Descubriendo a Pchan
Los personajes no me pertenecen, solo los tomo prestados de la famosa Rumiko para divertirnos, sin ningún tipo de lucro, así que no me demanden y todo eso.
Ranma se encontraba en el dojo. Los pies descalzos, el pantalón pegado a sus piernas por el sudor del ejercicio que estaba realizando. La camiseta morada con dragones pintados en la solapa se encontraba bien doblada y apartada en una esquina, olvidada. Akane estaba parada en la puerta del dojo, observando atenta a los movimientos del muchacho. Ahora mismo se encontraba realizando una cata bastante complicada, Akane nunca le había visto realizar ese movimiento antes. Lanzó un puño hacia delante, mientras el otro lo mantenía en la cadera. La pierna derecha se movió al compás, levantó la rodilla mientras giraba sobre su otro pie, los brazos formando un ángulo recto con respecto a su propio cuerpo. La trenza azabache se posó sobre su hombro izquierdo, Ranma volvió a girar sobre sí mismo y adelantó los brazos dándose equilibrio.
Akane le veía sin poder articular palabra. Ranma realizaba todos los movimientos en gran armonía y concentración. Tenía los ojos cerrados y una expresión seria, los labios apretados en una fina línea rosada, y las fosas nasales respiraban con fuerza, abriéndose desmesuradamente cada vez que el muchacho aspiraba aire.
'Jamás le había visto tan concentrado' pensó la joven. Sus ojos se posaron sobre su pecho, de piel fina y libre de vello. Un rubor cubrió sus mejillas cuando se dio cuenta de que no podía apartar la vista del hermoso cuerpo masculino.
Ranma apoyó los dos pies nuevamente en el suelo, dejó caer los brazos a los lados y se mantuvo quieto durante unos pocos segundos.
"Puedes pasar" dijo el chico aún con los ojos cerrados. Sin mirarla, se dio la vuelta y se acercó a recoger del suelo una toalla amarilla que estaba tirada bajo el icono del dojo. Akane avanzó al interior, con pasos lentos y seguros, hasta quedarse a unos pasos del chico. Él seguía dándole la espalda, secándose con rudeza las gotas de sudor que aún recorría su frente. Los mechones del flequillo se habían pegado a su frente, y su trenza tenía aquí y allá unos cuantos pelos sueltos que la hacían ver un tanto desastrosa.
"¿Querías algo?" preguntó el joven con sorpresa. Se dio la vuelta mirándola serio. Akane se intimidó ante esa mirada, no recordaba haber recibido nunca una mirada así de parte del muchacho. ¿Estaría enfadado con ella por lo de esa mañana?
"Yo... quería disculparme" dijo la muchacha.
"¿Por qué?" interrogó el muchacho, frunció el ceño y se fue a recoger la camiseta del suelo. Dejó la toalla donde instantes antes había estado su camiseta, y se abrochó despacio y con seguridad los botones, uno a uno, sin prisa. "Tú no eres de las que se disculpan, sino de las que echan la culpa"
Ese comentario dolió. "¿Cómo?"
"Sí, lo que me extraña es que no me hayas gritado o golpeado diciendo que soy un hentai y que lo único que buscaba era verte desnuda, cuando en realidad no me interesa lo más mínimo".
Akane aguantó las lágrimas con gran valentía. El corazón se le partió en mil pedazos, pero no se lo mostraría. Sin embargo, todas sus dudas se vieron despejadas. Ahora recordaba la razón por la que tenía que olvidarle. Él... no sentía nada por ella, absolutamente nada. La despreciaba, la odiaba... ¿tanto? Cierto es que nunca se habían llevado maravillosamente bien, las primeras palabras que se dirigieron fueron insultos, sin contar, claro está, con el momento en el que se conocieron como dos mujeres.
Akane iba a responder algo, tampoco es que se mereciera que la trataran así, pero apenas tuvo tiempo de abrir la boca cuando se escuchó un gran estruendo. En la pared de la derecha se veía un gran agujero, las maderas rotas caían desperdigadas por los suelos, el polvo cubría el suelo y una hermosa mujer de cabellos morados y curvas prominentes acababa de entrar con su bici azul. Vestía el típico traje chino rojo de flores dividido en dos piezas, camiseta y pantalón. El delantal rosa cubría su cuerpo y una caja plateada con comida humeante estaba asida fuertemente en su mano.
