Never
-Adiós.
-¿Qué haces?-repitió
-Vengo por mi hijo-
-¡Te lo prohíbo!-gritó la anciana caminando detrás de él.
Hizo caso omiso a la orden de su abuela, inhaló y exhaló profundamente con la intención de calmarse para después seguir hablando, y sin embargo la ignoró por completo. Trató de recordar donde se encontraba la ropa de Hana. Aunque no se había ausentado por mucho tiempo, existía la posibilidad de que Anna cambiara todo de lugar.
El corazón agitado le indicaba que no quería encontrarse con la rubia. No quería tropezar con esos ojos que hacían más difícil su salida de la pensión.
Subió las escaleras hasta el segundo piso, en el trayecto iba recogiendo juguetes para después depositarlos en la pañalera. Depositó también biberones y ropa sin importarle que estuvieran sucios o limpios. Agilizó sus pasos y salió con el niño en brazos al percatarse que se encontraba despierto observando cada movimiento que hacia su padre. Susurró unas palabras con el fin de tranquilizarlo y que durmiera en el camino.
-¿Qué crees que estas haciendo?-habló con enfado observando como se llevaban a su hijo.
-Alejándolo de ti-Respondió.-Y de las personas que le pueden hacerle daño-
-Hana es ¡mi hijo!-cerró los ojos y trató de calmarse-Y jamás le haría daño-susurró.
Eso era cierto, siempre había confiado en ella ¿Por qué ahora no lo iba a hacer? Había pasado por tanto como para no creer en las personas, pero ella no era cualquier persona. Era confuso no solo para él, si no para los dos.
Caminó hacia ella con el fin de quitarla del camino, otro intento fallido para la colección, pues quedo paralizado frente a ella observando con cuidado unos ojos que en cualquier momento romperían en llanto. Decidió pues quedarse callado y pensar bien las cosas.
Kino se encontraba cerca, no dudaba que a lo mejor estaba escuchando tras la puerta como en algunas ocasiones anteriores. Confiaba en que ellos solos iban a resolver el problema, aunque algunas veces quería ponerse en medio y aclarar los problemas, similar a una madre que ve pelear a dos hermanos.
Anna por su parte estaba demasiado enfada y temerosa de hacer algo sin pensar. Al notarlo Yoh, intentó tranquilizarla llevando una de sus manos al hombro femenino, no lo consiguió, ya que adelantándose a sus movimientos, se apartó de su camino.
Ella suspiró una vez y lo hizo lento, tan lento que él lo podía notar. Con la vista baja, murmuraba unas palabras que no se podían escuchar claramente, pero sabia a la perfección cuales eran…
-Te amo…-dijo con un sonrojo inevitable-No te lo lleves-
No estaba en sus planes decirle aquellas palabras, es solo que no sabia que hacer en ese momento y no quería que alejara a Hana de su lado. El silencio inundó la habitación mientras él permanecía pensativo y ella expulsaba su primera lágrima.
Caminaba sin rumbo por las pobladas avenidas de Tokio, la gente iba y venia de su hogar o trabajo.
Él solo observaba el pavimento y su mente vagaba en los recuerdos. Dejó escapar un lago suspiro mientras se detenía en seco pensando cual era ese lugar al que se dirigía.
Al lado se encontraba un establecimiento, había surgido como de la nada indicándole cuan tan perdido estaba. Buscó con la mirada algo que le pareciera familiar para fingir no estar tan asustado y que la gente no se aprovechara de eso, pues eran muchas personas las que estaban a su alrededor, la mitad le analizaban, reían y susurraban como sospechando algo.
Un supermercado cerca le sirvió para distraerse un poco y buscar también algunos artículos que tarde o temprano iba a tener que comprar. Eligió varios entre muchas marcas esperando que después no le riñeran por alguna de ellas y se dispuso a pagarlos.
-Disculpa, ¿me puedes dar la hora?-habló una joven.
-¡Claro!-Contestó Manta.
