Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Shounen –ai, Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

LA OTRA REALIDAD

–Kaily Hiwatari–

Continuación…

&&&Kai&Takao&&&

Hiwatari era soltado con cuidado en el sofá por ambos chicos. En cuanto su espalda tocó el respaldo del sofá, se sintió aliviado de no tener que caminar más.

–Te traeré un vaso de agua –decía Takao al tiempo que iba a la cocina.

Kai observó que Brooklyn lo miraba con atención–. He dejado las fotocopias que me pediste hechas. La mayoría de los archivos están guardados y pasados al ordenador de tu mesa. Los del departamento de policía quieren que te pases mañana por la mañana para lo del papeleo. Terminaré el resto del trabajo que me ha quedado mañana, más el trabajo que haya por hacer. –le explicaba al tiempo que Takao dejaba el vaso de agua en una de sus manos.

–A pesar de tu estado, lo haces muy bien. Mañana no es necesario que te pases a trabajar si te encuentras tan decaído –vio que ambos chicos se miraron entre sí, para luego mirarle a él con preocupación. Rápidamente negó con las manos–. Tranquilos, no estoy pensando en despedirte ni nada por el estilo. Me hace mucha falta tu servicio y no voy a prescindir de ti tan fácilmente. Me refiero a que quizás trabajes más cómodo en casa si no te puedes desplazar hasta el trabajo. Te traería los archivos aquí y un viejo ordenador que tengo en casa, para que pases ahí la información.

–¿Y qué hay de las fotocopias? –preguntó Kai antes de empezar a beberse el agua.

–Eso puedo hacerlo yo. Esa máquina es rápida, así que no tardará tanto.

–Te lo agradecemos, Brooklyn. Otro en tu lugar, nos hubiese despedido sin miramientos al saber la verdad –decía el peliazul, viendo cómo Kai dejaba el vaso vacío sobre la mesa.

El pelinaranja sonrió y a continuación se miró su reloj de pulsera–. Son cerca de las 5 de la tarde. Se ha hecho bastante tarde para comer y ya tendríamos que estar en el trabajo. –silenció unos segundos–. Takao, te doy la tarde libre.

–¿Estás seguro? –respondió confuso.

–Segurísimo –contestó, dándose media vuelta para ir en busca de la puerta–. Bueno. Más tarde traeré esos archivos y el ordenador –les avisó, cogiendo el pomo de la puerta para finalmente tirar de la puerta.

–Brooklyn –le llamó el bicolor, haciendo que el detective lo mirase–. Gracias.

Sonrió– .No hay porqué darlas. Hasta luego –les despidió, escuchando la misma contestación por parte de los otros dos antes de cerrar la puerta.

Takao se sentó junto a Kai en el sofá, viendo cómo Brooklyn cerraba la puerta tras de sí– ¿Te encuentras un poco mejor?

–Un poco –contestó para tranquilizarle, aunque la verdad es que no era así–. Esto va a ser duro, ya que no hay marcha atrás. El tiempo se agota y eso es evidente –juntó su frente contra la de Takao–. Sólo me queda disfrutar del tiempo que me queda, contigo. –le susurraba tiernamente.

–Pensé que envejeceríamos juntos. Que nos casaríamos y seríamos felices. –le respondió y le habló en el mismo tono.

–Yo también. De hecho compré los anillos de boda para pedirte matrimonio, y ya tenía escogida la capilla, pero…

–¿Qué? –preguntó separándose para mirarle.

–Sí. Fue hace más de un año. Pero viendo la situación en la que me encontraba por aquel entonces y la que me encuentro ahora –negó con la cabeza–. No quiero convertirte en un hombre casado, para que al poco tiempo seas viudo. No todos los gays ven eso bien.

–Idiota –le sonrió con nostalgia, al saber lo que le esperaba–. Estemos casados o no, para mí, tú eres mi marido y siempre lo vas a ser.

–¿Y qué pasa si un día decides casarte de nuevo? No es lo mismo decirle a alguien soy soltero a soy viudo.

–No te preocupes por eso, no me casaré con otro.

–Pues no sabes el alivio que me das, porque si todos nos encontramos allí arriba, eso va a ser un tremendo lio –aclaró con evidencia.

–Jajaja –se echó a reír, por la ocurrencia del bicolor.

Sonrió al ver que su broma había alegrado por unos segundos a Takao–. Ahora en serio, Takao. Yo pensaba que Yuriy sería mi único amor y no ha sido así. Tú también puedes cambiar de opinión, aunque ahora no pienses así.

El peliazul cogió de ambas mejillas al bicolor–. Escúchame bien, Kai. Porque sólo te lo diré una vez. O te casas conmigo, o yo me caso contigo. Tú eliges.

Silenció unos segundos para meditarlo. Sabía que Takao no daría su brazo a torcer tan fácilmente–. Prefiero casarme contigo –vio una sonrisa de felicidad en el peliazul–, pero lo haré con una condición –silenció unos segundos–. Si esto no te causa más dolor del necesario.

–Eso está hecho –le besó en los labios para finalizar su trato– ¿Y bien? ¿Cuándo será el gran día?

–Como estamos escasos de tiempo… Mañana, cuando se termine el horario de la mañana en el trabajo. Pero Brooklyn tendrá que llevarnos ante la capilla. No creo que me pueda mover hasta allí por mí mismo. Así que cuando venga, le explicaré los detalles –decía abrazando al peliazul.

–Gracias, me haces muy feliz. Tendremos una alianza que jamás nadie podrá romper. Ni siquiera el tiempo. –decía correspondiendo el abrazo.

–Espero que con esto luego no te cause más dolor del necesario –le hizo saber, aunque sabía que quisiera o no, realmente terminaría siendo así.

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente…

Takao bajó del coche y observó la capilla que Kai había elegido. Realmente parecía una iglesia en miniatura. Era pequeña, acristalada en la mayoría de sus partes. Sus vidrios eran de colores, formando algunos dibujos. Las paredes eran de piedra y la puerta principal tenía forma de un arco ojival gótico.

El bicolor se apoyó en el hombro del detective para salir del coche.

–Creo que podré caminar solo. Me encuentro menos cansado que ayer –le informó Kai al pelinaranja–. No tardaremos mucho –avisó, empezando a caminar junto a Takao. El peliazul al verlo llegar, le cogió la mano y sonrió. Por suerte, desde la acera hasta la capilla, había una leve rampa de cemento, indicando la entrada de la misma. Alrededor había césped, árboles y flores.

