Hola..!

Solo quiero avisar que ya eh terminado el FIC y que estoy comenzando con una segunda parte, espero les guste... SALUDOS


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Vestida de rojo, Vestida de Verde.

Parte II

A TAN SOLO VARIAS HORAS ANTES DEL BAILE…

Abrió el ventanal y lo primero que sintió fue la brisa helada de aquel invierno, y se asomó por la ventana, aguantándose el frío tremendo que estaba sintiendo en esos momentos, sonrió al recordar cómo se pondría su cabello si seguía exponiéndose a las corrientes heladas.

Entró a la habitación, había visto a uno que otro alumno ir y venir entre la nieve, las huellas se formaban e iban perdiéndose poco a poco, esos engendros del demonio tenían que haber hechizado sus botas para que no fuesen encontrados…

Anteriormente, en su tiempo, Hermione también había hechizados sus botas de invierno para no ser seguida ni encontrada por nadie, después del verano, la temporada navideña era uno de sus estaciones preferidas, y mientras paseaba por su habitación, esperando a que el invierno pasara y pudiera comenzar con los preparativos para su retorno a casa, Hermione vio la verdosa bufanda que Helga le había obsequiado, la prenda era cálida y suave, según Rowena, uno de los pasatiempos favoritos de Helga era tejer, claro, Hufflepuff poseía una cantidad ilimitada de paciencia, claro que si Hermione o Rowena quisieran intentarlo, jampas podrían terminar una bufanda…

- Diablos… ¿Qué rayos? – susurró la castaña mientras tomaba la bufanda entre las manos y con su varita llamaba a un par de guantes, también verdes.

El vestido beige que llevaba puesto esa mañana, ondulaba de un lado a otro al ritmo de sus caderas, Hermione sonreía como niña pequeña mientras se enredaba la bufanda en el cuello, se puso los guantes y alargó su caminata hacia el jardín de nieve que hoy adornaba a Hogwarts.

Helga estaba de muy mal humor.

De eso Rowena Ravenclaw estaba más que segura, pero bueno, perder una finísima copa de incalculable valor sentimental para la dueña, era algo que pondría a llorar a más de uno.

- Yo de verdad quería esa diadema…- susurró Helga mientras veía a través del ventanal.

- Querida amiga… ¿ya te das por vencida? –preguntó Rowena, la pelirroja seguía con la mirada perdida entre la nieve, más no respondió a la pregunta, Ravenclaw, quien se había mantenido sentada todo ese tiempo sobre la cama de su mejor amiga, se puso de pie y se acercó a la pelirroja.

- Tú no viste sus ojos, Rowena, había una profundidad aterradora… y su voz, jamás había escuchado semejante tono… era como si una serpiente me hubiera estado hablando al oído y…

- Definitivamente, Helga… ¿es que no estás enterada de que Salazar habla parsel? – la pelinegra volvió a la cama, recargándose en el respaldo de esta, Helga suspiró.

- Él muy infeliz entró en mi cabeza y me amenazó, por más que Hermione lo hubiera escuchado, Salazar estaba hablándome por medio de Legeremancia y no pude…no pude expulsarlo de mi mente.- Rowena le entendía, ella también había experimentado la invasión a su mente y sabía que Salazar Slytherin era el invasor.

- "¿Pero qué es lo que Salazar anda buscando? " será mejor que lo olvides Helga… ¿Ya preparaste el vestido? – de verdad que le preocupaba lo que Salazar andaba buscando para atreverse a inmiscuirse en las mentes de las fundadoras, entrecerró la mirada, ese hombre era demasiado impredecible.

- Ya lo preparé Rowena… ¡Ah! Por Merlín, jamás creí que diría esto pero… creo que ya no tengo tantas ganas de ir al baile…

- No digas eso… a demás, si te quedas en el castillo es más probable que te encuentres con esa serpiente.

- Es cierto, pero aún sigo preguntándome que es lo que Salazar quería, que se le ocurrió creer que yo lo sabía…

- No tengo ni idea… ahora entiendo por qué Godric lo vigila tanto… Helga, te lo advertimos desde los primeros meses que Hogwarts abrió sus puertas…

- Ya sé, ya sé… no juzgues un libro por su portada…

- ¡Ay por Merlín! Salazar es como esos libros de las artes oscuras Helga… horripilantes por fuera y aún más por dentro.

