Heyyy =D
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Mentira nº 11: El hombre verdadero tiene sentimientos y no teme expresarlos.
Ace despertó perezosamente de la soporífera siesta que le había dejado sintiéndose todavía más agotado de lo que ya estaba. Realmente se extenuaba muy pronto con cualquier cosa que hiciera, pero no tenía ninguna gana de reconocerlo. Se desperezó con cuidado de no tensar demasiado la piel y se pasó las manos por el rostro para despabilarse. Entonces escuchó un frustrado lloriqueo tras la puerta de su camarote y el inconfundible arañar de las pequeñas zarpitas de Stefan rascando la madera pidiendo entrar.
"De verdad que no quiere dejarme solo ni un instante."
El pensamiento le arrancó una sonrisa, pero cuando fue a levantarse alguien abrió la puerta por él y Stefan entró correteando alegremente en su busca. No le dio tiempo a impedírselo cuando de un brinco se subió a la cama y empezó a juguetear con las sábanas reclamándole mimos.
-¡No! ¡Stefan, bájate, me lo vas a ensuciar todo! ¡Ehe, he, he…! – rió alegremente cuando empezó a trepar hacia él para lamerle la cara -. ¡Espera, espera, no!
Marco se quedó en la puerta manteniéndose en segundo plano mirando la enternecedora escena de aquellos dos pillos revolcándose en la cama juguetonamente.
-¡Marco! – Ace levantó la vista del cachorro enredado en las sábanas al percatarse de su presencia. Una dulce sonrisa recibió la risueña mirada de sus ojos negros y el primer comandante cerró la puerta suavemente tras de sí antes de acercarse.
-He venido a traerte algo – anunció en tono misterioso acercándose a ellos. Ace pestañeó al fijarse en el paquete envuelto que tenía en las manos, pero antes de que pudiese preguntar qué era Marco continuó -. Cuando todo terminó en Impel Down pudimos recuperar algunas cosas – le tendió el bulto que traía con una mal disimulada sonrisa -. Supongo que habrás echado esto de menos.
Ace le sostuvo la mirada con curiosidad antes de aceptar el paquete y comenzar a abrirlo. Cuando descubrió su contenido una exclamación ahogada se escapó de sus labios y le miró incrédulo.
-Oh, Marco… – murmuró, acariciando su cuchillo de caza y su sombrero vaquero con las yemas de los dedos. Su mirada se iluminó al descubrir que su collar de cuentas rojas también estaba allí -. Pensé que no volvería a ver nada de esto – levantó la vista hacia él con la emoción contenida -. Muchísimas gracias, de verdad…
-No olvides dárselas a los chicos de tu escuadrón – respondió con una amable sonrisa -. Ellos se encargaron de exigir que devolvieran todas tus posesiones confiscadas en Impel Down.
Ace asintió en silencio. Tenía los ojos brillantes y seguía mirando sus cosas con la mirada afligida y una débil sonrisa. Aquel detalle realmente le había emocionado.
"En el fondo, tiene un corazón frágil."
El pensamiento cruzó la mente de Marco como una verdad abrumadora. Realmente deseó poder consolarle y librarle de una vez por todas de aquel dolor interno que sufría, pero aún necesitaría tiempo para sanar.
-Eh – le llamó, tomándole suavemente de los hombros para que le mirase. Ace levantó la vista hacia Marco con la mirada vidriosa -. No puedes ponerte triste. Hicimos un trato, ¿te acuerdas? Si lo haces, me lo llevaré otra vez – Ace sonrió ligeramente ante la broma, pero no consiguió que la alegría llenase ni sus labios ni sus ojos.
-Lo sé, lo siento, es sólo que… es sólo… – suspiró agachando el rostro -. Sé que no es algo que debería haber hecho, pero… cuando estaba prisionero realmente deseé que vinierais a buscarme – se llevó inconscientemente una mano al pecho vendado rozándolo un instante con los dedos antes de seguir -. Es bastante egoísta, ¿verdad? Querer que tanta gente venga a por mí… no es digno de un buen comandante – musitó, evitando su mirada.
-Eres nuestro hermano antes que nuestro comandante – la voz de Marco le respondió suavemente – y a los hermanos se les ayuda – el comentario le hizo esbozar una débil sonrisa. Pequeña, pero sincera.
