Chan chaaaan! (se frota las manos con anticipación XD)
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Mentiranº16: Nada ocurre por casualidad. Todo lo que pasa tiene un porqué. Tal vez tu cerebro no lo sepa, puede que jamás lo imagine. Pero tu corazón lo sabe. Tu corazón siempre lo sabe.
Después del rifirrafe de ese día, Marco lo supo. Algo en Ace estaba cambiando, lo intuía. Había advertido que cuando la tripulación no le daba trabajo o andaba ocupada en sus propios quehaceres, aquellos ojos negros revoloteaban ansiosamente por el barco en busca de un rubio en concreto. Evidentemente, no podía dejar de darse por aludido. Notaba su incomodidad, y al mismo tiempo la irresistible atracción que cada día le hacía cometer deslices mayores en lo que quiera que estuviera haciendo. Ace se esforzaba en mantener aquella relación de "normalidad" entre ellos, aunque se mantenía ligeramente distanciado desde el truncado asalto al dormitorio de Marco… Casi parecía temerse a sí mismo cuando estaban juntos, sobre todo a solas, y aunque tratase de controlarlo, no podía evitar que él se lo notase en silencio con secreta satisfacción.
A veces Ace le miraba como si quisiera decirle algo más, pero siempre se contenía. Nunca le había dicho nada, y sin embargo Marco podía leer en él cada vez con mayor facilidad. Al principio fue fácil de disimular… pero pasaron un par de semanas más y empezó a volverse demasiado obvio. Marco tenía demasiado presente que el segundo comandante no le quitaba los ojos de encima. Cada vez estaba más seguro, y esa no era su única conclusión al respecto. Podía notarlo. Los ojos que sentía clavados en su espalda siguiéndole desde la distancia… no eran ya los ojos de un hermano. Marco lo sabía, y de vez en cuando no podía evitar preguntarse con un estremecimiento qué haría Ace si supiera que él lo sabía. Marco entendía que no estaba listo, pero poco a poco, con algo de tiempo…
Tres semanas exactas después de que el segundo comandante hubiera regresado, Marco decidió que había esperado suficiente. El tiempo había acabado por darle la razón. Ace y él tenían un interés especial por el otro aunque no lo manifestasen abiertamente, y él quería demostrarle que se preocupaba por él y que lo quería de la misma forma en que él lo hacía. Ese día en concreto había sido especialmente caluroso y casi todo el mundo estaba reunido por los rincones del barco o en el comedor charlando y jugando a las cartas con una buena pinta de cerveza fresca a mano. La mayoría de los comandantes también estaban dispersos por ahí entretenidos con lo que fuera y con la tranquilidad reinante nadie le necesitaría para nada. Extrañamente expectante, Marco fue a buscar a Ace.
Llamó a la puerta del camarote un par de veces y al no recibir respuesta abrió con suavidad. Estaba vacío. Chasqueó la lengua con fastidio. Aquel barco era tan grande… No tenía ganas de pateárselo entero en su busca, hacía demasiado calor… Su mirada se paseó por el cuarto una última vez cuando ya empezaba a marcharse hasta tropezar con la puerta cerrada del pequeño cuarto de baño del camarote. Como respuesta a su interrogante silencioso, empezó a sonar el grifo de la ducha. Eso sí que era tener suerte. Al parecer tendría que esperar, pero no le importaba. Marco cerró la puerta tras de sí y se encaminó a la silla más cercana, sentándose junto a la mesa. La claraboya de la habitación estaba abierta, dejando entrar el olor a sal y yodo marino acompañados de algún que otro graznido de gaviota y las ocasionales voces amortiguadas de la tripulación. El suave goteo del agua cayendo le resultó extrañamente sedante, logrando en él la virtud de relajarle lánguidamente. Inspiró profundamente, masajeándose la nuca. Después de un par de minutos se levantó y empezó a dar vueltas por el cuarto con impaciencia. Entonces oyó a Ace quejarse en el baño. Siseando o gimiendo de dolor. Se detuvo inmóvil y al momento volvió a escucharlo, ésta vez acompañado de un par de tacos con voz queda. Se acercó a la puerta del baño y llamó con suavidad.
-Ace, ¿estás bien?
-¡S-sí, salgo enseguida!
