Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Shounen –ai, Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
LA OTRA REALIDAD
–Kaily Hiwatari–
Continuación…
&&&Kai&Takao&&&
Tanto Takao como Kai bajaron del taxi y miraron hacia el edificio que tenían a su izquierda. Era un edificio un poco deteriorado, al menos por fuera. Le hacía falta varias manos de pintura. Caminaron hacia la puerta acristalada de este y la abrieron a su paso. Frente a ellos había un mostrador en el que se encontraba una mujer de mediana edad, con unos papeles en las manos, dispuesta a graparlos.
Takao se acercó a la mujer y esta cuando notó su presencia, enseguida le miró a los ojos.
–Hola. ¿Buscabais algo? –preguntó la mujer con una sonrisa al chico peliazul.
–Verá, tengo una cita con el señor Masefield.
–Oh, tú debes ser el joven Kinomiya –intuyó–. El señor Masefield debe de estar esperándolo en su despacho. Está en la segunda planta, tercera puerta a la izquierda. –Les informó a los jóvenes.
–Gracias –siguió hablando el peliazul, tomando después el ascensor que estaba a su derecha. Las escaleras estaban justo enfrente del ascensor, pero prefería evitar los pasillos, ya que era el punto de encuentro favorito de los fantasmas.
Tan pronto, llegaron a la segunda planta, las puertas del ascensor se abrieron. Caminaron hacia dónde la mujer había dicho y tocaron la puerta. Muy pronto, la puerta se abrió mostrando a un chico alto, de ojos verdes y cabello naranja.
–Hola, te estaba esperando –confesó animado el joven, dándose cuenta enseguida que el peliazul no había llegado solo–. Vienes acompañado, no me había dado cuenta –se hizo hacia un lado, abriendo la puerta de par en par–. Pasad por favor –les invitó.
La habitación era grande para una persona, pero tampoco era la gran cosa. Tenía tres escritorios. Uno en el centro, otro a la derecha de éste y otro a la izquierda. No tenía una gran decoración, ni siquiera tenía cortinas, sólo una persiana para evitar el sol a ciertas horas. Algunos cuadros colgaban de la pared, los cuales contenían algunos títulos. Varios armarios metálicos que contenían ficheros, estaban repartidos a lo largo del despacho. Un ordenador algo antiguo estaba sobre el escritorio principal. Todo eso pasó desapercibido para Takao, al sentir una presencia. Sin embargo, no podía verla aún.
–Tomad asiento, por favor –indicaba el detective, sentándose en su sillón giratorio, viendo cómo los recién llegados, se sentaban frente a él.
Kai se dio cuenta de que el detective no paraba de mirar a Takao– ¿Pasa algo? – le preguntó Kai un poco enfadado.
–¿Tenías antes ese tic en el ojo? –le preguntó el detective a Takao sin rodeos.
–Me da de vez en cuando –contestó, restándole importancia.
–Anda, mira. Ya ha parado –se respondió a sí mismo el detective con una sonrisa. Fue entonces cuando Takao se percató de que la presencia que había estado sintiendo, estaba ahora justo al lado del detective.
Era una niña, de más o menos nueve o diez años de edad. Su cabello era bicolor anaranjado y vestía con una falda blanca y una blusa de manga corta azul cielo.
–Takao. ¿Estás bien? –preguntó Kai en un susurro, cogiéndole la mano. Aunque ya sabía que si el peliazul estaba mirando a un punto en concreto, era porque había visto algo.
–Bueno, el hecho de que te hubiese citado aquí Takao, era porque aquí nadie nos molestará. Me explico –decía el detective, viendo cómo ahora el peliazul lo miraba–. Me quedé muy sorprendido al ver cómo ayudaste en los demás casos, pero también veía cosas raras en ti. Me refiero al hecho de que supieses justamente pistas claves que tanto a mí como detective y a la policía, nos daba quebraderos de cabeza. Así que hablé con los familiares de las víctimas y me contaron ciertas cosas sobre ti. Les pedí tu dirección. Pero sólo tenían tu número de teléfono –silenció unos segundos–. Mira, no es que no crea en eso del más allá, pero es un poco… –intentaba encontrar las palabras adecuadas–… todo el mundo se puede llamar médium, vidente. No sé el término que te guste, la verdad –confesó sonriendo con nerviosismo–. Pero realmente no creo que haya muchas personas así. Está claro que siendo verdad que lo seas o no, ayudaste a encontrar esos cuerpos y ahora me gustaría que me ayudases con la investigación de ese niño –finalizó esperando la respuesta de Takao, aunque su silencio parecía indicar que se lo estaba pensando.
–Hasta no hace mucho tiempo, huía de los espíritus. Ni siquiera sabía el porqué, era el único que podía verlos. Como detective, supongo que habrá investigado mi pasado. Así que cualquiera pensaría que estoy majareta. Yo incluso, llegué a pensarlo. –Silenció unos segundos para luego continuar–. Esos espíritus vinieron a mí en busca de ayuda. Otro espíritu les había dicho que podía verlos y que les ayudaría con sus problemas, hablando con sus familiares para que después pudiesen descansar en paz. –Kai sonrió al escuchar esas palabras, recordando que él había sido el causante de eso–. Me reconfortó mucho el hecho de ver cómo la familia se quedaba más tranquila al saber que sus familiares descansaban por fin en paz. Y el ver cómo los espíritus podían cruzar la luz sin remordimientos y con una sonrisa. No sólo puedo verlos. Tengo premoniciones, sueños.
–Entonces no te dejan en paz –intuyó prestando atención.
Sonrió–. No quiero asustarle. Pero en estos momentos, hay una niña con nosotros.
–¿Aquí? –preguntó enarcando una ceja.
–Está justo a su lado. Dice que es su sobrina Julia. Y que siempre la llamaba la niña de sus ojos.
Sonrió perplejo, a la vez que dejaba salir un suspiro–. Vaya –fue lo único que atinó a decir– ¿Siempre está conmigo?
–Siempre que puede –repetía las palabras del espíritu–. Quiere que sepas que no fue tu culpa lo que ocurrió. No fue culpa de nadie. Intentó comunicarse contigo, pero no sabía cómo.
