Hola a todas! Mañana no podré subir y además flotaba un aire de urgencia en el ambiente, así que he subido antes. Intuyo que esta semana muuuuchas personas pueden llegar a odiarme personalmente, yo sólo pido un poco de comprensión XD.
NOTAIMPORTANTE: Antes de nada hay algo que tengo que aclarar sobre la relación de Marco y Ace. En este fanfic no sigo los principios de uke y seme para los roles de carácter sexual que vayan a desarrollarse más adelante. Está demostrado estadísticamente que nadie es absolutamente pasivo ni absolutamente activo en una relación, así que ni Ace responderá siempre al perfil de chico joven ruborizado y violable (para entendernos XD) ni Marco va a ser siempre dominante y racional. Procuraré respetar el carácter de los personajes, pero simplemente quiero que quede claro que aquí ni hay uke, seme, ni vocabulario de esa índole. Digamos que… simplemente son dos personas que se quieren mucho XD
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Mentira nº 19: Tu sonrisa alegra mi corazón y tu amor lo hace latir.
El tiempo parecía volar. Había transcurrido casi una semana desde aquella mañana en la que apenas rozando el amanecer Ace y Marco tomaron la oportunidad de iniciar una nueva parte en sus vidas más allá de la amistad que les unía. En aquellos escasos seis días, el secreto que ambos compartían les mantenía unidos más allá de la distancia física, conectándoles de una forma que nunca creyeron posible.
Ace se sentía más cómodo de lo que jamás se había imaginado estando con Marco. Aquellos fueron unos días en los que de alguna forma fue acostumbrándose a aquel nuevo y revolucionario sentimiento de amor correspondido por alguien de su mismo género. Para él, el problema no fue tanto el aceptarlo (al fin y al cabo era algo que estaba ahí sin que pudiera negarlo) como los temores y la confusión que había sentido desde el primer momento en que se dio cuenta de ellos, hacía ahora tanto tiempo. Tampoco es que él hubiera sido de esa clase de tíos que ven con malos ojos ese tipo de cosas, siempre le había dado bastante igual lo que cada uno hiciera con su vida sexual, pero claro… tampoco había esperado que le pasase a él. Simplemente había sido algo que había pasado sin más, casi inevitable. Y sin embargo, cuando miraba a Marco y el primer comandante le dedicaba una de sus maravillosas sonrisas, sólo podía pensar que todo estaba exactamente como tenía que estar.
Entre él y Marco se habían repetido incontables besos más y habían seguido durmiendo juntos sin que Marco hubiera dejado de tener presente su todavía delicado estado de salud. En ningún momento le había pedido nada más tal y como había sido su promesa, pero para Ace cada vez era más evidente que los besos furtivos en los pasillos y las noches en las que sencillamente dormían juntos no eran suficientes para él. Le divertía pincharle con comentarios a aquel respecto sabiéndose protegido de cualquier represalia por el simple hecho de estar recuperándose, y aunque los ojos de Marco brillaban con diversión ante la provocadora actitud de su compañero sin emitir ninguna réplica, Ace estaba totalmente ajeno al hecho de que cada una de las bromas que hacía pensaba devolvérselas con creces llegado el momento.
A Marco no le importaba demasiado esperar. Aunque en público la relación entre ambos sólo podía calificarse de perfecta normalidad, cuando Ace y él estaban juntos cada día que pasaba Marco sentía que lo amaba más. Amaba sus sonrisas radiantes y sus besos secretos en los pasillos. Le encantaba cuando bromeaba por todo y le hacía reír… Amaba cuando hablaban a oscuras hasta la madrugada, y cuando los adormilados brazos de Ace le buscaban en la noche para dormir junto a él. A veces Marco no podía evitar preguntarse si no se estaría aprovechando de los años que le aventajaba, pero cuando le miraba veía tanto afecto, tanta seguridad en sus ojos, que sencillamente le mera idea desaparecía. En su vida jamás había imaginado que se podía querer a alguien con tanta entrega como él amaba a Ace, o como sentía que Ace le quería.
Sin embargo y por extraño que parezca, a pesar de toda aquella felicidad Marco no estaba del todo tranquilo. Al final alguien acabaría descubriéndolos, era una simple cuestión de tiempo que su relación no pudiera disimularse y le tenía intranquilo lo que pudiera pasar entonces. Aunque ellos ya no eran los piratas de Shirohige y las antiguas normas no tenían por qué acatarse ni nada les obligaba a separarse, ninguno de los dos estaba dispuesto a dar el paso para hacerla pública y la verdad es que Marco no estaba muy seguro de qué sería lo más correcto en aquella situación. En cualquier caso no tenía por qué preocupar a Ace con sus neuras. Todavía seguía rehabilitándose, su rápida recuperación prometía que pronto las vendas abandonarían su piel y con ellas todas las limitaciones que eso suponía, y aquello añadido a su nueva situación personal le tenía radiante de felicidad. Marco sencillamente no veía motivos suficientes en sus inquietudes para arruinar su alegría.
