Never.


-La llegada.

Se levantó con más pereza de la acostumbrada, peino un su cabello con los dedos antes de levantarse y buscar las prendas que se pondría. Con suerte y no estarían tan arrugadas ya que se había olvidado de mandar plancharlas. Tomó un veloz baño después de haber notado en su reloj que le quedaba poco tiempo para partir. Ya vestido bajó con la intención de comer algo, observó que ante él se encontraba la rubia esperándolo en el marco de la puerta principal con el rostro enfurecido.

-Llegaremos tarde-dio media vuelta y salió del lugar.

Rió con nerviosismo y partió con el estomago aún vacío.

Este día cumplirían diez meses desde que dejaron de estudiar. Las miradas recayeron en los dos después de haber entrado al salón de clases, un discurso por parte de la profesora les hizo saber nuevamente que tenían que esforzarse mucho para pasar de año. Tomar clases inclusive en vacaciones y días festivos para ponerse al corriente y que el instituto estaría abierto para ellos todos los días. Iban a tener que soportar tediosas horas enfrente de la maestra con libros abiertos.

Anna aún no se hacia a la idea de dejar a Hana en manos de Fausto y Eliza, se encontraba calmada, pero lo extrañaba demasiado, al grado de querer verlo cada cinco minutos. Con celular en mano mandaba mensajes de texto para esperar un "Hana se encuentra bien" como respuesta.

Caminaban los dos como de costumbre de vuelta a la pensión, excepto por los días en que se les cargaba el trabajo, a veces a uno más que al otro. Disfrutaban el camino porque eran valiosos minutos donde podían estar solos, recorrían a veces largas distancias dándole vueltas al centro de la ciudad, tardándose hasta dos horas en llegar.

Al llegar a la pensión, caminó sin distraerse hacia su pequeño cargándolo después de habérselo quitado a Ryu y se dirigió hasta su habitación. Ya ahí depositó a Hana en su cuna junto a varios juguetes. Entonces, sentada en un pequeño banco permaneció toda la tarde junto a él.

Yoh la observó entre sombras salir de aquella habitación que por durante horas ella se encerró, se acercó y le ofreció un tierno beso en la mejilla, el cual rechazó al momento de sentir la respiración topar en su suave y blanca piel.

Al ver la reacción, algo extrañado posó su mano en el delicado hombro. Su rostro enmarcaba un tono serio.

-¿Te pasa algo?- cuestionó mirándola directamente a los ojos.

-Solo estoy un poco cansada….-respondió alejándose y con esas palabras terminó la conversación.

Yoh la vio alegarse. Por un momento pensó en dejarla en paz, pero sus ansias por saber lo que le ocurría lo impulsó a seguirla.

Sus pasos fueron tranquilos con la intención de no molestar a los demás inquilinos, cuando llegó a su lado, la voz no quería salir, sin embargo se armó de valor tartamudeando el nombre de la itako. Notó que una tenue luz entraba por la ventana iluminando parte de la habitación, ya cerca, se arrepintió de hacerle mas preguntas y un silencio los invadió.

-¡Déjame en paz!-gritó en un tono demasiado alto como para la noche-Toma la siguiente habitación.-

Dudoso y confundido se puso de pie, paseándose por el lugar trató de relajarse y aclarar ideas en la cabeza. Al final se preparó y se dispuso a dormir sin dirigirle la palabra.

La mañana siguiente fue tranquila y rutinaria, el silencio reinó por parte de los dos durante el camino de regreso a la pensión. Extrañado quiso entablar una conversación más de dos veces, arrepintiéndose después de observarla.

Por la tarde llegaron sin avisar varios de los shamanes como todos los días, al notar a Anna enfadada preferían evitarla y charlar entre ellos. Ella no sabía si se habían puesto de acuerdo o si solo era una coincidencia, pero al ser ya la tercera semana que hacían lo mismo dudaba mucho que lo hicieran si planear algo.

Al principio todos comenzaron con un tema en común, mas tarde se dividieron en grupos con la intención de hablar cada uno de lo que quería. La rubia se dispuso a acompañarlos solamente con su presencia. Se sentó en una esquina algo retirada de Yoh y comenzó a leer un par de revistas que se encontraban a su alcance.

Las dos horas pasaron algo lento para ella. El insoportable ruido no cesaba y cada vez la estresaba más. Levantó un poco la cabeza, volteó hasta donde estaba Yoh y al encontrarse con su mirada le hizo una seña de desagrado, lo que extraño demasiado al shaman.

