12
TSSSSE ASSSSME.
La Despedida.
- ¡Escucha lo que tengo que decir, por lo menos! – gritó Hermione tras la puerta, sabía que él estaba ahí, había gastado dos horas de su valioso tiempo en buscarlo, la mañana no tardaba en ser medio día y ese medio día se convertiría en su llave de regreso, no podía ser un minuto más ni un minuto menos, pues la posición del sol sobre el sello era pieza clave para llevar a cabo aquel hechizo que la regresaría a su tiempo.
Se había encontrado a Salazar vagando entre los pasillos, pero el muy orgulloso no se dignaba a encararle o simplemente detenerse para escucharla en silencio, no, y eh ahí donde él le había arrastrado, su habitación, donde con su varita apuntándole sin la necesidad de voltearse a verla, le cerró las puertas en las narices…
- Abre la maldita puerta, Salazar…- se estaba enfadando, pero aún así, sabiendo que la castaña estaba tras la puerta, intentando hablar con él, no hacía absolutamente nada, al contrario, había lanzado un hechizo silenciador. Odiaba el escándalo.
Hermione frunció el ceño, había pateado, golpeado e incluso lanzado cosas contra aquella infame puerta, intentó abrirla con un alohomora, pero era imposible, Salazar había hechizado su habitación para protegerla de cualquier daño…
Ella solo quería hablar con él, respirando agitadamente, sé quedó observando la puerta, esperando el momento en que el arrogante hombre saliera a darle la cara… ella solo quería decirle que…lo amaba.
Sentía los ojos calientes, seguramente las malditas lagrimas estaban a punto de salirle del alma, pero no, no debía llorar, mordiéndose la lengua y apretando los puños, se tragó cada una de esas lagrimas que estaban a punto de salir de sus ojos…
- "Hermione…no llores por él." – recordó la voz de Godric diciéndole aquello.
Se acercó una vez más a la puerta, mordiéndose el labio inferior y recargando su frente en la puerta de madera, estaba fría, cómo aquel orgulloso hombre que se encontraba encerrado tras ella…
- Sé que estas molesto conmigo, igual o más de lo que yo lo estoy contigo, pero tienes que salir… ya está todo listo para que me marche y yo…solo quiero decirte algo ¡Es que es tan difícil hacer que salgas y me des la cara! ¡¿Tan orgulloso eres?
Y a pesar de eso, no salió, Salazar no la escuchaba, y él, sentado frente a su escritorio, leía y transcribía ciertas frases sobre los pergaminos, la vida y muerte de los Basiliscos era un tema asombroso, a demás, él intentaba hacer que Sly, cómo tenía pensado nombrar a la bestia rastrera, tenía planeado que el animal mitológico viviera por siempre…
Hermione retrocedió unos cuantos pasos, con el ceño fruncido y el orgullo por los suelos, solamente quería despedirse de él, contarle lo que recientemente había descubierto sobre sus sentimientos…
Ella no sabía que Salazar no la escuchaba, así como tampoco sabía que Godric Gryffindor se encontraba recargado en la pared a las afueras de la sala común de los fundadores…
Y con sus ojos cerrados y su corazón estrujado, Godric comprendió que Hermione no era para ella, y aunque ella se quedara, sabía que Salazar era el dueño del corazón de la chica…
Hermione vio por última vez aquella puerta, imaginándose al dueño de la recamara frente a ella, pero solo era eso, una imagen causada por el deseo de verlo ahí…
Se mordió la lengua y susurró, recordando algunas cosas que Harry le había enseñado acerca del lenguaje de las serpiente… Pársel.
- Sersssel…seeam… tsssse assssme.- dijo poco antes de darse la media vuelta y salir corriendo.
Y salió corriendo hacia la futura sala de los menesteres, sin percatarse de la presencia de Godric, quien le vio marcharse y con los ojos profundamente oscurecidos, el león entró a la sala de los fundadores… escuchó entonces el ruido de un objeto arrastrándose…
Levantó su mano con la varita fuertemente apretujada entre sus dedos, su quijada cerrada con fuerza y con una furia revoloteando en su corazón…
- Fermaportus.- susurró Godric, sellando la puerta para que Salazar no saliera, no mientras Hermione siguiera en la época.
Salazar Slytherin dejó caer pesadamente la pluma al escuchar aquel susurro, era algo que simplemente no creía, era la voz de Hermione pero… ese sonido, ese silbido que…
- Pársel…- se dijo mientras arrastraba la silla hacia atrás y se ponía de pie, quitando todos los hechizos que había lanzado contra su recamara…
Su mirada, angustiada por alguna razón, se mostraba a la vez brillante, ella lo había dicho, había confesado algo que él muy cobardemente se había negado a hacer…
Se lanzó a abrir la puerta…
Helga y Rowena le vieron salir corriendo, cruzando los pasillos, la pelirroja torció la cara al ver el gesto de enojo en la cara de Hermione.