- No sé por qué tuve tanta fe en que pudiera enamorarse de Hermione.

- Ni siquiera ella lo soporta, ni uno de los dos de hecho…

- Polos opuestos…

- Ya basta, deja eso en paz… si dos personas no se gustan… es eso, no se gustan y no se gustarán nunca…

- Da igual… yo quería tu preciosa diadema…- susurró Helga mientras recargaba la frente en la ventana…

Hermione salió al fin al aire libre, todo estaba tan blanco, tan puro, una tierra inmaculada de toda guerra, muerte, sangre y llanto desgarrador, pero mientras ella disfrutaba de aquellos días en el pasado, sus amigos seguramente estaban allá, peleando contra los mortíos y Lord Voldemort…

La castaña dio un paso sobre la nieve, se sentía tan bien, estaba tan relajada, vio a una que otra alumna perderse en la lejanía, entre la pureza de lo blanco y la luz, Hermione se frotó las manos, una contra la otra para ganar más calor, si, hacía frío y le gustaba, pero esas sensaciones que sentía cuando se frotaba, eran también satisfactorias para ella.

Amaba tanto las grandes cosas, como los pequeños detalles que la vida le daba, por más pequeñas, era mayor si valor, era eso lo que ella pensaba al respecto de ciertas cosas.

- ¡Profesora Granger! – la voz de Charles penetró en sus oídos, Hermione ya había estado un rato merodeando por ahí, sonrío al ver a Charles Potter y a sus amigos jugando entre la nieve, algo alejados del colegio, pero a fin de cuentas juntos.

- Hola Charles…- saludó la joven mientras los jóvenes se acercaban a ella.- ya es algo tarde ¿no acudirán al baile de esta noche? – preguntó la castaña, pero se sorprendió al ver a la única chica del grupo sonrojarse y fruncir el ceño.

- ¡Claro que si profesora! ¡Royce y yo ya tenemos pareja! – y el muchacho sonrío orgulloso.

- ¿Y tú…no iras? – Hermione se dirigió hacia la chica, quien evadió la mirada de Hermione.

- Ella no irá… seguramente estará con las narices metidas en un libro.- intervino el pecoso de Royce.

- ¡Eso no es cierto! Claro que iré Miss Granger, pero lo que pasa es que estos dos burros no creen que iré con David…

- Un chico de Slytherin… - interrumpió Charles, Hermione soltó la carcajada, esa situación ya la había vivido varios años a tras…

Que irónico se escuchaba aquello.

- No te preocupes, si no quieren creerte… es lo de menos ¿No crees? A demás, seguro te pondrás muy linda y todos van a verte…y es ahí, donde van a creer que ese chico te ha invitado.- fue la respuesta de Hermione, la joven, antes triste, ahora estaba iluminada por aquellas palabras.

- No creo eso…- susurró Royce ya cruzado de brazos.

- Tú cállate… Lord Pecas…

- ¡¿Eh? ¡Ya vas con eso de nuevo Charlotte! – gritó el muchacho.

PUFF…

Charles soltó la carcajada al ver el rostro perplejo de su mejor amigo, llena de nieve y con sus grandes ojos desmesuradamente abiertos…

La Guerra comenzó…

Hermione soltó la carcajada, Charlotte se había unido a Charles para conspirar contra Royce, Hermione por otro lado, se había aliado con el enemigo, Hermione después de todo, aún era una chica, algo mandona y con aires de superioridad de vez en cuando, jugaba a la guerra de las nieves ¿desde cuándo que no lo hacía? La Guerra contra Lord Voldemort le había robado muchos momentos en su vida, momentos que pudo disfrutar con sus amigos, con Harry, con Ron, Ginny y Luna, Neville no por qué siempre que salía al frío le daba fiebre o se enfermaba de algo parecido…

Y ahí estaba, la segunda profesora de Hogwarts más joven de todo el colegio, jugando a la guerrilla con bolas de nieve...