Al acabar con las revistas, Anna se puso de pie y empezó a caminar hacia las escaleras deteniéndose en el primer peldaño al escuchar que llamaban a la puerta.

Con un andar lento llegó hasta la entrada y frente a ella se encontraba la figura de una joven un poco menor que ella, con tez blanca, cabello obscuro y ropa fina.

Sus recuerdos no la llevaban a nada que no fuera un presentimiento de haberla visto en algún otro lado.

-Anna-dijo con voz aguda y haciendo una reverencia.

La rubia no habló. Solo se dedico a pensar un rato en como debía de recibirla.

-Y tú quie…-no pudo terminar la frase ya que aquella joven se abalanzó a ella hasta abrazarla tiernamente.

Estaba confundida, pues intuía que debía estar contenta con su presencia, solo que no sabia porque.

-¡Nunca mas me separaré de ti!-dijo susurrándole al oído

Anna solo la miraba con curiosidad mientras una tercera persona se acercaba a ellas.

-Perdone ¿Cuál es su nombre?-preguntó Tamao observándola sonriente.

-Soy Sasury Saiki, ¡la mejor amiga de Anna!-dijo casi gritando mientras que la rubia solo callaba.

-¿Sasury?- pensó mientras que zafaba de aquel agarre.

El nombre se le hacia conocido, tenia que remontarse en el pasado para acordarse de aquella persona que tanto afecto demostraba tenerle.

Segundos más tarde, un recuerdo le vino a la mente. Dos pequeñas de tan solo 6 años que eran inseparables, una que necesitaba compañía y la otra que escondía un enorme secreto.

Su rostro reflejó de repente una gran sorpresa, su piel se erizo en cuanto los limitados recuerdos volvieron a su mente. La agarró de los hombros y la separó rápidamente de ella.

-¿Qué haces aquí Sasury?-preguntó mientras su rostro estaba casi perplejo.

-Vine a visitarte Anna...-el tono de su voz era un poco dulce, ladeó su cabeza y prosiguió-¿No te agrada que esté aquí?-

Anna no sabía que hacer, la sorpresa era tanta que su cuerpo no reaccionaba. Las manos de la otra chica llegaron hasta su espalda, y un tierno abrazo se apoderó de ella.

Tamao miraba con muchas dudas desde un punto cercano. Caminó a ellas y preguntó si les podía ofrecer algo. En cuanto ellas se separaron, la miraron y negaron con la cabeza.

-Tenemos que hablar-dijo Anna tomándola de la mano y llevándola consigo hasta su habitación.

Ya ahí, Anna se recargo sobre una gastada mesa de madera y tornó los ojos hasta ella. Suspiró profundamente tratando de relajarse.

-¿Quién te dio la dirección?-preguntó con curiosidad.

-La señora Kino-respondió sin menor preocupación.

Anna quedo inerte ante tal respuesta, subió la vista con una mirada de interrogativa. Su acompañante solo le sonreía y prosiguió recargándose en la pared más cercana.

-Ella me dijo que viniera a verte y que me quedara por un tiempo-

-Bien…-susurró cerrando los ojos y recordando datos de su pasado.

Un eterno silencio inundó la habitación, en instantes las dos tenían intenciones de seguir platicando y también la corazonada que la conversación se alargaría toda la tarde y parte de la noche.

Anna debía averiguar acerca de su pasado.

-Disculpe…pero preguntan por usted- dijo una tercera voz en el marco de la puerta.

Tamao se encontraba con la mirada baja y la típica timidez que la caracterizaba. Se acercó a ellas hasta quedar a un lado de la sacerdotisa a esperar alguna respuesta mientras que Sasury solo se dedicaba a observar la apariencia de la rosada.

-Ahora bajamos…-su voz fue clara. Tamao solo se dedicó a escuchar, y en cuanto acabó dio media vuelta y salió de la habitación.

El silencio volvió a reinar. De un momento a otro Anna comenzó a caminar, se detuvo cerca de la puerta, dio media vuelta y vio los sombríos ojos de la joven.

-Vamos…-ordenó

Sasury al escucharla empezó a caminar detrás de ella. Al llegar y estar frente de los presentes, Anna se dispuso a presentarla.

-Ella es Sasury…-habló con la voz un poco fuerte

Al acabar, la mayoría de ellos volteó a verla. Sus miradas recayeron de una forma muy particular, ya que tenían curiosidad.

-Mucho gusto…-habló con una sonrisa en los labios-Soy Manta Oyamada-

-Igualmente-respondió Sasury regresándole extendiéndole la mano como signo de saludo.