- ¿ahora que le hizo esa víbora? –preguntó Rowena, quien también se había percatado de aquello.
Hermione se detuvo justamente frente a la enorme puerta, aún estaba ahí por alguna extraña razón, había corrido demasiado y ahora a consecuencia de eso, le hacía falta el aire…
Era una mujer orgullosa, nunca más, se había dicho, se rebajaría a hacer algo como lo que había hecho con Salazar ¿Cómo era posible odiar a alguien y amarlo a la vez? ¡No entendía! ¡y se odiaba por ello!
Sacó las tizas y el pequeño trozo de pergamino del bolsillo de los pantalones, los cuales había reparado unos días antes, por qué sabía que iba a volver…
Miró la puerta y luego los gises…
- De verdad me alegro de haberlos conocido… a todos "sin excepción alguna" – se dijo mientras que no pudo evitar pensar en aquello.
Salazar forcejeaba contra la puerta ¡¿Qué diablos estaba pasando? ¡¿Por qué la maldita puerta no se abría, maldición?
- ¡Maldita sea, ábrete! ¡Alohomora! – gritó ya un exasperado Salazar, Godric bajó la varita y se dio la media vuelta, pasando a desaparecer del lugar, tenía que ir tras Hermione, hacer su último intento por que se quedara…
Y si no… al menos Salazar tampoco la tendría.
- ¡Bombarda! – lanzó el hecho explosivo, pero la maldita puerta seguía ahí, completa y sin ningún rasguño, Salazar apretujó los dientes y frunció el ceño, aquello no podía estar pasando, no podía, estaba claro lo que ella le había confesado pero… ¿Por qué Hermione hablaba Pársel? Se preguntaba.
Helga se había quedado en el pasillo, Godric había ido tras Hermione y Rowena tras Godric, pero algo no encajaba en esa escena, había visto el rostro de Godric cuando pasó por su lado, su mirada raramente oscurecida…
- Maldito león…- susurró la mujer y se lanzó hacia los aposentos de Salazar.
Estaba cansado, había hecho lo que Hermione había intentado en vano hacer, abrir la puerta a patadas, puñetazos, hechizos… y él no se movió cuando ella estaba ahí, ofreciéndose a él en bandeja de plata.
Maldito su orgullo por siempre.
- ¡Maldición, que te abras jodida puerta! – gritó el hombre ya exasperado mientras se lanzaba contra la puerta, intentando derrumbarla con su propio cuerpo…
Helga escuchó el grito, estaba sorprendida al descubrir la razón por la cual, Salazar no había ido tras Hermione, frunció el ceño y dio vuelta a la perilla descubriendo que estaba atracada mágicamente.
- Finite incantatem.- susurró la mujer poco antes de abrir la puerta, soltó un grito de sorpresa al ver a Salazar corriendo hacia ella, por suerte la mujer se hizo a un lado, pero Salazar no tuvo tanta, pues fue a parar al suelo.
- Ten cuidado por dónde vas, Salazar! – se burló ella mientras el hombre se ponía de pie, su cabello despeinado cayendo a los lados, Helga pensó que no podía verse más atractivo.
- ¡¿Dónde está Hermione? – exigió Salazar bastante enfurecido.
- Está a punto de irse…
- ¡¿Qué?
- Godric te ha encerrado para que no vayas…
- ¡¿QUEEE?
- Ve tras ella muchacho… ¡¿A QUE ESPERAS, LARGATE? – Helga le dio una patada en el trasero, este se impulso y volteo a verla con una mirada asesina hacia ella.
- Gracias…- soltó la serpiente y salió corriendo, no sabía hacia donde, pero confiaba en sus instintos…
Mientras tanto…
Hermione había acabado con el pentagrama, Godric y Rowena estaban ayudándole a terminar de trazar los cinco puntos de la estrella blanca…
Se puso de pie y observó la llave del portal que la llevaría a su tiempo, donde debería estar, de donde no debió haber salido…
- Esta todo terminado… ya solo falta que entres al círculo y recites el hechizo…- comentó Rowena mientras veía a Godric y luego a Hermione.
- Si… lo sé… no sé por dónde empezar pero… muchas gracias a todos, realmente disfrute mucho de su compañía y creo que sin su ayuda yo…
- No te vayas…- la ronca voz de Godric le hizo detenerse.
- Godric…- le nombró ella, él se acercó a la muchacha y bajó una rodilla al suelo, tomando su mano entre las suyas.
