Bien, siguiente capítulo arriba, espero que lo disfruten, las cosas se ponen un poquito intensas en este capítulo.

===Capítulo===

–Pero... ¿así sin más? – Preguntó la maestra Tigresa, miraba con preocupación al tigre que aún se mantenía muy retraído.

–Habían rumores de que son los espíritus de las personas malas que fallecieron y decidieron continuar con todo lo que hacían, pero no estoy muy seguro... –Dijo Tes, seguía guardado en esa "cajita" de la que solo el podía sacarse, la maestra Tigresa lo miró con cariño y puso una mano sobre el hombro del felino, quien volteó y observó a Tigresa con una notable sonrisa en su rostro, el joven Tes se ruborizó y una vez más su mirada estaba en el suelo, Tigresa cambió su expresión a intriga, si, sentía intriga por la existencia de estos seres tan horrendos, es decir, como lucían... ¿era posible si quiera que estuviesen plenamente vivos? ¿O en verdad eran espíritus que les toca pagar por lo que hicieron en el mundo?, ella simplemente no podía creer en eso, no había encaje posible para esa idea.

–Maestra... veo que ya conoció a mi hijo.– Decía amablemente la otra tigresa que salía de la casa y se quedaba parada al otro lado de la maestra.

–Muchos dicen que estuviste asombrosa cuando te enfrentaste a los íncubos... –Dijo Tes sonriendo, poco a poco la coraza se rompía dejando ver a un amable jovencito.

–¿Muchos? – Preguntó Tigresa arqueando una ceja con simpatía y mirando al joven curioso.

–Los jóvenes del pueblo, no se sorprenda maestra... a muchos de ellos le interesan las artes marciales y ver a una maestra en acción... de seguro resultaba muy motivador. – Dijo la tigresa amablemente, Tigresa resultaba halagada, solamente les había defendido y ya estaban tratando amistosamente con gran confianza, se sentía en el más puro estado de "familia".

–Ah... ya veo... – Dijo Tigresa, parecía más satisfecha con la respuesta de la mujer.

–¡Hey!, ¡Tes!, ayúdame con la leña... – Decía el Tigre mientras regresaba a la construcción cargando unos trozos de madera en sus brazos.

–¡Allá voy! – Decía Tes mientras se levantaba de su silla y empezaba a correr en 4 patas hacia el lugar en el patio donde el Tigre había cortado la madera, y éste ya regresaba caminando con una sonrisa en el rostro en dirección a la casa.

–Yo me encargo de comida... – Dijo el Tigre, se había detenido cerca de su esposa y se había inclinado un poco hacia ella dándole un beso en la mejilla, a Tigresa le pareció curiosa tal muestra de afecta, no resultaba incómoda que la mostrara delante de ella, simplemente curiosa... el tigre continuó su camino hasta que entró en la casa, volteando hacia el patio nuevamente observó como el pequeño tigre llevaba unos cuantos trozos de madera en la misma dirección que su padre.

Entonces la tigresa empezó a caminar hacia el cercado de madera que tenían, muy despacio y silenciosamente, Tigresa se levantó de la silla y le siguió hasta estar junto a ella, ambas tigresas estaban apoyadas sobre el cercado, a su derecha observaban como la aldea se activa un poco con los jóvenes tigres caminando de un lado a otro conversando.

–Se siente bien saber... que ya todo está definido... y no hay de qué preocuparse... – Dijo la tigresa mientras daba a observar a los diversos árboles que formaban un bosque posterior en la aldea, Tigresa solo le miró con cierta tristeza subliminal que la señora tigre alcanzó a notar, –Y ¿cuál es tu problema? – Preguntó con más ánimos la señora.

–Nada... solo pensaba... – Respondió Tigresa desviando la mirada.

–A mi no me engañas... yo también fui joven... – Exclamó la señora tigresa mientras se señalaba a sí misma con la mano izquierda, Tigresa sonrió por lo bajo, aunque era una forma de alegría que requería de una forma de expresión más energética, liberadora y tranquilizante.

