Hola..!
Ja ja ja ja ja Pues aquí les dejo la CONTINUACION em... intentare hacer el esfuerzo posible para subir mas seguido... pues ya voy en el capitulo 12 :p espero les Guste... saludos..
6
Baile de Navidad
Había pasado un mes después del altercado con Salazar, ni uno ni el otro se habían vuelto a hablar desde aquella fatídica noche, Hermione, después de las clases se retiraba a su habitación a estudiar aquel libro, de vez en cuando Rowena y Helga pasaban por ella para ir a tomar su cotidiana taza de té, y ella, encantada les acompañaba.
El tiempo pasaba rápido, Hermione, observando la nieve caer del cielo, se daba cuenta de eso, suspiró mientras se acercaba a la ventana, tallando el vidriar con su mano, obteniendo una mejor imagen del paisaje blanquecino del momento…
Había demasiada nieve por todos lados, Hermione sonrío al ver a varios alumnos jugando a la guerra con bolas de nieve, la imagen se le hizo conocida, cuando Harry y Ron, prácticamente se mataron uno al otro con aquellas bolas…
La muchacha se estremeció al escuchar el golpeteo contra la puerta, alguien le llamaba, los primeros segundos se quedó mirando la bien tallada puerta, pero luego decidió que necesitaba un poco de compañía.
Era Rowena con cara de felicidad, Hermione se dio cuenta que era como una niña con juguete nuevo…
- ¡Hermione que bueno que te encuentro! – exclamó la mujer mientras hacía a un lado a la leona mientras entraba en su habitación.
- Pe…pero ¿ha pasado algo? – preguntó Hermione ya alarmada por tanta felicidad en la mujer, Rowena dio varias vueltas sobre sí, Hermione soltó la carcajada al verla en aquel estado de ánimo, parecía una adolescente…
- Hermione, mi querida Hermione…- la mujer se acercó a ella con una enorme sonrisa en los labios, tomó sus manos entre las suyas y continuo diciendo.- una semana Hermione…- dijo sin más ni más.
- ¿Una semana, para qué Rowena? – la castaña levantó una de sus oscuras cejas, Rowena sonrío aún más, en eso, ambas mujeres saltan del susto al escuchar la puerta golpear contra la pared, Helga entró corriendo a la recamara, también se veía muy feliz de la vida.
- ¡Una semana para la fiesta de navidad, Hermione! ¡Es muy poco tiempo eso, no tendremos tiempo para peinarnos, comprar los vestidos! ¡Oh, dios mío, mi dieta! – La regordeta mujer se llevó las manos a las mejillas sonrojadas, Hermione le veía espantada, jamás se había imaginado aquel carácter tan espontaneo en una mujer tan importante.
- ¡Oh, Helga, ya te dije que no necesitas dietas! ¡A demás todos esos hechizos son tan inútiles como las personas que te lo han recomendado! – intervino Rowena.
- ¡Pero Rowena, si no bajo veinte kilos de aquí hasta el día del baile, no cabré dentro de mi hermoso vestido! – definitivamente, aquella mujer estaba haciendo un berrinche por qué había comprado sus vestimentas antes de tiempo y engordado aún más.
- ¿Y por qué no aumentas de talla el vestido? Con un simple engorgio bastaría. – habló Hermione por primera vez desde que Helga había llegado.
- …- Rowena se mordió el labio al ver la cara incrédula de Helga.
- Es verdad… ¡Oh, Hermione tú siempre salvándome al último momento! ¿Por qué no se me había ocurrido antes? – Helga se lanzó contra la castaña para abrazarla después de agradecerle, finalmente se preguntó por qué no lo había pensado antes.
- Será por qué… estás tan emocionada por la fiesta…- susurró la castaña, Rowena le sonrío mientras Helga se dedicaba a soñar con su hermoso vestido ya puesto.
- Ustedes dos están locas.- dijo la joven mientras se dirigía a su escritorio, miró el libro abierto y se dio cuenta de que tenía que encontrar ciertas cosas para su regreso a su época correspondiente.
