Heyyy….! ^^ (risita)
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Mentira nº 17: En un beso, sabrás todo lo que he callado.
El primer comandante no llegó a decir nada. Simplemente acabó de acortar la distancia que les separaba y aprisionó sus labios con una calidez tan dulce que Ace se estremeció. Apenas un suave roce primero, después los atrapó por completo entre los suyos. Su boca se entreabrió sin aliento cuando Marco recorrió sus labios con suavidad de abajo a arriba, besándolos por separado, lentamente, aspirando su aliento húmedo contra su boca. Presionó con suavidad al principio, moviéndose despacio, saboreándole. Le besó con seguridad pero sin exigencia, limitándose a probar la textura de sus labios y recorrer sus formas sin forzar el paso hacia el interior de su boca. Ace tragó saliva con dificultad notando cómo las mejillas le ardían y su corazón se había acelerado considerablemente. Los labios de Marco eran cálidos y tiernos, muy sensibles. Su contacto sobre los suyos era casi como una caricia, dejándole totalmente embrujado. Ladeó el rostro hacia él sin resistencia cuando sintió los dedos de Marco enredándose suavemente en su pelo humedecido, acariciándolo, atrayéndole aún más hacia él antes de tomar sus labios de nuevo. Tenía los poros de la nariz tan llenos de su olor masculino que se le cerraron los ojos, entregándose a él. Fue el beso más dulce que le habían dado nunca, pero igual de inesperadamente que llegó, el contacto de la suave piel de los labios de Marco se esfumó de los suyos dejando la sombra de un tibio calor… que había echado a arder su alma. Marco se separó lo justo para apoyar su frente en la de él, dándole tiempo, dejándole recuperar el aire perdido y apaciguar los desbocados latidos de su loco corazón.
-¿…Sigues queriendo irte? – preguntó en un ronco susurro, arrancándole un estremecimiento a flor de piel -. ¿O quieres quedarte y hablar de lo que ha pasado…?
Ace no le respondió enseguida. Pestañeó despacio, como despertando de un profundo sueño. El silencio que siguió a su pregunta se extendió mucho más de lo que Marco había imaginado, pero no se movió ni se separó de él. Descubrió un pequeño rastro de saliva junto a su labio y lo limpió amablemente con uno de sus dedos. El gesto pareció espabilarle. Sus ojos cobraron una expresión entre atónita y abochornada. En el rostro del rubio se dibujó una pequeña sonrisa, divertido ante la conmoción de su compañero. Ace parecía incapaz de decir palabra. Sentía su agitada respiración mezclarse con la de él tentadoramente; aquel aliento caliente y húmedo tan deseable, vestigio de la calidez y la humedad de su boca. La misma que todavía no se había atrevido a intentar saborear.
-Y…yo…
-Ven.
Marco tomó las manos que seguían sobre su pecho y separó a Ace de la puerta. Le llevó con él alejándole de la salida, acercándose peligrosamente a la cama sin hacer. Ace empezó a ponerse increíblemente tenso y nervioso a medida que se acercaban, pero por alguna razón no se resistió. En ese momento sentía que Marco podría hacer lo que quisiera con él y no se opondría, pero la idea le arrancaba un rubor bestial a su rostro y aceleraba desesperadamente el latido de su corazón. La actitud de Ace no le pasó desapercibida a Marco, que se dio cuenta de su agitación. No había hecho nada, sólo apartarlo de la puerta, pero estaba casi sin resuello y con un adorable sonrojo pintado en la cara a pesar de su expresión confusa y abochornada.
"Sé suave". Le recordó una voz en su cabeza. "Llevas esperando más de un año una oportunidad como ésta… Sé suave, Marco. Contrólate".
Llegaron a la cama y Marco lo sentó en la orilla, pero como precaución él se acercó un taburete y se sentó frente a él. La ventaja de tener los años que tenía es que sabía las cosas que podía y no podía hacer. Y en ese momento no debía por nada del mundo sentarse con Ace en la cama. No si no quería echarlo todo a perder en un arranque de lujuria. Tentar sus impulsos tan despreocupadamente era de locos, y ya estaba bastante alterado por tenerle cerca después de lo que había pasado. Tomó aire.
-Los dos tenemos algo que explicar ahora – comenzó muy despacio, con una voz tranquila y ronca intentando calmarse al menos un poco -. A mí me gustaría hablarlo… pero sólo si tú quieres.