–Yo os espero aquí –les hizo saber Brooklyn, apoyándose en el maletero del coche.

Tan pronto llegaron a la gran puerta de madera que estaba abierta, la cruzaron.

Takao se quedó maravillado con el interior. El sitio no era muy grande, pero era sencillo y bonito. Había tres pasillos y cuatro filas de bancos. El pasillo que quedaba en medio era el más largo de los tres. Los de los laterales, apenas tenían doce bancos, colocados de forma que todos mirasen hacia el altar. El techo era toda una bóveda de crucería, que llegaban hasta el suelo apoyadas por más arcos y columnas.

Algunos candelabros blancos, en lugar de velas, tenían bombillas, ya que los candelabros que había antiguamente habían sido sustituidos por los de este siglo. Colgaban por encima de sus cabezas, al estar atados con fuertes cuerdas desde columna a columna.

Había cuatro confesionarios de madera, repartidos en las esquinas de la capilla. La luz del sol entraba con intensidad por los cristales de colores, lo que le daba un toque mágico al mirar hacia el altar. Parecía que estuviesen echando desde el cielo purpurina.

Rosas blancas adornaban ciertas partes del lugar y alguna que otra rosa roja. Podía apreciarse cómo las columnas que sujetaba el arco de medio punto antes de terminar en crucería en el techo, no obstruían el lugar. Todo lo contrario, estaban bien repartidas y dejaban ver un enorme hueco en el centro.

Kai decidió hablar–. Esto más que una capilla parece una iglesia. Pero en cuanto la vi, me gustó –susurró, al estar en un sitio sagrado. A esas horas de la tarde no había nadie allí, ni siquiera el propio cura–. La construyó un arquitecto italiano en el siglo diecisiete. Al parecer en esa época, se llevaba el estilo gótico en Italia y creo que es la única capilla que hay por los alrededores.

Miró a Takao unos segundos y le ofreció su brazo. Takao sonrió y lo aceptó, empezando a caminar lentos por el pasillo, como hace una pareja de novios el día de su boda.

–Se supone que uno de los dos, debería estar esperando al otro cerca del altar –mencionó Takao sin dejar de avanzar.

–No tenemos padrinos para que te acompañe y te entregue a mí. No hay cura y tampoco vamos vestidos con traje para la ocasión –comentó al ver que iban vestidos con ropa normal– ¿Te hubiese gustado tener invitados?

–Eso me da igual –le restó importancia–. Tú y yo, somos los testigos perfectos para nuestra boda. ¿No crees?

Kai miró a su alrededor, al ver cómo algunos espíritus atravesaban las ventanas para entrar a la iglesia y otros ya estaban sentados en los bancos–. Parece que nuestra boda no va a ser tan íntima –finalizó deteniéndose frente al altar–. Iremos directos al grano. Creo que eso es una gran ventaja– apreció, ya que así se ahorrarían la misa. Se hurgó en el bolsillo trasero de su pantalón para sacar los dos anillos que guardaba. Cogió la mano derecha de Takao para comenzar a decír de forma sedosa–. No puedo prometerte grandes cosas, ni mucha felicidad. Sólo puedo prometerte que mi amor por ti nunca morirá, aunque yo lo haga. Si el cielo existe y realmente puedo verte desde allí, no dudes que te cuidaré, al igual que he estado haciéndolo hasta ahora –carraspeó–. Yo, Kai Hiwatari. Te tomo a ti, Takao Kinomiya por esposo. Y prometo serte fiel hasta que la muerte nos separe– sonrió–. Hasta el fin de mis días –corrigió, total, él ya estaba muerto. –colocó el anillo con cuidado en el dedo anular con una sonrisa cómplice que el peliazul correspondió de inmediato. Le entregó a Takao el otro anillo que guardaba aún en la mano.

El peliazul cogió la mano derecha de Kai y empezó a hablar de la misma forma que Kai había hecho minutos antes–. Nos conocimos en extrañas circunstancias, de eso no hay duda. Pero conseguiste que te abriera mi corazón y que venciera mis temores. Eso es algo que jamás podré olvidar, porque mi camino estaba marcado por la soledad hasta que te conocí. Puede que ahora el camino sea doloroso y con trabas, pero estoy seguro de que en la otra realidad, nuestra felicidad seguirá adelante y eso nadie nos lo podrá arrebatar jamás– le sonrió–. Yo, Takao Kinomiya. Te tomo a ti, Kai Hiwatari por esposo. Y prometo serte fiel, hasta el fin de mis días. –colocó el anillo en el lugar correspondiente, para acto seguido coger las dos manos de Kai y mirarle con una sonrisa.

–Ahora va eso de besarnos –añadió Kai, ya que nadie lo iba a decir por ellos.

El detective que estaba observándolo todo junto a la puerta, vio cómo los dos se acercaron para unir sus labios. Pronto los vio abrazarse para continuar con lo que hacían. Se cruzó de brazos y sonrió con algo de nostalgia.

Así que habían decidido casarse aunque sus circunstancias no eran las mejores para los dos. Cuando Kai habló con él la tarde anterior cuando fue a dejar el ordenador y lo demás en la casa de Takao, sólo le comentó que querían ver una capilla. Él no preguntó el porqué, simplemente se limitó a llevarlos a ese lugar, si ese era deseo de ambos, no iba a negarse. Dio por hecho que el bicolor quería confesarse ya que no sabía cuánto tiempo le quedaba en este mundo. Pero claro, teniendo en cuenta que Kai ya estaba muerto, eso no tenía mucho sentido.

Había prometido quedarse a esperar fuera. Pero su curiosidad por saber que estaba pasando y también el ver esa capilla por dentro, pudo más que su promesa. Así que ahora, ahí estaba. Mirando cómo los que consideraba sus amigos, separaban sus labios para hacer su abrazo más estrecho. Aplaudió por la emoción del momento, sin importarle que fuese descubierto. Cuando se percató de que los recién casados no miraban hacía él, imaginó que no era el único que aplaudía, y que eso tendría que estar lleno de espíritus.

Todos los fantasmas ahí presentes, comenzaron a aplaudir en cuanto el peliazul y el bicolor unieron sus labios. Estaba claro que no había sido una ceremonia muy normal, pero igual era una boda.

Los recién casados se separaron del abrazo y se miraron con complicidad. Se cogieron de la mano y comenzaron a andar por el pasillo hacia delante. Podían sentir cómo de diversas formas, los espíritus les felicitaban y les aplaudían. Casi al mismo tiempo, se dieron cuenta de que Brooklyn estaba ahí parado, cerca de la puerta, aplaudiendo.

