Esta semana he recibido comentarios de mis seguidoras habituales (yeiii! XD) y de alguna nueva (bienvenidas todas^^) y se ha repetido la opinión general de que este fanfic ha empezado con un ritmo más bien rapidillo. No lo voy a negar, es verdad, pero, ¿para qué me voy a explayar en algo que todas sabemos y hemos visto? Nosotras a lo que nos interesa, ¿o no? XD De todas formas yo lo necesitaba como parte fundamental de la historia (a demás de que soy muy tiquismiquis con eso de la fidelidad al manga), así que lo acabé poniendo.
¡Pero no os preocupéis! Pronto empezará lo bueno! ^^
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Mentira nº 3: Para ser verdaderamente libre no basta sólo con desearlo. Hay que romper las cadenas.
Ser fuerte siempre había sido su única opción.
Perdió. Perdió ante Teach aun habiéndolo dado todo en aquella pelea. Debilitado y seriamente malherido, Kurohige prefirió entregarle con vida a la Marina. Unas cadenas de Kairouseki marcaron la piel de sus muñecas y tobillos desde el mismo momento en que calló inconsciente, y así cargaron con él. Barbanegra le llevó a Impel Down. No mostró ninguna compasión por él aun sabiendo la suerte que su ex-comandante correría.
Tampoco es que Ace le suplicase para que le dejase marchar.
Él era Comandante de la Segunda División de los piratas de Barbablanca. No temía al dolor ni a la muerte, y mucho menos a la Marina y su estúpido caldero de agua caliente. Tener un "bautismo" en agua hirviendo en Impel Down era lo que menos le preocupaba. Podría soportarlo. Necesitarían mucho más que eso y unas cadenas de Kairuseki para doblegar su voluntad. Siempre supo que ser pirata sólo podía acabar de dos maneras: siendo libre o preso del Gobierno Mundial.
Sólo había una cosa que lamentase estando en las oscuras profundidades del nivel seis, del Infierno Eterno… y era haber fallado a los suyos.
Una semana. Sería ejecutado en una semana. Sólo le quedó resignarse a su suerte cuando recibió la noticia. Ninguna emoción especial marcó su rostro cuando se lo dijeron salvo la desafiante mirada del orgullo pirata que aún quedaba en él. Llevaba esperando a escucharlo desde que llegó, había sido cuestión de tiempo que alguien viniese a confirmar lo que ya sabía.
Moriría en el cadalso en una ejecución pública. Como enemigo del Gobierno Mundial. Hasta entonces esperaría en la oscuridad, en silencio… eso sería todo. Al menos tenía por compañero de celda una cara conocida, aunque era una lástima que tuvieran que reencontrarse en aquellas circunstancias. Jimbei estaba allí con él. No le dijo cuándo sería ajusticiado, pero mejor morir en algún momento que consumirse en aquella prisión lentamente. Ambos pensaban igual, aunque no era lo único que le rondaba por la cabeza al joven pirata con pecas.
No debería pensar en ello, ni siquiera debería desearlo… pero quería ver a los suyos. Una vez más, antes de morir. Quería ver a la gente de su escuadrón, a los demás comandantes, a Barbablanca… a Marco… Habría dado lo que fuera por… No sabía ni siquiera qué era lo que quería de él, pero era la persona de quien más se acordaba. Quizás era por lo que Thatch dijo, porque él… le gustaba.
"Marco…"
El tiempo transcurría tan despacio… Los siete días de adelanto a su ejecución pasaban con una lentitud torturadora. Hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo… cada uno de ellos era una tortura. Una más de todas a las que le habían sometido. Casi deseaba que terminase pronto. Era increíble lo que la desesperación puede hacerle a un hombre. Pero desear morir… ¿Qué sería de Luffy, de los piratas de Shirohige…? No quería dejarles atrás, ni a su hermanito pequeño ni a la que consideraba su familia. Dolía demasiado siquiera pensarlo. Sumido en aquel pesar le encontró Garp cuando vino a verle, pero no fue su visita la que consiguió abofetearle de su silenciosa angustia.