-Sí – asintió -, pero yo nunca quise… jamás quise haceros pasar por todo esto.
Ace se revolvió el pelo con tristeza y dejó las cosas a un lado sobre su cama excepto su collar de cuentas. Se quedó pensativamente con él en las manos acariciándolo suavemente con expresión ausente, indeciso. Marco se sentó a su lado y como adivinando lo que Ace aún no se atrevía a hacer, le cogió el collar y se lo pasó por el cuello, poniéndoselo. El chico con pecas le miró agradecido y abrió la boca un par de veces sin acabar de decidirse a hablar. Marco no le presionó, simplemente se quedó a su lado esperando pacientemente lo que tuviera que decir. Ace hundió la cabeza entre los hombros con agotamiento y apoyó los codos en las rodillas, ocultando el rostro en las sombras de su pelo durante un instante. Clavó los ojos en el suelo entre sus botas y tomó aire antes de elevar la mirada de nuevo hacia él con los ojos cargados de tristeza.
-…Los chicos me han contado de ti. Me han dicho cómo has estado estos dos últimos meses – la mirada del primer comandante se ensombreció sin que pudiera evitarlo. Marco desvió la vista al suelo sintiendo el recuerdo de aquella rabia y frustración volver a él sin ser consciente de que sus emociones se reflejaban más evidentes que nunca en su rostro y Ace se daba cuenta de ello con especial dolor -... Siento que hayas tenido que pasar por esto por mi culpa… Siento haberte hecho sufrir así – Marco levantó la vista hacia él al escuchar aquel vulnerable tono de voz en el siempre seguro chico con pecas y notar su angustia -. Siento haberos fallado a todos, pero también siento que nada de lo que haga es suficiente. Nunca será suficiente, Marco.
La expresión de su rostro nunca antes le había parecido tan madura como cuando sus miradas se cruzaron en el silencio tras sus palabras. Pareció que iba a añadir algo más, pero vaciló y bajó la mirada de nuevo, abrumado. Después ladeó la cabeza como negándose a sí mismo contener sus palabras.
-Te he echado de menos, Marco.
Ace levantó el rostro y su mirada encontró los profundos ojos azul oscuro del primer comandante. No había dicho a todos, o a la tripulación, no… había dicho a él. Tragó saliva preguntándose si no habría sido ir demasiado lejos. Marco se quedó sorprendido ante la confesión, sin aliento, pero entonces su expresión se suavizó y le sonrió dulcemente.
-Yo también te he echado de menos – respondió. "Más de lo que puedes imaginarte."
Una triste sonrisa se dibujó en los labios de Ace. Sus ojos quedaron cubiertos por su cabello y desvió la mirada antes de que pudiese notar su decepción. Dudaba que Marco le hubiese añorado como él lo había hecho, o al menos con la misma intensidad. Porque lo que él sentía…
"Es totalmente diferente a lo que tú puedas sentir por mí."
Tamborileó los dedos en sus rodillas suavemente antes de levantarse e ir hacia la mesa a buscar alguna caja de cerillas y prender la lámpara de aceite. Cualquier excusa para no mirarle a los ojos era buena. Por desgracia había pocos sitios donde mirar y él no había usado fósforos en su puta vida, así que cuando los encontró descubrió que la cosa era más compleja de lo que parecía. Ya se había cargado cinco cerillas seguidas sin tan siquiera arrancarles una miserable chispita cuando decidió cambiar de táctica.
-Marco, podrías…
-Claro – Marco se acercó y tomó la caja de cerillas que sostenía entre sus dedos. Con un sencillo movimiento y sin ningún esfuerzo, prendió una -. Magia – comentó con una suave sonrisa.
-Muy gracioso – refunfuñó, aunque no pudo evitar corresponderle. Las sonrisas de Marco siempre habían sido algo raro de ver, pero desde que había vuelto le había dedicado más de una, y cada vez que lo hacía sentía que aquel peso dentro de él se aliviaba poco a poco. En verdad que se estaba enamorando de su sonrisa -. ¿Me lo parece a mí o estás más risueño de lo habitual? – bromeó. El rubio rió suavemente.
-Estoy contento – admitió sin reparos volviéndose hacia él después de haber prendido la lámpara -, porque tú has vuelto a casa y el mundo parece ahora un poco más amable para todos.