Su voz le llamó la atención, contempló el reloj de mano para después voltear y contestarle sonriente. Ella se le hacia conocida, su cabello largo y negro, la tez blanca y los ojos azules parecían examinar por si solos en sus recuerdos. La sorpresa fue después, cuando la recordó junto a Anna en aquella ocasión.
- Tú…-susurró
-¿Disculpa?-
-Mi reloj esta mal-sonrió.
No necesitaba verla dos o tres veces para saber que era ella, aunque apenas la conocía su rostro se le había quedado impreso en la cabeza. Retrocedió un par de pasos intentando regalarle un gesto amable, posteriormente se alejó de ella para depositar las cosas en su lugar y salir de ahí corriendo.
No podía negar que la chica era atractiva, era una gran perdida y una desgracia para el mundo si realmente era lesbiana. Se sorprendió pensando en Sasury, una vez más como ocasiones anteriores, pero de eso a que sintiera algo por ella era imposible. Suspiró varias veces antes de volver en si y darse cuenta que se había perdido aun más al encontrarse en un callejón sin salida.
-Dejaré que lo veas de vez en cuando- sus movimientos tranquilos lo hacían aparentar relajado, lo contrario a como se sentía.
-¡No te lo llevarás!-gritó-¡Soy su madre!-
Estaba frente a frente con la rubia, fue hasta entonces cuando vio caer una lágrima. Ella trató de disimular haciendo varios movimientos para quitársela del camino, frustrados intentos que hacían ver el gran arrepentimiento que sentía en ese momento.
-Deja que se lo lleve- Ordeno Kino, y Anna aceptó apartándose mientras levantaba una mano pausadamente para despedirse de Hana.
Había ganado, el niño ya no estaba en malas manos. El corazón le saltaba de sorpresa al ver su reacción, también fue rompiéndose poco a poco al verla decirle adiós al pequeño. Consiguió quitárselo pero se dio cuenta de que no era eso lo que realmente quería.
El haría lo que estuviera a su alcance para que tuviera lo mejor, contrataría una niñera para que lo cuidara mientras trabajaba, para después llevarlo de paseo a cualquier lado en sus días libres. Padre e hijo, no les faltaría nada. Al menos hasta que creciera.
Saló del lugar sin voltear, varias veces se detuvo a mitad del camino tentado a regresar a la pensión, decirle que él se había equivocado y que también la amaba. Desafortunadamente las palabras de Hao tenían mas peso que las de ella.
El camino se le hizo largo y pesado. El niño se había dormido después de que vio a su madre despedirse de él. No podía esperar a que creciera para que caminara por si solo, aunque las consecuencias fueran querer quedarse con ella y hacer el problema mas grande.
Llegando al departamento caminó hacia el teléfono recogiendo recibos en el camino y una que otra prenda esparcidas por todo el piso. Tecleó varios números consultando precios de anuncios impresos en el diario. La desilusión fue grande cuando descubrió que nada estaba al alcance de su presupuesto, fue entonces cuando decido publicar un aviso por su parte solicitando una niñera. También tuvo la tentación de llamar a Hao y contarle que lo había conseguido, y lo hizo no sin antes dejar a Hana dormido en un sillón. Al contestar, lo saludó brevemente con una leve sonrisa en los labios.
-Ya tengo a Hana-
-Bien Yoh…muy bien-
-Anna, es hora de que partamos-
-¿Se van así nada más?-cuestionó indignada.
Las dos jóvenes permanecían impresionadas ante lo que habían escuchado. La rubia recogió varios mechones de su rostro dándose tiempo para pensar en como hacerle para que se dieran más tiempo, aquello no se podía quedar así. Tenían que solucionarlo.
-Que Sasury arregle las cosas-gritó-Que las deje igual que antes, estábamos bien sin ella-
-¿Piensas que tu matrimonio era perfecto?-preguntó Kino.
La rubia no respondió ni esperaba respuesta, su mirada inactiva permanecía cerca de la puerta de entrada como esperando a alguien.
Le costaba trabajo imaginar que se marchaban como si nada hubiera pasado, era un mal chiste que acabaría en cualquier momento, y ella esperaría a que se resolvieran los problemas. Pero no era así.