La Shichibukai Boa Hancock, la princesa serpiente, fue a verle. Su interés por él le resultó inexplicable, pero apenas unas contadas palabras susurradas disimuladamente a través de los barrotes de su celda lo cambiaron todo. Aquella mujer dijo que Luffy había venido a buscarle, y que seguramente no sería el único en aparecer. La idea le sobrecogió casi tanto como le espantó. Si cogían a Luffy… Si aquello era verdad… ¿Cómo podía ella…? ¿Por qué se lo había dicho? ¿Qué pretendía? No podía adivinarlo, y apenas lo dijo se fue sin más…
La realidad le golpeó en el cadalso. Shirohige apareció… Piratas de Barbablanca y aliados se presentaron en la boca del lobo para impedir lo inevitable y empezar la que había sido prevista como una gran guerra entre justicia y anarquía, entre marines y piratas. Una guerra que estallaba sólo por él… y la visión de que todas aquellas personas a las que apreciaba estuviesen corriendo aquel riesgo por él le estremeció el alma. Les gritó que se fueran… le gritó a Luffy que se fuera a pesar del tremendo alivio que sintió al verle a salvo. No podía, no quería permitir que todos ellos acabasen sus días allí. Era su culpa. Él era el único culpable. Lo sabía demasiado bien, si no hubiera ido tras Teach… o si hubiera muerto peleando contra aquel bastardo… aquella estúpida batalla ni siquiera habría empezado. Había demasiada sangre, demasiados amigos muriendo sólo por él, sacrificando sus vidas por él, para liberarle, para salvarle…
Entonces vio a Marco echando a volar y atravesar el cielo a toda velocidad en su dirección a la mínima oportunidad. ¡No! ¿Se había vuelto loco? ¡Estaba totalmente al descubierto! La situación vulnerable del comandante del primer escuadrón de Barbablanca no tardó en ser advertida. Tres disparos le atravesaron el pecho, haciéndole precipitarse al vacío y caer a tierra. Eran balas de Kairouseki. Ace se inclinó desesperadamente hacia delante tirando inútilmente de sus cadenas. ¿Por qué había hecho eso? ¿Cómo se le podía haber pasado por la cabeza tontería semejante? Aquella imprudencia era totalmente impropia de él. Le buscó con ansiedad en el campo de batalla, pero estaba demasiado lejos, había demasiada gente y demasiado polvo… no pudo volver a verle.
"¡Marco…!"
Se sintió increíblemente frustrado. Nunca antes en su vida había sido tan inútil como en ese momento, pero pronto pudo empezar a redimirse. Porque Luffy destruyó el cadalso e hizo que le liberasen de sus cadenas. Estaba libre. Estaba libre y todos gritaron con renovado júbilo emprendiendo la huida tan rápido como pudieron. Le habían hecho desear vivir con toda la fuerza de su alma. Le habían liberado de sus cadenas, habían empezado a huir… Sólo podía lamentar no haber ignorado las abiertas provocaciones de Akainu como sus compañeros le suplicaron que hiciese. Qué estúpido, qué estúpido había sido… Ahora ya era demasiado tarde. Luffy tendría que ver… vería…
No le hizo falta mirar. La herida mortal le atravesaba el pecho, robándole la vida a borbotones. Su hermano le sostuvo para evitar que cayese a tierra cuan largo era… pero Ace lo sabía. Sabía que ya no habría marcha atrás…
Todo… terminaría allí.
Sabía que de nada servirían sus disculpas y sus lágrimas… pero lloró como un niño en sus brazos. Disculpándose, agradeciéndoles a todos… todo lo que habían hecho por él… Agradeciéndoles que le hubiesen querido tanto a pesar de ser quién era.
Sólo por eso, sólo por haber podido estar con todos ellos y haberles conocido. Sólo por haber formado parte de sus vidas y haber recibido tanto a cambio… Por ellos… Por todos…
…Había merecido la pena vivir.
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Es un capítulo triste… me sentí realmente mal escribiéndolo. Siempre pensé que con todo lo que había pasado y sufrido, Ace merecía un final feliz. Era un personaje que destilaba vida, para mí merecía vivir… y siempre seguirá vivo. Aquí al menos tiene un lugar donde hacerlo, y un pequeño hueco en mi corazón por ser la persona valiente, honrada y entregada que fue.