Godric le había informado poco antes, que el reloj no había tenido remedio, pues hacían faltas unas piezas y que posiblemente sin las originales sería imposible que el gira-tiempos funcionara.
La rosa de los tiempos…
Hermione leyó una de las tantas frases de aquel estupendo libro, cuando llegara a su tiempo, se dedicaría a buscarlo, pero por el momento, tendría que comprar una tiza roja escarlata y esperar a que el invierno se hiciera a un lado…
El hechizo, aunque en latín, era algo que Hermione tendría que aprender, no le era muy difícil, ella había estudiado la lengua años a tras, en su escuela muggle, por lo tanto, se le facilitaría mucho en ese aspecto.
Pronto regresaría a casa.
Con Harry, Ron, Ginny y los demás. Hermione no se dio cuenta, pero sus ojos estaban cristalinos, las ganas de llorar estaban a flor de piel… Rowena se dio cuenta y se acercó a ella.
- Estoy segura de que ellos están bien, mientras tanto ¿Por qué no disfrutas tus vacaciones con nosotras? – la suave y dulce voz de Rowena tranquilizó a Hermione al menos un poco, pero seguía extrañando a sus amigos, su familia…
- ¿Qué es lo que están pensando hacer? –preguntó la castaña de repente.
Helga sonrío.
- Yo tengo una idea.- dijo mientras Rowena y Hermione se lanzaban una mirada cómplice.
Salazar, por otro lado, se encontraba en su oficina cuando las puertas de esta se abrieron, provocando un escandaloso estruendo dentro de esta, levantó sus azulados ojos y ahí estaba…
- Vaya, vaya… ¿a que le debo el honor de su visita, señor Director? – la voz del fundador de la casa Slytherin estaba cargada de cierto odio y rencor hacia Godric, este no dijo nada y se encaminó hacia el chico.
Las diferencias de edades era algo notoria, Godric rondaba ya los treinta, mientras Salazar pronto cumpliría los veintiséis años en aquel mundo.
- Toma, Rowena, Helga y yo te estaremos esperando… iba a mandártela vía lechuza, pero ya tienes días que no te dignas a aparecerte en la sala de reuniones…- Godric dejó el pergamino sobre el escritorio y dicho aquello decidió que lo mejor era retirarse, Salazar ya sabía que era aquello, hizo a un lado el rollo y se puso de pie.
- ¿Y si no asisto? – preguntó secamente, Gryffindor se detuvo justamente cuando abría la puerta.
- Si no asistes… estaré muy feliz de ser el único que bailará con Hermione en medio de toda la pista.- respondió el hombre mientras se giraba un poco para ver la reacción de Salazar, quien simplemente se resignó a apretar la quijada.
- Que falta de creatividad, Gryffindor… ¿Por qué querría yo ir a esa inmunda fiesta…?
- Deja de hacerte el tonto que no lo eres… sabes a la perfección por qué has estado comportándote así… si no fuera por qué eres tú… diría que realmente odias a Hermione… pero que casualidad… te conozco mejor que la palma de mi mano, Salazar… mejor ve admitiendo lo que sientes. – y dicho salió del lugar.
- ¡INFELIZ! – Gritó Slytherin mientras lanzaba un hechizo para cerrar la puerta, esta azotó y el ruido hizo eco por toda la habitación, Godric, de pie dándole la espalda a aquella oficina, simplemente soltó un bufido, aquel hombre era demasiado complicado.
Pero él lo conocía a la perfección.
Sonrío al recordar su charla con Rowena esa tarde después de clases, le había comentado que Hermione había tenido unos cuantos problemas con un par de alumnos de la casa de Slytherin pero que la joven se había encargado de ellos, medio Hogwarts había presenciado como la muchacha arrastraba a Mary Anne Malfoy y Christopher Nott a las Oficinas de Salazar… por las orejas.
FLASHBACK
- Ojala le hubiera visto la cara a Salazar cuando Hermione entró a su oficina con dos de sus alumnos preferidos.- comentó Rowena mientras daba vueltas en la sala, Godric le observaba ir y venir con una sonrisa en el rostro.
