Descubriendo a Pchan
Los personajes no me pertenecen, son de la grandiosa Rumiko.
"Vamos Akane, sabes que puedes confiar en mí. ¿Por qué no me cuentas lo que pasó?" Kasumi y la muchacha de cabellos azulados estaban en la cocina fregando los platos de la cena. Hacía una semana desde la discusión que ambos artistas marciales tuvieron en el parque y desde entonces no habían cruzado una palabra a no ser que fuera absolutamente necesario. En realidad, Ranma la buscaba siempre con la mirada, la observaba a través de su ventana sin que ella se diera cuenta, seguía todos sus pasos de camino a la universidad... Pero él tampoco había intentado acercarse. Su orgullo había sido herido y pisoteado, y era demasiado orgulloso para admitir que, quizá, esta vez no tuviera razón.
Akane siempre sentía los ojos de Ranma sobre ella, pero nunca se permitió mirarle. Por las noches gruesas lágrimas surcaron su rostro durante los primeros días, pero cada vez iban a menos. Cierto es que el corazón aún le dolía, no se puede dejar de querer a una persona de un día para otro, pero se había propuesto a sí misma olvidar que, alguna vez sintió algo por el muchacho de trenza que vivía en su casa.
El resto de los habitantes del hogar Tendo habían decidido abstenerse esta vez. Notaban el ambiente demasiado tenso y diferente al de resto de discusiones que ambos jóvenes habían tenido con anterioridad. Soun y Genma quisieron hacer algún comentario en más de una ocasión, pero el sutil gesto de Nodoka desenvainando ligeramente su katana les mantuvo en silencio.
Nabiki era la única que conocía el motivo de la situación y, por una vez, la mediana de las hermanas Tendo no sabía que hacer. Tenía claro que se querían y que las cosas podrían arreglarse, pero conllevaba mucho esfuerzo y ambos eran demasiado orgullosos para entender que tenían que dar su brazo a torcer. Así que ella se mantenía al margen, en la distancia, observando minuciosamente a ambos, esperando el momento para actuar.
Volviendo a la cocina, Kasumi estaba muy preocupada. Su cuarto quedaba cerca del de su hermana menor, y la había escuchado llorar por las noches. Ella siempre se había querido mantener en un segundo plano, pero en esta ocasión su instinto casi maternal le alertó que algo muy serio estaba pasando y decidió intervenir y aportar su ayuda en la medida de lo posible.
"Es muy largo de contar Kasumi y, en verdad, no me apetece hablar de ello" respondió Akane con desgana.
Kasumi se mantuvo callada por un tiempo. La miró de reojo mientras servía disimuladamente un poco de te en dos tazas blancas. Situó una delante de su hermana, que se estaba secando las manos con el trapo azulado, y otra la soportó entre sus manos. Akane llevó su mirada primero al te humeante y después la dirigió hacia Kasumi. Y lo vio. Esa mirada seria y algo escrutinadora. Esa mirada insistente. Kasumi no solía meterse en asuntos ajenos, así que cuando lo hacía, lo hacía en profundidad. Fue entonces que Akane supo que no tenía escapatoria y que no podría salir de allí hasta que contara toda su historia. Suspiró pesadamente, cerrando los ojos en el acto. Tomó la taza entre sus manos y se sentó en un taburete que había en una esquina. Bebió un pequeño sorbo, quemándose ligeramente la lengua en el proceso. Sopló para enfriar el líquido del recipiente y comenzó.
"Verás, todo tiene que ver con mi cerdito, con Pchan".
XXX
Ranma bostezó abiertamente. La clase se le estaba haciendo eterna y, al no haber dormido bien durante las últimas dos semanas, seguir el ritmo del día a día normal se le hacía tremendamente difícil. Eso, unido al hecho de que la asistencia al aula y prestar atención nunca habían sido sus fuertes, provocaba en el artista marcial un estado de sopor y somnolencia que le costaba superar. Sus ojos, cansados, luchaban por mantenerse abiertos.
'Maldita Akane, todo esto es por culpa tuya' pensó distraídamente. En realidad la echaba de menos. Claro que eso era algo que nunca diría en voz alta. Su mente volvió a la discusión que tuvieron un mes atrás.
"¡Te di muchas pistas Akane! Eras tú quien no querías verlas."
"¡Pues claro que no! Jamás pensé que mi amigo y mi supuesto prometido se aprovecharían de mí de esa forma. Nunca he dudado de ti Ranma, aunque lo creas no lo he hecho. Te he perdonado una y mil cosas. ¿Sabes por qué?"
Ranma no contestó.
La sonrisa cínica se ensanchó aún más. "Porque te quería, y a pesar de todo pensé que tú también. Pero siempre hemos tenido mucha presión y nunca hemos podido ser nosotros mismos, o al menos no el tiempo suficiente para decirte todo lo que siento por ti."
Ranma estaba boquiabierto, jamás pensó en una declaración tan abierta por parte de su prometida, menos en circunstancias como estas.