El tono de la voz del segundo comandante le sonó ligeramente forzado, pero Marco prefirió dejarle estar. Vale, esperaría, no tenía ninguna prisa…. Se quedó cerca de la puerta sintiéndose cada vez más intranquilo. Empezó a tardar. Mierda, ¿pero qué le pasaba? ¿Se sentía mal? Dios, no sería la herida, ¿verdad? El goteo de la ducha al otro lado de la puerta se detuvo y al momento siguiente le oyó quejarse de nuevo. Mal rollo. Llamó, pero no obtuvo respuesta aquella vez. A Marco todo aquello empezó a mosquearle. Abrió.
La débil luz del baño estaba atenuada por la fina neblina húmeda y volátil del vaho caliente arremolinándose ante sus ojos. De espaldas a él y aún sin haber notado su presencia, Ace estaba descalzo, sin cinturón y con el pantalón aún desabrochado pendiendo inestable en lo más bajo de su cintura. Su ropa interior estaba claramente a la vista, de un naranja intenso. Su piel parecía de terciopelo, suavizada por aquellas gotas minúsculas que se adherían a él como en una delicada lluvia dorada. De su pelo mojado caían diminutas lágrimas de agua, deslizándose por sus hombros y su espalda recorriendo sinuosos caminos a través de su cuerpo perfecto. Marco contuvo el aliento paralizado cuando Ace levantó un brazo para acariciarse la cabeza, contrayendo cada milímetro de su torso cuando flexionó la espalda ligeramente hacia atrás. No podía existir imagen más sensual en la tierra que aquella. Una corriente de aire frío le estremeció y le hizo volverse hacia él con brusquedad, descubriéndole. El brusco movimiento hizo que sus pantalones se deslizasen aún más hacia abajo, descendiendo hasta su pelvis. Ace tiró de ellos antes de que cayesen al suelo.
-¡¿Q-qué coño estás haciendo? – en cuestión de milésimas de segundos Ace enrojeció tanto que parecía que iba a echarse a arder allí mismo, aunque no era el único que sentía su sangre fluir como fuego en las venas en aquel momento -. ¡¿No te dije que esperases fuera?
-…Estaba preocupado, te he oído quejarte.
-¡¿Y a mí qué me cuentas?
Marco no le hizo caso. Su vista estaba fija en la tremenda cicatriz que cubría su pecho. Desde que había vuelto nunca le había visto sin vendas, y ahora… no pudo evitar llevarse una impresión terrible de los dolores que Ace tenía que haber pasado y que seguramente aún sufría en silencio. Era evidente que Trafalgar Law le reconstruyó los órganos afectados para que pudiera sobrevivir, pero nunca se había parado a pensar que también tendría que haberle hecho injertos de piel para que los tejidos pudieran recuperarse. El tamaño de su cicatriz era monstruoso, y a pesar del tiempo ya pasado presentaba un aspecto enrojecido, correoso y frágil. Se estremeció al pensar que aquello no se reducía sólo a su piel, sino que de parte a parte le había destrozado por dentro.
-Por favor, Marco… Deja de mirarme así – levantó la vista para encontrarse un Ace de expresión abatida. Se había quedado inmóvil mientras el primer comandante le observaba y era evidente que no le resultaba una situación agradable -. Ya sé que es horrible pero… te agradecería que salieses fuera mientras termino de vestirme.
-¿Quieres que te ayude con las vendas?
-No me hace falta. Sal fuera – volvió a insistirle.
-Ace, maldita sea. Si te duele sólo tienes que decir…
-¡He dicho que salgas, joder!
Marco se detuvo en seco. Ace era un infierno de ira contenida… y temblaba como una hoja.
-…Está bien – concedió suavemente tras una pausa -. Te espero fuera.
Marco prefirió dejarlo estar y que se tranquilizase un poco. No era su intención atosigarle. El segundo comandante le dio la espalda con una exhalación para coger el paquete de vendas nuevas que tenía preparado y Marco contempló desolado cómo el tatuaje de Shirohige había desaparecido por completo de su piel, totalmente devorado por el magma ardiente del almirante Akainu salvo por los arañados extremos de las tibias cruzadas. Cerró suavemente al salir tras dirigirle una última mirada y se quedó esperando una vez más. Al cabo de diez minutos oyó pasos acercándose a la puerta y sus ojos azul oscuro se encontraron con la momentáneamente sorprendida mirada azabache de Ace cuando éste abrió y se detuvo en seco totalmente descolocado. Era evidente que no esperaba que estuviera allí mismo.
-¿Qué tal estás? – Ace le miró todavía aturdido.
-¿De qué?
-…Tu cicatriz.