Los demás la veían mientras que Yoh se acercaba a ella con Hana en brazos. Al estar en frente se presentó.

-Yo soy Y…

-Yoh…tu debes ser su esposo-dijo señalando con la mirada a Anna-Y él debe ser el pequeño Hana-

Al escuchar, la rubia volteó con la mirada de curiosidad. ¿Cómo podía saberlo?

-La señora Kino me habló de ustedes-dijo casi adivinando sus pensamientos, ladeó la cabeza y colocó después en su rostro una pequeña sonrisa-Me voy a quedar un tiempo por ordenes de ella, espero no incomodar…-

Yoh no hablo, solo negó con la cabeza.

Aquella joven no le inspiraba al castaño más que desconfianza. No sabia porque, pero solo con verla le producía una serie de escalofríos.

Él se acercó un poco mas a Anna, la cual vio en sus ojos una clase de inseguridad en ellos.


Los días fueron pasando algo lentos, las horas dentro de la pensión parecían eternas cuando Yoh se encontraba solo. Aunque esto comenzaba a ser una rutina, no se acostumbraba de nuevo a la soledad ya que desde su matrimonio Anna no se separaba de él…hasta ahora.

A la llegada de aquella joven, las tardes nunca volvieron a ser iguales. Para Anna los nuevos planes consistían en salir y enseñarle a la nueva huésped lo que era la ciudad. Aquellos primeros tres días en que empezó a salir la rubia, éste se quedaba con el pequeño Hana, pero al cuarto todo cambio, se encontraba completamente solo.

No era extraño que Anna deseara distraerse un poco ya que había varias veces en las que había mencionado su inconformidad de estar las veinticuatro horas dentro de la pensión.

Pero… ¿Quién era aquella joven que la trataba con tanta confianza? mas bien… ¿Por qué nunca la había mencionado? Eran preguntas que la misma Anna no se respondía, ya que ni ella misma recordaba por completo a esa joven.

Yoh caminaba dentro de la pensión tratando de descifrar que hacer ante esa situación, mas no obtuvo respuesta. Recordaba como las órdenes de permanecer dentro de aquel lugar fueron repetidas varias veces por la itako.

-¿Por qué me quiere tener aquí?-pensaba una y otra vez mientras comenzaba el sonar del teléfono.

Al contestar una sonrisa se formó en su rostro, la voz del otro lado le hablaba de salir un rato sin que la rubia se enterara, Yoh lo pensó un momento para después obtener la respuesta.

-Esta bien Manta-

-Voy para allá Yoh-

Al colgar recorrió con la mirada aquella habitación, volteó hacia el reloj observando cuidadosamente el tiempo que tendría antes de que la rubia llegara, sonrió levemente y camino inseguro hasta la salida.

Después de caminar varios minutos visualizó a su pequeño amigo saludándolo desde un frondoso árbol, correspondió el saludo para después acercársele. Desde la llamada Yoh sabia cuales eran las intenciones de Manta ya que en la pasada reunión las preguntas fueron creciendo a raíz de conocer más a Sasury.

-Veo que Anna sigue saliendo con ella…-comentó el pequeño sin voltear.

Yoh solo se detuvo a observarlo mientras formulaba la respuesta ya que los dos prácticamente apenas la conocían. De su boca lo único que pudo salir fue un pequeño suspiro, colocó una sonrisa en su rostro y siguió caminando con Manta atrás de él.

Al llegar a un pequeño parque se detuvieron frente a un puesto de golosinas, Yoh compró varios dulces mientras que el rubio solo lo veía fijamente.

-¿Qué crees que va a pasar ahora Yoh?-preguntó susurrando.

-No se-contestó sin decir mas.

A lo mucho, lo único que pudieron decir del tema fueron esas palabras. Platicaron después de asuntos inconclusos que habían dejado desde la última vez que se vieron. Risas se dejaron escuchar un buen rato antes de que alguno se diera cuenta de que debían volver. Prometieron salir mas seguido y caminaron de vuelta.

Dentro de la pensión Anna ya los esperaba, sentada frente a la puerta con la mirada hacia el reloj que momentos antes había contemplado el castaño. Con calma caminó hasta ellos, sus rostros palidecieron al verla a escasos centímetros, bajaron la cabeza y esta comenzó a alzar la voz poco a poco reprendiéndolos por no hacer los deberes que tenia para él.

Sasury cuidaba de Hana, entretenido gateaba por el pasillo del segundo nivel, ésta bajó un par de escalones al escuchar gritos, quedo inmóvil un par se segundos al darse cuenta como la rubia tenia el control absoluto sobre el shaman, sonrió para ella y se retiro para descansar tomando del piso al pequeño entre sus brazos y se lo llevó consigo.