–Es que... es algo privado... – Dijo Tigresa desviando la mirada de la señora, la cual le miró con una sonrisa más extendida que la anterior.

—¿Será algún tema de amor, quizás? –Preguntó con una larga sonrisa y acercando su rostro al de la maestra furiosa, que observaba ruborizada y un poco asustada en estos instantes.

–Ehh... –Balbuceó Tigresa.

—Todos... bueno, todas pasamos por eso, el corazón es una cosa extraña que por lo que veo, ni siquiera el Kung Fu puede dominar... – Dijo la señora tigresa, quizás ella no fuera maestra, o experta en algo, pero sus palabras demostraban sabiduría, extensa e importante, no valían menos que las enseñanzas del maestro Shifu, aunque quizás si le eran más útiles en esos momentos.

—No sé que camino tomar... – Exclamó Tigresa, sin embargo, lo había dicho como si esas palabras salieran más de su pobre y aturdido pensamiento que directamente de su voluntad.

–¿Decisiones?, esa las toma el tiempo, simplemente hace falta esperar y observar, ya verás, quizás sea difícil pero recuerda que las cosas se dan solas, jamás tienen que ser forzadas, si lo llegan a ser pueden resultar extremadamente dañinas, ya me ha pasado... – Dijo con seguridad y alta confianza la señora.

–¿Ah si?, ¿Algún ejemplo con su propia vida de esta teoría? – Preguntó Tigresa interesada en conocer más, ese interés que resultaba renacido en muy contadas intenciones.

–¿Un ejemplo?... – Preguntó con un poco de incomodidad la señora tigresa. —Por supuesto... si hace muchos años una joven y hermosa tigresa no hubiera clavado sus garras en la espalda de ese apreciable zorro durante un baile... jamás hubiera conocido a su auténtico acompañante... – Dijo la señora Tigresa mirando al cielo con sus manos juntas y pegadas a su pecho.

–Y esa tigresa... ¿era usted? – Preguntó la maestra furiosa con asombro.

–Si, el zorro en verdad se sintió muy humillado, especialmente después de que golpeó a una compañera debido a su reacción, y su pareja lo golpeó a el sacándolo del baile, y los administradores le prohibieron volver a ingresar en el lugar en su vida... pero todo está bien. – Exclamó con un excesivo buen ánimo, la anécdota de la señora Tigresa le había dejado un mensaje muy importante, en verdad las cosas solo ocurren por que deben ocurrir, pero también se filtró las posdata de que alguien puede terminar muy mal...

–Es como si lo bueno y lo malo no pudieran separarse... – Dijo Tigresa con una sonrisa enfocada en la señora tigresa.

–Si, pero, todos tienen su turno en este juego llamado vida... – Dijo la señora tigresa con una sonrisa más sutil aun, Tigresa bajó la mirada con preocupación, no sabía exactamente cual debía ser su próximo movimiento ahora, pero y lo más importante resaltaba en su situación de indecisión...

–¿Y qué pasó después? – Preguntó Tigresa, faltaba un fragmento en la historia.

–El zorro llegó a donde vivía a pedirme disculpas por su reacción, mi mamá estaba presente cuando pasó y resultó que con miradas y muecas me ordenaba también pedir disculpas, aunque si tenía planeado hacerlo, por supuesto... – Respondió la señora Tigresa mirando al cielo, evitaba tener contacto con Tigresa en esos instantes, –El punto es que todo ocurre por que debe ocurrir...– Añadió retomando la mirada casi completamente desviada de Tigresa.

En otro lugar del bosque

–Reyko, ¿Estás bien? – Preguntó Musashi sentado sobre la rama de un muy alto árbol en medio de la neblina, junto a el, en su lado derecho y más próximo al tronco del árbol estaba el jaguar blanco.

–¿Por qué preguntas? – Preguntó Reyko, la mejor forma de responder una pregunta, jamás es preguntando nuevamente.

–Por que estás distraído... y triste... – Dijo Musashi, mirando con preocupación al jaguar.

