Capítulo 2
Los personajes no me pertenecen, solo los tomo prestados para escribir esta historia, ya saben
Durante horas Ranma recorrió las calles de Nerima sin éxito en su búsqueda. Fue a la heladería, donde solían parar alguna tarde veraniega a refrescarse del insoportable calor, al parque, al cine, al centro comercial, a casa de las amigas de Akane... incluso regresaba de vez en cuando al dojo por si se le ocurría volver. Pero aún no había noticias de la muchacha de cabellos azulados y su prometido estaba empezando a preocuparse seriamente. No era propio de la chica desaparecer de ese modo. Ranma era consciente de que siempre que ella huía, ella se dejaba encontrar por él. Eso le gustaba a ella, y le hacía sentirse bien a él. Era como un pequeño juego que los dos disfrutaban en silencio. Pero esta vez... algo era distinto. Ranma ha visto a su prometida enfadada muchas, muchas veces. Sin embargo, en esta ocasión descubrió un destello en sus ojos que jamás había estado allí antes. Y eso le asustó. De pronto se detuvo en su carrera. Al fondo de la calle, apoyada contra una farola y bañada por la luz de la misma estaba su prometida. Su pelo, ahora revuelto por la humedad que dejó la lluvia, le tapaba la cara, lo que imposibilitaba que el artista marcial viera su expresión. Dubitativo, dirigió sus pasos lentamente hacia la joven. Pero un frío glaciar proveniente del aura de Akane le hizo detenerse. Ella alzó la vista, seria, silenciosa. Sus ojos se encontraron, aguamarina contra chocolate. "Te esperaba, Ranma"
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Akane había corrido hasta el cansancio extremo, alejándose lo más posible de los lugares que Ranma y ella solían frecuentar, sin importarle las gruesas gotas de agua que caían sobre ella y a su alrededor. No quería que la encontraran. Esta vez no. Se sentó en el suelo apoyando la espalda contra la pared de ladrillo. Unos cubos estratégicamente colocados tapaban la entrada del callejón y la chica supo que su prometido jamás miraría ahí, por miedo a que algún gato hambriento estuviera disfrutando de algún manjar.
Durante el tiempo que estuvo escondida se dedicó a pensar. Se sentía traicionada, sucia y violada en su intimidad. La habían engañado. Se habían reído de ella de una y mil formas. Habían tomado su confianza y la habían pisoteado sin piedad. ¿Cómo podría volver a creer¿Cómo podría volver a confiar? Todos sus sueños, sus más ocultos secretos... ¡Todo! Todo eso se lo había contado a ese pequeño cerdito negro que siempre se acurrucaba entre sus brazos. Había desvelado su corazón y desnudado su ser y su alma frente a ese ente de orejitas adorables. Se sentía reconfortada con poder comentarle a alguien todas las dudas y pesares que le acongojaban, aunque fuera un animalito que no la comprendiera o la pudiera dar palabras de apoyo. Y ahora... ahora¿qué le quedaba? Todo había sido siempre tan obvio... Si tan solo se hubiera quitado la venda de los ojos mucho antes... Pero no¿por qué? Porque ella quería confiar en que su amigo no le haría semejante cosa. Además, sabía que Ranma la protegería de todos los pervertidos que la rodeaban. Una sonrisa cínica se posó en sus labios. Tantas veces que le había llamado pervertido aun sabiendo que era inocente y ahora... Nunca fue sincero. Ninguno de los dos. Se aprovecharon de su inocencia y de su buen corazón. Y todo¿para qué¿Qué ganaban ellos¿Avergonzarla¿Despojarla de su privacidad?
Se apoyó contra la farola. Ya había oscurecido y las luces blancas bañaban las calles. No tuvo que esperar mucho hasta oír los pasos presurosos acercarse. Le escuchó detenerse y pudo notar, aun en la distancia, el cansancio que bañaba a su prometido. Sabía que se había pasado toda la tarde buscándola. La lluvia hacía horas que había cesado. Un ligero calor dulce creció por un instante en su corazón. Pero pronto desechó ese sentimiento. Esta vez no. Le oyó acercarse nuevamente y sus facciones se tornaron serias. Alzó el rostro encontrándose con los hermosos ojos de él. "Te esperaba, Ranma"
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La siguió sin mediar palabra hasta un banco vagamente iluminado de un parque cercano. Ella tomó asiento y él se quedó de pie. Una brisa fresca surcó los cielos, pero ninguno de los dos lo notó.
"Te he traído aquí porque quería hablar contigo"
"Mira Akane, yo..." intentó disculparse, pero sus palabras se vieron interrumpidas por la conversación de ella.
"¿Desde cuando lo sabes?"
"¿Cómo?"
"Pues eso¿desde cuándo?"
Un repentino escalofrío recorrió el bien formado cuerpo del muchacho. Sabía que era de esas preguntas en las que, respondieras lo que respondieras, ninguna contestación era buena y solo cavaría aún más su propia tumba, así que se mantuvo en silencio.
"Ya veo" Durante unos largos minutos ninguno de los dos dijo nada más. De pronto, Akane se levantó y echó a andar dándole la espalda sin decir nada.
"Akane ¡espera!" suplicó Ranma. Él echó a correr tras de ella y la tomó del brazo intentando detenerla. En ese momento un movimiento brusco le obligó a soltarla. Ella se dio la vuelta y sus ojos mostraron dolor.