–Julia, si sólo te hubiésemos encontrado unas horas antes –se llevó las manos a la cabeza con arrepentimiento–. Tenía nueve años cuando la secuestraron. Ahora tendría veinte –tragó la saliva con dificultad–. Encontramos a su asesino, pero ya era tarde para ella –sintió algo muy frío sobre su cabeza. Así que poco a poco la fue levantando y por inercia miró hacia su izquierda, viendo con sorpresa a su sobrina.
–Ese hombre no volverá a matar –habló la niña, mostrando una diminuta sonrisa. Llevó ahora su mano de la cabeza, a la mejilla de su tío–. Tengo que cuidar de Raúl. ¿Cuidarás tú de mamá por mí?
–Siempre lo hago y siempre lo haré –afirmó el ojiverde.
–Siempre serás mi tío favorito –decía la niña, viendo cómo ante esas palabras, su tío dejaba resbalar unas lágrimas por sus mejillas.
–Y tú siempre serás la niña de mis ojos.
–Quiero despedirme de mamá –confesó la niña, mirando a Takao– ¿Me ayudarás?
Takao sonrió–. Claro –respondió, viendo cómo tras decir estas palabras, la niña desapareció. Ante la mirada atónita del detective, Takao decidió avisarle–. Se ha ido, seguramente a casa de su madre.
–Yo os llevaré hasta allí –decía limpiándose las lágrimas y poniéndose en pie.
&&&Kai&Takao&&&
Los dos estaban tumbados sobre la cama boca arriba, mirando hacia el techo, como si encontrasen algo interesante en el.
–Así que recapitulando. La única hermana del detective Brooklyn, Matilda. Dio a luz a gemelos. Raúl y Julia. Raúl murió al poco tiempo de nacer porque su salud era débil. Sólo quedaban Matilda y Julia, ya que el padre de la niña había muerto en un accidente de tren poco después de la muerte de Raúl. Secuestraron a la niña cuando Brooklyn trabajaba para la policía. Cuando encontraron a la niña, ya era tarde y cuando encontraron al asesino… –contaba Kai, cuando fue interrumpido por el menor.
–Estaba muerto frente a Brooklyn, quien dijo haberle disparado en defensa propia. Salió del cuerpo de policía y ahora trabaja por su cuenta como detective privado, investigando exclusivamente la desaparición de niños –finalizó Takao–. Pobre mujer. No ha tenido mucha suerte que se diga.
–Pero al menos has conseguido que se quede más tranquila –le recordó Kai.
–Es una suerte que Brooklyn también te haya contratado a ti –decía Takao sonriente, cambiando el tema.
–Seguro que no lo ha hecho porque quisiera. Estoy seguro de que lo ha hecho porque los has ayudado con su sobrina, y como le mencionaste que yo también estaba buscando trabajo, ha decidido devolverte el favor.
–Quien sabe. Pero lo que sí dijo, es que necesitaba a alguien para que le fuera archivando los casos. Alguien que le ayudase, ya que empieza a quedarse falto de personal.
–Pensaba que para esas cosas hacía falta un título como el tuyo.
–Y así es, pero supongo que para él, da lo mismo. De todas formas, ya hemos arreglado el hecho de que no teníamos trabajo. Y tenemos la suerte de que trabajaremos juntos. –sonrió–. Creo que no se puede pedir más. Así que ahora cuéntame que es lo que te preocupa –le preguntó girando la cabeza hacia un lado para mirarle.
El bicolor dejó de mirar el techo para cambiar su postura en la cama y estar más cómodo, poniéndose frente al peliazul–. No estoy preocupado por nada –contestó.
–Pues yo no diría eso –adoptó la misma postura que el bicolor – ¿Echas de menos competir?
Suspiró –Algunas veces. Pero es cuestión de acostumbrarse, tal y como lo estoy haciendo hasta ahora. Anda –se acercó hasta él para darle un beso en la mejilla–. Descansa, que mañana tenemos que madrugar. Ya que me ha contratado en estas condiciones, será mejor dar lo mejor de mí. ¿No crees? –sonrió–. No creo que sea muy difícil eso de ordenar unos papeles. Así que cerremos los ojos y a dormir, ¿de acuerdo?
–De acuerdo –le contestó.
–Buenas noches –le dio un beso en los labios y esperó la contestación de Takao mientras cerraba los ojos.
–Buenas noches –respondió cerrando los ojos.
El bicolor los abrió y se quedó mirando al peliazul. No podía contarle qué le preocupaba. Sabía que Takao se enfadaría al enterarse de lo que estaba sucediendo y que no podría ocultarle sobre todo a él, la verdad para siempre. Pero quería ahorrarle el sufrimiento el mayor tiempo posible. Además, él hasta ahora había pensado que lo sucedido quizá era casualidad y le había restado importancia. Hasta que un día lo vio claro y empezó a atar cabos sueltos.
Flash Back
El autobús llegó a la estación y ambos jóvenes bajaron del vehículo, cada uno con una maleta en la mano. Caminaban hacia delante, buscando la salida del edificio. Takao se detuvo en su caminar.
–Oye, Kai. ¿Vamos al servicio? No puedo aguantar más –le hizo saber, dejando la maleta que cargaba en el suelo.
Cogió la maleta que había soltado Takao–. Ve tú. Yo te espero aquí –decía apoyándose en un pilar del edificio que estaba cerca de él. Soltó tanto la maleta que él llevaba como la de Takao en el suelo, justo a su lado.
–Vale, no tardo –aseguró Kinomiya echando a correr hacia la izquierda, buscando los aseos.
Se cruzó de brazos y miró hacia el suelo. Había sido realmente relajante el hecho de haberse quedado un mes en la casa de los Morgan sin fantasmas a su alrededor. Le hubiese gustado estar más tiempo allí, pero la verdad es que necesitaba encontrar un trabajo. No podía depender siempre de la infinita ayuda por parte del peliazul. Así que ya era hora de ponerse las pilas. Alzó la cabeza para dar un suspiró que fue entrecortado de inmediato.
Frente a él, había un hombre vestido de época con un bombín en la cabeza, un bastón y un reloj de bolsillo colgado de su traje. Este miraba la hora y parecía algo desesperado. No sólo ese fantasma rondaba por ahí. Podía ver cómo ahora varios de ellos de distintas épocas, cruzaban frente a él tranquilamente. Niños, animales, ancianos, adultos…
¿Cómo podía ver a tantos? Normalmente los fantasmas se mostraban a alguien cuando ellos querían. Y dudaba que cientos de ellos se hubiesen puesto de acuerdo para que los mortales pudiesen verlos. Además, al juzgar por la gente que los cruzaba sin darse cuenta y la tranquilidad de los mismos, suponía que nadie más, salvo él, podía verlos.
