Olaaap!^^ akins estamus una semana mas! Que? Expectantes? Pos na, os dejo el asunto y no os distraigo XD

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Mentira15:No es el deseo una imaginación, sino una perfecta atracción.

Al día siguiente Ace se levantó increíblemente temprano. Fue como si todo su cuerpo estuviera expectante de algo que todavía ni sabía qué hacer, pero que sin duda fue lo que le hizo abrir los ojos con las primeras luces del alba. Intentó remolonear un poco más, pero no tardó en entender que no volvería a dormirse. Se puso en pie a alrededor de las seis y media de la mañana y en menos de diez minutos se había aseado y vestido con sus habituales bermudas negras, botas y una camisa blanca abierta como antes solía llevar. Su pecho seguía cubierto de vendas, pero ya apenas le molestaba y el saber que dentro de poco podría despedirse de ellas le levantaba tremendamente la moral.

Salió de su camarote con paso inseguro, pero cobró confianza cuando se recordó a sí mismo la sorpresiva visita del primer comandante a su camarote, con consecuencias catastróficas para su amor propio por ser sorprendido en semejante… eh… condición. Tanto él como Marco se habían vuelto a llevar bien después del extraño malentendido de la enfermería. Ace dio gracias al cielo por que Marco no le hubiese preguntado por su brusca actitud, aunque eso mismo también implicó el silencioso pacto de que él tampoco podría preguntarle por su misterioso arranque de… ¿celos? Se estremeció en el pasillo al pensarlo. Todavía recordaba demasiado bien cómo su tono dominante y el brillo posesivo de su mirada al arrinconarle en el pasillo le habían detenido el aliento, pero jamás se lo confesaría. Sentirse dominado por Marco le había seducido de forma fulminante…y dejado su orgullo como hombre por los suelos.

Llegó ante su puerta de manera inadvertida. Sólo el habitual murmullo de las olas impactando suavemente contra el casco y el ocasional crujido de alguna viga alcanzaba a escucharse en el pasillo. Eran pocos los piratas que estaban despiertos, pero pronto el barco volvería a la vida en una nueva jornada. Nadie le interrogaría por su presencia allí, claro. Todo el mundo sabía que Marco y él eran íntimos amigos. Ace no pudo sino reír entre dientes ante aquella ambigua definición con un deje de secreta amargura.

"Porque a él le gustan los hombres pero no le gusto yo, y a mí se supone que eso no debería interesarme…"

Cayó en la cuenta de que se estaba yendo por las ramas. Tenía que centrarse. Había ido a lo que iba y punto, ya tendría tiempo después para devaneos mentales. Sin pensarlo dos veces abrió la puerta del camarote del primer comandante y entró sin llamar como si fuera lo más normal del mundo colarse en su cuarto. Cerró con suavidad procurando hacer el menor ruido posible y después se giró hacia la habitación en penumbra conteniendo el aliento. Bueno, ya estaba allí. Primera fase cumplida, bravo. Y ahora, ¿qué mierda iba a hacer? Su mirada recorrió sin rumbo fijo en el sobrio camarote hasta dirigirse hacia donde realmente le interesaba. Ace se acercó lentamente a la cama donde se adivinaba la figura dormida del primer comandante sin poder apartar la vista de él. Sabía que debería estar preparando alguna putada, no sé, despertarle con un cubo de agua fría o algo, pero cuando llegó a su lado no pudo remediarlo. Se le quedó mirando.

No es que antes no se hubiese fijado en sus facciones, pero la verdad es que nunca había podido mirar a Marco con el detenimiento que quisiera. Siempre había temido que le sorprendiera observándole con la intensidad con que ahora lo hacía, pero estando él dormido no tenía por qué preocuparse. A veces le agradaba mirarle sin más. Era tan… masculino… Tenía manos grandes, de dedos largos y sensibles. Su pecho de estómago duro y abdomen marcado siempre estaba bronceado y desde luego su cuerpo en general no pecaba de no estar bien formado, pero era su rostro lo que más le atraía de él. Mandíbula fuerte y cuadrada, nariz recta, boca sensual… El tierno aspecto de sus labios ya prometía lo sensual que aquella boca podría llegar a ser. Encajaba perfectamente con sus facciones, bien modeladas y proporcionadas entre sí. Incluso les encontraba cierto encanto a las curiosas cejar arqueadas que tanto le caracterizaban. Su rostro se le antojaba casi demasiado atractivo, culminando con aquella mirada que le hacía vibrar cada vez más fácilmente y con mayor intensidad. Recordaba la mirada de aquellos ojos ese día en el que acabaron tirados en la cama de su camarote, más de un año atrás. No había podido fijar la vista en otra cosa que no fueran ellos, ni aquellos labios que le incitaban a besarlos hasta el fin de sus días. Qué pena que por entonces esos pensamientos le tuviesen tan atormentado que no podía pensar con claridad.

