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Mentira nº 6: La vida no acaba con una herida más, pero sí termina si no dejas que la herida sane.
En aquella isla siempre hacía un clima primaveral. La temperatura era estable y fresca y por la noche una brisa más fría proveniente del oeste rizaba las olas en la costa donde estaba fondeado el barco de los piratas de shirohige. Los días solían ser soleados y siempre hacía algo de viento. Era un buen lugar donde estar. Pequeño, deshabitado, virgen, exuberante… pero a Marco nada de aquello le importaba lo más mínimo.
Más de un mes había pasado desde el día fatídico de la batalla de Marine Ford. El constante devenir de gente necesitando ayuda para reparaciones, heridos, abastecimientos y vigilancia había ido menguando poco a poco. También los funerales acabaron por concluir y todos los supervivientes estaban fuera de peligro y en proceso de recuperarse por completo. La actividad disminuyó hasta casi desaparecer. El barco hermano del Moby Dick no era tan grande como su predecesor, pero en general mantenía las mismas condiciones y distribución que el primero. El camarote de Marco era casi exactamente igual al original. Las diferencias eran mínimas, pero había acabado por sabérselas todas de memoria hasta el más mínimo detalle. Al fin y al cabo… hacía varias semanas que no salía apenas de allí.
Desde que aquella relativa calma se había asentado en el barco tras la agitación, el exceso de tiempo libre torturaba cruelmente al primer comandante. Además, todos parecían esperar que hiciese algo y tomase el control de la situación. Desde el fin de la guerra él era la máxima autoridad que los piratas de Shirohige tenían, pero los fantasmas de los compañeros y seres queridos perdidos no le daban tregua a su alma, ni él mismo tampoco. No encontraba consuelo ni descanso. El sueño había huido de sus ojos y aunque nunca había sido propenso a la bebida, encontraba algo de sosiego en la embriaguez del alcohol. No quería ver a nadie, no hacía caso a los intentos de los comandantes por hacerle reaccionar. No tenía hambre, ni frío, ni calor. No sentía tristeza, ni ira, no podía llorar… Estaba corrompido por el pesar y la pena. Marco apenas era una sombra del hombre firme y seguro que fue, y prefería sufrirlo en soledad a castigar a la tripulación con la visión del primer oficial al mando consumido por la desdicha.
Llamaron a su puerta e ignoró la voz que reclamaba su atención pidiendo permiso para entrar. Siguió mirando sin ver el techo vacío sobre el sillón del escritorio donde estaba recostado lánguidamente con una botella de ron medio vacía en las manos. Volvieron a llamar golpeando con más fuerza. El sonido retumbó en las paredes del cuarto generando una molesta reverberación en sus oídos. Dejó la botella en la mesa con un resoplido y se sentó mejor en la silla, todavía sin contestar. Una tontería, porque sabía que quien había ido a buscarle para la dosis diaria de sermón moral no iba a marcharse así porque sí, más aun sabiendo que él estaba allí. Volvieron a llamar, esta vez con una fuerza tremenda que le desquició los nervios.
-Lárgate, Vista. No tengo ganas de empezar otra vez.
Las palabras de Marco fueron como la concesión del permiso de entrada, porque el comandante del Quinto escuadrón entró en el camarote cerrando nuevamente tras de sí. Vista se mesó el bigote echando un vistazo al deplorable estado del primer comandante y miró con malos ojos la colección de botellas sobre el escritorio a un lado de Marco.
-¿Por qué siempre me dices lo mismo si sabes que no me voy a ir? – el hombre sentado en el sillón tomó un largo trago de licor y dejó escapar un siseo amargo antes de contestarle.
-Supongo que porque tengo la esperanza de que alguna vez me hagas caso.
-Bueno, al menos todavía tienes esperanza en algo – el comentario se ganó una mirada sombría de Marco, que volvió a echar otro trago en una actitud abiertamente hostil.
Vista suspiró y dio un par de pasos quedándose ante su escritorio y mirándole con seriedad. Marco le ignoró. Cuando fue a beber de nuevo el quinto comandante retuvo su muñeca y tomó en sus manos la botella, girándola con tristeza para después dejarla a un lado lejos del alcance del otro hombre. Los ojos de Marco se estrecharon, pero no dijo nada. Vista sólo tardó un instante en empezar a hablar de nuevo.