–Enhorabuena a los dos –les felicitó tan pronto llegaron hacia él. Se acercó hasta ellos y lo abrazó uno por uno, escuchando dos agradecimientos como respuesta.

–Podías haberte sentado en un banco –habló Takao con una sonrisa.

–No quería interrumpir de alguna forma vuestra intimidad. Además, las bodas siempre me han hecho llorar –confesó con una sonrisa–. Si llego a saber esto con más antelación os hubiese hecho un regalo –decía al tiempo que salía por la puerta para ir a la calle, seguido de cerca por los otros dos.

–No es necesario que nos regales nada –le restó importancia Kai.

Brooklyn chasqueó los dedos–. Ya lo tengo –dijo dándose media vuelta para mirarles, al tiempo que se detenía–. Os doy una semana de vacaciones. Me gustaría daros más, pero los casos no pueden esperar por mucho tiempo –reconoció, rascándose la cabeza–. Así podréis pasarla juntos. Como si fuera vuestra luna de miel. Si no queréis viajar, al menos podéis estar en casa, juntos. ¿Qué me decís? No es tan mala idea, ¿verdad?

–¿Estás seguro? –preguntó Kai.

–Segurísimo. Sabré apañármelas yo solo. Tranquilos –aseguró con tranquilidad.

El peliazul decidió entonces hablar–. Si ese va a ser tu regalo, lo tomaremos con gusto –sonrió–. Muchas gracias.

–Pues no hay nada más que hablar. Os llevaré de vuelta a casa.

&&&Kai&Takao&&&

La semana prometida, estaba a punto de pasar. Mañana tendrían que regresar al trabajo. Los dos estaban sentados en la cama. Sus espaldas estaban apoyadas en los cojines, y estos a su vez en el cabecero de la cama. La cabeza de Takao estaba apoyada en el hombro del mayor, mientras acariciaba una de las manos de su marido.

–¿No te aburres de estar aquí tumbado conmigo? –preguntó el bicolor mirando hacia la pared del frente–. Lo único que te he podido ofrecerte en esta semana que Brooklyn nos ha dado, ha sido hacerte una vez el amor en la noche de bodas. Ni siquiera hemos salido a dar un paseo. Sólo he podido andar de aquí al sofá y del sofá a la cama.

–Para mí con que estés a mi lado, es suficiente –sonrió abandonando su mano para abrazarlo como pudo.

–Ya, pero esto no es vida. Te mereces algo mejor, Takao –le dijo rodeándole con sus brazos–. No he querido hablar del tema antes, porque era nuestra luna de miel y no quería estropearla. Pero los dos sabemos que el momento se acerca. Es más, he decidido que mañana me despediré de ti.

El peliazul se incorporó para mirarle a los ojos– ¿Mañana? –preguntó guardando silencio al ver cómo el bicolor guardaba silencio y le asentía.

Kai llevó sus manos hasta las mejillas morenas, para hacer que el peliazul lo mirase–. Te quiero y lo sabes. Se me parte el alma de pensar que te dejaré aquí y yo no podré verte en un tiempo. –El peliazul empezó a sollozar al tiempo que agarró las manos de Kai─. Sé que de seguir en esta situación, me quedaré postrado en una cama sin poder moverme y en el peor de los casos, no podré volver a entrar en este cuerpo. Incluso en estos días no he podido permanecer mucho tiempo dentro de él.

Takao dejó caer sus lágrimas, mientras apretaba los ojos–. Snif, sé que esto es muy egoísta por mi parte. Pero siempre cabe la posibilidad de que entres en otro cuerpo que no tenga alma.

Kai le limpió las lágrimas con el dedo pulgar de ambas manos y pudo ver cómo su vista se nublaba por culpa de las lágrimas retenidas–. Aunque lo hiciese de nuevo, no funcionaría. Puede que por un tiempo lo haga, pero después tendríamos que pasar por la misma situación una y otra vez. Sufriríamos más así –decía ahora sí, dejando que las lágrimas resbalasen por sus mejillas. Alargó los brazos, para abrazarle y de momento Takao le correspondió. –No llores. Este no es un adiós definitivo.

–Ya lo sé. Pero aún así duele. Duele mucho –decía sorbiendo el moquillo.

–Piensa que algún día volveremos a estar juntos. Vamos, que la persona positiva y que da ánimos aquí de los dos, eres tú. –rió ante su propio comentario, escuchando cómo el peliazul también lo hacía–. Antes de marcharme, hay un par de cosas que me gustaría dejar hechas.

–¿Y qué son? ¿Puedo ayudarte? –preguntó el peliazul, separándose del abrazo, mientras se limpiaba las lágrimas con el dorso de sus manos.

–Quiero despedirme de Max "por ahora", y hablar con el detective. Quiero que se encargue de ciertas cosas. Que se asegure de que entierran este cuerpo dónde pertenece, con su familia. Él ha sido policía también, así que sabrá ocultar ciertas cosas. Como los detalles de la autopsia y demás –suspiró–. Pide un taxi. Intentaré levantarme de la cama y bajar por el ascensor mientras tanto –decía incorporándose de la cama.

&&&Kai&Takao&&&

Cruzaron la puerta del cementerio y caminaban con lentitud por uno de los senderos que llevaba hasta su tumba.

–¿Estás cansado? –le preguntó Takao, al ver cómo se apoyaba en su hombro.

–Un poco. No te lo voy a negar –contestó. Miró hacia el frente y vio un grupo de personas que rodeaba cierta tumba–. Un funeral.

–¿No es en esa dirección donde se encuentra tu tumba? –preguntó el peliazul sin dejar de avanzar hacia delante. No pasó ni un segundo, cuando vieron cómo los que vestían de luto se marchaban cada uno por distinta dirección.

Tan pronto la multitud se marchó, les dejaron ver todo con claridad–. Ahí está Max –anunció Kai.

El rubio estaba sentado encima de su tumba y no estaba solo. Una mujer de joven apariencia y hermosa, estaba a su lado. El rubio la tenía abrazada con una sola mano y ambos sonreían.

–¿Pero qué serán de nuestros hijos? –preguntaba la mujer preocupada.

–Lo superarán, no te preocupes –le decía Max a la mujer.

–Max –interrumpió Kai.

En el momento en el que Max lo miró, le echó una sonrisa– Kai. Takao. Qué alegría de veros por aquí. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última visita?

–Unos meses –contestó Takao, mirando ahora a la mujer.