En ese momento Marco se giró en la cama aún dormido, y Ace contuvo el aliento ante la visión de su espalda desnuda. Acostumbrado a verle con camisa, de ahí a verle sin ella había una gran diferencia, ¡y vaya diferencia! Sus músculos firmes y definidos se delineaban suavemente con la claridad de la mañana, dándole un aspecto suave y fuerte al mismo tiempo. Qué espalda tenía… hijo de puta. Antes de atinar a recordarse a sí mismo que aquel hombre estaba dormido y que seguramente no recibiría con agrado una visita ilegal a su camarote, los dedos de Ace ya estaban perfilando suavemente los músculos firmes de su brazo desde el codo hasta el hombro, cautivado por su cuerpo, notando los tendones férreos bajo su piel bronceada cubierta de un suave vello rubio claro.

Marco sintió el tacto de unos dedos en su brazo y la cercana respiración del intruso cerca de su oído. Mantuvo los ojos suavemente cerrados al reconocerle y una fina sonrisa se dibujó en sus labios. Esperó un poco para darle la confianza de creer que estaba dormido y entonces, en un rápido movimiento se giró, le sujetó firmemente de los hombros y con una sencilla llave le derrumbó sobre la cama y se colocó a cuatro patas sobre él aprisionando firmemente sus muñecas a ambos lados de su cabeza. Ace casi se sintió aterrorizado al encontrarse a merced de aquellos intensos ojos azul marino sobre él.

"¡¿Estaba despierto? ¡¿Desde cuándo mierda ha estado despierto sabiendo que yo estaba aquí? ¡Mierda, mierda, mierda!"

-Pillado – la voz de Marco le sacó del aluvión mental de gritos hacia su persona. Ace tragó saliva cuando una sonrisa que se le antojó devastadoramente sensual comenzó a insinuarse en los labios de Marco y sus ojos brillaron suavemente -. ¿Qué se supone que debo pensar cuando te cuelas tan sigilosamente en mi cuarto, Ace? – La pregunta le arrancó un maldito sonrojo a su cara. Sentía que en su vida se había puesto más rojo.

-¡Y-yo sólo… sólo…!

Se quedó sin palabras. La sangre palpitaba furiosamente en sus oídos y bullía por todo su cuerpo subiéndole la temperatura con fulminante rapidez. Dios, se estaba poniendo nervioso. Se estaba poniendo histérico. Tenía que irse, tenía que salir, tenía que escaparse… Notó un leve pálpito en su ingle a medida que los segundos pasaban y Marco no hacía amago de soltarle, manteniéndole prisionero de su agarre sin consentirle marcharse. Sus ojos eran oscuros, de un azul profundo como el mar en la noche. Hondos, líquidos… atrayentes. Rogó mentalmente con desesperación porque no se diera cuenta del latigazo de excitación que le sacudió por entero, ni tampoco del incipiente endurecimiento de su pantalón. Podría morirse de vergüenza, especialmente por lo segundo…

-Sigo esperando, Ace – le recordó, acortando la distancia hacia él y comprobando satisfecho que el muchacho se hundía en el colchón, intimidado -. ¿Y bien? – susurró, apremiante.

-Y-yo…

Llamaron a la puerta. Si pudiera matar con el pensamiento, Marco habría fulminado en el acto al responsable de interrumpir aquel pequeño momento de debilidad que había conseguido sonsacarle al segundo comandante. No podía ser más jodidamente inoportuno.

-¡Marco! ¡Venga, hombre, que llegas tarde!

-¡Me estoy vistiendo, ahora voy! – respondió alzando la voz. Ace se revolvió a la desesperada aprovechando su pequeña distracción, pero Marco simplemente ejerció aún más presión sobre él.

-¡Pf! Ace ya no está en su cuarto, como llegues tú después de él será el primer signo del apocalip…

Para qué negarlo: la escena fue tensa de cojones cuando el sexto comandante abrió la puerta y se encontró el panorama que había en el camarote. Izou arqueó una ceja y ninguno se movió, incluido un Marco todavía encima de Ace inmovilizando sus muñecas, ambos en la cama. El sexto comandante simplemente dio una larga calada a su pipa.

