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Mentira nº 8: El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional. No te castigues.
Le dolía terriblemente la cabeza. Se despertó despacio, sintiendo una neblina soporífera enturbiándole los sentidos. Algo suave y fresco le cubría la frente y parte de los ojos, pero podía entrever un poco de la claridad entrando en la habitación en penumbra… Se sentía agotado. Ace se llevó una mano a la frente apartando la gasa húmeda que alguien le había puesto para refrescarle. Entonces recordó. Debía haberse desmayado. Qué vergüenza caer así cuando él ya no quería volver a preocuparles más…
-Mierda… – murmuró, encogiéndose en la cama.
Los ojos se le cerraban con agotamiento. Se sentía indescriptiblemente vacío. Había vuelto, pero… no era el regreso que había imaginado. Barbablanca estaba… estaba… Cerró los ojos mordiéndose el labio inferior cuando sintió que le empezaba a temblar. Ni siquiera era capaz de pensar en ello sin sentir que su corazón se encogía de dolor. Se tapó la cabeza con las sábanas, acurrucándose en la cómoda cama sin sentirse reconfortado en absoluto. Toda la tripulación había perdido a su capitán porque él fue un inconsciente. Ahora comprendía la terrible equivocación que había cometido al ir tras Barbanegra. La angustia le dominaba. ¿Cómo habían podido darle una bienvenida tan cálida, sabiendo que él… él…? Entonces recordó que Marco no había reaccionado al verlo. Ninguna expresión afectuosa había asomado a su rostro. No había habido ninguna sonrisa para él…
"Me lo merezco". Pensó con firmeza.
Se merecía que Marco le odiase. Se había ido sin hacer caso a nadie y después había puesto en peligro cientos de vidas. Era como si todos aquellos marines y piratas que habían muerto los hubiera asesinado él mismo, con sus propias manos. Si al menos hubiera muerto peleando contra aquel bastardo de Teach no habría habido guerra. Cientos de sus hermanos no habrían muerto. Su Padre no habría muerto. Todos estarían bien… y Barbablanca estaría todavía allí. Era su culpa. Todo era culpa suya, de su arrogancia y su estupidez. Trató de resistir el empuje de la desolación, aquel dolor abrumador que ya antes le había superado… pero no encontró fuerzas para contenerlo. Jamás había conocido una desesperación tan profunda. Sintió un gemido acumularse en su pecho, quebrándole. Con un tremendo sollozo comenzó a temblar encogido sobre sí mismo. Los ojos empezaron a arderle, amenazando con derramarse de nuevo. Ahogó un gemido en la almohada, retorciendo las sábanas entre sus manos con amargura, resistiéndose al llanto.
Notó la cama ondularse a su lado y sintió el contacto de una mano en su hombro, apartando suavemente la sábana con la que se había cubierto la cabeza. Giró el rostro para ver quién era y un instante después unos brazos le rodearon con fuerza, atrayéndole contra su pecho, estrechándole contra él, abrazándole… Tardó apenas un instante en reconocer en su cuerpo el mismo olor de las sábanas.
Marco estaba con él. No estaba solo.
El pensamiento despertó tanto alivio en Ace que las lágrimas empezaron finalmente a escaparse silenciosamente de sus ojos. Sus hombros se sacudieron involuntariamente cuando empezó a llorar, pero no se dio cuenta. Fue entonces cuando Marco se separó ligeramente de él al sentirle estremecerse y Ace pudo ver la preocupación desnuda de sus ojos. Ni siquiera había intentado disimular su turbación. Sonrió tristemente ante la visión de sus ojos anegados de lágrimas y le pasó los dedos por ellos, llevándoselas con él sin decir nada.
-…No te preocupes. Ya verás como todo va a ir bien. No te tortures más, Ace… Ya es suficiente.
Lo dijo con tanta intensidad que Ace sintió algo rompiéndole y desgarrándole en un centenar de piezas irreparables. Sus lágrimas empezaron a brotar con más fuerza, totalmente incapaz de contenerlas. Se mordió el labio inferior intentando dominarse, pero no pudo más. Era demasiado.
-¡Marco…!
Se aferró a él con fuerza, musitando su nombre con la voz ahogada por el llanto. Escondió la cabeza mientras su amigo le devolvía el abrazo con una fuerza terrible. Su camisa no pudo sofocar los gemidos ahogados de Ace por mucho que éste hundiese el rostro en su pecho. Marco, Marco… lo único que podía hacer era llorar amargamente y decir su nombre. El abrazo del primer comandante se fortaleció, ofreciéndole todo su calor para reconfortarle.
-Dios, Ace… Estás aquí… Menos mal que estás aquí… – musitó roncamente hundiendo el rostro en su pelo negro azabache.
El alivio de tenerlo vivo entre sus brazos era igual de intenso que el dolor del muchacho por haber vuelto y encontrado la realidad de que su Padre estaba muerto y los piratas de Barbablanca sin guía ni rumbo. La sombra de todos aquellos meses de aprensión después de que se hubiera ido, las semanas de angustia después de que supieran sobre su ejecución, la carrera contrarreloj para ir a salvarle, cuando murió ante sus ojos, el tiempo que pasaron sin saber de él después de que Law insistiera en que todavía había esperanza… Todo. Todos los recuerdos de Marco pasaron fugazmente ante sus ojos, abrumándole un instante mientras Ace se estremecía entre sus brazos, desolado, refugiándose en él. Todavía podía sentir la misma nausea de entonces, aquella que le había acosado día y noche cuando le creía perdido, el mismo frío que se retorcía en su estómago, aquel dolor… Le atrajo aún más contra su pecho antes de tumbarse sobre él y abrazarle todavía más estrechamente. No notó la momentánea perplejidad de Ace ante su impulsiva reacción ni cómo su propia respiración se agitaba al mismo tiempo que sus hombros se estremecían en un pequeño espasmo. Tumbado en la cama y con el rostro hundido en las sábanas, Marco sintió sus ojos anegarse. Los nudillos se le pusieron blancos por la fuerza con la que retorció la camisa de Ace intentando contenerse y su respiración se enganchó. Apretó los dientes, cerró los ojos con fuerza, pero sus lágrimas siguieron escapándose.