Ace le miró con los ojos brillantes, indudablemente sorprendido. Asintió en silencio cuando le falló la voz. Se había serenado un poco. Marco suspiró internamente, agradeciendo que su primera reacción no hubiera sido el rechazo. A pesar de que se estaba controlando, sentía que el lado salvaje de su ser no habría tolerado un no por respuesta… y no quería imaginarse lo que podría haber pasado entonces.
-¿Por qué me has – Ace tragó saliva trabajosamente, esforzándose por dominar el tono nervioso de su voz -… besado?
Sintió un gran peso acumularse sobre sus hombros cuando le dejó hacer la pregunta. Ahí estaba. Era el momento de explicarse y dar respuesta a todo lo que había estado pasando. Aquello tenía que salir bien. Marco necesitaba que Ace lo entendiese, que supiera lo imbécil que había sido… Y necesitaba oír de sus labios que no estaba solo en esto. Por primera vez en muchos años Marco se sentía totalmente a merced del destino, incapaz de prever el resultado de todo aquello. Pero tenía que intentarlo. Llegaría hasta el final costara lo que costase. Allí estaba la persona por la que era capaz de arriesgarlo todo, incluso la dignidad. Estaba dispuesto a tragarse su orgullo y exponerse a ser humillado públicamente… porque se había dado cuenta de que no era capaz de vivir sin él. Porque un mundo sin Ace le había llevado irrevocablemente a la autodestrucción y la miseria.
-Porque – apoyó los codos en las rodillas e inspiró hondo antes afrontar los profundos ojos negros que le miraban con expectación -… es lo que tú habrías hecho si no te hubiera faltado valor – la respuesta de Marco fue grave y tranquila. Ace no pudo encontrar ningún rastro de nerviosismo en su limpia mirada. ¿Cómo podía haber sabido que…? -. Te quiero, Ace.
El mundo entero entró en pausa.
-¿Des… Desde cuándo? – consiguió preguntar, casi sin aliento.
-Apenas te hiciste comandante, yo… empecé a notar que me estaba enamorando de ti.
Ace se quedó frío. De eso hacía más de un año y medio. ¿Cómo había podido soportarlo sin que él se lo notase? ¿Por qué no se lo había dicho antes? ¿Cómo era posible que nadie lo supiera, que Thatch no lo supiese? ¿Por qué se lo decía ahora? Las preguntas bombardearon sin piedad su cabeza. Ace estaba abrumado. "Pero si Thatch se dio cuenta… él sabía que Marco me… gustaba… ¿Por qué no se lo dijo? ¿No sabía que a él…?"
-P-pero – tartamudeó sin saber por qué pregunta empezar. Su cabeza era un auténtico caos -, ¿por qué…? ¿Cómo has…?
-Tú eras demasiado joven… Bueno, de hecho eres – Marco apartó la mirada y Ace habría jurado que estaba ligeramente avergonzado -… considerablemente más joven que yo, Ace… Esperaba que fuera sólo una especie de… capricho, y se me pasase en poco tiempo – se masajeó la nuca rapada mientras se mordía el labio inferior con incomodidad -. Como puedes ver, para mi desesperación no fue así.
-¿Por qué no hiciste nada? – murmuró.
-Porque yo era el primer comandante y tú eras mi "subordinado" directo, obscenamente más joven que yo – explicó, consternado. Ace se estremeció. La imagen de un Marco abochornado e inseguro delante de él era totalmente nueva… Dios, le encantaba. Era muy… ¡Joder! ¿Pero qué clase de enfermo mental era? ¿En qué leches estaba pensando? -… y porque me consta que nunca antes te han interesado los hombres.
Aquellas últimas palabras hicieron que el rostro de Ace empezase a arder furiosamente de nuevo. ¿Que le "constaba"? ¿Qué leches quería decir? ¿Qué narices significaba eso de "nunca antes"? Ace se sintió como si le sumergiesen en un océano de agua helada. Marco lo sabía. Sabía que le gustaba. Por eso se lo había dicho ahora. Habría seguido callándoselo hasta el fin de los tiempos si nunca le hubiera correspondido. Tenía que ser eso, ¿verdad? ¿Cómo coño se había enterado? Él sólo había… Se horrorizó al atar cabos. "Me cago en la putísima madre que lo parió". Thatch. Qué hijo de perra era. ¿A quién se lo habría dicho? Es más, ¡¿cómo coño le pudo dar tiempo, si se murió esa misma noche, joder? ¡¿Es que ese hombre tenía un Den-den Mushi en el puto tupé para ir largándolo todo? Ace se cagó en sus muertos pisoteaos… desde la amistad más profunda y con todo el respeto a su memoria. "Pero es un cabrón". Sentenció finalmente. Cuando volvió a buscar a Marco con la mirada, sus ojos se encontraron afectuosamente, intensamente atraídos por las vibrantes profundidades azules del primer comandante, que aún seguía esperando expectante ante él. Estaba ligeramente nervioso… Ace se lo notaba, y también notaba que él mismo tenía el corazón desbocado, pero deseaba aquello. Marco era todo cuanto quería en ese preciso momento. Vaciló un instante y no le salió la voz. Entonces, en lugar de contestarle, avanzó el cuerpo hacia él en busca de otro beso, el mismo que no se había atrevido a darle antes. A punto de alcanzar sus labios, Marco retuvo su mejilla y no le dejó acercarse.