Mucho más tranquilo y diciéndose que sin duda aquello era lo correcto, se encaminó al camarote del segundo comandante. Ese día le había tocado revisión en la enfermería y una vez más había desaparecido del barco durante cerca de dos horas. El rubio había tenido que contener la risa cuando la mirada de Ace le persiguió acusadora cuando le llevó engañado ante su puerta y le dejó en sus manos antes de marcharse por donde habían venido. Tal y como había imaginado, la enfermeras le echaron el guante con bastantes ganas y como aquello prometía ir para largo, él se fue con Izou a dar una vuelta por cubierta. Se habría quedado más rato con el okama si no fuera porque inexplicablemente había surgido el tema de la relación cada vez más estrecha entre el segundo comandante y él. Casualmente, algo reclamó la presencia de Marco lejos de allí y tuvo que marcharse. Joder, Izou era demasiado observador. A él no le importaba demasiado, pero como no sabía lo Ace diría a ese respecto Marco sencillamente se había quitado de en medio discretamente.
En aquel momento llegó ante la puerta del camarote del comandante del segundo escuadrón y tras llamar una vez, entró sin esperar respuesta. Ace estaba tranquilamente sentado en su cama hojeando lo que parecía ser el cuaderno de viaje que utilizó en los meses que persiguió a Teach y que había dado por perdido junto a su mochila y otras cosas. Para sorpresa de Marco estaba sin vendas y su cicatriz tenía un aspecto bastante mejorado en comparación a cuando la vio por primera vez la semana pasada. Miró a Ace, que le dedicó una de aquellas sonrisas amplias y radiantes que tanto le gustaban. Hizo un gesto para invitarle a pasar y sentarse a su lado y Marco cerró la puerta tras él antes de acercarse. Stefan se había hecho un ovillito en su regazo y Ace le acariciaba distraídamente mientras leía las últimas líneas del día cincuenta y dos de búsqueda. Marco alargó el brazo para acariciar a Stefan mientras esperaba a que terminase y se sentó tranquilamente a esperar. Tras unos segundos más, Ace dejó el libro en la mesilla de noche y se giró hacia él con los ojos brillantes y una enorme sonrisa.
-Deduzco que tienes buenas noticias – comentó Marco.
-¡Dentro de unos días más podré volver a la normalidad y hacer ejercicios de "esfuerzo moderado"! No tengo ni idea de qué criterio se supone que tengo que usar para distinguirlo, ¡pero al menos es mejor que nada! – declaró ocioso -. Además ya no tengo que llevar las estúpidas vendas y la cicatriz tiene muchísima mejor pinta, ¿no es genial?
-Sí, la verdad es que sí. Me alegro por ti.
-Ya estaba harto de quedarme todo el día sin poder hacer nada. Creo que de las primeras cosas que haré será dar un largo paseo por la isla con Stefan – decidió con resolución rascándole alegremente la coronilla al mencionado -, ¿verdad que sí? – el perrito ladró con entusiasmo.
El primer comandante sonrió sintiendo la felicidad contagiosa de Ace como propia cuando Stefan se puso a juguetear con él. Marco al principio se quedó mirándoles, encantado con su energía, pero al poco tiempo su mirada dejó de seguir los movimientos de las manos de Ace revolviendo el blanco pelaje para irse desviando hacia otras… "zonas" que para nada tenían que ver con el perrito. Entonces Marco contuvo el aliento y antes de darse cuenta estaba devorando el cuerpo del segundo comandante con los ojos, desnudándole con la mirada… Le fascinaban sus pectorales, sus piernas perfectas, su voz… Su propia piel era la cosa más sensual del mundo. Un calor sofocante empezó a apoderarse de él y lo deseó. Con palpitante ansia. La mente de Marco empezó a viajar, a imaginarse besándole ardientemente, abrazándole, acariciándole… tomándole…
"Para ahí."
Marco se masajeó el caballete de la nariz con un suspiro maldiciéndose en silencio. Hasta ahora sabía que aquellas gasas que Ace había tenido tardarían bastante en desaparecer de su piel si el más joven había preferido dejarlas estar, pero la perspectiva de que no estuvieran ahí… Además de que… bueno, no quería ponerle nervioso, pero… su autodominio estaba empezando a flojear. El deseo le acosaba en silencio cada vez que estaba cerca de Ace. Quería para él el placer de tenerle bajo su cuerpo, de besar su pecho hasta el fin de sus días. Se moría de ganas por conquistar sus labios, por dominar su cuerpo, hacerlo suyo… Sólo de imaginarlo se sofocaba y echaba a temblar. Alzó la vista al ser repentinamente consciente de que Ace le estaba hablando y su mirada se encontró con la de él. Y Ace estaba… estaba… "Dios, está que arde". Se confesó. Aunque sí pudiera hacerlo sobre su cuerpo, no era capaz de controlar su mente.