- así que se han vuelto a ver…
- y hablar… creo que Hermione ya lo disculpó.- comentó Rowena para la sorpresa de Godric.
- No estaba enterado de ello.
- Tú nunca te enteras de nada Godric, con eso de que te la vives pensando en cómo conquistar a Hermione… muy amigo mío y todo… pero el amor te tiene en las nubes.- Rowena sonrío al ver la cara de espanto que el hombre ponía en ese preciso momento.
- ¡¿Pero qué cosas estás diciendo, Rowena? – exclamó el hombre mientras se ponía de pie y golpeaba la mesa con sus enormes manos.
- ¡Por Merlín Godric! Ya no necesitas seguir ocultándolo, se te nota en la mirada ¡Hasta Helga lo sabe ya! – decía la mujer mientras se acercaba al escritorio del león.
- Que… que Helga ¡¿Qué?
- Por dios, que dramático, deja de gritar que me vas a destrozar los tímpanos…- exclamaba la mujer mientras se cubría los oídos, la muy dramática.
- Pero… ¡Rowena ella es mucho menor que yo! ¡ES IMPOSIBLE!
- ¡¿Y a ti desde cuando te ha importado la edad? Santo cielos, Godric, y fuera de eso… ¿Cuándo le vas a pedir en matrimonio?
- Eh…- o el hombre era muy lento o muy ingenuo, eso era lo que Rowena pensaba.
- Mira Godric, yo sé que Hermione no es de este tiempo si… pero tu mejor que nadie sabes que si ella lo quisiera, sé quedaría aquí y tú le ofrecerías todo lo que estuviera a su disposición… No pongas esa cara… si quisieras de verdad que se fuera…que regresara a su hogar… ya le hubieras dado la rosa de los vientos…- la voz de la mujer se volvió silencio, Godric volvió su mirada hacia la ventana, la nieve no paraba de caer.
- Ella no va a quedarse…- fue lo que dijo antes de ponerse de pie.
- Pero…
- Pero nada, Rowena… y será mejor que no andes hablando sobre esto con nadie, no desearía que Hermione se enterara de estos rumores…- Rowena negó su actitud con un movimiento de cabeza.
- No te entiendo, simplemente no te entiendo yo solo…
- Salazar ya lo sabe… fui a entregarle la invitación para el baile y…
- ¡¿Qué TE DIJO? – Rowena, en un momento a otro, ya estaba frente a Godric, quien le vio anonadado, la mujer parecía querer saberlo todo.
- Rowena… ¿Qué es esta actitud la tuya? Vaya comportamiento…
- ¡Ay, no empieces con tu comportamiento indecoroso y bla, bla, bla…! ¿Qué te dijo Salazar, va a intervenir entre tu gran amor y Hermione, va a luchar por ella, va a…?
- ¡ROWENA POR MERLÍN! ¡Mujeres! – y haciendo berrinches acerca de lo chismosas que eran las mujeres salió Godric Gryffindor de aquella oficina.
- Digo, yo solo quería saber…- susurró Rowena ya estando a solas.
FIN FLASHBACK.
Helga se dirigía a sus aposentos con una enorme sonrisa en el rostro, Hermione le había ayudado a engrandar su vestido, aquella joven del futuro era una maravillosa muchacha, ya sabía ella de lo que esa joven era capaz, e intuía que era poseedora de una inteligencia asombrosa y cuando fuese mayor su sabiduría sería reconocida…
Sonrío hasta que sus mejillas se sonrojaron al ver a Salazar Slytherin andando por el pasillo hacia su dirección, los alumnos iban y venían, el ermitaño joven los empujaba, quitaba puntos a los Gryffindor y aumentaba a los de su casa, cosa injusta.
Helga infló el pecho, estaba dispuesta a ayudar a Salazar a conquistar a Hermione…
- ¡Oh, querido mío! ¿Cómo estás? – preguntó la pelirroja mientras se atravesaba en el camino del más joven fundador, Salazar se detuvo y encogió los ojos al ver a la mujer frente a él, suspiró profundamente.
- ¿Qué es lo que quieres, Helga? – preguntó Salazar directamente, ya sabía que la mujer se traía algo en manos.
