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Mentira nº 14: Lo que un hombre desea, también lo imagina como cierto.
-¿Qué haces aquí? ¿No se supone que estás enfadado conmigo?
El visitante simplemente cerró la puerta del camarote y se acercó hasta él sin contestarle. Entonces la pregunta de Marco se congeló en sus labios. Los ojos de Ace tenían un brillo oscuro, intenso, demandante. Que lo mirara de aquella manera le dejó desarmado en un instante. Marco se quedó sentado en la cama, mirándole interrogante todavía a la espera de una respuesta que Ace no parecía muy dispuesto a darle. Entonces llegó ante él y se le subió encima. El primer comandante se echó hacia atrás ligeramente apoyando las manos en el colchón, totalmente perplejo cuando el chico de pelo negro se arrodilló sobre él y enredó sus manos en los mechones de pelo rubio dorado, atrayendo el rostro de Marco hacia él, manteniéndole a su alcance. No pareció acabar de creérselo cuando Ace le lamió los labios sin dejar de mirarle, aparentemente dispuesto a abrirse paso en su boca. Interpuso una mano entre ellos para frenarle, evidentemente sorprendido por su actitud, pero Ace le tomó de la muñeca y la apartó de su pecho con suavidad mientras seguía insistiendo en besarle otra vez, cada vez más ardientemente, con más urgencia… hasta que Marco se rindió ante él y le ofreció su boca cerrando los ojos.
-Ace…
El más joven le besó por fin cuando se la entregó por completo. Con vehemencia, explorándola, saboreándola, conociéndola, siguiendo el beso con una avidez pasional y desesperada. Atrajo aún más su rostro contra el de él acariciando frenéticamente su nuca rapada y unió sus cuerpos aún más estrechamente, calentándose de forma insoportable. Ace le oyó jadear cuando abandonó sus labios un momento para tomar aire, pero en cuanto lo recuperó le besó todavía con más intensidad, profundizando mucho más. Sentía el pecho de Marco contra el de él respirar con más urgencia, y sus manos firmemente afianzadas en sus piernas, manteniéndole contra él, acariciándole. Entonces Marco le atrajo todavía más y se balanceó suavemente mordiendo la nuez del muchacho arrodillado sobre él. Ace jadeó extasiado cuando su fuerte erección presionó contra su cuerpo, estremeciéndole. Tomó los labios del rubio y empezó a mecerse contra el otro cuando Marco le arrastró sobre él y ambos cayeron en la cama. El sonido de la voz ronca de Marco murmurando su nombre en cada movimiento le extasiaba y comenzó a aumentar el ritmo. Ni siquiera se habían quitado la ropa todavía, sólo respondían al contacto, la fricción, el calor y el olor almizclado del otro.
Ace deslizó su lengua por la mandíbula de Marco disfrutando del roce de su barba rubia incipiente. Sus brazos rodearon la fuerte cintura del primer comandante colándose bajo su camisa morada con impaciencia y ascendieron por su espalda mientras le mordisqueaba los labios provocándole pequeños jadeos. Cuando sus manos llegaron a sus hombros descendieron desde allí recorriendo los brazos de Marco, deslizándose por ellos y arrastrando la tela consigo hasta que consiguió desprenderle de ella y tirarla junto a la cama. Entonces Marco se estiró hacia él y le besó el cuello y la garganta. Lamió sus clavículas y su esternón… y siguió bajando. Ace enredó los dedos en su pelo guiándole a través de su pecho y su abdomen cuando quedó tendido sobre la cama sin aliento. Marco besó su estómago y mordió los huesos de su pelvis mientras sus manos recorrían su piel y le desabrochaban el cinturón impacientemente con agilidad. El botón de su pantalón y la corta cremallera cayeron enseguida tras él, demasiado despacio. Ace aferró su cabeza entre jadeos de urgencia arqueando todo su cuerpo hacia él al sentir el cálido aliento de Marco sobre su hombría. Gimió con desesperación cuando el rubio le miró desde allí antes de humedecerse los labios con una sonrisa divertida, deteniéndose. Sabía que su aliento se estrellaba contra su piel con un ímpetu efervescente, provocador, matándole de locura con cada endiablada bocanada de aire. Ace tiró de él, exigiéndole que siguiese.
-Ah… a-ah… Mar-Marco…
-Pídemelo – le instó clavando sus intensos ojos en él -. Pídemelo, Ace…
-¡…Hazlo! – jadeó.
Sintió sus manos sujetar entre caricias su angulosa cintura cuando el rostro de Marco se inclinó sobre él. Un ronco y profundo gemido escapó de su garganta al sentir el calor húmedo de su boca envolviendo su…
-¿Ace?
Abrió los ojos de golpe todavía con el nombre del primer comandante en los labios. Respiraba entre jadeos y estaba totalmente bañado en sudor. Su corazón latía como si fuera a salírsele del pecho, pero hubo algo que lo detuvo de forma fulminante casi como si le hubiera dado un infarto. Marco estaba inclinado hacia él, mirándole entre extrañado y sonriente todavía con una mano sobre su hombro de haberle llamado. Había un brillo extraño en sus ojos que no llegó a interpretar entre la neblina de su mente. Fue entonces consciente de que estaba temblando de excitación y sintió el apremiante ardor de su ingle. ¡Era un sueño! ¡Un sueño húmedo! ¡Y con Marco! ¡Y encima él estaba allí! Dio un respingo en su propia cama presa de un sonrojo colosal, dándose de espaldas contra el cabecero y mirando al primer comandante como si fuera una aparición.