Helga suspiró, todo aquello era aburrido, la fiesta no daría inicio hasta ya entrada la noche, se dio la media vuelta para dirigirse hacia su amiga, cuando algo curioso llamó su atención…

Rowena le miró abrir la ventana con violencia, y eso le dio curiosidad así que se puso de pie y se acercó, pero antes de que llegara a lado del Helga…

- Rowena querida amiga… creo que mi fe por ver a Salazar a lado de Hermione aún no se esfuman del todo.- fue lo que dijo mientras ella y Rowena veían a un Salazar caminando sobre la nieve dirigiéndose hacia donde Hermione y tres de sus alumnos se encontraban jugueteando con la nieve.

- Ja, ¿y tú qué crees que haga Salazar? ¿Jugar a la guerrilla junto con Hermione y esos mocosos? – al escuchar eso, a Helga se le iluminaron los ojos.

- "¡Por Morgana y Circe, que buena idea me has dado Rowena!" – por supuesto que aquello no se lo iba a decir, ya sabía que Rowena era bien capaz de arruinar sus planes.

- Helga… Helga ¿estás bien? ¡Helga! – llamó Rowena al ver a su amiga algo ida.

- Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja,… - la mujer soltó la carcajada a diestra y siniestra, su compañera simplemente se dacio a lanzarle una mirada sorprendida.

- Tú estás desquiciada, Helga...- fue lo único que atinó a decir.

Hermione cogió un puñado de nieve entre sus manos cubiertas por los guantes, sonreía como una niña con juguete nuevo, sin saber que una serpiente se arrastraba hacia ella con pasos sigilosos…

Charles soltó un grito de diversión al sentir un suave y frío golpe en la cara, la profesora Granger tenía buena puntería, por otro lado, Charlotte y Royce corrían de un lado a otro, persiguiéndose…

Hermione vio una buena oportunidad para golpear de nuevo a Charles quien había salido huyendo, la castaña sonrío arrogante, ese niño no iba a escapársele de las manos, se agachó para tomar un montón de nieve, comenzó a moldearla y darle forma de esfera…

Una enorme, fría y poderosa bola de nieve, la sonrisa de volvía cada vez más y más grande, la felicidad brillaba en sus marrones ojos…

Y FRIZZZZZZ

El sonido del lanzamiento se escuchaba al abrirse paso entre el viendo fresco de esa tarde…

Charles cayó de espaldas al suelo al estrellarse con algo blando, el muy descuidado se había volteado para asegurarse de que la profesora de encantamientos no viniera tras de él, pero cuál fue su sorpresa al…

- ¡Pro…pro…profesor Slytherin! ¡Yo no quería, perdóneme…! – exclamó el chico realmente asustado, Salazar le veía desde su posición, el mocoso de Potter jugueteando por todos lados, había escuchado sus gritos desde el momento en que puso un pie fuera del castillo…

- Ponte de pie y lárgate de mi vista, escuincle... ¡y fíjese por donde va a la proxi…..! ¡PUAGH!

Charles vio con lujo de detalles como su profesor de Pociones se tragaba media bola de nieve, el resto lo tenía desparramado por toda la cara y una parte de su fina gabardina oscura…

Charlotte y Royce se detuvieron en seco al ver a Charles en el suelo frente al profesor Salazar Slytherin, que para colmo tenía unas partes de su bien peinado cabello, con nieve, mientras este escupía algo que debían suponer era una de esas bolas…

Charles se volvió lentamente hacia a tras, donde se encontraba una anonadada Hermione con los guantes verdes llenos de resto de la evidencia del arma utilizada en la escena del crimen…

Hermione se mordió el labio inferior, jamás había querido golpear a Salazar con aquella bola, sino a Charles ¡Pero ese hombre del infierno tenía la culpa!

La mirada de Salazar se despegó del pobre Gryffindoriano para dirigirla hacia aquella mujer del demonio que se encontraba a unos cuantos metros frente a él.

- Profesor…lo lamento, yo tengo la culpa y…

- Cállese Potter… si sigues hablando te quitaré cien puntos a ti y tu inmunda casa.- fue lo que dijo mientras se arrodillaba a lado del chico.

- Oh, Por Merlín.- susurró Charlotte al ver que su profesor "preferido" cogía entre las manos un montón de nieve.

Sus miradas no se habían despegado en ningún momento, Hermione tampoco fue consciente de lo que la serpiente estaba planeando en su contra… pero su instinto de Gryffindor le indicaba que aquel brillo en ese par de ojos color zafiro, era peligroso… muy… muy peligroso.