-Dime que no vas a arrepentirte de esto – murmuró con tristeza -. En la vida sin remordimientos con la que sueñas no habrá sitio para…
-Sssch – Ace no le escuchó, o quizás no quiso hacerlo. En el fondo no le importaba lo que Marco quisiera decir, no en ese momento. Tomó su mano apartándola en un gesto suave y tierno. Había seguridad en su mirada cuando volvió a inclinarse hacia él de nuevo sosteniéndole la mirada -. Esto es lo que quiero - susurró a escasos centímetros de sus labios -. Creo que no hay nada que haya querido tanto.
Sin añadir nada más, Ace salvó la distancia que les separaba y le besó suavemente. Marco no volvió a ofrecer resistencia. Se limitó a disfrutar de lo que le ofrecía, sin querer exigirle nada. No estaba acostumbrado a que pusieran tanto cuidado al besarle, y la novedad… le encantaba. El beso de Ace no fue torpe, pero se notaba que todavía estaba nervioso. Sus labios se movieron con extrema lentitud, casi temerosos, poniendo un cuidado exquisito en cada roce. Marco le dejó hacer, recreándose en la sensación de su boca besando suavemente la suya, sintiéndole recorrer lentamente su labio inferior y superior, deslizándose sobre ellos, presionándolos y acariciándolos ligeramente. Después de algún tiempo abrió suavemente los labios para unirlos completamente con los de él y tras una duda los lamió ligeramente pidiéndole paso. Oh, Dios… La verdad es Ace besaba mucho mejor de lo que se había imaginado. Utilizaba labios, lengua, dientes… Incluso sus uñas le hacían cosquillas en la parte posterior del cuello, provocándole sin saberlo. El abrazo de Marco se volvió posesivo llegados a ese punto, y la fuerza de su agarre hizo que Ace siseara dolorido cuando sus heridas respondieron al gesto con lacerantes punzadas de advertencia. El beso se rompió.
-Lo siento, Ace, no quería… – se quedó sin habla al mirarle. Los ojos de Ace estaban vidriosos, brillando como si fueran a derramarse.
-Marco – musitó casi sin aliento -… quédate a dormir conmigo.
El rubio se le quedó mirando con los ojos de par en par. No se esperaba para nada que Ace le propusiera algo así. Sintió un latigazo de excitación y el deseo acumulándose en su cuerpo peligrosamente sólo de pensar en dormir con Ace. Anhelaba más… deseaba besar otra vez aquellos ardientes labios. Explorar el cielo de su boca y conocer la humedad de su interior y su cálida lengua. Pero si empezaba… no creía que pudiera parar. Ace todavía estaba convaleciente, acababa de hacerle daño con un simple abrazo en un descuido, y si se dejaba llevar y perdía los papeles a saber qué podía ser lo siguiente.
-…No creo que deba quedarme, Ace...
-¿Por qué no? – Ace volvió a mirarle con la misma confusión de antes, sin entender por qué Marco le decía a todo que no después de lo que habían hablado -. Vamos, Marco, estoy seguro de que no me vas a…
La incipiente frase murió en sus labios cuando vio el brillo animal de los ojos de Marco, que le miraba de arriba abajo intensamente, recorriendo con la mirada cada palmo de su cuerpo. Fue como mirar los ojos de un tigre enjaulado que luchaba por salir de su prisión. Sintió un ligero temor reverencial. La parte racional del primer comandante era su carcelero, y estaba empezando a flaquear. En ese cuarto podía pasar de todo si no dejaba de decir lo primero que se le venía a la cabeza.
-…Yo no estoy tan seguro de eso – confesó Marco con esfuerzo tras una pausa.