–Oh, qué despistado. Todo ha sido tan reciente –se refería al hecho de que acababan de enterar a la mujer–. Está es mi esposa, de la que tanto os he hablado. Cariño, estos son Kai y Takao. Kai es mi compañero de tumba y Takao es alguien especial que puede vernos.

–Encantada de conoceros –decía la mujer.

–Es un placer –contestaron casi al mismo tiempo los dos.

¿Qué me decís? ¿A que mi esposa es tan guapa como os había dicho?

–Claro, es preciosa –contestó Kai con una sonrisa, viendo cómo la mujer se ruborizaba.

–Bien, ya estamos listos para partir. Pensaba mandarle una visión a Takao para poder despedirnos de vosotros, aunque ya no será necesario –explicaba el rubio.

–Yo también venía a despedirme de ti –agregó Kai.

–Ya veo –contestó–. Puedo ver que no te queda mucho –al decir esas palabras, miró ahora la cara entristecida de Takao–. No te preocupes. Los tres vamos a ir al mismo lugar. Yo cuidaré de él, mientras tú llegas. Estará bien.

Kai le miró unos segundos, para luego hablar– ¿No crees que echarás de menos esto? El lugar en el que naciste, te casaste... Incluso estas escenas de amor en el cementerio que tanto te gusta ver.

–Bueno, mi caso es muy diferente al tuyo, ya que yo morí siendo viejo. Pero he disfrutado de la vida todo lo que he podido. He visto nacer y crecer a mis hijos. Me he casado con una mujer estupenda y ahora voy a hacer un viaje con ella que no me traerá jamás de vuelta. Pero este es otro paso más que hay que dar en la vida. Todos lo hacen, así que no hay porqué tener miedo.

–Tan filosófico como siempre –contestó Kai con una media sonrisa, aunque las palabras de Max le habían tranquilizado un poco.

La mujer sonrió y zarandeó de forma suave a su marido para llamarle así la atención– ¿Qué es eso?

Max miró hacia la misma dirección–. Vaya, creo que se nos ha acabado el tiempo aquí.

–Estáis viendo la luz. Tenéis que ir hacia ella. –Habló Takao–. Espero que vuestra felicidad continúe allí.

–Seguro que lo hará –anunció Max–. Espero que la vida te sonría muchas veces, Takao. Sé fuerte y sigue luchando como hasta ahora. ¿De acuerdo? –le guiñó el ojo, esperando su respuesta.

–Lo intentaré. Aunque será difícil hacerlo sin él a mi lado –confesó.

–Lo conseguirás. Hasta pronto –se despidió tanto Max como su esposa.

–Hasta pronto –fue la contestación que dieron ambos.

Los dos fantasmas se pusieron de pie y se cogieron de la mano. Estaban dispuestos a cruzar, cuando el bicolor los interrumpió–. Eh, Max. La apariencia de joven te sienta genial –decidió decirle, ya que nunca antes se lo había dicho.

–Ya lo sé –le contestó mirándole con una sonrisa, regresando su vista hacia esa luz brillante–. Qué calidez. Todos estáis aquí.

–Mamá, papá –fue lo último que dijo la mujer, antes de desaparecer juntos.

–Ya se han ido –confirmó Takao.

–Sí –fue lo único que añadió Kai, antes de cogerle la mano–. Vamos, aún quedan cosas por hacer.

&&&Kai&Takao&&&

Hiwatari estaba pensando en la conversación que había tenido con Brooklyn mientras cenaba con Takao. Los dos estaban bastantes silenciosos y era algo normal. Las partes de la conversación en las que habían hablado sobre el entierro del cuerpo y demás, Takao había estado presente. Pero luego pidió hablar con Brooklyn a solas. Seguramente el peliazul ahora se preguntaba de qué habían hablado.

Flash Back

Los dos mayores estaban sentados en el despacho del detective, uno frente al otro en el escritorio de Masefield.

–Brooklyn, sé que Takao es fuerte y saldrá adelante. Pero también habrá épocas en las que decaiga y necesitará una mano amiga que lo aconseje y lo proteja. Por su pasado a sufrido bastante y ahora debido a lo que va a pasar, su soledad volverá a quedar marcada. Será como un segundo golpe en su corazón.

–No te preocupes. Nunca dejaré solo a Takao. Aunque por propia experiencia con la muerte de mi sobrina… sé que necesitará tiempo para asimilarlo todo.

–Él no es de los que piensan que el suicidio sea una solución para evitar el sufrimiento. Pero en esta situación, no sé qué pensar.

–Mira, si eso del cielo existe, estoy seguro de que tú mismo no permitirás que le suceda nada malo. Es más, yo lo protegeré en el trabajo y cuando no le vea porque está en casa, tú lo harás –le sonrió.

–Me parece bien.

Brooklyn se levantó del asiento de su despacho y Kai también lo hizo desde el asiento de enfrente.

–Te voy a echar de menos, Kai. Has sido un trabajador excelente. Ojalá te hubiese conocido antes. Y no te preocupes. Tu dinero irá a parar a la cuenta de Takao como hemos acordado. –le explicaba dándole un abrazo, que el bicolor correspondió.

–Te lo agradezco sinceramente.

–Si hay un cielo para todos, allí nos veremos –le sonrió, rompiendo el abrazo–. Así que nos volveremos a ver allí.

–Eso espero. Cuídate mucho y cuida de él.

–Así lo haré hasta el fin de mis días. Es una promesa, y yo nunca rompo mis promesas –añadió con una sonrisa.

Fin Flash Back

–¿No te gustan los espaguetis? –preguntó Takao, haciendo que Hiwatari saliera de sus pensamientos.

–¿Qué? –preguntó al no saber que estaba diciendo Takao.

–No estás comiendo apenas. –anunció, removiendo su tenedor en la comida.

–Ah. No. Está delicioso. Preparas mi comida favorita como nadie –enrolló el tenedor en la pasta y se la llevó a la boca–. Mmm… delicioso. Ya sabes que no puedo resistirme a tus espaguetis a la boloñesa.

–Ya no te queda nada más por hacer, ¿no? –preguntó cambiándole de tema de forma pausada.

Kai le miró durante unos segundos en silencio. Podía ver la tristeza reflejada en los ojos del menor. Le miró con comprensión y decidió contestarle–. No. Todo está resuelto. Bueno, casi todo. Me falta cenar tranquilamente y disfrutar de esta noche contigo. Como despedida me hubiese gustado hacer el amor esta noche, pero… creo que por el esfuerzo, no podría quedarme dentro del cuerpo hasta mañana.