"¡Dios, Dios, Dios! ¡No podía ser peor! ¡No podía ser jodidamente peor, coño!". Una tormenta mental de gritos y humillación le dominó. Se sentía sucio y avergonzado, pero sobre todo incómodo. Muy incómodo.
-¡¿Q-qué estás haciendo aquí? – la pregunta le salió brusca y casi estrangulada. Marco parpadeó disimulando no haberse dado cuenta de su evidente endurecimiento ni la jadeante voz con la que hablaba, pero… por Dios que le había escuchado gemir su nombre.
-Ayer me dijiste que viniera a despertarte, ¿no te acuerdas? He aporreado la puerta y no me has abierto.
-¡¿Y cuánto tiempo llevas aquí sentado?
-…No mucho – contestó con cuidado. Se le escapó una segunda sonrisa todavía más amplia que la primera cuando el rostro de Ace enrojeció hasta niveles alarmantes -… Tranquilo, que no me voy a asustar…
-¡Pero vete de aquí, hombre ya! ¡Un poco de intimidad, joder! – gritó profundamente humillado tirándole la almohada a la cara cuando Marco no pudo más y soltó una sincera carcajada.
-¿Te espero fuera entonces? – preguntó antes de salir del camarote.
-¡Que te vayas, coño!
Apenas Marco hubo cerrado, Ace se levantó como un resorte y se encerró en el baño echando el pestillo. Entonces se apoyó pesadamente en la puerta. Cerró los ojos un momento e inspiró hondo antes de bajar la mirada al endurecido bulto de su pantalón. "¡No puede ser, no puede ser…! ¡Mierda, Ace…!"
Llegó al lavabo y abrió el grifo sumergiendo la cabeza bajo el chorro de agua helada hasta quedarse casi sin aliento. Se pasó las manos por la cara apartándose el pelo empapado con gesto de desesperación. "¡Joder, es que acabo de soñar con él! Y ha sido…". Se apoyó en el lavabo del baño y se sostuvo la mirada en el espejo mientras el agua se deslizaba por su rostro. Contempló sin poder evitarlo cómo el rubor ascendía a sus mejillas al seguir la línea de sus pensamientos. "Y era tan… real…". Oh, Dios, tenía que ser broma. ¿De verdad iba a estar así todo el tiempo? Nunca le había pasado algo así. No con otro hombre, al menos. Pero ahora… la atracción que sentía por Marco era demasiado fuerte.
"Me preguntó cómo sería…". Se miró las manos un instante antes de cerrar los ojos y apoyarse en la pared para dejarse caer lentamente por ella. "Me pregunto cómo sería… tener mis manos recorriendo su cuerpo bajo el mío… o mi boca besando la suya… El tacto de su piel… su sabor…". Suspiró. Ojalá se hubiera atrevido. Ojalá no hubiera sido tan cobarde como para no apartar la cara aquella vez en el camarote de Marco y le hubiese besado… Se estremeció al imaginar ser acariciado por sus manos expertas y una punzada de excitación le recordó el estado en que se encontraba. Desbocado, ardiendo, totalmente insatisfecho.
"¡Mal, Ace, Mal! Una buena ducha. Bien fría. Helada. ¡Glacial! ¡Eso es lo que a ti te hace falta ahora, imbécil, y no tirarte a Marco mentalmente!"
Se sermoneó aquello yendo a abrir el grifo de la ducha al tope y empezando a desabrocharse el cinturón. Apenas un par de minutos después estaba sin aliento, aterido de frío bajo el intenso chorro de agua congelada recorriendo su cuerpo desnudo. Afortunadamente para él, su "problemilla" se fue aplacando por sí solo. Suspiró pensando que si aquello se iba a volver habitual acabaría por perder el juicio.
"…Porque si voy a tener que tirar del agua fría a cada instante…". Ironizó sin alegría. "Esto es estupendo. Oficialmente me he convertido en un cachondo mental. Dios, pero qué mal se me da el sarcasmo."
Aquello no es que estuviera mal, no. ¡Es que estaba jodidamente fatal! ¡¿En qué mierda estaba pensando? ¡Era su puto mejor amigo, joder! ¡Y Marco tenía plena confianza en él y le quería, como amigo!
"¡Pero tú no, imbécil profundo! ¡Estás enamorado de él, joder, y tienes que hacer algo! ¡Tienes que decírselo!". La simple idea le acojonó lo más grande. ¡¿Qué mierda? ¡¿Decírselo? ¡¿Y cargárselo… todo? Ni de coña. No era por cobardía… ¡¿O sí? Dios, ¿qué era lo peor que podía pasar? A Marco también le gustaban los hombres, algunos al menos… de seguro no se lo tomaría mal... ¿Verdad? Es decir… tener un admirador no era algo por lo que la gente se ofendiese, ¿no? "Por Dios, Ace, ¿pero tú te estás escuchando? Mira que eres gilipollas…"
Cerró el grifo, agarró la toalla más cercana y salió de la ducha enredándosela en la cintura. Vale, iría por partes. Tranquilidad. De momento lo que le pedía el cuerpo era una pequeña venganza sorpresa por la imperdonable invasión de su intimidad. Sonrió con sarcasmo. Era la excusa más chorra que se le podía haber ocurrido para gastarle una broma a Marco, pero bueno, no estaba mal para empezar. Se iba a enterar. Mañana por la mañana le iba a enseñar él a despertar gente a oscuras.
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A mí no podeis engañarm, se k os ha gustado! XDD (o eso spero, vaya)
Así que sin más ni más, os dejo con el gusanillo hasta la semana que viene! XDDD