¿Por qué? Takao tenía ese don, pero desde luego él jamás lo tuvo en su otra vida y dudaba que lo tuviese ahora. ¿Entonces qué estaba sucediendo ahí? ¿Sus sospechas acaso eran ciertas?
Frente a él, Takao llegaba más animado– ¿Qué? ¿Nos vamos? –Al ver que Kai miraba hacia el frente para luego rehuirle la mirada, decidió preguntarle– ¿Estás bien? Te veo un poco pálido –afirmó, cogiendo de nuevo su maleta en mano, pero sin apartar la vista del bicolor.
–No es nada. Estoy un poco cansado por el viaje, eso es todo –cogió su maleta y con su mano libre agarró la mano libre de Takao para empezar a caminar.
Fin Flash Back
Se puso boca arriba en la cama y se arropó con las sábanas. Tendría que aprender a convivir con eso de ver a los espíritus, como hasta ahora lo había hecho Takao. Bueno, ya había sido un espíritu una vez, así que no se intimidaría tan fácilmente por ellos. El problema era otro y ese sí le daría un terrible dolor de cabeza. Empezó a sentirse cansado, así que poco a poco comenzó a cerrar los ojos, hasta que finalmente se quedó dormido sin darse cuenta.
&&&Kai&Takao&&&
Tres años después…
El detective Brooklyn aparcó el coche frente al edificio del apartamento de Takao. Los casos en los que habían trabajo, se habían resuelto de distintas formas gracias a la ayuda del peliazul. Mientras Takao acompañaba al pelinaranja en las escenas de los crímenes o desapariciones, Kai era de una gran ayuda a la hora de llevar los documentos en la oficina. Claro estaba que Takao le había tenido que enseñar en casa algunos secretos para que agilizara el trabajo y no se le hiciese tan pesado el archivar expedientes. Tenían distintos horarios, pero ganaban bastante dinero y el fin de semana solían tenerlo libre, a no ser que hubiese algún caso de desaparición.
La verdad es que no se podían quejar. Ganaban dinero, trabajaban juntos y se amaban ¿Qué más podían pedir?
–Excelente trabajo, Takao. Saluda a Kai de mi parte y dile que le dejaré otro archivo sobre su mesa para que lo archive en el expediente.
Bajó del coche y miró al detective con una sonrisa mientras sujetaba la puerta–. Claro. Hasta mañana.
–Hasta mañana –dicho esto, vio cómo el menor cerró la puerta, así que encendiendo el intermitente para salir, empezó a alejarse.
Takao vio cómo el coche se alejaba, así que se dio media vuelta y entró al edificio por la puerta principal. Ya estaba oscureciendo y se preguntaba si Kai ya habría llegado. Iba a subir las escaleras, cuando al poner la mano en la barandilla una imagen le azotó la cabeza.
Kai estaba tirado boca abajo en el suelo del comedor con la cabeza mirando hacia la izquierda según se entraba a la casa y a su alrededor había un líquido rojo a la altura de su pecho. Tan pronto como le desapareció la imagen, echó a correr escaleras arriba para llegar lo antes posible a su apartamento. El edificio tenía ascensor, pero tardaría más al tener que esperar que bajase. Definitivamente iría más rápido por las escaleras.
Cuando estuvo frente a su puerta, sacó del bolsillo trasero del pantalón las llaves. La mano le temblaba y no podía meter la llave en la cerradura con la rapidez deseada. Finalmente cuando consiguió meter la llave, la giró hacia un lado y abrió la puerta, azotándola contra la pared. Sabía que detrás de la mesa, se encontraba Kai, así que sin perder más tiempo, corrió hacia allí y ahí estaba. Tirado en el suelo, con ese líquido alrededor.
–Kai –lo llamó, arrodillándose a su lado con nerviosismo. Miraba a su alrededor buscando a su espíritu y no lo veía, lo que significaba que aún "estaba vivo". Se fijó en el suelo. Al lado de Kai había una jarra tirada, que contenía parte del color rojo. Eso en parte le alivió ya que no era sangre de él.
–Kai –lo zarandeó con suaves movimientos– Kai, despierta. Por favor –pedía. Viendo que no despertaba, se puso de pie para ir a buscar la agenda que tenía en el primer cajón del mueble del comedor–. Llamaré a una ambulancia.
Abrió los ojos y se llevó una mano a la zona afectada por el golpe en la cabeza– ¡Ah! –se quejó y se empezó a incorporar despacio hasta quedar sentado.
Takao al escuchar esa queja ahogada, se dio la vuelta, soltando la agenda que tenía en las manos sin importar que esta cayera al suelo– ¡Kai! –tan rápido salió a su encuentro para abrazarle, que se dio un buen golpe contra el pecho de Kai.
–¡Au! –se quejó de nuevo el bicolor, sin dejarse de tocar la zona afectada con la mano.
–Lo siento –se disculpó intentando que el abrazo no fuese tan fuerte– ¿Estás bien? –Preguntó soltándole para mirarle con preocupación– ¿Qué ha pasado?
–No lo sé. La vecina me había dado zumo de grosella negra. Lo último que recuerdo es que había sacado la jarra de la nevera y la iba a llevar a la mesa para cenar. –Miró al suelo–. Pero creo que nos hemos quedado sin zumo, por lo que veo.
Takao se llevó una mano al pecho y suspiró, cerrando los ojos por un momento–. Menos mal que sólo ha sido eso. He tenido una visión y… Me he llevado un susto de muerte. Pensaba que era sangre.
–Siento haberte asustado así. Pero seguramente me haya desmayado por el cansancio, no tiene importancia –le dijo llevando una de sus manos a la mejilla del menor–. Será mejor que limpiemos esto, esta mancha no se va tan fácil.
–Últimamente siempre estás cansado –decía mientras Kai se ponía de pie, imitándole segundos después.
–El trabajar duro es lo que da –le sonrió. Takao intentó imitarle la sonrisa, pero no podía–. No te preocupes. Estoy bien. Simplemente es cansancio. –Se agachó para coger la jarra del suelo y la llevó al fregadero de la cocina. Cogió el estropajo y empezó a frotar la jarra. Ni siquiera se había dado cuenta de que todo eso hubiese sucedido. Pero si era cierto de que cada día se encontraba más cansado y eso no era normal. Tampoco el hecho de que ahora pudiese ver espíritus. No sabía hasta cuánto sabía Takao. Él no le había contado nunca nada, pero sus visiones se encargaban de contarle las cosas–. Tengo curiosidad. ¿Qué has visto en la visión?