-Marco – le llamó con la voz ronca, vacilante -. ¿Qué te pasa?
-¿Q-qué?
-Estás… tenso, y me estás poniendo nervioso.
"¿Qué quieres que te diga? ¿Que me muero por echarte un… polvo?". Se confesó a sí mismo, humillado por la bajeza de sus instintos. ¿Cómo iba a explicárselo? ¿Cómo le iba a decir que lo violaría allí mismo si no se controlase? Deseaba a Ace, desesperadamente. Le deseaba de una forma insoportable. Ace se le quedó mirando con gesto de desconcierto. Descubrir los ojos del primer comandante recorriendo vorazmente su cuerpo con total descaro le había cortado el aliento. Hacía algunos días que aquello se hacía más frecuente, y Marco cada vez demostraba menos voluntad para ocultarlo. De repente se sintió increíblemente imbécil al entender lo que aquella mirada reflejaba o más bien… deseaba. Ace no estaba acostumbrado a que ojos masculinos se clavasen en él de aquella manera. Casi podía palpar el anhelo que Marco era capaz de transmitirle con aquella mirada sin darse cuenta, el mismo anhelo que se reflejaba inconscientemente en su actitud cuando estaba con él. Un hambre silencioso que había ido creciendo más y más y ya amenazaba con ganarle la partida al primer comandante. Eso se lo imaginaba, pero lo que Ace no sabía era lo cerca que ese límite estaba a aquellas alturas. De haberlo sabido, quizás no habría sonreído con picardía en ese momento antes de ladearse tentadoramente hacia él.
-Me vas a gastar si sigues mirándome así – bromeó.
Después de un instante pareció como si el propio Marco fuera repentinamente consciente de ello, porque levantó la vista hacia él sin que aquella peculiar expresión hubiera desaparecido de su rostro. Entonces y sin previo aviso Marco se puso en pie, cogió a Stefan en brazos y se encaminó a la puerta.
-¡O-oye! ¡Que era broma! ¡No te vayas, hombre! ¡Marco!
No le contestó. Cuando abrió la puerta Ace se levantó de la cama como un resorte al comprobar que a todas luces el primer comandante de verdad se estaba marchando, pero en lugar de salir él, dejó a Stefan en el suelo y le mandó de vuelta con los demás piratas.
-¡Espera! ¡Déjale aquí! ¿Por qué sacas a Stefan fuer..?
Ace se calló de golpe cuando Marco cerró la puerta y se giró hacia él echando el pestillo tras de sí. La mirada del chico con pecas fue desde el pestillo cerrado hasta los ojos azules del primer comandante. Allí. Inmóvil. La tensión empezó a acumularse rápidamente en la habitación en los escasos segundos en los que ambos se miraron sin decir nada.
-Te deseo. Lo sabes, ¿verdad? – apenas aquellas cinco palabras consiguieron que Ace se estremeciese de expectación ligeramente y se le quedara la boca seca.
-S-sí, claro qu-
-No puedes seguir provocándome así sin esperar que no haga nada. Te quiero y quiero respetarte, pero sigo siendo sólo un hombre. No resistiré eternamente.
-Hmm… No sé… ¿Cuánto tiempo me podría llevar volverte loco? – le provocó, divertido. Ace se rió sin tomarle en serio, ajeno al riesgo de sus palabras.
Marco se aproximó de nuevo con la socarrona sonrisa del muchacho con pecas puesta sobre él. Al llegar a su altura le alzó la barbilla y sólo en el momento en el que la hambrienta mirada del rubio se clavó intensamente en él, Ace empezó a ver cómo la broma se le estaba yendo de las manos.
-Ya deberías saber – susurró Marco a centímetros de sus labios – que ya estoy loco por ti. Y voy a demostrarte lo en serio que voy.
Ace tragó saliva. Quizás alguien tendría que habérselo advertido: con Marco no se juega.
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Ahhahahah…! Cazado! XDDDD pos ya está! Se le acabó la broma al chaval XD (Marco le va a quitar tanta tontería de encima, que se estaba dando muchos humos el mocoso este XD)
Y la noticia es… que esta semana y la siguiente SÓLO voy a subir un cap!
Veréis, es que los siguientes son… obscenamente largos XD. A no ser que se me os pongáis muy pesadas dándome muestras de increíbles dotes de convicción, o simplemente las amenazas de muerte pasen a tercer grado, os voy a tener en ascuas XD
No, en serio, es sólo por ver si hay mucha motivación en el ambiente. Queda muy muy poco para que esta pequeña historia llegue a su fin, no es por joder XD
No olvidéis comentar! =)