"Sí, nunca te he tratado maravillosamente bien, pero tú a mi tampoco. ¿Y qué¿Por qué lo soporte? te preguntarás. Porque pensaba que me querías. Era nuestra forma de querernos, rara, violenta... pero nosotros somos así. No somos de los que se sientan a leer poesía y a ver una peli en el cine. Somos puro instinto, puro movimiento, puro arte... somos artistas marciales. ¡Dios! Me siento tan ridícula." Dicho esto la dio la espalda y siguió su camino.
"¿A donde vas?"
"Me vuelvo a casa."
Ranma se sintió frustrado. "Pero..."
"¡No! No quiero oírte, no quiero saber nada más de ti. El día que Pchan tenía dibujada una cara en la tripa y Ryoga también te pregunté si cabía esa posibilidad. Y tú, en vez de ser sincero me mentiste descaradamente diciendo que habías sido tú. Dices que lo intentaste pero no lo suficiente. Y lo más gracioso es que lo sabes y aún así te escudas en tu palabra de artista marcial. No tienes palabra Ranma, no tienes valor. Menuda estúpida fui enamorándome de tí."
Ella lo había admitido. Le amaba. En ese momento esas palabras salieron con tanta facilidad de los labios de Akane que aún no podía salir de su asombro. Pero... ¿y él¿la quería? Obviamente Ranma hacía tiempo que conocía esa respuesta, pero le resultaba complicado aceptárselo a sí mismo. Era como una lucha interior en la que nunca había un claro ganador. Pero una cosa sí que la tenía clara. La echaba mucho de menos.
El timbre de la campana sonó en la distancia y los alumnos se levantaron tranquilamente de sus pupitres. Ranma salió de los primeros, no le apetecía hablar con nadie. Agradeció la tranquilidad del campus y se subió a uno de los árboles más alejados del edificio. Dejó sus pensamientos volar, al igual que ese avecilla azul que en ese instante surcaba los cielos.
Tan ensimismado estaba que no se percató de la presencia de dos personas unos metros más allá hasta que la risa de Akane le sacó de su ensimismamiento. Sus ojos, sorprendidos, recorrieron el lugar. Akane debería estar en clase en esos momentos¿qué hacía allá afuera? No tardó mucho en encontrarla y, cuando la vio, notó tensarse todos sus músculos.
Allí estaba ella, vestida con unos vaqueros y una camiseta blanca de escote pronunciado regalándole esas hermosas sonrisas que tanto le desarmaban a un extraño. Bueno, en realidad no era tan extraño. Era un compañero de ellos. Compartía con él un par de clases, pero nunca habían cruzado más de dos palabras. De hecho ni siquiera se acordaba de su nombre.
Los vio hablando tranquilamente, pero desde su posición no podía escuchar lo que decían. Se bajó del árbol, con cuidado de no ser descubierto, y se arrastró tras unos matorrales. Quiso acercarse más, pero vio que Akane se tensaba y se ponía alerta. Su instinto de artista marcial le había alertado. Se sintió orgulloso de ella. Nunca le había dicho nada, pero siempre la había visto como una artista competente. Obviamente no mejor que él, pero es que no había nadie mejor que el gran Ranma Saotome. Utilizó la técnica que su padre inventó para desaparecer y mezclarse con su entorno y vio que tuvo éxito cuando a los pocos segundos la muchacha se tranquilizaba y retornaba a su conversación.
"¿Pasó algo?" preguntó el muchacho sentado a su lado.
"No, nada. Lo siento¿qué me estabas diciendo?"
"Han estrenado una película hace pocos días y me gustaría que vinieras conmigo a verla"
"¿Eso es una cita?" preguntó ella coqueta.
"Yo... bueno..." el chico se sonrojó enormemente. La muchacha sonrió cuando vio que él se ruborizaba en demasía. Le pareció encantador.
"Me encantaría ir al cine contigo"
"Genial. Después de clase, mañana. ¿Te parece bien?"
"Por mi perfecto" sonrió ella. "Pero ya si que debemos volver, esto de hacer pellas no va mucho conmigo" se disculpó. Y entonces ambos jóvenes se levantaron y marcharon hacia las clases.
Momentos después Ranma se levantó y estiró sus huesos, la rabia le corroía. No iba a permitir a ese don nadie salir con su prometida. '¿En qué demonios está pensando Akane? Coquetearle de esa manera...¡Menuda marimacho!' pensaron sus celos. Y así, enfadado como estaba y sabiendo que no iba a poder concentrarse en lo que quedaba de día, salió hacia el Nekohanten.
Hola!!! Siento mucho la tardanza pero estoy con examenes y a falta de inspiración. Bueno, os dejo otro poquillo más. No pretendo extenderme mucho, pero ya veremos como van las cosas. Espero que os haya gustado. Nos vemos en el siguiente capitulo! y agradecer a itnia, We-love-Kappei-sama, DreamyIsa, Brillo de Luna, vivian alejandra, angélica, ADRIANNITA, AAA theXel Tico y luisfe-san por sus reviews.