-Sé que lo has pasado mal, pero no eres el único, Marco. No estás sólo en esto – el comandante no le respondió. Se limitó a seguir sumido en su mutismo. Vista bajó la mirada al piso un instante antes de pronunciar las palabras que le obligarían a reaccionar -. Ace y Padre están muertos. Tienes que asumirlo.
Fue como una explosión. Primero el cuerpo del rubio se tensó de golpe, músculo a músculo. Sus ojos se clavaron por fin en el hombre que seguía allí de pie, impasible. Le fulminó con la mirada. Toda la rabia, todo el dolor y la furia de su ser estaban concentradas en los ojos de pesadilla que Vista tuvo que soportar.
-¿Crees que no lo sé? – bramó -.¡¿A caso crees que me he olvidado de ellos? ¡No necesito tus estúpidos consejos de moral y consolación, Vista! ¡No me sirven de nada! ¡¿Me oyes? – Marco no se dio cuenta de que había empezado a gritarle al comandante del quinto escuadrón -. ¡Os creéis que lo sabéis todo sobre mí! ¡Todo el mundo sabe lo que me conviene! ¡No tenéis ni idea! ¡Ninguno!
-Todos queríamos mucho a Padre, Marco. Y…
-¡CÁLLATE! ¡YA BASTA! – Marco parecía que verdaderamente iba a golpear a Vista. Estaba totalmente fuera de sí. En dos pasos estaba delante del hombre que le doblaba en altura. De poco le servía su metro noventa y pocos frente a semejante mole, pero por todos era sabido que la complexión y la estatura no era impedimento para que dos comandantes de Shirohige pudieran dañarse gravemente entre sí.
-…Y a Ace también le queríamos, incluso aunque no fuese de la manera que tú lo hacías – Marco se detuvo en seco. Su mirada se volvió vidriosa de golpe, clavándose en los ojos negros de Vista.
-¿Qué has…?
-Thatch me comentó un día – comenzó con lentitud sin perder de vista el lenguaje corporal del primer comandante - que aunque ya tuviese rango de comandante y fuera perfectamente capaz de tomar él solo ciudades enteras, te preocupabas por él más que por cualquier otro. Una vez me contó que Ace prácticamente le reconoció que se sentía atraído por ti – Marco tragó saliva.
-…No puede ser – murmuró en un susurro.
-…Le dijo que la mejor forma de averiguarlo era besándote, ya sabes cómo era Thatch… Pero parece que nunca lo hizo.
"…No lo hizo…".
-Pero – tragó saliva – él… él nunca me dijo nada…
-¡Pues claro que no! ¡Porque estaba aterrorizado! ¡¿Cómo quieres que un chico tan joven no esté confuso cuando descubre que le atrae otro hombre? ¡¿Es que has estado ciego, Marco?
Marco sentía una presión que le asfixiaba impidiéndole respirar. No podía ser verdad. No era cierto que de verdad Ace había estado al alcance de su mano y no había hecho nada. Era demasiado horrible.
"Él me quería… Él me quería y yo le quería a él; y se fue sin decirme nada…".
Se estaba mareando.
Qué estúpido había sido. Qué estúpidos habían sido los dos.
-… ¿Por qué me cuentas esto? – sollozó con desesperación cubriéndose la cara con las manos mientras sus hombros se hundían irremediablemente. Gimió roncamente antes de levantar la vista hacia él con la rabia descontrolada de la más absoluta impotencia -. ¡CONTÉSTAME! ¡¿POR QUÉ ME HACES ESTO, VISTA?
Notó unas ardientes lágrimas derramarse incontenibles por su rostro, pero no se molestó en intentar borrarlas. No soportaba más. El dolor era demasiado grande, demasiado intenso. Ace no iba a volver. Jamás volvería a verlo… ¿Por qué tenía que hacer eso? ¿Por qué tenía que condenarle a aquel infierno ingrato de la oportunidad perdida? Marco lloraba mientras sentía que sus pulmones ardían faltos de aire a pesar de estar solos Vista y él en su camarote, aquella prisión de la que no quería salir desde hacía semanas.