- ¡Profesora Granger! – exclamó Charles anonadado al ver como la bola de nieve viboresca se estrellaba en el rostro de la joven mujer.

Salazar sonrío, nadie, pero nadie le hacía algo sin pagar las consecuencias, y más esa Hermione a la cual ya le tenía ganas desde hace algún rato, Hermione no podía creerlo, tenía la boca semi-abierta mientras se sacudía la nieve desparramada en todo su rostro, entrecerró los ojos…

- ¡ME LAS VAS A PAGAR MALDITA VIBORA! – el grito de guerra hizo eco por toda la zona, mientras tres inocentes chicos, eran testigos de algo que jamás creyeron ver nunca…

- Ni en mis más terribles pesadillas creí que esto iba a suceder algún día.

Rowena no podía creerlo, la recamara de Helga estaba llena de los gritos de emoción de la regordeta mujer, mientras ella, ella era testigo de algo que nunca jamás se habría imaginando, Salazar correteando a Hermione con un montón de nieve entre las manos, Hermione intentando contraatacar a su agresor…

Por Merlín que alguien les ayudara.

- ¡Ese es el poder del destino, Rowena! ¡Yo te lo dije, esos dos nacieron para estar juntos! – gritaba la mujer mientras sus ojos iban y venían, siguiendo el ritmo de Salazar y Hermione.

Después de un rato, Hermione se carcajeaba de lo lindo, aventaba y recibía cañonazos de nieve en el cuerpo, Salazar no podría estar demostrando gestualmente sus emociones, pero estaba contento, estaba disfrutando un momento de paz con aquella mujer…

Ella respiraba agitadamente, nunca había corrido tanto, el viento comenzó a violentarse, pero aún así, ellos estaban ahí, uno frente al otro…

Charles, Charlotte y Royce ya se habían pasado a ir, ver a dos profesores disfrutando de un juego que debería ser exclusivos para chicos no era para nada agradable y menos si uno de ellos les provocaba terror todos los miércoles y viernes…

Tres horas por día.

Salazar se recargó a uno de los viejos árboles, le observaba, tenía las mejillas encendidas, sus ojos viajaron de sus ojos marrones hasta sus labios, los cuales tenían un ligero color morado…

Ella le devolvió la mirada…

Salazar era un hombre con muchos secretos, todo el mundo lo sabía, pero Hermione podía ver su alma a través de esos ojos, sabía que estaba disfrutando del pequeño incidente que había nacido entre ellos dos.

Unos ojos brillantes, hermosos…

Eso era lo que uno pensaba del otro.

Se gustaban, él lo sabía, había nacido algo dentro de él que le hacía sentir la enorme necesidad de estar cerca de ella; y no lo entendía, las razones eran inexplicables, casi inexistentes entonces ¿Porqué él, un sangre pura, se fijaba en una mujer como ella?

Oh, claro…

Las cosas que eran imposibles de alcanzar, siempre eran y serán las que más anhelo de poseer se tiene, pero Hermione era un imposible, a demás…

Godric Gryffindor.

Aquel nombre golpeo su mente como una roca en la cabeza, el león siempre había sido su gran rival de toda la vida, y el destino, ahora empeñado a cruzar a una mujer en su camino, le ponía a Godric como su gran rival de amores…

Amor.

No, Salazar no podía estar enamorado, quizá la mujer le atrajera, pero de ahí a que estuviera enamorado de ella era otro asunto.

Ambos decidieron que aquello ya había sido suficiente por el momento, a demás, Hermione tenía que ir a prepararse para el tan esperado baile navideño…

- No puedo creer que alguien con tu intelecto se haya dejado manipular por Helga y Rowena… ella y sus mañanas…- Hermione por alguna extraña razón ya no se sentía tan enfadada con aquel hombre, igual manera ya estaba acostumbrada a no recibir disculpas cada vez que recibía aquel tipo de agravios contra sus orígenes.

- Creo que será divertido…- decía ella mientras intentaba contra todas sus fuerzas mantener la vista en frente.

