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Mentira nº 4: El sufrimiento no termina con el fin de la guerra.

"Te lo dejo todo a ti, hijo mío".

Marco avanzó entre los heridos casi en trance. No tenía rumbo. Caminaba sin ver entre las camas improvisadas esparcidas por todas partes, pisando el otrora impoluto suelo ahora lleno de suciedad, tierra y manchas de sangre seca. No sabía qué hacer ni a dónde ir. Se sentía totalmente perdido. La gigantesca enfermería del barco estaba saturada del olor viciado a sudor y a sangre. El aire se llenaba intermitentemente de las voces y lamentos de los heridos. Era un lugar insoportable para los pacientes, pero aún más para todos los hombres sanos que debían estar allí para ayudar. Él no había necesitado ningún tratamiento. Su habilidad regenerativa había sanado todas sus heridas, así que se había dedicado incansablemente junto a todo aquel en condiciones de hacerlo a atender a los heridos. Mientras el enfermo sólo era consciente de su propio dolor y miseria, los que aún debían mantenerse en pie tenían que soportar la magnitud de todo aquello. Habían cosido cortes, amputado miembros, extraído metralla y vendado toda clase de heridas. Las enfermeras del Moby Dick no habían dado a basto para tratar a todos los piratas y necesitaron toda la ayuda posible. No obstante, cuando los pacientes en estado crítico se estabilizaron o desgraciadamente fallecieron ante la mirada impotente de sus compañeros, el trabajo aún no estaba hecho. Había que coser mortajas, celebrar funerales, preparar alimentos, abastecerse de vendas y medicinas… y seguir adelante.

En una isla desconocida para el resto del mundo, celebraron el funeral de su capitán con todos los honores. Marco se convirtió inevitablemente en la más alta autoridad de los Piratas de Barbablanca y como tal la tripulación estaba bajo su mando… o eso se suponía. Desde que su capitán y Ace habían muerto ante sus ojos sin que pudiera hacer nada por impedirlo, Marco estaba sumido en un profundo dolor. Shirohige le confió el mando de la tripulación, de todos ellos, pero no se sentía con autoridad ni fuerza para dirigir a su gente. Pidió que todos le siguieran llamando primer comandante. No soportaba la idea de que a alguien se le escapara un "capitán" sin quererlo. Se sentía indigno de escuchar aquella palabra dirigida a él. Le recordaba demasiado que los buenos tiempos de días felices habían terminado.

Porque en Marine Ford Ace cayó sin que nada ni nadie pudiese evitarlo.

Verle morir había sido lo más duro que había tenido que soportar en su vida. El hermano del que tanto hablaba y se enorgullecía, el que había removido cielo y tierra para rescatarle de la muerte, había sido el mismo que le costó la vida. Sombrero de paja entró en shock, y Marco no pudo replicárselo. Él mismo se echó a llorar sin control. Fue la primera vez en años que lo hacía. Pero por encima del dolor, por encima de la rabia y la impotencia, en su mente se afianzó una gran verdad. Nadie le pondría la mano encima al hermano de Ace. Al hermano por el que había estado dispuesto a morir. La persona por la que, de hecho, Ace murió. Marco no permitiría que nadie destruyera el legado que Ace les había dejado. En ese momento sólo pudo pensar que era todo lo que quedaba de él, de su vida, y no estaba dispuesto a fallarle.

Pero, por dentro, Marco no encontró consuelo. El hermano al que más amaba se había ido. Tuvo que perderle para darse cuenta justo en ese momento. La persona que más amaba no volvería a sonreírle. No reiría a su lado. Ace nunca más estaría ahí.

Los piratas de Barbablanca tuvieron que huir en desbandada después de aquello, pero entonces… Teach reapareció. Y Shirohige murió frente a la armada por protegerles a todos. Entonces aquel bastardo de Barbanegra robó ante sus ojos la habilidad de Akuma no Mi de su capitán. La furia y la desesperación les cegaron. Era demasiado. Un insulto así no podía perdonarse, pero no podían hacer nada entonces. Marco se esforzó junto a los demás comandantes para sacarles adelante en aquel maremágnum de muerte y destrucción, así que ninguno de ellos supo hasta más tarde el imprevisto aliado que llegó en misión de socorro. Un submarino pirata surgió de la nada y su capitán reclamó el cuerpo de sombrero de paja para tratarlo e intentar salvarle la vida, pero no sólo le llevaron a Luffy y Jimbei. Al conocer la reciente muerte de Portgas D. Ace, insistió en que se lo entregasen de inmediato.