–Pues tú estabas tirado en el suelo con un gran charco a tu alrededor que me hizo pensar que era sangre –comentó sin dejar de mirar el charco.
–Ya veo –agregó más aliviado–. No sueles tener muchas visiones de mí, ¿verdad? –preguntó de forma tonta, aunque quería asegurarse. Dejó la jarra en el escurreplatos después de enjuagarla y se dio la vuelta, esperando a que Takao le respondiese–. Y para una que tienes, no ha sido de las mejores –finalizó, viendo cómo el peliazul no dejaba de ver ese charco– Takao –lo volvió a llamar.
–¿Eh? –preguntó desconcertado, mirándole–. No. No –respondió sin saber muy bien a que había contestado–. Será mejor que limpie esto –mencionó, dirigiéndose hacia la cocina para coger la fregona y el cubo para poder recoger todo aquello.
&&&Kai&Takao&&&
Habían terminado de cenar y los dos tenían el pijama puesto. Takao estaba terminando de cepillarse los dientes y Kai estaba ordenando unos archivos sobre la mesa del comedor. Tenía un buen montón de carpetas sobre la mesa.
El peliazul salió del cuarto de baño y se quedó mirándole por unos segundos– ¿Vienes a la cama? –le preguntó, esperando su respuesta.
Le miró unos segundos–. Lo siento, pero esta noche creo que terminaré tarde también, así que no me esperes. Seguramente dormiré en el sofá otra vez.
–Últimamente tienes mucho trabajo. ¿Quieres que te eche una mano? Así terminarás antes.
Sonrió –Te lo agradezco, pero prefiero hacerlo por mi cuenta, es mi trabajo –contestó volviendo a fijar su vista en los papeles.
–Vale, pero si cambias de opinión, ya sabes dónde estoy –decía al tiempo que se acercaba y le daba un beso en los labios–. Hasta mañana.
–Hasta mañana –contestó–. Te quiero –le dijo dándole una palmada en el trasero.
–Yo a ti –decía dándose media vuelta para caminar hacia la puerta de su habitación–. No te exijas.
–No lo haré –respondió sonriente, escuchando cómo la puerta de la habitación se cerraba.
El bicolor suspiró y miró el reloj. Eran las diez de la noche. No le llevaría mucho tiempo el terminar con dos de las carpetas, aunque prefería dormir en el sofá por otra razón que no era la del exceso de trabajo. Sólo se llevaba a casa todos esos documentos para así tener una coartada, porque en realidad, esos informes ya estaban rellenados de antes.
Serían las once cuando decidió tumbarse en el sofá y arroparse con la manta. Sabía que cuando cerrase los ojos, no despertaría hasta el día siguiente. Así que era mejor adoptar una postura cómoda.
En cuanto cerró los ojos, el espíritu del bicolor salió de ese cuerpo que ahora permanecía inmóvil, flotando sobre este. Se quedó contemplando el cuerpo mientras se cruzaba de piernas, apoyando su codo sobre una de ellas y su mano sobre la mejilla. Ese era el motivo por el cual no quería pasar la noche con Takao. No olvidaría la primera vez que esto sucedió.
Flash Back
Dormía plácidamente junto a Takao, dejando como siempre su mano sobre la cadera del menor y su frente junto a la del otro. El día de hoy había sido muy activo y estaba realmente cansado.
De repente sintió cómo todo ese cansancio se había evaporado. Abrió los ojos, como si hubiese dormido más de diez horas. Su cabeza estaba despejada y… ¿Por qué estaba el techo tan cerca? Se dio media vuelta y lo que vio, le sorprendió.
Pudo ver el cuerpo que él había poseído junto a Takao. Pero él estaba casi en el techo. ¿Cómo era eso posible? Se miró las manos. Eran transparentes y estaba flotando sobre la cama. No había duda. Su espíritu había salido de ese cuerpo. ¿Por qué? No esperaba vivir para siempre, porque sabía que no sería así, pero pensaba que al menos su vida sería más larga. Vio cómo Takao se movió un poco, quizás iba a despertarse. Si Takao descubría eso, se sentiría mal. Y tan pronto como abriese los ojos, vería que Kai no estaba metido en el cuerpo y pronto lo buscaría. ¡Se daría cuenta de que algo andaba mal! Tenía que evitarlo. Se metió con rapidez en el cuerpo y abrió los ojos, fijándose en cada detalle de los movimientos de Takao. Suspiró aliviado al ver que éste seguía profundamente dormido y no se había enterado de nada. Si cada noche iba a ser así, corría el riesgo de ser descubierto. La mentira no conducía a nada y sólo le haría más daño a ambos, pero por otro lado quería ahorrarle el sufrimiento a Takao el tiempo que estuviese en su mano.
Fin Flash Back
Al principio pensó que no podría regresar al cuerpo de nuevo. Pero cuando pudo regresar al cuerpo tras las prisas, se relajó un poco y vio que no había sido así. Por algún motivo que aún desconocía, ese cuerpo cada vez parecía rechazarlo más. Y ya empezaba a ver más cerca el momento en el que tendría que contarle la verdad a Takao.
Tan metido estaba en sus pensamientos, que ni cuenta se había dado de que la luz del comedor estaba encendida. Al escuchar un ruido, fue cuando por reflejo dejó de mirar "su cuerpo" para mirar hacia la otra dirección. Se quedó sorprendido al ver a Takao delante de la puerta de su habitación, con la boca entreabierta.
No sabía qué decirle al bicolor, ni por dónde empezar. Simplemente las palabras se atropellaban en su cerebro y no le dejaban reaccionar. Únicamente podía ver cómo el rostro de Kai seguía reflejando preocupación.
–Kai –por fin pudo articular– ¿Qué está sucediendo? –sabía que Kai no saldría de ese cuerpo por las buenas.