–Lo entiendo. Con tus besos y dormir contigo me basta –le sonrió al tiempo que alargaba la mano en la mesa, para coger la suya y darle un apretón firme, pero suave.

¿A quién pretendía engañar? Claro que lo deseaba. Deseaba que Kai no se fuese jamás de su lado. Que se quedase a su lado para siempre, aunque fuese como espíritu y que lo esperase hasta que llegase su hora. Pero eso era demasiado egoísta por su parte. Si de verdad quería a Kai, le dejaría marchar para que su alma pudiese descansar en paz de una vez por todas. No podía exigirle al bicolor algo que ya salía de su control y eso lo sabía. Pero desde que supo que se le estaba acabando el tiempo, estaba en un gran debate entre su cabeza y su corazón.

–Anda. Comamos que se enfría –le animó Takao.

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente…

Takao miraba atentamente al ojicarmesi. Éste se había sentado en el sofá y había acomodado el cuerpo lo mejor que pudo. El menor decidió acercarse y darle un beso apasionado antes dejar seguir al bicolor. Cuando terminó, se separó para dejarle continuar. Kai cerró los ojos e inmediatamente salió del cuerpo.

Se habían pasado la noche entera sin dormir, hablando de muchas cosas, excepto del día que hoy les esperaría. No querían que la última noche fuese recordada con llanto, sino con todo lo contrario. Así que evitaron sacar el tema.

–Bueno… –miró hacía el cuerpo, empezando a hablar como si este pudiese escucharle de alguna forma–. Me has servido para mucho en este tiempo. Te he cuidado lo mejor que he sabido. Aunque tu alma descansa en paz, ahora podrás hacerlo tú. Gracias –dichas estas palabras, miró a Takao–. Anda, dilo.

–¿Qué diga qué? –preguntó sin entender.

–Todo lo que te has guardado hasta ahora. Ahora es el momento. ¿No crees? Adelante, ahora o nunca –le animó el bicolor sonriéndole, aunque no lo demostrase en su rostro.

–Me gustaría que te quedases para siempre aquí, conmigo. Que me esperases como espíritu, como ha hecho Max con su mujer. De esa forma nunca estaría solo de nuevo. Eso es lo que dice mi corazón. Pero mi cabeza me dice que no estoy dispuesto a hacerte sufrir así. El sitio de un alma no es estar aquí para siempre, eso es demasiado injusto. Nunca podrías descansar. Sería como atar una cadena invisible en ti, que te impidiera decidir por ti mismo –silenció unos segundos antes de continuar, ya que notaba que un nudo se le estaba formando en el garganta –.Pero ambos razonamientos coinciden en una cosa. Quiero que seas feliz. Y por la expresión que he visto cientos de veces en los espíritus que logran alcanzar la luz, ese lugar a de ser maravilloso. No veo reflejo de miedo en sus caras. Ni preocupaciones. Es más, sus seres queridos están al otro lado esperándoles, seguramente con una sonrisa. ¡Sería un completo monstruo si te negase algo así, solo por mi propia felicidad! –estalló al darse cuenta de la realidad.

–No eres ningún monstruo. Simplemente eres humano y tienes sentimientos, como los tengo yo. Escúchame atentamente, porque solo podré decírtelo una vez. No quiero que tengas prisa en llegar hasta donde yo esté. Quiero que vivas tu vida al máximo, que la disfrutes. Ya sea casándote de nuevo o no –Takao fue a hablar, pero el bicolor le pidió con la mano que se callase–. Déjame acabar. Vive tu vida por mí. Aférrate a ella como yo no pude hacerlo en la mía por una estúpida competición. –notó como Takao intentaba aguantarse las lágrimas retenidas.

–Lo siento. Quedamos en que no lloraría cuando llegase el momento. Pero aún no te has ido y ya te echo de menos. –Reconoció.

–De hecho, estoy en una gran desventaja ahora, porque carezco de sentimientos al estar así y no puedo llorar –silenció unos segundos, ya que le estaba costando despedirse de él–.Brooklyn ya sabe lo que ha de hacer. Es un tipo confiable, lo hará muy bien con todo, así que no te preocupes. En cuanto me vaya, avísale. Realmente se está portando bien con permanecer tras la puerta para darnos intimidad, a pesar de su curiosidad –reconoció mirando hacia la puerta unos segundos, sabiendo que seguramente el detective ya estaba ahí. –regresó su vista al peliazul y éste se acercó. Aprovechando el acercamiento, Kai llevó su mano a la mejilla morena, dándole un simple roce, evitando traspasarle.

El peliazul cerró los ojos al sentir ese frío en su mejilla e inconscientemente llevó su mano hacia la misma dirección para coger esa mano invisible–. Te quiero y eso nunca cambiará. Siempre te voy a guardar en mi corazón –derramó una lágrima que Kai no pudo sentir en su piel.

–Ya lo sé, y eso me hace inmensamente feliz. –Soltó a Takao, traspasando su mano–. El momento ha llegado, ya ha venido a por mí –dijo mirando hacia un lado, para regresar su vista al menor–. Aquí es donde nos despedimos. Pero no será para siempre. Sólo por el momento. Así que digamos un hasta luego –sonrió.

–Hasta luego –le sonrió intentando no seguir llorando frente a él.

Hiwatari se puso frente a la luz─. Es tan cálida. Puedo sentir esa sensación agradable –sonrió, mirando ahora al menor– ¿Puedes verla?

Negó varias veces–. Solo vosotros podéis verla. Es una luz sólo para vosotros –dijo tragando saliva con dificultad– ¿Cómo es?

–No tengo palabras para describir algo tan maravilloso… Si te digo la verdad, tenía miedo de ir hacia la luz. De lo que me pudiese encontrar allí arriba. Pero cuando nadie ha regresado a la tierra, es porque allí no se les tratará muy mal. ¿No crees? De lo contrario, todo el mundo buscaría como desesperado una forma de regresar –echó una media sonrisa por su comentario–. Algo tan cálido no puede ser malo para nadie –silenció unos segundos para fijarse en el rostro de Takao. Notaba que desesperadamente intentaba aguantarse las ganas de llorar. Así que no alargaría más ese momento–. Te amo.

–Y yo a ti –contestó intentando sonreír, para tranquilizar al mayor y que viera que era fuerte y que lo seguiría siendo sin él.

Finalmente Kai cruzó la luz y desapareció frente a los ojos de Takao. El peliazul se derrumbó en ese momento. Sus piernas flaquearon y cayó al suelo de rodillas. Había sido más duro de lo que pensaba– ¡Kai! –gritó a todo pulmón, sintiendo cómo las lágrimas caían sin control por sus mejillas.