-Ah, pues – Ace se llevó una mano a la nuca y dirigió una fugaz mirada a Marco antes de contestar -… Dentro de un par de semanas estará lo suficientemente bien y podré dejar de llevar vendas. Tendré que seguir tomando píldoras y toda esa mierda, pero ya estaré bien.
-Vaya, eso está…bien – hubo un nuevo silencio. Marco siguió notando su tensión en su postura y no pudo evitar preguntarse durante un instante si no habría hecho mal en abrir la puerta antes -. Te has puesto mal esto, Ace – comentó el primer comandante al fijarse en las gasas que le envolvían el torso. Alargó un brazo y pasó uno de sus dedos entre ellas demostrándole que estaban holgadas -. ¿Ves? Las tienes sueltas, por eso te dije que me dejaras echarte una mano.
-¡Está bien, está bien! ¡Lo haré yo mismo!
Volvió sobre sus pasos y se quitó la camisa que se acababa de poner a pesar de que su pelo húmedo aún estaba goteando y la dejó en el lavabo antes de empezar a aflojarse las vendas. De repente, se sintió extraño. Siempre había ido por ahí con la camisa abierta o directamente sin ella cuando entró a formar parte de la banda, pero desnudar su piel ante los ojos de Marco estaba haciendo que su pulso se acelerase y le dejaba la boca seca. Empezó a desenrollar las gasas de su vientre hacia arriba mirándose en el espejo como si aquello no fuese con él. Desde su cintura ascendió lentamente por el abdomen, revelando poco a poco la musculatura de su perfecta anatomía. Sentía los ojos de Marco clavados en él como ascuas candentes, siguiendo cada uno de los movimientos de sus manos desprendiendo la tela alrededor de su abdomen. Cuando llegó al pecho dejó de ser capaz de hacerlo cómodamente. Le dolía tensar la piel al estirarse, y recordó que Law le había advertido que a la menor brusquedad se abriría irremediablemente. Sus manos se detuvieron al llegar a la zona donde el almirante Akainu le había atravesado de parte a parte, fallándole la voluntad. Tragó saliva.
-Déjame hacerlo a mí – levantó la vista encontrando a Marco a un paso de él. Por favor. Era ver aquellos ojos cálidos tan cerca y se desmoronaba. No podía oponer resistencia. Sus ojos se hundieron en los suyos, y antes de que pudiera decidirse a reaccionar las manos del rubio tomaron suavemente las de él en una caricia y cogió el ovillo de vendas -. Separa los brazos – le pidió con la voz tomada. Ace obedeció.
Sin dejar de mirarle, Marco rodeó su cuerpo con los brazos. Al pasar las vendas de una mano a otra, su rostro se inclinó ligeramente hacia él, pero volvió a apartarse al rodear su pecho de nuevo. Aquello se repitió algunas veces más, volviendo a recorrer con sus dedos su espalda y volviendo a retirarse. Ace permaneció inmóvil. La verdad es que no habría podido moverse aunque lo hubiera querido. La sensación de las manos de Marco deslizándose suavemente sobre su piel, apenas rozándole, tenía un efecto sedante sobre él.
-Marco…, por lo de antes, yo… lo siento.
-No importa, Ace – le tranquilizó rápidamente al tiempo que esbozaba una pequeña sonrisa -. Lo entiendo.
Cuando terminó, dejó las vendas en el lavabo y sus ojos volvieron a buscar los de Ace. Se quedaron mirándose en silencio. Estaba tan cerca que podía sentir su calor. Marco deseaba tocarle una vez más, poder acariciar su piel de nuevo por cualquier motivo. Le encantaba lo suave y ardiente que era. Estaba ahí mismo. Justo delante. Pero ahora que sus manos no tenían una razón justificable no era capaz de hacerlo. Aquellos maravillosos ojos en los que podía sumergirse cada vez que los miraba estaban increíblemente cerca; y eran tan expresivos, tan brillantes, que sintió que iba a volverse loco. En ese momento se dio cuenta de que Ace tenía la mirada turbia y había un ligero rubor en sus mejillas. Miraba su rostro, pero no le miraba a él. Su vista estaba fija en una zona algo más abajo de los ojos del rubio. El pulso de Marco se aceleró. ¿Estaba mirando… sus labios? Hizo lo mismo sin darse cuenta. Ace los tenía entreabiertos suavemente, y de ellos escapaba un aliento cálido y húmedo que llegaba a su barbilla como una débil sombra. Notó su propia respiración volverse ligeramente más profunda y rápida en un esfuerzo por llevar más oxígeno a sus pulmones, no sólo hambrientos de aire. La sangre corría como fuego bajo su piel mientras aquel silencio torturador se alargaba indefinidamente… hasta que Ace se movió.