–Takao. Estoy bien… yo…
–Algo va mal, ¿verdad? –Miró hacia el suelo y silenció unos segundos, para apretar los puños–. Llevas muchas noches que no compartes cama conmigo. Te sientes continuamente cansado y dudo que sea por el trabajo. Y además siempre estás pensativo. Dime, ¿desde cuándo está sucediendo esto? Es más –le miró unos segundos, dejándole ver al bicolor cómo Takao intentaba aguantarse las ganas de llorar– ¿Pensabas contármelo algún día? –nada más hacer la pregunta, se dio media vuelta y se encerró en la habitación.
Kai cerró los ojos por unos segundos al escuchar la puerta cerrarse con un fuerte golpe– Mierda –se quejó.
Realmente había sido descubierto con más rapidez de la que pensaba. Se apresuró a meterse en el cuerpo. Tan pronto lo hizo, abrió los ojos y se destapó. Se puso de pie y se acercó a la puerta de la habitación.
–Takao –al no recibir respuesta, cerró los ojos por unos minutos con pesar–. Voy a entrar. –Abrió la puerta y la luz de la habitación estaba encendida. Takao estaba sentado en la cama, le daba la espalda. Por lo que no podía verle aún la cara, pero se la imaginaba–. Sé que estás muy enfadado conmigo –se acercó hasta él con pasos lentos, hasta que finalmente se sentó a su lado.
–Me siento como un idiota.
–Pero no lo eres. Takao, los dos sabíamos que esto no podía durar para siempre. Aunque yo francamente no esperaba que tuviera este efecto. Cansancio, ver espíritus… –contaba con voz sedosa.
–Así que hasta puedes ver espíritus – asintió–. Genial –dijo en un tono que Kai no supo ni descifrar, pero cuando cayó en la cuenta de lo que había confesado se reprendió por darle otro disgusto a Takao.
–Eso lo descubrí cuando regresamos de la casa de los Morgan, en la estación. Pensaba que las veces anteriores habían sido casualidad y quizás lo fueran en su momento. Pero ahora ya no lo son –decidió terminar de contar, ya que había metido la pata.
Takao recordó entonces las palabras de la señora Morgan–. La vida es muy corta, así que aprovechadla, porque sólo se vive una vez. Vivid al máximo cada instante. –Fue el mensaje que creyó le daba a los dos, pero en realidad se lo estaba dando a Kai–. Ya veo. Hay cosas que no puedes ver –cuando la señora Morgan le dijo esas palabras, pensó que se refería al hecho de que él no viera la posesión que había hecho Kai en el otro cuerpo, así que en ese momento no le dio importancia. Pero ahora comprendía lo que le había querido decir. No podía saber el tiempo de vida que le quedaba a Kai en ese cuerpo y eso le angustiaba. Tendría que vivir con él como si fuera cada momento el último que fuesen a pasar juntos.
–Se dice que un espíritu puede saber cuánto tiempo de vida le queda a un mortal. ¿Lo sabías? –preguntó el peliazul, intentando que su voz no se escuchase tan quebrada.
–Creo que la señora Morgan pudo verlo en ese momento. Yo he visto sólo algunos casos en los que los espíritus no cruzan al otro lado porque pueden ver que la hora de su ser querido está cerca. Así que deciden esperar para partir juntos al otro mundo. –Estiró su mano hasta el hombro de Takao y lo abrazó.
–Mi familia sabía que mi abuelo estaba enfermo y que tampoco le quedaba mucho tiempo de vida, así que mientras que estuve viviendo con él, nunca me dejaron solo. Querían partir todos juntos. Pero supongo que no esperaron por mí, porque vieron que mi hora todavía no estaba cerca –decía empezando a sollozar. Se abrazó a Kai, girando su cuerpo para así adoptar una mejor postura– ¿Por qué el destino siempre se empeña en dejarme solo? Tuve un mal presentimiento cuando vi el zumo de grosella en el suelo. Sabía que algo andaba mal. –El bicolor escuchaba atentamente mientras le acariciaba la espalda–. Y después he tenido esa premonición en mi sueño, por eso me desperté y fui al comedor para ver cómo estabas.
–¿Qué premonición?
–Estabas preparado para partir, pero decidiste quedarte por mí –se separó un poco de Kai para poder mirarle a los ojos.
–Así que has visto el día que tomé posesión de este cuerpo.
–No sólo eso. La luz sigue estando ahí todavía para ti. No ha desaparecido ¿verdad? Te persigue para que la cruces, porque hace mucho tiempo que estás preparado para cruzarla, pero tú la evitas y la niegas.
El bicolor cerró los ojos con pesar, para después abrirlos de nuevo y asentir–. Así es, pero no puedo verla mientras que esté dentro de este cuerpo. Es más, me llama constantemente para que la cruce. Pero no quiero hacerlo –llevó su mano hasta la mejilla mojada del menor–. Puede que lo dejara todo resuelto en mi anterior vida, puede que como espíritu también. Pero quiero estar contigo hasta que este cuerpo me lo permita. Sentir tus besos, tus caricias… todo de ti.
El peliazul le rodeó el cuello–. Si de verdad quieres todo de mi, por favor, no me vuelvas a ocultar otra cosa así jamás, ¿entendido? –le preguntó sintiendo cómo las lágrimas resbalaban sin control por sus mejillas. El bicolor asintió rápidamente antes de darle un beso al menor–. Duerme conmigo –le pidió, viendo cómo Kai lo recostaba en la cama.
Hiwatari se puso de pie y apagó tanto la luz del comedor, como de la habitación y se metió en la cama con Takao, todo bajo la mirada de éste. Se abrazaron y se miraron unos segundos.
–Intenta descansar, mañana nos espera un día largo –mencionó Kai–. Yo te protegeré.
Al principio al peliazul le costaba conciliar el sueño tras ese duro golpe y Kai no quería cerrar los ojos, porque sabía que en cuanto lo hiciese, su espíritu abandonaría su cuerpo. Y eso, en estos momentos, pondría más nervioso al peliazul y era lo que menos quería. Así que cuando comprobó que el peliazul dormía plácidamente, dejó que el cansancio lo invadiera por completo.
&&&Kai&Takao&&&
Unos días habían pasado desde que Takao descubriera la verdad. Desde aquel incidente, los dos volvían a dormir juntos. Brooklyn notaba que los dos jóvenes estaban algo más distraídos que de costumbre, pero no sabía el motivo. Imaginó que tendrían algún problema del que preferían no hablar, ya que se si estuviesen peleados no se hablarían y era todo lo contrario.