Fue en ese momento cuando Brooklyn entró deprisa, encontrándose esa escena. Había permanecido tras la puerta como había acordado con Kai el día antes. Tan pronto llegó hasta él, lo abrazó para intentar tranquilizarle, siendo correspondido por el menor.

–Ya está. Tranquilo, Takao –decía meciéndole con palabras sedosas.

–No va a volver, Brooklyn. Se ha ido –decía entre sollozos y lamentos.

–Algún día, todos nos encontraremos, no te preocupes. Shhh… –decía intentando consolarle, aunque no sabía bien cómo hacerlo, ya que el mismo luchaba por intentar no llorar al perder a un amigo.

&&&Kai&Takao&&&

Tiempo después…

La gente vestía de negro y formaban un corro alrededor de una tumba. Tanto el detective como Takao y Matilda, veían cómo cada uno de los presentes, iban depositando una rosa sobre la tumba a medida que iban pasando por ella. Las mujeres ahí presentes lloraban buscando el consuelo en sus maridos, mientras caminaban por distintos senderos, para salir del cementerio. El detective sintió como su hermana Matilda, le agarró de la mano, mientras con la otra se limpiaba las lágrimas de la cara con un pañuelo.

Brooklyn sorbía el moquillo, sin dejar de ver como había pasado dos horas y media y la gente depositaba rosas en la tumba.

Takao se fijó en la multitud que había ahí. De inmediato reconoció a dos chicos que se acercaban con una rosa roja en la mano cada uno─. Yuriy, Boris. Habéis venido –sonrió.

El chico pelirrojo y blanquecino de piel se acercó hasta el detective para darle sus respetos, junto con otro chico de ojos verdes y cabello plateado─. Le acompaño en el sentimiento, detective –anunció el pelirrojo, dándole la mano.

─Lo sentimos de todo corazón –fue lo que dijo el que le acompañaba, imitando el gesto del pelirrojo.

─Gracias –fue la respuesta de Brooklyn, al tiempo que estrechó las manos. Los cuatro hombres y la mujer miraban hacia la tumba con dolor.

─Jamás imaginamos que este día llegaría para él –fueron las palabras del pelirrojo, quien se afligió al recordar la bondad del que ya no estaba entre ellos.

Masefield miró hacia la inscripción de la lápida, leyendo el nuevo nombre que ahora aparecía en ella─. Takao era un gran hombre. Ayudó a tantas personas como pudo –negó con la cabeza y rectificó con una sonrisa─. Qué digo. Sigue siéndolo. Seguro que su espíritu aún sigue aquí, con nosotros.

─Tienes razón –habló Boris, abrazando al pelirrojo por el hombro─. Sin duda es un chico especial, en el buen sentido de la palabra.

─Nos ayudó a tantos… –agregó Yuriy acercándose a la tumba, para dejar su rosa sobre la tumba─. No tienes más que ver cuántas personas han venido a despedirte hoy, Takao.

Boris imitó al pelirrojo─. Sin duda, toda esta gente que hoy te acompaña, no se olvidará de ti jamás y te estará eternamente agradecida –añadió, cogiendo de la mano a Yuriy.

─Chicos –agregó el peliazul parado frente a ellos─. Gracias por venir─ cogió las manos unidas de ambos y estos inmediatamente se miraron uno al otro al sentir sus manos frías. Miraron de nuevo hacia la tumba que estaba repleta de rosas rojas y sonrieron. Estaban seguros de que el peliazul seguía ahí y les estaba agradeciendo por haber venido.

Una vez que los dos jóvenes se retiraron de la tumba para darles paso a otros, Brooklyn se acercó para depositar la rosa. Takao lo miraba con comprensión y entendía la profunda tristeza que debía de sentir el pelinaranja en estos momentos.

─Takao. Imagino que sigues aquí. Aguantaste bien todo este tiempo. Has sido fuerte, hasta que la muerte ha decidido llevarte con ella. Sé que te hubiese gustado haber ayudado a más personas de las que pudiste… que no fueron pocas. –reconoció–. Incluso el cementerio se ha llenado de gente a la que ayudaste para poder decirte hoy adiós. Pero yo lo seguiré haciendo por los tres. –silenció unos segundos─. Seguramente tenga que encontrar a algún sustituto en la oficina como tuve que hacer con Kai en su momento. Pero nunca encontraré a tan buenos amigos y a tan buenos detectives como vosotros lo habéis sido –se limpió las lágrimas y prosiguió─. De acuerdo a tus deseos, me he quedado el último en tu funeral y me he asegurado de que el dinero que ya no podrás gastar, sea destinado al orfanato que querías.

─Siento haberte metido en todo este lio –comentó Takao. Llevó su mano hasta la mejilla del mayor y la acarició, viendo como éste se llevaba la mano a la zona en concreto y se sorprendía para luego seguir hablando.

─Dale a Kai un abrazo muy fuerte de mi parte. Y dile que lo hice lo mejor que pude contigo. Algún día nos veremos, amigo. Por fin podrás ver a tu familia y a Kai. Estoy seguro de que ellos ya te esperan. –Decía con palabras lentas y sedosas.

El peliazul cerró los ojos y las cuatro personas que estaban frente a la tumba, se sorprendieron al ver a Takao delante de ellos.

─Cuidaos mucho y vivid al máximo cada día. Y no os preocupéis por mí. He hecho todo lo que he podido por mucha gente, todo lo que el tiempo me ha permitido. No quiero que lloréis mi muerte, ya que seguiré vivo en vuestros corazones. Me he ido de un mundo bueno para estar en otro mejor. Como una vez me dijo Kai, esto no es un adiós definitivo. Si no, un hasta pronto. Gracias por vuestra amistad y por vuestra ayuda –al decir esta última frase, miró a Brooklyn, ya que él se había encargado de todo, como había sido el deseo del peliazul–. Te he seguido en cada paso que has dado. Con el funeral, el papelorio… gracias de todo corazón. Sin ti, eso hubiese sido imposible –le sonrió, mirando ahora a todos–. Espero que la vida os sonría siempre, hasta que llegue vuestra hora─. Miró hacia su izquierda. Una luz cegadora pero cálida estaba presente, con la forma de una puerta–. Es preciosa. No tengo palabras para describirla –sonrió, mirando de nuevo a sus amigos, que intentaban en vano no llorar frente al peliazul─. Hasta pronto, os cuidaré desde donde quiera que esté.