"No Ranma, te equivocas conmigo. Esta vez no. Se acabó. Tú y yo. Ranma y Akane. Sea lo que fuera lo que existía entre nosotros ya se terminó. No existe. A partir de hoy y para siempre somos dos conocidos que tienen la desgracia de vivir en la misma casa. Pero no me dirigirás la palabra a no ser que sea extremadamente necesario, y lo mismo yo contigo. No estamos prometidos, nunca lo hemos estado." Dio media vuelta y volvió a caminar.
Ranma estaba desconcertado¿qué había sido ese arrebato? No le había gritado, ni pegado... y eso no le gustaba. Podía afrontar los golpes, ya lo había hecho más veces, pero esto... "¿Y por qué te enfadas conmigo? Yo no soy Pchan"
"¿Por qué no me lo dijiste?" la calma que ella estaba intentando mantener se desvaneció en el aire, y la ira se apoderó de ella.
"¡Lo intenté! Muchas veces y nunca me creíste"
"Ja, Ranma, no me hagas reír. No lo intentaste lo suficiente."
"Sí que lo hice, pero luego Ryoga me hizo prometerlo. ¡Di mi palabra de artista marcial!" según lo dijo se dio cuenta de su error.
"¿Cómo? Es decir¿tu palabra es más importante que mi integridad? Me he desnudado delante de Ryoga¿lo sabes? Me he bañado con él en el baño, no es que estuviéramos los dos en la bañera, obvio, pero él estaba ¡dentro del baño!, le he besado, he dormido con él, le he contado una y mil cosas de ti, de mí, de los dos... ¿Tu palabra es más importante que eso?"
"Yo... no..." Ranma no sabía que decir.
"Y me dices que le diste tu palabra... ¡El gran Ranma Saotome no puede romper una estúpida promesa¿verdad? Ni siquiera para proteger la intimidad de su prometida. ¿Tanto me odias?"
"No es por eso" la situación se le estaba yendo de las manos.
"¿Ah no?" Akane sonrió. "¿Sabes cuantas veces dudé? Muchas, pero siempre pensé que si fuera cierto me lo dirías."
"¡Te di muchas pistas Akane! Eras tú quien no querías verlas."
"¡Pues claro que no! Jamás pensé que mi amigo y mi supuesto prometido se aprovecharían de mí de esa forma. Nunca he dudado de ti Ranma, aunque lo creas no lo he hecho. Te he perdonado una y mil cosas. ¿Sabes por qué?"
Ranma no contestó.
La sonrisa cínica se ensanchó aún más. "Porque te quería, y a pesar de todo pensé que tú también. Pero siempre hemos tenido mucha presión y nunca hemos podido ser nosotros mismos, o al menos no el tiempo suficiente para decirte todo lo que siento por ti."
Ranma estaba boquiabierto, jamás pensó en una declaración tan abierta por parte de su prometida, menos en circunstancias como estas.
"Sí, nunca te he tratado maravillosamente bien, pero tú a mi tampoco. ¿Y qué¿Por qué lo soporte? te preguntarás. Porque pensaba que me querías. Era nuestra forma de querernos, rara, violenta... pero nosotros somos así. No somos de los que se sientan a leer poesía y a ver una peli en el cine. Somos puro instinto, puro movimiento, puro arte... somos artistas marciales. ¡Dios! Me siento tan ridícula." Dicho esto la dio la espalda y siguió su camino.
"¿A donde vas?"
"Me vuelvo a casa."
Ranma se sintió frustrado. "Pero..."
"¡No! No quiero oírte, no quiero saber nada más de ti. El día que Pchan tenía dibujada una cara en la tripa y Ryoga también te pregunté si cabía esa posibilidad. Y tú, en vez de ser sincero me mentiste descaradamente diciendo que habías sido tú. Dices que lo intentaste pero no lo suficiente. Y lo más gracioso es que lo sabes y aún así te escudas en tu palabra de artista marcial. No tienes palabra Ranma, no tienes valor. Menuda estúpida fui enamorándome de tí."
Ranma se sintió herido en su orgullo, sabía que ella tenía razón y que no iba a ser fácil que le perdonara esta vez, pero siempre tuvo una boca muy grande y una lengua muy larga.
"¡Pues bien¡Márchate! Estúpida marimacho, a ver quién va a querer estar contigo"
Akane, que había emprendido nuevamente su marcha, se detuvo al oír estas palabras y, sin darse la vuelta, dijo "Pues creo recordar Ranma que antes de que tú vinieras prácticamente todo el instituto estaba loquito por mis huesos. Así que si tú no quieres salir con esta marimacho me parece bien" le encaró y Ranma pudo apreciar lágrimas en esos hermosos ojos castaños. "pero hay muchos chicos a los que no les importaría tocar a esta estúpida marimacho" finalizó, enfatizando sus últimas palabras. Dicho esto siguió su camino, dejando al artista marcial desarmado y atónito atrás.
Continuará...
Muchas gracias por vuestros reviews a dupi-chan, vivian alejandra, bardoarg, Eris, We-love-Kappei-sama, Ilisia Brongar y angelica. Espero que os siga gustando la historia. Nos vemos en el siguiente capitulo! Besos!