El bicolor se encontraba en el despacho, mientras que los otros dos, se encontraban fuera, intentando resolver un caso. Tenía que hacer unas fotocopias así que se puso de pie y caminó hasta la fotocopiadora con el folio en la mano. Abrió la tapa de la máquina y metió el folio en el interior, bajando de nuevo la tapa. Apretó los botones necesarios y la máquina se puso a funcionar. Se llevó ambas manos a los ojos y con los dorsos de las manos comenzó a frotárselos. Realmente estaba cansado. Se apartó las manos y miró hacia el suelo. Estaba comenzando a verlo borroso. Recordó que tuvo la misma sensación cuando se desmayó la anterior vez y derramó el zumo de grosella en el suelo.
Esa vez se escondió tras el sofá, al sentir cómo alguien quería abrir la puerta. Pudo regresar al cuerpo cuando Takao le dio la espalda al cuerpo para buscar el número de teléfono de la ambulancia.
Como pudo llegó hasta su mesa sin importarle que había dejado la máquina encendida haciendo su trabajo. Total, esta se detendría sola cuando hiciese la última fotocopia. Una vez que consiguió enfocar un poco la mesa, se sentó en la silla. Se cruzó de brazos sobre la mesa y colocó su cabeza sobre estos. De esa manera sabía al menos que ese cuerpo no recibiría otro golpe tan brusco como el de la otra vez. Al volverse espíritu no sentiría el dolor, claro estaba. Pero sí que lo sentiría al regresar al cuerpo. Después de todo, todavía tenía un chichón en la cabeza del anterior golpe. Así que cerró los ojos sin ya poder evitarlo e inmediatamente el espíritu salió de su cuerpo.
Suspiró cuando vio el cuerpo que cuidadosamente él había dejado ahí. No sabía qué hacer para no sentirse tan agotado. Y nada parecía indicarle que aquello iba a desaparecer y sentirse mejor cada día. Ya no le bastaba con dejar descansar ese cuerpo durante la noche, sino que además debía de darle algún tiempo antes de regresar a él. Se acercó flotando hasta el reloj que colgaba de la pared que estaba frente a él. Eran las una y media. Le daría media hora para que así el cuerpo descansara un poco. Como su horario de la mañana terminaba a las dos y media, no se podía permitir darle más tiempo. Si hacía falta, se acostaría mucho antes que todas estas noches anteriores, en las que ya incluso, se acostaba antes que Takao.
Utilizaría su poder de espíritu para seguir haciendo su trabajo en la medida que pudiese hacerlo. Después de todo estaba todavía en el trabajo y no se iba a quedar adorando a un cuerpo que descansaba, ¿verdad?
Así que se puso manos a la obra y siguió con lo que hacía.
&&&Kai&Takao&&&
Media hora había pasado y Kai miró de nuevo al cuerpo.
-Bien, vamos allá –dijo preparado para meterse en el cuerpo. Lo hizo despacio, entrando por la espalda, pero no pasó ni un segundo, cuando salió del cuerpo como si le hubiesen dado una patada. Parpadeó un par de veces confuso y enarcó una ceja. Negó con la cabeza, pensando que habían sido imaginaciones suyas. Así que intentó entrar de nuevo, pero recibió la misma respuesta. Tan pronto salió otra vez del cuerpo, frunció un poco el ceño. Al igual que un perro gira alrededor de su dueño, rodeó un par de veces el cuerpo, como si fuese la primera vez que lo viese, sin importarle que atravesase las cosas en su camino. Decidió meterse esta vez por el lado, pero sucedió lo mismo-. Esto no pinta bien.
&&&Kai&Takao&&&
El detective y el peliazul terminaban de despedirse del niño que habían encontrado. El tío de ese niño que ya era un espíritu, le había contado a Takao dónde se encontraba su sobrino secuestrado. Fue en el momento en el que el peliazul le acarició la cabeza al niño, cuando su móvil comenzó a sonar.
-Es mi móvil –decía Kinomiya a la vez que lo cogía del bolsillo trasero de su pantalón. Al mirar la pantalla vio cómo decía Masefield. Miró hacia Brooklyn el cual le sonrió- ¿No me estás llamando tú?
-Yo no –contestó al tiempo que se despedía con la mano de la familia y empezaban a caminar.
De inmediato Takao cayó en la cuenta de que se trataría de Kai y que algo sucedía, así que se apresuró a contestar- ¿Diga?
-Takao.
-Kai. ¿Ha pasado algo? –preguntó preocupado.
-Será mejor que vengas a la oficina. Lo antes que puedas.
-Ya hemos terminado por aquí, así que le pediré al detective que me acerque a la oficina lo antes posible, ¿vale? Ya voy para allá.
-Aquí te espero –contestó colgando el teléfono de la oficina.
Brooklyn vio cómo Takao se guardó el móvil de nuevo en el bolsillo trasero de su pantalón. Parecía nervioso- ¿Sucede algo? –preguntó el detective, abriendo la puerta del coche nada más llegar a él.
-Necesito que me lleves a la oficina lo antes posible –decía entrando en el coche, poniéndose el cinturón con prisas-. No sé qué es lo que sucede, pero Kai no me llamaría si no tuviese una buena razón –explicaba al tiempo que Brooklyn arrancaba el coche.
&&&Kai&Takao&&&
Subía las escaleras del edificio todo lo rápido que podía. A cada paso que daba, sentía que su mal presentimiento crecía. Brooklyn intentaba seguirle el paso, aunque Takao era realmente rápido cuando corría. Finalmente el peliazul jadeante se detuvo ante la puerta del despacho del detective. Miró apresurado hacia izquierda y derecha para verificar que nadie estaba en el pasillo. Salvo por algún fantasma que otro, no había nadie, ni siquiera Brooklyn. ¿Dónde se había metido? Bueno eso daba igual. Agarró el pomo de la puerta y la abrió, viendo cómo Kai estaba como espíritu frente a sus ojos y el cuerpo que éste había estado utilizando estaba apoyado en la mesa de la derecha. Entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí, echando el seguro.
–¿Qué sucede? –preguntó jadeante por la falta de aire.
–No puedo entrar.
Silenció unos segundos antes de empezar a hablar– ¿Cómo qué no puedes entrar?
–Como lo oyes. Lo he intentado varias veces, pero es como si me diesen una patada. Salgo despedido en cuanto intento entrar.