─Hasta pronto –fue la respuesta unánime que recibió.

Sin dejarse nada por hacer, cruzó la puerta, desapareciendo ante los ojos de los allí presentes.

Sabía que llorarían durante un tiempo por su perdida, pero sabrían seguir adelante. Avanzaba por esa puerta y una brillante luz le cegaba los ojos a medida que seguía hacia delante. Se llevó las manos a la cara, para cubrirse por reflejo. El suelo era blando, como si estuviese pisando sobre unas nubes de algodón. Lo que no le encajaba es que normalmente todos los que veían la luz, siempre nombraban a algún familiar antes de desaparecer, pero él no había visto a nadie. ¿Acaso nadie le esperaba? ¿Había cogido el sendero equivocado?

Se quitó las manos de los ojos y pudo ver unas escaleras que conducían a otra puerta, esta vez, una en la que se reflejaba un cielo sin nubes. Decidió subir el primer escalón y se dio cuenta de que su vestimenta no era la misma que cuando murió. Llevaba una túnica blanca y en sus pies llevaba unas sandalias marrones. Se cogió entonces un trozo de la túnica y se dio una vuelta sobre sí mismo. Al hacerlo, se dio cuenta de que la puerta brillante que antes cruzó había desaparecido. Así que ya no había marcha atrás.

Suspiró y empezó a subir las escaleras, dándose cuenta de que a medida que lo hacía, ya no se veían unas nubes a través de esta, si no otra luz cegadora. Cuando estuvo frente a la puerta, decidió cruzarla, tapándose la cara con un brazo mientras con la otra mano intentaba tocar cualquier cosa que le sirviese de guía para continuar.

Sintió para su sorpresa, como al final de las escaleras, alguien le cogía la mano. Así que decidió apartarse el brazo de la cara y mirar hacia delante para ver quien le estaba cogiendo la mano. Se sorprendió al ver allí a una mujer preciosa que el reconocía perfectamente y que había estado esperando ver desde hacía mucho tiempo.

─Hola, cariño –fue el saludo de su madre con una sonrisa.

─Mamá –la llamó con emoción, atrayendo a la madre de un suave tirón hacia él para abrazarla─. ¡Mamá, mamá!

─Aquí estoy, mi cielo –decía la madre, acariciándole la espalda a su hijo para luego separarle y mirarle─. Perdona por no haberte recibido en la primera puerta, pero todos queríamos hacerlo y sólo se les permitía a dos personas –le explicaba.

─¿No me vas a abrazar a mí? –fue la voz masculina que Takao supo reconocer al momento.

─¡Papá! –le llamó entusiasmado antes de darle un fuerte abrazo.

─Lo has hecho muy bien, estoy orgulloso de ti –decía separándose para mirarle a la cara.

Se percató de que su hermano, que era un niño por su muerte prematura, a pesar de que era mayor que él, estaba a su izquierda para recibirle, al igual que su abuelo.

─Hitoshi, abuelo –se abalanzó prácticamente sobre ellos para abrazarlos con una sonrisa.

Rápidamente los fantasmas que estaban por los alrededores, dejaron lo que estaban haciendo y empezaron a aplaudir, formando un corro alrededor de la familia Kinomiya.

Takao miró hacia la multitud, preguntándose porqué aplaudían. Pero enseguida lo comprendió al ver que todas las almas a las que había ayudado, estaban ahí.

─Tres hurras por Takao Kinomiya –gritó uno─. Hip hip, ¡hurra! Hip hip, ¡hurra! Hip hip, ¡hurra!

Todos se acercaban a él y estaba feliz de ver que había hecho un buen trabajo y que todo el mundo estuviese feliz allí. Pero no podía ver a Kai entre la multitud. ¿Dónde estaba?

─Felicidades chico, eres una persona excelente. –le felicitó uno.

─Gracias –respondió.

─Gracias por ayudarme en aquella ocasión –añadió otra.

─No fue nada –agregó Takao, mirando hacia otra dirección.

Se dio cuenta de que todo quedó en silencio y que la gente iba apartándose para dejar pasar a alguien, pero aún no podía ver de quien se trataba.

Finalmente ahí estaba el bicolor frente a él─. Hola –le saludó con una sonrisa.

─Ya estoy aquí –añadió con voz sedosa. Vio como el bicolor extendió los brazos, así que no se hizo de rogar y salió a correr hacia él, finalmente juntándose en un abrazo─. Te he echado tanto de menos –fue lo que dijo antes de empezar a besarlo con desesperación. Los dos escucharon de fondo, como la gente empezaba a aplaudir, más algunas felicitaciones por su reencuentro.

Tan pronto se separaron, se miraron con complicidad. Los dos miraron hacia la multitud.

─Gracias a todos por vuestro recibimiento –fueron las palabras del peliazul. Tras esto, vieron como la gente empezaba a despejar la zona. Quedando sólo la familia de Takao y ellos dos.

─Te he estado observando, lo has hecho muy bien –le felicitó Kai, acariciando el rostro del peliazul─. Tu cara es la misma que cuando te dejé. ¿Cuánto tiempo ha pasado?

─¿Qué importa eso? –sonrió─. Lo importante es que ahora estoy aquí, con todos mis seres queridos. Por cierto. Tengo un mensaje para ti de parte de Brooklyn –silenció unos segundos para luego continuar─. Quiere que sepas que lo hizo lo mejor que pudo conmigo y que te echará de menos.

Sonrió con melancolía─. Ya lo sé. Es un buen tipo.

Takao de repente cayó en algo─ ¿El alma del cuerpo que utilizaste está aquí?

Flash Back

Kai atravesó la luz y se encontró con que el cielo era un lugar, igual que el mundo que había dejado. Miraba a su alrededor, y sin lugar a dudas, eso era un parque. Un chico caminó hacia él y se quedó mirándole. Cuando sus ojos se cruzaron, Kai rápidamente lo reconoció.

─Tú –solo atinó a decir. Era el alma del cuerpo que había estado utilizando durante todo ese tiempo. Quizás ahora venía a reprocharle por sus actos y no podía culparle. No todo el mundo consideraría un buen acto por lo que hizo.

─Hola. No nos conocemos, pero sin embargo he podido ver lo que has hecho.

─Si vas a reprocharme por ello, tienes todo el derecho. Lo que hice no estuvo bien, pero tenía mis razones para tomar posesión de un cuerpo que ya no tenía alma. Créeme, de haber reaccionado antes, hubiese cogido mi propio cuerpo.