-¿Habéis dormido juntos? – preguntó el okama con una mal disimulada sonrisa interesada como si fuera lo más normal del mundo.

-¡P-PUES CLARO QUE NO, IMBÉCIL!

Ace gritó desesperado sintiendo que estaba alcanzando una rojez extrema por momentos. Le estallaría el cráneo si seguía acumulando sangre en las mejillas… entre otras partes. Por Dios que aquel color no podía ser humano. A demás la respiración se le había entrecortado notablemente y el corazón le latía de tal manera que parecía que iba a darle un infarto, pero inexplicablemente Marco no le soltó a pesar de que empezó a retorcerse para librarse del agarre en sus muñecas y salir de debajo de él.

-Por Dios, Ace, ni que fueran a violarte aquí mismo. Si ya sabía yo que deberías haber seguido llevando la camisa cerrada, hay mucho acosador reprimido en este barco, ¿sabes? – rió. Sus ojos se estrecharon burlonamente al intercambiar una mirada con el primer comandante, quien le fulminó con los ojos en un silencioso mensaje de que aquella broma ponía preocupantemente en peligro su integridad física. Le guiñó un ojo con descaro a Ace antes de girar grácilmente sobre sus talones y empezar a marcharse por donde había venido -. ¿Le digo al resto que no os esperamos para desayunar entonces?

-No hace falta, vamos enseguida.

-Como quieras.

Izou no añadió nada más antes de cerrar la puerta suavemente y alejarse con gráciles pasos tarareando una dulce melodía. Entonces Ace se encaró hacia el hombre que seguía manteniéndole apresado allí al borde de la histeria.

-¡¿Pero por qué narices no me has soltado?

-Porque no he querido – la respuesta fue tan tranquila y sencilla que dejó a Ace totalmente inmóvil sobre la cama. Miró a Marco como si no hubiera otra cosa en aquel mundo que el profundo par de intensos ojos azules que le estaban mirando, fijamente.

-¿No… no me vas a soltar?

-No, si no me dices antes a qué has venido tan temprano y a oscuras a mi habitación – Marco lo dijo con calma, observando cuidadosamente el lenguaje corporal del muchacho que tenía apresado bajo él. Sólo necesitaba una razón, sólo una, para dar el paso y lanzarse sobre él. Esperaría todo el día si hacía falta… pero no le soltaría sin obtener su respuesta.

-¡Y-yo sólo he venido a despertarte!

-¿A despertarme?

-Sí, bueno, formaba parte de mi maquiavélico plan de venganza porque tú entrases ayer en mi cuarto y me… me asustases, ¿contento? – Marco se le quedó mirando con aspecto de no estar muy convencido y Ace tragó saliva ruidosamente -. ¡Te juro que no iba a hacerte nada! Bueno, tenía pensado darte un susto o algo, pero nada… raro – en ese momento desvió la mirada y empezó a sudar. Marco jamás habría creído que tal grado de rojez pudiese llegar a darse en un rostro humano. Sabía que decía la verdad, a Ace nunca se le había dado demasiado bien mentir… Además de que estaba demasiado nervioso para marcarse alguna excusa ingeniosa.

"No, Marco, no ha venido a meterse contigo en tu cama. Era sólo una broma, una maldita broma típica de adolescente. No tenía intención de liarse contigo, así que suéltalo". No se movió. Tenerlo allí era demasiado tentador. "¡Que lo sueltes, Marco, joder!"

-¿Entonces… - la voz de Ace le devolvió al mundo real -… me sueltas?

Las manos le respondieron despacio, pero lentamente le dejó libre y se quitó de encima de él antes de quedarse a un lado de la cama y ver cómo se levantaba como un resorte.

-Vete de aquí – le ordenó con la voz ronca. O se iba o se lo tiraba allí mismo, y definitivamente lo segundo no lo iba a hacer si Ace no quería… y claramente no había venido con eso en mente.

Vaciló un instante, pero Ace puso pies en polvorosa en cuanto vio la oportunidad de escabullirse de aquella incómoda posición que Marco le había hecho pasar. Eludió su mirada cuando llamó a Stefan con un rápido silbido una vez en el pasillo y se fue como alma que lleva el diablo escaleras abajo.

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¡pobre Ace! no le sale nada a derechas últimamente! Se está cagando en mis muertos XDD y Marco tiene ya un morbazo encima que pa qué… ains, que desastre! XD