-Porque tienes que reaccionar, Marco… Tienes que dejar salir todo ese dolor. Por tu bien que tienes que hacerlo… o la herida jamás sanará.
-¡¿Y PARA QUÉ QUIERO YO TODA ESA MIERDA? – gritó -. ¡¿QUÉ IMPORTA YA? ¡¿Para qué quiero yo superarlo? ¡Maldita sea! ¡¿Qué más queréis que haga? ¡Yo no pude hacer nada! ¡Tú estabas allí! ¡No ha cambiado nada! ¡¿Qué queréis de mí, joder? ¡¿Por qué tengo yo…? ¡¿Es que no ves que…? – Marco cerró los ojos con fuerza y aporreó su escritorio con tanta fuerza que casi lo partió en dos -. ¡Yo no puedo ayudaros! ¡No puedo más…!
-Eres nuestro primer comandante.
-¡A LA MIERDA LA COMANDANCIA, VISTA! ¡NO SOMOS NADIE! ¡NO TENEMOS CAPITÁN! ¡NO TENEMOS EL MOBY DICK! ¡NO TENEMOS NADA! ¡HEMOS PERDIDO…! – ahogó un intenso sollozo en lo más profundo de su pecho -… ¡Hemos perdido a Ace! – musitó -… Lo hemos perdido todo…
-…Padre querría que siguiéramos adelante, Marco… Lo sabes.
-¡PUES SEGUID VOSOTROS! – vociferó -. ¡NO PUEDES PEDIRME QUE ME OLVIDE DE TODO! ¡NO PODÉIS PEDIRME QUE SEA CAPITÁN, O QUE LLEVE OTRA INSIGNIA QUE NO SEA ÉSTA! – se llevó una mano al pecho mirando con odio a Vista, como si hubiera insultado su honor -. ¡SERÉ UN PIRATA DE SHIROHIGE HASTA MI ÚLTIMO ALIENTO! ¡Y SOIS UNOS TRAIDORES A SU MEMORIA SÓLO POR PROPONÉRMELO!
-Sé que estás cabreado porque sientes mucho dolor – el tono de voz de Vista se endureció terriblemente al escuchar aquellas palabras mientras sus ojos de acero sostenían la mirada colérica del primer comandante -. ¡Pero no toleraré que insultes a la tripulación porque tú tengas un calentón estúpido! ¡Eres muy mayor para esto, Marco! ¡¿Cuánto más vas a seguir así? ¡¿Así es como piensas honrar sus memorias? ¡¿Emborrachándote en tu camarote hasta caer inconsciente?
-¡CÁLLATE! – le señaló acusadoramente mientras se apoyaba temblando de ira en el destrozado escritorio -. ¡¿QUÉ COÑO ES LO QUE NO ENTIENDES? ¡YO HABRÍA DADO MI SANGRE Y MI ALMA PORQUE ESTUVIERAN AQUÍ!
-¡Pero no lo están! ¡Afróntalo! ¡Sé cómo te sientes, pero…!
-¡TÚ NO TIENES NI PUTA IDEA DE CÓMO ME SIENTO! – gritó Marco totalmente fuera de sí -. ¡TÚ NO HAS PERDIDO LO QUE YO HE…!
-…Marco…
Una voz distinta detuvo al primer comandante en seco, jadeando presa del calor sofocante de la furia y todavía con el rastro húmedo de aquellas ardientes lágrimas grabado en la piel. Vista y él se volvieron hacia la puerta ahora abierta. Toda la tripulación estaba allí, pálida y grave. Pero la persona que había hablado, la persona que les estaba mirando con los ojos desencajados y llenos de lágrimas en el umbral del camarote con la expresión del más cruel de los sufrimientos era la que les había detenido el pulso y el aliento sólo por estar donde estaba.
Acababa de aparecer un fantasma.
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Qué. ¿Se queda, o no se queda interesante? XD
Espero que Marco no se me haya ido de las manos, pero en algún momento tenía que explotar, estaba claro. -.-