- Hermione… el portal no es seguro… tal vez no logres hacerlo bien, y por Merlín que no quiero verte herida o que te pase algo, por favor…quédate…- le había dicho mientras frotaba su mejilla contra la de ella, la castaña simplemente no dijo nada, levantó la mirada hacia Rowena, esta permanecía seria, la mujer se encogió de hombros.
- Godric… tengo que irme, mis amigos deben estar preocupados por mi… y hay una guerra que…
- Salazar tiene algo que ver en esa guerra ¿Verdad? Algo me dice que tal vez no directamente pero…
- Por dios Godric… ¿Por qué te empeñas tanto en echarle la culpa de todo?
- ¡Por qué lo tiene! ¡Por qué es por él por el que has decidido irte! ¡Yo intento retenerte a mi lado pero…no puedo!
Y Hermione sintió como Godric Gryffindor dejaba caer su mano, el hombre se puso de pie y se acercó a ella, recargando su frente en la de ella…
- Quédate, me dijiste que me enseñarías un hechizo para olvidar, bien… lo haré, pero quédate… no te hará falta si estás a mi lado, Salazar no volverá a molestarte…lo juro.
Rowena simplemente no tenía palabras para describir aquello, sabía por la mirada de Hermione que aquello no iba a hacer posible…
La castaña se abrazó al pecho del león, este simplemente hundió su rostro en los rizos de ella, olfateo su aroma a madera fresca…
- Sabes perfectamente que no puedo quedarme, y agradezco que me estés ofreciendo una vida sin problemas, sin guerra…eres tan gentil… pero Godric… ¿Tú te quedarías en un lugar que n oes tu hogar a sabiendas de que las personas a las que estimas y quieres…están sufriendo?
Por la mirada que Godric puso, Hermione supo que él no sé quedaría por nada del mundo, que lucharía hasta que la última gota de vida fuera derramada de su cuerpo, que defendería lo que quería y protegería a las personas queridas.
- Entiendo…- susurró el hombre mientras levantaba la mirada.
Hermione hizo un intento por sonreírle, pero no pudo, se giró, suspiró y entró al pentagrama, el dibujo mágico identificó inmediatamente la energía mágica de Hermione, y como era de esperar, su reacción fue, que cada hechizo escrito que formaba la estrella, comenzó a brillar…
La estrella comenzó a girar y cada palabra empezó a despegarse del suelo, flotando alrededor de la castaña, Rowena se acercó a Godric, quien simplemente se dedicaba a observarla lo más posible, no quería olvidarla…
Quería guardar su hermosa imagen dentro de sus recuerdos por siempre.
- Adiós Hermione…- se despidió el hombre mientras hacía una reverencia, Rowena sacudió su mano, despidiéndose de la muchacha.
Los rizados cabellos de Hermione parecían tener vida propia, flotando de un lado a otro debido a la energía, Hermione cerró los ojos, imaginando a su querido Salazar…
Al abrir sus ojos, levantó el rostro al cielo, el astro solar estaba justo sobre su cabeza, la luz golpeo su mirada marrón…
- "aqua, igniset terra,deveterireceptasententiavocismussitatiotraherecumanimoventus etaperuitmeos oculosattollitspiritum meumibiin sempiternum"
Su voz apenas fue audible, el viento comenzó a violentarse, Rowena se cubrió el rostro con sus manos y Godric simplemente empequeñecía los ojos…
Hermione estaba a punto de desaparecer... e ir a casa.
Salazar encontró la sala, dio una fuerte patada a la puerta y entró, lo que vio lo había dejado desencajado…
Helga se detuvo a su lado, la mujer simplemente estaba a punto de atragantarse con su propia saliva, Hermione estaba a varios metros, flotando en el aire, mientras su voz conjugaba un complicado hechizo muy antiguo…
- ¡HER….! – Salazar estuvo a punto de llamarla, pero el puño de Godric fue a estamparse contra su mejilla, Helga soltó un fuerte grito, Rowena intentaba apartar a Godric de Slytherin.
- ¡Detente Godric, por favor, no! – gritaba Rowena.
- ¡Salazar! – llamaba Helga ya horrorizada.
Salazar se había tambaleado hacia a tras, estaba impactado por el golpe y por la sorpresa, sus ojos azules fueron a dar a un furioso Godric, quien le miraba asesinamente, fue en ese momento cuando Helga se dio cuenta de que la serpiente era más oscura de lo que pensaba…
Slytherin contraataco, mientras la voz de Hermione rezaba a los hechizos antiguos, y una intensa luz verdosa comenzó a iluminar en medio de los sellos y el pentagrama…
Godric era por mucho más fuerte que Salazar, su tamaño y el poder de sus golpes eran por mayor impacto, el profesor de las artes oscuras y de pociones lo estaba comprobando, Helga intentó intervenir pero la mano de Rowena sobre su hombro se lo impidió…
- Saldrás lastimada…- le había dicho.