Helga y Rowena aún se encontraban asomándose por la ventana, una rezando a Merlín que la nieve se tragara a Salazar y que Godric apareciera, la segunda simplemente sacaba su varita sin que su compañera se diera cuenta… y con unos cuantos movimientos de mano y un murmullo casi en silencio…

TRACK's

Hermione se dobló el tobillo.

Helga sonrío divertida y con las mejillas sonrojadas al ver a Salazar atraparla entre sus brazos antes de que la chica cayera al frío suelo.

- HEL-GA…- la pelirroja miró de soslayo a Rowena quien le estaba mandando una mirada asesina.

- ¡¿Qué? no tiene nada de malo que intente ganar la apuesta…- fue su respuesta.

Por otro lado….

Allá abajo en las penumbras del frío.

Salazar la levantó en brazos, mientras que la castaña intentaba digerir lo que había pasado, tenía lastimado el talón y ahora, el hombre que le había atacado, humillado y pisoteado su dignidad por los últimos meses, le cargaba…

Un caballero de oscura armadura…

El volteo a verla mientras le cargaba y se dirigía hacia enfermería, seguramente Madame Wetney podría ayudarla…

- Santo cielos, solo a mi me pasan estas cosas…eh… Gracias…- empezó hablar ella, el silencio era aterrador cuando eran los únicos en andar entre los pasillos.

Hermione volteo a verle, el hombre en si poseía un atractivo asombroso, pero ese carácter ermitaño, arrogante, y entre otras cosas más, le restaban todo aquello, pero en ese momento era aquella serpiente ese caballero con el que Hermione podía verse soñando de vez en cuando…

Con su oscuro cabello despeinado y algunos que otros copos de nieve en estos, Hermione pudo ver a un Salazar divertido…

Había visto esa sonrisa sincera, sus hoyuelos formándose en sus mejillas blancas y esa fuerte carcajada que para nada se parecía a la de Godric…

- Tómalo como una disculpa por lo de ayer…- respondió el jefe de las serpientes mientras volteaba a verla.

- la nieve debe estar afectándonos…- dijo Hermione mientras soltaba un suspiro, él simplemente sonrío de medio lado.

Helga y Rowena habían salido de la habitación para ir a seguir a ese par, mientras tanto, Godric le lanzaba un hechizo a una enorme caja envuelta en papel regalo, faltaba solamente un par de horas para que todo diera inicio, el baile, donde llevaría a Hermione como su pareja, Helga y Rowena estaban más que dispuestas en ayudarlo pero…

No sabía él por qué, pero una extraña sensación de vacío comenzaba a crecer en su pecho.

Salazar dejó a Hermione sobre la camilla, mientras Madame Wetney comenzaba a curarle su herida, el baile…

Salazar se despidió con una silenciosa mirada dirigida a la castaña, que solo atinó a asentir con un movimiento de cabeza y unas gracias en silencio con solo mover sus labios… Salazar comprendió aquello y se dispuso a ir a sus aposentos…

Ya se le había hecho tarde… a demás…

¿Tenía que asistir a un Baile, que no?

Por qué había una hermosa mujer a la que deseaba invitar a bailar una o dos piezas, tal vez más, quizá bailarían toda la noche, o tal vez, pero tal vez… toda una vida.

Se detuvo en medio del oscuro pasillo, sorprendido por sus pensamientos…

No, se decía mientras se llevaba una mano a la frente y sacudía sus pensamientos, tenía mejores cosas que estar pensando que en ella, una sangre sucia que ni siquiera era de ese tiempo, dio unos cuantos pasos, sosteniéndose de la pared, pero al verse recuperado de aquella impresión, se dijo que era una cosa sin importancia, y así como ese pensamiento llegó, así se fue…

Hermione estaba en su habitación, segundos antes había tenido a Rowena y Helga ya listas, bien peinadas y perfumadas y ella…

Suspiro, siempre había sido un desastre, ni siquiera se compró un vestido, llevó su mirada al extraño regalo que descansaba sobre su cama… se acercó a este y sonrío, esas dos mujeres pensaban en todo… pero la castaña se vio sorprendida al ver una pequeña tarjetita sobre el regalo.

"Godric" pensó Hermione después de abrir la caja y descubrir aquel hermoso vestido rojo escarlata del cual se había enamorado. CONTINUARA.