Muy buen fin d semana! ^^ espero sincerament k disfrutéis los capis k tocan hoy, o al menos que se reduzca el latente instinto homicida hacia mi persona por que no haya pasado NADA de NADA todavía… ya m contareis xD
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Mentira nº 13:Cuando se ama con pasión siempre se correrá el riesgo de ejercer conductas posesivas y de caer en los inciertos caminos que conllevan al tenebroso mundo de los celos.
Al día siguiente, Ace no tuvo más remedio que ir a la enfermería ante la amenaza de que media tripulación le llevase a rastras. Marco sólo pudo dedicarle una sonrisa y un gesto de ánimo y paciencia cuando sus ojos buscaron los de él con desesperación en el momento en que Jozu y un par de comandantes más coreados por el puñado de piratas que andaban por allí se animaron a "acompañarle desinteresadamente" hasta la mismísima puerta. El primer comandante se entretuvo en terminar de limpiar y organizar su desmejorada habitación en el par de horas siguientes. Después de estar un rato más leyendo completamente aburrido, decidió ir a buscar a Ace a la enfermería. De seguir allí, seguramente le recibiría con un coro celestial por ir a salvarlo. La idea le hizo sonreír mientras echaba a andar por los pasillos. Marco encontró en la puerta de la enfermería a un enfurruñado Stefan lloriqueando quedamente para que le dejasen pasar, lo cual era señal de que el segundo comandante estaba dentro. Al verle llegar correteó entre sus pies moviendo el rabo y mirándole como un rayo de esperanza. Marco le sonrió.
-No, Stefan. Ya sabes que las enfermeras no te dejan deambular por aquí, no es higiéni…
-¿Saldrías conmigo?
Aquellas dos palabras le cortaron en seco el aliento dejando al primer comandante con una extraña sensación aprensiva. Era una voz de mujer joven, ligeramente aflautada y cantarina. La típica voz de una bonita enfermera de uniforme corto y medias largas con liga. Tuvo un mal presentimiento.
-E-esto…
El mundo se le vino encima cuando reconoció el tono juvenil y vibrante de Ace contestándole nerviosamente. Para su desgracia, la suya era una voz que jamás confundiría.
-¿No?
-¡No! ¡Es decir, sí! ¡Claro que sí, mujer! Eres muy guapa y muy inteligente, ¿cómo no iba a salir contigo?
-¡Oh, Ace, eres un cielo!
Marco no podía creerlo. Abrió la puerta de la enfermería de un tirón sin ser consciente de la indignación de su mirada, sobresaltando a todos los que estaban dentro. Apretó los dientes. Las cosas iban más que bien para el chico con pecas sin siquiera esforzarse. La chica con la que hablaba estaba comiéndoselo con los ojos, y Marco sabía muy bien lo que aquella clase de ojos deseaban de él. Notó un fuerte sabor a bilis en el paladar, corroyéndole las entrañas cuando la joven enfermera le abrazó y le dio un beso delante de sus ojos, con todo el descaro del mundo. Suficiente. Había visto suficiente.
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Ace bufó quedamente por enésima vez. Llevaba casi tres horas en manos de las enfermeras esperando pacientemente a que le dieran el visto bueno. Y mira que eran pesadas. ¿Por qué narices nadie le hacía caso cuando decía que tenía más que suficiente con lo que Law le había recetado? Pues nada, toma revisión. Supervisaron su medicación, el programa que Trafalgar le había impuesto y le hicieron un chequeo completo unas tres veces. "Por si las moscas". Vaya, que no le dejaron tranquilo hasta que reconocieron el excelente trabajo que el capitán de los piratas del corazón había dejado sobre su piel. "Fíjate tú qué novedad" pensó sin ser capaz de dominar su malhumor. Era una gran cicatriz la que aún estaba sanando en su pecho y espalda, ya lo sabía, pero oírles hablar de ella sólo conseguía dejarle un mal sabor de boca.
-Vamos a cambiarte esas vendas y podrás irte. También te daremos un ungüento antiséptico para aplicártelo en la quemadura antes de dormir como complemento de la medicación de Trafalgar Law. Espera un momento.