–¿En serio?, no lo reconocía... – Respondió Reyko, aun mirando la niebla como si tuviera algo más importante que lo que le decía su amigo.

–Ohh... ya veo, vamos, no puede ser que no me diera cuenta antes de lo que ocurría. – Exclamó con gran seguridad de sí mismo el zorro, respiraba hondo observando el paisaje ciego.

–¿A qué te refieres? – Preguntó Reyko tornándose un poco enojado en contra del jaguar.

–Dime Reyko... ¿qué tanto has aprendido? – Preguntó Musashi sonriendo con un poco de malicia e inclinándose al jaguar.

–Muchas cosas, son grandes expertos del Kung Fu, el juntar entrenamiento de repente con la maestra les ha de resultar entretenido, pero estoy consciente de los problemas en que me he metido con ella... –Dijo Reyko, lució más desanimado al mencionarla...

–¿Sabes?, mi padre me contó una vez, que había asistido a un baile con una señorita del sitio donde solían estudiar. – Dijo Musashi, sonreía como aquel que recuerda y espera su plato de comida favorito.

–¿Ah si?, ¿Y porqué me cuentas ésto? – Preguntó Reyko, había apoyado su mandíbula sobre la mano, cuyo correspondiente brazo descansaba en su pierna.

–Sin embargo, mientras bailaban la señorita realizó un tremendo atentado contra su vida social y vida vida – Añadió el zorro mientras resultaba asombrado, por su mente recorría la cinta de video de sus recuerdos.

–¿En serio?, wow. – Exclamó Reyko desinteresado.

–Presta atención muchacho, el creía que todo ocurría por algo, así que no se enojó, a pesar de una tremenda golpiza que recibió de otro sujeto... – Dijo Musashi con más entusiasmo.

–Eso lo sé, no hay mal que por bien no venga, sin embargo a veces se hace difícil comprender como algo tan bueno puede llegar a ser tan malo... – Exclamó Reyko entrecerrando los ojos con sospecha, algo más recorría las paredes y esquinas de la mente del jaguar de tal forma que se formaba un remolino de pensamientos y emociones.

–Mmm... creo que ya te conté esta historia... – Exclamó Musashi ruborizado de la verguenza y desviando la mirada de Reyko.

–Me alegro que estés bien Musashi, también tu hermana... – Dijo Reyko, de alguna manera eso pareció tranquilizar a su amigo.

–Ah... muchas gracias Reyko, esas cosas... no me imagino como nos hubiéramos salvado si no hubieran estado tu y la maestra Tigresa... – Dijo Musashi bajando la mirada.

–Yo creo que lograbas proteger la aldea por ti mismo... – Dijo Reyko, ahora el bajaba la mirada, –Te veo luego, amigo. – Exclamó por última vez antes de dejarse caer del árbol y sumergirse en la niebla mientras que su amigo permaneció admirando el ciego paisaje.

El jaguar cayó con ligereza en el suelo, con sus celestes ojos miró a su alrededor, pero, parecía más bien que su alma indicara el camino a seguir, entonces Reyko se alejó del lugar ubicando sus manos en los bolsillos, así, se protegía del frío tan desolador, empezó a caminar con gran agilidad a través del lugar, medio en el que resultaba verdaderamente fácil perderse, pero el seguía el camino que su alma le asignaba, no tenía por que temer ahora.

Y siguió, siguió, siguió, ocasionalmente se frotaba los brazos, exhalaba profundamente y observaba como su aliento se condensaba delante de él, siguió y siguió, entre la niebla una figura que se movía empezaba a tomar forma y acercarse cada vez más, resaltaba de gris en el blanco infinito.

De repente estuvo bastante cerca y se encontró justo en frente a la maestra Tigresa respirando acelerada y profundamente, de repente ambos se miraron y una sensación cálida se formaba entre ellos.

–Tigresa... ¿Qué haces por aquí? – Preguntó Reyko casi asustado.

–Lo mismo... ah... estaba por preguntarte... uhh... – Decía Tigresa cortándose entre respiraciones muy profundas y agitadas.