"Nihao airen" saludó afectuosa. Saltó de la bicicleta y cayó en los brazos del muchacho, que la miraba con los ojos bien abiertos. Ella le tomó el rostro entre sus manos y le dio un beso en los labios largo y profundo.
Ranma no pudo reaccionar hasta que se dio cuenta de que sus labios estaban aprisionados contra los de la joven china mientras que la lengua de la muchacha intentaba hacerse paso para poder profundizar el beso.
"¡Shampoo detente!" gritó y la apartó de su lado. Miró preocupado en todas direcciones, pero Akane ya no estaba allí. "Maldita sea Shampoo, ¿a qué has venido?" gritó enfadado.
"Shampoo venir a repetir cita con esposo" dijo ella tranquilamente, se puso de pie nuevamente y recogió la bicicleta que había quedado tirada en el piso.
"Shampoo, eso no va a pasar, ¿vale?" dijo con rudeza. Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la salida.
"Ranchan" gritó una voz desde la puerta. "¿Shampoo? ¿Qué haces aquí?" preguntó Ukyo, ataviada aún con su traje azul y el cinturón marrón atado sobre su pecho, el que portaba las palas de cocinar en la delantera y la gran pala de lucha a la espalda.
"Shampoo venir a repetir cita con Ranma. ¿Qué hacer chica de la paleta gigante aquí?" preguntó con sonrisa maquiavélica. Sus ojos, antes dulces, ahora mostraban una mirada de triunfo hacia la otra muchacha.
"¡No te creo! Ranma jamás saldría contigo" y dicho esto se lanzó contra la otra joven, iniciando una pelea como tantas. Ranma se vio pronto olvidado a un lateral. Estaba harto de peleas por su persona, al fin y al cabo él no era un objeto a sortear. Tenía sentimientos, pensaba,... ¡era una persona!
Salió sin ser visto del dojo, dejando atrás los estruendos fruto de la pelea que se estaba llevando a cabo en el interior. Subió de un salto al tejado y se asomó con disimulo a la ventana de la habitación de Akane, pero ella no estaba allí.
'¿Dónde se habrá metido?' pensó. Se internó nuevamente en el baño a darse una ducha de agua fría, para despejar cuerpo y mente y pronto apareció una joven pelirroja, con una toalla que cubría su cintura y dejando sus pechos a la vista de todos.
Soun pasaba en ese momento por allí. Iba de camino al baño, a lavarse la boca, pues estaba con el cepillo de dientes todavía, cuando Ranma pasó a su lado. El hombre, que aún no se acostumbraba a estas situaciones aun a pesar del tiempo que llevaba conviviendo con su futuro yerno, se quedó paralizado, el cepillo se enganchó en su boca, dándole un aspecto ciertamente cómico, los ojos abiertos como platos.
Ranma no se inmutó, siguió caminando sumido en sus pensamientos y fue a vestirse a su habitación.
El día transcurrió sin mayores altercados. Las jóvenes se marcharon poco antes de la hora de comer, cuando se dieron cuenta que el objeto de su discusión se había ido hacía rato, y volvieron a sus casa, no sin antes darse una mirada de furia.
La comida en casa de los Tendo fue, por lo tanto, tranquila. Ranma miraba de un lado a otro en busca de Akane, pues ella no compartió la mesa con la familia. No quería preguntar, quería dejar de pensar en ella. Al fin y al cabo ella había rehecho su vida, ¿no? Además, si no había ido a comer seguro que era porque estaba con el maldito noviecito suyo. ¡Arghhh! Cada vez que pensaba en él le dolía más y más la cabeza. Así que se propuso no pensar más en ella. Al menos no por el momento.
Ya entrada la noche Akane aún no había regresado. Ranma ya se estaba empezando a impacientar y, sobre todo, a preocupar por su ausencia. Y lo que más le molestaba era la tranquilidad que se respiraba en el ambiente. ¿Es que nadie pensaba que era muy tarde para que la joven de la familia siguiera fuera de casa? La curiosidad le corroía sobremanera, y la culpabilidad por cómo le había tratado en la mañana no le dejaba tranquilo. Ella le había hecho daño, eso era cierto, pero... ¿acaso él no se lo merecía? Le había mentido con lo de Ryoga, cosa que no le sentó muy bien, le habían besado las otras chicas en más de una ocasión y, además, ...bueno, Akane le había dicho que le quería.
Ahora que lo pensaba se sentía como un tremendo miserable.
"¡Tadaima!" gritaron desde la puerta de entrada. A los pocos minutos apareció la joven en la puerta del salón.