El día siguiente todo parecía mas tranquilo, solo se encontraban los tres ya que el resto salia o había vuelto a casa. Yoh por su parte preparaba la comida mientras que las dos esperaban pacientes frente al televisor.

-Anna yo…-habló asomándose por la puerta mientras que ella apenas volteaba a verlo-Quiero hablar contigo-

-Anna ¡te necesito!- dijo con urgencia la otra chica.

No sabía que hacer, por un lado su relación con Yoh estaba fatal y por otro si quería saber quien era Sasury tenia que estar con ella el mayor tiempo posible.

-Parece que Hana está llorando-sentenció caminando al lado contrario de donde estaban.

Salió en silencio cuidándose de la mirada de alguno de los dos, dirigiéndose hacia un teléfono público, marcó un número y esperó.

-¿Quien es ella?-preguntó Anna antes de que saludaran.

-Veo que tu memoria te esta fallando…-

Tal fue su desconcierto que no pudo hablar mas, a pesar de tener tantas preguntas guardadas en la cabeza.

-Sasury y tu eran muy unidas…-suspiró y prosiguió-Me parece ilógico que la olvides tan fácil-

-Disculpe, mi mente debe estar en otro lado…-

-¡Claro!-interrumpió la anciana-¡Tu eras todo para ella!-

Aquellas palabras la hicieron sentir algo culpable por no recordarla, pero todo era tan borroso y confuso.

-Sasury…-susurró

-Anna-dijo una tercera voz detrás de ella haciéndola sobresaltar y con ello colgar el teléfono.

La rubia soltó un suspiro, no quería voltear ya que sabía perfectamente quien era, cerró los ojos y trato de calmarse.

-Sasury…-la llamo-¿Qué haces espiándome?-

-¿De verdad, no me recuerdas?-preguntó con la mirada baja.

-No-respondió.

Anna no quería confesarle aquello, pero sabía porque las había separado, la verdad saldría con el tiempo y prefería esperar. Trató de acercarse a la joven y mostrarle algo de cariño, lamentablemente su carácter no se lo permitía.

-Juraste que estaríamos unidas-dijo con voz quebrada.

-Lo siento-habló para después llevarse una mano hasta la cabeza-Pronto lo hare…pronto podre recordarlo por completo y…-

-¿Recordar?-interrumpió-Yo te hare recordar-

La joven sujetó la mano de Anna y comenzó a caminar hasta llevarla a una banca cerca de un establecimiento, se acomodaron mientras que las miradas se cruzaban.

-Recuerdo…solo una pequeña parte-comenzó Anna-Yo era pequeña y tenia solo una amiga-

-Así es-susurró

Aquel no era un lugar muy propio para conversar tranquilamente… ya que el vaivén de la gente la distraía por completo. Las dos bajaron la mirada tratando de encontrar las palabras para seguir.

-Yo entrenaba a tu lado-comentó-Hasta que decidieron traerte…-

Anna la observaba, su rostro se veía triste mientras que el propio estaba confundido.

-Ya veo-

-Recuérdalo Anna…-dijo posando una de sus manos en la pierna de la rubia.

-Anna…es hora de irnos-

-Me quedare-

La pequeña rubia trataba de imponerse frente a la anciana aunque sabía perfectamente que no solucionaría nada.

-Ve…yo después tratare de buscarte-habló su acompañante mientras le sonreía.

En aquel entonces Anna debía de hacer un radical cambio de vida, pero ella solo quería hacer lo contrario. Quedarse y vivir con su única amiga.

-Solo…-suspiro-Te recuerdo en pequeñas ocasiones-

-No importa…con el tiempo se agrandaran los recuerdos-

Sus palabras eran sinceras, pero al acabar de hablar una pequeña y cínica sonrisa apareció en su rostro…mientras Anna forzaba su mente, Sasury no quitaba su delgada mano de la pierna de su acompañante, sino al contrario, cada vez mas la subía y con ella la tela de la prenda de la rubia.

En la pensión solo se dejaba escuchar el teléfono, y lentamente Yoh se acercó a el para contestar.

-Yoh… ¿sabes donde esta Anna?-preguntó Manta desde adentro de un pequeño comercio.

El castaño se detuvo a pensar, por más que le deba vueltas suponía que estaba en compañía de la nueva huésped.

Continuara…


Nota: Never se encontraba en mi antigua cuenta (para aquellos que ya lo habían leído) y decidí traérmelo.

Gracias por leer.