–Oh... siéntate un rato, vamos debajo de ese árbol, no te debes agitar a tales extremos... – Dijo Reyko mientras se dirigía hacia el tronco de un gran árbol que se abría camino hacia las nubes con su tamaño, Tigresa le siguió, aun respirando de muy agitada forma, cuando finalmente Reyko tomó asiento, Tigresa también lo hizo al lado izquierdo del jaguar, mantenían cierta intimidad entre ellos. –¿Qué hacías? – Preguntó curioso mirando a la maestra furiosa realmente agitada.

–No te vi en la aldea, así que decidí buscarte, quizás tenías algún problema... – Dijo Tigresa mirando a Reyko preocupada.

–La próxima vez tendré que darte un informe de lo que pretendo hacer... – Dijo Reyko sonriendo amigablemente, resultaba que así las cosas podrían ser mejores, pero tanta preocupación por parte de Tigresa llegaba a inquietarle de mala forma...

–No... – Dijo Tigresa negando la cabeza con una sonrisa en su rostro.

–Tigresa... – Dijo Reyko mirándola con los ojos entrecerrados y casi triste..., la maestra furiosa bajó la mirada ruborizada, había algo en el ambiente...

De repente un gran trozo de madera golpea a Reyko surgiendo desde la niebla, Tigresa observa asombrada como el trozo de madera se rompe en diversos pedazos al hacer contacto con el jaguar, los restos se dispersan y observa como Reyko había interpuesto su mano entre el y el objeto, temblaba, desde donde está empieza a correr en 4 patas justo en dirección recto hacia al frente, salta y en un segundo devuelve un íncubo muy cerca de Tigresa, quien lo evade, aunque no fue necesario, pues habría llegado arrastrándose a pies de la maestra furiosa, este lucía diferente, su piel era verdosa y tenía una hoja metálica incrustada en donde debía estar su mano izquierda, mientras se levanta con torpeza, Reyko se vuelve a abalanzar contra el ser, en este momento asestó una fuerte patada que logró hacer chocar a la abominación contra el tronco del árbol, el mismo en el que a sus pies, hace unos instantes estaban sentados los dos felinos, Reyko trata de asestar un puñetazo, pero el monstruo antepone su arma ante el...

–¡Reyko! – Grita Tigresa mientras se acerca, pero Reyko había sujetado el arma con sus garras y la había alejado de su cuerpo muy rápidamente, asesta un golpe en la mandíbula del ser, aunque no pareció ser muy efectiva...

El íncubo sujeta a Raven del cuello con su única mano disponible y dando un giro de 180 grados golpea a Reyko contra el árbol, ya se aproxima el siguiente movimiento, cuando el jaguar da una patada doble que terminó de alejar al ser varios metros, pero una vez arrastrándose por el suelo, el ser se recupera y parece resignado, entonces da media vuelta y regresa a la niebla rápidamente.

–Agh... – Exclama Reyko exhausto mientras se deja deslizar y termina sentado nuevamente.

–¿Estás bien? – Preguntó Tigresa mientras se acerca apresuradamente al jaguar y se arrodilla junto a el rodeándolo con su brazo derecho.

–Si... no me lo... esperaba. – Dijo Reyko mientras le miraba de forma bastante triste.

–Reyko... – Exclamó Tigresa, igual de triste.

–¿Disculpa?... – Dijo Reyko, sin embargo no bien había notado que tenía los labios de la maestra furiosa pegados a los suyos, sus brazos alrededor hacían que el beso fuera más intenso, y esa acción, ese apego... brindaba un ambiente tan cálido y cómodo... siente como sus mejillas se humedecen, la maestra lloraba, quizás por fin dejaba fluir esas emociones que retenía de forma cruel e impía, el jaguar rodea con sus brazos a la maestra furiosa, que ahora sujeta la cabeza del jaguar con sus dos manos, esperaba que jamás se separase de él, de su amigo, de su envolvente y delicado amor.

=== Fin del capítulo===

Espero que les gustara, Dios les Bendiga y les veo en el próximo capítulo.