Su cabeza se ladeó imperceptiblemente sin dejar de mirarle y, lentamente, sus brazos descendieron acercándose a él; provocándole un ligero hormigueo cuando los ardientes dedos de una de sus manos alcanzaron su mentón para quedarse allí, produciéndole una sensación electrizante al rozar su barba rala. La mirada de sus ojos negros era tan intensa que le detuvo el aliento incluso aunque no estuviesen fijos en él. Sintió su otra mano sujetarse suavemente de su camisa de lino, atrayéndole hacia sí. El corazón se le iba a salir del pecho cuando vio su rostro acercarse paulatinamente. Marco fue incapaz de reaccionar. Era imposible que estuviese pasando lo que estaba viendo… Era demasiado bueno. Entonces descubrió que Ace no le estaba mirando. Tenía la vista perdida en algún lugar entre sus labios y la base de su cuello. Soltó todo el aire que había estado reteniendo en sus pulmones sin darse cuenta cuando sintió los labios de Ace sobre la piel de su garganta, besándole.
Marco no se dio cuenta. Sus manos dejaron de estar suspendidas a ambos lados de su cuerpo y buscaron su cintura para acercarle a él, sentirle contra él. Cerró los ojos. Sintió los dedos de Ace ascendiendo lentamente desde su mejilla hasta su nuca desnuda, acariciándola a contrapelo. El estremecimiento de Marco se repitió acompañado de un breve suspiro anhelante, convirtiendo su agarre en algo más posesivo, más demandante. Ace le apartó aún más la camisa, descubriendo por completo su hombro izquierdo. Sus labios siguieron la curva de su clavícula hasta que ésta desapareció hundiéndose entre los músculos de su hombro. Se le escapó un jadeo. Muy despacio, la boca del más joven fue subiendo sin separarse de su piel. Su aliento impactaba contra cada poro, estremecía cada nervio de su cuello en el camino, hasta que llegó a su mentón. Entonces Ace se detuvo en seco. Marco tardó un instante en darse cuenta de que había parado. Inconscientemente, deseó con toda su alma que continuase. Abrió los ojos sin recordar cuándo los había cerrado. No lo sabía, pero estaba ligeramente sofocado. Sabía que tenía que soltarle y separarse, pero una parte de él le exigía a gritos que siguiese. Y era una parte mucho más poderosa que la voz que le ordenaba apartarse. Ace respiraba más deprisa, sentía su aliento cálido y estimulante impactar contra su garganta humedecida. Seguía unido a él, Marco aún le mantenía sujeto firmemente contra su cintura. Sus pechos se tocaban, y los labios del más joven todavía rozaban ligeramente su piel. Podía sentirlos como un hierro candente, pero aunque ladeó el rostro, no pudo alcanzar a ver su cara. ¿Realmente Ace había…?
La realidad le golpeó como una bofetada. ¿Qué estaba haciendo? ¿De verdad acababa de… lanzarse? De pronto se dio cuenta de lo que estaba pasando. Ace se quedó congelado en el sitio, con los labios a pocos centímetros de la mandíbula de Marco, todavía sobre su piel. Se había olvidado de la realidad. Su olor le envolvió y le hizo relajarse totalmente. No podía saber si había ido demasiado lejos, pero no había podido soportarlo más. Marco estaba demasiado cerca de él, y su subconsciente le había traicionado. Estaba tranquilo. Estaba relajado. Estaba a solas con él. La mirada de Ace se había quedado prendada de sus labios, había deseado probarlos, le había apetecido hacerlo… pero al final no fue capaz. Los nervios le traicionaron cuando se inclinó hacia ellos. No había podido besarle. El temor le había acobardado en el último momento. Y, sin embargo, las cartas estaban sobre la mesa para él. Ya no había marcha atrás. De repente había dejado de soñar despierto para descubrir que de verdad acababa de meterle mano al primer comandante. A Marco. Su mejor amigo.
"¡Gilipollas!"
Tenía que salir de allí pero ya antes de que Marco pudiera reaccionar e impedírselo. No tuvo el valor de mirarle a la cara cuando se separó de él para coger las vendas y salir del cuarto de baño moviéndose muy, muy despacio. Tenía un miedo irracional a hacer movimientos bruscos. Ace salió del baño, atravesó su cuarto, y cuando llegó a la puerta y fue a abrir se le cayeron las vendas. Oyó a Marco acercarse y la aprensión se apoderó de él, nervioso perdido como estaba.