Asintió con desgana. Ace suspiró profundamente, sentado obedientemente en una de las camas de la enfermería mientras ellas recogían conversando tranquilamente sobre el chisme de rigor. Cuando le dejaron solo su vista se clavó en sus pies suspendidos a pocos centímetros del impoluto suelo blanco de la enfermería. Inconscientemente se llevó una mano al pecho, palpándolo con cuidado sobre las vendas atento al dolor que la presión ejercía en la sensible y fina piel que empezaba a cubrir la herida que casi se había llevado su vida. Tenía un aspecto realmente terrible a pesar de haberse minimizado el área afectada, aún con aquel color característico de la frágil piel enrojecida trasluciendo cada fibra de los músculos bajo ella. Aunque sanase no desaparecería, ni tampoco el sordo dolor que sólo las grandes heridas conservan. No podía explicarlo, pero cada vez que se miraba en el espejo y veía la cicatriz de su pecho un desaliento abrumador se apoderaba de él. Nada quedaba de la marca de Shirohige en su espalda salvo el débil rastro del extremo de las tibias que antes lucían orgullosas acompañando la bigotuda calavera de su capitán. La señal más visible de su orgullo como pirata, como miembro de aquella tripulación… ya no estaba allí. Había entregado su cuerpo, incluso su corazón, por el logro de un sueño que se había desvanecido. Barbablanca se había ido, y él apenas empezaba a comprender el desasosiego por el que habían pasado sus camaradas.
-Oye, Ace.
-Dime.
-¿Tú eres muy amigo de Marco, verdad?
-Eh… – pestañeó rápidamente recuperándose de sus deprimentes pensamientos de antes -. Sí, claro, es mi mejor amigo – le contestó con la mejor sonrisa que pudo conseguir a la joven muchacha que se había sentado en una silla con ruedas a su lado. Tenía unos cuantos años más que él y era indudablemente la chica más bonita de todas las enfermeras.
-¿Y con qué clase de mujeres suele salir?
Ace tardó medio segundo en dejar de mirarla como si fuera un gigantesco rey del mar. ¿Pero qué coño?
-Pues n-no lo sé…
-Bueno, ya sé que hace mucho que te fuiste, pero, ¿antes no salía con nadie?
No le gustó el cariz que estaba tomando aquella conversación. Esa chica quería algo de Marco, y Ace sabía muy bien qué andaba buscando. Inexplicablemente empezó a ponerse de mal humor mientras ella le contemplaba expectante con sus enormes ojos verdes. De repente que fuera una chica guapa y afectuosa dejó de ser motivo de alabanza. Ace no se dio cuenta de la mirada torva que había puesto, pero por suerte la enfermera en jefe atrajo la atención de la muchacha al dirigirle la palabra.
-Naomi, deja al comandante Ace tranquilo. Ya te dijimos que el primer comandante hace un par de años que no tiene una relación seria con nadie, no seas pesada.
-¡Pero alguien tiene que gustarle! – exclamó Naomi haciendo un mohín e inflando los carrillos. Después suspiró con cierta resignación y se volvió hacia Ace, esperanzada -. Y si tú estuvieras en su lugar, ¿saldrías conmigo?
-E-esto…
"Tiene mala pinta". Pensó desesperado. Estaba en una encrucijada. Si le decía abiertamente que no, le pediría explicaciones y lo más seguro es que no se lo tomase precisamente a bien. Además, ¿qué mierda iba a decirle? "¿No saldría contigo porque Marco es sólo para mí, perra?" Ace agitó la cabeza con brusquedad.
-¿No? – preguntó sorprendida ganándose la atención de todas las enfermeras. Ace se echó a sudar.
-¡No! ¡Es decir, sí! ¡Claro que sí, Mujer! Eres muy guapa y muy inteligente, ¿cómo no iba a salir contigo?
La muchacha parpadeó perpleja ante su turbación y le dedicó una encantadora sonrisa.
-¡Oh, Ace, eres un cielo! – comentó alegremente dándole un beso en la mejilla, sorprendiéndole con la guardia totalmente baja.
La puerta de la enfermería se abrió de golpe con brusquedad haciendo que todas las enfermeras y él mismo dieran un respingo. Stefan entró correteando en busca del muchacho con pecas escurriéndose entre el par de sandalias negras de la persona que acababa de abrir. Marco les miró a todos uno por uno con el ceño profundamente fruncido y expresión crispada, todavía con el pomo en la mano. En ese mismo instante sus ojos se clavaron en los de Ace, casi acusadores. Y su mirada... era profunda como el infierno. Ace se estremeció inexplicablemente intimidado.