Ranma se quedó paralizado, Akane estaba, como poco, preciosa. Llevaba una falda corta negra con vuelo y una camiseta azulada de escote en uve y pronunciado. ¿Desde cuando Akane llevaba esas ropas? ¿Dónde habían quedado las ropas aniñadas y los vestidos de animalitos?
"Buenas tardes familia, me voy a la cama, estoy muy cansada"
"¿Qué tal tu cita hermanita?" preguntó Nabiki, mirando de reojo a Ranma, que aún seguía mirando a la joven.
Akane le lanzó una mirada furiosa a su hermana y después vio a Ranma. Él apartó la vista inmediatamente, pero hubiera jurado que se había sonrojado a mirarla.
Ranma estaba furioso, ¿se había vestido tan bonita para ir con ese? ¡Maldito! ¡Akane es mía! Apartó la mirada en cuanto se dio cuenta que Akane se fijó en él. Sin embargo, no pudo evitar un sonrojo que apareció en sus mejillas, pues imágenes poco decorosas se dibujaron en su mente, de él y Akane, juntos. Fijó su vista en el televisor, haciendo como si la conversación le importara lo más mínimo. Pero se quedó atento a la respuesta de la joven.
"Pues bien, me he divertido mucho. ¡Oyasumi!"
"¡Oyasumi!" gritaron todos de vuelta.
"Y bien Ranma, ¿no piensas hacer nada?" preguntó Nabiki en cuanto Akane desapareció en las escaleras.
"Nabiki..." fue el comentario de Kasumi.
"Si yo no digo nada" se hizo la inocente la muchacha, y siguió mirando al televisor con una sonrisa pícara en la cara.
Ranma le lanzó una mirada tenebrosa, mirada que ella vio pero no le preocupó. Se levantó sin decir nada y se dirigió a su habitación, dispuesto a llevar a cabo su plan. Esto ya era demasiado, no podía seguir con esta situación. Su corazón le alertaba de que se parara y pensara las cosas, pero su mente le obligaba a seguir adelante. Estaba decidido.
A la mañana siguiente Akane se levantó temprano. Se duchó, se puso el uniforme y bajó a la planta de abajo dispuesta a desayunar.
"Akane, ¿puedes ir a despertar a Ranma?" pidió Nodoka con voz angelical. Akane iba a protestar, pero no pudo negarse cuando la madre de Ranma se dio la vuelta y siguió preparando el desayuno en la compañía de Kasumi.
Suspiró pesadamente y dirigió sus pasos nuevamente escaleras arriba.
"Ranma" llamó, sin entrar. "Ranma, levántate o llegaremos tarde" pero no hubo respuesta. Volvió a suspirar, dándose cuenta que tendría que entrar a la habitación para que el muchacho se levantara. No quería enfrentarle, desde ayer en el dojo que no se hablaban, pero no le quedaba otra opción, ¿no? Respiró profundamente para darse fuerzas y abrió la puerta de la habitación.
Kasumi se estaba terminando de sentar, todos ya estaban preparados en la mesa, esperando a los más jóvenes de la familia.
"¿Dónde están los muchachos? Tengo hambre" se quejó el maestro, frunciendo el ceño y miró a sus súbditos que empezaron a temblar.
"No se preocupe maestro" respondió la dulce voz de Kasumi. "Ya Akane fue a por Ranma"
En ese momento pasos rápidos se escucharon y la puerta del salón se abrió con fuerza. Akane estaba allí, parada y respirando fuertemente, cansada del ejercicio, los ojos abiertos como platos y balbuceando algo incompresible.
"Akane hija, ¿pasa algo? ¿dónde está Ranma" interrogó Nodoka.
Akane tragó con dolor y ordenó los pensamientos en la cabeza, dándose cuenta de que hablaba incoherencias. Cerró los ojos dándose un momento de valor y, cuando los volvió a abrir, notó como todos la observaban consternados.
"Es Ranma" dijo, ¿cómo les iba a dar la noticia?
"¿Qué le pasa a mi hijo?" preguntó algo preocupada.
"Ranma..." la miró triste "Ranma se ha ido"
Terminado el 20 Enero de 2008.
Y aquí tenemos el siguiente capítulo. He sido muy rápida, hasta yo estoy sorprendida. En fin, Ranma se ha marchado. ¿por que? ¿a donde?
Espero sus reviews, son los que me ayudan a escribir.
Besos
