Never.
-Nuestra realidad.
Se encontraba fatigada, aun así no cesaba de caminar. Al iniciar el trayecto sus ojos percibían la luz producida por faroles y anuncios de las calles. Al terminar, la claridad iba aumentando conforme los rayos del sol se hacían más intensos. Cuatro horas recorriendo la enorme ciudad de Tokio, o al menos los alrededores de la pensión.
Huyendo de los recuerdos y las pesadillas, se deleitaba con la brisa matutina. No le importaba nada, ni la hora, ni el día, ni siquiera cuantas horas había dormido. Aunque contaba cada despertar producido por un mal sueño.
Sus pasos lentos aclaraban que no tenía prisa por llegar y que no estaba sujeta a un horario.
-¿Dónde estas?-Sus pensamientos viajaban hasta el castaño, recorrió pausadamente su figura-¿En que estoy pensando?-
Sacudió con suavidad su cabeza tratando de no llamar mucho la atención. Siguió caminando sin rumbo por un par de horas hasta toparse con una tienda que llamó su atención. Hermosas y lujosas joyas eran exhibidas del otro lado del cristal. Con interés se acercó deseando comprar una que otra y deslizó los dedos como queriendo tocarlas.
-¿Anna?-Aquella voz la conocía perfectamente, volteó incrédula y trató de disimular su sorpresa para después contestarle-¿Qué quieres?-
Hubo un largo silencio mientras que se contemplaban mutuamente, trataba de adivinar la razón por el cual se encontraba ahí. Anna no estaba preparada para hablar en ese momento con nadie y mucho menos con él. Ya que era claro que las preguntas llegarían de un momento a otro.
-Yoh esta muy confundido-
-Lo sé, los dos lo estamos-Anna trataba de cortar la charla, pero claramente Manta no lo deseaba.
-¿Por qué lo hiciste?-
El rubio sabía que no debía preguntarle tal cosa, pero simplemente quería saber. Bajó lentamente la cabeza y soltó un largo suspiro.
-¿Te importa?-
-¡Es mi amigo!-
Le cansaba el tema, no quería dar explicaciones a menos de que fuera Yoh quien la escuchara. Dio media vuelta evitando la mirada y cerró los ojos tratando de tranquilizar aquello que le oprimía.
-No fue mi culpa-
Poco después emprendió de nuevo el camino con dirección a la pensión, dejando a Manta pensativo.
-¿Es todo lo que tienes que decir?-dijo siguiéndola.
Quería escapar, dejarlo y olvidarse de todo pero no lo iba a hacer, sabía que no podía. Unos cuantos pasos fueron suficientes para que ella pudiera pensar, se detuvo y sin voltear respondió.
-No tengo porque darte explicaciones a ti…-hizo una pausa y prosiguió-Dile que lo espero mañana aquí mismo, al medio día-
No debía ser adivina para suponer que se seguían viendo, sin nada mas que hacer se retiró dejándolo atónito ante la respuesta.
La noche además de ser cálida fue algo pesada para los que habitaban la pensión, aún mas para aquella joven que al tratar de dormir el remordimiento la despertaba como si fuera una horrible pesadilla. Ya levantada trató de caminar un poco por la gran habitación, las paredes cubiertas por madera, una ventana y varios muebles aparentaban contener una soledad que solo ella podía interpretar.
Había destrozado una familia, recordaba como el pasado contenía un recuerdo similar…
-Te amo-Decía una mujer ya grande de edad cuyo objetivo ya había obtenido.
La historia ya se había repetido anteriormente. Revivía aquellos tiempos en que una mujer ya entrada en los treinta, después de haber entrado a su propia casa destruyó su familia.
Al casarse con su padre la señora tomó la decisión de regalarla a la familia Asakura, con el pretexto de que la entrenaran después de descubrir algunos dones que la niña tenia. Y habían efectuado lo prometido a cambio de que al cumplir los doce fuera de la servidumbre. Jamás volvió a ver a su padre.
Sasury solo quería volver a formar parte de la vida de la rubia.
-Mañana nos vamos-Ordenó Kino asomándose por la puerta.
-¡Espere!-Gritó al observar que se marchaba.
La chica lucia desarreglada, su cabello se encontraba recogido en una coleta y vestía una pijama algo elegante.