Pero le sería muy difícil averiguarlo, podría usar legeremancia, pero la mujer era muy lista, se daría cuenta en cuanto estuviera dentro de su mente, así que no tuvo remedio más que escuchar sus chismes de mujer…
- Oh, muchacho que mal educado ¡Y yo que me preocupo por ti…!
- ¡Ya basta Helga o te lanzaré un maldito expeliarmus! – Salazar simplemente se cruzó de brazos, Helga no le afectó en lo más mínimo aquel comentario.
- Bueno, bueno… no es necesario ya sé que eres bien capaz de lanzarme un Avada…
- Al grano…- interrumpió Salazar ya exasperado por la mujer.
- Bien querido… este fin de semana, Rowena, Hermione y yo vamos a ir a Hogsmeade para las compras navideñas y el baile…
- Me niego…- respondió sin saber que era lo que la mujer iba a decirle.
- ¡No me interrumpas cuando estoy hablando! – gritó la mujer mientras se llevaba las manos a la cadera.
- Oh, Merlín… discúlpame Helga.. ¿Qué ibas a decirme antes de que te interrumpiera? – Helga notó rápidamente el sarcasmo puro y cruel de Salazar, más no dijo nada.
- Bien… ¿sabes de qué color son los ojos de Hermione? Por qué dentro de unos días vamos a ir a comprar su vestido.. ¡No me interrumpas!.. – dijo la pelirroja al ver que Salazar iba a exclamar algo.- Es que Rowena dijo que le quedaría perfectamente un color rojo carmesí, pero la verdad yo no estoy de acuerdo, más no me acuerdo de que color son los ojos de Hermione y la verdad…
Bla, bla, bla, bla, bla…
Era lo único que Salazar escuchaba, el joven de azules ojos soltó un suspiró, de toda aquella charla barata que Helga estaba ofreciéndole lo único que entendió fue algo acerca de los ojos de Hermione y un tal vestido no sé qué…
- "Por Merlín, Circe y Morgana en el inframundo, esta mujer es desesperante…" sus ojos son cafeses…- contestó al saber que el murmullo se había silenciado.
- ¿Qué clase de café? – preguntó la mujer con una sonrisa tierna. (no para Salazar)
- ¡Helga!
- ¡Oh, solo es una pregunta, respondela!
- ¡Tsk! ¡Marrones Helga, marrones! ¡Ya déjame en paz con un demonio! – el hombre pasó por un lado de la mujer, quien sonreía triunfada mente.
- Helga… ¿Qué intentabas hacer con esto? – preguntó Rowena quien estaba recargada a la vuelta del pasillo, lo había escuchado todo.
- Oh, mi querida Rowena… eso significa que Salazar le ha estado poniendo atención a Hermione a cada detalle…
- Godric podría fácilmente decir que color de ojos son los de Hermione…
- Mentira…
- ¿Qué quieres perder? – retó Rowena ya saliendo de su escondite.
- Oh… eso te lo diré cuando se lo preguntemos a Godric amiga mía.
- …- Rowena solo soltó la risa.
Y ambas mujeres se dirigieron a toda prisa hasta donde Godric Gryffindor se encontraba. El hombre estaba en el aula, impartiéndoles clases a los de primer año, Hufflepuff y Ravenclaw eran las casas que compartían clase con el Fundador…
La puerta se abrió y las miradas fueron a dar al par de mujeres…
- ¿Qué sucede? – gritó Godric desde el escritorio.
- ¡¿Podrías venir a fuera solo un momento, querido? – gritó Helga, el hombre frunció el cejo, al ver a Rowena tras de Helga le daba muy mala espina.
Ya fuera del salón.
- ¿de qué color son los ojos de Hermione? – preguntó Helga, Godric sé quedó sorprendido.
- Ustedes dos… ¡¿Me han sacado de la clase por esto? – gritó Godric a punto de perder la paciencia enorme que tenía.
- Si.- contestó simple y sinceramente, Rowena.
- ahora querido Godric…responde.- intervino Helga cruzándose de brazos.