-¡Primer comandante! – exclamó Naomi felizmente, levantándose de la silla. El movimiento atrajo la mirada del rubio. No sólo era guapa, era incluso más mona de lo que había especulado al otro lado de la puerta. Marco rezumó envidia por cada poro de su cuerpo, corroído por los celos de que para ella fuera tan fácil tener a la persona que él se había conformado en amar en silencio durante meses -. ¿Ha venido a buscar a Ace? Pase, estamos terminando de ponerle las vendas. Denos un momen…
No lo pensó. Ni siquiera se acordó de lo posesivo e irracional de aquel gesto y todo lo que aquellas agudas mujeres podrían deducir de su actitud. Marco simplemente atravesó en unas cuantas zancadas la enfermería, cogió a Ace del brazo con firmeza y se lo llevó de allí cerrando de un portazo. Las enfermeras siguieron inmóviles unos segundos más con la sensación de haberse perdido algo.
-¿He… he dicho algo malo? – murmuró Naomi con confusión.
-¡Quién sabe! – comentaron un par de ellas encogiéndose de hombros.
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Ace no se resistió. De hecho no entendía qué estaba pasando. Ya llevaban medio pasillo de frenético caminar cuando fue plenamente consciente de que Marco le había sacado a rastras de la enfermería de muy malas maneras.
-¡M-Marco! ¡Espera! ¡Todavía no habían terminado! – le ignoró -. ¡Marco! ¡Marco, contéstame, joder! ¡Eh! – Ace tiró de su brazo y se desprendió de la mano que le retenía, apartándose de él. El rubio se quedó allí, con la respiración entrecortada y visiblemente desquiciado -. ¡¿Qu-qué coño te pasa?
-¿Vas a salir con ella?
-¡¿Qué?
-Te pregunto que si vas a salir con ella.
-¿Con Naomi? ¡No!
-¿Entonces por qué le has dicho que sí?
-¡Yo no he…! – Ace se detuvo en seco cuando una lucecita se iluminó en su cabeza. Le interesaba. A Marco le interesaba Naomi. Por eso se había enfadado. Estaba celoso.
-No quiero que salgas con ella – la voz del rubio le sacó de su paréntesis deductivo para hacerle descubrir que le había arrastrado a un rincón apartado del corredor y le mantenía allí bloqueando la salida. Y Dios, cómo le gustó el tono posesivo y dominante de su voz. Ace notó que se le había quedado la boca seca. Marco estaba muy cerca.
-¿P-por qué no quieres que salga con ella?
-No es correcto – justificó Marco con rapidez recurriendo al mejor argumento que le vino a la cabeza –. Sois de la misma tripulación, en el mismo barco. No es sensato.
-Claro, porque es inadmisible que dos camaradas puedan tener una relación juntos, ¿verdad? – a Ace se le escapó la amargura en la voz y Marco se dio cuenta de ello. Entendía cómo se sentía. Lo lamentaba, pero lo sentía. Era justo la clase de impotencia moral que sentía él por Ace.
-Sí.
-Pero nosotros no seguimos siendo los piratas de Shirohige, ¿verdad?
-Bueno, a efectos prácticos no, pero…
-Entonces, ¿cuál es el problema? – el corazón de Marco respondió a aquella pregunta aun antes que su pensamiento.
"Porque sólo quiero que salgas conmigo. Quiero que sólo suspires por mí y sólo yo tenga derecho a besar tus labios y acariciar tu cuerpo en la oscuridad".
-No te preocupes por tu querida Naomi – escupió Ace con resentimiento al no recibir respuesta, librándose de él y despertándole -. No me la voy a tirar ni nada por el estilo. Eso es lo que querías saber, ¿no? Es contigo con quien quiere salir, no conmigo – Ace se detuvo jadeando con exasperación, evidentemente crispado -. Ahora tengo que irme. Todavía tienen que ponerme vendas nuevas de una puta vez. Ya nos veremos.
Antes de que Marco consiguiera reaccionar ante aquello, Ace le apartó de un empujón, giró sobre sus talones y regresó a la enfermería con un humor de perros. Sentía como si su corazón fuera a quemarse. ¿Por qué? ¿Por qué ella y no él? Cada vez estaba más seguro de que cualquier cosa que Marco pudiese necesitar podría dárselo él mismo. Todo. Y cuando decía todo, se refería a todo.
"Estúpido Marco…"
Volvió sobre sus pasos y cerró tras de sí con algo de más fuerza de lo normal. No era suficiente. Él no era suficiente. No era lo que Marco quería.
"¿Por qué?" Se preguntó con desesperación ignorando las miradas interrogantes y preocupadas de las enfermeras. "¿Por qué he tenido que enamorarme así de él…?"
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…no, definitivamente Ace no nació para detective XDD
Y sí, Marco es sencillament irresitible cuando s encela XDDD