Esta vez fue a Ace a quien le tocó sorprenderse. Entonces Marco tendió su mano derecha hacia él, pellizcando su mejilla cariñosamente antes de acogerla por completo con una ternura infinita. Esperaba que Ace le alejase de él y se riese haciendo algún comentario de que se había vuelto un sentimental, pero no lo hizo. El chico con pecas simplemente ladeó el rostro en su mano sin apartarse, mirándole en silencio con aquella misma sombra de dolor secreto en su mirada. Marco se sintió inexplicablemente apenado al verle así. No entendía la razón de su tristeza y no sabía lo que significaba aquel velado silencio.
-Has cambiado, Ace – no lo dijo con intención de hacerle sentir mal, pero era algo obvio que sentía que debía decir.
-El dolor me ha cambiado… un poco – admitió sin ninguna alegría. Marco asintió suavemente, comprensivo. Ace vaciló un segundo antes de volver a hablar -. Marco, yo…
-Sssch…
Le acalló con apenas un murmullo en voz baja, acercándose todavía más a él. Sin que se lo esperase, atrajo el cuerpo de Ace en un abrazo tierno, protector. Recostó la cabeza de cabellos negros en su hombro al no encontrar resistencia por su parte y volcó todo su calor en él, reconfortándole. Al mismo tiempo y con un ligero chispeo, las ignífugas llamas del fénix surgieron de su piel envolviéndolos a ambos con un tenue resplandor azulado. Marco sintió entonces cómo los latidos del más joven se aceleraban e incluso cómo se le arremolinaba el aliento por la sorpresa. Después de unos segundos notó cómo sus brazos acababan por estrecharle contra él devolviéndole el abrazo en silencio. Cerró los ojos. Dios, deseaba tanto besarle... Su corazón se lo exigía con una súplica febril y sincera, pero la razón le gritaba que ese no era el mejor momento. No todavía. Y la escuchó. Y le hizo caso. A cambio de aquel pequeño sacrificio lo abrazó con más fuerza, inspirando profundamente el aroma varonil que todo Ace transmitía. Sentía que podría estar eones así, sólo con él.
-Cada día que no has estado aquí ha sido como morir en el silencio de no saber nada de ti – musitó con voz trémula.
Después de un instante se dio cuenta de lo comprometedoras que aquellas palabras habían llegado a ser, pero cuando ladeó el rostro para mirar a Ace con la esperanza de no haberlas dicho demasiado alto, sus ojos le hicieron saber que lo había escuchado. Ace tragó saliva trabajosamente sintiéndose increíblemente atontado sólo por tenerle cerca. Las llamas azules de Marco no eran calientes y no quemaban o se extendían como el fuego normal, pero se sentía extrañamente cálido entre ellas… Era una sensación maravillosa. Entonces el ronco susurro del primer comandante le hizo estremecer e incluso sonrojarse, pero no apartó la mirada cuando los ojos de Marco encontraron los de él y le robaron la visión por unos instantes. Su calidez inundando su cuerpo, su olor turbándole… Notó un ligero vértigo en el estómago al sorprenderse tendido hacia él entre sus brazos, deseando con todo su ser alcanzar sus labios. Volvió en sí para ser plenamente consciente de que estaban abrazados en su cuarto con una actitud bastante ambigua y Stefan correteando histérico a su alrededor, intranquilo con el supuesto fuego. Carraspeó trabajosamente con la boca seca separándose de él, aunque los brazos de Marco tardaron un instante en permitirle alejarse.
-Y-yo… tengo cosas que hacer – murmuró Ace evitando mirarle.
-Eh, sí, yo también.
-Bueno, entonces ya nos veremos.
En un pestañeo Ace se escapó de su propio cuarto y en cuanto hubo cerrado la puerta tras de sí y se hubo alejado a ritmo frenético, echó a correr hacia cubierta hasta quedarse sin aliento. No podría, no podría seguir así. Ahora lo sabía. Marco realmente le gustaba. Los sentimientos que sentía por él no sólo no habían desaparecido, sino que se habían fortalecido. Fue en aquel momento en el que se dio cuenta de que se sentía tremendamente atraído por él.
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Empieza fuerte la semana, eh? XDDDD
¡y esto sigue pà lante! O.O!
