolor se agachó para besar a Takao en los labios, hundiendo aún más su miembro en su cuerpo. Tras separarse del beso, Kai sujetó con una mano la cadera de Takao y con la otra, comenzó a acariciarle el miembro del mismo. No tardó en ver el sonrojo de Takao aparecer en sus mejillas. Fue en ese momento cuando decidió moverse lentamente dentro de él. Poco a poco los gemidos se fueron escuchando por parte de ambos. En parte por dolor, en parte por placer. Los movimientos tanto de caderas en ambos como sobre el miembro del menor, se iban acelerando. Los dos sentían un gran fuego en su interior, que creían que no podrían llegar a soportar. Sus cuerpos estaban sudorosos por tanto movimiento.
─Ya llega ─avisó el peliazul como pudo sin dejar de jadear. Su espalda se arqueó dejando salir su esencia, manchando el estómago del bicolor. El bicolor no tardó en imitarle, sintiendo como las fuerzas lo abandonaban. Los dos tomaban bocanadas de aire como podían. Kai salió del cuerpo del menor y bajó la cadera del contrario sobre la cama con cuidado.
Las piernas del peliazul aún permanecían abiertas. Una sonrisa se formaba en su cara, aunque sus ojos estaban cerrados.
El ojicarmesí se echó hacia delante para besarle el cuello, sintiendo como el menor le rodeaba con sus brazos para atraerlo más hacia él.
─Ha sido maravilloso. Gracias ─le susurró, sintiendo los besos del bicolor en el cuello.
Kai abandonó el cuello del peliazul y le miró─. La próxima vez será algo inolvidable, ya lo verás. Me encargaré de eso ─le decía intentando regular su respiración.
─No creas que me voy a olvidar así como así de mi primera vez ─le dijo, sintiendo como la respiración del contrario, chocaba contra sus labios.
─Jajaja. Habrá que investigar nuevas posturas ─aclaró el bicolor.
─Jajaja. Cuenta con ello ─contestó besándole los labios apasionadamente.
&&&Kai&Takao&&&
El tiempo fue pasando. Se habían quedado por un mes más en la casa de los Morgan. Tras ese tiempo, decidieron que tendrían que buscarse un trabajo para así seguir cubriendo gastos. Así que regresaron a su ciudad para intentarlo. Takao buscaba algo que se asemejase a su anterior trabajo. Pero la verdad es que al pisar la ciudad de nuevo, los espíritus le seguían sin descanso. Como en el anterior trabajo había sido despedido por faltas de asistencia, no estaba seguro ni de qué decir en las entrevistas. Por otro lado, Kai no había hecho nada en su vida, salvo ser piloto de carreras. Así que no sabía muy bien en que trabajos mirar.
Buscaban anuncios de trabajos en los periódicos, sentados uno frente al otro en la mesa del comedor de su antiguo apartamento, cuando el móvil de Takao sonó.
─¿Diga? ─preguntó al no conocer el número de teléfono que estaba grabado en el móvil.
─¿Takao Kinomiya?
─Sí. Soy yo. ¿Quién es? ─preguntó curioso.
─Soy el detective Masefield, de homicidios. ¿Me recuerdas? ─ante el silencio del peliazul, decidió continuar. ─Estaba estudiando el caso de Rei Kon y Mariah Won.
─Ah, sí. Le recuerdo. ¿Cómo ha conseguido mi número? No recuerdo habérselo dado.
─Es cierto, no me lo diste ─se echó a reír─. Me lo dio uno de los familiares de Mariah Won.
─¿Y para que me llama? ─preguntó mirando con cara de confundido a Kai, quien lo miraba de la misma forma.
─Tenemos otro caso de un joven desaparecido. Llevamos algunos meses intentando buscar pistas sobre esto. Pero estamos en un punto en el que la investigación no puede avanzar más.
─Vaya, lo siento.
─Bueno, verás. Te he llamado para ver si estarías interesado en ayudarnos. En estos dos casos en los que de alguna forma terminaste implicado, serviste de muchísima ayuda─.
Takao se rascó la nuca nervioso─. No sé qué decir.
─Te pagaremos por la ayuda, no te preocupes. Sé que quizá con el trabajo, no tengas mucho tiempo libre.
─Lo cierto es que ahora no tengo trabajo, pero… ─fue interrumpido por el otro.
─Entonces puedes trabajar con nosotros. Tienes buena intuición para esto. Y podrás ayudar a otras familias como hiciste en los otros dos casos.
─La verdad es que es tan repentino. No sé qué decir ─confesó.
─Mira, esto por teléfono, queda un poco frío. Así que si quieres podemos quedar en algún lugar para concretar los detalles y después te lo piensas. ¿Vale?
─Vale ─respondió inseguro.
─Toma nota de la dirección que te voy a dar ─explicaba el otro.
─Bien ─le dio la vuelta al periódico y en la parte superior, escribió una dirección, todo bajo la atenta mirada de Kai─. Está bien. Adiós ─apretó el botón de colgar y miró a Kai.
─¿Quién era? ─preguntó el bicolor lleno de curiosidad.
─Era el detective Masefield. Quiere reunirse conmigo ésta tarde a las cinco en éste lugar para hablar conmigo. Cree que puedo serle de utilidad en otro caso de desaparición ─decía enseñándole el apunte que había tomado.
Continuará…
&&&Kai&Takao&&&
¿Qué os ha parecido? Por fin las dos se reúnen y se aclara todo lo que sucedió en el pasado. Yo creo que más de uno/a estaba esperando a que este momento por fin llegase. Pero aún más cosas quedan por salir.
Bueno, ahora quiero pedir perdón por haber publicado tan tarde, pero no tuve más remedio ya que tuve un pequeño accidente no hace mucho y tanto los brazos como el cuello, se me dañaron, aunque por fortuna no me rompí nada. Así que en los primeros meses ni escribir podía porque o me mareaba o me dolía la espalda y brazos considerablemente. Tuve que tomarme mi tiempo de reposo, ya que los brazos se me quedaban dormidos y de hecho no puedo coger todavía cosas de peso. Pido de nuevo perdón por la larga espera y espero que os haya gustado este capi.
Otra cosa, si entráis en mi profile, tengo una encuesta y sois libres de participar en ella.
Gracias por sus reviews a:
Kiray Himawari
Sol Yuki Uzumaki
Maritessa Pérez cortes
Hinamela
Hiika
Takaita Hiwatari
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