-Quiero hablar con usted-Bajo la cabeza y suspiro para después proseguir-Yo…estoy arrepentida-
-¿Porque?-la anciana se acercó a ella-Dime exactamente lo que hiciste y porque-
Deseaba escuchar una explicación con sus propias palabras para comprenderla…
-Yo…-
-¡Habla!-
-Sin querer me enamore de Anna-susurró-Creía me iba a corresponder, como antes-
No lo podía aceptar, años atrás lo intuía cuando las dos niñas se encontraban juntas. Veía en ellas algo más que una amistad pero nunca creyó oír las palabras. Dio media vuelta dándole la espalda tratando de comprender la situación.
-Sabía que algo saldría mal-
-¿Mmm?-
-Entre ustedes dos- Habló posicionando una sutil sonrisa en su rostro.
Yoh lo escuchaba mientras su acompañante hablaba, deseaba no haberle dicho, pero lamentablemente era demasiado tarde.
Sentado frente a una pequeña mesa, y con la vista cansada pensaba en múltiples cosas mientras que su hermano iba de un lado a otro tramando algo por su parte.
-Que lastima-Hao se acercó a él-Que Hana tenga tan mala influencia-
-¿Hana?-Dijo volteando.
-No debería estar junto con una persona así-Se dirigió hacia la puerta dispuesto a salir-Deberías quitárselo-
-Te hablé para que me ayudaras no para que me dieras ideas-
-Mala elección-dijo saliendo.
-¿Qué hacia él aquí?-preguntó Manta entrando y aventando las llaves de su auto sin importar donde cayeran.
-Nada importante-Aún pensaba en lo que su hermano le había dicho.
-Tengo que decirte algo-
Las palabras no salían con facilidad, empezaba a sudar, estaba seguro de que el momento no era el indicado para avisarle, sin embargo, tenia que hacerlo.
-Dime-Yoh trató de ponerle atención.
-Hace rato vi a Anna…-
Aquellas palabras hicieron que el castaño dejara sus pensamientos y le prestara atención a Manta.
-Y…me dijo que quería hablar contigo-
-Bien, así le haré saber mi opinión-
De regreso la rubia decidió no llegar a la pensión y quedarse en un hotel, lo último que quería era ver de nuevo a Sasury. Cansada, lo primero que busco fue la cama y recostándose un rato, prendió el televisor y esperó a que llegara la noche.
La mañana vino muy rápido, quizás demasiado. La rubia se levanto con gran pesadez, pareciera que no hubiera dormido en toda la noche, o simplemente sentía que debía dormir un poco mas. Arregló un poco su cabello, tratando de no lucir tan mal.
Salió con la esperanza de volverlo a ver. Llegando al lugar notó que no había nadie todavía, entró a una pequeña tienda cerca y compro algo para beber. Con aquel líquido se entretuvo por un tiempo hasta que decidió irse. Alejándose lentamente vio una figura, deseosa de saber si era él o no y avanzó rápidamente hasta verificar.
-Hola-Dijo el castaño a unos cuantos centímetros observándola detenidamente.-Hablemos-
Anna señaló una pequeña banca cerca de la esquina mas próxima, ya ahí tomaron asiento y después de un silencio asfixiante alguien tomo la palabra.
-Lo siento-
-¿Lo sientes? ¿Solo eso?-Yoh no podía controlar su enfado-¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no dijiste que te habías aburrido de mí-
-¡Cállate!-Respondió la rubia con su acostumbrado carácter.-Ella fue la que…-
-Ahora vas a echarle la culpa y a decir que no tuviste nada que ver-Interrumpió el castaño adivinando sus palabras.
Yoh bajo la cabeza tratando de pensar en lo que tenia que decir, ella por su parte dejaba escapar una primera lagrima.
-Quiero el divorcio-
Aquello era lo último que quería escuchar, seco sus ojos reflexionando las palabras y trató de resignarse.
-Bien-respondió Anna.
Se levantó y caminó con dirección a la pensión pensando en su futura soltería.
Una semana había pasado y aun no sabia si había echo bien o mal en no querer escuchar a la rubia, no obstante, él no deseaba oír una vez mas esa historia. Se conformaba con recordar lo sucedido.
Las horas pasaban lentas en espera de aquel momento que daría final a su matrimonio, pensaba también en lo que le había dicho Hao y si debía hacerle caso o no.
Salió para caminar un poco con la esperanza de distraerse, al llegar a una zona determinada se dio cuenta que llevaba el camino menos esperado, sus pasos se fueron volviendo cada vez mas rápidos.
Sus manos golpearon fuertemente la puerta, esperó un poco y cuando fue abierta entró con desesperación al segundo piso.
-¿Qué haces aquí?-Preguntó Kino.
El castaño no contestó solo siguió andando hasta su objetivo. La habitación de Hana.
-¿Qué haces?-repitió
-Vengo por mi hijo-
Continuará...