–Quizás necesites más tiempo. Anoche hicimos… –se sonrojó–… ya sabes y puede que eso lo haya agotado más de la cuenta. –En ese momento ambos jóvenes escucharon cómo intentaban abrir la puerta y luego la tocaban.
–Takao –lo llamaba Brooklyn– ¿Va todo bien?
–El problema va a ser él –añadió Kai cruzándose de brazos–. No podrás sacar el cuerpo de aquí si no es con su ayuda. –Le hizo ver– ¿Qué piensas hacer?
–Tendremos que contarle la verdad, aunque creo que después de esto nos quedaremos sin trabajo– afirmó dándose la vuelta. Llevó su mano hasta el cerrojo y lo quitó, permitiendo al pelinaranja entrar–. Adelante –le invitó a entrar, aunque ese era su propio despacho.
Nada más entrar, el ojiverde vio el cuerpo que él conocía como el de Kai con los brazos cruzados sobre la mesa, durmiendo– ¿Se encuentra bien tu novio?
–Más o menos –contestó cerrando la puerta y echándola con el seguro de nuevo.
–Oye, no te ofendas, Takao. Pero no le pago para que se eche a dormir. Si está enfermo puedo llevarle al hospital y después a tu casa.
–No será necesario. Estará bien, o eso espero. Detective…–no le dio tiempo a continuar la frase cuando fue interrumpido por el ojiverde.
–Os tengo dicho a Kai y a ti que no me habléis de usted. No me gusta. Brooklyn –le recordó.
–Cómo sea. Tengo que hablar con usted –rectificó –…contigo sobre un tema muy delicado, así que será mejor que tomes asiento.
–Prefiero estar de pie.
–Una cena en el restaurante más caro de la zona a que se desmaya cuando le cuentes la verdad.
–No es justo, así sales ganando –contestó Takao, mirando hacia Kai. Cuando Takao volvió su vista al detective, se dio cuenta de que éste le miraba sin comprender.
–¿Con quién hablas? –Preguntó y entonces cayó en la cuenta–. Hay alguien aquí, ¿verdad? Quiero decir, aparte de los tres. Hay un fantasma –viendo cómo Takao asentía, siguió hablando– ¿Y de quién se trata?
–De Kai.
Al escuchar eso, Brooklyn miró rápidamente al cuerpo sin vida que había en la mesa–. ¿En serio? Vaya, Takao. No sabes cómo lo siento. Yo… no sé qué decir para reconfortaros a los dos. –decía con preocupación.
–Se está haciendo la idea equivocada, Takao –decía Kai, apareciendo frente a Brooklyn. Éste dio un pequeño respingo hacia atrás.
–Detective. Él es Kai.
–¿Qué Kai? –preguntó confundido.
–Su Kai –respondió el bicolor.
El pelinaranja miró hacia el cuerpo un momento. Piel morena, ojos verdes, cabello moreno. Miró ahora al espíritu. Vestía con un traje de cuero que estaba rasgado y manchado de sangre. Sus ojos eran carmesí, su cabello bicolor grisáceo y era mucho más alto que el otro Kai que él había conocido. No se parecían en nada.
–No lo entiendo –finalizó.
–La historia es larga y complicada, así que yo que tú, me sentaba y escuchaba atentamente –decía Kai con seriedad.
–Vale –respondió casi con rapidez, dirigiéndose a su asiento para finalmente sentarse en el. Frente a él, se sentó Takao y a su lado Kai flotaba con los brazos cruzados–. Bien. Soy todo oídos –se inclinó en la mesa y apoyó ambos brazos sobre la mesa, para escuchar la historia de ambos jóvenes.
&&&Kai&Takao&&&
–Y esa es nuestra historia –finalizó el peliazul.
El detective estaba estupefacto. Jamás se hubiese imaginado que eso fuese posible. Que esos dos estuvieran teniendo ese tipo de relación. Ahora entendía porqué los dos parecían tan preocupados en este tiempo. Además de que partía de la base que eso era antinatural. Pero desde que trabajaba con Takao codo con codo, se había dado cuenta de que había otra realidad, otro mundo.
–Se ha quedado en shock –habló Kai para romper el hielo, viendo cómo Masefield era incapaz de cerrar la boca mientras pensaba.
–¿Estás bien, Brooklyn? –Preguntó el peliazul con preocupación–. Sé que esto es duro de digerir.
–Bueno –dejó escapar el pelinaranja casi en un suspiro. Se echó hacia atrás, apontocando la espalda en el respaldo de su sillón giratorio. Se llevó ambas manos tras la cabeza, entrelazando sus dedos. Se mordió el labio inferior y mientras miraba hacia el techo, giraba el cuerpo de derecha a izquierda, balanceándose de un lado a otro.
–Ahora parece que encuentra algo interesante en el techo –decía Kai con sorna, a lo que Takao respondió con una mirada severa–. Vale, no ha tenido gracia.
–Lo vuestro –rompió el silencio por fin Masefield–, es simplemente raro. Paranormal. –Abandonó esa postura, para mirar a ambos–. Perdón por la palabra que voy a utilizar, pero… Takao, el que tú puedas ver espíritus, es algo raro y a la vez asombroso. Pero esto. Enamorarte de alguien que está muerto. Es un poco fuerte.
–Ya lo sé, aunque no se elige de quien se enamora –contestó el peliazul.
–Tienes razón. Y eso no lo vamos a discutir y no me voy a meter en vuestra relación. Pero si que tengo algunas dudas –explicaba en un tono pausado y tranquilizador.
–Dispara –intervino Kai, dándole a entender que empezase rápido a preguntar–. De todas formas lo vas a hacer.
–Son muchas. De hecho tengo tantas en la cabeza, que no me dejan pensar con claridad, pero… creo que empezaré por estas. ¿Cuándo le hiciste la llamada a Takao, ya estabas fuera del cuerpo? –Vio al bicolor asentir, así que siguió con las preguntas–. Entonces, ¿cómo hiciste para llamarle por teléfono?
–Es complicado de explicar. Pero lo hice canalizando mi rabia.
–¿Tu rabia?
Takao decidió intervenir–. Todos los espíritus guardan algún sentimiento antes de morir. En el caso de Kai, por su muerte prematura, fue rabia. En el caso de otros espíritus es el amor, la tristeza, el miedo, la codicia, la envidia… –explicaba el peliazul– Ya has presenciado en un par de ocasiones, cómo los objetos vuelan en las casas, o cómo mueven ciertos objetos. Según el sentimiento que tuviesen, así de fuerte será su poder.