─Tranquilo, no estoy enfadado –sonrió─. Esa persona. Takao, creo que se llama. Parece que realmente te importa. Y si mi cuerpo pudo ayudarte, aunque fuese por corto tiempo a estar junto a él, entonces no hay porqué enfadarse. Siento que de alguna forma ayudé a ello –vio como el otro suspiró aliviado─. Bien, sólo quería que lo supieras. Me voy con mi familia. Hasta luego.

─Hasta luego –le despidió, viendo cómo se iba corriendo, a la vez que una pareja joven se acercaba a él–. ¿Mamá? ¿Papá? –preguntó antes de sentir como los dos le abrazaban casi a la vez.

Fin Flash Back

Flash Back

Los padres de Kai lo llevaron ante unos pequeños charcos que había en el césped─ ¿Estáis seguros que desde aquí, podré ver a Takao?

─Claro, tu padre y yo siempre hemos seguido tus pasos desde aquí.

─Yo sólo veo agua –reconoció Kai.

─Debes pensar en la persona que quieres ver –añadió el padre y Kai así lo hizo, viendo de inmediato como en el agua aparecía la imagen de Takao─. Te dejaremos un rato a solas para darte algo de intimidad –el hombre abrazó a la mujer del hombro y se la llevó a pasear por la zona.

Desde ahí, Kai podía verlo todo. Era como si tuviese puesta una cámara de vigilancia que sólo se ocupase de grabar a Takao constantemente. Cuando lloraba, hablaba, dormía, comía, se duchaba. Ayudando a espíritus, cuando se enfadaba… todo. Incluso podía escucharlo.

Fin Flash Back

─Sí, ya hablé con él nada más llegar. Tranquilo, entendió la situación y no está enfadado. –le contestó para tranquilizarle─. Me alegra mucho ver que nunca te rendiste y seguiste luchando. Tu muerte… al menos no fue dolorosa –añadió, al haber visto la muerte del peliazul.

─Me dio un infarto mientras dormía, así que no me enteré. Menos mal que tras tu muerte, dejé echas ciertas cosas por si algo me llegaba a suceder. Pero de eso ya se ha encargado Brooklyn.

Silenció unos segundos antes de hablar─. Bueno, ¿y qué te parece este lugar?

─¿El lugar? –preguntó Takao mirando ahora a su alrededor. Todo había sucedido tan de repente que ni cuenta se había dado. Estaba en mitad de un parque. El suelo era césped, había algunos árboles a su alrededor. A su derecha algo distanciado podía ver unos estanques con patos. Algunos niños jugaban a volar la cometa en los alrededores. Otros fantasmas estaban sentados en algunos bancos, leyendo. Otros hablaban, otros paseaban. El cielo estaba despejado e incluso había sol. Podía sentir incluso la brisa y el calor del sol en su piel.

─Es como nuestro mundo. Aunque no tenemos que preocuparnos de comer ni de dormir. Solo de cómo entretenernos. Puedes sentir la lluvia, el agua, el sol, el aire… también tenemos sentido del tacto. Pero si algo nos hace una herida no nos dolerá –señaló hacia una dirección─. Por allí hay una ciudad –señaló hacia otra dirección─. Por allí hay una playa.

─Vaya –dijo asombrado─, me encantará ir a verlo todo –sintió como algo chocó contra su barriga, así que miró hacia abajo, encontrándose con una niña que él conocía─. Mariam –la llamó, cogiéndola en brazos con una sonrisa, sintiendo un beso en la mejilla por parte de la niña. Al mirar al frente vio como también estaba la señora Morgan y su esposo brindándoles una sonrisa sin soltarse del brazo.

Más a la derecha estaba Max con su mujer, que caminaban hacia él para saludarle. Sintió que alguien le tocó el hombro, así que se dio la vuelta para encontrarse con su familia, que rápidamente se unió a su alrededor.

─Takao –lo llamo Kai para llamarle la atención, haciendo que éste le mirase─. Estos son mis padres –dijo poniéndose al lado de ellos. Él de inmediato procedió a presentarse.

Ahora estaba seguro de que la vida no acababa tras la muerte, si no que ésta no hacía más que comenzar de nuevo. Todos lloran la pérdida de un ser querido cuando se va, pero definitivamente se volverían a encontrar tarde o temprano y ésta vez, sería para siempre.

─Me llamo Takao Kinomiya. Y ésta ha sido mi historia.

&&&Kai&Takao&&&

FIN

Bueno, pues este ha sido el final que he escogido para esta historia. No sé si os habrá gustado o si por el contrario habré decepcionado a más de uno con el final que le di. Qué se le va a hacer.

En cualquier caso ahora más que nunca me gustaría saber que pensáis o si a vosotros os hubiese gustado otro final. Si tenéis alguna duda acerca del fic, preguntádmela que yo os la responderé encantada. Pero esto solo podré hacerlo en el caso de que me dejéis el review por login, para contestarlo por mensaje privado.

Gracias por sus reviews a:

Kiray Himawari: Bien, pues he aquí el último capi. ¿Era cómo te lo esperabas? Ciertamente no se que pasó pero subí el capi anterior como cuatro veces y no se si es que no gustó el capi o es que la gente no entró a la pagina. Pero en verdad es algo que nunca me había pasado y eso hizo que retrasase la subida de este capi.

Takaita Hiwatari:Bueno, creo que te sorprendí con el final. Cierto es que no me gustan los finales tristes, por que al escribirlo, como lo visualizo (aunque lo mío no es explicar las cosas bien) me la paso llorando conforme avanza el capi. La verdad es que creo que estuvo triste por el sufrimiento de los personajes. Pero también creo que es algo que la situación requería ¿no? Ya me contarás.

Valery Hiwatakinomiya:Hola, cuanto tiempo. Pues nada, ya viste el final y espero que te haya gustado. Si tienes alguna duda, pues no dudes en preguntar por que a veces no se me explicar bien o puede haber detalles que se me escapen.

DANHK, Maritessa Perez Cortes, Megan Hiwatari, Hinamela, , Sol Yuki Uzumaki, Hiika, Jery Hiwatari, Himeno Sakura Hamasaki, Makonhi Potoya, Aishiteru-sama, Miru, Kira Minatoya, Nimphy d´Aramitz, Vampire Princess Miyu, Gatupucca 18, Kyuu Ciel, Momo 23, Florescence-Sky.

Espero no haberme dejado a nadie, si fue así, perdón. Esto ha sido todo. Cuidaos mucho, xao.