Podía jurar que su vida era perfecta antes de que esa niña llegara. Al menos estaban bien a comparación con ahora.
Sasury bajó la mirada ante las expresiones inertes, se aparto lentamente del lugar con la intención de irse hacia su habitación y empacar. Si Kino decía algo, eso se cumplía y no había manera de hacerla cambiar de opinión. Subió los escalones sin hacer el menor ruido. Estaba dispuesta a aclarar las cosas, aunque hubiera deseado ser correspondida. Que se amaran mutuamente.
Calmándose la discusión en la planta baja, Anna se dispuso a ver televisión como todas las tardes, ignorándola y dándole la espalda.
Kino por su parte subió a hacerle compañía a la chica solitaria, marcando sus pasos con un leve crujido en los escalones. Todo volvía a la calma de nuevo, un silencio incomodo hasta para ella. Ratos de soledad que le hacían recordar a su pequeño.
-Salimos hoy en la noche- dijo la anciana asomándose por la puerta a la chica de ojos azules.
Observó como salía para dirigirse a su propio cuarto, por su parte siguió acomodando la ropa mientras comenzaba a llorar. Nunca pensó actuar de esa forma, sabia desde el inicio que seria difícil llegar a gustarle a una mujer. En su vida solo se había sentido atraída por un hombre pero estaba confundida hasta que volvió a ver a Anna.
La tarde estuvo bastante tranquila, solo se dejaban escuchar la televisión y Kino que daba ordenes en toda el segundo piso. Bostezó de dos a cuatro veces antes de cerrar los ojos frente a la pantalla, intuía que lo que le quedaba al día seria triste y aburrido.
Las únicas inquilinas de la pensión bajaban las escaleras con el rostro cansado y equipaje en mano. Cuando cesaron de caminar sentía sus miradas sobre ella obligándola a abrir los ojos y levantarme para no darles la espalda. Sasury abrió lentamente la boca para decir algunas palabras pero fue Kino quien habló.
-Los espero en año nuevo-dijo mientras la otra chica salía-A ti y a Yoh-y con eso se despidió.
Después de que se fueron dirigió sus pasos hacia la cocina con la intención de tomar algo antes de salir y dar una vuelta. Debía dejar de pensar en lo sucedido y enfocarse mas en lo que debía de hacer de ahora en adelante. Anna Kyouyama jamás se arrodillaría ante nadie, pero siendo su hijo, lo había pensado un par de veces.
El timbre de la entrada la hizo sobresaltar, llegó desganada hasta la puerta principal. Con curiosidad la abrió para después posar en su rostro una mueca de desprecio.
-Que mal te vez…- habló frente a la rubia con una sonrisa.
-¿Qué quieres aquí?-
-Quiero que no estés sola-
¿Qué estaba haciendo en la pensión? Hao no iba a no ser extremadamente necesario, lo hizo pasar y nuevamente tomó asiento frente al televisor mientras empezaba su tan interesante charla sobre ella y la soledad.
-Mi hermano hizo mal en quitarte al niño.-
Alzó la vista atónita ante las palabras del castaño, cambio de lugar quedando frente a frente con él.
-Veo que hablaste con Yoh-
-Quiero ayudarte-
Continuará...
Nota: Que tal, a Anna no le gustan las mujeres. ¡Aquí se acabo mi etapa yuri! Junte varios capítulos y ahora son solo cuatro (cinco con este), espero que estén presentables y no haber dejado o quitado algo importante, si lo hice ¡díganme! Espero que como los dejé estén un poco menos confusos.
Créanme que a mi tampoco me gusta que los autores dejen a medias los fics (si no pregúntenle a Annshail y Nakotany… u_u) tengan por seguro que este fic tendrá su final (¡aunque escriba pésimo!)
Otra cosa, no puedo decir cuando subiré el próximo capitulo porque estaría diciendo mentiras jajaja nah, ¡trataré! de escribir mas rápido y subir antes de octubre (._.U), mas no se que día xD Fin de la nota.
Gracias por leer.