–De no ser porque estuviste conmigo, hubiese salido corriendo –añadió Masefield.
Takao le sonrió–. Es lo más normal del mundo, créeme. Los espíritus en ocasiones, pueden meterse en los sueños. Si dejaron algo a medias, pueden incluso mandarte visiones o intentar comunicarse contigo mediante mensajes. El ejemplo más claro que he tenido hasta ahora, ha sido cuando estuve en la casa de los Morgan, ayudando a dos espíritus. Madre e hija. Las dos estaban separadas. La niña en la casa, esperando mi regreso para que la ayudase y la madre en la autovía. A raíz de mi accidente, tuve el mismo sueño todas las noches, durante todos estos años, hasta el día en que resolví el caso. Siempre pensé que el soñar cómo teníamos el accidente, era un trauma que me quedó. Pero cuando tras las pistas y las visiones conseguí reunirme con la señora Morgan, descubrí que ella me mandaba esos sueños. Quería indicarme dónde se encontraba.
–Un día me mencionaste que una espíritu había estado involucrada contigo de cierta forma en el accidente. Así que te referías a ellas –al ver que el menor asentía, decidió continuar– ¿Qué clase de pistas te llegó a mandar?
–Una noche, encendió la tele y lo único que se veían imágenes de autovías en todos los canales. Otra vez, para decirme que murieron ahogadas, el techo se llenó de goteras. Las fotos emanaban agua. Y las escaleras de una trampilla que conducían a una habitación secreta, parecían un riachuelo. Pero esa es otra historia, necesitaría otra tarde para contártela, si es que quieres saberla. El sentimiento que movía a esa mujer era la culpabilidad.
–¿Y esa mujer podía hacer todo eso desde tan lejos?
–Nosotros tenemos más poder del que te puedes llegar a imaginar –interrumpió Kai.
Brooklyn silenció unos segundos antes de continuar con las preguntas– Cuando Kai, está dentro de ese otro chico. ¿A quién ves de los dos?
Kai miró entonces al peliazul, esperando su respuesta–. Está claro que todas las personas y tu, veis a ese chico que está ahí –miró hacia el cuerpo ahora sin vida del joven, regresando su vista al detective–. Pero yo veo el cuerpo y el rostro de Kai. Únicamente veo el otro cuerpo, cuando Kai no está en el. En mi caso por poder ver a los espíritus es distinto.
El bicolor miró el reloj de pared. Habían pasado dos horas más desde que Takao llegó. Así que intentaría entrar de nuevo en el cuerpo. Voló hasta el cuerpo y se metió por detrás, bajo la atenta mirada de Brooklyn y Takao.
Esta vez el bicolor consiguió entrar. Así que abrió los ojos y cambió su postura, irguiendo su cuerpo en el asiento.
El peliazul se apresuró a acercase hasta Kai– ¿Cómo te encuentras? –preguntó mirándole a los ojos.
–Cansado. Muy cansado –reconoció. Intentó ponerse de pie, pero le costaba.
–Será mejor que te ayudemos a bajar –decía Takao, pasando uno de los brazos de Kai alrededor de su cuello.
–Os llevaré hasta tu apartamento. Le daré la tarde libre a Kai si lo necesita, y si mañana no se encuentra bien, no hace falta que venga a trabajar –explicaba Brooklyn, imitando a Takao en el gesto.
–Intenta caminar –decía el peliazul.
Continuará…
&&&Kai&Takao&&&
Gracias por sus reviews a:
Hinamela:Bueno, lo del accidente no fue tan grave, pero si que me dejó durante unos meses un poco inútil por así decirlo. Pero bueno, el tiempo ya va curando la cosa poco a poco. Ahora sólo falta que no coja algo de mucho peso y ya está. Volviendo al fic, como tu misma decías en el capi anterior. Realmente fue duro para Takao tener que ayudar a alguien que prácticamente había matado a su familia, pero comprendía a la vez que Judy no lo había hecho con mala intención, sino todo lo contrario. Espero que este capi también te haya gustado, ya que aquí se desvela parte de otro misterio, (porque Kai estaba tan pensativo en la casa de los Morgan) que se terminará resolviendo en el próximo capi.
Kiray Himawari:aquí tienes la continuación del capi, en la que se explica un poco que está pasando con Kai. Me alegra saber que te gustó mucho el anterior capi, ojalá y este te guste también y no te decepcione.
Megan Hiwatari: hola, cuanto tiempo sin saber de ti. Me alegra ver que sigues pasándote por aquí de vez en cuando y que te sigue gustando el fic. Y sí, a Kai le urgía estar ya con Takao y sus motivos dio. El pobre sabía desde que estuvo en la casa de los Morgan que algo no andaba bien y prefería adelantarse por si acaso.
:Gracias por decir que mi fic es excelente. Realmente me alegra que te guste esta historia. Mi intención es que todos disfrutéis de la lectura. Y pues sí, acertaste en la parte de que se hacen detectives paranormales, jajaja. Más Takao que Kai, pero bueno. La pregunta que me hiciste, creo que ya se respondió casi sola. Pero aún faltan cosas por suceder que puede que a más de uno, deje sorprendido.
Sol Yuki Uzumaki:espero que este capi también te haya gustado. La verdad es que parece que el destino se empeña en hacer sufrir a estos dos de nuevo. ¿Cómo acabará? Gracias por el fic que me estás escribiendo, esperaré la continuación.
Takaita Hiwatari:como ves hermanita, los dos tienen suerte de poder trabajar juntos ¿pero por cuánto tiempo? Eso es lo que angustia a Takao y a Kai. ¿Qué piensas que sucederá ahora? Espero que te siga gustando el transcurso de la historia, ya que este fic lo escribí para ti.
Maritessa Pérez Cortes: espero que el capi te haya gustado. Aunque puede que ahora te surjan otras dudas, que en el próximo capi serán desveladas.
DANHK: pues sí, ya me encuentro algo mejor de lo del accidente, pero las contracturas son para siempre, así que la sigo teniendo. Volviendo al fic, lo cierto es que la pobre mujer cargaba con mucha culpabilidad por tantas muertes, incluidas las de sus hijas y la suya propia. Y no, Kai no terminó de repartidor de pizzas, jajaja. Espero que te guste como se está desarrollando la historia, aunque todavía quedan algunas cosas por suceder.
Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.