"Está vivo… Dios, Ace está vivo… Lo tengo en mis brazos…, lo tengo en mis brazos… Oh, Dios…"
Empezó a repetírselo en silencio una y otra vez, abrazándole estrechamente como si creyera que iba a disolverse. Ace pestañeó, apartándose las lágrimas al notar que las manos de Marco se aferraban a su camisa casi con desesperación. Su entrecortado aliento le agitaba el pelo y podía jurar que temblaba ligeramente. Algo no iba bien. Cuando fue a llamarle oyó un sollozo atrapado en su garganta y sus hombros se tensaron un instante abrazándose a él más firmemente, haciéndole daño en la gran herida vendada de su pecho y espalda. Marco hundió el rostro aún más profundamente en el hueco de su hombro y fue entonces cuando Ace sintió una ligera humedad en su cuello. Entre la niebla de su agotada consciencia, alcanzó a entender lo que pasaba. El corazón se le encogió.
"¿Marco está…?"
El primer comandante no pudo más. Estaba llorando. Se había derrumbado ante él. Sólo ante él. Era la primera vez en su vida que Ace veía a Marco tan derrotado, tan extremadamente vulnerable. No supo qué hacer. Intentó abrazarle, pero sus brazos se habían quedado atrapados entre los de él. No podía moverse. Llamaron a la puerta.
Marco se tensó y se separó de golpe de él, tan rápidamente que el calor de su pecho contra el suyo siguió allí unos segundos más. Ace le miró, pero Marco mantuvo la vista fija en las sábanas, esquivándole. Mantenía la mandíbula firmemente apretada, obligándose a dominarse. El rastro húmedo de sus ardientes lágrimas seguía allí aun así, imborrable. Al no recibir respuesta, la puerta se abrió ligeramente. Tres piratas se quedaron en la entrada sin atreverse a pasar. Vista estaba allí, y Jozu más atrás. Parecía que la tripulación al completo estaba en el pasillo, preocupada.
-Marco, hemos hecho la cena. Queríamos saber si quieres que te la traigamos aquí con la de Ace.
Marco fue a contestar, pero el labio le tembló ligeramente fallándole la voz. No se dio la vuelta para mirarles, todavía sentado en la orilla de la cama con los hombros hundidos y lo ojos de Ace clavados en él.
-…Cenaremos más tarde, Vista – la expresión de los piratas se iluminó al ver al chico sentándose trabajosamente en la cama y sonriéndoles con valentía -. Dejadnos solos, por favor… Tenemos que hablar.
Notaron el ambiente cargado del cuarto. Ace tenía una expresión cansada, pero también grave y de intensa preocupación. Entendieron que habían interrumpido una conversación importante. No era un buen momento para las visitas.
-Sí, Ace…
-Cenad vosotros. Marco me traerá algo después.
-Si necesitáis cualquier cosa, sólo llamadnos – concluyó Vista comenzando a moverlos a todos para que se fueran. Su mirada había estado fija todo el tiempo en la espalda del primer comandante, haciéndose una idea de lo que pasaba allí.
"Vamos, Marco". Pensó con tristeza. "Déjalo salir".
La puerta se cerró con un chasquido seco, sumiendo de nuevo la habitación en la incipiente penumbra nocturna. Ace suspiró con una triste sonrisa al oír los pasos de sus compañeros alejándose mientras cuchicheaban entre sí. Entonces levantó la vista hacia el hombre inmóvil a su lado, todavía con la mirada fija en las sábanas de la cama.
-Marco – le llamó suavemente -… Marco, vamos…, tranquilo… Estoy aquí, estoy bien…
No reaccionó. Ace apartó las sábanas y se arrodilló en la cama tendiendo sus brazos cubiertos de vendas alrededor de él, abrazándole muy suavemente. Tras dudarlo un instante, se atrevió a apoyar la barbilla en su hombro y cerrar los ojos, quedándose allí. Entonces le oyó suspirar profundamente y parte de la tensión de su cuerpo se alivió. Ace esbozó una triste sonrisa ante el pensamiento de que le había ayudado, al menos un poco.
-¿Te… te he hecho daño?
-No, Marco.
-No debería haber…
-No importa, en serio. No te preocupes por eso – Ace se separó de él y tomó el rostro del primer comandante entre sus manos con una valiente sonrisa -. No me rompo tan fácilmente, ¿sabes?
Intentó decirlo con cierta alegría, pero no estaba muy seguro de haberlo conseguido. Marco se le quedó mirando antes de acariciarle las mejillas con suavidad. Ace no se movió cuando le atrajo de nuevo contra él y le besó la frente antes de abrazarle con cuidado.
-Bienvenido a casa – musitó con la voz tomada. Notó que Ace se abrazaba con fuerza contra su pecho al escucharle, agradeciéndole el contacto sintiendo sus ojos humedecerse de nuevo.
-Gracias, Marco… de verdad… gracias.
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Mi pobre, pobre Ace, y pobre Marco… mira que se lo hago pasar mal a los 2, k mala -.-u
…¡Pero al menos ya están juntos! XD (risa perversa) aún hay cosas que superar y cabos que atar, pero no tardarán en llegar las risas, sólo paciencia^^
Saludos y gracias x leer!