Ace apartó la vista para evitar que pudiera seguir viendo el furioso color rojizo que persistía imborrable sobre su piel, intentando esconderse de su intensa mirada. Se había hecho daño, era verdad, pero no quería que Marco se marchase. Tenía la irracional sensación de que si se iba sería como si aquello nunca habría pasado, y el pensamiento le desolaba. Le había pedido que se quedase sin apenas pensarlo, simplemente porque quería seguir más tiempo con él, disfrutarle... Marco era tan… tierno…, tan bueno… No quería perderlo, no quería dejarle ir ahora que por fin estaba a su alcance. En ese instante le vinieron a la mente las palabras que el primer comandante le dijo una vez, hacía ya tanto tiempo. Con ellas en mente se giró hacia él.
-Una vez me dijiste que siempre estarías aquí para cualquier cosa que necesitase.
-Sí, pero…
-Duerme conmigo. Sólo… quédate. Sólo dormir, no te pido nada más. Yo sólo quiero… estar contigo un poco más.
La confesión de Ace le enterneció irresistiblemente, y cuando le miraba con esos ojos negros tan dulces… en verdad que no podía negarle nada. Marco suspiró con ternura, levantándose. Durante un instante Ace le miró afligido, pero la sonrisa volvió a su rostro con pecas cuando comprobó que sólo se alejó para dejar el taburete en su sitio y volvía a la cama quitándose las sandalias con los pies y sacándose el jirón de tela celeste de la cintura. Ace apartó la colcha y se hizo a un lado ofreciéndole sitio. El rubio se sentó en la orilla y se quedó mirándole un instante en la penumbra de la noche que ya les había alcanzado como queriendo grabar aquella imagen en su memoria. Ace se sonrió. Aprovechando aquella pausa gateó hasta él y, asegurándose de que Marco seguía el movimiento de sus manos, le cogió la camisa y comenzó a deslizarla por sus hombros muy, muy despacio, hasta quitársela. Sus ojos chispearon con picardía al comprobar que el primer comandante sonreía con una mezcla de diversión y dulzura ante la actitud de su indagador compañero. Entonces inesperadamente Marco se tendió hacia él iniciando un beso lento, satisfactorio, aprovechando para ladearse y hacerle tumbarse en la cama con él manteniendo sus labios a su alcance, siguiendo el beso.
Durante un instante Ace se sintió intimidado por estar con Marco en la cama, pero al comprobar que no le tocaba ni exigía más de lo que él se sentía dispuesto a hacer, cedió al beso. Al final se detuvieron para tomar aire y Marco se quedó allí, inmóvil, limitándose a devorar con la mirada cada detalle de su rostro, cada peca, cada arruga… No quería parar, pero sabía que si no lo hacía no podría responder de sí mismo después. Al fin y al cabo la herida de Ace aún estaba muy sensible y sin curar. No creía que pudiera soportar la clase de "acción" en la que Marco estaría pensando en circunstancias normales. El brazo en el que no se apoyaba para mantenerse ladeado se movió casi involuntariamente, acariciando suavemente el tatuaje de su brazo izquierdo casi con adoración. Ace se estremeció silenciosamente ante el gesto. Parte de aquella incomodidad inicial que le había dominado había regresado, pero sus ojos le decían que no deseaba estar en ningún otro lugar.
-Marco – le llamó en la oscuridad después de un tranquilo silencio.
-¿Mmh? – respondió con suavidad, todavía con los ojos cerrados.
-¿Puedo… abrazarme a ti?
El tono vacilante de la pregunta le hizo sonreír. Abrió los ojos, entreviendo el rostro de Ace en la oscuridad. El colchón osciló suavemente cuando se acercó a él y atrajo su cuerpo contra su pecho, rodeándole en un cálido abrazo. Enredó sus piernas con las de Ace bajo la colcha y ambos se quedaron mirándose a pocos centímetros del rostro del otro sobre la almohada.
-¿Te gusta así? – preguntó en un murmullo. Su aliento agitó levemente algunos mechones de su pelo negro azabache. Ace se abrazó a él en respuesta, uniendo sus cuerpos totalmente y hundiendo el rostro en su pecho.
-Gracias – susurró, inspirando profundamente el olor de su piel. Nunca podría describir el aroma de Marco, tenía demasiados matices. Era sutil e intenso al mismo tiempo. Suave, envolvente -…Sí, me gusta…
Se quedaron en silencio comenzando a adormecerse. Los latidos de sus corazones parecieron sincronizarse a medida que se fueron haciendo poco a poco más lentos. Sus respiraciones se volvieron acompasadas, profundas, invitándoles de forma irresistible al plácido sueño de dormir junto al calor del otro.
-Buenas noches, Ace – Marco besó su cabeza y dejó la barbilla junto a su pelo, cerrando los ojos.
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