-¡Soy el Cirujano de la Muerte Trafalgar Law! ¡Si hay alguien aquí que todavía puede tener alguna posibilidad de salvarle, soy yo! ¡Traédmelo, deprisa!

Dudaron, pero de alguna forma supieron que era sincero. Quisieron creerle. Los tres fueron llevados a su submarino. No obstante, no fue sólo su ayuda la que llegó. Justo cuando todo parecía perdido en todos los sentidos, Shanks apareció y detuvo la guerra. Los piratas de Shirohige le estuvieron profundamente agradecidos por aquel gesto, aunque Marco no pudo evitar pensar amargamente desde lo más profundo de su alma que llegaba tarde. Pero así fue todo, y aunque ya había transcurrido más de un mes desde aquella fatídica batalla, no habían tenido ninguna noticia del misterioso doctor y su tripulación. No sabían qué pensar. Todos estaban preocupados por la suerte de Luffy, Ace y Jimbei, pero Shanks les aseguró antes de marcharse que debían confiar en los aliados que les ayudaron a escapar de allí. Aun así, la incertidumbre era demasiado grande. Marco estaba desesperado por volver a ver al segundo comandante, por saber si había merecido la pena alimentar esa pequeña esperanza de que Trafalgar Law hubiese logrado lo imposible. Había muerto en la guerra. Todos le habían visto caer aunque después hubieran llevado su cuerpo inerte al submarino de Trafalgar por orden de éste… ¿Qué habría sido de él? ¿Cuándo podrían saber algo de ellos? Detestaba aquel silencio, aquella angustia le destrozaba. Necesitaba saber… algo. Lo que fuera. No había en el mundo nada que Marco desease más.

Pero a cada día que pasaba, a cada semana… aquella esperanza, aquel anhelo se desvanecía un poco más… y él fue incapaz de aceptarlo.

Recordaba la primera vez que vio la foto de Ace en los periódicos. Y pensar que le pareció un simple mocoso con una recompensa insolentemente alta. Claro, después descubrieron que era un mocoso malhumorado con una recompensa desorbitada pero bien ganada. Aguantar a Jimbei peleando cinco días sin descanso tenía matraca, pero dejarle inconsciente era el colmo. Y pensar que aquellos doscientos millones le parecieron una exageración. Aunque claro, era normal que mantuviese aquella opinión teniendo en cuenta que estuvo cuatro meses en el barco comportándose como un desquiciado mental amargado en vida. Sonrió con tristeza. Recordó sus primeras semanas en el barco, su desconfianza y osadía al insultarle. Sí, se interesó por él. Ace despertaba su curiosidad. Le caía bien a pesar de su insolencia. Le gustaba. Se alegró como el que más de que entrase a formar parte de la banda. Pasaron los meses y se sentía especialmente orgulloso de él. Ace se ganó el respeto y la amistad de Thatch y la suya. Ascendió de rango. Peleaban juntos, sufrían, reían, se divertían… siempre juntos.

Le echaba tanto de menos algunas veces… Echaba de menos sus idioteces, la forma en que caía dormido al comer, su enorme sonrisa con pecas… Echaba de menos sus ojos sobre él. Constantemente. Era como si le hubiesen arrancado un trozo de piel, el que sólo estaba completo cuando aquellos ojos negros le seguían a donde quiera que fuese. Marco se había dado cuenta después de todo, y nada le ocasionaba más dolor. Había hecho falta que lo perdiese para saber que le amaba de verdad. Se sentía derrotado. La tristeza de saber que aquello era cierto destrozó su espíritu. Y pensar que no había querido admitirlo si Thatch lo comentaba… Él lo sabía. Le había dicho más de una vez que no fuera estúpido e hiciera algo al respecto, pero Marco siempre le había ignorado. Entonces Thatch se había ido para siempre, y Ace después de él… para morir ante sus impotentes ojos meses más tarde. No había consuelo suficiente en el mundo para Marco. Nunca lo habría. Quizás pudieron haber tenido una vida juntos… y se la robaron.

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Vale, lo admito, esta semana es bastante depresiva con los capis, pero que le vamos a hacer. No todo pueden ser felicidad, risas y flores -.-

Reviews? =D