- Hermione es la única que puede detenerlos…- la pelirroja hizo ademán de ir a llamar a Hermione pero Rowena se interpuso.
- ¡¿Estás loca? ¡Hermione está a mitad de un hechizo muy peligroso, un paso en falso y explotaría…!
- ¡Godric va a matar a Salazar! – le contestó la mujer.
Hermione vio un segundo pentagrama color verde esmeralda frente a ella, luego, en medio de la estrella resurgió un circulo, en el cual comenzó a ver el bosque prohibido a través de él, sintió la felicidad recorrer todo su cuerpo al saber que esa era la época a la que pertenecía, podía oler el aroma a muerte y el fuego quemando la carne de sus víctimas…
Ese era el mundo al que tanto odiaba pero tenía que proteger y defender…
Donde sus amigos se encontraban…
- ¡SALAZAAAR! – Hermione se estremeció al escuchar el grito de Helga, la muchacha bajó la mirada, ahí estaba Godric golpeando a Slytherin, volvió su mirada hacia arriba y luego volvió a bajarla…
Iba a matarlo…
Estaba haciéndole daño…mucho daño.
- Basta… basta Godric… ¡Detente! – gritó Hermione con la voz desgarrada, Rowena logró escucharla y junto con Helga, levantaron la mirada al cielo, Hermione intentaba bajar, braceando entre las letras del hechizo, las cuales iban y venían de un lado a otro alrededor de la castaña, Rowena le miró con horror, Helga simplemente intentaba comprimir un paro cardiaco…
- ¡Detente Hermione, estas a mitad del hechizo! – gritó Rowena mientras se acercaba para que la muchacha pudiera escucharle.
- Oh, Merlín, no permitas que algo malo le pase.
- ¡VA A MATARLO! – se oyó el grito de Hermione…
Y la verdosa luz se volvió rojiza… Rowena estaba perpleja, el cambio de color no significaba más que otra cosa, las emociones de la castaña estaban interfiriendo con el hechizo…
- Hermione… ¡DETENTE PUEDES MORIR! – gritó Rowena mientras levantaba los brazos, Helga simplemente no podía ni hablar, la luz era tan roja como la sangre…
Salazar logró hacer a un lado a Godric, este estaba a punto de lanzarse de nuevo contra la serpiente, pero el grito de Rowena le estremeció hasta el alma, ambos hombres se volvieron para presenciar lo que estaba pasando…
- Hermione…
La castaña seguía intentando avanzar, salir de aquel portal, pero… unos extraños lazos comenzaron a rodearle, lazos muy parecidos a tiras de largas venas, Rowena cayó de rodillas…
El cuerpo de Hermione comenzó a cubrirse por aquello. Salazar intentó entrar dentro del pentagrama pero fue expulsado por una fuerte corriente mágica, Godric fue tras la mujer, buscando una oportunidad que al igual que Salazar no pudo cometer...
- ¡HERMIONE! – gritó Salazar en el momento en que se puso de pie, la muchacha se sacudía dentro de aquello que le ataba, podía ver a Salazar y Godric intentando una y otra vez entrar al campo para ayudarla, Helga lanzaba hechizos a diestra y siniestra sin obtener ninguno, algún resultado satisfactorio…
Y la vista comenzó a oscurecerse…
- ¡Mierda! – gritó Rowena ya exasperada al ver como aquellos lazos extraños retrocedían, llevándose a Hermione a sabrá Merlín donde…
- ¡HERMIONE! – gritó Salazar segundos antes de que el lugar se envolviera bajo una ola de polvo verdoso y rojo…
El lugar se volvió un campo de silencio…
Salazar y Godric se miraron, el miedo se podía ver en sus ojos a leguas, ambos hombres simplemente se volvieron para esperar el momento en que el polvo se disipara…
- ¡Oh, Dios mío, Oh, dios mío! – El grito de Helga alarmó a los tres fundadores restantes, Rowena intentaba buscar a su amiga, podía escuchar los gritos aterradores y el llanto que había albergado a su amiga, Rowena intentó buscarla moviendo los brazos de un lado a otro, hasta que la mujer resbaló con algo liquido… la fundadora águila levantó las manos, había sentido la humedad, pero era algo espeso y… se miró las manos y abrió sus ojos desmesuradamente… era Sangre… había mucha sangre bajo de ella. PROX EPILOGO.