"¡Me cago en la puta…!"
Se agachó con cuidado lo más rápido que su cuerpo le permitió, pero cuando se levantó y empezó a abrir la puerta apareció la mano de Marco pasando junto a su cara, cerrándola con suavidad pero firmemente, quedándose allí. No fue brusco, pero sí suficiente para hacerle saber que no iba a salir de allí.
"Dios, Dios, Dios, Dios, Dios… La he cagado. La he cagado por completo."
Sus dedos se habían cerrado con desesperación sobre el pomo. Aunque sabía que no podía salir, su apoyo le daba algo de seguridad. El tacto frío del metal logró calmar en cierto modo el calor que se estaba extendiendo por su cuerpo amenazando con entrar en ebullición en cualquier momento y que no era capaz de explicar. No podía escapar y lo sabía. Inspiró profundamente y se giró hacia él sonriendo con nerviosismo, intentando en vano aparentar un desparpajo que no sentía para nada. Marco estaba apoyado pesadamente sobre el brazo que mantenía la puerta cerrada, inclinado hacia él de una forma que comenzaba a resultarle amenazadoramente incómoda. Seguía en silencio. La intensidad de su mirada era abrumadora. Ace dio inconscientemente un paso hacia atrás, olvidando que la puerta seguía allí, cerrada. Chocó contra ella sin remedio. Su débil sonrisa vaciló irremediablemente.
"Joder…".
Sentía que necesitaba huir despavorido de aquella presencia tan intensa, pero reunió el valor suficiente para mirarle directamente a los ojos. Interpuso precipitadamente sus manos ante él, mostrando las palmas a modo de disculpa. Las vendas cayeron a sus pies otra vez y le dio igual. En ese momento le preocupaba bastante más salir vivo de allí. Tragó saliva con esfuerzo.
-L-lo siento… Ya sé que yo no soy… B-bueno, que… te gustan los… hombres, pero no yo… – se sonrojó furiosamente al darse cuenta de lo que acababa de decir. El nerviosismo le había dominado. "¡Imbécil! ¡¿Pero qué demonios dices? ¡Así no vas a arreglar una mierda, Ace!". Sabía que su tono de voz no era convincente para nada, al igual que el ronco jadeo en que se habían convertido sus palabras. "¡Arréglalo! ¡Arréglalo, arréglalo, joder…!". Se encogió involuntariamente ante él cuando Marco apoyó el otro brazo junto a su cabeza y le cerró su última posibilidad de salida. Empezó a sudar-. S-siento mucho haber… haber…
Su voz perdió intensidad cuando sintió la mano diestra del primer comandante abandonar su lugar contra la puerta… y acomodarse con una suavidad y delicadeza abrumadoras en su mejilla. Abrió los ojos enormemente con un estremecimiento. Entonces le vio inclinarse lentamente hacia él. Ace se quedó muy quieto, sin apartar la mirada de aquel rostro que se aproximaba. Los ojos de Marco ocuparon todo su campo de visión, absorbiéndole, deteniéndole el pulso, robándole el aire hasta el grado de necesitar entreabrir los labios para recuperar el aliento. Nunca nadie le había mirado así, ni tampoco había hecho que su corazón se desbocase de aquella manera. Las palmas de las manos de Ace entraron en contacto con el pecho desnudo de Marco al acercarse éste aún más hacia él, siguiendo aquel camino inexorable de una única dirección. No le empujó, cedió irremediablemente al avance irresistible de su cuerpo mientras todo él retrocedía hasta estar completamente aprisionado contra la puerta. Sentía el pulso de Marco en los dedos. Era firme y fuerte, muy intenso. Sus manos se quedaron atrapadas entre ellos, estrechamente unidas contra su ardiente piel.
Marco no llegó a decir nada. Simplemente ladeó la cabeza, acabó de acortar la distancia hasta él… y le besó.
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Seeeehhhh! Ya esta aquí! Ya llegó! Sé que me odiais por dejarlo ahí, pero es que HA SIDO ESPECTACULAR! O.O
Bueno, siempre había pensado que la escena del beso entre Marco y Ace estaría bien que se saliera un poco de la norma. A mi no me va el rollo dominante-pasivo, pero ese es otro cantar ^^ sencillamente quería que Ace diera el primer paso (incluso si después se arrepiente XD)
Pues nada… ya la semana que viene… el resto… (risita)… pero no os confiéis… XD
Reviews? Genial! *o*
